Ya desde antes de la rebelión Jonia, algunos chipriotas deseaban rechazar el protectorado persa sobre la isla. La revuelta de los griegos empujo, finalmente, a los partidarios de la rebelión a pasar a la acción. Onésilo de Salamis, hermano del rey Gorgo, leal a Darío, conspiro para hacerse con el poder en la ciudad, cuando lo consiguió, empujo al resto de las ciudades de la isla a la abierta rebelión. Tan solo una población, Amathonte, se resistió a las veleidades de los sublevados. Eran los tiempos en que los griegos se dirigían contra Sardes, y en Chipre, el ejército de los sublevados sitiaba con fuerza la disidente Amatunte. La respuesta persa no tardo en hacerse esperar, se movilizo la escuadra fenicia, y un ejército fue dispuesto para desembarcar en Chipre. Los preparativos persas no podían pasar desapercibidos para Onésilo, el cual envió a a llamar a los jonios, que como era de prever aceptaron la oferta de combatir a las flotas del rey tan lejos de sus costas, enviando por tanto el grueso de su escuadra a Chipre. Para cuando las fuerzas griegas llegaban a la isla, otro tanto habían hecho ya las persas, desembarcando en el norte de la isla todo un ejército, que se dirigió de inmediato, y por tierra, contra Salamis (la principal ciudad de la isla y cabeza de la rebelión) . La flota fenicia, después del desembarco, se preparo para avanzar contra las escuadras chipriotas, costeando la isla por su lado oriental en busca del enemigo. Una vez reunidos los aliados, chipriotas y griegos, se dejo escoger a los griegos el mando, para la guerra, bien de tierra o bien de mar, los griegos obviamente escogieron el del mar, que era en donde se encontraban más dispuestos.
La batalla naval se resolvió con una gran victoria de los griegos-chipriotas, ante quienes los fenicios no eran rivales. En tierra las cosas sucedieron de diferente manera. Los ejércitos persas y chipriotas se enfrentaron en singular batalla por el dominio de la isla. Los guerreros de Salamis (con gran cantidad de carros de guerra) y los de Soloe, que eran tenidos entre los chipriotas como los mas valientes, fueron colocados por el Onésilo, líder de la revuelta, formando frente a las divisiones propiamente persas del ejército enemigo, el resto de los isleños formo frente a las otras unidades étnicas que militaban bajo las banderas de Darío. Los persas, comandados por Artibio, se debieron ver en dificultades, pues su propio general fue derribado del caballo por el propio Onésilo, quien había buscado el choque personal, sin embargo todo dio un vuelco cuando, de entre los chipriotas, Estesenor, tirano de Carion, se paso al bando contrario con todas sus tropas. Después de este golpe moral, los propios salaminos se pasaron también a las banderas del enemigo. Ahora que los chipriotas se encontraban en franca desventaja, fueron finalmente batidos por sus enemigos. De los isleños, fueron muertos muchos de los principales de la isla, entre los que habría que señalar a Onésilo, o Aristócipro, tirano de Soloe. Los hombres de Amathonte, que habían sufrido el sitio de sus compatriotas al mando de Onésilo, separaron la cabeza de su cadáver y la colgaron en las puertas de su ciudad. Con el tiempo un oráculo les prohibió bajar la cabeza y enterrarla, ordenandoles por contra ofrecer a estos restos los sacrificios debidos a un héroe, todo ello redundaría en la buena suerte de la ciudad y, más de 80 años después, todavía se seguía haciendo, como atestigua el propio Heródoto. La flota griega abandono las aguas chipriotas y regreso a Jonia, ahora los persas, tras la victoria, podrían alinear a las escuadras fenicias y cilicias junto a las chipriotas, lo que, con toda probabilidad, les permitiría enfrentarse a las de los griegos rebeldes.
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