Durante los primeros años del principado de Nerón, tuvo lugar en Britannia uno de los mayores desastres militares de la Historia de Roma. Una rebelión encabezada por la reina de los Icenos, a la que no tardarían en unirse otras tribus; daría lugar a un levantamiento armado que haría temblar los cimientos de la dominación romana en la isla. Retomada la política expansionista y lejos de esperar sublevaciones a su espalda; el general romano Cayo Suetonio Paulino se vió sorprendido por unos acontecimientos tan terribles como inesperados que darían lugar al episodio más sangriento de la Historia Romana de Britannia. Analicemos cómo se desarrollaron los hechos.

I. LLEGADA DE NERÓN AL PODER Y SU POLÍTICA INICIAL CON BRITANNIA


El 13 de Octubre del año 54 d.C. moría envenenado el que pasaría a la Historia como uno de los mejores gobernantes que tuvo el Imperio Romano. Claudio, que cinco años antes había tomado por esposa a su sobrina Agripina, caía víctima de una hábil conspiración tramada por ésta que tenía por objetivo llevar al poder a su joven hijo.
el niño Britannico
Era Agripina hija de Germánico y hermana de Calígula. Posiblemente fuera tan carente de escrúpulos como este último, pero se diferenciaba de él en que era mucho más inteligente y se conservaba en su sano juicio. Si hubiera nacido hombre tal vez hubiera sido un excelente gobernante para Roma. Era una labor para la que no le faltaban cualidades. No obstante tampoco podemos olvidar que si a estas alturas conservaba la vida, a diferencia de sus tres hermanos varones, era precisamente por su condición de fémina. Es posible que a Claudio no se le pasaran por alto sus cualidades, ni las buenas ni las malas, a la hora de tomar esposa. Sabemos por Tácito que el César tenía a dos amantes habituales (Calpurnia y Cleopatra). Si a esto sumamos que ya tenía un hijo varón (Británico) podemos llegar a la conclusión de que no tenía necesidad de casarse salvo por razones estrictamente políticas (1).

Tal vez Claudio temiera menos a una esposa de su propia familia que de otra que, como hiciera Mesalina, atentara contra su vida tramando entregar el poder a alguno de sus amantes. Lo cierto es que el César no dudó en acceder a los planes de su nueva esposa con respecto a su hijo. Tras el enlace matrimonial Agripina consiguió que éste, Lucio Domicio, se comprometiera con Octavia, hija menor de Claudio y Mesalina. Un año después (50 d.C.) Agripina daba otro paso más en sus ambiciones y conseguía, a través de Pallas, que Claudio adoptara al joven Lucio Domicio, a partir de entonces conocido como Nerón Claudio. No había nada que se interpusiera en los intereses de Agripina. Ella siempre se salía con la suya en esto, en aquello y en lo de más allá. A Claudio no parecían importarle demasiado sus abusos de poder. O no se enteraba o prefería no darse por enterado (2).

Así pasaron los años y Nerón acumulaba cada vez más méritos públicos en detrimento de Británico. La mano de Agripina estaba detrás de todo. Ésta sabía que de la sucesión imperial de su hijo dependía seguir disfrutando del poder para cuando volviera a enviudar de su anciano tío. Británico poco podía hacer al respecto a su corta edad y carente de apoyos. Siempre que se podía le eran alejados los más leales a su persona. Al mismo tiempo parecía Agripina querer dejarlo todo bien atado para cuando muriera esposo. Había conseguido convencer a éste para que destituyera a los prefectos del pretorio con la finalidad de darle el cargo a Sexto Afranio Burro (51 d.C.), un militar de pura cepa que sabía muy bien a quién debía su nombramiento. De esa forma se aseguraba la lealtad de la Guardia Pretoriana que ya había tenido un papel decisivo cuando el propio Claudio ascendió al poder.
el joven Nerón

Un par de años antes (49 d.C.), había conseguido también que el César permitiera volver del exilio a Lucio Anneo Séneca. Éste era un filósofo nacido en la hispana ciudad de Corduba que odiaba en silencio a Claudio por haberlo desterrado a la isla de Corsica a inicios de su principado. Agripina lo haría prosperar en su carrera política y lo nombraría preceptor de su hijo. Se trataba de uno de los hombres más sabios de su tiempo y sus consejos podrían ser de utilidad para cualquier futuro gobernante. Poco después (53 d.C.) tomaba Nerón por esposa a Octavia. Su camino hacia la sucesión parecía ya inevitable. No tardaría más de un año en subir al poder.
Cuenta Tácito que, en una de sus habituales borracheras, a Claudio lo traicionó el subconsciente y exclamó en voz alta que era su hado soportar los crímenes de sus esposas y tener que castigarlos después. También Suetonio se hizo eco de estos y otros comentarios del anciano Princeps que daban a entender que se arrepentía de haberse casado con su sobrina y haber adoptado a su hijo. Por todo ello Agripina, cuya conciencia no debía estar muy limpia, optó por tomar una decisión drástica para enviudar antes de lo que las leyes naturales hubieran tenido previsto (3).

Séneca
Dicho y hecho consiguió envenenar a su esposo y convertir a su hijo de apenas dieciséis años en el nuevo gobernante supremo del Imperio Romano. Esta sucesión no resultó complicada de llevar a cabo. Por un lado el Senado no planteó oposición. Siempre sería mejor que se mataran dentro de la familia imperial a que volvieran las guerras civiles. Por otro lado Sexto Afranio Burro, que debía su posición a Agripina, se había ganado a los pretorianos para la causa del joven Nerón y les había hecho prestar su juramento de fidelidad una vez fallecido Claudio. Británnico no tuvo nada que hacer ante toda aquella trama tan bien orquestada. No pasaría mucho tiempo antes de que Nerón lo hiciera envenenar. Tampoco Narciso, el más leal de los libertos de Claudio, pudo remediar lo irremediable. Poco después que su patrón moría también asesinado por orden de Agripina (4).

Pese a la mala fama con la que ha pasado a la posteridad, los primeros años de Nerón en el poder han sido siempre considerados como un ejemplo de buen gobierno. Ello fue así porque con apenas dieciséis años no era más que un gobernante nominal. La verdadera intención de Agripina no había sido dar el poder a su hijo para que lo ejerciese, sino para ejercerlo a través de él. Para ello contaba en principio con la ayuda de Séneca y Burro. No obstante ambos terminarían distanciándose de ella por su desmesurada ambición. Con el tiempo llevarían al joven César a seguir el mismo camino y éste llegaría al punto de ordenar su asesinato.


Entre tanto en Britannia continuaba su mandato Aulo Didio Galo, quién consolidaba las conquistas de su predecesor en el cargo. Desde Roma no parece que se mostrara desaprobación por su actuación en la isla. Ni Claudio en sus últimos años ni Nerón decidieron remplazarle en ningún momento hasta que en el 57 d.C. se agotó su mandato. Cuenta Suetonio que Nerón nunca sintió el menor deseo de acrecentar y extender el Imperio Romano e incluso pensó en retirar a las legiones de Britannia. No obstante al final desistió de esta última idea por decoro, para no dar la impresión de que quería rebajar la gloria de su padre adoptivo (5).
¿Es posible que esto ocurriera al llegar al poder?. En cierto modo explicaría la actitud de Aulo Didio Galo de limitarse a conservar lo conquistado en Britannia. No obstante, como ya hemos dicho, Nerón no era más que un gobernante nominal en aquellos tiempos. Parece absurdo pensar que siendo aún adolescente se preocupara seriamente de tomar decisiones de esa índole y más si cabe cuando en Britannia, pese a las dificultades al oeste del Sabrina, la dominación romana no corría serios peligros.


Finalmente llega el año 57 d.C. y Didio Galo es remplazado por Quinto Veranio Nepote. Como no podía ser de otra forma se trataba de un militar experimentado. Era hijo de uno de los hombres más leales de Germánico que había participado activamente en el proceso de acusación contra Cneo Calpurnio Pisón por su implicación en la muerte de aquél. Pertenecía por tanto a una familia estrechamente ligada a los Claudios. Veranio Nepote, a quién Onesandro había dedicado un tratado militar llamado Strategikos, había destacado como militar durante las campañas militares que tuvieron lugar en Licia en la década de los 40. Sus experiencias bélicas en terreno montañoso lo hacían un hombre indicado para hacer la guerra en la zona occidental de Britannia (6).


A pesar de ello su mandato en Britannia fue efímero. Falleció un año después de ser nombrado (58 d.C.). Su política tuvo claros tintes expansionistas. Según Tácito realizó algunas incursiones limitadas contra los Sílures, pero se vio impedido por la muerte de llevar más allá la guerra. Fue posiblemente bajo su mandato cuando se estableció una base logística en Burrium, al oeste del Sabrina, como primer paso hacia una penetración más firme en aquella región. Esta base estuvo integrada por legionarios de la Legión XX Valeria.
Murió Veranio con fama de ser un hombre de vida austera. En su testamento aduló a Nerón en abundancia y declaró que hubiera sometido la provincia si hubiera vivido dos años más (7).

II. CAYO SUETONIO PAULINO Y SUS PRIMERAS OPERACIONES BÉLICAS EN BRITANNIA


Fallecido Veranio era necesario nombrar como sustituto a otro militar de prestigio. El general de más renombre en aquellos tiempos era sin duda Cneo Domicio Corbulón, pero la situación en Oriente era complicada y su presencia allí parecía poco menos que imprescindible. Finalmente se optó por otro veterano que gozaba en aquellos tiempos de enorme fama popular por una gesta, ocurrida muchos años antes, de la que había sabido sacar el máximo partido.
En el año 40 d.C. Calígula había hecho ejecutar a Ptolomeo de Mauritania, rey vasallo de Roma. Éste era hijo de Juba II y de Cleopatra Selene (hija de Marco Antonio y Cleopatra). Tenía por tanto parentesco lejano con el propio Calígula (bisnieto de Marco Antonio) y había recibido además, en tiempos de Tiberio, los ornamentos triunfales por colaborar con Publio Cornelio Dolabela en la derrota del caudillo bárbaro Tacfarinas. Ni una cosa ni la otra le sirvieron para salvar el cuello cuando Calígula tuvo conocimiento de sus riquezas y decidió convertirse en su heredero. Como consecuencia de tal vileza un liberto de Ptolomeo, llamado Edemón, encabezó una rebelión en Mauritania y declaró la guerra a Roma (8).


Desde los tiempos de Augusto y Tiberio, la Legión III Augusta y sus tropas auxiliares adjuntas estaban a las órdenes de un procónsul designado por el Senado para gobernar la provincia de África. Ya en tiempos de Calígula, éste decidió designar a un legado para la citada unidad que dependía directamente de él, pero sin remplazar al procónsul ni privar a la provincia del rango de senatorial. El motivo fue que temía a Marco Silano, entonces procónsul de África. Por ello le arrebató el mando de la legión y la puso a las órdenes de un legado legionario (legatus legionis) nombrado directamente por él. Como consecuencia de esto se estableció el distrito militar de Numidia con el territorio adyacente a los acuartelamientos de la legión. Dicho distrito dependía del procónsul en los asuntos judiciales y civiles y del legado en los militares (9).


Poco después de estallar el conflicto con Mauritania, el general moro Salabo consiguió reunir un ejército lo suficientemente poderoso y se dispuso a atacar la provincia romana de África. No obstante, el joven legado de la III Augusta no se amilanó ante la ofensiva y tras presentarle batalla al frente de sus tropas lo derrotó, lo puso en fuga y lo persiguió para acabar con él. Esta persecución resultó infructuosa pese a la victoria inicial con la que se salvó la provincia. Según la versión de los hechos que el propio legado dejaría por escrito, éste condujo a su ejército hasta el Atlas, tras diez jornadas de marcha, e incluso más allá por espacio de unas cuantas millas hasta llegar a un río llamado Ger (10).


Sería su sucesor en el cargo, Cneo Hosidio Geta, quién derrotaría finalmente a Salabo y anexionaría Mauritania al Imperio Romano a principios del 43 d.C. No obstante en la Roma de la época tenía un mérito impresionante que sus ejércitos pisaran tierras lejanas. Por primera vez en la Historia las tropas romanas habían llegado más allá del Atlas. Eso le valió al joven legado una reputación considerable que él mismo se encargaría de explotar posteriormente escribiendo sobre su campaña. Por otro lado, Claudio, que acababa de llegar al poder y se veía en una situación un tanto inestable; intentaba estar a bien con los militares siempre que podía. Aquel joven intrépido que se había ganado el favor del Pueblo merecía ser bien tratado. Por ello le concedió un consulado por unos meses una vez regresó a Roma en aquel mismo año 42 d.C. El nombre del joven legado era Cayo Suetonio Paulino (11).


Transcurridos más de quince años de estos sucesos Paulino conservaba intacto su enorme prestigio. Según Tácito era tenido por el pueblo como rival de Corbulón y se decía que ansiaba igualar la gloria de la reconquista de Armenia. Teniendo en cuenta que no contamos con más noticias de él hasta la muerte de Veranio nos podemos hacer una idea de la enorme repercusión que debió tener en su día su actuación en África. Todo ello al margen de lo que hubiera hecho después en otras supuestas campañas de las que sospechosamente no se sabe nada. Parecía en aquellos tiempos el hombre ideal para acometer la difícil tarea de pacificar Britannia. ¿Lo era realmente?.
Muchos lo consideraban un excelente militar. Lo cierto es que se trataba de un veterano con muchos años en activo, aunque no tan brillante como acreditaba su fama. Años después de su muerte, Tácito, cuyo suegro (Agrícola) sirvió a las órdenes de Paulino en Britannia; diría que éste último era un militar competente y sensato pero también hombre de natural indeciso a quién gustaban más los planes prudentes y razonados que los éxitos derivados del azar. Lo cierto es que no era un hombre que destacara por su ingenio y muy rara vez arriesgaba más de lo estrictamente necesario. En cualquier caso tampoco carecía de otras cualidades como sus años de experiencia, su sangre fría y su capacidad de liderazgo (12).


Una vez hubo llegado a Britannia (58 d.C.) Paulino estudió la situación y sacó sus conclusiones. Como militar experimentado sabía que no se podía limitar a realizar pequeñas ofensivas ni penetraciones tímidas en territorio hostil si quería aplastar la resistencia del enemigo de forma rápida y definitiva. Tampoco se podía ganar esa guerra con un genocidio como parece que pretendió Ostorio Escápula en un momento de desesperación. Una de las razones del éxito de la invasión del año 43 d.C. fue precisamente el hecho de que los objetivos estaban claros desde el principio. Había que golpear fuerte, pero en puntos clave y con la mayor rapidez posible para anular toda posibilidad de reacción por parte del enemigo.


El objetivo elegido por Paulino fue la isla de Mona (Anglesey). Ésta estaba situada al frente a la costa oeste de Britannia y protegida por el territorio de los Ordovices y los Decangos. En Mona, que de creer a Tácito estaba bastante poblada en aquella época, vivían refugiados numerosos druidas y fugitivos que alentaban la resistencia al invasor romano. Era de hecho el mayor centro neurálgico del druidismo que se conocía. Si el general romano conseguía asestar un golpe maestro haciéndose con el control de la isla para agarrar a los druidas por el cuello; o bien diezmaba su poder pasándolos por las armas y talando sus bosques sagrados, o bien los obligaba a actuar en su beneficio como alternativa. Como consecuencia la resistencia de las tribus britanas hostiles menguaría y finalmente terminarían aceptando la presencia romana como un mal inevitable. Ninguna expedición de castigo ni genocidio sería tan eficaz como una victoria así (13).

No contamos con una cronología exacta de los hechos. Al no tener certeza de en que parte del año 58 d.C. murió Veranio tampoco podemos saber exactamente cuando desembarcó Paulino en Britannia. Por tanto podemos conjeturar que la expedición para la conquista de Mona debió ponerse en marcha o en ese mismo año 58 d.C. o bien al llegar la primavera del 59 d.C. Personalmente me decanto por la segunda opción dado que Paulino necesitaba tiempo para prepararla. El ejército que le acompañaría estaba formado por la mayor parte de la Legión XIV Gémina y un fuerte contingente de la XX Valeria. En total debieron ser entre ocho y nueve mil hombres sumando a las tropas auxiliares.

Foto: Isla de Mona (Anglesey)

Isla de Mona (Anglesey)

Tácito no contó nada sobre la marcha de la expedición romana hasta que llegaron hasta las costas del Oceanus Hibernicus frente a las que se ubicaba Mona. Teniendo en cuenta que el ataque romano a esta isla debió tener lugar hacia finales del año 60 d.C. o principios del 61 d.C. podemos optar por dos conclusiones. O bien la campaña comenzó cuando Paulino llevaba ya más de un año en Britannia, o bien tuvo serias dificultades para avanzar por los territorios hostiles de los Decangos y los Ordovices, encontrándose allí con una enconada resistencia. Personalmente me decanto por la segunda posibilidad, dado que lo más lógico es pensar que el general romano quisiera aprovechar al máximo el tiempo del que disponía antes de ser relevado (14).

Estrecho de Menai
Ya en la costa oeste de Britannia, comenzó a planear Paulino la conquista y ocupación de Mona. Para ello hizo construir naves de fondo plano, propias para abordar costas bajas e inseguras, en las que embarcaría a las tropas de infantería. Los auxiliares de caballería en cambio, cruzarían unos por los vados que lo permitían y otros atravesando el mar a nado donde las aguas eran más profundas. Al poco de llegar a la otra orilla los romanos se encontraron con un ejército enemigo, denso en hombres y armas, que les esperaba para defender la isla. Junto a los guerreros britanos había unas mujeres vestidas de duelo. Éstas, que a los romanos debieron recordarles a las Furias, corrían de un lado para otro con los cabellos sueltos y portando antorchas. En torno a los guerreros estaban también situados varios druidas que pronunciaban terribles imprecaciones con las manos alzadas al cielo. Con ello pretendían no sólo dar valor a sus guerreros, sino amedrentar a los soldados romanos en la medida que fuera posible (15).
Foto: Estrecho de Menai, que separa Gales (a la derecha) de la actual isla de Anglesey (Mona). La relativa estrechez de esta lengua de agua no debió suponer un gran impedimento al avance de las tropas romanas que atacaron la isla.

Lo cierto es que en un principio consiguieron su objetivo. Al iniciarse el ataque de los guerreros britanos, los legionarios parecían paralizados por el miedo como consecuencia de sus supersticiones y apenas acertaban a defenderse. Sin duda debieron quedar impresionados ante aquel cuadro dantesco. No obstante, arengados por su general, los soldados recuperaron finalmente el vigor, plantaron cara al enemigo y terminaron por derrotarlo. Tras la victoria, Paulino ordenó que talaran los bosques de la isla por ser estos considerados sagrados para los druidas. De esa manera, más que acabar con su superstición, pretendió tal vez obligarlos a negociar la paz. En esta labor estaban ocupados los soldados cuando llegó un mensajero con escalofriantes noticias que iban a dar al traste con los planes de conquista de su general... (16).
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Notas.
1). Agripina era descendiente de los Claudios por parte de su padre y de Augusto por parte de madre. Volver
2). Agripina era viuda de Cneo Domicio Ahenobarbo de quién había tenido a su único hijo, Lucio Domicio. Palante o Pallas, era un liberto griego de Claudio que siempre se mostró leal a Agripina ,de quién además era amante. Dada la vida tan promiscua que había llevado Mesalina es posible que Claudio dudara de su paternidad biológica sobre Británico. De ahí que no tuviera reparos en relegarlo a un segundo término tras Nerón que era tres años mayor que él y además nieto de su hermano Germánico. Volver
3). Octavia fue dada en adopción antes de casarse con Nerón. En el Derecho Romano estaba prohibido el matrimonio entre hermanos aunque no lo fueran de sangre. También entre tíos y sobrinos, siendo el caso de Claudio y Agripina una excepción permitida por el Senado a partir de entonces. Volver
4). Las fuentes sobre todos estos acontecimientos que he comentado son: Tácito (Anales), Suetonio (Vidas de Claudio y Nerón) y Dion Casio (Historia Romana). Volver
5). Suetonio, Nerón 18. Según Aurelio Víctor, muchos años después Trajano decía con frecuencia que todos los emperadores romanos estaban muy lejos de igualar los cinco primeros años del gobierno de Nerón (Libro de los Césares 5). Volver
6). Sobre Quinto Veranio (padre): Tácito, Anales 2, 56; 2, 74; 3, 10; 3, 13; 3, 17; 3, 19; 4, 21. Licia había sido considerada civitas libera et foederata desde tiempos de Sila hasta que Claudio la privó de tal condición por las discordias que promovían entre si. No sería hasta el principado de Vespasiano cuando éste la convertiría en provincia romana uniéndola a Panfilia. Sobre Licia: Suetonio, Claudio 25, 3; Vespasiano 8, 4. Volver
7). Sobre Quinto Veranio Nepote: Tácito, Anales 12, 5; 14, 29; Agrícola 14. Éste fue cónsul en el año 49 d.C. Posiblemente como recompensa a su buena labor en Licia. Para los movimientos de las tropas romanas: Julio Rodríguez González, Historia de las legiones romanas. En aquellos tiempos cuando moría un hombre de cierta relevancia solía adular al Princeps en su testamento y en ocasiones le dejaba parte de la herencia. Con ello pretendía que éste se sintiera agradecido y no anulara la última voluntad del fallecido para quedarse con todos sus bienes. Tácito sospechaba que Veranio no había sido tan austero como indicaba su fama dada la forma en que aduló a Nerón en su testamento. Volver
8). Sobre la ejecución de Ptolomeo: Dion Casio, Historia Romana 59, 25; Suetonio, Calígula 26. Sobre las hazañas de Ptolomeo en tiempos de Tiberio: Tácito Anales 4, 23-26. Sobre la declaración de guerra de Edemón: Plinio el Viejo, Historia Natural 5, 11. Volver
9). Tácito, Historias 4, 48. Según otra versión de Dion Casio (Historia Romana 59, 20, 7) quién perdió el mando de las tropas fue el procónsul Calpurnio Pisón, ya que convenía que no tuviera el mando militar pues su arrogancia le hacía propenso a la sublevación (según la versión de Calígula). A título de hipótesis es posible que lo que fuera una medida provisional tomada con Silano se convirtiera en una definitiva con su sucesor Calpurnio. Para lo que nos interesa a nosotros lo que debe quedar claro es que quién tenía el mando militar de la III Augusta a principios del principado de Claudio era el legado de la legión y no el procónsul de África. Entiéndase que se trataba de un legatus legionis y no de un legatus Augusti pro praetore. Es decir, de un oficial con rango de pretor que en circunstancias normales debería estar subordinado al gobernador de la provincia. Volver
10). No se ha conservado dicha obra de la que tenemos noticia por Plinio el Viejo en su Historia Natural (5, 14). También Dion Casio (Historia Romana 60, 9) le dedicó un par de líneas a este legado antes de describir las acciones posteriores de Cneo Hosidio Geta, verdadero artífice de la anexión de Mauritania. El río Ger era probablemente el Uadi Guir, en el actual Marruecos. No obstante hay quienes han interpretado que se trataba del Níger. Entiéndase por otro lado que "moro" no es un vocablo peyorativo. La palabra proviene del latín maurus -i que era el habitante de Mauretania, nombre que daban los Romanos a la región más noroccidental del continente africano. Volver
11). Según Dion Casio (Historia Romana 60, 9) Geta y Paulino tenían el mismo rango (ex-pretores). Dado que en África sólo había una legión debió ser su sustituto. El Atlas era una montaña conocida para los romanos de la época por mitos y leyendas. Como el propio Plinio indicaba, haberse adentrado en él fue motivo de gloria tanto para quienes hicieron la guerra como para los futuros gobernadores de las dos provincias de Mauritania. Volver
12). Para los comentarios de Tácito sobre Suetonio Paulino: Agrícola 5, 1; Anales 14, 29, 2; Historias 2, 25, 2. Volver
13). Tácito Anales 14, 29, 3. Sobre la importancia de los druidas tanto en Britannia como en la Galia, ya hablamos en la Parte I de este trabajo. Peter Salway afirmó con buen criterio que este ataque a Mona hubiera sido el siguiente paso lógico para conquistar Britannia tras las campañas de Plaucio. Eso explicaría por qué Ostorio Escápula decidió atacar a los Decangos en el norte del actual País de Gales tras afianzar la dominación romana al este del Sabrina. También Agrícola imitaría esa estrategia años después (Tácito, Agrícola 18, 3-4). Volver
14). No todos los historiadores están de acuerdo con la cronología de los hechos. Yo me decanto por la expuesta en este trabajo deduciéndola de la narración de los acontecimientos por parte de Tácito y Dion Casio. Volver
15). Tácito, Anales 29, 3; 30, 1. Las Furias eran divinidades latinas que se dedicaban a vengar crímenes impunes (el equivalente a las Erinis griegas). Flavio Vegecio (Instituciones militares 1, 10) recomendaba que se enseñara a nadar a todos los soldados, incluyendo a los de caballería y hasta a los propios caballos. También decía (Ídem 2, 2) que para que las tropas auxiliares fueran útiles era necesario que día tras día se les enseñara los varios ejercicios en que conviniera que estuvieran impuestas. Volver
16). Tácito, Anales 30. Volver

 


AUTOR DEL ARTÍCULO: CARLOS JAVIER PACHECO LÓPEZ
REALIZACIÓN TÉCNICA, MAPAS, ILUSTRACIONES Y COMENTARIOS DE LAS ILUSTRACIONES: SÁTRAPA1


Carlos Javier Pacheco López, enero 2007.

Ocehcap076@hotmail.com