Belisario, El frente oriental.
III parte

La batalla de Calinico

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III Parte. La Batalla de Calinico
 
     

Tras la batalla de Daras, se abrió un impasse obligado por la estación invernal, aprovechado por los bizantinos para tratar de llegar a algun acuerdo con los sassanidas. Para variar, de nada sirvieron las conversaciones pues ninguno de los bandos deseaba ceder posiciones. Los sassanidas reclamaban lo conocido, es decir: o el desmantelamiento de Daras o una derrama económica con la que ayudar a los persas a sufragar los gastos ocasionados por la dificultad de mantener, como mantienen, un gran numero de tropas guarneciendo las llamadas Puertas Alanas.

Los romanos, sencillamente, hacían oídos sordos a las exigencias de Cabades pretendiendo, tan solo, llegar a un fin de las hostilidades.


La campaña del año 531.


La primavera del año 531 los sassanidas, amedrentados por la fortaleza mostrada por el ejército romano en Mesopotamia, buscaron la manera de golpear duro a su adversario sin tener que correr riesgos innecesarios.

Un novedoso plan de acción fue entonces aprobado por el rey persa, plan que se adaptaba perfectamente a las premisas con las que, suponemos, se ceñía la nueva estrategia persa. Siguiendo las indicaciones del árabe Alamundaro, de absoluta confianza para el mando persa, se organizo una fuerza de ataque exclusivamente compuesta de jinetes, 15.000, a los que se unirían las numerosas tropas montadas del propio árabe. Todo este ejército iría comandado por el persa Azaretes, y, siguiendo las indicaciones de Alamundaro, se moverían hasta el río Éufrates, río que atravesarían y que flanquearían a través de la zona desértica hasta aparecer, se esperaba que de improviso, en la región de Siria que toca con el Éufrates, la región llamada entonces Éufratesia.

 

Mesopotamia bizantina

 

En algún momento de la travesía por el desierto, o ya en territorio romano, el mando bizantino en Daras fue informado de la presencia, y de las más que probables intenciones, del ejército invasor. Belisario, al principio confundido, tomo la resolución de marchar en busca de las fuerzas de Azaretes con el grueso de su ejército, y tras dejar antes en Mesopotamia las suficientes tropas como para guarnecer debidamente las ciudades y fortalezas de la región, puso rumbo a Éufratesia todo lo rápido que se podía marchar. El ejército de Belisario lo componían, en el capítulo de tropas montadas, las mismas, con los mismos oficiales que en la batalla de Daras, para la infantería disponía de algunas nuevas unidades, como la formada por 2.000 reclutas provenientes del la región de Isauria (1). En definitiva podía alinear Belisario alrededor de los 20.000 hombres, con la moral intacta, tras la victoria del año precedente.

El ejército persa, que entretanto ya había hecho acto de presencia en la frontera romana, ataco y arrollo a su paso todos los territorios por los que avanzaba.

Es difícil saber si las tropas atacantes se entretuvieron demasiado al atravesar la rica provincia romana, lo cierto es que Belisario, dirigiendose literalmente a marchas forzadas, consiguió rebasar las posiciones persas y situarse frente a las mismas, cortandoles el camino a la altura de la ciudad siria de Calcis. Para entonces los romanos ya habían recibido refuerzos árabes, el ejército de Aretas, el rey árabe, que bajo protectorado romano, se enseñoreaba de todo el territorio comprendido entre Palmira y el Golfo arábigo.

Azaretes y Alamundaro, establecidos en un lugar llamado Gabulón, amedrentados por la repentina aparición del ejército romano, decidieron dar por terminada la campaña y regresar a Asiria. Pese a que las verdaderas intenciones del persa eran las de llegar hasta Antioquía, optaron por no arriesgar la, sin embargo, poco fructífera incursión, y regresar a Mesopotamia de inmediato.

Una vez puestos los persas en retirada, Belisario opto por seguir de cerca al ejército enemigo hasta, al menos, los limites de la provincia. Por un lado se prevenían sus correrías y por otro se aseguraría de su marcha. No quería, no obstante, acercarse más de lo debido a la columna en retirada, marchando por ello a un día de diferencia de sus tropas. Pensaba que no debía arriesgarse a un combate contra fuerzas tan poderosas y que, en su situación, combatirían sin duda con resolución, por eso trato, en la medida de lo posible, de mantenerse a cierta distancia de ellos. Desgraciadamente para Belisario, sus propios oficiales y tropa no pensaban lo mismo, censurando a sus espaldas el proceder de su general, quien parecía así hurtarles una victoria que se veía segura.

Tras una larga marcha las tropas persas acamparon frente a Calinico, situada al otro lado del Éufrates, a partir de ese punto se extendía ya una zona deshabitada y yerma, el lugar en donde por fin los persas dejarían atrás a los romanos y a través de la cual regresarían a sus tierras. El ejército romano, entretanto, había acampado, siempre a distancia, en la ciudad de Sura. A la mañana siguiente continuaron tras los pasos del ejército enemigo y los sorprendieron todavía asentados junto al Éufrates. Allí se vio por fin que los ánimos de la tropa estaban realmente exaltados. Belisario y Hermógenes (2), que trataban de evitar el combate, se vieron superados por el ardor de sus soldados (principalmente los isaurios) hasta el punto que, probablemente temiendo un motín de graves consecuencias, cedieron a la pretensión de estos de plantear batalla a sus enemigos.

 

 

 

LA BATALLA DE CALINICO

Fue esta una batalla en la que Belisario se vio impelido a luchar empujado por sus propios hombres. No era una situación cómoda para el general romano, recordemos que tenia enfrente a tropas persas escogidas para la campaña por el propio rey Cabades, ademas contaban con el concurso de los sarracenos de Alamundaro, con diferencia, mas belicosos que los que militaban en las filas romanas. Todas esta fuerzas, unos 15.000 persas y quizás, por decir algo, unos 10.000 sarracenos, eran tropas montadas. Los romanos, por contra, alineaban una buena, pero reducida, caballería, una numerosa fuerza de infantería y unos menos fiables auxiliares árabes

La disposición romana fue la siguiente: En el flanco izquierdo, apoyandose en el río Éufrates, situó Belisario las unidades de infantería, en el centro la caballería romana, lugar en que también él se situaría con sus guardias, y a la derecha los auxiliares árabes bajo Aretas.

Los persas, divididos en dos secciones, Azaretes con los suyos a la derecha y los sarracenos con Alamundaro en su izquierda, aceptaron, como no podía ser menos, el lance ofrecido por los bizantinos.

I Fase.

Como parece ya habitual, el encuentro comienza con un avance general del ejército persa hasta llegar al alcance de las armas arrojadizas. Hubo un largo y cruento cruce de disparos en los que, según Procopio, llevaron las de perder los persas (armados con arcos ligeros contra los mas lentos pero mucho mas mortíferos arqueros de a pie romanos). Las bajas fueron mucho mas numerosas entre los persas que entre los, mejor armados y protegidos, romanos. Tras este primer, y desafortunado encuentro, Azaretes, sin duda aleccionado por Alamundaro, resolvió dar un golpe en el flanco mas débil de su adversario.

La batalla de Daras I

II Fase.

Los sarracenos de Alamundaro, reforzados por algunas unidades escogidas de caballería pesada persa, se concentraron para descargar un golpe sobre el flanco defendido por los árabes de Aretas. Así fue, como era de esperar, mientras el resto del dispositivo romano era entretenido por los ataques del resto de la formación persa, Alamundaro descargo un fuerte ataque sobre las unidades ligeras del árabe. Los aliados de los romanos no aguardaron siquiera el choque con los asaltantes, dandose inmediatamente a la fuga.

El flanco romano había sido ahora totalmente rebasado, el resultado no dejaba a dudas, la batalla estaba perdida para Belisario.

La batalla de Daras II

III Fase.

El ataque de las fuerzas enemigas que habían flanqueado el dispositivo romano obligo a Belisario a luchar a la desesperada, se movio entocnes junto a la caballería de Ascán, quien, tras una larga y heroica lucha, acabo por sucumbir junto con 800 de sus hombres y algunas unidades de infantería, como la de los Isaurios, 2.000 reclutas de Isauria y Licaonia que fueron exterminados sin piedad por los atacantes. Una vez que la caballería romana comenzó perdio toda la cohesion, Belisario, junto con los jinetes que todavía se mantenían junto a él, retrocedió sobre las posiciones en las que se defendía todavia la infantería de Pedro. Belisario llego junto a este y desmonto, sus jinetes fueron obligados a hacer lo mismo. La lucha se recrudeció cuando la caballería persa y los árabes de Alamundaro, que habían flanqueado a los romanos, dejaron por fin de perseguir a los fugitivos y se lanzaron contra las ultimas posiciones defendidas por la infantería romana. Belisario retrocedió como pudo y desplegó ahora a los restos de su ejército, para evitar ser envuelto, de espaldas al río. Los persas entretanto cargaban una y otra vez contra las filas romanas con la intención de romper de una vez la cohesión de las mismas. Belisario, luchando por mantener el orden entre sus filas, dispuso a sus unidades apiñadas en un estrecho margen del río, de esta forma, apoyados hombro con hombro, escudo con escudo, los bizantinos presentaron a sus contrarios una infranqueable barrera de hierro ante la que se estrellaron una y otra vez las cargas de caballería de los persas, enemigo que a su vez sufría por contra las descargas de los mortíferos arqueros romanos situados tras las primeras lineas de su infantería. Finalmente, tras largas horas de combate, cayo la tarde y con ella la noche que hizo dar por concluido el encuentro. Belisario, protegido por la oscuridad, dio orden a sus fuerzas de cruzar el río Éufrates hasta llegar a una isla que se levantaba cerca del lugar. Desde allí, barcos traídos desde Calinico, trasladaron los restos del ejército romano hasta la segura protección y cobijo que brindaba la ciudad.

la batalla de Daras III

La rotunda victoria persa parece que no fue tal, o al menos, no tan rotunda. A su regreso a tierras persas y llegado junto al rey, cuando fue interrogado por este acerca del resultado de la campaña, no pudo reconocer haber conquistado ninguna ciudad enemiga y solo dar, como hecho destacable, la noticia de la gran victoria obtenida contra el grueso de las fuerzas romanas de Belisario. Cabades, como era habitual en estas circunstancias, hizo el recuento de bajas y se llego a la conclusión de que estas habían sido tan elevadas que Azaretes no podía, en absoluto, darse por satisfecho con ese resultado. Perdió desde entonces este general la confianza del rey, quien lo tuvo ademas por ello en muy poca estima.

Del lado bizantino, y a efectos políticos, Belisario no podía quedar perjudicado por la derrota por cuanto había combatido en contra de su voluntad, como era bien sabido por todos. Por ello no supuso este contratiempo deshonra ninguna, muy al contrario, fue llamado entonces a Constantinopla por el emperador, había resuelto lanzar un ataque contra el África vándala y Belisario parecía el candidato adecuado para conducir al ejército romano a la victoria.

 

 

Tras la partida de Belisario, Oriente quedo a cargo de su compañero, y también magnifico general, Sitas. Pasaran largos años hasta que Belisario, convertido ya en un legendario general, regrese a Mesopotamia. Para entonces todo habrá cambiado, Persia, bajo Cósroes I, habrá aumentado su poder y agresividad, no dejando a los bizantinos otra opción que la puramente defensiva, implicados, como estaban, en largas y costosas campañas en el occidente romano.

 


Notas..
(1) La región es proverbialmente belicosa. Ya en tiempos del antiguo Imperio daba mucho de que hablar, Amiano Marcelino cuenta como era una región habitada por bandidos irreductibles. A corto plazo se convertirá, durante los próximos siglos, en una de las mas fructíferas canteras de reclutamiento para los ejércitos de Bizancio. Volver
(2) Durante el invierno había regresado a Constantinopla, en este preciso momento llega de nuevo junto a Belisario enviado por el emperador en misión diplomática. Tampoco él cree conveniente dar batalla al ejército persa. Volver

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