LA BATALLA DE MUKDEN

Ver a página completa

 


EMPIEZA LA BATALLA (capitulo I)

-Misteriosas Transformaciones -Instrucciones secretas del General Okú -Cuántos eran los Japoneses -Los Preparativos -Empieza la Batalla.

Mukden, Marzo de 1905.
Sin saberse por qué, se adivinaba, se sentía que la batalla estaba próxima, y sin embargo, el cañón callaba y los movimientos de las tropas, (cuya marcha misteriosa se había oído muchas noches en la llanura helada), cesaron completamente. Los enormes cañones de Puerto Arturo, arrastrados en carromatos por innumerables hombres, no pasaban ya; tampoco se veían soldados ocupados en maniobras. La guerra parecía terminada; en el cuartel general se sucedían las recepciones v los banquetes y en ellos los Jefes y Generales parecían más alegres y más contentos que nunca; y, sin embargo, la batalla se acercaba, se presentía como se presente la tempestad cuando el aire está tranquilo y el sol refulgente.

Los movimientos estratégicos de las tropas se practicaban furtivamente durante la noche, lo que hacía impacientar á los attachés militares, que no lograban orientarse en aquel caos de misterios. Nuestro Cuerpo de Ejército, el segundo, (General Okú,) estaba formado á fines de Diciembre por las divisiones 4a., 6a. y 3a.y y á mediados de Febrero la componían la 8a., la 5a.. y la 4a.; la 3a. División había desaparecido.
Los attachés militares incorporados á los demás cuerpos del Ejército Japonés se encontraban en idénticas circunstancias. El cuerpo de Ejército de Nodzú, que estaba compuesto por la 5a. y la 10a. divisiones, y por una brigada independiente de infantería, quedó en un momento formado por la 6a. División, por dos brigadas. de infantería y por la 10a. División.
El ejército de Kuroki no había sufrido en lo que concierne á sus elementos; pero estando al principio de este orden: 2a. División de la guardia y 12a. del ejército regular, quedó en este otro: 12a. división y división de la guardia, contándose entre ellas una brigada supernu-meraria.
En la mesa de los oficiales extranjeros se oían conversaciones por este estilo:

-¿Dónde estará Nogi?
-En la extrema izquierda.
-No, en la extrema derecha.
-Quizá en la reserva.
-O marchando hacia Simintim.
-No, sobre Fu-Shun.
-Quizá vaya á obrar sobre Tielin.

-No, quieren dar el golpe final; Kuropatkin tiene medio millón de soldados.
-Los japoneses atacarán, son bastante fuertes.
-Los japoneses quedarán á la defensiva.
-Y la 3a. División, ¿dónde está?
-No la he visto.
-Ha desaparecido ante nuestros ojos.
-Por oriental prestidigitación.
-Se ha batido en Pei-Kao-Taí.
-No.
-Sí.
-Ya lo sabremos en Tokio.
-Esperemos los periódicos de Europa mejor informados .

General Nogi


No sabíamos nada, ni militares ni periodistas; pero sí existía una convicción y una verdad: los japoneses habían cambiado la formación de su ejército enmascarando sus preparativos para desorientar al enemigo.
El 20 de Febrero, los oficiales del segundo cuerpo de ejército recibían una circular secreta de su Comandante en Jefe, el General Okú. No puedo seguir adelante sin dar la traducción de tan importante documento:
"Se ha hablado de paz, pero no está en nuestro papel ocuparnos en política; para nosotros terminará la guerra cuando el enemigo esté vencido, y aún no lo está, al contrario, más fuerte que antes vigila asiduamente, esperando la oportunidad para dar batalla, y en tanto que no sean anuladas sus energías, nuestro papel y nuestro deber no estarán cumplidos.


"El invierno mandchú casi termina y las perturbaciones internas en el país del enemigo aumentan.. En estos momentos están para concluir los preparativos en que asiduamente ha trabajado nuestro ejército desde la batalla del Sha-Ho. Así, pues, ha llegado el momento de hacer un esfuerzo para alcanzar el fin, que es la victoria y el engrandecimiento del Japón.
"Creo que vosotros los oficiales tenéis mis ideas y que habéis preparado cuidadosamente el porvenir. Recordad que es en extremo importante la obediencia estricta á mis órdenes y á las de los demás superiores. Las instrucciones que os doy son fruto de múltiples y terribles pruebas que han costado la sangre de muchos oficiales y soldados. Yo mismo obedezco á esta experiencia que no es sino la lección de los hechos. Haced lo que yo hago.
"Durante largos meses, hemos hecho frente al valíente enemigo, día á día. Esta lucha, como en la batalla de Pei-Kao-Tai, ha suministrado nuevas enseñanzas que serán apreciadas en las futuras batallas. Tened, pues, presentes las instrucciones que os doy en seguida:
"1. El fuego de la artillería es, seguramente, el mejor medio para preparar el ataque; pero aun en el caso de usar grandes cañones el bombardeo resulta estéril, si no se usa del ataque de la infantería. La infantería debe avanzar, aun cuando su avance sea muy lento. Si dicho avance es imposible, debe esperar la artillería el momento oportuno del ataque, para abrir entonces el fuego. "El avance y el bombardeo deben estar en armonía."
"2. Una vez ocupada una posición no debe abandonarse, cueste lo que cueste; y si se teme un vigoroso contraataque, hay que prepararse para rechazarlo con las ametralladoras y las granadas de mano. Las ametralladoras son, especialmente, útiles en tales casos; pero siendo estos aparatos muy delicados, es preciso tener con ellos especial limpieza; aceitarlos frecuentemente; repararlos y componerlos en no importa qué momento, aún en 1a batalla misma.

"3. Debido al crudo invierno y no pudiendo las tropas escarbar en la helada llanura, deberán, cuando ataquen, llevar sacos de arena que les sirvan de defensa. Cuando se encuentren las posiciones enemigas fuertemente defendidas ó con ametralladoras, se hará avanzar un pequeño destacamento de artillería de montaña, sin acémilas, y aun los cañones de madera, (?) para explosivos, deben unírseles para destruir las defensas del enemigo.
"4. En caso de mantener una línea de ataque demasiado larga, para economía de hombres, es preciso aprovechar las aldeas, las granjas, en sus puntos más resistentes y poner en el campo una delgada cadena de soldados. Con este sistema las reservas estarán siempre fuertes y útiles.
"5. Cuando se ocupen nuevas posiciones, será preciso hacer una relación de las posiciones del enemigo y de la naturaleza del terreno. Es muy importante, para lograr la victoria, el estudio de la situación del enemigo. Sobre todo, es preciso prestar la mayor atención á los movimientos de las tropas que ocupen los flancos: juzgar por sí mismos de la situación de ellas y obrar siempre conforme á lo que dicten esos conocimientos. Los soldados que sólo se preocupan de sí mismos, ignoran el arte de la guerra.

"6. Cuando las tropas permanecen mucho tiempo en un acantonamiento, sucede que acumulan objetos y efectos inútiles en el equipo de los soldados, lo cual perjudica la rapidez de los movimientos; hay que desprenderse de todos esos objetos para lograr la movilidad necesaria.
"Nunca se abandonarán ni las armas, ni las municiones y si su transporte es imposible, hay que destruirlas ó quemarlas, aún con peligro de la vida.
"Estas instrucciones las doy yo.
Yasutaka, Barón Oku.

"Comandante del Segundo Cuerpo del Ejército Imperial."

Estas instrucciones valen más que la detallada descripción de una batalla y hacen comprender el sabio y prudente método japonés, revelando el deseo de mejorar siempre, mediante las difíciles lecciones de la experiencia.
Si un attaché se hubiera dirigido á la extrema izquierda el día 21 de Febrero habría sabido quizá que Nogi con las lª., 7ª. y 9ª. divisiones, con una brigada independiente de infantería, una de artillería y una de caballería, estaba dispuesto para pasar el río Hun, en tanto que en la extrema derecha se concentraba un nuevo cuerpo de ejército mandado por el General Kawamura, compuesto de la l1ª. división que venía de Puerto Arturo, y otra división de la reserva.
El ejército japonés se había transformado de un golpe; no se componía ya de tres cuerpos de ejército, sino de cinco, dispuestos de la siguiente manera, de izquierda á derecha: tercer cuerpo, Nogi; segundo cuerpo, Okú; cuarto cuerpo, Nodzú; primer cuerpo, Kuroki; y el quinto cuerpo, llamado también del Yaiú, por venir de Corea, al mando de Kawamura. Estos cuerpos estaban formados por catorce divisiones, cuatro brigadas independientes de infantería, una de artillería de campaña, una de artillería de fortaleza y dos brigadas de caballería. Calculando ampliamente, 350,000 hombres. A pesar de este número relativamente pequeño de soldados, los oficiales japoneses hablaban con aire misterioso y satisfecho de innumerables tropas, tendencia contraria á la que tenían al principio de la guerra, tratando de hacer creer que sus fuerzas eran inferiores en número, ó, cuando menos, iguales á las de los rusos, lo cual siempre tuvo por objeto, demostrar superioridad sobre ellos y dar valor y confianza á los nipones.

Infanteria japonesa avanzando durante los primeros dias de la ofensiva.

Los preparativos de la batalla se habían ejecutado con maravillosa rapidez; Puerto Arturo había caído oportunamente. Si Stoessel hubiera retardado veinte días su rendición, los japoneses no habrían podido detener el golpe de Grippemberg, sobre su izquierda, (á fines de Enero, batalla Pei-Kao-Tai,) y la batalla de Mukden no se habría verificado, ó quién sabe si sus resultados fueran distintos.
Para darse una idea perfecta de la situación general, la víspera de la batalla, es preciso recordar que después de la de Sha-Ho, el ejército japonés contraatacan-do á los rusos, había tomado la forma de una cuña, que podría compararse á una parvada de patos silvestres, en pleno vuelo.


Los flancos expuestos á una lucha encarnizada v sangrienta, habían quedado inmóviles, sin retroceder ni avanzar. De ambas partes los soldados estaban acotados, en las posiciones por tanto tiempo conservadas y defendidas. Por el contrario el centro japonés se ade-lantaba hacia el Norte. hacia Mukden, deslizándose á lo largo de la vía férrea. El Río Sha, chinescamente caprichoso, dibuja su cauce como una inmensa A y sus dos orillas fueron al final, la línea de batalla de ambos combatientes. El ferrocarril corta la "A" por el medio como la plomada corta el triángulo masonico y en el vértice de la "A" existe una colina escarpada y aislada: Man-Pao-Shan.
Esta colina que cayó en manos del centro japonés era una verdadera fortaleza, incrustada en las posiciones rusas; amenazaba por su frente al camino de Mukden y á derecha é izquierda dominaba las alas rusas Kuropatkin comprendió la importancia estratégica de tal punto, y, por tanto, la necesidad de reconquistarlo pues de otro modo tenía que retroceder; así es que dirigiéndose al indomable General Putiloff, le dijo la frase más tarde célebre "Recobrad Man-Pao-Shan Mukden está perdida."

Con un terrible ataque nocturno la colina fue recuperada; pero costó a los rusos 6,000 hombres. La guarnición japonesa fue casi destruida; los artilleros y las acémilas de dos baterías fueron muertos, y los cañones capturados. Desde entonces la colina de Man-Pao-Shan cambió su nombre por el de Putiloff. Formidablemente fortificada por los rusos detuvo en su camino la marcha del centro japonés. Dos veces sucesivamente Okú, y Nozdú pretendieron recuperarla siendo rechazados con pérdidas enormes. Durante el invierno, nuevas fortificaciones se le agregaron, hacién1dola incapturable.

Las fortificaciones del centro se prolongaron en los flancos, formando en toda la línea del frente ruso, una barrera casi insuperable. Con la caída de Puerto Arturo, recibieron los japoneses un importante refuerzo; cerca de noventa mil veteranos y un centenar de cañones de grueso calibre; los hombres fueron llevados á reforzar las alas para rodear al enemigo y los cañones al centro. La línea de batalla que al principio tenía la forma de una A, cambió en la de una W: y no es preciso ser gran estratégico para comprender lo ventajoso de la posición japonesa: de envueltos los japoneses se habían transformado en envolventes.
Diez días después de la capitulación de Stoessel tuvo lugar un pequeño asedio contra Su-Li-Ho.
Un mes después las plataformas de cemento y acero, encima de las cuales se habían de colocar los gigantescos cañones de complicadas cureñas y de exacto mecanismo, esperaban los quince días precisos para solidificarse. Estas piezas de fortaleza se iban colocando unas al lado de otras, guarneciéndose detrás de baluartes hechos con sacos de arena.
Todas las piezas tenían sus enormes bocas dirigidas al monte Putiloff y cercanías. Innumerables ferrocarriles, provisionales y ligeros, transportaban las municiones y entrecruzaban sus rieles en todos sentidos.
Ahí había cañones de doce centímetros, de quince, de diez y ocho; morteros de veinte y veintiocho pulgadas, obuses de menor calibre. El número de piezas de grueso calibre era de ochenta y dos, seis gigantes de acero, en cuyos proyectiles podía caber un niño. apuntaban sus bocazas de doce pulgadas á un vallecillo vecino á la aldehuela de Shisshansu, distante apróximamente seis kilómetros del cerro Putiloff. Cuatro más del mismo calibre, estaban en la aldea de Juliuntsu próxima á la estación del Sha-ho. Los artilleros venidos todos, del sitio de Puerto Arturo, limpiaban, se-caban y acariciaban estos monstruos de la guerra moderna, con un cuidado afectuoso y reconocido.
La colina Putiloff, que domina el valle del Sha-ho. hacía imposible cualquier avance, no sólo del centro japonés, (4º. ejército), sino aun del ala derecha, 1er. ejército), cuyas posiciones se extendían precisamente á lo largo de la ribera del río. Así, pues, toda esperanza descansaba en la labor de la artillería.


Una cosa singular de este inmenso campo de batalla, era la extraña y pintoresca diversidad de los terrenos de la derecha y de la izquierda, un viajero que atravesara el país en ferrocarril, estando en una ventanilla, y que después se colocara en la del lado opuesto, tendría la ilusión de viajar al mismo tiempo por dos regiones enteramente distintas. De una parte, al Oeste, una llanura igual, sin fin, confundida en el horizonte con un fantástico tremolar de mirajes. Del otro lado, por el Este, un paisaje alpino, una cadena de montañas irregulares y abruptas, con sus cumbres ondulantes desnudas y tristes, entre las cuales se mostraban vallecillos estrechos y obscuros como producidos por enormes rupturas; y más cerca, un degradamiento de las alturas sobre los flancos, en los cuales hacían el efecto de una ligera neblina, los bosquecillos despojados de sus galanuras por el invierno. En la llanura se bate Okú; más allá, en el esfumado horizonte, Nogi; en las montañas, Kuroki; á su derecha Kawamura y hacia la mitad, un poco en la montaña y un poco en la llanura, Nodzú. La línea de batalla de los cinco ejércitos se extiende en un frente de ¡ciento setenta kilómetros!
Nunca tuvo el telégrafo un triunfo más brillante.


Sin ferrocarril hubiera sido difícil, pero no imposible, aprovisionar un ejército dispuesto en semejante sitúacion; pero sin telégrafo no se le hubiera hecho maniobrar. Para llevar al Estado Mayor General cualquier noticia de uno de los extremos flancos, un correo hubiera tardado doce horas y las órdenes habrían llegado á las tropas con veinticuatro horas de retardo. El país se hallaba atravesado por hilos eléctricos, que de cincuenta y seis estaciones telegráficas y telefónicas distribuidas en toda la línea, llevaban al Estado Mayor de Uyama, con la velocidad del rayo, los partes necesarios para la buena dirección de la batalla.
Llegaban noticias del campo enemigo. Quizá los rusos meditaban una batalla. Se tenía la certidumbre de que todos los pueblecillos situados á la espalda de la línea moscovita, estaban perfectamente fortificados: á lo largo de la ribera derecha del Hun, (al Sur de Mukden,) se había construido una cadena de reductos, que, en términos militares, se llaman "cabeza de puente" y que tenían por objeto impedir al enemigo el paso del río. También se sabía que los rusos habían construido dos ramales ferrocarrileros, uno hacia el Este y el otro hacia el Oeste para dirigir rápidamente las reservas al lugar de la batalla en que se notara débil al japonés, y numerosas fuerzas rusas se hallaban á lo largo de la línea de hierro, prestas á concentrarse en el lugar del peligro, ó en el sitio necesario para conseguir el ansiado triunfo.


El tiempo se mantenía terriblemente frío; pero de tarde en tarde llegaba una brisa casi tibia, que anunciaba el próximo deshielo. El deshielo en Mandchuria significa la transformación brusca de los campos en un mar de lodo, que hace imposible el tránsito, en tanto que los cálidos rayos del sol transforman el fango en polvo sutil y penetrante. Por esta razón también, la batalla no puede tardar. Todos los días decíamos: Será mañana.
Y la batalla empezó, empezó casi sin sentirse; un ligera escaramuza en la extrema derecha y aquel encuentro insignificante creció, terrible, inmenso, nunca igualado; pero creció poco á poco, por grados y aquella lucha formidable nos arrastraba como un huracán de fuego, de balas y de sangre, sin saber con certidumbre dónde estaba el principio.
Fue el ejército de Kawamura el que inició esta espantosa serie de batallas que se llaman: "Batalla de Mukden." La misión del cuerpo del Yalú era cubrir la derecha de las fuerzas que atacaron á Mukden y tenía por objeto apoderarse de Fushun. Al principio este cuerpo de ejército constaba de una sola división y había marchado de Pin-Yang al campo de batalla, siguiendo la victoriosa senda de Kuroki.
Esta división fue reunida frente al enemigo á fines de Diciembre, excavando, desde luego, trincheras y parapetos. De Puerto Arturo partió la 11a. división mandada por el General Samejima para reforzar á la anterior. Fue la de éste, una marcha indescriptible que duró más de un mes, á través de valles y montañas cubiertas de nieve; parte de los meses de Enero y Febrero, los más fríos del invierno Mandchú. No había tenido un día de reposo esta bizarra división cuando entró en combate.
El mismo día de su llegada, el 18 de Febrero, el General Samejima, lanzaba á sus soldados la siguiente proclama : "Soldados: Por orden del Cuartel General vamos á ir hoy mismo al combate. Debemos considerar esta orden ("como un gran honor á nuestra División. Yo, con vosotros he participado en el verano y en el invierno las fatigas, he sufrido con vosotros durante el sitio y en las batallas campales, después hemos marchado juntos en largas y penosas jornadas; hemos llegado aquí y no se nos concede todavía el reposo, y es que la Patria está en peligro; su salvación depende del éxito de esta batalla y este éxito lo espero de vuestro esforzado valor. ¡ Combatid heroicamente!"
El 19 de Febrero empezó la batalla, iniciándola el ejército del Yalú. Aun no amanecía cuando las tropas, abandonando sus posiciones, avanzaron intrépidamente, envueltas en las sombras de la noche.


Continuar