| confiados,
durante su avance al interior de Caria, cayeron en una letal
emboscada nocturna. Daurises y otros altos oficiales
persas fueron muertos por sus enemigos. Después de este
duro golpe, Caria, seria dejada de lado hasta después
de la caida de Mileto, en que, abandonados por todos, los carios
se entregaron a los persas.
El frente
jonio también sufría los envites del contraataque
persa, Otanes comandaba las fuerzas del rey en este
sector en donde se conquistaron Clazomene (Klazomenai) y Cime.
Era tal el desazón de los griegos, que muchos, por
ejemplo los líderes mitilenos (Aristágoras),
comenzaron ya a pensar en abandonar la lucha y emigrar a parajes
mas hospitalarios, se iniciaba para estos el salvese quien
pueda. Mientras, en la propia Mileto, saboreando todavía
su recién ganada libertad, se continuaba pensando,
tan solo, en la resistencia a ultranza.
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La lucha
final
Los persas
no habían cesado ni un instante en preparar el golpe definitivo
contra las aspiraciones griegas, por fin, derrotado Chipre, la flota
persa podía prepararse para entrar en el Egeo. Se habían
preparado las escuadras fenicias, cilicias y egipcias, mas las chipriotas,
para el avance sobre la propia Mileto. Por tierra, desdeñando
ya otros objetivos, las fuerzas persas se habían concentrado
y se disponían para el asedio de la metrópoli Jonia.
Todos estos
preparativos no podían pasar desapercibidos para los griegos,
que reunidos de urgencia en el Panonion, sede de la Liga, acordaron
presentar batalla a los persas, batalla naval, por tierra los milesios
se las tendrían que ver solos con los atacantes, pues el
esfuerzo conjunto se volcaría en la flota, en el encuentro
que decidiría el control del mar.
La batalla
de Micale (o Lade), año 494 a.C..
Las flotas
griegas alineaban un total de 350 unidades de combate, los persas
unas 600, sin embargo el valor combativo de la heterogénea
escuadra persa era inferior a la de los griegos. Los persas, situados
ya frente a sus enemigos en las aguas que bañan Mileto, optaron
por el momento en renunciar al choque, resolvieron, conscientes
de las debilidades de sus rivales, intentar sembrar la discordia
entre las filas de sus enemigos. A tal fin utilizaron a los tiranos
griegos que se encontraban, expulsados de sus ciudades, unidos a
los persas en esta campaña. Los tiranos utilizaron sus influencias
y contactos para hacer llegar, a las diferentes ciudades de origen,
mensajes dirigidos a sus ciudadanos en los que les advertían
de las terribles consecuencias que tendría para toda la población
el combatir y salir derrotados en el encuentro que se avecinaba.
Todas estas advertencias parece que, en principio, no surtieron
ningún efecto.
En el lado
griego, Dionisio de Focea, un intrépido y veterano
hombre de mar, consiguió auparse a la comandancia de la flota,
desgraciadamente para él y para los griegos, el duro entrenamiento
a que sometió a las unidades de la escuadra durante toda
una semana no fue bien recibido por todos, quizás era demasiado
exigente. El caso es que los jonios decidieron dejar de reconocer
al focio como comandante en jefe, se retiraron de las practicas
de guerra y acamparon tranquilamente en la costa, prestos, tan solo,
a acudir a la batalla, pero no a agotarse con los trabajos previos
al encuentro. Los samios, una vez que vieron el talante de que hacían
gala los jonios del continente, optaron por llegar a un pacto con
los persas, aceptaron la intermediación ofrecida por su tirano
en el exilio, Éaces, y así los jefes samios
llegaron al acuerdo de retirarse de la batalla una vez comenzada
esta.
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Triere,
(trirreme en griego) navío de guerra clásico
entre los estados helenos de la época. La vela y el
palo eran retirados antes de entrar en batalla.
Longitud:
unos 37 metros, de anchura, unos 5,5. Dotación, en
la batalla de Salamina, 12 hoplitas y 4 arqueros, más
170 remeros (en principio ciudadanos), cada remero maneja
un remo dispuestos en tres filas. Velocidad, hasta 7,5 millas
bogando.
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Confiados,
probablemente, en la deserción de los samios ( 60 naves),
los fenicios comenzaron el ataque contra la escuadra griega. Cuando
la flota griega estaba a punto de entrar en combate, las naves de
Samos izaron velas y se alejaron rumbo a su isla. Seguramente la
traicion era responsabilidad del comandante de la escuadra samia,
pues de sus barcos, once se negaron a obedecer sus ordenes, quedandose
en su puesto prestos a combatir a los enemigos. Ni que decir tiene
que en cuanto otros de los griegos vieron a estos huir a toda vela,
tomaron la misma decisión. Los lesbios ( 70 naves) huyeron,
y con ellos gran numero de jonios. Ahora la batalla se presentaba
con una terrible desigualdad para los griegos. Los quiotas (80 navíos),
decididos a no traicionar la causa que les había llevado
hasta allí, se lanzaron contra las lineas enemigas y las
consiguieron romper, destruyendo o capturando gran numero de barcos
rivales, una vez en mar abierto, se retiraron a su isla, en la refriega
perdieron al menos 40 de sus barcos.
La derrota
griega fue total, supuso el fin de la rebelión por más
que esta no tenia ahora la mas mínima posibilidad de salir
airosa. Mileto fue asediada y sus defensores prolongaron su resistencia
por un largo periodo de cinco años, el cautiverio fue el
destino de los supervivientes, que fueron remitidos a Susa y, finalmente,
instalados como una colonia a orillas del Mar Rojo. El territorio
que había pertenecido a los milesios fue repartido entre
los propios nobles persas y la ciudad Caria de Pédasa.
| Los
protagonistas |
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Dionisio de
Focea
Escapo de
la batalla de Mikale con sus tres barcos no sin antes hacerse
con tres barcos de los de los persas. Consciente de que Jonia
estaba irremisiblemente perdida marcho, sin perdida de tiempo,
al corazón de las costas de sus adversarios, a Fenicia.
Aprovechando su pericia y la debilidad momentánea de
los fenicios al encontrarse sus escuadras en campaña,
hundió un buen numero de navíos e hizo grandes
presas entre los mismos. Posiblemente, obligado a cambiar
de área de actuación, navego entonces hasta
Sicilia, allí pirateo (entre los griegos de esta época
no era visto como un deshonor) pero siempre escogiendo a etruscos
o cartagineses como objetivo de sus predaciones.
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Aristágoras
Decidido
a huir ya antes de la campaña naval persa contra los
jonios, opto en primer lugar por huir a Cerdeña, finalmente
se decidió por lo mas fácil, y, acompañado
de clientes y de todo el que quiso seguirlo, se embarco para
la colonia milesia de Mircino. Allí, combatiendo contra
los tracios, encontró la muerte no mucho después
de los hechos que relatamos.
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Histieo
Intento
congraciarse con los persas, acudiendo a Sardes como quien
no tiene culpa de nada, pero sospechoso al nuevo gobernador,
Artáfrenes, eligió la huida y se llego hasta
Chios. Sospechoso a ojos de todos, griegos y persas, de Chios
trato de regresar a Mileto, siendo rechazado, intento entonces
entrar a escondidas de noche pero fue reconocido y llegado
a herir, por lo que de nuevo emprendió la huida. Recalo
ahora en Lesbos, en donde pidió, y le fueron concedidoas,
8 navíos de guerra, con los que marcho al Helesponto
en donde procedió a bloquear el estrecho paso, y suponemos
que como método de presión o venganza sobre
los sus conciudadanos de Mileto, pues solo dejaba pasar a
los navíos que se avenían a entrar en tratos
con él.
Tras las
noticias de la derrota naval en Mikale, Histieo opto por cambiar
de objetivo, dejo parte de sus, ahora numerosas, fuerzas frente
a Bizantium para continuar con la tarea de bloqueo y él
marcho por sorpresa contra la debilitada Chios. Desembarco
y combatió por tierra con los chiotas con éxito
y, posteriormente, por mar, sometiendo a su poder a los agotados
isleños. Desde Chios, y reuniendo ya un buen numero
de apátridas jonios y eolios, navego contra Thasos,
a la que puso cerco pero sin éxito, pues en cuanto
recibió las nuevas de que la flota fenicia se ponía
de nuevo en movimiento desde las aguas de Mileto, corrio a
Lesbos a preparar la defensa de la isla. Viendo que sus tropas
eran demasiado numerosas para los pocos recursos de que disponían
los lesbios, opto por hacer una razia al cercano continente,
desembarcando entonces en las tierras de Atarneo, en dirección
a la fértil llanura del Caico. Allí, por sorpresa,
se topo con el destacamento persa comandado por Hárpago,
quien destrozo a los, seguramente, desprevenidos griegos y
capturo prisionero al propio Histieo, quien no quiso dejarse
matar. En manos por fin de Artáfrenes en Sardes, el
persa, temeroso de que la amistad de Histieo con Darío
pudiese permitir a este salir indemne del trance, decidió
ejecutarlo allí mismo y sin mas demoras, ordeno su
muerte de una manera atroz, empalado. Darío, cuando
se entero de su ejecución, lo lamento mucho, pues en
el fondo no pudo nunca olvidar que fue gracias a este griego
por lo que pudieron, él y su ejército, salir vivos
de Escitia.
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Los samios
Tras la
batalla naval de Mikale, muchos samnios, ante la perspectiva
de verse de nuevo sometidos a la tiranía de Éaces,
optaron por emigrar, navegando entonces hasta Sicilia, en
donde, tras algunas vicisitudes, se asentaron en Zancle, ciudad
que arrebataron a sus habitantes. Nota curiosa es que Escita,
llamado rey de los zancleos por Heródoto, escapo de Sicilia
para dirigirse hasta Susa, allí, ante el Rey, contó
lo sucedido y, seguramente, clamo venganza y ayuda.
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Epilogo
Tras la batalla
de Mikale, la suerte estaba echada. El año siguiente a la
batalla, el 493 a.C., la flota fenicia prosiguió metódicamente
con la reconquista del territorio Jonio. Una tras otra fueron cayendo
en manos persas, Chios, Lesbos, Tenedos, y un buen numero de ciudades
costeras del continente. En las islas, todos los hombres fueron
capturados mediante la famosas redadas (3).
El castigo reservado para los sublevados fue, tal y como habían
amenazado los persas, el recoger a los hombres y mujeres mas bellos
de cada una de las ciudades y enviarlos a Susa, las unas para los
harenes, los otros, castrados, a servir como eunucos. Muchas ciudades
fueron saqueadas e incendiadas, también sus templos fueron
víctimas de la venganza persa. Por fin, la flota fenicia
llego, en su recorrido, al Helesponto y la Propontide, allí
de nuevo se repitieron las escenas vividas ya en Jonia y Eólia.
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Nadie
oso, finalmente, oponerse al avance de la escuadra de Darío.
Milcíades, solo aprovecho para ganar tiempo
(mientras los fenicios asolaban las ciudades de la Propontide)
para marchar al exilio en Atenas.
Los
persas atacaron primero el Quersoneso, de allí, tras
asolar lo que se pudo, se paso a a la Propontide. Perinthus,
Selymbria, Bizantium y Calcedonia fueron
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pasto de las llamas.
Luego le llego el turno a las ciudades de la otra orilla, Cicicus
se salvo pues ya tiempo atrás había vuelto a la obediencia
del Gran Rey, pero Artace y Proconessos pagaron con sangre su "delito".
La flota fenicia se disponía ya a lanzarse sobre la ciudad
de Milciades cuando este, a toda prisa y con cinco barcos, la abandono.
Los fenicios trataron de capturar al fugitivo, y de hecho se hicieron
con uno de sus barcos, pero los cuatro restantes consiguieron ponerse
a salvo en Imbros, y de allí a Atenas, en donde protagonizaría
el siguiente capitulo de nuestra historia de las Guerra Medicas.
Al finalizar
el año, se dio por concluida la campaña. En la siguiente
primavera, la del 492 a.C., todos los cargos militares nombrados
para las operaciones en el Egeo fueron retirados, solo llego, entonces,
un nuevo general a la zona, era Mardonio. Disponía, por lo
que se puede apreciar, de plenos poderes. Con él traía
una nueva y poderosa escuadra y un nuevo ejército, su misión
era la de castigar la osadía de los griegos de Europa, aquellos
que habían osado levantar su mano contra el persa, es decir,
Eretria y Atenas, pero esto lo dejamos ya para otro capitulo.
| Los
persas, que parece que habían aprendido de sus errores,
decidieron cambiar la política sustentada hasta entonces
para con los griegos de Asia. Si hasta ese momento los griegos
eran dejados a su libre albedrío a manos de tiranos que
debían responder ante Sardes, ahora se decidió
atarlos más en corto. Por un lado esto suponía
la imposición de un control mas estricto de estas polis,
en lo que podríamos llamar una Pax Persa, pero por otro,
se prohibían las, hasta entonces, constantes querellas
entre las diferentes ciudades, querellas que se resolvían
las más de las veces por la guerra. Ahora se deberían
dirigir a los tribunales persas para dirimir las disputas que
pudieran suscitarse. El rey, ademas, impondría unos impuestos
directos a cada una de las ciudades, impuestos que probablemente
tendrían a suplantar las exacciones periódicas
que vendrían dadas por las necesidades del sátrapa
de Sardes de turno. También, y como ultima medida, se
erradicaron, en general, las tiranías. Dada la impopularidad
de este tipo de gobierno fue una medida destinada a ganarse
un tanto la voluntad de las masas de ciudadanos helenos. |
Satrapa1
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