La batalla de Calinico
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Tras la batalla de Daras, se abrió un impasse obligado por la estación invernal, aprovechado por los bizantinos para tratar de llegar a algun acuerdo con los sassanidas. Para variar, de nada sirvieron las conversaciones pues ninguno de los bandos deseaba ceder posiciones. Los sassanidas reclamaban lo conocido, es decir: o el desmantelamiento de Daras o una derrama económica con la que ayudar a los persas a sufragar los gastos ocasionados por la dificultad de mantener, como mantienen, un gran numero de tropas guarneciendo las llamadas Puertas Alanas. Los romanos, sencillamente, hacían oídos sordos a las exigencias de Cabades pretendiendo, tan solo, llegar a un fin de las hostilidades. La campaña del año 531.
Un novedoso plan de acción fue entonces aprobado por el rey persa, plan que se adaptaba perfectamente a las premisas con las que, suponemos, se ceñía la nueva estrategia persa. Siguiendo las indicaciones del árabe Alamundaro, de absoluta confianza para el mando persa, se organizo una fuerza de ataque exclusivamente compuesta de jinetes, 15.000, a los que se unirían las numerosas tropas montadas del propio árabe. Todo este ejército iría comandado por el persa Azaretes, y, siguiendo las indicaciones de Alamundaro, se moverían hasta el río Éufrates, río que atravesarían y que flanquearían a través de la zona desértica hasta aparecer, se esperaba que de improviso, en la región de Siria que toca con el Éufrates, la región llamada entonces Éufratesia. |
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En algún momento de la travesía por el desierto, o ya en territorio romano, el mando bizantino en Daras fue informado de la presencia, y de las más que probables intenciones, del ejército invasor. Belisario, al principio confundido, tomo la resolución de marchar en busca de las fuerzas de Azaretes con el grueso de su ejército, y tras dejar antes en Mesopotamia las suficientes tropas como para guarnecer debidamente las ciudades y fortalezas de la región, puso rumbo a Éufratesia todo lo rápido que se podía marchar. El ejército de Belisario lo componían, en el capítulo de tropas montadas, las mismas, con los mismos oficiales que en la batalla de Daras, para la infantería disponía de algunas nuevas unidades, como la formada por 2.000 reclutas provenientes del la región de Isauria (1). En definitiva podía alinear Belisario alrededor de los 20.000 hombres, con la moral intacta, tras la victoria del año precedente. El ejército persa, que entretanto ya había hecho acto de presencia en la frontera romana, ataco y arrollo a su paso todos los territorios por los que avanzaba. Es difícil saber si las tropas atacantes se entretuvieron demasiado al atravesar la rica provincia romana, lo cierto es que Belisario, dirigiendose literalmente a marchas forzadas, consiguió rebasar las posiciones persas y situarse frente a las mismas, cortandoles el camino a la altura de la ciudad siria de Calcis. Para entonces los romanos ya habían recibido refuerzos árabes, el ejército de Aretas, el rey árabe, que bajo protectorado romano, se enseñoreaba de todo el territorio comprendido entre Palmira y el Golfo arábigo. Azaretes y Alamundaro, establecidos en un lugar llamado Gabulón, amedrentados por la repentina aparición del ejército romano, decidieron dar por terminada la campaña y regresar a Asiria. Pese a que las verdaderas intenciones del persa eran las de llegar hasta Antioquía, optaron por no arriesgar la, sin embargo, poco fructífera incursión, y regresar a Mesopotamia de inmediato. Una vez puestos los persas en retirada, Belisario opto por seguir de cerca al ejército enemigo hasta, al menos, los limites de la provincia. Por un lado se prevenían sus correrías y por otro se aseguraría de su marcha. No quería, no obstante, acercarse más de lo debido a la columna en retirada, marchando por ello a un día de diferencia de sus tropas. Pensaba que no debía arriesgarse a un combate contra fuerzas tan poderosas y que, en su situación, combatirían sin duda con resolución, por eso trato, en la medida de lo posible, de mantenerse a cierta distancia de ellos. Desgraciadamente para Belisario, sus propios oficiales y tropa no pensaban lo mismo, censurando a sus espaldas el proceder de su general, quien parecía así hurtarles una victoria que se veía segura. Tras una larga marcha las tropas persas acamparon frente a Calinico, situada al otro lado del Éufrates, a partir de ese punto se extendía ya una zona deshabitada y yerma, el lugar en donde por fin los persas dejarían atrás a los romanos y a través de la cual regresarían a sus tierras. El ejército romano, entretanto, había acampado, siempre a distancia, en la ciudad de Sura. A la mañana siguiente continuaron tras los pasos del ejército enemigo y los sorprendieron todavía asentados junto al Éufrates. Allí se vio por fin que los ánimos de la tropa estaban realmente exaltados. Belisario y Hermógenes (2), que trataban de evitar el combate, se vieron superados por el ardor de sus soldados (principalmente los isaurios) hasta el punto que, probablemente temiendo un motín de graves consecuencias, cedieron a la pretensión de estos de plantear batalla a sus enemigos.
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Tras la partida de Belisario, Oriente quedo a cargo de su compañero, y también magnifico general, Sitas. Pasaran largos años hasta que Belisario, convertido ya en un legendario general, regrese a Mesopotamia. Para entonces todo habrá cambiado, Persia, bajo Cósroes I, habrá aumentado su poder y agresividad, no dejando a los bizantinos otra opción que la puramente defensiva, implicados, como estaban, en largas y costosas campañas en el occidente romano.
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