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VII.
LA
TOMA DE HANJAPU.
(Con el Ejército de Nodzú.)
Ataques
rechazados.—Hanjapu, "la invencible."—Se cambian
los planes.—Por el honor de la brigada.—El ataque de Hanjapu.—Un
nuevo y singular sistema para atacar las redes de alambre.—Matanza
en las trincheras.—Hanjapu es capturado.—Bombardeos y contraataques.—Del
Sha-ho al Hun-ho.
Hemos visto que, según el proyecto de ataque, concertado por el
Estado Mayor del Gral. Nodzú que la izquierda del 4o. Cuerpo del
ejército, (formada por la 6a. División del Gral. Okubo),
debía atacar la aldea de Sha-hopo, situada á la izquierda
de Sha-ho, al Oeste de Putiloff, y sobre el camino mandarín que
va á Mukden.
Shahopo que había sido perdida por la 3a. División, en la
batalla de Sha-ho, se hallaba ahora convenientemente fortificada por los
rusos, con una serie de reductos, formando cabeza de puente sobre el Sha-ho,
interrumpiendo el camino de Mukden. Para usar de un lenguaje menos técnico
y más claro, diremos que ese sistema de defensa tiene en jaque
al enemigo y facilita el paso de un río en perfecta seguridad,
(maniobra siempre delicada). Más al Norte de estas fortificaciones,
se había organizado la cabeza de puente del Hun; por lo dicho se
ve que, para tener una cabeza de puente, no es necesario que lo haya.
El tecnicismo militar tiene sus misterios.
Frente á
Shahopo, la posición japonesa de Kanju, ocupada durante el invierno,
dista apenas un millar de metros del reducto ruso. Fué en esa aldea
donde se concentró la fuerza destinada al ataque el día
lo. de Marzo y de donde avanzó la noche siguiente.
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La
línea de ataque estaba formada por tres regimientos: el regimiento
de Ota á la derecha, el regimiento Yoshihiro en el centro
y el regimiento Sachiwatari á la izquierda, (damos á
cada regimiento los nombres de sus respectivos Coroneles). Los soldados,
que llevan sus sacos de arena, se acercan silenciosamente hasta
unos doscientos metros del enemigo. La maniobra empezó á
las cuatro de la mañana. Los rusos pronto se dan cuenta del
movimiento; inmediatamente los disparos de la artillería
y de los fusiles empiezas en los reductos; entretanto los japoneses
avanzan empujando los sacos de arena para protegerse. |
La obscuridad
es completa. A las cinco de la mañana un destacamento de zapadores
consigue abrir tres brechas en la barrera de defensas auxiliares; pero
entonces se descubre que hay, cuando menos, cuatro líneas de redes
de alambre. Amanece; las pérdidas que son grandes ya, aumentan
á cada instante, los sacos de arena son insuficientes para defender
y es imposible escarbar la tierra endurecida para hacer trincheras. Cae
nieve.
A las ocho de la mañana, el Coronel Yoshihiro, que manda el centro,
es herido; poco después muere el Mayor Kisawa del mismo regimiento.
A las once llegan las reservas al regimiento Sachiwatari, para compensar
las pérdidas; llegan á paso de carga protegidos por la tormenta
de nieve; este refuerzo induce al Coronel Sachi-watari á intentar
un asalto: ¡Susume!—Adelante. Se ataca desesperadamente, pero
los rusos empiezan á usar gruesos cañones, de doce y quince
centímetros, contra la infantería, y las enormes granadas
hacer verdaderas hecatombes. El ataque de la izquierda lo verifica una
compañía mandada por el Capitán Kawano, es la que
más sufre por el terrible bombardeo. Una granada alcanza al Teniente
Yamashiro y lo destroza completamente ; los fragmentos de su cuerpo hieren
á los soldados que lo rodean; algunos de éstos quedan gravemente
heridos con las astillas de hueso del desgraciado Teniente. Poco después
el Capitán Kawano recibe una bala de fusil en el ojo izquierdo
y exclama: ¡No es nada, adelante, adelante! ¡Mantemonai, sah
koi!
La compañía está casi destruida, el fuego es cada
vez más nutrido y más certero, el ataque oscila; la izquierda
japonesa se detiene y después vuelve á la úl-tima
posición que tuvo, para protegerse detrás de los sacos de
arena.
Después del almuerzo, la izquierda dió el ataque; á
las cuatro de la tarde el regimiento Ota da una vuelta de flanco y carga
sobre una pequeña colina, en la cual los rusos habían colocado
artillería.
Esta posición pareció á los rusos muy expuesta y
retiraron sus cañones; en estos momentos llega el regimiento Ota,
que da el asalto á la colina, á pesar de que la infantería
enemiga está allí; y aunque la altura era cañoneada
por los rusos, los japoneses haciendo esfuerzos heroicos la capturaron.
Inmediatamente la fortifican para mantenerse allí. Encuentran muchos
caballos muertos ó heridos, por lo que se supone que el enemigo
ha sufrido grandes pérdidas. La noche del 7 el Coronel Ota decide
un nuevo ataque; á la una el regimiento avanza, pero los rusos
están en guardia y una granizada de balas y de metrallas cae sobre
los asaltan-tantes. El Coronel Ota, que ha tomado personalmente el mando
de una compañía, es uno de los primeros que cae herido,
su ayudante también; los oficiales y los soldados son diezmados;
pero á pesar de ello, pasan la primera línea de alambre,
después la segunda, y, finalmente la tercera. Sin embargo, el ataque
no puede continuar. Si en este instante los rusos hubieran hecho una salida,
habrían derrotado á los japoneses. El regimiento Ota se
retira protegido por la obscuridad de la noche. Otros combates igualmente
sangrientos é inútiles, se verifican en el centro y en la
izquierda. Dos secciones de compañía, enviadas á
destruir la segunda y la tercerra barrera de alambre, son aniquiladas;
ni un hombre vuelve al campamento. El 3 de Marzo la situación permanece
invariable. El General Okubo, (Comandante de la División), se persuade
que Shaho-pu es invencible y entonces cambia el programa de ataque: se
decide que el esfuerzo principal de la División se concentre en
Liushupo y que las tropas que atacaban Shahopu, se reduzcan al número
estrictamente necesario para mantener las posiciones capturadas, para
que el resto ayude en el ataque de Liushupo, y que una de las dos brigadas
independientes que operan en el centro del cuerpo del ejército
de Nodzú, coopere en el movimiento estratégico, con un movimiento
envolvente de flanco, pasando á la extrema izquierda de la 6a.
División. Estas órdenes fueron dadas en la noche del 3.
La madrugada del 4, las tropas entaban en marcha y empezó el concentramiento.
Como se verá por lo anterior, se quería iniciar un movimiento
envolvente en la extrema izquierda del 4o. Cuerpo de Ejército,
concentrándose allí, á ese efecto, dos brigadas.
Hacia medio día del 4, el General Comandante de la izquierda de
la 6a. División, se presenta al General Okubo y le dice: Liushupo
es el punto más próximo de las posiciones enemigas y dista
apenas trescientos metros. Este punto fué conquistado y mantenido
por ciento cuarenta días, en medio de una lucha que nunca terminaba;
allí me he sostenido yo con mi brigada, sin necesitar ayuda de
otras tropas; ahora vengo en nombre de mis oficiales, de mis soldados
y de mí mismo á pediros que nos concedáis terminar
este trabajo empezado, pero no terminado. Por el honor de nuestra brigada,
dejadnos atacar sin auxilio y os aseguramos el éxito. Las tropas
que deben concentrarse en Liushupu, pueden prestar un auxilio precioso
en otra parte, en tanto que nosotros podemos aseguraros que no somos necesarios
aquí. Además, el enemigo se refuerza y es necesario obrar
inmediatamente.
—Está bien,—responde el General Okubo.
Atacad al enemigo. Yuestar súplica os hace grande honor.
Una vez más fué cambiado el plan de ataque; las tropas que
se hallaban frente á Shahopu, no quedaron debilitadas y de la brigada
independiente se tomaron únicamente dos batallones para formar
las reservas de 1 las que atacaban Liushupu.
En
la noche, la brigada de la izquierda de la 6a. División,
hace un ataque con desesperada energía. No podía haber
momento más oportuno, el ejército de Oku, victorioso
después de haber roto la cadena de las posiciones rusas á
la izquierda, iba á verificar la magnífica conversión
de flanco sobre el Oeste de los rusos. Estos, que se hallaban en
Liushupu, empezaron á oir el estallido de los cañones
á su espalda.
Después de tres asaltos, la primera línea rusa en
Liushupu es conquistada. El enemigo se retira á Yent-su,
este punto es atacado inmediatamente después; al amanecer
del día siguiente, también fué conquistado,
los japoneses capturaron un cañón. Los rusos se retiran
á Hanjapu, cerca del ferrocarril. |
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Hanjapu es una
aldea bastante grande, adonde se concentraron primero las tropas que habían
sido batidas en Liushupu y en Yentsu, así como las tropas que se
retiraban por el ataque de la derecha del ejército de Okú.
Así, pues, había allí numeroso ejército que
dispu so la defensa entre el ataque de la derecha de Okú, (4a.
División). Entre los japoneses, se temió una ofensiva de
los rusos que partiera de este punto y penetrara entre los ejércitos
de Okú y de Nodzú, quedando, como consecuencia, rota la
línea japonesa; así es que el General Nodzú se decidió
á atacar Hanjapu.
La serie de reconocimientos japoneses que se practicaron hasta las posiciones
enemigas, dieron como resultado hacer saber que había cuatro reductos
en Hanjapu, comunicados entre sí por un sistema de galerías
y de trincheras, y todos protegidos por múltiples barreras de alambre;
se estudió un plan de ataque especial.
Ante todo, era preciso encontrar un nuevo sistema para atravesar las redes
de alambre, operación que siempre costaba muchas vidas y mucho
tiempo. El Estado Mayor decidió lo siguiente: un cierto número
de soldados asaltaría llevando largas tablas que, en el momento
preciso, se arrojarían sobre los alambres para que, formando puentes,
las tropas pasaran por encima de ellos. Dicho y hecho; reunieron todas
las tablas que pudieron hallar, y se alistó á los soldados
sobre los
alambres de la posición capturada de Liushupu. Resuelto este primer
punto, se pasó á examinar la posición.
Hanjapu no podía ser atacada de frente, precisaba un movimiento
envolvente al Oeste del ferrocarril, para atacar por el flanco y por la
retaguardia; inmediatamente se dictaron las órdenes necesarias.
Mientras tanto, frente á Shahopu, la situación no cambiaba;
los sufrimientos de las tropas que yacían pecho á tierra,
días y más días, á sólo trescientos
metros del enemigo, durmiendo bajo el bombardeo, sufriendo por el implacable
frío nocturno, por el hambre y por la sed, eran indescriptibles.
Para reforzar el próximo ataque de Hanjapu, se toman algunas de
las tropas que llegan á Liushupu, cuyos soldados caían de
fatiga y de debilidad; después de ser reanimados con abundante
distribución de corned-beef y Saké:, fueron á tomar
posiciones.
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El movimiento envolvente principió á media noche del 6;
pero, por el poco conocimiento que se tenía del terreno, fué
excesivamente lento, sin embargo, á las seis de la mañana
del día 7, la maniobra estaba terminada y empezó el ataque.
Debía iniciarse antes del alba, pero se verificó á
plena luz y los rusos tuvieron oportunidad para defenderse é hicieron
del terraplén del ferrocarril, la primera línea de defensa.
Un batallón mandado por el Mayor Takayama, empezó el ataque
y avanzó hasta trescientos metros de la vía del ferrocarril;
los rusos lo recibieron con numerosos disparos de fusilería bastante
exactos, y bien pronto las pérdidas japoneses fueron bastante grandes.
Poco después la artillería de sitio, la de campaña
y las ametralladoras concentraron su fuego sobre los asaltantes. El ataque
se desarrollaba en una llanura plana.
Dar un paso hacia delante, era desastroso, pero detenerse ó retirarse,
bajo el diluvio de proyectiles, resultaría aún más
fatal que el mismo asalto; los japoneses tomaron esta última resolución:
la primera línea es cegada, la segunda pasa sobre los cadáveres
de sus compañeros y llega, por fin, al terraplén del ferrocarril.
Los atacantes trepan la trinchera arrojando granadas de mano y los rusos
se retiran á sus reductos. Los japoneses continúan furiosamente
el asalto.
En este instante, los rusos se percatan de una cosa singular: una legión
de grandes tablas se adelanta, compacta, oscilando en el aire. Todo este
bosque belicoso se precipita á las redes que quedan cubiertas en
un instante y con ímpetu de tempestad, el primer batallón
atraviesa la barrera y salta á la trinchera; un terrible combate
cuerpo á cuerpo, se verifica; los fusiles se descargan á
quema ropa, se combate á bayonetazos, á sablazos, á
culatazos, con las manos, con los dientes; rusos y japoneses ruedan en
el ensangrentado fondo de las trincheras y peleando con las manos, sujetándose
por el cuello, reventándose los ojos. Quien no vió las horribles
heridas de los cadáveres que quedaron en el fondo de este foso,
no puede imaginarse las tremendas escenas que allí se desarrollaron.
Los rusos resisten aún, pero á las diez de la mañana
empiezan á ceder y abandonan una trinchera, y más tarde
otra.
Capítulo
VIII
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