| La
rebelión de la Jonia
Comenzaremos aquí
a tratar uno de los hechos más conocidos y decisivos de la historia:
el choque de griegos y persas.Si
los dioses nos lo conceden quizás podamos, incluso, terminar el
relato de toda esta epopeya.
En este capítulo abordaremos lo sucedido durante la llamada Rebelión
de la Jonia, conflicto que no hubiera tenido ninguna relevancia de
no haber sido por un sencillo motivo, durante el ataque a Sardes, entre
los jonios rebeldes, se encontraba un pequeño contingente de aliados
venidos de Atenas, no muchos, quizás solamente unos 1.500 hombres,
pero los suficientes para provocar en el rey Darío un fuerte
deseo de venganza. Una cosa eran los rebeldes, pero otra muy diferente
que un pueblo extranjero, con el que no había ninguna querella,
hubiese osado atacar sin ninguna justificación, ni respeto, al
Imperio Persa. A partir de ese momento Darío se dedico en
cuerpo y alma a aplastar el orgullo del pueblo griego. Sin la chispa representada
por la presencia ateniense entre los rebeldes jonios quizás la
historia hubiese ido por otros derroteros muy distintos.
Para el trabajo que
presento ahora sobre las guerras medicas he utilizado, como no podía
ser de otra manera, la obra de Heródoto. Como lecturas complementarias
para algunos de los capítulos mencionare a Plutarco (Vidas
Paralelas y Moralias), Estrabón, Diodoro y Pausanias, que
son a los que, por defecto, consulto siempre. A medida que vaya enlazandome
con más y más fuentes de conocimiento las iré exponiendo
aquí para uso del que pueda interesarse por ellas.
Satrapa1
Introducción.
Tras la sumision de toda la costa asiática del Egeo, los persas
se limitaron a integrarlos dentro del sistema administrativo imperial,
retocado y concluido por Darío, eso si. Las ciudades recibieron,
o mas bien, mantuvieron, todas ellas tiranos afines a los persas, como
mejor medida de asegurarse su sujeción.
Los
tiranos griegos
En el año 512 a.C. Darío decide combatir a los escitas
de Europa, para ello se embarca en una ambiciosa operación de conquista
que implica, como no podía ser de otra manera, a todos sus dominios
en occidente. Los jonios se ven así impulsados a cumplir cierto
numero de funciones logísticas auxiliares al servicio de los intereses
estratégicos persas. La campaña de Darío concluye
en un autentico fracaso, las consecuencias para Grecia son, no obstante,
decisivas. Los persas, que ya han puesto pie en Europa, deciden mantenerse
en ella, y dejando abundantes fuerzas de tierra al otro lado del Helesponto,
no solo una cabeza de puente, dejan ver bien a las claras que van a llevar
adelante una política de expansión territorial en el área
balcánica.
Tras la retirada del rey persa, Histieo, tirano de Mileto, responsable
de que los jonios hubiesen mantenido su lealtad al imperio, es recompensado
y recibe la autorización, como así había sido su
deseo, de formar una colonia en la costa tracia. El sátrapa persa
Megabazo, a cargo de las posesiones persas en esa región,
hace desconfiar al rey, una colonia griega en Tracia, rico e indómito
país del que se pueden sacar gran cantidad de recursos (principalmente
madera para construcción naval) y mercenarios no es precavido dejarla
en manos de un hombre tan astuto e influyente como Histieo. Se
resolvió entonces a llamar al tirano a presencia de Darío,
a partir de ese momento figuraría entre sus consejeros mas leales
y se mantendrá así, contra su voluntad, lejos de sus posesiones
en el Egeo, establecido a cuerpo de rey en Susa, junto a la corte del
Gran Rey.
La historia, mientras tanto, seguía su curso.
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Tras un largo
intervalo ocasionado por las disputas internas y el interés
del propio imperio, volcado sobre otros frentes, Darío volverá
a retomar con fuerza la expansión persa hacia Europa.
Antes de
la rebelión de Jonia, el empuje dado por Darío a la
expansión territorial es considerable. Gran parte de Tracia
entra en la órbita persa y parte, también, de las
islas del Egeo, las mas cercanas a Asia. Las grandes naciones griegas
son ya sondeadas, enviandoseles embajadores en busca de su sumision.
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Aristágoras
al frente de la tiranía de Mileto.
Como sucesor de Histieo, o más bien, gestor de sus intereses,
quedo Aristágoras, un pariente lejano. La política
seguía entre tanto su curso natural. Los griegos continuaban con
sus eternas querellas intestinas y una más de estas vino a relanzarse
durante estos días. Aristágoras pudo entrever entonces,
en una petición de ayuda que le hacían los exiliados naxios,
la oportunidad de ganar para si la rica ciudad, o, al menos, conseguir
un más que suculento botín. Sin embargo, el poder de la
isla era considerable, solo con la ayuda persa se podía llevar
a delante la empresa así que opto por comentar a Artáfrenes,
sátrapa de Lidia, la oportunidad que se abría ante ellos.
Serian necesarios, afirmo, 100 navíos para realizar la tarea, Artáfrenes,
que acepto las propuestas del milesio le comunico, no obstante, que una
operación de esta envergadura necesitaría la aprobación
del propio Darío.
Cuando llego el visto bueno de Susa, con la adición de más
recursos para la empresa, se preparo para la invasión a buena parte
de los tiranos satélites de los persas, aunque solo el de Mileto
y los propios generales persas estaban al tanto del verdadero propósito
de la expedición. Cuando todo estaba preparado para su comienzo,
las tropas y los barcos reunidos, un pequeño incidente vino a enturbiar
seriamente las relaciones entre el líder persa y Aristágoras,
por lo que este opto, llevado por el odio hacia el persa, por informar
en secreto a los naxios del ataque que se avecinaba. La invasión
fracaso, se deja entrever ahora que Aristágoras se colocaba
en una delicada situación por varios motivos, por un lado era el
responsable final de la fracasada operación, se había ganado
el odio de los jefes persas y, la derrota, había sangrado también
sus propias arcas y vuelto contra él el resentimiento de sus propios
soldados. El ejército abandonaba ahora Naxos, era previsible pues que,
una vez en Asia, los persas tratasen de ajustar cuentas.
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En este momento,
con el el ejército y la flota regresando de Naxos, decide el griego
consultar a sus partiDaríos acerca de la posibilidad de sublevarse
contra Darío. Y en eso estaban, sopesando las posibilidades
que tenían, cuando llego un correo de Susa, era del tirano
Histieo, quien comunicaba a Aristágoras la orden
de levantarse en armas. Así pues, se junto, en esta ocasión,
el hambre con las ganas de comer, inmediatamente Aristágoras
se puso manos a la obra. |
La estrategia
Si deseaban los rebeldes contar con alguna posibilidad real de éxito
debían unir a su causa, como mínimo, a todos los griegos
de Asia, y del continente de ser posible. Como primera medida se envío
a Yatrágoras de Mileto a recibir al ejército griego (que
había auxiliado a los persas en la operación de Naxos) y
que acababa de desembarcar en Miunte. Sus ordenes eran las de detener
inmediatamente a todos los líderes griegos propersas presentes
en el ejército jonio. Cayeron en manos de Aristágoras, entre
otros, a los tiranos Milasa, Termera, Mitilene y al de Cime, a otros,
de la misma Jonia, envió a por ellos con la misión de derrocarlos.
Proclamo, con el fin de ganarse a las masas, el fin de la tiranía
en Mileto y en toda Jonia. Los tiranos detenidos en Miunte fueron remitidos
encadenados a sus ciudades, algunos de ellos fueron entonces ejecutados,
otros solo exiliados. La rebelión así prendió con
rapidez y profundidad aunque solo fuera por la posibilidad que tenían
ahora las ciudades de acabar con sus tiranos.
Abiertas ya las hostilidades, Aristágoras se dirigió
sin tardanza a Grecia, necesitaba la alianza de alguna de las grandes
estados continentales. En Esparta, la principal potencia del momento,
no le fue nada bien, así que marcho entonces a Atenas. Allí
(corre el año 499 a.C.), y aprovechandose del ambiente hostil que
se vivía contra los persas, después de desplegar sus conocidas
dotes oratorias pudo convencer a la asamblea ateniense de enviar un contingente
de ayuda, quizás reducido, 20 navíos de guerra (a los que
luego se sumaron 5 navíos de Eretria de Eubea), pero suficientes
para lograr ese respaldo moral que los sublevados necesitaban.
Lo que Aristágoras
había propuesto a los atenienses era una expedición contra
Sardes, en ella participarían todos los contingentes griegos rebeldes
a los que se unirían los atenienses y eretrios. Así pues,
reunidas las fuerzas aliadas en el lugar previsto, junto a Éfeso,
se dio inicio a la expedición.
Por aquellos días Sardes era una ciudad, posiblemente extensa,
pero carente de edificios sólidos, construida toda ella a base
de cabañas de cañas. Los menos eran los edificios de ladrillo
y, aun así, sus techumbres estaban también elaboradas a
base de las inflamables y sencillas plantas. Los griegos no encontraron
ninguna oposición en su camino a Sardes, la mayor parte de persas
y lidios, una vez que los atacantes llegaron frente a la ciudad, se refugiaron
en la Acrópolis, probablemente la única posición
fortificada de toda la ciudad. Los griegos asaltaron la población
y, a causa de algún incontrolado, el fuego prendió con fuerza
en los arrabales de la ciudad, precisamente por el lugar donde habían
entrado los atacantes. A medida que el fuego comenzó a devorar
los barrios periféricos de la ciudad, los persas y los lidios que
todavía se ocultaban en ellos, atemorizados, corrieron a buscar
una salida por el lado menos expuesto a las llamas. Esta confluencia de
gentes a un solo punto, el ágora, prestos ademas a vender cara
sus vidas, combinada con una adecuada reacción de la guarición,
posiblemente al mando del propio Artáfrenes, quien así
mismo envió a su vez tropas desde la acrópolis al lugar
en donde se concentraban los ciudadanos, atemorizo de tal manera a los
griegos que resolvieron entonces abandonar la ciudad, replegandose ordenadamente
a una colina cercana a la misma para, luego, amparados ya por la noche,
regresar a territorio Jonio.

Ruinas de la Sardes helenística
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La rápida
respuesta persa.
Los persas que se
encontraban a este lado del Halys (1)
fueron rápidamente avisados de lo que ocurría
en Sardes, de esta forma se organizo a toda prisa un ejército
de socorro, partiendo de inmediato en ayuda de los lidios
y persas de Misia. Por fortuna para los persas, o bien ellos
fueron muy rápidos o bien los griegos fueron extremadamente
lentos en sus evoluciones. El ejército griego fue alcanzado
por los persas poco antes de regresar
a sus navíos en Éfeso. Se entablo una gran batalla
en la que la victoria correspondió a las fuerzas de
Darío, que, a la sazón, hicieron gran
matanza entre los rebeldes. De los caídos, quizás
el mas señalado fue el jefe del contingente eretrio,
Eválcidas.
De estas fuerzas
persas pronto tendremos más noticias, pues son un autentico
ejército que será destinado a la reconquista de todas
las ciudades rebeldes.
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Se extiende la rebelión.
Pese a la
primera derrota, los jonios se dispusieron a propagar las llamas
de la rebelión dirigiendo sus miras al Helesponto, allí
enviaron una escuadra que derroco a los tiranos de gran parte de
la región y sumo a sus ciudades, ahora libres (2),
a la revuelta. La flota Jonia, haciendo uso de su completa libertad
de movimientos, se desplazo hacia la Caria. Tener del lado griego
a los valientes carios, pues así eran considerados, suponía
un importante refuerzo de cara al próximo enfrentamiento
con las fuerzas del rey. Al éxito de la empresa se unió
otra magnifica noticia, vientos de guerra soplaban en Chipre, la
mayor parte de las ciudades se habían levantado en armas
contra los persas y ahora solicitaban el concurso de la escuadra
griega para defenderse del esperado contraataque fenicio. Los jonios
aceptaron el reto con gusto, sin duda, deteniendo el empuje fenicio
en Chipre se aseguraban la defensa de las costas de Asia, sin el
control de las cuales los persas no podrían, al menos, derrotarles
decisivamente.

La
guerra en Chipre
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En tanto en cuanto
la guerra, prácticamente, se decidía en Chipre, los persas
contraatacaban con vigor en todo el ancho frente terrestre abierto por
los sublevados.
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