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En el siglo III a.C. los primeros ptolomeos, envueltos en un continuo conflicto con sus vecinos seleucidas, vecinos que hacían un uso intensivo para la guerra de los elefantes indios, decidieron impulsar la importación de paquidermos africanos para tratar de contrarrestar esta innegable ventaja que disfrutaban, en el campo de batalla, los ejércitos enemigos.

Esta decisión de estado, provoco, directamente, un aumento del interés por todo el área del Golfo Arábigo y el llamado Cuerno de África. Algún que otro viaje de exploración, como el protagonizado por un tal Aristón, a lo largo de las costas de Arabia en este caso, fueron financiados por la corona. O el caso de Simias, este ya bajo Ptolomeo III, enviado a las costas de Etiopía. Los establecimientos egipcios se sucedieron a lo largo de estas costas que, a la vez, sirvieron para ampliar los siempre limitados horizontes geográficos.

En la segunda mitad del siglo II a.C., Agatárquides, griego de Cnido, y que había llegado a disfrutar de una cierta posición en el gobierno de Egipto, escribe, entre otros trabajos, este de Sobre el Mar Eritreo, en el que, sin que sepamos exactamente las razones y el objetivo de la obra, describe, enmarcandolo dentro de la época en que los ptolomeos se habían volcado en conseguir un suministro regular de elefantes africanos, las costas y pueblos que ciñen el Golfo Arábico y parte del Eritreo.

En este trabajo plasmare, de una manera un tanto descriptiva, un pequeño resumen del contenido de la obra, de la que, por otra parte, no nos queda mas que una serie de resúmenes de mano de la divina Biblioteca de Focio y algunos apuntes de Diodoro.

La mayor parte de las ubicaciones en el mapa son solo supuestas, pues difícilmente se puede llegar a mas con las referencias legadas por estos autores.

Sátrapa

 

 

 


 

mapa egipto ptolemaico

 

De la zona Myos Hormos solo quedan los restos de un fuerte romano. De la ciudad en sí, nada. De hecho, y como muestra de lo poco que se sabe de el, como se ve en el mapa son dos las diferentes ubicaciones que se dan del emplazamiento.

Las minas de Oro

Los condenados de todo tipo o los prisioneros de guerra eran traídos, entre otros lugares, a esta famosas minas de oro. Allí muchos, que incluso, dependiendo sin duda de las causas de la condena, podían acudir con sus familias, eran encadenados por los pies y puestos a trabajar sin descanso en estas áridas y abruptas tierras de los confines de Egipto.

El trabajo se divide en partes una vez que se ha señalado el lugar de la excavación. Millares de hombres, los mas jóvenes se dedican a machacar la piedra a viva fuerza con mazos y picos de hierro, dee sta forma se abren galerías en la montaña siguiendo el rumbo de las vetas. Trabajan con linternas asidas a sus cabezas y con la siempre atenta mirada, y golpes, de sus capataces.

Las rocas mas duras, se ablandan mediante el fuego. Los hijos de los penados son los dedicados a introducirse por todos los recovecos recogiendo todos los desmenuzados restos de las rocas para ser llevados, aquí es donde entran los condenados de mas edad, que son los que se dedican a hacer el transporte de la piedra hacia los lugares en donde es molida para, luego, y por medio del trabajo de mujeres (esposas e hijas de los prisioneros) y ancianos termina de pulverizarse todo, pues será de esta arenilla de la que luego se extraiga el preciado elemento, trabajo este reservado para unos especialistas, que "lavan" la arenilla y de la que se extrae, finalmente, el preciado elemento. Poco después, otros especialistas lo funden y convierten en una amalgama que será, probablemente, su ultimo estadio, al menos en el que sale del lugar.

Ni que decir tiene que las condiciones son horrendas, los prisioneros visten harapos y no existe ningún atenuante para la pena, sanos y enfermos, jóvenes y ancianos, deben trabajar a palo limpio hasta que caen reventados.

Los guardias eran mercenarios traídos de remotas regiones con la intención de que, al hablar estos extrañas lenguas, no pudiesen comunicarse con los penados.

Apunta Agatárquides el hecho de que, debido a la larga exploración, miles de años probablemente, de estos yacimientos, son continuos los hallazgos de restos humanos, antiguos penados de otras épocas que fallecían víctimas de derrumbamientos en las profundas galerías talladas en la roca.

 

 

Los comedores de peces

Tribus, nativos no civilizados, que salpicaban los territorios costeros de una larga franja costera del Golfo Arábigo Su alimentación primaria provenía de la pesca, por ello son todos englobados en esta denominación común que también, por extensión, alcanzaba a toda pequeña comunidad libre que habitase en las costas bañadas por el Indico.

Algunos de estos, se señala, viven de una peculiar forma de pesca. Realizan en la fase de bajamar una serie de cercados con piedra que, llegada la pleamar, se cubren completamente de agua, luego, de nuevo en la fase de bajamar, muchos peces quedan atrapados en ella y son recogidos sin ninguna dificultad al quedarse al aire tras haberse retirado la totalidad de las aguas a través de las propias oquedades de las rocas utilizadas para realizar la obra. El problema, se señala, es cuando algunos animales peligrosos, como alguna especie de pez venenoso, morena, tiburones etc, quedan también atrapados en esta especie de balsas, pues la recolección se torna entonces peligrosa.

Sorprendentemente se afirma, para parte de estas comunidades costeras al Golfo, que carecen de la capacidad de comunicarse mediante un idioma articulado. Lenguaje que sin duda poseen, pero quizás tan limitado que hace pensar a los que lo conocen que carece totalmente de sentido.

Son pueblos pacíficos y totalmente alejados y al margen de cualquier estado de civilización conocida. Algunos de ellos habitan en lugares impracticables, como inaccesibles paredes de acantilados, sitios en los que a los que es totalmente imposible acceder o salir de ellos, cosa que lleva a algunos griegos a deducir que, sencillamente, esas comunidades siempre han habitado, desde el principio de los tiempos, en aquellos parajes.

 

 

Ofiodes, la isla de los topacios.

Antiguamente una isla deshabitada y plagada de serpientes. Fue colonizada por orden de los ptolomeos al descubrirse que en la misma se pueden encontrar una gran cantidad de gemas, topacios.

La isla fue cerrada, destinada únicamente a producir las valiosas gemas para Alejandría, la guarnición tenia orden de ejecutar al instante a toda persona que llegase a la isla sin permiso, incluso los barcos navegaban alejados de ella temiendo ser objeto de violencia.

En la isla no existe ninguna embarcación, pues nadie puede salir de la misma si no es en el barco oficial que trae los suministros cada cierto tiempo. Suministros, por otra parte, de los que dependen totalmente para su supervivencia en una isla en la que, probablemente, no existía ni agua dulce.

 

 

El Palmeral

 

Un extenso y llamativo palmeral que cubre una amplia extensión de territorio entre el Mar Rojo y la frontera con la antigua Palestina. Su originalidad ha llamado desde siempre la atención y, durante esa época, se celebraba en él, con una periodicidad de cinco años, una reunión de tribus árabes para la celebración conjunta de una gran fiesta religiosa.

Las costas del Golfo de Aqaba (Laianita) se encontraban pobladas por diferentes asentamientos de árabes nabateos, árabes a los que Ptolomeo II tuvo que combatir navalmente por su inclinación a la piratería. Quinquirremes egipcias fueron construidas o trasladadas al Mar Rojo para llevar adelante la operación militar que concluyo, como era de prever, con éxito.

Aprovechando que gran parte de la tribu de los garanitas, con motivo de las celebraciones, había acudido al Palmeral, los Garindanos aprovecharon para pasar a cuchillo a todos los habitantes que quedaron en sus poblados, emboscando luego y aniquilando al resto de sus gentes cuando estos regresaban del Palmeral. Una lucha mas por el territorio que acababa en una sangrienta matanza.

 

Costa de los tamudenos.

Una difícil costa, sin lugares en donde atracar con seguridad y llena de bajíos o escollos, un lugar a evitar para los barcos en transito. El pueblo árabe de los tamudenos puebla el lugar

 


 

Golfo arabigo - 2

 

Los dos principales enclaves en la costa etíope son el llamado Puerto de la Salivación (parece que por que fue el lugar a donde llegaron, tras un naufragio, un cierto grupo de marineros o tripulantes de algún navío, quizás se convirtió luego en un lugar de referencia..). Más al sur se encuentra el famoso enclave de Ptolemais, allí precisamente llegaban y se embarcaban todos los animales procedentes de Etiopía.

En la foto, Suakin, uno de los emplazamientos en la costa sudanesa en los que podría situarse el llamado Puerto de la Salvación.

 

 

El guerrero etíope, y con ello también incluimos los procedentes de Nubia, impusieron siempre respeto a los soldados griegos. Su aspecto, su color, su porte, todo ello unido configuraban a ojos no solo de helenos si no de romanos, un prototipo de guerrero bárbaro que no dejaba de llamar poderosamente la atención.

Precisamente, el emperador Aureliano (año +-270), durante su desfile triunfal en Roma tras sus victorias en oriente, hizo desfilar a unos cientos de blemmies prisioneros que, se afirma, causaron sensación entre el pueblo que asistía, admirado, al acontecimiento.

 

La costa africana

El mar, la costa, es peligrosamente traicionera, llena, como esta, de extensos bajíos que hacen muy peligrosa la navegación de los barcos de gran cabotaje, como son precisamente los que se dedican a transportar los elefantes capturados en Etiopía. Si un barco embarranca en uno de estos desolados parajes, si no se logra hacer reflotar la nave la muerte para la tripulación es segura pues la tierra se encuentra muy lejos y las aguas son atravesadas por muy pocos barcos. Los navíos que han quedado así varados, no han sido ya reflotados o recuperados pues, por orden del rey, deben quedar en sus lugares como advertencia del peligro.

 

Los Trogloditas (Trogoditas)

Habitan en comunidades nómadas repartidas por una amplia extensión de territorio. Su belicosidad es proverbial y se cree que llegaron a servir como guerreros mercenarios al servicio de mas de un rey de Egipto.

Se distinguen entre ellos varias tribus, por ejemplo los Megabaros, que disponían de escudos redondos de piel de buey y como arma mazas de guerra con clavos de hierro. Los mas, de entre las otras tribus, combatían desnudos (vistiendo como mucho una piel que les cubría la cintura a la altura de los riñones) utilizando arcos y lanzas.

En la tribu solo el rey dispone de una esposa particular, las demás mujeres, y hombres, viven en comuna, y los hijos son cuidados por todos por igual. Si algún hombre osa acercarse a la mujer del rey estará obligado a pagar una multa en especie, por ejemplo una oveja.

LLegados a la vejez, o impedidos por las circunstancias, si no pueden seguir el paso de la tribu son muertos mas por compasión que otra cosa, pues la comunidad debe seguir su camino en busca de nuevos pastos para sus rebaños, animales de los que obtienen toda su subsistencia. A estos, los ancianos, se les estrangula, cuando esta claro que no pueden ya seguir por si mismos al grupo, y quiera o no, con la cola de un buey.

 

 


 

mapa de Etiopia

 

Los comedores de raíces

Cierta parte de las riberas del río Astabara están habitadas por unas comunidades no muy numerosas pero pacificas, gentes que hacen de un extraño tubérculo su principal fuente de alimentación Padecen estos pueblos los ataques de los numerosos leones que también habitan cerca de ellos. Cualquier hombre que se aleja de los marjales corre el riesgo de ser atacado por los leones que, incluso, cuando el calor del verano aprieta, pueden llegar a introducirse en los mismos en busca de cobijo. Se afirma, así mismo, que llegado el verano, es tal la densidad de mosquitos, y probablemente tabanos, en la región que ambos, hombres y fieras, se trasladan a otras tierras hasta que llega el cambio de estación. Los hombres se refugian en los pantanos, a salvo de la plaga, pero los leones deben poner tierra por medio y alejarse de la región.

rio Atbara

 

Los cazadores

Cerca de los anteriormente descritos, habitan los denominados Cazadores, tribus que habitan en la mayor parte del país, viven, como su propio nombre indica, de la caza mayor, animales a los que emboscan generalmente en los pocos lugares en donde se puede encontrar agua. Allí, apostados, esperan que sus presas se sacien y llenen sus barrigas del liquido elemento para seguidamente, y aprovechando su momentánea incapacidad, saltar sobre ellas y matarlas. Estos hombres, cuando no consiguen la caza esperada y padecen por culpa del hambre, son capaces de alimentarse solo con la piel de los animales ya devorados.

 

Los cazadores de elefantes

Los cazadores de elefantes, como su nombre indica, son una serie de comunidades que viven de la caza de estos gigantescos animales, se cuentan asombrosas maneras de cazar a estas poderosas bestias. Por ejemplo, los que, emboscados sobre los arboles, esperan el paso de los animales que se han alejado un poco de la manada, y cuando los tienen cerca saltan y corren tras ellos agarrandose entonces a su cola con su brazo izquierdo, y con los pies sosteniendose sobre una de las patas del animal. Llevan estos cazadores un afilada hacha con la que descargan repetidos golpes sobre la otra pata de la bestia hasta destrozarsela inmovilizando así al elefante. Esto ocurre quizás algunas veces, pero también hay que decir que muchas otras los hombres son muertos aplastados contra un árbol por el animal, o, simplemente al caer sobre ellos el elefante herido.

En cuanto la bestia ha sido inmovilizada acuden el resto de los compañeros del cazador para dar muerte, entre todos ellos, al elefante.

Otra forma de cazarlos, otras costumbres, es la de utilizar un gran arco con flechas venenosas. Los cazadores se apostan junto a las sendas utilizadas por los elefantes, allí dos de ellos sujetan con los pies el arco, mientras un tercero lo tensa cargado con un potente proyectil venenoso. El objetivo es acertar en el vientre del animal para, con suerte, destriparlo.

Durante el reinado de Ptolomeo II se hizo un intento de llegar a un acuerdo con estas tribus, ellos les suministrarían animales vivos y los egipcios, es de suponer, toda clase de regalías.No se debió llegar a nada entre otras cosas por que a estos "salvajes" o no debían atraerles lo mas mínimo las promesas de los intermediarios griegos, o consideraban imposible semejante empresa..

 

 

Los cabeza de perro

Los Cabeza de perro (babuinos), sus cuerpos son parecidos a los de una persona horrenda, son terriblemente salvajes e indomables y disponen de una mirada dura a causa de la forma de sus cejas y ojos.

 

Los camelopardos

El camelopardo, este nombre, dado por los griegos, tan peculiar se deriva de la mezcla de la pantera y el camello, pues a ambos animales a la vez les recordaba el extraño animal. Con la piel de la pantera y la alzada del camello se apunta la característica de su largo cuello, que le permite alimentarse de las copas de los arboles. El primer camelopardo exhibido en Alejandría (del que se tenga constancia) fue en el año 270 a.C.

 

Un ejemplar del tipo de serpiente a la que parece referirse Agatárquides, la Python Sebae.

Disfrutaba Ptolomeo II coleccionando todo tipo de animales, cuanto mas extraños mejor. Se hacia traer de Etiopía., y pagaba bien, todo lo que podría resultar curioso o llamativo. De esta forma no solo elefantes de guerra, que coleccionaba con verdadero afán, si no toda clase de fieras.

Animados por lo que pensaban que serian bien recompensados, un grupo de comerciantes-cazadores se aventuro a capturar viva a una de las grandes serpientes africanas, de una zona, de por si, en la que tenían fama de ser realmente temibles.

La historia, o leyenda, afirma que los cazadores descubrieron un espécimen de unos 13 metros. Esperaron emboscados a que devorase a alguna presa para que, de esta forma, sus movimientos fuesen ya mas torpes y lentos. Así fue, la serpiente, tras cazar y devorar a algún animal, fue atacada por los cazadores, que portaban unas sogas con la esperanza de reducir a la bestia. Tras el primer envite un cazador fue estrangulado por el animal y otro mordido y rechazado. Ni que decir tiene que los restantes retrocedieron asustados. Finalmente, y tras algunas otras vicisitudes que relata Agatárquides, el animal fue capturado vivo y transportado a Egipto. Ptolomeo recibió con agrado el presente y respondió a las expectativas recompensando generosamente a los cazadores. La serpiente fue domesticada y sirvió de atracción en la corte.

 

Los sabeos

Mirra, canela, bálsamo, incienso.. Casi todo proviene de esta zona de Arabia, tierra que por esa época se mantenía todavía entre las brumas de la leyenda. Un lugar, se decía, en donde el aroma de las diferentes fragancias lo llena todo de tal manera que sus habitantes hacen hogueras alimentadas de betún y barba de macho cabrio para atenuar así en lo posible la fuerza de las mismas.

El rey de este pueblo vive en la mas absoluta de las opulencias, pero tiene un pequeño problema, desde el momento en que es nombrado rey, ya no puede salir de palacio. Si lo hace y es reconocido será lapidado de inmediato por el pueblo, quien sigue, parece ser, las directrices de un antiguo, y parece ser que respetado, oráculo.