La campaña de Darío contra los escitas

By Satrapa1

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Muy a menudo se compara la campaña escita de Darío con otras de otros grandes generales emprendidas contra pueblos nómadas. Esto me animo a estudiar detenidamente todos los datos conocidos sobre este famoso hecho histórico, los resultados hasta a mi me sorprendieron. Como se vera no tiene nada que ver con cualquier otro conflicto similar, siendo, precisamente esta, una campaña con un desarrollo realmente extraordinario.

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La campaña escita de Darío

En este articulo trabajaremos sobre la famosa campaña llevada adelante por Darío, rey persa, contra el pueblo de los escitas. La gigantesca operación tenia como objetivo la sumisiòn de este conocido e irredento pueblo nómada. La campaña tenia, sin duda, un objetivo harto ambicioso. Dudo que exista nada en la historia Antigua que se le pueda comparar pues, si hago memoria, no se me ocurre otro ejemplo similar en el que una gran potencia sedentaria se lance a la conquista y subyugación de un mas que vasto territorio habitado por naciones nómadas, naciones que contaban ademas con numerosos y combativos guerreros de a caballo.
Como era de prever, el intento del persa fracaso, y poco falto para no ser él y su ejército exterminados por sus rivales. Hay que decir, a su favor, que la defensa planeada por los nómadas fue extraordinaria, y sus medios también considerables, para nada comparados con los conflictos menores a los que luego romanos o macedonios tuvieron que verselas con pueblos similares.

Los planes persas.


Darío movilizo a lo mas granado de sus huestes para esta importante campaña. Sin embargo, si bien el ejército se encontraba perfectamente preparado para afrontar un choque con las fuerzas escitas, no lo estaba para una guerra evasiva como la que sus rivales les preparaban.

No podemos saber realmente cuales eran las dimensiones de la ambición de Darío para esta campaña. A nuestros ojos resulta extraña una operación de esta envergadura contra una nación que realmente se encontraba en la periferia de sus dominios y, me atrevería a decir, más allá. Que conocimiento tenia Darío acerca de la geografía de la actual Ucrania?? quizás esperaba circunvalar el Ponto para regresar a sus posesiones a través del Cáucaso?. Es difícil saberlo, lo cierto es que estas poblaciones escitas no tenían ningún contacto real con las sarmatas del Cáucaso o las masagetas del área del Mar de Aral. En verdad que a mi se me escapa la razón, mas allá, de la mera propaganda, del prestigio de batir a estas tribus nómadas establecidas tan lejos de cualquier área de influencia persa. En todo caso son todo suposiciones las que podemos hacer acerca de sus intenciones, pues no hay nada escrito sobre ello. He leído, no obstante, que quizás el objetivo primordial fuese la ocupación de Tracia, siendo la campaña escita una especie de colofón.
En definitiva, el ejército persa tenia planificado irrumpir en Escitia, y buscar, encontrar, y destruir a las fuerzas adversarias.

Los planes escitas

Los escitas, conscientes de la inferioridad en que se encontraban, promovieron un vasto plan de alianzas en el que intentaron implicar a todas las naciones, mayores o menores, del área en que habitaban. En algún punto de las costas ucranianas se reunieron los jefes y delegados de gran numero de tribus y naciones, las mas importantes, los escitas y los sarmatas. Tras exponer la situación, y el futuro que esperaba a todas y cada una de las naciones si Darío derrotaba o sometía a los escitas, se solicito de todos los reunidos su ayuda para hacer frente al avance del conquistador.

Los escitas, afirmaban, lucharan solo si existen posibilidades reales de éxito, de lo contrario son capaces de someterse y, entonces, ya nadie podrá detener al persa. Si no les ayudaban ahora, luego seria inútil toda resistencia.

Después de las consabidas discusiones quedaron dos posturas definidas, primero la de formar una alianza contra los persas, a la que se unieron escitas, sarmatas, budinos y gelonos. La otra, la de las restantes naciones, los tauros, los andrófagos, los neuros y los agatirsos, opinaban que la guerra no iría contra sus pueblos, pues Darío no tenia ninguna querella con ellos y, como parece, sí contra los escitas. Termino entonces la reunión y los flamantes aliados se dispusieron a prepararse para la guerra.
Los escitas y sus aliados no eran partidarios de llegar todavía a las manos, pese a la fuerza de que disponían todos ellos juntos aun se veían inferiores al inmenso ejército de Darío. El plan de operaciones adoptado seria entonces este:
Se dividirían las fuerzas nómadas en tres ejércitos, el primero, principalmente compuesto por sarmatas y escitas, bajo mando del escita Escopasis, se encargaría de destruir todo lo que pudiese ser recogido y aprovechado por los persas en su avance, es decir, pastos, cosechas e, incluso, pozos, que serian cegados, atrayendo ademas a las fuerzas persas hacia el interior de la escitia, en dirección al río Tanais. El segundo cuerpo, bajo Idantirso, y el tercero, el menor de ellos, bajo Taxacis, apoyados por las fuerzas, probablemente de infantería, de budinos y gelonos, se situaría siempre delante del grueso de las fuerzas persas, a un día de distancia, prestos a actuar según las circunstancias.
La estrategia de guerra acordada seria atraer a los persas hacia las tierras de las naciones que no habían querido entrar en la alianza escita para, de esta forma, hacerles entrar en el conflicto contra su voluntad. Por lo demás, se evitaría todo combate con los persas hasta disponer de unas circunstancias propicias para ello, pero siempre, bajo común acuerdo.

La campaña


El ejército de Darío, si bien demostró no estar preparado para el tipo de guerra con que se le hizo frente, si que era realmente soberbio. Podemos deducir que la intendencia era inmejorable y que, en modo alguno, habían subestimado a su adversario, al margen de que este se mostrase mas frío y calculador de lo esperado. El ejército persa preveía una campaña corta, dos meses, perfectamente planificada, sin duda disponían de una buena intendencia y, podemos decir, que pese a las dificultades planteadas por los escitas no creemos que las tropas sufriesen nunca una mortífera escasez (1).
Cuando comenzó la campana, justo al atravesar el río Istro, sobre el que los jonios habían levantado un puente, el ejército persa avanzo en busca del grueso del ejército escita. Disponía de suministros para 60 días, que era el tiempo previsto que podría durar la operación, los jonios, que guarnecían el puente sobre el Istro, podrían destruirlo y retirarse a sus lugares de origen después de este plazo.
El ejército aliado (que llamaremos a partir de ahora solo escita) se preparo para el combate. Los civiles fueron enviados al norte mientras los guerreros se dirigieron contra las avanzadillas persas precedidos por las fuerzas de caballería. La avanzadilla de jinetes escitas (la división de Escopasis) se topo con la columna de avance persa a tres días de camino del río Istro, a partir de allí retrocedieron procediendo a seguir la táctica de tierra quemada. Los persas, sin arredrarse, comenzaron la persecución del ejército escita, y este, retrocediendo con orden, les fue alejando del Istro durante largos días, hasta llegar al mismísimo Tanais, río que atravesaron seguidos de cerca por las columnas persas. Ahora los persas se encontraban ya en territorio sarmata.

Me es difícil representar la campaña de Darío mas allá del Tanais, me es bastante confuso y se me abren interrogantes que no puedo responder, por ello evitare su plasmación en el mapa hasta que, algún día, consiga las claves necesarias. Pero, dicho esto, es bien posible que los Budenos se encuentren mucho mas al noreste y que, por tanto, Darío mismo hubiese llegado todavía mucho mas lejos.

invasion de Escitia

Para la elaboración del mapa se han seguido las directrices marcadas por el propio Heródoto, no esta, pues, contrastado con otras fuentes complementarias, clásicas o no. Mantengamos pues la visión que de este mundo tenían los antiguos griegos. Las ciudades griegas son tan solo orientativas, el verdadero calibre de la colonización griega en el Euxino será tratado en otro articulo, mas adelante, en profundidad.

Tras cruzar el Tanais, Darío prosiguió sin detenerse hasta atravesar el territorio de los sarmatas, llego entonces al de los budinos, mas allá se abrían las interminables estepas.

Es, viendo el mapa, de reconocer la proeza, nunca igualada, de haber llevado sin mácula un ejército de esas dimensiones hasta el interior de las estepas rusas, consta que cruzaron ríos gigantescos y que no fueron abastecidos por mar, lo que la convierte en una campaña totalmente continental, sencillamente impresionante, y que dice mucho de la capacidad organizativa de los persas. Llegaron tan lejos que fue imposible, virtualmente, seguir adelante.

Los escitas entonces se volatilizaron y huyeron hacia el norte retrocediendo luego en dirección a la Escitia. Darío, viendose solo en aquella inmensidad, resolvió, en tanto y cuanto se decidía la estrategia a seguir, construir una serie de fuertes con la intención probable de crear un puesto avanzado. Sin embargo, al advertir que los escitas habían desaparecido hacia el norte, se dedujo correctamente que estos habrían deshecho el camino andado y se colocarían en su retaguardia.

Darío había planificado una campaña de 60 días. Si contamos que (según el propio Heródoto) del Istro al Borístenes hay diez días de marcha, y del Borístenes al Maeotis, otros diez , y de aquí al Tanais tres días más. Al otro lado del Tanais pongamos que se mantuvieron los persas unos tres o cuatro días (no se sabe), sumando a esto que luego los escitas, camino de vuelta, los entretuvieron todo lo posible, es decir, pongamos que perdieron unos tres días más de la cuenta, salen unos 56 días de campaña para cuando los escitas se entrevistan con los jonios que protegen el puente sobre el Istro y les piden que se comprometan a destruir la construcción en cuanto pasen los 60 días comprometidos.

 

Dibujo: Caballería ligera persa, de Hat Industries.

El ejército persa resolvió entonces comenzar a retroceder por el camino por donde habían venido con la esperanza de retomar el contacto con las fuerzas escitas, a las que, bajo ningún modo, querían dejar de acosar. Fue entonces cuando estos fueron atrayendo a los persas a los territorios de las naciones de esta parte del orbe que no habían querido sumarse a la coalición. Los persas, sin ninguna contemplación, fueron devastando todas las tierras que encontraban a su paso, de esta forma los melanclenos, andrófagos y otros, fueron abordados y empujados a huir hacia el norte. Solo los agatirsos eludieron el peligro al darse cuenta de la añagaza escita, amenazando a estos con la guerra de atraer hacia ellos a los invasores. Los escitas, entre tanto, regresaron de nuevo a sus propias tierras. Darío, por fin, harto de las dilaciones y consciente que el tiempo se le estaba acabando, pues se encontraba al limite, si no lo había traspasado ya, de sus posibilidades, trato de empujar, de retar a los escitas a aceptar un combate decisivo, tras un cruce de misivas quedo claro que estos se limitarían a esperar su momento.
Los escitas, advertidos de que los persas comenzaban ya a darse por vencidos, se decidieron por fin por presionar directamente a sus tropas. Mientras la división de Escopasis era enviada al Istro, a tratar de convencer a los jonios de que destruyeran el puente y se retirasen, las otras dos divisiones se dedicaron ya a hostigar directamente a los persas que se encargaban de forrajear por los territorios por donde las columnas persas se movían. De los jonios no consiguieron nada salvo valiosa información. En cuanto a la nueva táctica de enfrentarse a los merodeadores persas, se llevo adelante con éxito, aunque nunca podían perseguir a estos hasta sus lineas, puesto que los jinetes persas se refugiaban entre su infantería. De esta forma el campo iba, poco a poco, pasando a dominio de los jinetes escitas, quienes no cejaban en su presión ni siquiera al anochecer.
Sin embargo, astutamente, y para evitar que los persas se dieran por vencidos demasiado pronto, los nómadas les proporcionaban, cuando veían la ocasión, la oportunidad de hacerse con cierto numero de cabezas de ganado, las suficientes como para que no perdiesen del todo la esperanza (2), y así, tal y como los escitas deseaban, transcurrían los días que quedaban para que los jonios destruyesen el puente sobre el Istro.
Cuando ya quedo claro para todos que los acontecimientos tenían que, irremediablemente, precipitarse, los escitas volvieron a enviar a Escopasis al Istro, tenían que cerciorarse de que los jonios, como así lo admitieron, destruirían el puente cuando el plazo de espera hubiese acabado, como parece que se habían comprometido. Los cálculos escitas acerca de la distancia de Darío al puente eran posiblemente reveladores, Darío ya no legaría a tiempo. Así pues había llegado la hora de golpear a sus fuerzas y empujarlas hacia una retirada imposible.
Los ejércitos contendientes, el persa y las dos divisiones restantes del ejército escita, se desplegaron para la batalla. Posiblemente esta no seria nunca decisoria para los escitas, que podían retirarse cómodamente llegado el caso, pero los persas no podían permitirse el lujo de ser perder el lance, que significaría sin duda un desastre parecido al de Ciro muchos años atrás. Formados como estaban frente a frente, un suceso anecdótico pero en verdad revelador hizo trastocar el talante de Darío. Al observar en las filas escitas un revuelo, revuelo que ganaba por momentos en intensidad, se intereso por las razones del fenómeno. Fue entonces informado en las lineas de batalla escitas, preparadas para el choque, había surgido de repente una liebre, y que algunos guerreros y después otros, se habían lanzado a su captura entre el regocijo de sus compañeros. Para Darío, que sin duda esperaba el inicio de la batalla con nerviosismo, esta muestra de despreocupación de los escitas le lleno de temor pues, evidentemente, si despreciaban de tal forma la amenaza representada por el ejército persa, desplegado para la batalla, dedicandose tranquilamente a jugar con un simple animalillo, es que sus esperanzas de victoria eran abrumadoras. En este momento Darío decidió dar por terminada la campaña, renuncio al encuentro. Había llegado la hora de la retirada, y debería hacerse a marchas forzadas, dandose cuenta de su situación sabían que debían llegar al puente antes de que este fuese destruido por los jonios.
Aquella noche los persas levantaron el campamento, dejando en el, para no levantar sospechas, a todas las bestias de carga y a todos los hombres que, por una causa o por otra, se encontraban impedidos de andar. A la mañana siguiente, los escitas se dieron cuenta del ardid, comenzó así una persecución en la que los escitas, gracias a que conocían bien las rutas hacia el Istro, se adelantaron a los propios persas. Llegados así ante los jonios, descubrieron que estos mantenían todavía el puente en pie, contrariados recibieron de los griegos el compromiso de que este seria destruido a partir de ese mismo momento. Los griegos no cumplieron su palabra (3), pues destruyeron solo una parte, el tramo final que tocaba con el territorio de los escitas. Ahora estos, confiados en la palabra de los jonios, retrocedieron ansiosos por encontrar a las huestes de Darío en retirada. Aquí pecaron los escitas de previsores pues, al no poder moverse, por falta de pastos y agua, por las zonas que habían destruido en virtud de su estrategia de tierra quemada, trataron de buscar a los persas por unas áreas que ellos consideraban hábiles para el movimiento de tan alto numero de tropas. Los persas, en su ingenuidad, lo único que pudieron
discurrir fue el regresar a sus dominios siguiendo el rastro dejado en su venida, pues, como era previsible, era el único camino que conocían, temerosos, por otra parte, de aventurarse mas en una tierras de las que desconocían todo. Esta circunstancia les salvo de encontrarse con el ejército escita que les perseguía, llegaron así al Istro sanos y salvos y, tras cruzar el puente, se pusieron a salvo al otro lado del río Ni que decir tiene que el puente fue destruido por los persas en cuanto paso el ultimo de los soldados.
La expedición, no obstante, tuvo varias secuelas, la mas importante fue que Darío, probablemente por no dar la campaña por perdida, fijo en Tracia un ejército persa de 80.000 hombres (cifras de Heródoto) al mando de Megabazo, su mejor general, tropas que iniciaron la lenta conquista de todo el litoral, y parte del interior, del norte de la actual Grecia. El interés persa por esta parte del mundo aumento, y con ello, las consecuencias por todos conocidas.

 

Satrapa1

 

Notas..

(1) Me viene a la mente ahora las desastrosas condiciones organizativas con que los inmensos ejércitos almohades se lanzaban contra los pueblos cristianos de la península ibérica. Si hubiesen hecho uso de un adecuado y racional uso de la logística de guerra otra historia hubiese sido escrita en la España Medieval. Volver

(2) Parece claro que se se encontraban al limite del tiempo previsto para la finalización de la campaña, solo, al ser de esta forma abastecidos, sus suministros podían permitir la continuación de la campaña indefinidamente.Volver

(3) Hubo un serio debate en las filas jonias acerca de si destruir el puente o no. Al final prevaleció la opinión de Histieo de Mileto, enfrentada a la de Milciades. La solución al dilema era simple, pues como bien hizo notar Histieo, todos los tiranos de Asia, allí presentes con sus fuerzas, debían su cargo y su poder a los persas, destruirlos ahora significaría para ellos quedarse sin protección ante sus propios conciudadanos. Así pues, lo mas rentable para todos era continuar guardando fidelidad a Darío y mantener el puente intacto hasta su regreso. Volver