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EL
PEQUEÑO PUERTO ARTURO Mukden, Marzo. La división de la derecha
acentuó un movimiento envolvente. Changkiapao fue ocupado sin resistencia,
causando esto sorpresa entre los asaltantes. No se tenían noticias
de las posiciones enemigas y se llegó á temer una emboscada,
por lo que se enviaron audaces y valerosas patrullas exploradoras, y se
llegó á temer una emboscada, por lo que se enviaron audaces
y valerosas patrullas exploradoras, y se esperó con ansia, el resultado
de tales reconocimientos. Aunque la noche era muy fría, no se encendieron
las fogatas y los soldados se echaron sobre la nieve en el mayor silencio,
sin más abrigo que sus capotes. A media noche los exploradores
volvieron, y por ellos se supo que numerosas fuerzas rusas estaban atrincheradas
en la I escarpada colina de Chintsurin y que grandes masas de caballería
cosaca estaban de reserva. Se ordenaron los preprativos para el ataque,
y la noticia corrió en las filas, con la esperanza de que al amanecer
habría batalla. La aurora sorprendió á las tropas
en columna, en el fondo de los profundos valles.
Puesto de observacion del estado mayor japones en Ahpatai La 11ª. división tuvo dificultades mucho mayores que vencer. Su primer objetivo fue la ocupación de Chinghochen, á la derecha del Eío Taitse, donde numerosas fuerzas rusas se hallaban fortificadas. El 19 una brigada pasó el río al S. E. de Chinghocheng, y el 20 esta brigada ocupó la aldea de Kaoliying, al Este de Chinghocheng, sin hallar resistencia. La descubierta desprendida, hacia el enemigo, refirió que las fuerzas rusas contaban con 17 ó 18,000 hombres de infantería y 500 ó 600 de caballería, pareciendo, además, que los rusos estaban dispuestos á tomar la ofensiva. En efecto, mientras el General Samejima estudiaba un plan de ataque, la madrugada del día 22, la línea más avanzada de su división fue cañoneada de improviso, por unas baterías rusas que habían ocupado posiciones favorables durante la noche; en la tarde un regimiento de infantería, rusa, atacó violentamente el punto donde las dos divisiones japonesas se reunían, siendo rechazado por la división de la derecha. A esto se debió que el ataque de Chinghocheng quedase transferido para el siguiente día. Las posiciones rusas coronaban una cadena de colinas muy escarpadas, que se extienden al Sur, desde Chinghocheng hasta Siaotientz. El aspecto de estas alturas rocallosas, cubiertas por las baterías y las fortificaciones semipermanentes y cercadas con doble foso, era, tal, que los soldados lo bautizaron inmediatamente con el sobrenombre de Sho Liejun, (El Pequeño Puerto Arturo.) En Puerto Arturo, estos mismos soldados habían conquistado una colina fortificada detrás de Eriugshan, á la cual habían dado el nombre Hachimakiyama, ó sea el monte de Hachimald. El Hachimaid es una venda que los hombres del pueblo japonés llevan sobre la frente, y los soldados querían decir, con tal frase, que la frente de la colina estaba cubierta por la línea de trincheras enemigas, como con un hachimald. Y bien, la principal posición de los rusos estaba en el pequeño Puerto Arturo, en una colina, de tal modo semejante á la conquistada en aquel cruentísimo asedio, que al verla los soldados gritaban: ¡Hachimakyama¡ ¡Hachimakyama¡ A los japoneses, cuya alma se conmovía aún con el recuerdo de la tremenda lucha pasada, les pareció aquello de buen agüero. La imagen evocadora de los lugares donde se ha combatido, donde se ha sufrido y donde se ha vencido, siempre es grata á la memoria del soldado.Contra este segundo Hachimakyama fue dirigido el ataque principal. Aun no era la del alba, cuando la división dejó sus posiciones. Desde la media noche nevaba y el viento helado levantaba torbellinos de nieve en la profunda obscuridad; el frío era intenso; el camino horrible y la marcha muy penosa. Una parte de la división debía pasar el Taitse al Sur de Chingho-cheng, encontrando ahí con que el hielo que cubría el río se había fundido en parte. Se hizo preciso construir un puente, el retardo fue grave. El ataque que debía empezar desde el alba, con el objeto de que la infantería pudiera desplegarse y avanzar contra el Hachimakyama, no empezó sino hasta el medio día. La primera línea de ataque cubriéndose con las irregularidades del terreno, se unió á una distancia de 3 ó 400 metros de la base de la colina; entrando en juego la artillería. Las baterías rusas desde las alturas hacían un fuego tan desastroso para los japoneses, que éstos se ocultaban como podían; pues era imposible avanzar, permaneciendo muchos de ellos inmóviles para pasar por muertos. La artillería japonesa responde con buena puntería; pero ni uno solo de los cañones enemigos es callado y el furibundo duelo de las baterías dura todo el día. Llega la noche v la situación no ha cambiado, sólo á la izquierda, la infantería japonesa pudo acercarse un poco al pie de la colina. A media noche se intenta otro ataque. La noche está helada y los japoneses, que no han podido estudiar el terreno se encuentran rodeados de dificultades de todo género, haciendo las ametralladoras rusas terribles estragos entre ellos. El ataque se suspende hasta el alba. Con la aurora se reanudó la batalla, el Hachimakiyama estaba sitiado por tres lados; por el Oeste por el Sur y por el Este; pero toda tentativa de asalto era inútil. Los soldados que habían avanzado el día anterior no podían seguir adelante ni retroceder v esperaban pecho á tierra. En la cumbre de la moataña entraron en juego cuatro ametralladoras, que con el fuego de fusilería y el de artillería, cada vez más compacto y continuo, despertaban ecos semejantes á una zambra infernal. Un destacamento japonés logra llegar al primer piso; pero es detenido y entonces se decide una tentativa desesperada. De la base á la cumbre de la colina se sucedían las siguientes defensas: un foso, una primera trinchera, una barrera de alambre entrecruzado y una serie de árboles tirados, un segundo foso y una segunda barrera de obstáculos; una segunda trinchera y al fin, la artillería. El declive era rápido y abrupto; así, pues, si no se tomaba esta posición prontamente, era preciso un asedio en toda forma. Entonces se recurrió á uno de los ya famosos métodos usados en Puerto Arturo: un destacamento de unos cuantos zapadores, avanza con granadas de mano, al mando del sargento Hatakayama. Los encargados de arrojar estas granadas deben ir en corto número, para poder escapar á la vigilancia del enemigo; el sargento Hatakayama y sus zapadores llegan al primer foso sin ser vistos y comienzan á lanzar sus granadas á la primera trinchera. Los zapadores han adquirido tal perfección en el manejo de las granadas, que los antiguos granaderos los envidiarían. Los terribles explosivos caen entre los rusos con exactitud espantosa, levantando nubes de polvo, de despojos humanos y de humo. En la guerra moderna el uso de las balas dum-dum está severamente prohibido en nombre de la humanidad. Estos proyectiles producen graves heridas; pero, en cambio, las naciones hallan perfectamente el uso de los shrapnel, que, como se sabe, al estallar lanzan doscientas verdaderas balas dumdum. No es humanitario enviar pequeños proyectiles, lo humanitario es enviarlos de grueso calibre; el que dispara una bala explosiva de una pulgada, es un salvaje y está fuera de las leyes: para ser humano es preciso que el proyectil lanzado tenga cuando menos el tamaño de una botella. Las granadas de mano no hieren, descuartizan, arrancan los miembros, hacen una carnicería espantosa, pero gozan de una antigua y honrada reputación. Cuánto mejor sería que en esos congresos internacionales se dijera que todos los medios de matar y de destruir son buenos, con lo que nos ahorraríamos el espectáculo de este hipócrita altruismo, en el que nadie cree! Pero dejemos estas consideraciones para cuando se reúna un congreso honrado y volvamos á la batalla. Los rusos sorprendidos y descompuestos por lo imprevisto del ataque, abandonan la primera trinchera. Otro destacamento de 28 zapadores, al mando del sargento Sawamura, decididos á morir, se lanzan á la barrera de alambre, con valor inaudito, y con la ayuda de los explosivos, logran abrir un camino. Entretanto la artillería japonesa concentra su fuego en la segunda trinchera, con tal furia, que los rusos no asoman la cabeza, los parapetos se desmoronan bajo la granizada de balas. Protegidos por el bombardeo que caía sobre las trincheras, los audaces zapadores se adelantan para destruir la segunda barrera; repentinamente se oye una tremenda explosión y la montaña queda cubierta de humo; una mina ha explotado bajo los pies de los zapadores, haciendo pedazos á diez hombres, los demás siguen impávidamente su labor! La segunda barrera queda practicable y la infantería se lanza al asalto: pasa el primer foso y se dirige al segundo, que es más profundo y más difícil de atravesar, por lo que se ve obligada á detenerse. Los rusos concentran sobre los asaltantes el fuego dé las ametralladoras y arrojan desde lo alto enormes piedras que, saltando por los despeñaderos, caen al fondo del foso.
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