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III.
CONTRA LAS MONTAÑAS.
(Con el ejército de Kuroki.)
El avance nocturno.-Los japoneses rechazados.-Los zapadores
de Puerto Arturo listos.-Noches de horror.-El "Valle del Infierno."-El
"centro del furor" cambia de sitio.
A las 9 de la noche del 24 de Febrero, salía el ejército
de Kuroki de sus trincheras, donde había permanecido cuatro largos
meses.
Los nipones habían adquirido la experiencia de que en los ataques
nocturnos, eran los perros, que ladrando, dal)an la señal de alarma,
Este embarazoso asunto fue estudiado concienzudamente por el Estado Mayor,
y se supo que los perros silvestres, que son muy abundantes en Manchuria
huían silenciosamente al acercarse las tropas, en tanto que los
perros domésticos ladraban siempre. La resolución tomada
fue muy interesante: a todos los chinos de la región se les informó
que el ladrar de los perros quedaba formalmente prohibido y en caso de
no acatarse la orden los canes serían sacrificados y los dueños
severamente castigados. No sabemos á qué medio recurrieron
los chinos para cumplir con tan amistosas recomendaciones; pero esa honrada
gente siempre está llena de recursos y, sobre todo, de miedo. Así
fue que la noche del 24 los perros permanecieron silenciosos y los soldados
japoneses llegaron hasta los puestos avanzados del enemigo sin ser denunciados
por el importuno ladrar.
Los senderos por donde caminaban los japoneses eran tan quebrados y tan
difíciles, que algunos soldados cayeron en los precipicios. No
se puede uno imaginar país más silvestre ni más raro;
las montañas tienen perfiles fantásticos y cumbres cortadas
á pico, como verdaderas murallas; entre ellas serpentean los senderos,
bordeando profundos precipicios.
El ala izquierda del ejército
de Kuroki estaba formada por la división de la guardia, mandada
por el General Asada, el centro por la 12a. división. General Inuyé,
y la derecha por la 2a. división, General Nishijima; entre la guardia
y la 12a. división estaba incluida una brigada de infantería
mandada por el General Umezawa. El cauce del Sha-ho era el límite
entre lós soldados de Kuroki y los rusos, las alturas de la orilla
izquierda estaban en poder de los japoneses y las de la derecha en la
de los rusos; en el fondo del valle habían algunas aldeas expuestas
á los tiros de ambos, que pasaban constantemente del poder de los
rusos al de los japoneses y viceversa, siendo bombardeadas unas veces
por el lado derecho y otras por el izquierdo; esto duró todo el
invierno.
De toda virtud podrán carecer los rusos, menos de la constancia
y del valor, así es que quedaron en posesión de ellas al
fin, cuando muchas no eran ya sino montones de ruinas; allí tenían
los moscovitas sus puestos avanzados.
En la noche del 24 los japoneses se dirigieron á recobrar aquellos
puntos, por ser operación necesaria para proceder á otras
empresas.
Después de tres cuartos de hora de marcha, la descubierta japonesa
encontró á los primeros centinelas rusos, enfrente de la
aldea de Tunkiapen, y resonaron los primeros tiros; un destacamento atacó
de flanco á la pequeña guarnición y tras de un simulacro
de asalto, sostenido por insignificante fuego de fusilería, la
aldea fue ocupada. Quizá los rusos no tenían orden de resistir,
así es que se retiraron con rapidez á Thienshi-hotsu, más
al Norte de Tunkiapen. Más hacia el Es-te, estaban las aldeas de
Yaokíenhutun y la de Tatsu-pu, que fueron capturadas, casi sin
resistencia. A las 10.40 toda las posiciones de la orilla izquierda del
Sha-ho, fueron ocupadas.
Salió la luna, y su luz
que hubiera sido poco oportuna una hora antes, fue de grandísima
utilidad para alumbrar los trabajos de defensa emprendidos por los japoneses;
en todas las nuevas posiciones, se prepararon febrilmente trincheras con
sacos de arena, hasta el alba.
En la misma noche, la 12a. división avanzó hasta llegar
á estar en contacto con la vanguardia rusa y la 2a. siguió
el movimiento sin tropiezo. A la retaguardia de estas tropas se terminaban
los Decauvilles para el servicio de la artillería de fortaleza,
situada cerca de Pakiats.
El 25 de Febrero la 2a. división, manteniendo su contacto con el
ejército del Yalú, á su derecha, continuaba avanzando,
sin dificultad y ocupaba los pasos de Utaolin y de Elmalin, (lin en chino
significa paso), y entre estos dos puntos, la aldea de Elmalinpaotsu.
Hasta allí no era más que una simple marcha á través
de la más pintoresca y horrible región del mundo; pero después
se encontraba una línea fortificada que subía y bajaba entre
las abruptas cumbres. impidiendo cualquier avance. El día 26, á
la madrugada, empieza el bombardeo sobre esta línea: se inicia
el tremendo duelo de la artillería, es la espantosa voz de la batalla
la que empieza á resonar.
El General Nishijima, comandante de la división. ordena el avance
de la infantería. Su división estaba compuesta de una brigada
mandada por el General Ohara, á la derecha; y por otra á
la izquierda, mandada por el General Ishibahi. La brigada Ohara, después
de ser rechazada dos veces ocupa las alturas del Oeste de Sikulin. La
brigada Ishibahi ataca y ocupa, después de larga y encarnizada
lucha una cumbre del monte Wanhulin; pero es allí detenida, porque
la posición casi inaccesible, era duramente castigada por las ametralladoras
rusas, que regaban todo el campo con sus proyectiles. Hasta una patrulla
de prisioneros rusos que iba hacia atrás, fue alcanzada y casi
destruida por las granadas y los proyectiles de sus compatriotas.
Se combatía en todo el
frente del ejército de Kuroki.
Entretanto, la 12a. división no era más afortunada; una
tempestad de nieve golpeaba á los japoneses de frente, el frío
y el viento se aliaban al enemigo. No había otro recurso que batir
á los rusos con toda la artillería de grueso y de pequeño
calibre, y esperar.
Amanece el 27 y la situación no ha cambiado, el cañoneo
aumenta de intensidad y se extiende hacia el Poniente; durante la noche
se inician algunos ataques, ó mejor dicho, reconocimientos en masa,
que son recha-zados. En todas las posiciones de esta región los
rusos han tomado la ofensiva, en algunos puntos con éxito; la aldea
de Yaokhienhutun, á la izquierda del Sha-ho, que fue ocupada, como
ya se dijo, en la noche del 24, por la Guardia Imperial, fue recuperada
por los rusos. En la mañana del 27, cuatro batallones rusos con
una batería descendieron de Manchutan y amenazaron la derecha de
la 2a. División, que fue obligada á abandonar la ofensiva
por aquel lado para defenderse y rechazar el contraataque; al día
siguiente esta división toma la ofensiva nuevamente; pero halla
tal resistencia que después de una lucha desesperada, se suspende
nuevamente el ataque. La montaña ofrecía á la defensa
rusa una formidable fortaleza. Ese mismo día otros batallones enemigos
tomaron la ofensiva contraatacando.
La situación de Kuroki era seguramente de las menos favorables:
como se recordará su cuerpo de ejército estaba flanqueado
á la derecha por el ejército del Yalú y á
la izquierda por el de Nodzu, (éste se hallaba detenido por las
fortificaciones del cerro Putiloff y las del centro de la línea);
si estas masas de hombres continuaban estando en jaque por los rusos,
no le quedaba á Kuroki otra alternativa que esperar ó batirse
á todo trance con ataques de frente contra aquellos cerros hábilmente
fortificados.
Del cuartel general se ordenó que se continuara el ataque, á
fin de que el enemigo no desguarneciera esa parte para ir á reforzar
otro punto; se debe pues á la heroica perseverancia de la derecha,
los triunfos de Nogi en la extrema izquierda, que pudo iniciar esa maravillosa
marcha envolvente que decidió la victoria final.
El l0. de Marzo, en tanto que la batalla se generaliza en toda la línea,
la lucha se hace furibunda en esta parte del campo. La 2a. división
es destacada llevando en su flanco derecho artillería de montaña,
para prote-gerse de los amagos que los rusos dirigían desde Manchutan
y concentró su ataque sobre el monte Wanhulin. Desde las cuatro
de la mañana trabó la infantería, combate desesperado;
á las diez se había conquistado una pequeña altura;
pero no fue posible avanzar, y lo que fue peor, los rusos desde las alturas
de Kaotailin dominaban la línea de comunicaciones, y, en consecuencia
el aprovisionamiento de municiones quedó suspendido ; el único
camino practicable era un estrecho valle, al cual las ametralladoras y
los cañones rusos cubrían de tal cantidad de proyectiles,
que nadie que hubiera pretendido pasar lo hubiera logrado. Los soldados
lo apellidaron con el nombre Gigo-Kudani, "El valle del infierno."
Obligada la división á mudar de objetivo, abandonó
el ataque Wuanhulin y dirigió todos sus esfuerzos sobre las alturas
de Kaotailin. Los japoneses asaltan furiosamente; pero son rechazados.
El numero de ametralladoras rusas es enorme y la lluvia de balas que envían
es tan rabiosa que parece algo que se desgarra y que cae sin cesar. Por
nueve veces se renueva el asalto, siempre sin resultado. Las pérdidas
son enormes.
Durante este tiempo la 12a. división ataca hacia el monte Tungkaushan,
por el lado Sureste, posición muy importante. Aun no se había
desplegado la in-fantería japonesa en línea de combate,
cuando la artillería rusa establecida en las asperidades del monte
Chetenlin, empezó á fulminarla por uno de sus flancos; el
movimiento se detuvo. Aprovechando esta detención. gruesas masas
de infantería rusa, venidas de las cercanías de Chienhotsukao,
avanzaron á paso veloz; se trabó obstinado combate y el
paso del arroyo, que pretendían los japoneses, no fue conseguido.
Los japoneses se transformaban de asaltantes en asaltados.
En esta jornada la división de la Guardia tuvo mejor suerte: después
de varios asaltos, logró recuperar definitivamente la aldea Yaochienohutun,
en la orilla izquierda del Sha-ho; en tanto que la brigada independiente
al mando del general Umezawa, colocada entre la Guardia y la 12a. división,
se apoderaba de la aldea de Chienlaotsukao á cuatro kilómetros
de Yaochienohutun.
La aldea de Yaochienohutun, había sido atacada, sin resultado,
durante el 28; tenía dos líneas de defensa, una al frente
y otra á la espalda. El l0 de Marzo fue atacado el largo muro de
lodo que estaba al frente. los zapadores, (una compañía),
lanzando granadas de mano, practicaron una brecha por donde la infantería
se lanzó furiosamente y de improviso á la carga. La trinchera
fue ocupada y con ella la aldea. En algunas casas en ruinas, encontraron
los japoneses cadáveres de compañeros desaparecidos el día
anterior; estos hombres estaban completamente desnudos algunos de ellos
no parecían heridos y se creyó que los rusos los habían
hecho morir de frío; muchos no presentaban heridas y otros tenían
en la cara huellas de tacones claveteados y los dientes hechos pedazos,
una oleada de indignación corrió en las filas japonesas;
rabiosamente se lanzaron sobre la segunda línea de defensa procurando
flanquearla por ambos lados de la aldea para tomar á los rusos
por la retaguardia. El ataque fue tan rápido, tan resuelto y tan
inesperado, que casi no encontraron resistencia; el enemigo se retiró
allende el Sha-ho; pero veintisiete rusos que no tuvieron tiempo de escapar,
fueron hechos prisioneros; entonces se desarrolló una escena espantosa;
los japoneses furiosos, cegados por la pasión de vengar á
sus compañeros, sacaron á aquellos desgraciados de las trincheras
y á medida que salían eran fusilados, haciendo de ellos
blancos humanos, así murieron todos en medio de gritos de venganza
de los triunfantes nipones. No puede uno figurarse cuáles hubieran
sido los resultados, si se hubiera dejado desencadenar la ferocidad que
en todo hombre se encuentra adormecida y que naturalmente se excita en
los combates; pero el General Asada, que fue informado del asunto, ordenó
el castigo inmediato de los principales autores de esta matanza. Lo que
fue muy humillante para los soldados japoneses; pues fueron retirados
de la primera línea de combate y enviados á la retaguardia.
El 2 de Marzo, la situación
de Kuroki mejoró un poco. La 2a. división reanudó
sus ataques contra las alturas de Kaotailin y logró ocupar las
principales; pero sus pérdidas fueron muy graves. Al mismo tiempo
la brigada Ishibashi, (izquierda de esta división,) atacó
las posiciones rusas de Tungkeushan, operación que fue intentada
sin fruto el día anterior por una parte de la 12a. división.
En las primeras horas de la mañana dos regimientos mandados por
los coroneles Shimamura y Aybara, atravesaron el riachuelo, cuya conquista
había sido imposible la víspera, protegidos por las tinieblas
que reinaban aún, asaltaron vigorosamente la línea de defensa
de los rusos, el combate fue breve pero muy sangriento. Conquistada la
primera línea se avanza hacia la posición principal; cuando
amaneció, los japoneses estaban muy cerca de la segunda línea
rusa, próxima de la aldea de Chankin; por desgracia para los japoneses,
esta línea se desarrollaba en las cumbres de las colinas y había
que franquear precipicios cortados á pico, lo que hacía
la posición rusa verdaderamente inatacable. Las baterías
rusas de Chenteulin emprendieron de nuevo su espantosa labor del día
precedente y los japoneses quedaron detenidos una vez más. Estas
tropas fueron obligadas á permanecer inmóviles é
impotentes, durante dos días y dos noches, y enfrente de aquellas
pavorosas rocas que vomitaban acero y plomo.
Los éxitos obtenidos hasta este momento por los japoneses eran
insignificantes. En realidad todo este cuerpo de ejército estaba
en jaque por los rusos y los dos cuerpos vecinos no habían avanzado
un paso. El 3 de Marzo, Kuroki se decide á tomar la ofensiva nuevamente
en toda la línea.
Entretanto el bombardeo continúa, aún en la noche, intenso,
ensordecedor, espantoso.
Durante la noche del 2 no había cesado la nevada; pero al amanecer
escampó. En este momento la división de la guardia recibió
orden de atacar la aldea de Haoshunmuputsu, (derecha del Sha-ho), y las
alturas de Tanjatun, también á la derecha. Allí habían
construido los rusos dos líneas de fortificaciones.
A la una y media de la madrugada
del día 3, la brigada de la derecha de la Guardia, deja la aldea
de Tatsupu y avanza en línea desplegada.
La blancura de la nieve ayuda á los rusos, pues hace más
visibles á los japoneses. La noche es bastante clara. De las alturas
que rodean al río viene una granizada de balas. Los japoneses atraviesan
el helado y resbalozo cauce del Sha-ho, abandonando en la nieve á
los muertos y á los heridos. En la aldea de Haoshunmuputsu, la
resistencia fue insignificante; probablemente no había allí
más que centinelas avanzados; detrás de la aldea, en las
alturas, se extendía la primera trinchera rusa (la aldea está
en el valle) la atacan inmediatamente á la bayoneta. Aquí
también los rusos se defienden débilmente, á las
2.25 de la madrugada la parte izquierda de esta trinchera está
en poder de los japoneses y á las cuatro toda está conquistada
.
Inmediatamente los zapadores empezaron á destruir las trincheras
rusas y construir nuevas, con sacos de arena. Como habrá visto
el lector, los zapadores tienen en esta batalla un papel enteramente nuevo
y predominante: forman, casi siempre, la primera línea de ataque,
abren la brecha para el asalto, arrojan las granadas de mano y evitan
á la infantería trabajos que antes estaba obligada á
hacer; este mejoramiento llevado casi á la perfección, se
debe casi exclusivamente al sitio de Puerto Arturo; en la serie de formidables
combates que se desarrollaron alrededor de esta famosa plaza, fue la mina,
el túnel estratégico, la fortaleza, las que tuvieron capital
importancia; y estas obras fueron encomendadas á los ingenieros.
Se puede asegurar que Puerto Arturo fue capturado por los zapadores que
formaban más de la tercera parte del ejército sitiador.
Una vez terminado el asedio y conquistada la plaza, se repartieron estos
veteranos del ejército de Nogi, donde estaban en número
desproporcionado, en los demás cuerpos de ejército. Perfectamente
adiestrados por tantos meses de lucha científica orgullosos de
sus hazañas, de la gran victoria conquistada; fueron aún
más hábiles y más audaces, si es posible, en la batalla
de Mukden; en todas partes prestaron importantes servicios y muchas veces
decidieron la victoria.
Volvamos al combate de la Guardia.
Capturada la primera trinchera rusa en Haoshunmuputsu, el General Asada,
ordena el ataque de la segunda. No amanecía aún cuando los
primeros esca-lones japoneses llegan hasta la fortificación rusa
sin disparar un tiro; pero los rusos saliendo de las trincheras contraatacan
furiosamente. La situación de los japoneses que sólo eran
un batallón, se hacía crítica; se les mandan tropas
de refresco que llegan á la línea de combate á las
5.45 de la mañana.
El alba estaba próxima
y parecía que con la luz se hacía más intenso y más
certero el fuego de los rusos. Las pérdidas de los japoneses eran
cada vez mayores y más importantes; algunas compañías
tenían fuera de combate á todos los oficiales y á
la mitad de los soldados; era imposible resguardarse del fuego; se decidió
dejar el ataque y los japoneses se retiraron á las posiciones que
habían conquistado la noche anterior.
La ambulancia no pudo cumplir con su caritativo cometido, los heridos
quedaron en el campo cubierto de nieve y murieron todos.
Desde este momento empieza para la Guardia un período de lucha
desesperada.
La noche del 3, á las 10, antes de que saliera la luna, los rusos
bajan en gran número para atacar. Los japoneses carecen de reservas,
pues todas han sido utilizadas para cubrir los vacíos. En la obscuridad
se oye el resonar de los pasos, sobre la llanura helada; es un ruido de
catarata cada vez más próxima; la fusilería no detiene
á los que avanzan. El General Watanabe está entre sus soldados,
recomendándoles la resistencia. La línea rusa se distingue
por el relampagueo que los disparos producen. Ya llegan los rusos á
unos cuantos pasos, los japoneses se pasan las mechas encendidas, para
dar fuego á las granadas de mano, las arrojan contra los asaltantes;
al mismo tiempo que las explosiones, se oyen gritos horribles de dolor.
El asalto se detiene, vacila, es rechazado al fin. Pero un pu-ñado
de rusos atacando con las culatas de los fusiles, con las bayonetas, asalta
la trinchera, lanzando gritos de rabia. Estos soldados no llevan otro
objeto que morir matando: los japoneses lo contaban después, pro-fundamente
admirados.
Durante esa noche los rusos vuelven cuatro veces al ataque.
Las posiciones pasan del poder de los japoneses al de los rusos y viceversa;
durante el día es imposible salir de las trincheras, en tanto que
hay luz todos están escondidos, sólo en la noche se combate;
durante ella se suceden una serie de ataques y de contraataques cada vez
más feroces.
Los japoneses quedan aislados de su retaguardia; y durante el día
es imposible atravesar el río para llevarles provisiones; dentro
de sus trincheras comen un poco de galleta y pedazos de hielo; en la noche
se consigue llevarles algo de arroz y agua; para transportar estos efectos
el cuerpo de administración sufre graves pérdidas, los cadáveres
de muchos de sus individuos quedan en el helado lecho de Sha-ho.
Los que atacaban y contraatacaban, lo hacían encima de los heridos
y de los muertos, que quedaban entre las dos líneas. La hecatombe
iba siempre en au-mento, desde la noche del 2, una de las compañías
enviadas para atacar la segunda línea rusa, estaba mandada por
un sargento, y otra en la madrugada del 3, sólo contaba con 63
hombres; el mayor Matsumaye, que condujo el primer ataque, había
sido herido en un muslo, siguió dando órdenes apoyado en
la espada, hasta que una bala le atraviesa el vientre y lo deja muerto.
Es imposible narrar todas las heroicidades de esa noche de matanza y de
horror.
En tanto que la División de la Guardia se empeña con desesperada
energía, en la serie de combates que hemos intentado describir,
las otras tropas de Kuroki, renuevan los asaltos noche y día. La
segunda Di-visión inicia la mañana del 3, un nuevo ataque
contra las alturas de Kaotailin, que los rusos habían reconquistado
durante la noche anterior, puesto que era una amenaza para las comunicaciones
japonesas en Gigokudani, el Valle del Infierno. La Brigada Ishibashi,
(izquierda de la División), avanzó resueltamente. Un regimiento
al mando del Coronel Shimada tiene orden de empezar el asalto y de tomar
alguna de las alturas al Sudeste de Kaotailin; este héroe al recibir
la orden con-testa: La posición será capturada ó
no regresaremos ninguno de nosotros!
La posición no fue conquistada; pero en cambio no regresó
ninguno de los asaltantes; aquel valiente jefe fue uno de los que cayeron
primero durante el asalto.
Antes del ataque, el Mayor Tanakadate, encargado de los documentos del
regimiento, reunió á la oficialidad. Todos los oficiales
le rodeaban esperando órdenes en una cabaña china, alumbrados
con la pálida luz de una vela; antes de separarse, bebieron el
Saké, circulando la copa; es la libación ritual que precede
al suicidio, antes de abrirse el vientre. Después del segundo asalto,
supo el Mayor que el Coronel había muerto y que él era el
único jefe hasta ese momento que no había sido herido; extendiendo
la mano hacia el enemigo, ordena otra carga y se pone al frente de sus
soldados, su ayudante le toma por un brazo y le dice :-E1 Coronel ha muerto
y vos sois el que debéis mandar el regimiento; es preciso que viváis!
El Comandante le responde con un grito heroico-SUSUME-adelante. Y lleva
á sus soldados hasta el reducto mismo; viene en seguida el furibundo
combate cuerpo á cuerpo, en medio de ayes de dolor y de gritos
de rabia. Amanecía y las hojas de acero brillan lúgubremente;
el Mayor entra á una trinchera, es herido en el vientre de un bayonetazo
y cae muerto, sus soldados son rechazados y descienden en confusión
por las abruptas pendientes del monte.
Igualmente inútiles eran los repetidos ataques, que la 12a. División
dirigía contra Cheteulin.
Todo el ejército de Kuroki quedaba inmovilizado; la colina Putiloff,
á pesar del tremendo bombardeo que sobre ella dirigía el
Ejército de Nodzú (izquierda de Kuroki), resistía
aún, y no se esperaba que por allí se verificara un avance.
Sólo había esperanzas de que Kawamura (derecha de Kuroki),
tuviera algún éxito y pudiera avanzar, pero Mankuntan resistía
siempre.
La noche del 4, Oyama ordenó á Kuroki destacar de la extrema
derecha á la Brigada Ohara, para cooperar en el ataque de Mankuntan;
este movimiento fue eficaz, el día 5 llegó la Brigada á
las alturas que están al Oeste de Huanti, á seis kilómetros
de Mankuntan; los días 6 y 7 llega á tres kilómetros,
en la misma población, facilitando al Ejército del Yaiú,
la ejecución de su cometido.
Entretanto la defensa rusa empezó á debilitarse desde el
día 5; Kuropatkin tenía necesidad de refuerzos, al Oeste
y al Noroeste de Mukden, para detener el formidable avance de la derecha
y de la extrema derecha del Ejército Japonés. Desde este
momento la batalla se hace más encarnizada, más sangrienta,
más atroz en estos puntos; es allí donde se va á
decidir la victoria.
La batalla es como un ciclón que cambia su centro de intensidad,
su centro de devastación. ¡ Y pensar que la suerte de las
naciones, la vida de millares de hombres, sólo depende del movimiento
de este cruento cataclismo !.
Capítulo
IV
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