DEDICATORIA
Y AGRADECIMIENTOS
Este trabajo está dedicado a Patricia Alanis Flores y a la
memoria de su padre, recientemente fallecido. También aprovecho
para expresar mi agradecimiento a Charo y a Claudia por ayudarme a
traducir algunos párrafos de autores clásicos que se
me atragantaban bastante. Espero que su lectura contribuya a aumentar
el interés de los aficionados por la Historia Antigua así
como sus conocimientos sobre la misma.
Carlos Javier Pacheco López.
Ocehcap076@hotmail.com |
BIBLIOGRAFÍA 1.
FUENTES
Historia Romana, Apiano.
Historia Romana, Dion Casio.
La Guerra de los Judíos, Flavio Josefo.
Antigüedades Judías, Flavio Josefo.
Vidas Paralelas, Plutarco.
Epítome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo,
Justino.
Geografía, Estrabón.
Epítome de la Historia de Tito Livio, Floro.
Historia Romana, Veleyo Patérculo.
Estratagemas, Frontino.
Noches Áticas, Aulo Gelio.
Historia Natural, Plinio el Viejo.
Hechos y dichos memorables, Valerio Máximo.
Breviario de Festo.
Historias, Orosio.
Periocas de Tito Livio.
Breviario de Eutropio.
Vida de los doce Césares, Suetonio 2.
LIBROS DE CONSULTA
La herencia de Persia, Richard Frye, Editorial Guadarrama.
La Revolución Romana, Ronald Syme, Editorial Taurus.
Antiguos Imperios Orientales: Partos y Sasánidas, Juan Francisco
Rodríguez Neila, Club Internacional del Libro.
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MARCO
ANTONIO Y LA INVASIÓN PÁRTICA (41-38 A.C.)
A finales del año 42 a.C. la República romana recibía
una herida mortal en Filipos. Sin embargo a nadie se le escapaba que la
estabilidad que parecían traer los vencedores no podía durar.
Estos dos hombres, que se despreciaban mutuamente, debían acometer
en ese momento la enorme tarea de reorganizar el mundo romano tras años
de guerras civiles. Aún estaba por ver cual de ellos se haría
con el poder al final y el papel que desempeñarían en esa
lucha los últimos republicanos. No obstante, un peligro aún
mayor amenazaba a Roma en ese momento. Más allá del Eúfrates,
un poderoso enemigo acechaba desde la sombra esperando el momento oportuno
para atacar...
| PARTE
I: MARCO ANTONIO EN ORIENTE |
| I.
INTRODUCCIÓN: LOS NUEVOS AMOS DE ROMA |
Tras las dos batallas de Filipos y el suicidio de Bruto a finales del
42 a.C. el segundo Triunvirato formado por Marco Antonio,
Cayo Julio César Octaviano y Marco Emilio
Lépido quedaba prácticamente dueño del mundo
romano. Únicamente faltaba por derrotar a Sexto Pompeyo,
quién al frente de una poderosa flota y en posesión de la
isla de Sicilia, era el último bastión de resistencia armada
republicana.
 |
| Marco Antonio |
|
Este
Triunvirato se había formado un año antes, en Noviembre
del año 43 a.C. Tras ser derrotado Marco Antonio
cerca de Mutina en Abril de ese mismo año y habiendo muerto
los cónsules Hircio y Pansa
(1), quedaba Octaviano
a sus diecinueve años como único general de las tropas
consulares y de las suyas propias. Entonces el Senado decidió
transferir el mando de las tropas de Octaviano a
Décimo Bruto para que acabara con Marco
Antonio. Tras serle negados además los honores del
triunfo por su participación en las victorias junto a los cónsules,
Octaviano decidió que la única manera
de vengar la muerte de su padre adoptivo (César)
y hacerse con el poder sería llegar a un acuerdo con Marco
Antonio. |
No obstante antes
de llevar a cabo su plan necesitaba legitimar su situación. Se
había hecho con tres legiones siendo un ciudadano privado y si
iba contra el Senado perdería la legitimidad que le había
otorgado esta institución. Por ello, tras negarse a obedecer las
órdenes de Décimo Bruto, Octaviano
marchó sobre Roma al frente de las seis legiones que siguieron
fieles a él y se hizo nombrar cónsul. Mientras eso ocurría
Marco Antonio atraía a su causa a Lépido
y a Cayo Asinio Polión a los que se uniría
poco después Lucio Munacio Planco tras abandonar
a Décimo Bruto. Viéndose éste último
en inferioridad y desmoralizado por la deserción de Planco
y sus tropas, decidió abandonar al resto de su ejército
que aún permanecía leal a él y huir hacia el norte
con unos pocos hombres. Poco después moriría asesinado a
manos de un reyezuelo galo. Las esperanzas de los republicanos quedaba
puestas en Cayo Casio Longino y Marco Junio Bruto,
quienes al frente de un numeroso ejército controlaban las provincias
romanas al este del Adriático.
| El
acuerdo entre Marco Antonio y el nuevo cónsul
Octaviano (nombrado en Agosto del 43 a.C) no se hizo
esperar y a finales de ese mismo año se reunieron ambos junto
con Lépido en una pequeña isla del
rio Lavinio, entre Bononia y Mutina, donde tras una
deliberación de tres días se repartieron el mundo. Los
pactantes necesitaban buscar una forma de legitimar el poder que tenían
gracias a sus ejércitos. Para ello debían guardar las
formas legales y tener en cuenta que la dictadura había sido
abolida un año antes (2).
Al contrario que el primer Triunvirato entre César,
Craso y Pompeyo que fue un acuerdo
privado, este segundo se trató de una nueva magistratura creada
ex novo. Cada uno de sus integrantes recibiría el título
de tresviri rei publicae constituendae que les otorgaba poderes
dictatoriales por un periodo de cinco años. Además designarían
de mutuo acuerdo a los magistrados que gobernarían en Roma
cada año y se repartirían el mando de las provincias
occidentales. En este primer reparto quedaron las Galias Cisalpina
y Transalpina para Marco Antonio; la Narbonense y
las Hispanias Ulterior y Citerior para Lépido
y finalmente África, Sicilia, Sardinia y Corsica para Octaviano.
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Lepido |
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También acordaron
que para derrotar a sus enemigos y consolidar su poder necesitarían
al menos cuarenta y tres legiones. De éstas a las veintiocho que
les acompañarían en campaña les prometieron tierras
en las dieciocho ciudades más prósperas de Italia con la
finalidad de asegurarse su lealtad. No obstante para reclutar y mantener
a tantos soldados necesitarían unos ingresos considerables de los
que no disponían en ese momento. Por ello decidieron financiarse
del único modo que les era posible. Al igual que hiciera Sila
en su día, los tres pactantes confeccionaron una lista de enemigos
a los que proscribirían para quedarse con sus propiedades y subastarlas.
Por último, como era habitual entre los romanos cuando se pactaba
una alianza política, ésta quedó ratificada por otra
matrimonial, acordándose que Octaviano tomara
por esposa a Claudia, hijastra de Marco Antonio.
Al llegar a Roma los tres pactantes a finales del año, el tribuno
de la plebe Publio Titio hizo votar la ley que establecía
esta nueva magistratura. El acuerdo tomaba así carácter
legal y público basándose en su necesidad en ese momento
histórico y culpando de todos los males a los asesinos de César.

Octaviano
|
Un
año después, derrotados Casio y Bruto
en las dos batallas de Filipos; Octaviano y Marco
Antonio volvieron a repartirse el mundo romano. Ninguno de
los dos confiaba en Lépido porque su familia
había estado vinculada desde siempre a la oligarquía
senatorial y sospechaban que podía llegar a un entendimiento
con Sexto Pompeyo a sus espaldas. Por tanto en el
nuevo reparto Marco Antonio tendría la Narbonense
y la Galia Transalpina pasando la Cisalpina a fusionarse con Italia
que quedaba libre de atribución personal. Octaviano
por su parte adquiría las Hispanias y conservaría África
y las islas del Mar Tirreno (3).
El apartamiento de Lépido era una medida provisional
hasta que Octaviano se cercionara de su lealtad.
No obstante el papel de aquél en el Triunvirato era marginal,
pues sólo había sido incluído en él debido
a la importancia de su ejército, a su alianza con Marco
Antonio y a sus vínculos familiares con la aristocracia
romana. |
 |
Octaviano y Marco Antonio tenían
que asumir en ese momento la tarea de desmovilizar a la mayor parte del
ejército que estaban en activo además premiarlas como se
les había prometido. Tras realizar un sacrificio solemne a los
dioses, elogiaron a sus soldados y se dividieron para llevar a cabo la
tarea que tenían que cumplir. Mientras Octaviano
se dirigiría a Italia para repartir las tierras, asentar a los
soldados licenciados en las colonias, hacer la guerra a Sexto
Pompeyo y comprobar que Lépido no hubiera
intentado hacer nada extraño; Marco Antonio viajaría
por las provincias romanas orientales para reorganizarlas, perseguir a
los asesinos de César y reunir el dinero que necesitaban
para pagar a los soldados.
De las tropas con las que contaban, licenciaron a los que habían
cumplido su periodo de servicio en el ejército (quince años)
salvo a ocho mil que solicitaron seguir en activo y se repartieron como
cohortes pretorianas (su guardia personal). El resto de las tropas en
activo formaban un total de once legiones y catorce mil auxiliares de
caballería. Al servicio de Octaviano quedaron
cinco legiones y cuatro mil auxiliares de caballería. Al servicio
de Marco Antonio quedaron seis legiones y diez mil auxiliares
de caballería. Estas seis legiones de Marco Antonio
pasaron a ser ocho porque Octaviano le cedió dos
de las suyas a cambio de atribuirse él otras dos de las que estaban
al sur de los Alpes bajo el mando de Quinto Fufio Caleno
(uno de los generales de Marco Antonio). Antes de partir
pusieron todo lo acordado por escrito con sus respectivas copias y sellos
para que los documentos sirvieran de prueba ante terceros.
| II.
MARCO ANTONIO EN GRECIA Y LAS PROVINCIAS ROMANAS ORIENTALES |
Tras separarse de Octaviano, se dirigió Marco
Antonio con su ejército hacia Grecia donde pasaría
el invierno. Allí no tardó en ganarse el aprecio de los
lugareños porque lejos de tratarlos con dureza se integró
en su sociedad como uno más. Su carácter amigable y su participación
en los eventos cotidianos de esos lugares además de su moderación
y blandura cuando actuaba de juez le llevaron a ganarse el afecto de los
griegos. No era extraño para éstos ver a Marco Antonio
intervenir en charlas filosóficas con los eruditos del lugar o
asistir a los juegos, asumiendo así el papel de un compatriota
y no el de un conquistador. Por otro lado, debido a su carácter
despreocupado en cuanto al dinero y a su enorme generosidad realizó
costosos donativos a las ciudades helenas y en particular a Atenas. Tan
grande fue su aceptación allí que muchos le apodaron Filohelenoi
(amigo de los Griegos), hecho que le complacía sumamente y más
aún cuando se lo llamaban con respecto a los atenienses, por quienes
sentía sincero afecto.
Él conocía el carácter de los griegos porque había
vivido y estudiado allí en su juventud antes de iniciar su carrera
militar a las órdenes de Aulo Gabinio. A aquellos
no les impresionaba el poder de Roma ni sus ejércitos pues consideraban
a su civilización muy por encima de las demás. Al igual
que ocurrió a los Partos cuando se apropiaron de las antiguas ciudades
griegas del reino Seleúcida, cuando los romanos invadieron Grecia
no sólo no pudieron imponer su cultura sino que ésta se
vió notablemente influenciada por la helena. De hecho, muchos siglos
después, la lengua más hablada en esa parte del Imperio
seguiría siendo el griego y no el latín. Para ganárselos
Marco Antonio tenía que ser uno más y respetar
sus costumbres y tradiciones, algo que rara vez entendieron sus contemporáneos
que por lo general no veían con buenos ojos ese tipo de cosas.
Tras permanecer en Grecia durante el invierno, nombró gobernador
de la zona a Lucio Marcio Censorino y al llegar la primavera
del 41 a.C se desplazó hasta Éfeso. Su primer acto oficial
allí fue ofrecer con gran pompa un sacrificio a Ártemis,
diosa de la ciudad. Como muestra de respeto hacia ésta, perdonó
a los antiguos partidarios de Bruto y Casio
que se habían refugiado en su templo y sólo ordenó
la ejecución de Petronio por haber participado
en el asesinato de César y a uno de los centuriones
que habían traicionado a Dolabella (4).
Otros que supieron de su benevolencia con los asilados en el templo y
que habían estado en el bando republicano durante la guerra, acudieron
a él pidiendo clemencia. Todos fueron perdonados salvo aquellos
que habían participado directamente en la muerte de César,
con quienes fue inflexible y los hizo ejecutar.
Hombre dominado por sus pasiones e incapaz de controlarlas, caía
Marco Antonio frecuentemente en excesos en cuanto a la
diversión se refiere. Así, mientras Octaviano
afrontaba la dura situación que vivía Italia en esos momentos
(y sobre la que después hablaremos), él disfrutaba como
un rey oriental de lujos y placeres de toda índole mientras recaudaba
los impuestos. Vino, músicos, bailarines, comediantes y mujeres
no faltaban nunca en el palacio donde residía, llegando a alcanzar
tan altas cotas su fama de libertino que le valieron el apodo de "Baco
el benéfico y melífluo". No faltaron tampoco quienes
aprovechándose de su amistad medraron todo lo que quisieron, pues
el triunviro no tenía ningún tipo de escrúpulos a
la hora de actuar como un déspota con terceros para complacer a
quienes consideraba sus amigos.
Con la finalidad de recaudar el dinero que necesitaba convocó en
una reunión a los representantes de los griegos y de los demás
pueblos que habitaban la parte de Asia en torno a Pérgamo. Era
consciente de que necesitaba el dinero, pero más importante que
eso era la estabilidad de la zona. Debía apretar hasta donde pudiera
pero sin ahogar. Por tanto no exigió en principio mayor tributo
que los mismos que habían entregado a Casio y
Bruto. No obstante, al ver que los representantes de
las ciudades se quejaban amargamente y protestaban alegando que habían
sido obligados a colaborar con los republicanos, decidió finalmente
exigirles menos cantidad a pagar en un mayor plazo de tiempo. Al margen
de los muchos defectos que pudiera tener, Marco Antonio
era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que una explotación
excesiva de las provincias terminaría siendo perjudicial para Roma
y para si mismo si algún día necesitaba su lealtad.
Tras su estancia en Éfeso prosiguió su periplo por las demás
provincias romanas de Oriente para seguir recaudando el dinero que necesitaba.
Su modo de actuar siguió siendo esencialmente el mismo. Parecía
querer dejar claro que mientras se le obedeciera actuaría como
el mejor de los gobernantes contentando a todos en la medida de sus posibilidades.
Los habitantes de dichas provincias actuaron en consecuencia del mismo
modo que lo habían hecho en Asia. Que se divirtiera Baco con sus
juergas financiadas con parte del dinero de la recaudación. En
el fondo era un mal menor comparado con otros que habían pasado
por allí enriqueciéndose a costa de las provincias y dejándolas
como un solar. Eran los tiempos que les había tocado vivir y había
que adaptarse, siéndoles preferible la actitud de Marco
Antonio a la intransigencia de hombres como Casio
o Metelo Escipión.
Por otro lado, trató de ser lo más justo posible con la
recaudación estableciendo que reyes, príncipes y ciudades
independientes pagaran sumas adicionales según sus posibilidades.
A aquellas otras ciudades que habían sufrido más las consecuencias
de la guerra las eximió de esa contribución extraordinaria
y decretó la puesta en libertad de quienes cayeron en la esclavitud
por no haber podido pagar en su momento a Casio y Bruto.
Impulsó la reconstrucción de la ciudad de Janto (en ruinas
tras ser atacada por Bruto), otorgó la libertad a las ciudades
de Laodicea y Tarso, cedió a Rodas las islas de Andros, Tenos,
Naxos y Mindos (Islas Cícladas) y a Atenas las de Egina, Icos,
Ceos, Escíatos y Peparetos.
Estando en Cilicia se entrevistó con Cleopatra VII,
Reina de Alejandría y Faraona de Egipto. La había hecho
llamar para pedirle explicaciones sobre su papel durante la reciente guerra
civil contra los republicanos porque sospechaba que había colaborado
con éstos o cuanto menos que no había ayudado lo suficiente
al Triunvirato. Cleopatra sabía que debía
ganarse a Marco Antonio que era en ese momento uno de
los dos hombres más poderosos del mundo occidental. Roma, incluso
después de varias guerras civiles que la habían desgastado,
seguía siendo la civilización más poderosa por lo
que tras asegurarse de que su vida no corría peligro decidió
acudir a la entrevista.
| Mujer
sumamente inteligente y con gran instinto de supervivencia, pretendía
Cleopatra presentarse al romano rodeada de lujo y
esplendor para hacerle ver que trataba con un país con el que
le interesaba estar a bien por sus riquezas y prosperidad. Por ello
partió a la entrevista en una galera con la popa cubierta de
oro, velas de púrpura y remos de plata que se desplazaban no
al compás del sonido de un rudo tambor sino de música
de flautas, oboes y cítaras. No reparó en gastos para
completar toda esta representación engalanando a tripultantes,
sirvientes y demás personal de la nave, además de a
si misma. Navegando por el rio Cidno, ya en Cilicia, era seguida la
galera por multitud de gente desde las dos orillas pues el espectáculo
resultaba deslumbrante: Isis llegaba de Egipto para entrevistarse
con Baco. |
 |
Cleopatra VII |
|
Al enterarse Marco
Antonio de la llegada de la reina la invitó a cenar en
el palacio en el que residía, pero hábil donde las hubiera,
le contestó Cleopatra que prefería que
fuera él a visitarla al barco. El romano accedió a la invitación
y allí lo recibió la reina sorprendiéndole con una
recepción y posterior velada llena de esplendidez y delicadeza.
Tan perplejo quedó Marco Antonio por los agasajos
de Cleopatra esa noche y la siguiente que fue el primero
en burlarse de si mismo por lo rústico y torpe que era. No resultó
difícil a la reina convencer a su invitado de que no estuvo nunca
implicada en la causa de los republicanos. No tanto porque decía
la verdad como por lo impresionado que éste había quedado
por la recepción y por ella misma. Al percatarse de ello, Cleopatra
no dudó en aprovecharse de él convenciéndole para
que hiciera matar a su hermanastra Arsínoe y para
que le entregara a otros que consideraba sus enemigos. Tras marcharse
la reina de vuelta a Alejandría una vez celebradas las entrevistas
y satisfechos sus deseos, Marco Antonio prosiguió
su labor en Cilicia y concluída ésta se dirigió finalmente
a la siempre conflictiva provincia de Siria.
III.
LOS PROBLEMAS INTERNOS DE LOS JUDÍOS
 |
Al
morir en el año 78 a.C. el rey judío Alejandro
Janeo le sucedió su consorte Alejandra Salomé.
Era la reina viuda una mujer muy religiosa y ferviente cumplidora
de la Ley de Moisés. Por ello se hizo fácilmente
con el respaldo de los fariseos (5)
quienes a su vez acrecentaron su
poder hasta tal punto que terminaron gobernando a través
de ella. La reina había tenido dos hijos de su difunto
marido: Hircano y Aristóbulo. Hircano, que había
salido a su madre, tenía un carácter pacífico
y como no parecía que llegase a ser persona problemática
por su falta de carisma y apocamiento, aquella lo hizo nombrar
Sumo Sacerdote como paso previo a la subida al trono. Aristóbulo
en cambio, que había salido a su padre, era tremendamente
audaz, enérgico y rebelde por lo que su madre desconfiaba
de él y no sin razón.
El que los fariseos dominaran de hecho el país a través
de la reina, llevó a que los saduceos (6)
se apegaran a Aristóbulo como única esperanza
frente al poder y los abusos de los primeros. Poco antes de
morir aquella, estando ya gravemente enferma, Aristóbulo
se rebeló, consiguió numerosos apoyos entre
los judíos (además de los que ya tenía),
se hizo con el control de parte de las fortalezas del país
y se proclamó rey. Alejandra reaccionó ordenando
encerrar a la esposa e hijos de aquél en la torre Baris
(7) como
rehenes, pero no llegó a emprender la guerra porque
murió a los pocos días. Corría el año
69 a.C. y quedaba Judea con dos reyes y una guerra civil a
punto de comenzar.
|
| Aristóbulo,
que aventajaba con creces a su hermano en capacidad, inteligencia
y carisma, no tuvo problemas para atraerse a la mayor parte
de los judíos y derrotarle. Hircano, al verse perdido,
se vio obligado a negociar aprovechando a sus rehenes de la
torre Baris y finalmente permitió que su hermano fuera
rey a cambio de que éste respetara su vida y la condición
que merecía por su linaje. Sin embargo no se resolvería
la situación de una manera tan sencilla. Aristóbulo
tenía muchos seguidores pero también bastantes
enemigos. El principal de éstos, Antípatro, estaba
decidido a destronarlo. Idumeo de origen aunque devoto de la
religión judía, era éste uno de los hombres
más importantes de su pueblo (8).
Tras atraerse a Hircano e incitarlo a la rebelión, convenció
también a Aretas, rey de Nabatea y tío de su esposa,
para que tomara partido por aquél y declarara la guerra
al rey usurpador. |
 |
Tras ser derrotado por Aretas en una batalla campal, Aristóbulo
se tuvo que refugiar en Jerusalén. Las cosas se le ponían
difíciles, pero quiso el destino que aparecieran por allí
los romanos. Escauro, uno de los generales de Pompeyo, llegaba a Judea
en el año 65 a.C mientras Aretas sitiaba Jerusalén.
Sobornado por Aristóbulo amenazó el romano al árabe
con la guerra si no levantaba el sitio de Jerusalén, por lo
que el rey nabateo dio media vuelta con su ejército y regresó
a su país. Habiéndose marchado también Escauro
a Damasco, volvió Aristóbulo a consolidarse en el poder
y resentido por la traición de su hermano contraatacó
al ejército de Aretas en su retirada y tomó duras represalias
contra sus enemigos matando a muchos de éstos. Dos años
después, (63 a.C.) llegaba a Siria Pompeyo el Grande tras su
exitosa campaña en Oriente y tanto Hircano como Aristóbulo
le enviaron embajadores para ganarse su favor. Al percatarse de cual
era la situación, Pompeyo decidió sacar tajada del asunto
y se aprovechó de las divisiones internas de los judíos
para anexionar el reino a la provincia romana de Siria.

monedas
emitidas durante el reinado de Hircano II, 63-43 a.C. |
|
Dubitativo
en un principio, no sabía Aristóbulo si entregarse
a Pompeyo o hacerle frente hasta el final. Los que no dudaron
fueron sus partidarios quienes se opusieron con firmeza al romano
cerrándole las puertas de Jerusalén y obligándolo
a tomar la ciudad por la fuerza. Conquistada Jerusalén
y derrotados sus enemigos, Pompeyo envió a Roma como
rehenes a Aristóbulo y a su familia, pero Alejandro,
primogénito de Aristóbulo, consiguió escapar
y comenzó a planear la resistencia contra los invasores
e Hircano. Éste último, que había colaborado
con Pompeyo durante la toma de Jerusalén, fue restituído
como Sumo Sacerdote y se convirtió desde entonces, junto
con Antípatro, en el mejor aliado de los nuevos amos
de aquella región del sur de Siria. |
Parecía que con la llegada de los romanos y la incorporación
de Judea a la provincia de Siria iba a llegar la estabilidad en la
zona, pero no fue así. No faltaron intentos de restaurar la
monarquía por parte de la familia de Aristóbulo. Los
principales fueron dirigidos por Alejandro, quién tras años
de hostigar a los romanos mediante razzias fue finalmente derrotado
en dos ocasiones por Aulo Gabinio. También lo intentó
el propio Aristóbulo cuando escapó de Roma, pero fue
igualmente derrotado por el citado general y llevado de nuevo prisionero
a Roma. Poco después, tras el desastre romano cerca de Carrhae
frente a los Partos (53 a.C), Pitolao, otro de los hombres de Aristóbulo,
intentó provocar un levantamiento armado en Galilea aprovechando
la debilidad de sus dominadores en ese momento y el odio que había
generado el saqueo del Templo de Jerusalén por parte de Craso.
No obstante, Cayo Casio Longino, que había quedado al mando
de la provincia a pesar de ser sólo un cuestor, derrotó
al rebelde judío y lo hizo ejecutar antes de que los ejércitos
partos invadieran la provincia romana.
Llegó el año 49 a.C y con él la guerra civil
entre César y Pompeyo. Al llegar César a Roma tras cruzar
el Rubicón, puso en libertad a Aristóbulo y tras cederle
dos legiones lo envió a Siria con la esperanza de que ganara
Judea y los pueblos colindantes para su causa. Sin embargo no pudo
cumplir su objetivo porque fue envenenado por otros judíos
partidarios de Pompeyo. No mucho después, Metelo Escipión
(9) ordenaba la
ejecución de su hijo Alejandro.
Antípatro, por su parte, tomó partido por César
tras Farsalia y colaborando en la guerra con su aliado Mitrídates
de Pérgamo se ganó la admiración y el aprecio
del dictador romano. Por ello éste le concedió entre
otros honores la ciudadanía romana y lo nombró procurador
(10). Además,
confirmó a Hircano en su puesto de Sumo Sacerdote y le otorgó
el título de Etnarca de los Judíos a petición
de Antípatro. Éste, que conocía la ineptitud
de Hircano como gobernante y era en la práctica quien detentaba
el poder civil, nombró a sus propios hijos Fasael y Herodes
gobernadores de Jerusalén y Galilea respectivamente, dejando
que Hircano se encargara únicamente de las cuestiones religiosas.
Judea quedaba por tanto gobernada por una familia de idumeos respaldados
por Roma y sus legiones y a la sombra de un Etnarca y Sumo Sacerdote
que no pintaba nada.
Antípatro y sus hijos permanecieron fieles a César y
a sus generales hasta que Casio se hizo con la provincia de Siria
tras la muerte de aquél. Viendo entonces que las circunstancias
habían cambiado radicalmente, los idumeos decidieron colaborar
con Casio. De éstos, Herodes consiguió ganarse la estima
del romano por ser el más eficaz de sus colaboradores. Llegó
Casio a considerar tan valiosa la supuesta amistad y lealtad que le
prometió nombrarlo rey de Judea cuando derrotara a Octaviano
y Marco Antonio.
Parecía que tanto Antípatro como sus hijos habían
conseguido consolidarse de nuevo en el poder, pero no lo iban a tener
tan fácil. La nobleza judía, al igual que el pueblo
en general, no aceptaba de buen grado la dominación romana
y menos aún ser gobernados por idumeos. Por ello Málico,
uno de los miembros más destacados de esa nobleza, hizo envenenar
a Antípatro. No tardó Herodes (con el consentimiento
de Casio) en vengar la muerte de su padre haciendo asesinar a Málico,
con quién no podía arriesgarse a una guerra abierta
por tener al pueblo de su lado. Quedó entonces el poder en
manos de Fasael y Herodes. Ambos estaban subordinados a Hircano aunque
sólo teóricamente dada la incapacidad de éste
y su falta de carisma. Los judíos no lo iban a consentir...
|
| IV.
MARCO ANTONIO EN SIRIA Y JUDEA |
Llegaba Marco Antonio a Siria muchos años después
de la última vez que había estado allí. Como suele
suceder a cualquier persona que llega a un lugar en el que estuvo tiempo
atrás, lo más seguro es que volvieran a su memoria muchos
recuerdos de aquél entonces. Allí tuvo su bautismo de sangre.
La primera guerra en la que participó de forma activa como prefecto
de caballería de Aulo Gabinio y en la que fue
el más destacado de sus oficiales. Eran tiempos aquellos de gran
inestabilidad en Judea y esa situación no parecía haber
cambiado mucho. Los romanos habían conseguido con su supremacía
militar poner un poco de paz en la zona. No obstante, muchos años
después, el odio seguía latente entre fariseos, saduceos,
cismáticos samaritanos, herejes galileos y población no
judía. Por otro lado la llegada de los romanos que apoyaron en
su momento a Antípatro e Hircano
había traído consigo otra nueva división entre colaboracionistas
e independentistas. ¿Sería eficaz allí la misma política
que había llevado a cabo en las otras provincias...?.
Cuando Metelo Escipión ordenó la ejecución
de Alejandro; Ptolomeo, rey de Calcidicia
(11), había
enviado a buscar a los hermanos y al hijo de aquél para ponerlos
a salvo. Aún quedaba por tanto un heredero legítimo de Aristóbulo
llamado Antígono, quién años antes
había intentado sin éxito predisponer a César
en contra de Antípatro e Hircano.
Tras partir Casio de Siria con sus tropas para reunirse
con Bruto y enfrentarse a los ejércitos del Triunvirato,
los judíos se levantaron en armas contra Fasael
y Herodes. En Jerusalén, Hélix
se rebeló al mando de un ejército contra Fasael
mientras que un hermano de Málico (cuyo
nombre desconocemos) se apoderaba de varias fortalezas del país
(entre éstas la de Masada) y Marión, tirano
de Tiro, atacaba Galilea haciéndose con el control de tres fortalezas.
Antígono y sus partidarios estaban detrás
de todo esto financiados por Ptolomeo de Calcidicia.
Habían creado varios frentes a los hermanos idumeos para tenerlos
entretenidos mientras ellos invadían Judea desde Calcidicia con
un gran ejército sabiendo que Fabio, legado que
Casio, no intervendría porque había sido
sobornado.
Sin embargo, los hijos de Antípatro no tardarían
en reaccionar. Mientras Herodes se recuperaba de una
enfermedad en Damasco, Fasael no tardó en aplastar
la revuelta de Hélix en Jerusalén. Restablecido
Herodes, reconquistó todas las fortalezas que
controlaba el hermano de Málico salvo Masada,
donde su enemigo accedió a rendirse al ver que no podía
ganar la guerra. A continuación se dirigió a Galilea, recuperó
las tres fortalezas que controlaba Marión y derrotó
al ejército de Antígono cuando éste
llegaba por el norte expulsándolo de Judea.
Tras su victoria
perdonó a los que habían ayudado a Marión
en Galilea, ganándoselos así para su causa y se dirigió
a Jerusalén donde fue recibido como un héroe por la popularidad
que le granjearon sus victorias. No obstante era consciente de que debía
legitimar su posición de cara a la mayor parte de los judíos,
por lo que acordó con Hircano que tomaría
por esposa a su nieta Mariame que era hija de Alejandro
(hijo de Aristóbulo) y de Alejandra
(hija de Hircano). Indudablemente este enlace matrimonial
con la dinastía asmonea le haría ganar partidarios entre
los judíos, pero de poco serviría de cara a la mayoría
de éstos que, xenófobos por naturaleza, no olvidaban que
tanto él como su hermano no sólo eran idumeos sino además
hijos de una árabe nabatea.
Fracasadas sus rebeliones armadas, los partidarios de Antígono
acudieron a Marco Antonio cuando estaba en Bitinia para
denunciar la ilegitimidad del poder de los hijos de Antípatro.
El triunviro ni siquiera los escuchó pues Herodes,
que también estaba allí para replicar esas acusaciones,
lo había atraído a su causa previamente mediante un soborno.
Por otra parte, las simpatías del romano iban en favor de los dos
hermanos idumeos dado que había sido huésped de Antípatro
durante su estancia en Siria a las órdenes de Gabinio
y aquél lo había tratado muy bien. Marco
Antonio era un hombre tremendamente cruel con sus enemigos pero
esta crueldad no era menor a la lealtad que tenía siempre a sus
amigos.
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Cuando
llegó el triunviro a la ciudad de Dafne (cerca de Antioquía)
fue a su encuentro una delegación de cien cargos públicos
judíos que volvieron a intentar predisponerlo contra Fasael
y Herodes. Los hermanos fueron defendidos por el
brillante orador consular Marco Valerio Mesala
apoyado por Hircano, quién por razón
del futuro enlace de su nieta con Herodes se puso de su lado. Marco
Antonio, previa consulta a Hircano, decidió
que eran los hijos del difunto Antípatro
los más indicados para gobernar y los nombró tetrarcas
de toda Judea (12).
Al escuchar la decisión del triunviro los embajadores judíos
no pudieron contener su indignación y comenzaron a protestar
con vehemencia, lo que provocó a su vez que Marco
Antonio perdiera los nervios y ordenara apresar a quince
de ellos con la intención de ejecutarlos y echar al resto
de malas maneras y sin respetar la dignidad de sus cargos.
Llegada la
noticia de esos sucesos a Jerusalén la indignación
generalizada llevó a una revuelta popular. Acto seguido y
aprovechando este hecho como medida de presión, los partidarios
de Antígono enviaron una comisión
de mil embajadores a Marco Antonio que en ese momento
estaba en la ciudad de Tiro. Herodes, que estaba
también en esta ciudad y conocía al romano, pidió
a los embajadores que se tranquilizaran y que olvidaran sus rivalidades
porque Marco Antonio podía resultar muy
peligroso si se sentía desafiado y las consecuencias podrían
ser nefastas para todos. Los embajadores no sólo no le hicieron
caso sino que se enfurecieron más. Al llegar a oídos
del triunviro que en Jerusalén había una revuelta
y que le habían enviado a Tiro una nueva comisión
de embajadores judíos para negociar la paz, volvió
a perder los estribos y ordenó a sus soldados que cargaran
contra aquellos armas en mano. |

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Herodes
el Grande |
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Gran parte de los
embajadores murieron en el linchamiento y el resto salvaron la vida gracias
a que Hircano pidió al triunviro que fueran perdonados
y socorridos. Acto seguido ordenó Marco Antonio
al gobernador de Tiro que se dirigiera a Jerusalén con tropas y
que acabara con la revuelta autorizándole además para castigar
a los cabecillas si averiguara quienes eran. Los embajadores que consiguieron
escapar a la matanza en Tiro, lejos de acobardarse, regresaron de nuevo
a Jerusalén y una vez allí se dedicaron a soliviantar a
la ciudad. Esta actitud fue la gota que colmó el vaso en la paciencia
de Marco Antonio que terminó por perder los papeles
y ordenó la inmediata ejecución de todos los prisioneros...
No estaba ya el dios Baco tan melífluo y benéfico como lo
habían conocido los griegos. Los judíos habían conseguido
sacarlo de sus casillas y su impulsividad le había llevado a actuar
con extrema dureza. Esto se puso de manifiesto cuando prosiguió
su actuación en la provincia. Cuando llegó a Asia Menor
tenía en mente tratar a los judíos con la misma benevolencia
que a los demás pueblos de la zona. Estando en Éfeso, había
recibido a una embajada de Hircano. Éste le había
enviado como presente una corona de oro y la petición de que liberara
a los judíos habían caído en la esclavitud como consecuencia
de la dureza de Casio y la devolución a su pueblo de los territorios
que aquél les había arrebatado para dárselo a los
pueblos vecinos. Marco Antonio encontró justas
las peticiones y accedió a contentarlos obligando al tirano de
Tiro, entre otros, a devolver a los judíos las ciudades y territorios
que les pertenecían y a liberar a aquellos que hubieran caído
en la esclavitud.
Ahora todo había cambiado y lejos de tratar de ganarse al pueblo
como había hecho anteriormente se mostró implacable a la
hora exigir los tributos. Si requerían de mano dura para que respetaran
su autoridad la iban a tener. Una vez ahogada en sangre la rebelión
de Jerusalén, el otrora benevolente triunviro se puso al frente
de sus tropas y se dedicó a ir ciudad por ciudad por toda la provincia
expulsando de ellas a los tiranos que las gobernaban (13)
y cargando a sus habitantes de tributos. Los habitantes de Judea y Siria,
que ya habían tenido que sufrir la dureza de Casio
a la hora de recaudar, se encontraron con un romano aún más
duro e intransigente que iba a exprimirlos como a un limón aunque
tuviera que llevar a la más absoluta miseria a la mayor parte de
la población.
Por último, Marco Antonio dió la orden
a su caballería de que atacaran la ciudad de Palmira y la saquearan.
Esta ciudad era un enclave comercial de suma importancia. Situada en el
interior de Siria, no muy lejos del Eúfrates, era uno de los puntos
de paso más importantes del comercio entre oriente y occidente.
La razón que dio para ordenar ese ataque fue que dudaba de su lealtad
hacia Roma. Lo cierto es que políticamente era una ciudad independiente,
pues dada su importancia para el comercio era respetada tanto por Partos
como por Romanos. Marco Antonio no tenía derecho
a exigir allí ningún tipo de contribución y menos
a saquearla.
No sabemos lo que pasaba realmente por su cabeza cuando tomó esa
decisión. Tal vez quería proporcionar botín a su
caballería (versión de Apiano) al tiempo
que una demostración de fuerza para que nadie osara desafiar la
autoridad de Roma o tal vez quería provocar a los Partos con el
fin de dirigir una gran guerra que lo pusiera a la altura de César.
Lo cierto es que los habitantes de Palmira se enteraron de lo que les
venía encima y recogiendo todas sus pertenencias se trasladaron
a la orilla este del Eúfrates donde esperaron armados a los romanos
por si iban en su persecución. Cuando la caballería de Marco
Antonio llegó a la ciudad y la encontraron desierta decidieron
regresar con las manos vacías sin atreverse a cruzar el Eúfrates
en persecución de los fugados o desistiendo de hacerlo sin órdenes
expresas.
Habían pasado
meses desde que se habían despedido en Cilicia pero Marco
Antonio no podía apartar a Cleopatra
de su mente. ¿Qué tenía esa mujer para que no pudiera
olvidarla?. Ya no era un muchacho de quince años sino un hombre
experimentado que pasaba de los cuarenta. Había estado con muchas
mujeres. Desde aquellas prostitutas que frecuentaba en su juventud con
su inseparable Curión, pasando por otras muchas
respetables y no tan respetables a las que atraía con facilidad
por ser un hombre muy varonil y de bella figura (según Plutarco).
Se había casado en dos ocasiones. La primera había sido
con su prima hermana Antonia, hija de su tío Cayo
Antonio, quién había sido cónsul en el 63
a.C junto con Cicerón. Fue un matrimonio de conveniencia
pues con la dote que recibió su esposa había podido pagar
una parte de sus cuantiosas deudas.
Tras repudiar a Antonia por sospechar que le era infiel
con Dolabella, tomó por esposa a Fulvia
con la que aún seguía casado. Nieta de Marco Fulvio
Flaco y Cayo Sempronio Graco, era su segunda
esposa enormemente rica y de impecable linaje. No era sin embargo mujer
adecuada para desempeñar el papel de matrona romana tradicional,
sino que por el contrario, le gustaba mandar a su hombre y que éste
mandara sobre los demás. Fallecidos sus anteriores maridos Clodio
y Curión, decidió casarse con Marco
Antonio no teniendo reparos en pagar sus enormes deudas dado
que era la mujer más rica de Roma. Preveía que su nuevo
esposo llegaría muy lejos y ella con él. Era una mujer que
había sido capaz de dominarlo hasta cierto punto y de retenerlo
junto a ella, pero Cleopatra era distinta....
No era la reina una mujer que destacara por su belleza física.
Sin embargo su trato era tan exquisito que ejercía una atracción
inevitable para cualquier mortal y más aún si se trataba
de un hombre. Su figura, su labia y su siempre agradable conversación
aderezada con la dulzura de su voz formaban una combinación de
cualidades tan poco común que la hacían tremendamente interesante.
Ni sumisa ni excesivamente arrogante sabía encontrar un término
medio según la ocasión lo requiriera y su alto nivel cultural
enriquecía aún más su personalidad. Era en síntesis
una fruta apetecible para cualquier mortal, pues careciendo de un físico
deslumbrante lo compensaba con otras cualidades tan poco comunes que la
hacían destacar entre las de su género a ojos de los hombres.
La belleza es una flor cautivadora, pero predestinada a marchitarse. La
inteligencia y la experiencia en cambio, son árboles que crecen
a medida que pasan los años y sus frutos el mejor patrimonio de
quienes las poseen.
Pese a su carácter arrogante y en ocasiones excesivamente cruel,
Marco Antonio tenía un gran fondo de sencillez
y no pudo evitar sentirse atraído por Cleopatra.
Al contrario que Octaviano, hombre frío y calculador,
él era un hombre muy impulsivo que difícilmente podía
controlar sus emociones; un defecto que había arrastrado consigo
toda su vida y que años más tarde sería su perdición.
Tras el ataque de Palmira, la guerra contra los Partos era cuestión
de tiempo. El choque entre las dos potencias era casi inevitable si Roma
quería restablecer su autoridad en Oriente tras el desastre de
Carrhae doce años antes. Consciente de la situación, Marco
Antonio distribuyó a sus tropas entre las provincias romanas
de modo que estuvieran preparadas para un posible ataque. Sin embargo,
en vez de quedarse junto a ellas por si al final había guerra o
al menos hasta que la situación se calmara un poco, repartió
sus tropas entre las provincias dejándolas al mando de Saxa
y de Planco (14) y
se desplazó hasta Alejandría para volver a encontrarse con
la reina.
Gladius in manu, no tenía el bravo triunviro nada que
envidiar al más valiente de los guerreros. Fiero rival en el campo
de batalla hacía honor a la tradición de que los de su linaje
descendían del mismísimo Hércules. ¿Pero cómo
luchar contra lo que en él despertaba aquella diosa del Nilo?.
¿Cómo vencerse a si mismo?.
Fin
del primer capítulo
II
capítulo: Los partos atacan
|
Notas..
1.
Aulo Hircio y Cayo Vibio Pansa eran los cónsules del año
43 a.C. Junto con Octaviano, que se había hecho con un ejército
privado y después se le había otorgado el rango de
propretor para legitimar su situación, habían sido
enviados por el Senado contra Marco Antonio. Éste había
sido declarado enemigo público, a instancias de Cicerón,
por atacar a Décimo Bruto sin la autorización de aquella
institución ocupando con sus tropas la provincia de la Galia
Cisalpina, cuyo mando se había hecho otorgar en la Asamblea
de la Plebe (controlada por su hermano Lucio Antonio). Décimo
Bruto (uno de los asesinos de César) era en ese momento gobernador
de dicha provincia y se había negado a entregarla a Marco
Antonio cuando éste se la reclamó por las buenas.
Tras las batallas de Mutina, ciudad en la que estaba acorralado
Décimo Bruto, los ejércitos consulares derrotaron
a Marco Antonio quién se vió obligado a huir hacia
los Alpes. Hircio y Pansa murieron como consecuencia de esas batallas.
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2.
En el año 44 a.C, tras el asesinato de César, Marco
Antonio quería hacerse con el mando del ejército que
el dictador estaba preparando en Macedonia para la guerra contra
los Partos. Antes de morir, César lo había designado
para dirigir una guerra contra Dacios y Getas el año siguiente
y le había dado el gobierno de la citada provincia. Cuando
llegó el rumor de que esos pueblos estaban atacando Macedonia,
Marco Antonio pidió al Senado que se le asignara el mando
de aquellas legiones con el pretexto de que la guerra pártica
no era prioritaria. Para que se lo concedieran hizo votar la abolición
de la dictadura y la condena a muerte como reo de traición
para cualquiera que intentara restaurarla. Con ello esperaba convencer
al Senado de que no intentaba utilizar el ejército para hacerse
con el poder. La treta tuvo éxito y el Senado le concedió
lo que pedía. Poco después llegaron de Macedonia observadores
enviados por aquella institución que atestiguaron la falsedad
del rumor, si bien dieron fe de que existía el temor en la
provincia de una invasión por parte de los citados pueblos.
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3. África
se dividía entre África Nova o Numidia, que eran los
territorios que César había arrebatado a los Númidas
en la Guerra Civil y África Vetus (o vieja) que eran los
territorios que en su día Roma arrebató a Cartago
tras las Guerras Púnicas. Según Dion Casio la primera
pasó a Octaviano y la segunda a Marco Antonio. De todos modos
esta atribución fue sólo teórica porque el
gobernador del África Vetus, Cornificio, era republicano
y ofreció resistencia armada a Sextio, legado de Marco Antonio,
cuando éste llegó allí para relevarle del mando
por orden del Triunvirato. En cuanto a las islas del Tirreno, Sicilia
era controlada de hecho por Sexto Pompeyo y difícilmente
podía Octaviano hacerse con Corsica y Sardinia dado que aquél
dominaba el mar con su flota. Volver
4. En
el 44 a.C, César, además de dictador vitalicio, era
cónsul junto con Marco Antonio. Como pensaba emprender ese
mismo año la guerra contra los Partos, designó a Publio
Cornelio Dolabella para sustituirle en el consulado cuando él
partiera, pues sabía de su enemistad con Marco Antonio y
pretendía que limitara el poder de éste. Sin embargo,
tras la muerte del dictador, Marco Antonio convenció a Dolabella
para que se hiciera con el gobierno de Siria a través de
la Asamblea de la Plebe (o sea de Lucio Antonio) y de esa forma
quitárselo de encima. Tras conseguir el mando de la provincia,
Dolabella se dirigió hacia allí. Al pasar por la provincia
de Asia hizo que ejecutaran a su gobernador Trebonio, quién
aliado con Casio y Bruto, había tenido un comportamiento
hostil hacia él. Trebonio había participado en el
asesinato de César y tras su ajusticiamiento el Senado declaró
a Dolabella enemigo público y ordenó que todas las
autoridades romanas al este del Adriático prestaran obedicencia
a Casio y Bruto. Esto legitimó a Casio para ocupar Siria
y tras dos combates navales derrotó a Dolabella. Entonces
éste se tuvo que refugiar en Laodicea, ciudad que Casio consiguió
tomar sobornando a los centuriones que hacían guardia durante
el día. Este centurión (llamado Quinto) ejecutado
por orden de Marco Antonio en Éfeso, era uno de los que fueron
sobornados por Casio.Volver
5.
Los fariseos eran una secta y facción de poder político
que representaban los intereses del clero judío. Su fervor
religioso y apego a la letra de la Ley de Moisés hacía
que se consideraran a si mismos un grupo social muy por encima del
resto de los judíos y más aún de los gentiles.
"Fariseos" significa en hebreo "separados",
que era como los denominaba el resto del pueblo.Volver
6.
Los saduceos eran una secta y facción de poder político
que representaban al capital comercial y a los intelectuales helenizados,
siendo partidarios del fortalecimiento de un estado laico y dispuestos
a aceptar las influencias culturales helénicas. Desde la
segunda mitad del S. II a.C., cuando un monarca hebreo se apoyaba
en esta secta perseguía a los fariseos y viceversa. La palabra
saduceo viene de Sadoc, sumo sacerdote que aseguró la subida
al trono de Salomón y le ungió como Rey de lo judíos.Volver
7. Fotaleza situada
al norte del Templo de Jerusalén que muchos años más
tarde sería reconstruída y rebautizada como Torre
Antonia.Volver
8.
Idumeos o edomitas eran considerados descendientes del personaje
bíblico Esaú. Idumea (o Edom) estaba situada al sur
de Judea y había sido incorporada a los dominios de los monarcas
Asmoneos durante el reinado de Juan Hircano I (abuelo paterno de
Hircano y Aristóbulo).Volver
9. Quinto
Cecilio Metelo Pío Escipión Nasica era un descendiente
natural del tío paterno de Escipión el Africano (la
rama de los Escipiones Nasica) que había sido adoptado por
Quinto Cecilio Metelo Pío. También era suegro de Pompeyo
el Grande a quién había ofrecido su hija en matrimonio
tras morir la de César con la finalidad de atraerse a aquél
al grupo de poder de los optimates. En ese momento era gobernador
de Siria y ejecutó a Alejandro por orden de Pompeyo quién
preveía que César iba a utilizarlo para crearle problemas
en Judea.Volver
10.
Los procuradores eran los gobernadores romanos enviados a esa provincia.
Antípatro no era un procurador romano propiamente dicho.
Se trataba de un nuevo cargo de difícil definición;
un administrador de Judea que estaba teóricamente subordinado
a Hircano pero que en la práctica era su protector. El gobernador
romano de Siria nombrado por el dictador romano fue su pariente
Sexto Julio César (nieto de su tío paterno).Volver
11.
Calcidicia era un pequeño reino situado al sur del actual
Líbano. Este Ptolomeo se casaría con Alejandra, la
hija más joven de Aristóbulo, y se convertiría
a partir de entonces en el mayor defensor de su cuñado Antígono.Volver
12.
Tetrarca significa gobernador de la cuarta parte de un territorio
pero en este caso se trata sólo de un cargo subordinado al
etnarca. En la práctica Hircano sólo conservó
la autoridad religiosa repartiéndose los dos hermanos el
poder (básicamente lo mismo que antes de la llegada de Marco
Antonio, pero ahora legitimados por Roma). Al igual que su padre,
Fasael y Herodes sabían que necesitaban a los romanos para
gobernar por lo que siempre colaboraron con ellos ya fueran republicanos
o cesaristas, dependiendo de lo que les conveniera en cada momento.Volver
13. Según
Apiano estos tiranos debían el fortalecimiento de su poder
a los Partos con quienes colaboraron durante las invasiones de Pacoro
tras el desastre de Carrhae (para esta batalla ver: Carrhae).
Flavio Josefo en cambio señala que fue Casio quién
los designó para sus cargos cuando ocupó Siria tras
la muerte de César. Posiblemente muchos de los tiranos que
en su día apoyaron a los Partos fueron posteriormente ratificados
en sus puestos por Casio que en ese momento estaba en buenas relaciones
con sus vecinos del este del Eúfrates. Marco Antonio expulsó
a los tiranos porque dudaba de su lealtad. Ello tuvo sus consecuencias,
como veremos más adelante, porque los tiranos huyeron al
este del Eúfrates a pedir auxilio a los Partos.Volver
14.
La mayoría de los historiadores optan por omitir a este Planco
debido a su difícil identificación. Ronald Syme por
ejemplo interpretó que se trataba de un error de Dion Casio
(la única fuente que lo nombra) y que éste se refería
a Lucio Munacio Planco pero en una fecha posterior, es decir, cuando
según él fue gobernador de Asia (39-37 a.C.). No obstante
me resulta poco creíble que todas las provincias de la península
Anatolia quedaran al mando de Saxa en el 41 a.C. Éste era
gobernador de Siria, pero al igual que Grecia y Macedonia quedaron
bajo el mando de Censorino, me parece más lógico que
Marco Antonio nombrara a otro gobernador para las provincias romanas
de la Anatolia. De los cuatro hermanos Planco sólo pudo tratarse
de Tito Munacio Planco Bursa, que según Cicerón estaba
junto a Marco Antonio en las batallas de Mutina. No obstante, al
margen de que no fuera éste yo interpreto que al nombrar
a Planco, Dion Casio se refería al general que en ese momento
estaba al mando de las provincias romanas de la península
Anatolia.Volver
CUADRO:
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2004 Carlos
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