La guerra abierta

Tras la derrota de los griegos ante Ephesus, y mientras luego estos se dirigían al Helesponto, Caria y Chipre, avivando siempre las llamas de la rebelión. Por tierra, los ejércitos persas, trataban de apagar los fuegos que prendían, con inusitada rapidez, por toda la costa griega de Asia. A fin de golpear a los rebeldes con mayor rapidez y contundencia, los líderes persas formaron tres grandes agrupaciones y se dividieron las zonas de actuación. En el norte, el Helesponto, actuaban Daurises e Himeas, en el centro y contra Jonia y Eólia, Artáfrenes y, luego, tras la muerte natural de este (1), Otanes.

En el Helesponto, en su lado asiatico (2), los persas no tuvieron mayores contratiempos, a Daurises, de hecho, se le entregaban las ciudades griegas a un ritmo de una al día, así pudo hacerse con Dardanos, Abydos, Percote y Lampsakos (entre otras), antes de tener que abandonar la campaña. La rebelión de Caria hacia necesaria su presencia en este nuevo frente abierto, hacia donde, rápidamente, se movió. Himeas quedo solo al frente de esta región, marchando entonces de la recién conquistada Cios hasta la Troade, en donde se empleo a fondo y recupero el control de la mayor parte de las ciudades antes de, como Artáfrenes, murir de enfermedad.

De los frentes terrestres, el mas peligroso era sin duda el cario. Eran, o tenían fama, de ser los mejores combatientes de esta parte de Asia, por ello el mejor general con el mejor ejército fue encargado de combatirlos, y ese debía ser Daurises, pues fue el encomendado a la tarea.

Los carios, tras mucho debatirlo, decidieron presentar batalla en su lado del río Meandro (que hacia de frontera), con el fin de que este estuviese a las espaldas de los persas. La batalla, larga y difícil, cayo del lado de los atacantes, 10.000 carios perdieron la vida por 2.000 de la de sus rivales. Retrocedieron entonces los carios sobre la ciudad de Labranda, allí recibieron el apoyo de un fuerte contingente jonio, de esta forma, de nuevo se presento batalla a los persas y, otra vez, la derrota fue total para los carios y sus aliados.

Desarbolado el ejército jonio, los persas quizás pensaron que la tarea ya estaba hecha y, seguramente

confiados, durante su avance al interior de Caria, cayeron en una letal emboscada nocturna. Daurises y otros altos oficiales persas fueron muertos por sus enemigos. Después de este duro golpe, Caria, seria dejada de lado hasta después de la caida de Mileto, en que, abandonados por todos, los carios se entregaron a los persas.

El frente jonio también sufría los envites del contraataque persa, Otanes comandaba las fuerzas del rey en este sector en donde se conquistaron Clazomene (Klazomenai) y Cime. Era tal el desazón de los griegos, que muchos, por ejemplo los líderes mitilenos (Aristágoras), comenzaron ya a pensar en abandonar la lucha y emigrar a parajes mas hospitalarios, se iniciaba para estos el salvese quien pueda. Mientras, en la propia Mileto, saboreando todavía su recién ganada libertad, se continuaba pensando, tan solo, en la resistencia a ultranza.

 

La lucha final

Los persas no habían cesado ni un instante en preparar el golpe definitivo contra las aspiraciones griegas, por fin, derrotado Chipre, la flota persa podía prepararse para entrar en el Egeo. Se habían preparado las escuadras fenicias, cilicias y egipcias, mas las chipriotas, para el avance sobre la propia Mileto. Por tierra, desdeñando ya otros objetivos, las fuerzas persas se habían concentrado y se disponían para el asedio de la metrópoli Jonia.

Todos estos preparativos no podían pasar desapercibidos para los griegos, que reunidos de urgencia en el Panonion, sede de la Liga, acordaron presentar batalla a los persas, batalla naval, por tierra los milesios se las tendrían que ver solos con los atacantes, pues el esfuerzo conjunto se volcaría en la flota, en el encuentro que decidiría el control del mar.

La batalla de Micale (o Lade), año 494 a.C..

Las flotas griegas alineaban un total de 350 unidades de combate, los persas unas 600, sin embargo el valor combativo de la heterogénea escuadra persa era inferior a la de los griegos. Los persas, situados ya frente a sus enemigos en las aguas que bañan Mileto, optaron por el momento en renunciar al choque, resolvieron, conscientes de las debilidades de sus rivales, intentar sembrar la discordia entre las filas de sus enemigos. A tal fin utilizaron a los tiranos griegos que se encontraban, expulsados de sus ciudades, unidos a los persas en esta campaña. Los tiranos utilizaron sus influencias y contactos para hacer llegar, a las diferentes ciudades de origen, mensajes dirigidos a sus ciudadanos en los que les advertían de las terribles consecuencias que tendría para toda la población el combatir y salir derrotados en el encuentro que se avecinaba. Todas estas advertencias parece que, en principio, no surtieron ningún efecto.

En el lado griego, Dionisio de Focea, un intrépido y veterano hombre de mar, consiguió auparse a la comandancia de la flota, desgraciadamente para él y para los griegos, el duro entrenamiento a que sometió a las unidades de la escuadra durante toda una semana no fue bien recibido por todos, quizás era demasiado exigente. El caso es que los jonios decidieron dejar de reconocer al focio como comandante en jefe, se retiraron de las practicas de guerra y acamparon tranquilamente en la costa, prestos, tan solo, a acudir a la batalla, pero no a agotarse con los trabajos previos al encuentro. Los samios, una vez que vieron el talante de que hacían gala los jonios del continente, optaron por llegar a un pacto con los persas, aceptaron la intermediación ofrecida por su tirano en el exilio, Éaces, y así los jefes samios llegaron al acuerdo de retirarse de la batalla una vez comenzada esta.

Triere, (trirreme en griego) navío de guerra clásico entre los estados helenos de la época. La vela y el palo eran retirados antes de entrar en batalla.

Longitud: unos 37 metros, de anchura, unos 5,5. Dotación, en la batalla de Salamina, 12 hoplitas y 4 arqueros, más 170 remeros (en principio ciudadanos), cada remero maneja un remo dispuestos en tres filas. Velocidad, hasta 7,5 millas bogando.

Confiados, probablemente, en la deserción de los samios ( 60 naves), los fenicios comenzaron el ataque contra la escuadra griega. Cuando la flota griega estaba a punto de entrar en combate, las naves de Samos izaron velas y se alejaron rumbo a su isla. Seguramente la traicion era responsabilidad del comandante de la escuadra samia, pues de sus barcos, once se negaron a obedecer sus ordenes, quedandose en su puesto prestos a combatir a los enemigos. Ni que decir tiene que en cuanto otros de los griegos vieron a estos huir a toda vela, tomaron la misma decisión. Los lesbios ( 70 naves) huyeron, y con ellos gran numero de jonios. Ahora la batalla se presentaba con una terrible desigualdad para los griegos. Los quiotas (80 navíos), decididos a no traicionar la causa que les había llevado hasta allí, se lanzaron contra las lineas enemigas y las consiguieron romper, destruyendo o capturando gran numero de barcos rivales, una vez en mar abierto, se retiraron a su isla, en la refriega perdieron al menos 40 de sus barcos.

La derrota griega fue total, supuso el fin de la rebelión por más que esta no tenia ahora la mas mínima posibilidad de salir airosa. Mileto fue asediada y sus defensores prolongaron su resistencia por un largo periodo de cinco años, el cautiverio fue el destino de los supervivientes, que fueron remitidos a Susa y, finalmente, instalados como una colonia a orillas del Mar Rojo. El territorio que había pertenecido a los milesios fue repartido entre los propios nobles persas y la ciudad Caria de Pédasa.

Los protagonistas

Dionisio de Focea

Escapo de la batalla de Mikale con sus tres barcos no sin antes hacerse con tres barcos de los de los persas. Consciente de que Jonia estaba irremisiblemente perdida marcho, sin perdida de tiempo, al corazón de las costas de sus adversarios, a Fenicia. Aprovechando su pericia y la debilidad momentánea de los fenicios al encontrarse sus escuadras en campaña, hundió un buen numero de navíos e hizo grandes presas entre los mismos. Posiblemente, obligado a cambiar de área de actuación, navego entonces hasta Sicilia, allí pirateo (entre los griegos de esta época no era visto como un deshonor) pero siempre escogiendo a etruscos o cartagineses como objetivo de sus predaciones.

Aristágoras

Decidido a huir ya antes de la campaña naval persa contra los jonios, opto en primer lugar por huir a Cerdeña, finalmente se decidió por lo mas fácil, y, acompañado de clientes y de todo el que quiso seguirlo, se embarco para la colonia milesia de Mircino. Allí, combatiendo contra los tracios, encontró la muerte no mucho después de los hechos que relatamos.

Histieo

Intento congraciarse con los persas, acudiendo a Sardes como quien no tiene culpa de nada, pero sospechoso al nuevo gobernador, Artáfrenes, eligió la huida y se llego hasta Chios. Sospechoso a ojos de todos, griegos y persas, de Chios trato de regresar a Mileto, siendo rechazado, intento entonces entrar a escondidas de noche pero fue reconocido y llegado a herir, por lo que de nuevo emprendió la huida. Recalo ahora en Lesbos, en donde pidió, y le fueron concedidoas, 8 navíos de guerra, con los que marcho al Helesponto en donde procedió a bloquear el estrecho paso, y suponemos que como método de presión o venganza sobre los sus conciudadanos de Mileto, pues solo dejaba pasar a los navíos que se avenían a entrar en tratos con él.

Tras las noticias de la derrota naval en Mikale, Histieo opto por cambiar de objetivo, dejo parte de sus, ahora numerosas, fuerzas frente a Bizantium para continuar con la tarea de bloqueo y él marcho por sorpresa contra la debilitada Chios. Desembarco y combatió por tierra con los chiotas con éxito y, posteriormente, por mar, sometiendo a su poder a los agotados isleños. Desde Chios, y reuniendo ya un buen numero de apátridas jonios y eolios, navego contra Thasos, a la que puso cerco pero sin éxito, pues en cuanto recibió las nuevas de que la flota fenicia se ponía de nuevo en movimiento desde las aguas de Mileto, corrio a Lesbos a preparar la defensa de la isla. Viendo que sus tropas eran demasiado numerosas para los pocos recursos de que disponían los lesbios, opto por hacer una razia al cercano continente, desembarcando entonces en las tierras de Atarneo, en dirección a la fértil llanura del Caico. Allí, por sorpresa, se topo con el destacamento persa comandado por Hárpago, quien destrozo a los, seguramente, desprevenidos griegos y capturo prisionero al propio Histieo, quien no quiso dejarse matar. En manos por fin de Artáfrenes en Sardes, el persa, temeroso de que la amistad de Histieo con Darío pudiese permitir a este salir indemne del trance, decidió ejecutarlo allí mismo y sin mas demoras, ordeno su muerte de una manera atroz, empalado. Darío, cuando se entero de su ejecución, lo lamento mucho, pues en el fondo no pudo nunca olvidar que fue gracias a este griego por lo que pudieron, él y su ejército, salir vivos de Escitia.

 

Los samios

Tras la batalla naval de Mikale, muchos samnios, ante la perspectiva de verse de nuevo sometidos a la tiranía de Éaces, optaron por emigrar, navegando entonces hasta Sicilia, en donde, tras algunas vicisitudes, se asentaron en Zancle, ciudad que arrebataron a sus habitantes. Nota curiosa es que Escita, llamado rey de los zancleos por Heródoto, escapo de Sicilia para dirigirse hasta Susa, allí, ante el Rey, contó lo sucedido y, seguramente, clamo venganza y ayuda.

Epilogo

Tras la batalla de Mikale, la suerte estaba echada. El año siguiente a la batalla, el 493 a.C., la flota fenicia prosiguió metódicamente con la reconquista del territorio Jonio. Una tras otra fueron cayendo en manos persas, Chios, Lesbos, Tenedos, y un buen numero de ciudades costeras del continente. En las islas, todos los hombres fueron capturados mediante la famosas redadas (3). El castigo reservado para los sublevados fue, tal y como habían amenazado los persas, el recoger a los hombres y mujeres mas bellos de cada una de las ciudades y enviarlos a Susa, las unas para los harenes, los otros, castrados, a servir como eunucos. Muchas ciudades fueron saqueadas e incendiadas, también sus templos fueron víctimas de la venganza persa. Por fin, la flota fenicia llego, en su recorrido, al Helesponto y la Propontide, allí de nuevo se repitieron las escenas vividas ya en Jonia y Eólia.

Nadie oso, finalmente, oponerse al avance de la escuadra de Darío. Milcíades, solo aprovecho para ganar tiempo (mientras los fenicios asolaban las ciudades de la Propontide) para marchar al exilio en Atenas.

Los persas atacaron primero el Quersoneso, de allí, tras asolar lo que se pudo, se paso a a la Propontide. Perinthus, Selymbria, Bizantium y Calcedonia fueron

pasto de las llamas. Luego le llego el turno a las ciudades de la otra orilla, Cicicus se salvo pues ya tiempo atrás había vuelto a la obediencia del Gran Rey, pero Artace y Proconessos pagaron con sangre su "delito". La flota fenicia se disponía ya a lanzarse sobre la ciudad de Milciades cuando este, a toda prisa y con cinco barcos, la abandono. Los fenicios trataron de capturar al fugitivo, y de hecho se hicieron con uno de sus barcos, pero los cuatro restantes consiguieron ponerse a salvo en Imbros, y de allí a Atenas, en donde protagonizaría el siguiente capitulo de nuestra historia de las Guerra Medicas.

Al finalizar el año, se dio por concluida la campaña. En la siguiente primavera, la del 492 a.C., todos los cargos militares nombrados para las operaciones en el Egeo fueron retirados, solo llego, entonces, un nuevo general a la zona, era Mardonio. Disponía, por lo que se puede apreciar, de plenos poderes. Con él traía una nueva y poderosa escuadra y un nuevo ejército, su misión era la de castigar la osadía de los griegos de Europa, aquellos que habían osado levantar su mano contra el persa, es decir, Eretria y Atenas, pero esto lo dejamos ya para otro capitulo.

Los persas, que parece que habían aprendido de sus errores, decidieron cambiar la política sustentada hasta entonces para con los griegos de Asia. Si hasta ese momento los griegos eran dejados a su libre albedrío a manos de tiranos que debían responder ante Sardes, ahora se decidió atarlos más en corto. Por un lado esto suponía la imposición de un control mas estricto de estas polis, en lo que podríamos llamar una Pax Persa, pero por otro, se prohibían las, hasta entonces, constantes querellas entre las diferentes ciudades, querellas que se resolvían las más de las veces por la guerra. Ahora se deberían dirigir a los tribunales persas para dirimir las disputas que pudieran suscitarse. El rey, ademas, impondría unos impuestos directos a cada una de las ciudades, impuestos que probablemente tendrían a suplantar las exacciones periódicas que vendrían dadas por las necesidades del sátrapa de Sardes de turno. También, y como ultima medida, se erradicaron, en general, las tiranías. Dada la impopularidad de este tipo de gobierno fue una medida destinada a ganarse un tanto la voluntad de las masas de ciudadanos helenos.

Satrapa1

Notas

(1) Artáfrenes fue sucedido frente al gobierno de Sardes por otro Artáfrenes, queremos suponer que de su misma familia. Volver

(2) Parece que ante la imposibilidad de actuar al otro lado del estrecho, Darío recurrió a dar entrada en la región a los escitas, a quienes invito a hacer acto de presencia y que, como era de esperar, no se demoraron. Milcíades se vio obligado a huir del Quersoneso hasta que estos nómadas se retiraron.Volver

(3) Los marinos y soldados de la flota persa hacían una cordada humana de lado a lado de las islas y las recorrían de una punta a otra, era casi imposible escapar a estas redadas. Esta es una practica habitual en los persas para capturar civiles, y lo veremos más veces reproducido durante sus avances por las islas griegas. Volver