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Ambos
reyes, acampados ya durante cinco días uno frente al otro, estaban
dispuestos a decidir por las armas quien era el dueño de la Celesiria,
corría el 22 de junio del 217 a.C.
Tolomeo empezó a hacer salir a sus tropas de su atrincheramiento
y así mismo, Antíoco, sacó las suyas para oponérsele.
Ambos reyes situaron frente a frente sus falanges con sus tropas escogidas
armadas al modo macedonio. Las dos alas de Tolomeo presentaban
el dispositivo siguiente:
Polícrates con su caballería, mandaba el ala izquierda.
Entre éste y la falange, estaban los cretenses, en contacto con
la caballería. Seguía, a continuación la escolta
real.
Después venían los peltastas de Sócrates y,
junto a ellos, los Áfricanos armados al modo macedonio. En el ala derecha
estaba Equécrates el tesalio con su contingente de caballería
propio, a su izquierda formaban los galos y los tracios.
A continuación seguían los mercenarios griegos, a las ordenes
de Fóxidas, y pegada a ellos la falange egipcia.

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En
cuanto a los elefantes, había 40 en el ala izquierda, que
era donde Tolomeo iba personalmente a combatir; los 33 restantes
fueron situados delante del ala derecha, a la altura de la caballería
mercenaria. Antíoco colocó a 60 de sus elefantes,
mandados por Filipo, amigo suyo de la infancia, delante,
delante del ala derecha, en la cual iba él a pelear contra
Tolomeo. Detrás de los elefantes colocó, en
formación lineal, a 2.000 jinetes, a las ordenes de Antípatro,
y dispuso otros 2.000 que formaron en ángulo recto con ellos.
Al lado de la caballería situó, de frente, a los cretenses.
Alineó a continuación a los mercenarios griegos, apoyados
al igual que el cuerpo armado a la Macedonia, por 5.000 hombres
del macedonio Bitaco. Emplazo en el extremo del ala izquierda
a 2.000 jinetes a las ordenes de Temiso, junto a estos situó
a los cardaces y a los lanceros lidios y a continuación,
la infantería ligera, unos 3.000, a las ordenes de Menedemo.
Seguían los cisios, los medos y los carmanios y luego los
árabes y sus pueblos vecinos en contacto ya con la falange.
Al resto de los elefantes, Antíoco los colocó
delante del ala izquierda; los conducía Músico,
que antes había sido paje real.
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Ordenados
de esta manera los dos ejércitos, ambos reyes recorrieron sus líneas
frontales, acompañados de los oficiales y los cortesanos. Habían
depositado sus máximas esperanzas en las falanges, y fue antes estas
formaciones donde pusieron el máximo ardor en sus arengas. Ante las
de Tolomeo hablaron Andrómaco, Sosibio y la
hermana del rey, Arsínoe; ante las de Antíoco, Teodoto
y Nicarco, pues los oficiales mencionados eran los que mandaban,
en ambos ejércitos. El contenido de las alocuciones venia a ser en
ambos casos muy similares. Ninguno de los dos monarcas podía aducir
alguna hazaña brillante realizada por él: hacia muy poco tiempo
que habían asumido el imperio; intentaban infundir en sus falanges
coraje y aliento recordándoles la gloria de los antepasados y las
gestas realizadas por ellos. Pero,
por encima de todo, proponían las máximas recompensas para
el futuro tanto a los oficiales como a los soldados, para invitarles y exhortarles,
así, que en la batalla inminente se comportaran de manera noble y
varonil. Todo esto y otras cosas por el estilo lo decían montados
a caballo; o hablaban en persona o por medio de interpretes. Y cuando en
su marcha, Tolomeo y su hermana, alcanzaron el extremo izquierdo
de toda su formación, y Antíoco, con su escuadrón real,
el derecho, se dio la señal de inicio del combate, y los elefantes
comenzaron la batalla.
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| No
fueron muchas las bestias de Tolomeo que se trabaron
en combate con los elefantes contrarios; los hombres que luchaban
desde las torres se batieron espléndidamente: peleaban
casi cuerpo a cuerpo con sus lanzas y se herían mutuamente.
Pero aún fueron más bravos los elefantes, que
se arremetían con furor y se embestían de frente.
Estas fieras luchan como sigue: se entrelazan y cruzan sus incisivos
mutuamente se empujan con violencia apoyándose firmemente
en el suelo, hasta que una de las dos supera a la otra en potencia
y le hecha la trompa a un lado. Cuando ya la tiene girada y
logra cogerla de flanco, entonces la hiere con los incisivos
no de otro modo que un toro con los cuernos. Allí la
mayoría de los elefantes de Tolomeo se acobardaron
ante la lucha, que es lo que suele ocurrir con los elefantes
Áfricanos. Pues no soportan ni el hedor ni el griterío,
sino que horrorizados ante la talla y la potencia, de los elefantes
indios huyen al instante, que fue lo que ocurrió. Desbaratadas
sus líneas, presionaron sobre sus propias formaciones,
y entonces la guardia real de Tolomeo empezó a
ceder, oprimida por las fieras, mientras Antíoco
desborda con sus jinetes la línea de los elefantes y
carga sobre la caballería mandada por Polícrates.
Al propio tiempo, delante de la línea de los elefantes,
los mercenarios griegos próximos a la falange atacaron
a los peltastas de Tolomeo y los forzaron a retroceder;
también los elefantes habían desorganizado por
aquí las líneas de estos peltastas. |
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De
modo que el ala izquierda de Tolomeo cedió íntegramente,
aplastada tal como se ha descrito. En este momento de la batalla,
Arsínoe, la hermana de Tolomeo, se puso al frente
de las tropas que cedían y, con los cabellos sueltos, les
suplicaba que reemprendieran la lucha, al tiempo que prometía
a cada soldado 2 miras de oro.
Equecrates, que estaba al mando del ala derecha egipcia,
de momento se limitaba a observar el choque de las alas citadas,
pero cuando vio que la polvareda se levantaba en dirección
hacia él, y que sus elefantes no se atrevían, ni mucho
menos, a atacar a los enemigos, ordeno a Foxidas, comandante
de los mercenarios griegos, que acometiera al enemigo que tenia
enfrente. Él con su caballería y el contingente apostado
detrás, de los elefantes, se puso fuera del alcance de las
bestias enemigas; acoso a la caballería rival por el flanco
y por la retaguardia y la puso rápidamente en fuga. Fóxidas
y los suyos lograron algo semejante, pues cayeron sobre los árabes
y los medos, y les obligaron a volver la espalda y a huir atropelladamente.
De modo que el ala derecha de Antíoco vencía, pero
la izquierda era derrotada.
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| Entretanto
las falanges, que de este modo ya no contaban con la protección
de las alas, permanecían intactas en medio de la llanura; sus
esperanzas sobre el desenlace final eran inciertas. Antíoco
pugnaba todavía para explotar su éxito en el ala derecha;
Tolomeo, por su lado, que se había retirado detrás
de su falange, se adelanto entonces por el centro; su aparición
llena de pánico al enemigo e infundió gran empuje y
coraje a sus hombres. Andrómaco y Sosibios se
lanzaron al instante al asalto con sus lanzas en ristre. Las tropas
de elite sirias resistieron algún tiempo; las de Nicarco
retrocedieron al punto y se retiraron. Antíoco joven e inexperto,
suponía que por haber vencido él en su ala la victoria
ya era general, y acosaba a los que huían. Pero al final, uno
de los suyos, de mas edad, le detuvo, y le hizo ver como la polvareda
levantada iba desde la falange hacia su propio campamento.
Antíoco comprendió entonces lo sucedido, e intento
correr otra vez al lugar de la lucha con su escuadrón real.
Comprobó que todos los suyos habían huido, y entonces
se replegó hacia Rafia, convencido de que en lo que dependía
de él se había triunfado; la derrota se debía
a la cobardía y a la vileza de los demás. De modo
que la falange de Tolomeo, la caballería de su ala
izquierda y su cuerpo de mercenarios lograron la victoria y, en
la persecución subsiguiente, mataron a muchos enemigos. Tolomeo
se retiró acto seguido y paso la noche en su campamento.
Al día siguiente recogió sus muertos y los enterró,
despojo a sus enemigos, levanto el campamento y se dirigió
a Rafia.
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| LAS
BAJAS.
Después de la fuga Antíoco quería acampar fuera
de esta ciudad, tras haber juntado nuevamente a los que habían
huido en grupos. Pero la mayoría se había refugiado
en la población, cosa que le forzó a entrar y pasar
la noche en la propia ciudad. A las primeras luces del alba hizo
salir la parte salvada de su ejército y se dirigió a Gaza,
donde estableció su campamento. Desde allí envió
legados que trataran la recuperación de sus muertos; logró
pactar una tregua para enterrarlos, las bajas de Antíoco
fueron poco menos de 10.000 infantería y más de 300
de caballería; y más de 4.000 los prisioneros.
Durante el combate perdió 3 elefantes y, posteriormente,
se le murieron 2 mas a consecuencia de las heridas recibidas en
combate. En el bando de Tolomeo murieron 1.500 hombres de
infantería y 700 de caballería: le mataron 16 elefantes
y la mayoría de los restantes se los arrebato el enemigo,
aunque esto es discutible. Este fue el desenlace de la batalla librada
en Rafia entre los dos reyes mas poderosos de Asia y África
por la posesión de la región de Celesiria.
EL
RESULTADO.
Después de haber recogido a sus muertos Antíoco
se retiro a su país con su ejército; Tolomeo tomó
de inmediato Rafia y el resto de ciudades; todas las poblaciones
rivalizaban para adelantarse a las vecinas en pasarse a su bando,
o reintegrarse a él. Las gentes de estas tierras eran proclives
a los reyes de Egipto desde siempre, por lo que parecía natural
que se le coronara, hicieran sacrificios y levantaran altares a
Tolomeo.
Así que llego a la ciudad que lleva su nombre, Antíoco
envió sin dilaciones, como legados a la corte de Tolomeo,
a su sobrino Antípatro y a Teodoto Hemiolo para negociar
un tratado de paz, pues temía una incursión del enemigo,
y la derrota sufrida hacia que recelara de su propio pueblo; le
angustiaba también la revuelta de Aqueo en Asia Menor,
y que no se aprovechara de esta debilidad temporal. Pero Tolomeo
ya no pensaba en nada de esto, antes bien, satisfecho por aquella
victoria inesperada y, en suma, por haber adquirido Celesiria sin
imaginárselo siquiera, ahora no era contrario a la paz, sino
partidario de ella más de lo debido; le arrastraba a ello
sin duda su vida siempre indolente y depravada, incapaz de soportar
los sacrificios de una prolongada campaña bélica.
De modo que, cuando se le presentó Antípatro, primero
pronuncio algunas amenazas y reproches por la conducta de Antíoco,
pero se animo a pactar una tregua por un año y envió
a Sosibio, con los embajadores para que ratificaran lo acordado.
Tolomeo
pasó tres meses en Siria y en Fenicia (la Celesiria) para
poner en orden las ciudades; después dejó allí
a Andrómaco de Aspendo como gobernador militar de
las regiones citadas y partió con su hermana y amigos hacia
Alejandría. Había puesto un final a la guerra que
resultaba sorprendente a los habitantes de su reino, que no habían
confiado en la victoria, pues conocían los hábitos
de su vida. Antíoco, por su parte, se aseguró
de la tregua con Sosibio y se enfrasco, según su propósito
primero, en sus preparativos contra Aqueo.
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Juan Fernández Millán
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