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Durante
los primeros años del principado de Nerón, tuvo lugar
en Britannia uno de los mayores desastres militares de la Historia
de Roma. Una rebelión encabezada por la reina de los Icenos,
a la que no tardarían en unirse otras tribus; daría
lugar a un levantamiento armado que haría temblar los cimientos
de la dominación romana en la isla. Retomada la política
expansionista y lejos de esperar sublevaciones a su espalda; el
general romano Cayo Suetonio Paulino se vió sorprendido por
unos acontecimientos tan terribles como inesperados que darían
lugar al episodio más sangriento de la Historia Romana de
Britannia. Analicemos cómo se desarrollaron los hechos.
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I.
LLEGADA DE NERÓN AL PODER Y SU POLÍTICA INICIAL CON BRITANNIA
El 13 de Octubre del año 54 d.C. moría envenenado el que
pasaría a la Historia como uno de los mejores gobernantes que tuvo
el Imperio Romano. Claudio, que cinco años antes había tomado
por esposa a su sobrina Agripina, caía víctima de una hábil
conspiración tramada por ésta que tenía por objetivo
llevar al poder a su joven hijo.
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Era
Agripina hija de Germánico y hermana de Calígula.
Posiblemente fuera tan carente de escrúpulos como este último,
pero se diferenciaba de él en que era mucho más inteligente
y se conservaba en su sano juicio. Si hubiera nacido hombre tal
vez hubiera sido un excelente gobernante para Roma. Era una labor
para la que no le faltaban cualidades. No obstante tampoco podemos
olvidar que si a estas alturas conservaba la vida, a diferencia
de sus tres hermanos varones, era precisamente por su condición
de fémina. Es posible que a Claudio no se le pasaran por
alto sus cualidades, ni las buenas ni las malas, a la hora de tomar
esposa. Sabemos por Tácito que el César tenía
a dos amantes habituales (Calpurnia y Cleopatra). Si a esto sumamos
que ya tenía un hijo varón (Británico) podemos
llegar a la conclusión de que no tenía necesidad de
casarse salvo por razones estrictamente políticas (1). |
Tal
vez Claudio temiera menos a una esposa de su propia familia que de otra
que, como hiciera Mesalina, atentara contra su vida tramando entregar
el poder a alguno de sus amantes. Lo cierto es que el César no
dudó en acceder a los planes de su nueva esposa con respecto a
su hijo. Tras el enlace matrimonial Agripina consiguió que éste,
Lucio Domicio, se comprometiera con Octavia, hija menor de Claudio y Mesalina.
Un año después (50 d.C.) Agripina daba otro paso más
en sus ambiciones y conseguía, a través de Pallas, que Claudio
adoptara al joven Lucio Domicio, a partir de entonces conocido como Nerón
Claudio. No había nada que se interpusiera en los intereses de
Agripina. Ella siempre se salía con la suya en esto, en aquello
y en lo de más allá. A Claudio no parecían importarle
demasiado sus abusos de poder. O no se enteraba o prefería no darse
por enterado (2).

Así
pasaron los años y Nerón acumulaba cada vez más
méritos públicos en detrimento de Británico.
La mano de Agripina estaba detrás de todo. Ésta sabía
que de la sucesión imperial de su hijo dependía seguir
disfrutando del poder para cuando volviera a enviudar de su anciano
tío. Británico poco podía hacer al respecto
a su corta edad y carente de apoyos. Siempre que se podía
le eran alejados los más leales a su persona. Al mismo tiempo
parecía Agripina querer dejarlo todo bien atado para cuando
muriera esposo. Había conseguido convencer a éste
para que destituyera a los prefectos del pretorio con la finalidad
de darle el cargo a Sexto Afranio Burro (51 d.C.), un militar de
pura cepa que sabía muy bien a quién debía
su nombramiento. De esa forma se aseguraba la lealtad de la Guardia
Pretoriana que ya había tenido un papel decisivo cuando el
propio Claudio ascendió al poder. |
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Un
par de años antes (49 d.C.), había conseguido también
que el César permitiera volver del exilio a Lucio Anneo Séneca.
Éste era un filósofo nacido en la hispana ciudad de Corduba
que odiaba en silencio a Claudio por haberlo desterrado a la isla de Corsica
a inicios de su principado. Agripina lo haría prosperar en su carrera
política y lo nombraría preceptor de su hijo. Se trataba
de uno de los hombres más sabios de su tiempo y sus consejos podrían
ser de utilidad para cualquier futuro gobernante. Poco después
(53 d.C.) tomaba Nerón por esposa a Octavia. Su camino hacia la
sucesión parecía ya inevitable. No tardaría más
de un año en subir al poder.
Cuenta Tácito que, en una de sus habituales borracheras, a Claudio
lo traicionó el subconsciente y exclamó en voz alta que
era su hado soportar los crímenes de sus esposas y tener que castigarlos
después. También Suetonio se hizo eco de estos y otros comentarios
del anciano Princeps que daban a entender que se arrepentía
de haberse casado con su sobrina y haber adoptado a su hijo. Por todo
ello Agripina, cuya conciencia no debía estar muy limpia, optó
por tomar una decisión drástica para enviudar antes de lo
que las leyes naturales hubieran tenido previsto (3).
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Dicho
y hecho consiguió envenenar a su esposo y convertir a su
hijo de apenas dieciséis años en el nuevo gobernante
supremo del Imperio Romano. Esta sucesión no resultó
complicada de llevar a cabo. Por un lado el Senado no planteó
oposición. Siempre sería mejor que se mataran dentro
de la familia imperial a que volvieran las guerras civiles. Por
otro lado Sexto Afranio Burro, que debía su posición
a Agripina, se había ganado a los pretorianos para la causa
del joven Nerón y les había hecho prestar su juramento
de fidelidad una vez fallecido Claudio. Británnico no tuvo
nada que hacer ante toda aquella trama tan bien orquestada. No pasaría
mucho tiempo antes de que Nerón lo hiciera envenenar. Tampoco
Narciso, el más leal de los libertos de Claudio, pudo remediar
lo irremediable. Poco después que su patrón moría
también asesinado por orden de Agripina (4). |
Pese
a la mala fama con la que ha pasado a la posteridad, los primeros años
de Nerón en el poder han sido siempre considerados como un ejemplo
de buen gobierno. Ello fue así porque con apenas dieciséis
años no era más que un gobernante nominal. La verdadera
intención de Agripina no había sido dar el poder a su hijo
para que lo ejerciese, sino para ejercerlo a través de él.
Para ello contaba en principio con la ayuda de Séneca y Burro.
No obstante ambos terminarían distanciándose de ella por
su desmesurada ambición. Con el tiempo llevarían al joven
César a seguir el mismo camino y éste llegaría al
punto de ordenar su asesinato.
Entre tanto en Britannia continuaba su mandato Aulo Didio Galo, quién
consolidaba las conquistas de su predecesor en el cargo. Desde Roma no
parece que se mostrara desaprobación por su actuación en
la isla. Ni Claudio en sus últimos años ni Nerón
decidieron remplazarle en ningún momento hasta que en el 57 d.C.
se agotó su mandato. Cuenta Suetonio que Nerón nunca sintió
el menor deseo de acrecentar y extender el Imperio Romano e incluso pensó
en retirar a las legiones de Britannia. No obstante al final desistió
de esta última idea por decoro, para no dar la impresión
de que quería rebajar la gloria de su padre adoptivo (5).
¿Es posible que esto ocurriera al llegar al poder?. En cierto modo
explicaría la actitud de Aulo Didio Galo de limitarse a conservar
lo conquistado en Britannia. No obstante, como ya hemos dicho, Nerón
no era más que un gobernante nominal en aquellos tiempos. Parece
absurdo pensar que siendo aún adolescente se preocupara seriamente
de tomar decisiones de esa índole y más si cabe cuando en
Britannia, pese a las dificultades al oeste del Sabrina, la dominación
romana no corría serios peligros.
Finalmente llega el año 57 d.C. y Didio Galo es remplazado por
Quinto Veranio Nepote. Como no podía ser de otra forma se trataba
de un militar experimentado. Era hijo de uno de los hombres más
leales de Germánico que había participado activamente en
el proceso de acusación contra Cneo Calpurnio Pisón por
su implicación en la muerte de aquél. Pertenecía
por tanto a una familia estrechamente ligada a los Claudios. Veranio Nepote,
a quién Onesandro había dedicado un tratado militar llamado
Strategikos, había destacado como militar durante las
campañas militares que tuvieron lugar en Licia en la década
de los 40. Sus experiencias bélicas en terreno montañoso
lo hacían un hombre indicado para hacer la guerra en la zona occidental
de Britannia (6).
A pesar de ello su mandato en Britannia fue efímero. Falleció
un año después de ser nombrado (58 d.C.). Su política
tuvo claros tintes expansionistas. Según Tácito realizó
algunas incursiones limitadas contra los Sílures, pero se vio impedido
por la muerte de llevar más allá la guerra. Fue posiblemente
bajo su mandato cuando se estableció una base logística
en Burrium, al oeste del Sabrina, como primer paso hacia una penetración
más firme en aquella región. Esta base estuvo integrada
por legionarios de la Legión XX Valeria.
Murió Veranio con fama de ser un hombre de vida austera. En su
testamento aduló a Nerón en abundancia y declaró
que hubiera sometido la provincia si hubiera vivido dos años más
(7).
II.
CAYO SUETONIO PAULINO Y SUS PRIMERAS OPERACIONES BÉLICAS EN BRITANNIA
Fallecido Veranio era necesario nombrar como sustituto a otro militar
de prestigio. El general de más renombre en aquellos tiempos era
sin duda Cneo Domicio Corbulón,
pero la situación en Oriente era complicada y su presencia allí
parecía poco menos que imprescindible. Finalmente se optó
por otro veterano que gozaba en aquellos tiempos de enorme fama popular
por una gesta, ocurrida muchos años antes, de la que había
sabido sacar el máximo partido.
En el año 40 d.C. Calígula había hecho ejecutar a
Ptolomeo de Mauritania, rey vasallo de Roma. Éste era hijo de Juba
II y de Cleopatra Selene (hija de Marco Antonio y Cleopatra). Tenía
por tanto parentesco lejano con el propio Calígula (bisnieto de
Marco Antonio) y había recibido además, en tiempos de Tiberio,
los ornamentos triunfales por colaborar con Publio Cornelio Dolabela en
la derrota del caudillo bárbaro Tacfarinas. Ni una cosa ni la otra
le sirvieron para salvar el cuello cuando Calígula tuvo conocimiento
de sus riquezas y decidió convertirse en su heredero. Como consecuencia
de tal vileza un liberto de Ptolomeo, llamado Edemón, encabezó
una rebelión en Mauritania y declaró la guerra a Roma (8).
Desde los tiempos de Augusto y Tiberio, la Legión III Augusta y
sus tropas auxiliares adjuntas estaban a las órdenes de un procónsul
designado por el Senado para gobernar la provincia de África. Ya
en tiempos de Calígula, éste decidió designar a un
legado para la citada unidad que dependía directamente de él,
pero sin remplazar al procónsul ni privar a la provincia del rango
de senatorial. El motivo fue que temía a Marco Silano, entonces
procónsul de África. Por ello le arrebató el mando
de la legión y la puso a las órdenes de un legado legionario
(legatus legionis) nombrado directamente por él. Como
consecuencia de esto se estableció el distrito militar de Numidia
con el territorio adyacente a los acuartelamientos de la legión.
Dicho distrito dependía del procónsul en los asuntos judiciales
y civiles y del legado en los militares (9).
Poco después de estallar el conflicto con Mauritania, el general
moro Salabo consiguió reunir un ejército lo suficientemente
poderoso y se dispuso a atacar la provincia romana de África. No
obstante, el joven legado de la III Augusta no se amilanó ante
la ofensiva y tras presentarle batalla al frente de sus tropas lo derrotó,
lo puso en fuga y lo persiguió para acabar con él. Esta
persecución resultó infructuosa pese a la victoria inicial
con la que se salvó la provincia. Según la versión
de los hechos que el propio legado dejaría por escrito, éste
condujo a su ejército hasta el Atlas, tras diez jornadas de marcha,
e incluso más allá por espacio de unas cuantas millas hasta
llegar a un río llamado Ger (10).
Sería su sucesor en el cargo, Cneo Hosidio Geta, quién derrotaría
finalmente a Salabo y anexionaría Mauritania al Imperio Romano
a principios del 43 d.C. No obstante en la Roma de la época tenía
un mérito impresionante que sus ejércitos pisaran tierras
lejanas. Por primera vez en la Historia las tropas romanas habían
llegado más allá del Atlas. Eso le valió al joven
legado una reputación considerable que él mismo se encargaría
de explotar posteriormente escribiendo sobre su campaña. Por otro
lado, Claudio, que acababa de llegar al poder y se veía en una
situación un tanto inestable; intentaba estar a bien con los militares
siempre que podía. Aquel joven intrépido que se había
ganado el favor del Pueblo merecía ser bien tratado. Por ello le
concedió un consulado por unos meses una vez regresó a Roma
en aquel mismo año 42 d.C. El nombre del joven legado era Cayo
Suetonio Paulino (11).
Transcurridos más de quince años de estos sucesos Paulino
conservaba intacto su enorme prestigio. Según Tácito era
tenido por el pueblo como rival de Corbulón y se decía que
ansiaba igualar la gloria de la reconquista de Armenia. Teniendo en cuenta
que no contamos con más noticias de él hasta la muerte de
Veranio nos podemos hacer una idea de la enorme repercusión que
debió tener en su día su actuación en África.
Todo ello al margen de lo que hubiera hecho después en otras supuestas
campañas de las que sospechosamente no se sabe nada. Parecía
en aquellos tiempos el hombre ideal para acometer la difícil tarea
de pacificar Britannia. ¿Lo era realmente?.
Muchos lo consideraban un excelente militar. Lo cierto es que se trataba
de un veterano con muchos años en activo, aunque no tan brillante
como acreditaba su fama. Años después de su muerte, Tácito,
cuyo suegro (Agrícola) sirvió a las órdenes de Paulino
en Britannia; diría que éste último era un militar
competente y sensato pero también hombre de natural indeciso a
quién gustaban más los planes prudentes y razonados que
los éxitos derivados del azar. Lo cierto es que no era un hombre
que destacara por su ingenio y muy rara vez arriesgaba más de lo
estrictamente necesario. En cualquier caso tampoco carecía de otras
cualidades como sus años de experiencia, su sangre fría
y su capacidad de liderazgo (12).
Una vez hubo llegado a Britannia (58 d.C.) Paulino estudió la situación
y sacó sus conclusiones. Como militar experimentado sabía
que no se podía limitar a realizar pequeñas ofensivas ni
penetraciones tímidas en territorio hostil si quería aplastar
la resistencia del enemigo de forma rápida y definitiva. Tampoco
se podía ganar esa guerra con un genocidio como parece que pretendió
Ostorio Escápula en un momento de desesperación. Una de
las razones del éxito de la invasión del año 43 d.C.
fue precisamente el hecho de que los objetivos estaban claros desde el
principio. Había que golpear fuerte, pero en puntos clave y con
la mayor rapidez posible para anular toda posibilidad de reacción
por parte del enemigo.
El objetivo elegido por Paulino fue la isla de Mona (Anglesey). Ésta
estaba situada al frente a la costa oeste de Britannia y protegida por
el territorio de los Ordovices y los Decangos. En Mona, que de creer a
Tácito estaba bastante poblada en aquella época, vivían
refugiados numerosos druidas y fugitivos que alentaban la resistencia
al invasor romano. Era de hecho el mayor centro neurálgico del
druidismo que se conocía. Si el general romano conseguía
asestar un golpe maestro haciéndose con el control de la isla para
agarrar a los druidas por el cuello; o bien diezmaba su poder pasándolos
por las armas y talando sus bosques sagrados, o bien los obligaba a actuar
en su beneficio como alternativa. Como consecuencia la resistencia de
las tribus britanas hostiles menguaría y finalmente terminarían
aceptando la presencia romana como un mal inevitable. Ninguna expedición
de castigo ni genocidio sería tan eficaz como una victoria así
(13).
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No contamos
con una cronología exacta de los hechos. Al no tener certeza
de en que parte del año 58 d.C. murió Veranio tampoco
podemos saber exactamente cuando desembarcó Paulino en
Britannia. Por tanto podemos conjeturar que la expedición
para la conquista de Mona debió ponerse en marcha o en
ese mismo año 58 d.C. o bien al llegar la primavera del
59 d.C. Personalmente me decanto por la segunda opción
dado que Paulino necesitaba tiempo para prepararla. El ejército
que le acompañaría estaba formado por la mayor parte
de la Legión XIV Gémina y un fuerte contingente
de la XX Valeria. En total debieron ser entre ocho y nueve mil
hombres sumando a las tropas auxiliares.
Foto:
Isla de Mona (Anglesey)
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Tácito
no contó nada sobre la marcha de la expedición romana hasta
que llegaron hasta las costas del Oceanus Hibernicus frente a las que
se ubicaba Mona. Teniendo en cuenta que el ataque romano a esta isla debió
tener lugar hacia finales del año 60 d.C. o principios del 61 d.C.
podemos optar por dos conclusiones. O bien la campaña comenzó
cuando Paulino llevaba ya más de un año en Britannia, o
bien tuvo serias dificultades para avanzar por los territorios hostiles
de los Decangos y los Ordovices, encontrándose allí con
una enconada resistencia. Personalmente me decanto por la segunda posibilidad,
dado que lo más lógico es pensar que el general romano quisiera
aprovechar al máximo el tiempo del que disponía antes de
ser relevado (14).
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Ya en
la costa oeste de Britannia, comenzó a planear Paulino la
conquista y ocupación de Mona. Para ello hizo construir naves
de fondo plano, propias para abordar costas bajas e inseguras, en
las que embarcaría a las tropas de infantería. Los
auxiliares de caballería en cambio, cruzarían unos
por los vados que lo permitían y otros atravesando el mar
a nado donde las aguas eran más profundas. Al poco de llegar
a la otra orilla los romanos se encontraron con un ejército
enemigo, denso en hombres y armas, que les esperaba para defender
la isla. Junto a los guerreros britanos había unas mujeres
vestidas de duelo. Éstas, que a los romanos debieron recordarles
a las Furias, corrían de un lado para otro con los cabellos
sueltos y portando antorchas. En torno a los guerreros estaban también
situados varios druidas que pronunciaban terribles imprecaciones
con las manos alzadas al cielo. Con ello pretendían no sólo
dar valor a sus guerreros, sino amedrentar a los soldados romanos
en la medida que fuera posible (15).
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| Foto:
Estrecho de Menai, que separa Gales (a la derecha) de la actual isla
de Anglesey (Mona). La relativa estrechez de esta lengua de agua no
debió suponer un gran impedimento al avance de las tropas romanas
que atacaron la isla. |
Lo
cierto es que en un principio consiguieron su objetivo. Al iniciarse el
ataque de los guerreros britanos, los legionarios parecían paralizados
por el miedo como consecuencia de sus supersticiones y apenas acertaban
a defenderse. Sin duda debieron quedar impresionados ante aquel cuadro
dantesco. No obstante, arengados por su general, los soldados recuperaron
finalmente el vigor, plantaron cara al enemigo y terminaron por derrotarlo.
Tras la victoria, Paulino ordenó que talaran los bosques de la
isla por ser estos considerados sagrados para los druidas. De esa manera,
más que acabar con su superstición, pretendió tal
vez obligarlos a negociar la paz. En esta labor estaban ocupados los soldados
cuando llegó un mensajero con escalofriantes noticias que iban
a dar al traste con los planes de conquista de su general... (16).
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Notas.
1).
Agripina era descendiente de los Claudios por
parte de su padre y de Augusto por parte de madre.
Volver
2). Agripina
era viuda de Cneo Domicio Ahenobarbo de quién había
tenido a su único hijo, Lucio Domicio. Palante o Pallas,
era un liberto griego de Claudio que siempre se mostró
leal a Agripina ,de quién además era amante. Dada
la vida tan promiscua que había llevado Mesalina es posible
que Claudio dudara de su paternidad biológica sobre Británico.
De ahí que no tuviera reparos en relegarlo a un segundo
término tras Nerón que era tres años mayor
que él y además nieto de su hermano Germánico.
Volver
3). Octavia
fue dada en adopción antes de casarse con Nerón.
En el Derecho Romano estaba prohibido el matrimonio entre hermanos
aunque no lo fueran de sangre. También entre tíos
y sobrinos, siendo el caso de Claudio y Agripina una excepción
permitida por el Senado a partir de entonces. Volver
4). Las
fuentes sobre todos estos acontecimientos que he comentado son:
Tácito (Anales), Suetonio (Vidas de Claudio y Nerón)
y Dion Casio (Historia Romana). Volver
5). Suetonio,
Nerón 18. Según Aurelio Víctor, muchos años
después Trajano decía con frecuencia que todos los
emperadores romanos estaban muy lejos de igualar los cinco primeros
años del gobierno de Nerón (Libro de los Césares
5). Volver
6). Sobre
Quinto Veranio (padre): Tácito, Anales 2, 56; 2, 74; 3,
10; 3, 13; 3, 17; 3, 19; 4, 21. Licia había sido considerada
civitas libera et foederata desde tiempos de Sila hasta que Claudio
la privó de tal condición por las discordias que
promovían entre si. No sería hasta el principado
de Vespasiano cuando éste la convertiría en provincia
romana uniéndola a Panfilia. Sobre Licia: Suetonio, Claudio
25, 3; Vespasiano 8, 4. Volver
7). Sobre
Quinto Veranio Nepote: Tácito, Anales 12, 5; 14, 29; Agrícola
14. Éste fue cónsul en el año 49 d.C. Posiblemente
como recompensa a su buena labor en Licia. Para los movimientos
de las tropas romanas: Julio Rodríguez González,
Historia de las legiones romanas. En aquellos tiempos cuando moría
un hombre de cierta relevancia solía adular al Princeps
en su testamento y en ocasiones le dejaba parte de la herencia.
Con ello pretendía que éste se sintiera agradecido
y no anulara la última voluntad del fallecido para quedarse
con todos sus bienes. Tácito sospechaba que Veranio no
había sido tan austero como indicaba su fama dada la forma
en que aduló a Nerón en su testamento.
Volver
8).
Sobre la ejecución de Ptolomeo: Dion Casio, Historia Romana
59, 25; Suetonio, Calígula 26. Sobre las hazañas
de Ptolomeo en tiempos de Tiberio: Tácito Anales 4, 23-26.
Sobre la declaración de guerra de Edemón: Plinio
el Viejo, Historia Natural 5, 11. Volver
9). Tácito,
Historias 4, 48. Según otra versión de Dion Casio
(Historia Romana 59, 20, 7) quién perdió el mando
de las tropas fue el procónsul Calpurnio Pisón,
ya que convenía que no tuviera el mando militar pues su
arrogancia le hacía propenso a la sublevación (según
la versión de Calígula). A título de hipótesis
es posible que lo que fuera una medida provisional tomada con
Silano se convirtiera en una definitiva con su sucesor Calpurnio.
Para lo que nos interesa a nosotros lo que debe quedar claro es
que quién tenía el mando militar de la III Augusta
a principios del principado de Claudio era el legado de la legión
y no el procónsul de África. Entiéndase que
se trataba de un legatus legionis y no de un legatus Augusti pro
praetore. Es decir, de un oficial con rango de pretor que en circunstancias
normales debería estar subordinado al gobernador de la
provincia. Volver
10).
No se ha conservado dicha obra de la que tenemos noticia por Plinio
el Viejo en su Historia Natural (5, 14). También Dion Casio
(Historia Romana 60, 9) le dedicó un par de líneas
a este legado antes de describir las acciones posteriores de Cneo
Hosidio Geta, verdadero artífice de la anexión de
Mauritania. El río Ger era probablemente el Uadi Guir,
en el actual Marruecos. No obstante hay quienes han interpretado
que se trataba del Níger. Entiéndase por otro lado
que "moro" no es un vocablo peyorativo. La palabra proviene
del latín maurus -i que era el habitante de Mauretania,
nombre que daban los Romanos a la región más noroccidental
del continente africano. Volver
11).
Según Dion Casio (Historia Romana 60, 9) Geta y Paulino
tenían el mismo rango (ex-pretores). Dado que en África
sólo había una legión debió ser su
sustituto. El Atlas era una montaña conocida para los romanos
de la época por mitos y leyendas. Como el propio Plinio
indicaba, haberse adentrado en él fue motivo de gloria
tanto para quienes hicieron la guerra como para los futuros gobernadores
de las dos provincias de Mauritania. Volver
12).
Para los comentarios de Tácito sobre Suetonio Paulino:
Agrícola 5, 1; Anales 14, 29, 2; Historias 2, 25, 2.
Volver
13).
Tácito Anales 14, 29, 3. Sobre la importancia de los druidas
tanto en Britannia como en la Galia, ya hablamos en la Parte I
de este trabajo. Peter Salway afirmó con buen criterio
que este ataque a Mona hubiera sido el siguiente paso lógico
para conquistar Britannia tras las campañas de Plaucio.
Eso explicaría por qué Ostorio Escápula decidió
atacar a los Decangos en el norte del actual País de Gales
tras afianzar la dominación romana al este del Sabrina.
También Agrícola imitaría esa estrategia
años después (Tácito, Agrícola 18,
3-4). Volver
14). No
todos los historiadores están de acuerdo con la cronología
de los hechos. Yo me decanto por la expuesta en este trabajo deduciéndola
de la narración de los acontecimientos por parte de Tácito
y Dion Casio. Volver
15).
Tácito, Anales 29, 3; 30, 1. Las Furias eran divinidades
latinas que se dedicaban a vengar crímenes impunes (el
equivalente a las Erinis griegas). Flavio Vegecio (Instituciones
militares 1, 10) recomendaba que se enseñara a nadar a
todos los soldados, incluyendo a los de caballería y hasta
a los propios caballos. También decía (Ídem
2, 2) que para que las tropas auxiliares fueran útiles
era necesario que día tras día se les enseñara
los varios ejercicios en que conviniera que estuvieran impuestas.
Volver
16).
Tácito, Anales 30. Volver
|
AUTOR DEL ARTÍCULO: CARLOS JAVIER PACHECO LÓPEZ
REALIZACIÓN TÉCNICA, MAPAS, ILUSTRACIONES Y COMENTARIOS
DE LAS ILUSTRACIONES: SÁTRAPA1
Carlos Javier Pacheco López, enero 2007.
Ocehcap076@hotmail.com

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