III

 

 

4- PRIMER ENCUENTRO CON LAS FUERZAS DEL REY

En el momento en que Ciro se detiene en Cilicia, ya maniobra en Siria un ejército persa. Artajerjes ha ordenado al sátrapa de Fenicia-Siria, Abrocomas, tratar de molestar y de retrasar el avance del rebelde hacia Mesopotamia. Sus fuerzas son difíciles de calibrar (unos 30.000 hombres), pero lo cierto es que dispone de una buena posición fortificada en los alrededores de Issos. Un lugar que Ciro debe atravesar y en el que inevitablemente se encontrarán. Allí ha acudido también el rey de Cilicia -abandonando a Ciro- con sus tropas, al encuentro del sátrapa persa, con quien se verá obligado a unir sus fuerzas.
Una vez que Ciro pudo continuar con su avance, llegó hasta Issos, en donde tuvo que detenerse de nuevo. Necesitaba ahora del concurso de su flota: 35 naves peloponesias del navarco espartano Pitágoras que navegaban junto a otras 25 del propio Ciro, y que venían de Mileto conducidas por el egipcio Tamos. En ellas eran transportados 700 hoplitas griegos, mercenarios capitaneados por el espartano Quirisofo. A todo este refuerzo vino a sumárseles otro contingente de 400 mercenarios griegos que desertaron de las filas del sátrapa sirio Abrocomas para ir a unirse rápidamente a las de sus congéneres del otro bando.
El plan de Ciro era efectuar un desembarco por sorpresa a ambos lados de los muros de defensa para hacerse así con su control.
Pese a que las relaciones con los cilicios parece que eran un tanto ambiguas y podía contar con que no opondrían resistencia, la presencia de Abrocomas en la zona le obligaba a actuar con cautela. Así pues los griegos, que si bien habían recibido órdenes de ocupar la muralla por las armas, de no encontrar resistencia no debían hacer ningún daño a sus defensores.
En ello estaba el persa cuando recibió la noticia de que el sátrapa Abrocomas, sin duda tras apercibirse de la llegada de la flota enemiga, la deserción de sus mercenarios y los titubeos de los cilicios, había preferido evacuar la posición y retroceder en dirección a Mesopotamia.

Mapa de la ruta -2- -

La Anabasis, por Satrapa1

5- LOS PLANES QUEDAN DESVELADOS: AVANCE POR SIRIA Y MESOPOTAMIA

Atravesada la cordillera del Amanus, ya sólo el Eúfrates podía suponer un contratiempo serio para el avance. Se cruzaron las llanuras sirias hasta desembocar en la ribera del gran río mesopotámico y siguiendo su cauce se alcanzó la ciudad de Tapsacus, en donde las tropas hicieron un alto. Ciro sabía que debía comunicar ya a los griegos el verdadero objetivo de la expedición, pues hasta entonces todo habían sido mentiras o subterfugios sin que, en última instancia, llegase nunca a declarar sus verdaderas intenciones. Reunió entonces al ejército en asamblea y comunicó por fin, abiertamente, sus planes.


La perspectiva de enfrentarse a las fuerzas del Gran Rey era algo que realmente amedrentaba a la mayoría de los soldados, atenazados por ese inveterado temor a las innumerables huestes que el persa podía movilizar en campaña. Finalmente, y tras varias negociaciones, de nuevo el afán de riqueza pudo más que el miedo a lo que el futuro podría deparar. Los griegos terminaron por aceptar los hechos a cambio de una buena recompensa pecuniaria: unas concesiones que sabían que en condiciones normales ningún privado podría asumir pero que sin duda un personaje como Ciro, si conseguían auparle al trono de Persia, sabría y podría satisfacer sin remilgos.


Una vez asegurada la lealtad de la tropa, Ciro pudo continuar con sus planes. Si Artajerjes tenía la intención de retrasar a su enemigo bloqueando el paso del Eufrates, erró en sus cálculos. El rebelde pudo poner pie en la otra orilla del río repeliendo a las fuerzas de cobertura persas que trataban inútilmente, comandados por Abrocomas, de retrasar el avance del rebelde. Ahora era ya sólo cuestión de tiempo llegar al encuentro del ejército real. Artajerjes no tenía ya otra opción que esperar al atacante en el corazón de Mesopotamia, junto a sus bases de aprovisionamiento. Esperando, por último, que el atacante sufriera siquiera un mínimo desgaste en su travesía por el desierto.
Marchando Ciro en dirección a Babilonia fue en los alrededores de la aldea de Cunaxa en donde tuvo lugar el encuentro, una batalla decisiva que resolvería definitivamente el enfrentamiento entre los dos aqueménidas.

 

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