MARCO
ANTONIO Y LA INVASIÓN PÁRTICA (41-38 A.C.)
A finales del año 42 a.C. la República romana recibía
una herida mortal en Filipos. Sin embargo a nadie se le escapaba que la
estabilidad que parecían traer los vencedores no podía durar.
Estos dos hombres, que se despreciaban mutuamente, debían acometer
en ese momento la enorme tarea de reorganizar el mundo romano tras años
de guerras civiles. Aún estaba por ver cual de ellos se haría
con el poder al final y el papel que desempeñarían en esa
lucha los últimos republicanos. No obstante, un peligro aún
mayor amenazaba a Roma en ese momento. Más allá del Eúfrates,
un poderoso enemigo acechaba desde la sombra esperando el momento oportuno
para atacar...
| I.
OCTAVIANO, FULVIA Y LUCIO ANTONIO |
A finales del año 42 a.C regresaba Octaviano a Italia. Tras recuperarse
de una enfermedad en Brindisi partió hacia Roma ya a comienzos
del año siguiente y mostró los documentos firmados por Marco
Antonio a los partidarios de éste con el fin de que se
hiciese cumplir lo estipulado. Habiendo comprobado por otra parte que
Lépido no había intentado nada extraño,
le otorgó el mando de África (1)
en compensación por la pérdida de la Narbonense y de las
Hispanias. Éste no tenía resolución suficiente como
para intentar nada contra los otros dos triunviros a pesar de que seguramente
hubiera contado con apoyos de haberlo intentado. Además, como veremos,
aunque fuera legalmente el hombre de mayor rango que había en Roma
por su condición de triunviro, era Fulvia, esposa
de Marco Antonio y suegra de Octaviano,
la que ostentaba el poder de hecho.
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Octaviano.
Museo Arqueológico de Estambul (foto Satrapa1). |
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Con
la llegada del año 41 a.C se habían nombrado los nuevos
cónsules que se habían pactado: Publio Cornelio
Vatia Isáurico y Lucio Antonio.
Las relaciones entre éste último y Octaviano
no eran buenas. Tal vez por querer defender los intereses de su
hermano mayor o tal vez por ser un republicano convencido (como
defendía Apiano) y temer la perpetuidad
del Triunvirato, el nuevo cónsul se oponía radicalmente
a Octaviano. En realidad mantuvo una postura independiente
pues, aunque manifestaba reiteradamente su adhesión a Marco
Antonio e incluso llegó a adoptar el cognomen Pietas
por su devoción a la causa de su hermano, en realidad actuaba
por su cuenta y no siguiendo instrucciones de aquél. Además,
la idea de que fuera republicano no tiene demasiada solidez porque
no existen pruebas de que intentara llegar a un acuerdo con Sexto
Pompeyo ni con Ahenobarbo, lo que le hubiera
facilitado muchas cosas como ya veremos. En mi opinión sólo
se hizo pasar por republicano para atraer adeptos a su causa.
Si Octaviano
hubiera contado con la colaboración de Fulvia
sus diferencias con Lucio Antonio no hubieran tenido
la menor importancia dado que ella tenía en la práctica
más poder que su cuñado. Sin embargo el triunviro
no podía aguantar el difícil carácter de su
suegra y Fulvia, acostumbrada a mangonear a hombres
mucho mayores que su yerno, tampoco estaba dispuesta a consentir
que éste le saliera respondón.
|
Ella era una mujer
tremendamente dominante. Única heredera de los Fulvios
y los Sempronios estaba emparentada además con
los Cornelios y los Emilios. Gracias
su parentesco con estas familias de la nobleza romana que le proporcionaban
notables influencias políticas había conseguido que el Senado
la eximiera de la aplicación de la Lex Voconia (2)
y al morir sus padres se convirtió en una de las personas más
ricas de Roma. De haber nacido hombre y no haber existido un César
que cruzara el Rubicón y cambiara la situación política
para siempre tal vez hubiera sido tan importante como un Craso
o un Pompeyo. Su condición de mujer no le había
permitido hacer el cursus honorum ni dirigir ejércitos, pero quién
se casara con ella tendría aseguradas altísimas aspiraciones;
las que ella anhelaba desde la sombra.
Sus riquezas y el ser hija única conllevaba además que en
su día no necesitara emparentarse con un rico senador que le procurara
una vida acomodada y una alianza política interesante para su familia.
De todos modos, si analizamos el perfil de sus maridos podemos llegar
a la conclusión de que ella no anhelaba unir su vida a ese tipo
de hombre sino a la de un revolucionario que, como hicieran sus abuelos
casi un siglo antes, fuera capaz de remover los cimientos de Roma para
gobernarla junto a ella. Sin embargo la vida de un demagogo solía
ser tan intensa como corta, razón por la que había enviudado
ya en dos ocasiones antes de casarse con Marco Antonio
cuando sólo tenía unos cuarenta años. Su forma de
ser, sus riquezas, sus vínculos familiares, el ser esposa de uno
de los triunviros y el miedo que habían desatado las proscripciones
hacían de esta mujer una enemiga muy poco recomendable. Tras partir
Octaviano y su esposo hacia Macedonia para enfrentarse
a Casio y Bruto, nada se hacía
en Roma sin su consentimiento y menos aún contra éste. Ni
siquiera su cuñado Lucio Antonio se había
librado de tener que contar con su aprobación para celebrar un
triunfo al principio de su consulado (3).
Sin embargo Octaviano no era un hombre pusilánime.
Él no se dejaría dominar en modo alguno ni permitiría
a su suegra que lo convirtiera en un títere para gobernar a través
de él. A pesar de no ser un hombre de un carácter tan fuerte
como el de Marco Antonio, tenía una enorme determinación
no menor que su inteligencia. Si a eso le unimos su orgullo tan propio
de cualquier romano joven, dándose además la circunstancia
de que era hijo adoptivo de César con todo lo
que eso significaba para él, podemos llegar a la conclusión
de que Fulvia había encontrado en su yerno a la
horma de su zapato. Tan nefastas llegaron a ser las relaciones entre ambos
que como era de esperar terminaron por romperse y Octaviano
repudió a su esposa Claudia. Además, cuando
la envió de vuelta con su madre le hizo saber a ésta que
el matrimonio no había sido consumado. Poco le importaba lo que
dijeran de él y de su virilidad (4)
y para que a nadie quedara duda de lo que pensaba de su ex suegra y de
su determinación de romper cualquier vínculo familiar que
hubiera existido con ella, ratificó bajo juramento que Claudia
seguía siendo tan virgen como el día que se casaron; un
insulto que Fulvia jamás le perdonaría.
Al margen
de sus problemas familiares, Octaviano se tenía
que enfrentar a la complicada tarea de repartir las tierras de las ciudades
entre los soldados como se había pactado un año antes. El
Pueblo de Roma no estaba acostumbrado a la tiranía y por tanto
no aceptaba con sumisión las decisiones de sus gobernantes que
consideraba injustas. Como era de esperar, las ciudades seleccionadas
no estaban nada contentas con la situación y pedían que,
o bien se repartiera la carga entre toda Italia, o bien que las propias
ciudades seleccionadas eligieran las tierras que se darían a los
soldados y los antiguos propietarios fueran indemnizados.
Esta segunda opción hubiera sido la más sensata pero no
había dinero suficiente para llevarla a cabo y pagar al ejército
tenía carácter prioritario pues era la base real del poder
del Triunvirato. Viendo los propietarios que tenían todas las de
perder decidieron viajar a Roma en masa y comenzaron a frecuentar día
tras día los foros y los templos quejándose de su situación
y de la injusticia que se iba a cometer con ellos. La población
de Roma se apiadó de ellos y se irritó contra Octaviano,
quién por más que éste intentaba explicar que no
le quedaba otro remedio no satisfacía a nadie con sus excusas.
Finalmente los soldados se percataron de que sus intereses estaban en
peligro y decidieron acudir a las ciudades, escoger las tierras que preferían
y expulsar a sus propietarios por la fuerza. La oposición de Octaviano
no sirvió de nada. Los soldados sabían que los triunviros
debían el poder a sus ejércitos y que los necesitarían
para mantenerse en él una vez finalizaran los cinco años
de su mandato. Por otro lado el ejército necesitaba también
a los triunviros porque sabían que mientras estuvieran en el poder
nadie les arrebataría lo que habían obtenido por la fuerza
y sus privilegios en general serían mantenidos.
Consciente de que estaba condenado a entenderse con el ejército,
Octaviano tuvo que hacerse el ciego ante los atropeyos
que se cometían contra la población civil. Además,
tomó a préstamo las riquezas de los templos más importantes
de Italia y las ofreció a los soldados como generosas dádivas
para ganarse su gratitud y hacerles ver que a él le debían
sus privilegios. No sólo necesitaba tener al ejército de
su lado, es que además temía que la situación se
le fuese de las manos porque las actitudes de insubordinación de
los soldados eran cada vez más frecuentes y escandalosas.
Lucio Antonio, Fulvia y Manio
(5), habían
tratado de retrasar el asentamiento de los veteranos en las colonias hasta
que Marco Antonio llegara de las provincias orientales,
para que el ejército no pensara que era a Octaviano
al único que debían gratitud. No obstante, al percatarse
de la impaciencia de los soldados por recibir lo que se les debía
y temiendo que se pusieran en contra de ellos, optaron por exigir en su
lugar que los líderes de las colonias que se iban a formar con
los veteranos de Marco Antonio fueran elegidos entre
los amigos y partidarios de éste.
Octaviano, agobiado por sus problemas terminó
cediendo a las presiones y les concedió lo que pedían. Ocurrió
entonces que los líderes de dichas colonias permitieron a sus soldados
que cometieran fechorías aún mayores que las que ya se habían
cometido contra la población civil. Las ciudades perjudicadas en
particular y toda Roma en general sintieron entonces un mayor resentimiento
por lo que ocurría culpando a Octaviano por consentirlo,
mientras que los veteranos de Marco Antonio pensaban
que debían sus privilegios a los líderes de sus colonias,
que a su vez se debían a aquél. La popularidad de Octaviano
iba en picado mientras sus enemigos se frotaban las manos.
Por otro lado, el hambre comenzaba a hacerse notar entre la población.
La mayor parte de Italia no había sido cultivada desde hacía
años debido a las guerras civiles y lo poco que se producía
estaba destinado a los ejércitos. En cualquier caso su producción
agrícola no era suficiente para alimentar a toda su población
y dependía de las provincias de Sicilia y África. Con la
cosecha de Sicilia se podía abastecer a Italia en un año
bueno. Desde hacía casi dos siglos la isla se había convertido
en el granero de Roma gracias a sus enormes latifundios explotados por
esclavos. Cuando había un año de malas cosechas en Sicilia
había que recurrir a la producción de la provincia de África
para completar el abastecimiento. Sin embargo Octaviano
no podía contar en ese momento con ninguna de las dos provincias.
Sicilia estaba en posesión de Sexto Pompeyo (6)
quién además controlaba también el mar con su flota
y evitaba el abastecimiento de alimentos que pudiera llegar a Italia desde
el sur y el oeste mientras que Ahenobarbo hacía
lo mismo desde el este. Además en África había tenido
lugar otra guerra (7)
el año anterior, por lo que es posible que la cosecha tampoco fuera
suficiente aunque hubieran tenido libre el acceso por mar.
Como no podía ser de otra forma, la carencia de alimentos generalizada
fue aumentando cada vez más el descontento y la desesperación
de la población. Robos y altercados violentos se hicieron habituales
en toda Italia y el comercio se estancó debido a la inseguridad
reinante, pues la generalización del bandidaje impedía la
fluidez del intercambio de mercancías. Además, la carestía
de alimentos hacía que sus precios se dispararan arrastrando a
todos los demás, lo que disminuía la capacidad adquisitiva
del pueblo así como la demanda de los otros bienes. La mayor parte
de los actos delictivos no podían ser castigados porque eran demasiados
y ya nadie respetaba a los magistrados ni había autoridad con poder
en las ciudades que frenara la anarquía. Italia se sumía
cada vez más en una situación caótica ante la que
Octaviano poco o nada podía hacer obstaculizado
continuamente por Lucio Antonio.
Cuando los propietarios de las tierras que habían sido expulsados
por los soldados acudían a los hombres más importantes de
Roma, Lucio Antonio era el único que los recibía
con amabilidad prometiéndoles además su ayuda con la finalidad
de ganárselos para su causa. Por esa razón no sólo
Octaviano sino también los propios partidarios
de Marco Antonio le reprochaban su actitud. Incluso Fulvia
le echó en cara que actuaba contra los intereses de su hermano
acusándole de pretender provocar una guerra. No obstante Manio,
que estaba de acuerdo con Lucio Antonio, hizo ver a Fulvia
que mientras Italia estuviera en paz su marido no volvería de Alejandría
siendo la guerra el único medio de separarlo de Cleopatra...
Acostumbrada durante toda su vida a no consentir la más mínima
oposición y menos aún entre las de su género, Fulvia
debía ser sin duda extremadamente celosa. Más aún
si tenemos en cuenta que Cleopatra era unos diez años
más joven que ella. Herida en su condición de mujer y esposa
ante los argumentos de Manio, Fulvia
se convirtió desde entonces en la más firme partidaria de
su cuñado Lucio, a quién incitaba permanentemente
a la discordia con Octaviano. Así pues, tras hacerse
fuertes en la ciudad de Preneste (Praeneste) que se convertiría
en el centro neurálgico de su facción, ella y Lucio
se dedicaron a difundir que las posesiones confiscadas a los proscritos
eran suficientes para premiar a los soldados para que el descontento de
las ciudades de Italia fuese en aumento. Por otro lado, tanto Lucio
como los hijos de Marco Antonio no dejaban de acompañar
a Octaviano cuando éste salía de Roma para
asentar a los veteranos en las colonias y que de esa forma no se llevara
todo el mérito de cara a los soldados. Octaviano
no iba a tener un sólo segundo de paz mientras ellos pudieran evitarlo.

Vista
de Praeneste, situada sobre las laderas de una alta colina, magnifica
posición defensiva.
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| III.
AUMENTAN LAS TENSIONES |
En cierta ocasión en la que Octaviano envió
a un cuerpo de caballería a la costa de Brutium para combatir a
las tropas de Sexto Pompeyo que estaban atacando dicha
región, Lucio Antonio creyó o fingió
creer que la caballería había sido enviada contra él
y corrió a pedir ayuda a las colonias de los veteranos de su hermano.
Allí denunció la supuesta traición de Octaviano
y se hizo con una guardia personal. Estas acusaciones fueron negadas por
el triunviro, quién acusó a su vez a Lucio Antonio
de querer provocar una guerra por su interés personal al margen
de los intereses de su hermano. Viendo los oficiales del ejército
que la discordia era grave y que podía llevar a consecuencias nefastas,
decidieron llevar a cabo un arbitraje convocándolos a parlamentar
en Teanum (8).
El cónsul y el triunviro acordaron allí una serie de puntos
que debían cumplirse para llegar a un entendimiento. Parecía
que el problema estaba solucionado pero como lo acordado tardaba en llevarse
a cabo Lucio Antonio se reunió en Preneste con
Fulvia y varios senadores y les confesó que desconfiaba
de las intenciones de Octaviano y que temía por
su propia seguridad, pues él había renunciado a su guardia
personal como se acordó en Teanum mientras que Octaviano
seguía contando con los pretorianos. Tanto Lucio Antonio
como Fulvia estaban dispuestos a hacer regresar a Marco
Antonio al precio que fuera y ambos le escribieron a Alejandría
contándole sus versiones de los hechos.
Los oficiales del ejército y posteriormente los veteranos de César
asentados en Ancona intentaron de nuevo que cónsul y triunviro
llegaran a un acuerdo pero las posturas entre ambos eran cada vez más
distantes. Lucio Antonio y sus partidarios estaban decididos
a que hubiese guerra pues querían explotar el descontento generalizado
para acabar con Octaviano y que Marco Antonio
se hiciera con el poder. A Octaviano por su parte no le interesaba una
guerra en ese momento pero se daba cuenta de las verdaderas intenciones
de Lucio Antonio y Fulvia, por lo que
no podía permanecer inactivo. A todos los intereses políticos
había que unir además el odio personal que había
entre Octaviano y Fulvia y los celos
de ésta última hacia Cleopatra. La reconciliación
era poco menos que imposible y cuando Lucio Antonio y
los suyos no tenían excusas se las inventaban.
El hermano menor de Marco Antonio tenía bajo su
mando directo a seis legiones que había reclutado al principio
de su consulado (lo cual aclara bastante sobre sus intenciones desde un
principio). Además contaba teóricamente con los ejércitos
de las Galias cuyos generales eran hombres de Marco Antonio
y habían reclutado más tropas de las que tenían asignadas
tras la marcha de los dos triunviros a Macedonia para enfrentarse a Bruto
y Casio. Octaviano tenía por
su parte cuatro legiones veteranas en Capua, los hombres de su guardia
pretoriana (cuatro mil) y otras seis legiones que había enviado
a Hispania a las órdenes de Quinto Salvidieno Rufo,
a quién ordenó regresar a Italia antes de que llegara a
su destino.
En cuanto a la posibilidad de financiar una guerra a largo plazo la situación
económica era dispar. Mientras Lucio Antonio contaba
con los ingresos de las provincias asignadas a su hermano que estaban
en paz, las de Octaviano estaban todas en guerra y no
tenían comunicación directa con Italia, dado que el mar
estaba dominado por las fuerzas republicanas y para llegar por tierra
desde Hispania había que pasar por las Galias. Por ello tuvo que
tomar "a préstamo" el dinero de los templos de Roma,
Antio, Lanuvio, Nemos y Tíbur; pues en esa época ya casi
nada se consideraba un sacrilegio.
Por otra parte, la población de Italia estaba dividida. Al margen
de los que decidieron huir hasta Sicilia con Sexto Pompeyo,
la mayor parte de las ciudades estaban del lado de Lucio Antonio.
Él había sido el único que había socorrido
a aquellos cuyas tierras fueron arrebatadas por el ejército y temían
correr la misma suerte que las dieciocho seleccionadas en su día
por los triunviros. Octaviano seguía contando
con la fidelidad de sus veteranos pero estaba en una situación
de clara inferioridad frente al cónsul. El resto de la población
se decantaba por una facción u otra según sus propias conveniencias
dado que eran conscientes de que no se trataba de una guerra contra una
nación extranjera sino de un enfrentamiento personal entre sus
gobernantes.
En cuanto al Senado, gran parte de éste estaba con Lucio
Antonio gracias a la influencia de Fulvia y
al resentimiento que había generado Octaviano,
pues entre los senadores tampoco se habían librado de ser expropiados.
Lucio Antonio era su única esperanza y la situación
tan crítica por la que pasaba Roma les obligaba a autoengañarse
y a creerse su supuesto republicanismo. Por otro lado, aún los
que desconfiaban de sus intenciones siempre preferirían a Marco
Antonio que una vez conseguido el poder se limitaría a
entregarse a la buena vida y sería mucho más manejable que
el heredero de César. Muchos de los que debían
su puesto de senador a César seguían leales
a Octaviano pues éste había heredado su
clientela. No obstante, entre éstos habían también
partidarios de Marco Antonio. Al igual que Italia, el
Senado estaba dividido y era un mar de confusión.
Por si Octaviano no tenía aún suficientes
problemas, el republicano Ahenobarbo al mando de una
flota de setenta barcos y contando con dos legiones y auxiliares de infantería
ligera, se dedicó a atacar las ciudades de la costa adriática
de Italia. Con mucha más iniciativa que Sexto Pompeyo
(no hay pruebas de que se aliara con Lucio Antonio) quiso
sacar partido de la situación en Italia y de haber contado con
un ejército mayor o haberse entendido con el amo de Sicilia las
cosas hubieran sido muy diferentes de como fueron. Al llegar a Brindisi,
Ahenobarbo se apoderó de varias trirremes, incendió
otras y obligó a los habitantes de la ciudad a refugiarse tras
sus murallas mientras sus tropas saqueaban la zona. Octaviano
sólo pudo enviar una legión para auxiliar a Brindisi y ordenó
que se comenzaran a reclutar tropas por toda Italia. Lucio Antonio
también había enviado delegados para aumentar sus efectivos
militares y fueron frecuentes las emboscadas y escaramuzas entre éstos
y los enviados por el triunviro.
Como último intento de evitar la guerra, Octaviano
convocó a senadores y caballeros y les hizo saber que aquella sería
inevitable y traería gravísimas consecuencias para Roma.
Por ello les sugirió que se dirigieran a Preneste e hicieran llegar
a Lucio Antonio sus quejas a título personal para
evitar el desastre. Así lo hicieron algunos pero todo fue en vano
porque sólo recibieron excusas de Manio y Lucio
Antonio quienes culpaban de todo a Octaviano.
Llegaron incluso a alegar que la legión que Octaviano
había enviado a Brindisi estaba allí para evitar el desembarco
de Marco Antonio, pues estaban dispuestos a agarrarse
a un clavo ardiendo antes de acceder a las peticiones de paz. La decisión
estaba tomada desde mucho antes y la inevitable guerra iba a comenzar
de un momento a otro.
Las primeras espadas no chocaron en Italia. Sextio (legado
de Marco Antonio) tras haber derrotado a Cornificio
en África había entregado estas provincias a Fuficio
Fango (legado de Octaviano) por orden de Lucio
Antonio. Sin embargo cuando las tensiones aumentaron Lucio
volvió a ordenar a Sextio se hiciera de nuevo
con la provincia y al negarse Fango a ceder el mando
estalló una guerra en la que éste último sería
derrotado un año después y se suicidaría. Por otro
lado Lucio Antonio había convencido al rey Bocco
de Mauritania para que declarara la guerra a Carrinas,
legado de Octaviano en Hispania, para que éste
no pudiera amenazar las provincias de las Galias ni enviar refuerzos a
Octaviano.
En Italia no habían comenzado aún los combates cuando en
la ciudad de Alba Fucens dos legiones del ejército de Lucio
Antonio se rebelaron contra sus oficiales y los expulsaron de
la ciudad. Al enterarse de ello, Octaviano dejó
Roma al mando de Lépido con dos legiones y se
dirigió hacia allí con sus cohortes pretorianas para intentar
atraer a su causa a los amotinados y hacerse con el control de la ciudad
sublevada. No obstante Lucio Antonio se le anticipó
y antes de que desertaran al enemigo consiguió retener a las dos
legiones gracias a sus promesas y a una gran suma de dinero.

Al no poder atraerse a las legiones de Alba Fulcens, Octaviano
se dirigió hacia la ciudad de Nursia e intentó tomarla sin
éxito. Consiguió derrotar a los Sabinos que estaban a favor
de Lucio y tomar la fortaleza que estaba próxima
a la ciudad pero no pudo hacerse con ésta porque fue rechazado
por Tisieno Galo. La razón de que Octaviano
intentara hacerse con ciudades en esa zona era para controlar los puntos
de paso por los que pudieran llegar refuerzos a Lucio Antonio,
dado que la mayor parte de las regiones de Italia, dominadas por sus terratenientes
locales, estaban del lado de su enemigo.
No se trataba sólo de un enfrentamiento entre Octaviano
y Lucio Antonio o entre los partidarios del primero contra
los del hermano de éste. También estaban en juego los intereses
de los grandes y medianos propietarios de toda Italia contra un proletariado
voraz (el ejército) al que temían porque el poder de las
armas y el respaldo de Octaviano les permitían
vengar agravios del pasado. Por otro lado volvía a reaparecer el
viejo fantasma de la Guerra Social. Una vez más las ciudades de
distintas regiones de Italia iban a ver perjudicadas por decisiones arbitrarias
del gobierno de Roma y por ello no dudaron en unirse a Lucio Antonio
para defender sus propios intereses.
Poco
después de fracasar en su intento de tomar Nursia, Octaviano
recibió noticias de que Cayo Furnio, al mando
de un ejército recién reclutado en las colonias del Piceno
y Umbría (donde se había asentado a parte de las legiones
de Marco Antonio), se dirigía al encuentro de
Lucio Antonio en Preneste para unirse a él. El triunviro,
que estaba situado al norte del territorio sabino le atacó por
la retaguardia y lo puso en fuga hacia el norte. Cuando ya estaba cerca
de la ciudad de Sentinum, Furnio se refugió en
una colina y por la noche se adentró en la citada ciudad con parte
de su ejército. Octaviano, que no se atrevió
a continuar la persecución al caer la noche por temor a una emboscada,
prosiguió la misma al día siguiente y sitió tanto
el campamento del ejército enemigo como la ciudad de Sentinum.
Mientras todo esto ocurría, Lucio Antonio, aprovechando
la ausencia de Octaviano, marchó sobre Roma con
su ejército desde Preneste. Antes de llegar, envió una avanzadilla
de tres cohortes que se introdujeron en la ciudad durante la noche. Una
vez se presentó allí con el resto de su ejército
al día siguiente y Nonio, encargado de la vigilancia de las puertas
de la ciudad, no tuvo más remedio que entregarle el mando de las
guarniciones destinadas a defender la misma sin oponer resistencia, pues
previamente las tres cohortes enviadas por Lucio se habían
hecho con el control de la ciudad y Lépido se
había visto obligado a huir.
Ya en Roma, Lucio se ganó al pueblo haciendo demagógicas
promesas sobre la restauración de la República y echando
la culpa a Octaviano y Lépido de
la mala situación que se vivía en ese momento. Les vendió
además el cuento de que Marco Antonio dimitiría
como triunviro a cambio del consulado para de esa manera acabar con el
Triunvirato que era (según él) la causa de todos los males
de Roma. Como era de esperar la población, acuciada por el hambre,
se creyó lo que se les decía pues cuanto más desesperada
es una situación mejor abonado está el terreno para los
demagogos.
Una
vez ganada Roma para su causa, Lucio partió por
la Vía Casia hacia la Etruria meridional donde habían sido
asentados parte de las legiones de Marco Antonio. Allí
reclutó tropas y ordenó que fortificaran las ciudades de
la zona dada su importancia estratégica. Sin embargo no todo le
iba tan bien como esperaba. Barbatio, un ex cuestor de
Marco Antonio que éste había enviado de
vuelta a casa por su mala relación con él, estaba resentido
contra su general y por ende contra Lucio que se suponía que defendía
los intereses de su hermano. Tras marcharse el cónsul a Etruria,
Barbatio se dedicó a difundir por toda Roma el
bulo de que Marco Antonio no apoyaba lo que estaba haciendo
su hermano y que estaba enfurecido con él y con los que luchaban
contra Octaviano. Muchos que creyeron esas mentiras desertaron
de la facción de Lucio Antonio y Roma volvió
a encontrarse dividida.
En esos momentos Quinto Salvidieno Rufo llegaba de la
Galia con sus seis legiones y avanzaba hacia la Italia central perseguido
por Publio Ventidio y Cayo Asinio Polión,
generales de Marco Antonio. A Lucio Antonio
no le interesaba que Salvidieno uniera a su ejército
con el de Octaviano por lo que decidió ir a su
encuentro e interceptarle antes de que llegara a Sentinum para que de
ese modo quedara atrapado entre sus tropas y las de Ventidio
y Asinio. Marco Vipsanio Agripa, que
llegaba a Roma desde Capua con cuatro legiones veteranas de Octaviano,
se percató de las intenciones de Lucio. Las seis
legiones de Salvidieno eran de vital importancia para
la guerra por lo que para evitar que fueran rodeadas tomó por un
rápido asalto la ciudad de Sutrium con la finalidad de atraer a
Lucio hacia su posición. Esta ciudad, situada
en el sur de Etruria y un poco más al norte de Roma, era de gran
importancia estratégica. Desde allí Agripa
y su ejército amenazaban al resto de las ciudades de Etruria, a
la propia Roma y a todo ejército que acudiera a ésta para
unirse al cónsul.

|
La
idea de Agripa funcionó a la perfección
y Lucio Antonio se vio obligado a dirigirse hacia
Sutrium para sitiarle y a abandonar la idea de cortar el paso a Salvidieno.
Éste consiguió llegar finalmente hasta Sentinum y unió
sus tropas a las de Octaviano. Al llegarle la noticia
de que Lucio Antonio se había apoderado de
Roma, Octaviano dejó a Salvidieno
sitiando Sentinum y se dirigió a Roma por la Vía Flaminia
con sus cohortes pretorianas, pues como hijo adoptivo de César
esperaba ganarse a la población de Roma sin luchar ya que el
fallecido dictador tenía el apoyo mayoritario de todas las
clases sociales romanas menos de la primera. Cayo Furnio
salió entonces de la ciudad en persecución de Octaviano
pero no logró darle alcance y entablar combate. Mientras tanto
Salvidieno aprovechó la marcha de Furnio
y de sus tropas para tomar Sentinum que fue saqueada e incendiada.
Nursia, al conocer el destino de Sentinum se rindió a Salvidieno
sin luchar y éste, tras dejar una guarnición allí
se dirigió hacia Sutrium para auxiliar a Agripa. |
Mientras
Octaviano se volvía a hacer con el control de Roma sin
necesidad de presentar batalla, Lucio Antonio, al tener
noticia de que Salvidieno avanzaba hacia su posición
decidió huir hacia el norte con su ejército, pues temía
quedar acorralado entre aquél y Agripa estando
además en inferioridad numérica (cinco legiones contra diez).
Había perdido su ventaja y no le quedaba otro remedio que ir al
encuentro de Ventidio y Asinio para
unirse a ellos con lo que pudiera salvar de su ejército. Agripa
y Salvidieno lo persiguieron con sus respectivos ejércitos
e intentaron acorralarlo sin éxito. Cuando Lucio Antonio
estaba cerca de la ciudad de Perusia (Etruria oriental cerca de Umbria),
ya fuera por cometer el error de no seguir avanzando hacia el norte o
porque se vio obligado por las circunstancias, decidió acampar
allí a la espera de que llegaran Ventidio y Asinio
desde la Galia.

Ello dio tiempo a Agripa y Salvidieno
para cercarlo en su posición. Tras ésto, Octaviano
se unió a ellos con su guardia pretoriana e hizo llamar a todos
los efectivos de los que disponía para que se sumaran al cerco.
Habían conseguido acorralar al comandante en jefe del ejército
enemigo y hacer de la ciudad de Perusia el centro neurálgico de
una guerra que podía haber salido mucho más cara a Italia
de lo que al final resultó. Lucio Antonio, viendo
que estaba rodeado por todas partes y en inferioridad numérica,
decidió no presentar batalla ni proseguir su avance. Ordenó
a Manio que se dirigiera a la posición de Ventidio
y Asinio para que los apremiara a llegar en su ayuda
y puso a Tisieno Galo al frente de cuatro mil jinetes
para que intentara saquear las provisiones del ejercito de Octaviano
y obligarle así a levantar el sitio. Él por su parte entró
en Perusia, que estaba ubicada sobre una colina y fuertemente fortificada,
y se quedó allí para esperar la llegada desde el norte de
los generales de Marco Antonio.
Octaviano y sus generales, ante la dificultad de asediar
la ciudad prefirieron rendirla por hambre. Tras mandar a un contingente
de tropas hacia el norte para que entretuvieran a los generales de Marco
Antonio cuando llegaran, Octaviano ordenó
construir una empalizada y un foso alrededor de Perusia formando una circunvalación
con un perímetro de cincuenta y seis estadios (poco más
de diez kilómetros) y ordenó extender ramales por el Tíber
para que no se pudiera introducir nada en la ciudad. Lucio Antonio,
que esperaba optimista la llegada de los generales de su hermano, ordenó
construir otra empalizada y otro foso en la base de la colina sobre la
que estaba situada la ciudad. Ignoraba que Ventidio y
Asinio no sabían qué hacer porque ambos
eran contrarios a esa guerra, no conocían la opinión de
Marco Antonio sobre la misma y ninguno de los dos quería
ceder el mando al otro.
Estando
así las cosas, tuvo que ser la enérgica Fulvia la que diera
un poco de cohesión a la facción de Lucio Antonio.
Junto con Manio, logró convencer finalmente a Asinio
y a Ventidio para que acudieran a Perusia a socorrer
a su cuñado, pero Caleno que con sus once legiones
veteranas hubiera sido decisivo continuó inactivo. Por otro lado
ella misma reunió otro ejército más entre los veteranos
de Marco Antonio y ordenó a Lucio Munacio
Planco que acudiera igualmente a Perusia para hacérselo
llegar a su cuñado.
| Mientras Ventidio
y Asinio se dirigían desde el norte hacia
Perusia, Planco interceptó a una legión
de Octaviano que acudía a sitiar la ciudad y acabó con
ella. Una vez se empezaron a acercar a Perusia los ejércitos
que venían a auxiliar a Lucio Antonio,
les salió al paso el de Octaviano y Agripa.
Los generales de Marco Antonio no avanzaban con decisión
ni estaban compenetrados unos con otros como consecuencia de que carecían
de un líder. Contaban con un total de trece legiones y seis
mil auxiliares de caballería, pero era un ejército acéfalo
dirigido por tres generales que seguían sin ponerse de acuerdo
en quién debía asumir el mando. Ni siquiera eran capaces
de coordinar un ataque por no confiar unos en otros y tampoco estaban
seguros |
|
|
de estar haciendo lo correcto. En la otra facción el liderazgo
de Octaviano era indiscutible. Agripa
y Salvidieno eran hombres de oscuros orígenes
que le debían su prosperidad, hecho que lo convertía
en su líder natural pese a no ser un gran militar. |
Perusia,
plano del siglo XVIII, no mucho mas extensa que la ciudad
Clásica. |
|
Como consecuencia
de sus indecisiones, Ventidio, Planco
y Asinio no presentaron batalla y se retiraron
a distintas ciudades porque ni para eso se ponían de acuerdo.
Asinio se dirigió a Rávena, Ventidio
a Ariminium y Planco a Spoletium (al norte de Umbría).
Octaviano puso un ejército frente a cada
ciudad ciudad y volvió a Perusia con el resto de sus tropas
para proseguir el sitio. Tras volver al cerco de Perusia y aprovechando
la inactividad del enemigo, ordenó que reforzaran las construcciones,
aumentaran la anchura y profundidad del foso, elevaran la altura
de los muros y que colocaran a lo largo de ella un total de mil
quinientas torretas de madera. Además hizo construir almenas
y otros dispositivos hacia dentro y hacia fuera de la ciudad, de
modo que |
sirvieran tanto para repeler un ataque de los sitiados como de los
refuerzos que pudieran llegar a éstos desde el exterior. Al
mismo tiempo que se hacían estas construcciones se realizaban
escaramuzas y combates entre ambos ejércitos sin que en ningún
momento pudieran los soldados de Lucio Antonio romper
el bloqueo ni impedir que se terminaran los trabajos.
|
En poco
tiempo se fueron acabando las provisiones que había en Perusia
y el hambre hizo acto de presencia. Lucio intentó
en varias ocasiones salir con su ejército y plantar cara a los
sitiadores pero al final siempre eran rechazados porque Octaviano
había ordenado reforzar la vigilancia por todas partes aprovechando
la superioridad numérica de su ejército. No obstante el
tiempo no corría totalmente en favor del triunviro porque el hambre
también estaba presente en el resto de Italia y no había
tropas suficientes para mantener el orden. En Roma, la plebe estaba harta
de la situación y viendo que el poco trigo que había estaba
fuertemente custodiado por los soldados, a quienes iba destinado, se dedicaron
a maldecir en público a la guerra y saquearon las casas de la ciudad
en busca de alimentos. Si Lucio se hubiera asegurado
una alianza con Sexto Pompeyo o éste se hubiera
decidido a atacar por cuenta propia en esos momentos, la situación
hubiera sido tremendamente complicada para Octaviano.
Ventidio, Asinio y Planco
se avergonzaron de que Lucio estuviera en esa situación
por su falta de actividad y coordinación. Por ello decidieron salir
de las ciudades y dirigirse hacia Perusia para intentar romper su aislamiento.
Las tropas que estaban destinadas a retenerles les atacaron sin conseguir
impedir su avance pero cuando Agripa y Salvidieno
se dirigieron contra ellos con la mayor parte del ejército de Octaviano,
temieron verse rodeados y se retiraron hacia la fortaleza de Fulginium,
situada a unos ciento cincuenta estadios (unos veintiocho kilómetros)
de Perusia y fueron sitiados allí por Agripa.
Los tres generales seguían sin saber que hacer. Mientras Ventidio
y Asinio eran partidarios de luchar, Planco
opinaba que era mejor aguardar acontecimientos porque si salían
de la fortaleza se arriesgaban a ser rodeados por los ejércitos
enemigos. Al final permanecieron inactivos, posiblemente por no llegar
a un acuerdo entre ellos más que por prevalecer la opinión
de Planco. La carencia de un líder en su facción
estaba siendo decisiva para la guerra.
Lucio Antonio intentó forzar el cerco en varias
ocasiones más sin éxito. Finalmente, viendo las penosas
condiciones en que estaba su ejército y la ciudad debido al hambre
y a las continuas derrotas que habían sufrido, empezó a
considerar la posibilidad de una rendición. Las cosas estaban tan
mal que tuvieron que dejar de alimentar a los esclavos y cuando muchos
de estos morían de hambre tras estar días y días
deambulando en busca de algo que llevarse a la boca, los enterraban en
fosas comunes. El tiempo pasaba lentamente y ni habían podido romper
el cerco ni llegaban los auxilios desde el exterior. Al empezar a hacerse
frecuentes las deserciones en su ejército, dado que Octaviano
había ordenado tratar con benevolencia a los que huían,
terminó por decidirse. El cónsul temía que de prolongarse
la situación sus soldados terminaran amotinándose y entregándole
a Octaviano. Al percatarse de que la resistencia era
inútil decidió establecer negociaciones y finalmente llegó
la rendición (9).
Los
principales enemigos de Octaviano que se habían
unido a Lucio Antonio y los miembros del Consejo de la
ciudad de Perusia fueron ejecutados (10)
mientras que Lucio Antonio, de momento, fue perdonado
porque vivo era más útil para el triunviro. Perusia fue
pasto de las llamas en su totalidad salvo el Templo de Vulcano y una estatua
de Juno (11) que
sería llevada a Roma por orden de Octaviano. Fue
el final de la larga historia de esta ciudad que había sido una
de las doce principales de los etruscos. No mucho después sería
reconstruída con el nombre de Colonia Vibia Augusta cuyo dios titular
fue Vulcano. A día de hoy es conocida como Perugia.
| VI.
SITUACIÓN TRAS LA GUERRA |
Después de la rendición de Perusia; Ventidio,
Asinio y Planco no le vieron sentido
a continuar la guerra que Lucio Antonio había
empezado y en la que nunca quisieron implicarse. Planco
abandonó a sus tropas que eligieron a Ventidio como general y huyó
de Italia por su cuenta. Asinio se dirigió con
sus siete legiones hacia el nordeste de Italia y retuvo la región
del Véneto en favor de la facción de Marco Antonio.
De los movimientos de Ventidio no existen datos. Posiblemente
ayudara a Asinio a controlar algunas de las ciudades
de la costa nororiental de Italia. Sólo con un ejército
tan poderoso como el que resultaba de la suma de las tropas de Asinio
y Ventidio se entiende que las ciudades de esa zona siguieran
leales a Marco Antonio sin que Agripa pudiera hacer nada
por evitarlo.
Asinio consiguió además atraer a Ahenobarbo
(que posiblemente controlaba algunas ciudades costeras de la zona) hacia
la facción de Marco Antonio junto con su flota
de más de setenta barcos de guerra y las tropas con las que contaba.
Ambos escribieron a Alejandría para dar noticia a su general de
todo lo que había sucedido y de que estaban preparando varios lugares
para que pudiera desembarcar en Italia donde también esperaban
Ventidio y Caleno.
El resto de los republicanos y partidarios de Marco Antonio
que habían apoyado a su hermano Lucio se retiraron
en direcciones diferentes hacia las ciudades costeras. Unos se dirigieron
al este (Rávena) y otros hacia el suroeste (Brindisi y Tarento)
para escapar hacia Grecia. Otros en cambio decidieron huir hacia Sicilia
para unirse a Sexto Pompeyo. Octaviano,
queriendo sacar partido de su desunión, los hizo seguir por sus
hombres quienes les proponían la paz mientras les acosaban sin
presentarles batalla. Sin embargo sólo Agripa
consiguió que dos legiones de la otra facción desertaran
a él. El resto permanecieron leales a sus generales, pues pese
a la derrota de su hermano y la adversidad de las circunstancias, el nombre
de Marco Antonio seguía teniendo un grandísimo
prestigio entre los soldados.
Fulvia
y sus hijos huyeron desde Preneste hacia Puteoli desde donde fueron
escoltados por Planco y tres mil jinetes hasta Brindisi.
Allí subieron a uno de los cinco navíos de guerra que
había enviado Censorino desde Macedonia y
zarparon en rumbo a Grecia. También consiguieron salvarse algunos
de los principales aliados de Lucio Antonio como
fueron los casos de Cayo Furnio, Tisieno
Galo o Tiberio Claudio Nerón (12)
junto a su esposa Livia Drusila y su hijo de dos
años (13).
Octaviano por su lado tampoco se quedó de
brazos cruzados. La mayor parte de las ciudades que se oponían
a él no opusieron resistencia tras la rendición de Perusia
pero aún no se sabía si Marco Antonio
declararía la guerra o si preferiría llegar a un acuerdo,
razón por la que no atacó a los generales de Marco
Antonio ni a las ciudades que controlaban. En cualquier caso,
Caleno, que estaba al mando de once legiones cerca
de los Alpes y era junto con Ventidio el hombre más
leal a Marco Antonio, suponía un serio peligro
que no pensaba dejar a sus espaldas. Por ello Octaviano
se dirigió a encontrarse con él y atraerse a ese numeroso
ejército. Lo cierto es que quiso el azar (o tal vez por circunstancias
que no conocemos), que Caleno muriera antes de que
Octaviano se presentara allí. El hijo de Caleno,
que llevaba su mismo nombre, no se atrevió a luchar contra
Octaviano tras morir su padre y le cedió el
mando de sus once legiones de veteranos. |

| Octaviano.
Museo Arqueológico de Estambul (foto Satrapa1). |
|
Octaviano,
sin demasiadas complicaciones se hizo entonces con el control de las provincias
de Marco Antonio en occidente y después de nombrar
a sus propios gobernadores y repartir a sus legiones regresó a
Roma (14). Salvidieno
quedó al mando de la Galia y Lucio Antonio de
Hispania. Éste último era más un prisionero que un
gobernador, pues sus lugartenientes que eran los anteriores gobernadores
de las dos provincias hispanas y hombres leales a Octaviano
tenían orden de vigilarlo. Tras su nombramiento como gobernador
de Hispania del hermano menor de Marco Antonio no se
sabe nada más. Las circunstancias de su muerte también nos
son desconocidas....
En menos de un año la difícil situación de Octaviano
en Italia había dado un giro importante. La habilidad de Marco
Vipsanio Agripa y la falta de entendimiento entre los generales
de Marco Antonio; habían traído como consecuencia
un cambio en el equilibrio de poder en el mundo occidental romano. Sin
embargo Octaviano sabía que aún no estaba
todo ganado y que había que sacar partido a la victoria. Marco
Antonio no se iba a quedar de brazos cruzados cuando se enterara
de lo ocurrido y aún estaba pendiente de resolverse la caótica
situación en la que se encontraba Italia. No le convenía
una guerra con Marco Antonio en ese
momento del mismo modo que tampoco la hubiera querido un año antes.
Además, seguramente le habrían llegado noticias de la invasión
pártica y sabía que lo mejor para Roma era formar un frente
común con aquél para que se encargara de los problemas en
oriente mientras él hacía lo propio con los de occidente.
No obstante, si al final tenía que luchar lo haría hasta
el final con la misma determinación que lo había hecho hasta
el momento.
Notas..
1.Sin
embargo no tomó posesión de la misma hasta más
de un año después debido a los sucesos que iban a
ocurrir.Volver
2. La Lex Voconia era un
plebiscito del año 169 a.C que impedía a las mujeres
ser instituídas como herederas por ciudadanos de la primera
clase salvo que se tratara de vestales. Con el paso del tiempo su
aplicación fue cayendo en desuso, pero formalmente no fue
abolida hasta la época de Justiniano. Este tipo de excepciones
al cumplimiento de la citada norma no eran frecuentes aún
en aquella época, pero se conocen otros casos como el de
la madre de Fulvia (Sempronia), el de su bisabuela (Cornelia) o
el de la esposa de Cicerón (Terencia)Volver
3. Lucio Antonio, que llegó
a ser cónsul gracias a su hermano, había querido comenzar
su mandato celebrando un triunfo por todo lo alto por haber derrotado
a un pequeño pueblo de los Alpes. Lo cierto es que en circunstancias
normales ni siquiera hubiera merecido uno normal. Mientras Fulvia
se negó a concedérselo no tuvo nada que hacer, pero
en cuanto su cuñada cambió de idea el Senado lo consintió
y pudo celebrarlo con la misma ostentación que si hubiera
derrotado a los Cimbrios y a los Teutones sesenta años antes.Volver
4. Octaviano era en su juventud
un hombre de aspecto aniñado y bien parecido. Por lo general
en la Roma de la época a quienes eran así sus enemigos
los acusaban de homosexuales por tener una apariencia considerada
poco viril. Sabemos por Suetonio que Sexto Pompeyo lo tenía
por afeminado, Marco Antonio lo acusaba de haber comprado la adopción
de César a cambio de "determinados favores" y Lucio
Antonio de haber hecho lo mismo con Hircio a cambio de trescientos
mil sextercios. Octaviano nunca pareció preocuparse por tales
acusaciones y pese a toda la legislación que promulgaría
años después para restablecer la institución
del matrimonio y la moralidad de la sociedad, ni sus mejores amigos
negaban que fue uno de los mayores adúlteros de su época.
Volver
5. Era el administrador de
los negocios de Marco Antonio y posiblemente amigo de Fulvia. Volver
6. Sexto Pompeyo era el hijo
menor de Pompeyo el Grande. Tras derrotar César a su hermano
Cneo y a Tito Labieno en la batalla de Munda, huyó de Hispania
y al frente de los barcos de la escuadra republicana se dedicó
a la piratería. Con el tiempo los antiguos soldados de su
padre y otros enemigos de César se unieron él y consiguió
hacerse con una fuerza naval importante. César envió
contra él a Carrinas y posteriormente a Asinio pero no consiguieron
derrotarle. Tras la muerte del dictador, el Senado concedió
a Sexto, a instancia de Marco Antonio, el mando de la flota romana
además de una indemnización por la pérdida
de las propiedades de su padre. Durante el segundo Triunvirato se
hizo con Sicilia y se convirtió en la cabeza de la resistencia
republicana. Gran parte de los republicanos, proscritos y demás
descontentos con el Triunvirato se exiliaron en Sicilia y se unieron
a él. Tras Filipos, las fuerzas navales de Casio y Bruto,
que estaban dirigidas por Murco y Ahenobarbo no llegaron a ser derrotadas
y mientras el primero se dirigió a Sicilia para unirse a
Sexto, el segundo prefirió hacer por su cuenta la guerra
al Triunvirato.Volver
7.Tras el reparto de las
provincias, cuando se constituyó el Triunvirato, Sextio que
gobernaba el África Nova reclamó en nombre de Octaviano
la provincia del África Vetus. Cornificio, que era republicano
y estaba al mando de ésta última se negó a
cederla y estalló una guerra en la que finalmente Sextio
vencería. Volver
8. Según Apiano fue
por iniciativa de los propios oficiales y según Dion Casio
a instancias del propio Octaviano, quién temía que
estallara una guerra porque Ventidio y Caleno (generales de Marco
Antonio) habían bloqueado en el paso en los Alpes a las seis
legiones de Salvidieno que Octaviano había enviado a Hispania
para hacerse con el control efectivo de las provincias que le correspondían.
Es muy posible que Octaviano viéndose entre la espada y la
pared quisiera, si no llegar a un entendimiento al menos aliviar
las tensiones con sus enemigos hasta donde fuera posible. El encuentro
debió tener lugar en el verano del 41 a.C. Volver
9. A finales de Febrero o
principios de Marzo del año 40 a.C. Volver
10. Existen discrepancias
en las fuentes sobre el trato que dio Octaviano a los vencidos.
Según Apiano y Livio (Periocas) entre otros, Octaviano se
mostró benevolente con los soldados que lucharon contra él
y con los habitantes de Perusia pero fue implacable con sus enemigos
personales y con los gobernantes de la ciudad a los que ordenó
ejecutar. Según otros como Dion Casio o Suetonio, Octaviano
no perdonó a nadie e hizo aniquilar al ejército enemigo
y a los habitantes de Perusia, mientras que Veleyo se muestra ambiguo
al respecto. Personalmente me inclino por la versión apianea
que es, entre otras cosas, la mejor documentada. Octaviano era un
hombre al que no le temblaba la mano para firmar una sentencia de
muerte pero no ganaba nada haciendo matar a tantos soldados que
podían servirle vivos. Ya fuera por su propia iniciativa
o por las presiones de su ejército me inclino a pensar que
sólo acabó con la vida de los miembros del Consejo
de la ciudad y de sus enemigos personales más poderosos.
Según Dion Casio, Suetonio y Séneca se llevó
a cabo una hecatombe con trescientos senadores y caballeros que
fueron inmolados en un altar erigido en honor a César durante
los Idus de Marzo. En mi opinión son exageraciones.Volver
11. De nuevo se dividen
las versiones. Según unas (Apiano, Livio y Veleyo), antes
de que Octaviano entregara la ciudad a los soldados para que la
saquearan, Cestio Macedónico, uno de los hombres principales
de la ciudad, prendió fuego a su casa y se arrojó
en él. El incendio se extendió a toda la ciudad que
quedó destruida. Según las segundas el propio Octaviano
ordenó que la quemaran tras el saqueo y la matanza de sus
habitantes y del ejército enemigo.Volver
12. Que había encabezado
un levantamiento en Campania contra Octaviano.Volver
13. El futuro emperador
Tiberio, sucesor de Augusto.Volver
14.
Estos sucesos ocurrieron en verano
del año 40 a.C.Volver
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