Una larga y dilatada carrera de armas

Helvio Pertinax (en las imágenes adjuntas ya como emperador).

De orígenes, según se dice, relativamente acomodados, hijo de un liberto dedicado al comercio de la lana, ejerció durante sus primeros años de gramático, pues no en vano había recibido una esmerada educación de manos de varios reconocidos maestros.

Probablemente aburrido de su oficio, solicito, y obtuvo, del patrón de su padre, Loliano Avito (cónsul en el 144) la dignidad de centurión, enrolándose así en el ejercito. Fue ascendido pronto a praefectus cohortis de una de las legiones establecidas en Siria (durante el gobierno de Antonino Pio). Se comporto con gran valor en la guerra partica por lo que fue promocionado siendo entonces destinado a Britannia con un cargo que desconocemos y en donde permaneció un cierto tiempo. Desde allí fue destinado luego a Mesia como praefectus alae (de la caballería auxiliar, un destacamento de 1.000 jinetes). Su siguiente destino, ya administrativo, es de praefectus alimentorum para la Via Emilia (Italia). Posteriormente pasa a comandar la Classis Germaniae, la flota romana del Rhin. Y de allí a la Dacia, como ducenarius, es decir, supervisor de las finanzas de la provincia, un cargo que le trajo muchos sin sabores, pues se hizo sospechoso de malversación, perdiendo entonces la confianza del emperador fue cesado en sus obligaciones.

 

Retirado y con su reputación resentida, fue llamado por T. Claudio Pompeyano a servir en sus fuerzas como jefe de la caballería. Pompeyano es el yerno de Marco Aurelio, el emperador, y es el tiempo en que los marcomanos irrumpen en Italia sitiando Aquileia. Pertinax, como sabemos, se destaca brillantemente en esta guerra, siendo entonces recompensado por el emperador introduciéndolo en el senado, para entonces su honor se encuentra ya restablecido al haberse descubierto que las sospechas levantadas contra el durante su estancia en Dacia formaban parte de la típica conspiración organizada para, seguramente, deshacerse de un funcionario insobornable.

La guerra continua, Pertinax es nombrado legado de la I Adiutrix, y enviado a expulsar de Raetia y Noricum a los marcomanos que pretendían asentarse en ella, acción que parece llevo adelante brillantemente y por la que se gano, de mano de Marco Aurelio, el consulado. Para entonces cuenta ya con todo el aprecio del emperador, que lamenta no poder elevarlo a la dignidad de prefecto del pretorio (jefe de la guardia pretoriana) por pertenecer al rango senatorial, a quienes estaba vedado el cargo. Enviado posiblemente a Siria, quizás como legado de alguna legión, tuvo que abandonar su puesto en el 175 para regresar al frente del Danubio, en donde la guerra se recrudecía.

Es ahora gobernador de Mesia Superior e Inferior, y poco después, de la Dacia (179). Finalmente y como broche a su brillante carrera, recibe el prestigioso cargo de gobernador de Siria. Allí, y tras la muerte de Marco Aurelio, parece que se dejo llevar ya por las tentaciones inherentes a su cargo, pues regreso a Roma bastante mas rico que cuando salió de Dacia. Por primera vez pisaba la curia romana, pues hasta entonces había siempre ejercido, hasta siendo cónsul, fuera de la capital.

Ya en tiempo de Cómodo, se gano la confianza del joven emperador quien le utilizo para poner fin a una serie de sediciones que se venían dando en Britannia, siendo enviado allí seguramente como gobernador de la provincia. Luego, tras pasar por otro cargo civil, fue procónsul de África, y, finalmente, nombrado por Cómodo prefecto de Roma. Desde su nuevo cargo se unió a la conspiración para acabar con la vida del emperador, cosa que se llevo adelante con éxito. Sucedió Pertinax a Cómodo, su prestigio y las ventajas tácticas inherentes al cargo que ostentaba de cara a la lucha por el poder le elevaron por encima de otros posibles candidatos como el conocido yerno de Marco Aurelio, T. Claudio Pompeyano. Nombrado pues emperador, no duro mucho sin ser derribado por sus propios pretorianos. Su gobierno, en el que se podían ver trazas de un regreso a los tiempos de mayor orden y coherencia, no fue bien recibido por todos los que, acostumbrados ya a los largos años de disolución protagonizados por Cómodo, no querían perder sus prerrogativas y beneficios adquiridos.