Tras la rendición
de Samosata terminaba la reconquista de Siria. Sólo faltaba derrotar
a Antígono en favor de Herodes pero esa guerra, que terminaría
un año después, era una cuestión interna de Roma
al margen de los Partos. Marco Antonio no se olvidó de Herodes
que era sin duda su mejor aliado en Oriente. Tras recibirlo con todos
los honores que merecía como rey a su llegada a Samosata y una
vez acordada la rendición de Antíoco y firmada la paz, el
triunviro nombró a su legado Cayo Sosio nuevo gobernador de Siria
y le ordenó expresamente que colaborara con Herodes para derrocarar
a Antígono poniéndolo al mando del ejército que habían
en Siria en ese momento.
Tras ésto el triunviro abandonó Siria en dirección
a Egipto... Posiblemente ya se tramaba en su mente una expedición
de castigo contra los Partos que llevaría a cabo poco después.
Las victorias de Publio Ventidio y las posteriores de Publio Canidio Craso
frente a los Iberos y Albanos que además obligaría a Artabaces
de Armenia a aliarse de nuevo con Roma, reportaron al triunviro un prestigio
igual o mayor que el que tuviera Pompeyo el Grande en Oriente. Si embargo
eso no era suficiente para él y tras reorganizar la política
de alianzas con los pueblos orientales vasallos de Roma prepararía
un enorme ejército de invasión para evitar que una nueva
amenaza pártica volviera a surgir en el futuro. El perseguir su
propia gloria y su falta de previsión a largo plazo impidieron
ver a Marco Antonio que el más peligroso de sus enemigos no estaba
al este del Eúfrates sino al oeste de Escodra. Un error que le
costaría muy caro y terminaría pasándole factura.
Después de regresar de Samosata y vengar la muerte de su hermano
José que moriría combatiendo contra las tropas de Antígono,
Herodes se unió a Cayo Sosio y entre ambos sitiaron Jerusalén
durante seis meses. La ciudad no sería conquistada hasta finales
del 37 a.C. Durante el asedio final, cuando ya las tropas romanas y los
mercenarios de Herodes habían tomado la ciudad y se entregaban
a la matanza de sus enemigos, Antígono se entregó arrodillado
a Sosio suplicándole por su vida. El general romano se burló
del último monarca Asmoneo saludándolo como "Antígona"
y tras la conquista de la ciudad lo envió encadenado a Antioquía.
Marco Antonio tenía pensado hacerlo desfilar en su triunfo como
prisionero para su mayor gloria, pero dado que la mayor parte del pueblo
judío no aceptaba a Herodes como nuevo rey y éste le insistía
en la convenciencia de ejecutarlo cuanto antes, con alguna bolsa de dinero
como mejor argumento, el triunviro accedió finalmente a los deseos
de aquél y Antígono terminó sus días siendo
públicamente azotado y decapitado.
Fue el inicio del reinado de quién pasaría a la Historia
como Herodes el Grande, uno de los reyes más poderosos que tuvieron
los judíos al tiempo que uno de los más odiados por su pueblo.
Aborrecido por la mayor parte de sus súbditos, Herodes se vio obligado
a gobernar por la fuerza. Al igual que había ocurrido con otros
mucho antes el poder lo aisló internamente, pues se vió
obligado a luchar por mantenerse en él que era lo mismo que luchar
por su vida. Posiblemente las muertes de su padre y de sus hermanos Fasael
y José, por quienes parece que sentía verdadero afecto,
marcaron un antes y un después en la vida del idumeo. Había
conseguido llegar a ser rey pero tal vez el precio que tuvo que pagar
por ello fue demasiado alto. Sin duda se puede decir de él que
fue un gran político por muchas razones, pero su aislamiento interno
y desconfianza hacia todos (justificable en muchas ocasiones) lo llevaron
a rozar la paranoia. Tal vez sea esa la verdadera explicación de
las atrocidades que cometería durante su reinado.
Phraates IV por su parte demostró ser digno hijo de su padre. Tras
permanecer a la sombra de Pacoro durante toda su vida no desaprovechó
la oportunidad que se le presentó y una vez asesinado Orodes hizo
lo mismo con sus treinta hermanos y con su propio hijo. Poco después
organizaría con éxito la defensa del Imperio Parto frente
a la invasión de Marco Antonio, pero al contrario que Orodes no
supo sacar partido de sus victorias. Carente del tacto político
de su progenitor se enemistó con la aristocracia pártica
hasta el punto que fue derrocado por ésta en favor de Tirídates
I. Posiblemente no comprendía que la centralización del
poder debía conseguirse gradualmente y el querer llevar las cosas
demasiado lejos en aquel momento histórico le llevó a perderlo
todo.
No obstante resurgió de sus cenizas y tras aliarse con los escitas
consiguió derrocar a Tirídates y reconquistar el trono,
en el que permanecería hasta el año 2 a.C cuando una de
sus esclavas le dio muerte. De él también podríamos
decir también que fue un buen político dado que se mantuvo
en el poder aún más tiempo que su padre. Sin embargo no
llegó a ser tan poderoso como aquél pues carecía
de su capacidad de liderazgo. Entre sus logros más destacados cabe
citar el acuerdo de paz que firmaría con Augusto en el 20 a.C.
Este tratado acabaría con los enfrentamientos entre Roma y el Imperio
Parto que no volverían hasta mediados del siglo siguiente cuando
ambas potencias se enfrentarían por el dominio de Armenia (ver
artículo de Sátrapa1 sobre Corbulón). Con este acuerdo
Augusto consiguió además la devolución de todas las
águilas arrebatadas a las legiones romanas y de los supervivientes
del ejército de Craso que aún permanecían en Antioquía
de Margiana y quisieron regresar a Roma.
El débil y bondadoso Hircano no moriría a manos de los partos.
Al marcharse Pacoro de Siria en el año 40 a.C, una vez finalizada
su conquista, se lo llevó encadenado a sus tierras (posiblemente
a Ctesifonte) donde permaneció prisionero en una celda. No obstante
al llegar al trono Phraates IV se portó muy bien con el judío.
Tras informarse de su noble ascendencia y percatarse de que era inofensivo,
lo liberó de su prisión y le permitió vivir en la
comunidad judía de Babilonia donde el viejo Asmoneo era muy querido.
Al enterarse de que Herodes había sido coronado rey tras derrotar
a Antígono, Hircano pidió al Rey de los partos que le permitiera
regresar y éste se lo concedió. El propio Herodes había
intercedido también para que Phraates IV accediera a la petición
de Hircano y si bien lo trató con respeto y deferencia durante
años, su verdadera intención era tenerlo controlado o incluso
hacerlo matar si le era conveniente, como de hecho ocurriría años
después.
Como habíamos visto, Publio Ventidio fue relevado del mando durante
el asedio de Samosata. Cualquiera que fueran sus pensamientos al llegar
Marco Antonio y quitarle el mando jamás los sabremos, pues Ventidio
era ante todo un militar y como tal asumió en silencio la orden
de su superior. Tras firmarse la paz, regresó a Atenas donde Marco
Antonio haría que se le rindieran los honores que merecía.
Del mismo modo que las victorias militares de Agripa redundarían
en el prestigio y la gloria de Octaviano/Augusto, las de Ventidio lo hicieron
en los de Marco Antonio. El Senado de Roma no reconoció absolutamente
nada al viejo mulero y todos los méritos serían para el
triunviro. No obstante éste último, que pese a lo que digan
sus más acérrimos detractores era un hombre con sentido
del honor, no permitió que toda la gloria fuera para él
y a finales de ese mismo año (38 a.C) permitió al mejor
de sus generales regresar a Roma para celebrar su triunfo.
Quién había paseado encadenado por las calles de Roma durante
el desfile triunfal de Pompeyo Estrabón muchos años antes,
terminó su vida pública siendo aclamado por el Pueblo y
disfrutando de aquellos mismos honores triunfales como general, siendo
además el primer romano que los celebró por derrotar a los
Partos. No sabemos que fue de él a continuación pues las
fuentes guardan silencio. Posiblemente cansado por los años (era
de la misma generación de César, tal vez un poco más
joven) decidió retirarse de la vida pública y moriría
poco después. Las últimas noticias que tenemos de él
son que Salustio le dedicó un encomio para que el viejo mulero
lo leyera (tal vez ante el Senado) y que a su muerte tuvo un sepelio público
con todos los honores que merecía.
Hoy, en la ciudad italiana de Ascoli (Asculum Picenum), existe un teatro
famoso en toda Italia que lleva su nombre. Un más que merecido
homenaje que perpetúa el nombre de aquel viejo mulero que nunca
se rindió ante la adversidad.
Carlos Javier
Pacheco López, octubre 2004.
Ocehcap076@hotmail.com
BIBLIOGRAFÍA 1.
FUENTES
Historia Romana, Apiano.
Historia Romana, Dion Casio.
La Guerra de los Judíos, Flavio Josefo.
Antigüedades Judías, Flavio Josefo.
Vidas Paralelas, Plutarco.
Epítome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo,
Justino.
Geografía, Estrabón.
Epítome de la Historia de Tito Livio, Floro.
Historia Romana, Veleyo Patérculo.
Estratagemas, Frontino.
Noches Áticas, Aulo Gelio.
Historia Natural, Plinio el Viejo.
Hechos y dichos memorables, Valerio Máximo.
Breviario de Festo.
Historias, Orosio.
Periocas de Tito Livio.
Breviario de Eutropio.
Vida de los doce Césares, Suetonio 2.
LIBROS DE CONSULTA
La herencia de Persia, Richard Frye, Editorial Guadarrama.
La Revolución Romana, Ronald Syme, Editorial Taurus.
Antiguos Imperios Orientales: Partos y Sasánidas, Juan Francisco
Rodríguez Neila, Club Internacional del Libro. |

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