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Para los trabajos
relacionados con Belisario, la única fuente de la que echaremos
mano será la de Procopio en su Historia de las guerras,
que por otra parte es la única e insustituible de que disponemos
sobre este periodo. Como trabajos menores y solo auxiliares me remitiré,
para el mundo militar sassanida y romano, a la Notitia
Dignitatum, a
las Instituciones Militares,
de Flavio Vegecio (para esta época, bisagra entre el mundo
antiguo y el bizantino de Heraclio, me inclino a trabajar más
con los autores precedentes que con los posteriores), a algunas de las
obras de la Osprey militaria y de toda la bibliografía que comento,
para no repetirme, en mi articulo sobre la vida
de Shapur II, que espero terminar en unas semanas. A fin
de complementar algunos aspectos sobre la geografía de estos tiempos
he tenido que echar mano de Amiano Marcelino, pues el otro que
quizás podría ser interesante, Teofilacto Simocata,
queda por el momento fuera de mi alcance.
Satrapa1
INTRODUCCIÓN,
El frente oriental.
Cuando este joven oficial es elevado al cargo de comandante en jefe del
ejército de Oriente de mano de su protector, el flamante nuevo emperador
del Imperio Romano de Oriente, Justiniano, la frontera oriental,
la que separa el territorio romano del persa, es un antiguo y más
que conocido campo de batalla para los dos imperios enfrentados.
En estos tiempos poco queda ya del antiguo prestigio del ejército romano,
pese a que las fuerzas de oriente quedaron menos maltrechas que las de
occidente, el ejército bizantino es, a todas luces, muy inferior al sassanida,
y no digamos al propiamente persa, cuya fuerza de elite, la caballería,
es una más que poderosa tropa de choque al servicio del Rey de
Reyes. Fuerza esta imbatible en campo abierto y directamente responsable
de la temible fama que hace del sassanida un ejército virtualmente invencible.
Este estado de cosas condiciona en gran medida el escenario en el que
se va a mover nuestro protagonista. Es una guerra de posiciones, de golpes
y contra golpes, de duros asedios y de, menos, batallas en campo abierto,
en donde los persas llevan, por lo general, las de ganar. Solo la reconocida
capacidad romana en la lucha de sitios, unida a la fabulosa distribución
y densidad de sus posiciones fortificadas en una amplia franja de la frontera
permiten a estos sostenerse, las más de las veces, perdiendo tan
solo algún punto fortificado, bien ciudad o bien fortalezas, que
suelen ser recuperadas en cuanto la ofensiva persa agota su impulso.
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Un modelo típico
de ejército Sassanida, con las conocidas unidades de caballería
arquera ligera y caballería pesada, los catafractos. También
aparece la tropa feudal, los infantes con grandes escudos armados
con lanzas, de los que Amiano comenta que son carne de cañón.
Luego un cierto numero de tropa de varios orígenes.
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No deja de ser curioso, después de pasar por la historia de la
vertiente occidental del mundo romano, llegar a esta especie de remanso
político en donde las fronteras están perfectamente definidas
y reconocidas por ambos contendientes. Que les lleva pues a estar continuamente
enfrentados si los dos imperios están, a la sazón, cómodamente
asentados en unas fronteras que llevan casi siglos sin modificaciones
de relevancia? (3). Lo único
que se alcanza a entender por los escritos de Procopio es
que, pese a todo, no existe la menor posibilidad de que pueda haber ningún
entendimiento duradero entre los dos estados. Cualquier excusa es buena
para, bien uno, o bien otro, pasar a la provocación del contrario,
las más de las veces por parte de los sassanidas, que disponen
de mayores recursos o, al menos, no distraen tantas fuerzas en otros conflictos
como los bizantinos (2). No puede
pasarse por alto la llamativa sensación que uno percibe tras leer
este autor, de la aterradora incompetencia de prácticamente todos
los miembros de la corte, lease del estado, enviados a las provincias
para su administración. Son continuos los casos de corrupción
criminal cuyas consecuencias son, algunas veces, origen incluso de guerras
fronterizas. Esta es una visión que se repite continuamente en
las lecturas que se hacen sobre la historia del Imperio Romano, enfoque
que aparece bien reflejado en los escritos de, por ejemplo, Zosimo,
quien no puede dejar de señalar, con resignación y como
algo inevitable, a toda esta clase de destructivos parasitos que merodean
en todas las capas de la administración imperial.
Sin embargo, el verdadero
trasfondo de las guerras desatadas por el joven Cósroes I contra
Bizancio viene dado por el temor, o celos, que siente este monarca al
advertir que, aprovechandose de la paz que, en cierto modo, disfrutan
las provincias orientales, Justiniano se esta expandiendo sin limites
por occidente. Las famosas conquistas de Belisario, y lo que ello
representaban, no podían pasar desapercibidas para el astuto
rey persa, por lo que en cuanto tuvo la mas mínima excusa para
desatar las hostilidades se volcó en una destructiva guerra que
el emperador romano no podia sostener, como veremos, en igualdad de condiciones.
La llegada de Belisario a oriente como comandante, (conocía
el frente por haber participado en una campaña menor como alto
oficial), implico sin duda una reforma en la actitud romana de afrontar
las hostilidades. La dirección de Belisario no conllevara
necesariamente una reforma en los hábitos militares bizantinos,
las cosas continúan como estaban, es decir, un ejército plagado
de tropas profesionales o auxiliares de pueblos fronterizos, en general
muy poco cohesionado, dividido en numerosas guarniciones de frontera y
en manos de oficiales incapaces (por lo que se ve), de llevar adelante
acciones coordinadas bajo un objetivo común. Lo que Belisario
aporta en este momento es la fuerza de su genio, una mente privilegiada
para la dirección de la guerra, que hace un uso extraordinario
de los medios de que dispone, pero que en absoluto son diferentes a otros
de los que han dispuesto sus antecesores, menos afortunados, o de menor
capacidad. El ejército bizantino de este periodo, directo heredero
de las tradiciones alto imperiales, colapsara mas adelante ante la ultima
embestida sassanida bajo Cósroes II.
Belisario, como seguidamente veremos, no conquistara para Justiniano
ni la mas mísera provincia o población, su gran aportación
consistirá en no dejarse batir, o como máximo, hacer retroceder,
al invencible ejército sassanida. De hecho, su mayor éxito fue
ese, provocar la retirada de un imponente ejército sassanida tan solo
con el uso de su astucia, que no de sus ejércitos, casi ridículos
para la tarea que le habían encomendado.
Durante el conflicto que nos atañe, Belisario cuenta en
contra de si con la moral de combate de sus ejércitos. El punto
de partida es siempre una sensación de inferioridad ante un temible
enemigo, un enemigo que nunca deja de aprovechar cualquier oportunidad
para iniciar un ataque contra las posesiones romanas, y que piensa, con
fundamento, que nunca encontrara, en campo abierto, ninguna oposición
seria.
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Procopio
comenta, para ilustrarnos adecuadamente, el alto grado de
eficiencia profesional a que han llegado las tropas romanas
en la frontera oriental, condicionado todo ello por el permanente
reto que supone para sus fuerzas la siempre presente amenaza
del ejército sassanida. Nos describe la capacidad de que
hace gala un simple arquero de linea, y así, en contraposición
a los de antaño, los de sus tiempos disponen de armas
mas modernas, mejores y mas efectivos arcos cuyas flechas
son capaces de atravesar cualquier escudo o armadura, ademas,
afirma, están también armados con protecciones
corporales y una espada para el combate cuerpo a cuerpo,
son capaces también de montar como el mejor jinete
y de hacer uso a caballo de sus arcos, configurandose de
esta forma como todo un prototipo de combatiente profesional,
muy lejos ya de las levas o voluntarios, tropas que también
se continuan levantando para rellenar las filas de los diferentes
ejércitos combatientes, bien sean sassanidas o bien
romanos. Belisario hará un extraordinario uso de
estos cuerpos que, sobre todo bien dirigidos, en condiciones
normales resultan imbatibles.
Procopio
obvia los inconvenientes de este tipo de unidades profesionales,
es decir, su alto coste, su rapacidad, e indisciplina en
según que circunstancias, su poca lealtad al estado
y su más que difícil conducción cuando
se utilizan en gran numero.
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LA SITUACIÓN
EN LA FRONTERA SUDORIENTAL
Desde mucho tiempo atrás, la frontera romana se encuentra resignada
a una defensa en profundidad, la agresividad persa va en aumento y esto,
unido a la distracción de fuerzas que Justiniano llevara
a cabo para poder expandirse en occidente, colocara al oriente romano
en ciertas dificultades, quizás puntuales, posiblemente, pero que
no entraran en vías de solución y que se agravaran a medida
que pasen los años.
Para hacer frente
a la amenaza representada por el incansable enemigo, Justiniano
trato, en un principio, de echar mano de todos los recursos diplomáticos
imaginables. Por un lado, consciente de que gran parte de la riqueza romana
caía en manos persas como intermediarios que eran de las rutas
comerciales que comunicaban occidente con oriente, trato de distraer parte
de ese flujo comercial atrayendolo hacia el cuerno de África.¿Por
que no?, debió pensar, o ser aconsejado, hacer que los traficantes
se dirijan por el mar Rojo, haciendo escala en el reino de Axum, hasta
el propio Egipto. Los beneficios de la intermediación caerían,
en gran parte, en las arcas del reino amigo de Axum, quienes podrían
ahora acaparar los réditos de tan lucrativo negocio.
Lo que no podía
saber Justiniano es que las cosas no resultaban tan sencillas,
pues los mercaderes persas compraban, en las primeras escalas indicas,
toda la producción proveniente del subcontinente, cercenando así
la posibilidad de que algún comerciante de ese área se entregase
a la, siempre arriesgada, navegación hasta el Mar Rojo (Mare
Rubrum).
Desplegó Justiniano gran energía en poner coto a
la influencia sassanida en el sur de Arabia, y puede presumir de haber
extendido la influencia bizantina por toda la costa árabe de este
mar, hasta el Yemen, en donde concertó con los árabes himyaries,
bajo Esimifeo, una alianza, tratando con ello de lanzarlos, con
un refuerzo de tropas bizantinas, contra el flanco árabe del Imperio
Sassanida. Evidentemente era difícil llevar adelante una campaña
de esa envergadura, teniendo, como tenían, todo un inmenso desierto
que hacia a la vez de frontera y de protección mutua, y ya no digamos
el reto, posterior, de enfrentarse a los temibles ejércitos del
enemigo. Al final, ni Esimifeo ni Abramo (5),
su sucesor, pese a las muchas promesas que hicieron, se volcaron en la
difícil empresa que se les proponía.
A la larga fueron
los persas quienes decidieron la cuestión invadiendo y conquistando
el reino homerita, aunque eso, es ya otra historia.
EL FLANCO ÁRABE
Tanto sassanidas como romanos hacían uso, y abuso, de la alianza
con las tribus árabes, lease sarracenos (4),
con las que tenían frontera. Ambos los utilizaban en campaña
y eran en ocasiones, así mismo, víctimas de sus destructivas
incursiones. Toda la frontera desde el Mar Rojo hasta, mas o menos, Tadmor
(Palmyra), se encontraba bajo control de jefes tribales prorromanos, a
los que se pagaba una subvención con tal de que dejasen tranquilas
las provincias fronterizas bizantinas. Desde allí hasta bien entrado
el curso del Éufrates, los árabes de Alamundaro se
enseñoreaban del desierto y sometían a toda la frontera
romana a un despiadado castigo, haciendoles víctimas de una implacable
serie de razias que, precisamente bajo este jeque, llevaron a los bizantinos
a una situación extrema, obligandoles a mantener todo un ejército
de maniobra, de mas de 6.000 hombres, en el área del Líbano
presto a actuar allí donde fuera necesario. Durante 50 años
este tal Alamundaro presto innumerables servicios a los persas
atormentando la frontera bizantina, y sin dejarse tentar nunca por las
sustanciosas ofertas recibidas del bando contrario.
Justiniano,
para hacer frente a la seria amenaza que representaba Alamundaro,
opto por reorganizar la distribución de las tribus árabes
afines, dos jeques se repartieron entonces la vigilancia y defensa de
las fronteras entre Tadmor y el Golfo Arábigo. El primero, y mas
poderoso, Aretas, encargado de enfrentarse directamente con las
gentes de Alamundaro, y el otro, llamado Abocárabo,
comprenderá en sus dominios a todas las tribus sarracenas situadas
entre Palestina y la frontera con los madenos.
MESOPOTAMIA-SIRIA
Como ya comentábamos antes, la región mesopotamica se encontraba
perfectamente preparada para el tipo de guerra a que se veían,
los sassanidas, abocados. Tanto es así que no es de extrañar
como los persas decidirán ahora dejar de lado esta provincia y
dirigirse (1), siguiendo el lado
derecho del Éufrates y guiados por los árabes de Alamundaro,
contra la menos protegida Siria bizantina. Este radical cambio de estrategia
tuvo un dramático efecto sobre la provincia romana, que será
devastada desde el Éufrates hasta su capital, la populosa Antioquía.
La forma y composición del ejército bizantino de este siglo supone
un aval más para que los persas puedan conseguir, las más
de las veces, su propósito. Son generalmente unidades profesionales,
de cualquier punto del mapa, las veremos compuestas por vándalos,
godos, hunos, herulos, ilirios, árabes o tracios. Esta falta de
arraigo provoca que, en ocasiones, guarniciones romanas (solo de nombre)
se unan a los persas durante un asedio tan solo por que se les adeuda
la paga. No obstante, las más de las veces son leales, y la población,
aterrada con la perspectiva de un despiadado saqueo, lucha con arrebato
junto con las tropas contra los temidos asaltantes.
El flanco sirio de la frontera será, como veremos, a partir de
Justiniano, el flanco débil del sistema de defensa bizantino.
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