III. SEMILLAS DE INSURRECCIÓN
Poco antes de que Suetonio Paulino invadiera Mona había fallecido
Prasutago, el rey de los Icenos. Posiblemente había llegado al
poder tras la rebelión de su pueblo del 47 d.C. que fue sometida
por Ostorio Escápula. Se trataba de un gobernante enormemente rico
que había prosperado gracias a sus buenas relaciones con Roma.
Para la Urbe era esencial mantener estas buenas relaciones con las clases
altas britanas. Sólo delegando el control de amplias zonas a líderes
locales de confianza estaba asegurada la gobernabilidad de la provincia.
Pese a la superioridad de las legiones romanas en el campo de batalla,
éstas no hubieran sido suficientes por si solas para controlar
un territorio tan extenso y poblado como el de Britannia. Se trataba en
todo caso de una relación simbiótica. La presencia romana
garantizaba también a estos gobernantes años de paz y prosperidad.
¿Quién se atrevería a cuestionar su poder viéndolos
protegidos por Roma y sus legiones?.
No obstante, sabiendo la cercanía de su última hora, Prasutago
estaba seriamente preocupado por la suerte que esperaba a su esposa Boudicca
y a sus hijas. Posiblemente se olía que el día que él
faltase los Romanos se aprovecharían para anexionar sus territorios
y despojar a su familia de la inmensa fortuna que había amasado
durante tantos años. Era innegable que Roma era la parte más
fuerte en ese acuerdo y que no tendría reparos en actuar conforme
a sus intereses. Por estas razones decidió Prasutago dejarlo todo
bien atado e hizo un testamento en el que nombraba coheredero a Nerón
junto con sus dos hijas. Como ya hemos visto se trataba de una práctica
habitual en la Roma Imperial cuando se tenía una fortuna de una
cierta importancia. De ese modo se pretendía evitar que el César
anulara el testamento y se quedara con todo.
La idea de
Prasutago no era mala, pero tuvo dos serios inconvenientes. El
primero era que Nerón estaba muy lejos de allí y
posiblemente no supiera de su existencia ni de la de su fortuna.
El segundo es que de sus dos máximos representantes en
la isla, Suetonio Paulino se había marchado hacia el oeste
para realizar una expedición bélica y el procurador
provincial, Deciano Cato, no debía estar más preocupado
en los intereses del César que en los suyos propios. De
los textos de Tácito podemos deducir que Nerón iba
a ser heredero sólo a título privado. No se trataba
de un caso como el de Atalo III de Pérgamo cuando en el
133 a.C. dejó su reino en herencia a Roma. Lamentablemente
para Prasutago no parece que los romanos estuvieran muy dispuestos
a hacer interpretaciones legales contrarias a sus intereses
(17).
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Efigie
de rey Iceno Prasutagus (fuente numismática). |
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En
efecto, tras la muerte de Prasutago, el procurador provincial decidió
que el dinero que Claudio había dado a los nobles icenos durante
la campaña del año 43 d.C. para atraerlos hacia la causa
romana en aquella guerra, debía ser devuelto en ese momento. Por
otro lado Séneca, que tenía la costumbre de actuar de forma
totalmente contraria a la que predicaba; había concedido a los
britanos contra su voluntad un préstamo de cuarenta millones de
sestercios a devolver en un solo plazo junto con los intereses. Curiosamente
el plazo vencía en esos momentos y los recaudadores no iban a dudar
en recurrir a las medidas más severas para hacerlo cumplir (18).
La ausencia de Paulino iba dejar la puerta abierta a toda una jauría
de elementos de la peor ralea que, teniendo la misión conservar
el orden, estaban dispuestos sin embargo a enriquecerse a costa de lo
que fuera. Fue entonces cuando las pacíficas tierras icenas se
vieron sumidas en el más absoluto caos. Al no haber allí
más autoridad que la romana, una vez muerto Prasutago, los recaudadores
mandados por Deciano decidieron llevar a cabo su tarea arbitrariamente
cometiendo todo tipo de abusos y tropelías. Por su parte los centuriones
romanos, lejos de intentar poner orden, se aprovecharon de las circunstancias
para entregarse también al pillaje y dieron rienda suelta a sus
soldados para que hicieran lo mismo con el fin de tenerlos contentos y
que no se volvieran contra ellos.
De los Icenos no respetaron ni a las personas ni a sus posesiones. Se
vieron despojados de todo cuanto tenían y fueron maltratados como
esclavos. Ni siquiera la familia del fallecido rey se libró del
escarnio. Cuando los romanos saqueaban su casa, su viuda Boudicca intentó
plantar cara al desmadre que estaba teniendo lugar para hacer valer sus
derechos. No obstante sólo le sirvió para que los soldados
la prendieran y la azotaran como a una esclava mientras continuaban saqueando
sus bienes y violaban a sus dos hijas pequeñas.
Quienes en su día habían aplaudido llegar a un acuerdo con
Claudio se arrepentían ahora de su ingenuidad y de no haber apoyado
a Caractaco. La actitud de Ostorio Escápula podía haber
sido poco honorable, pero se había limitado a aplastar a los que
levantaron las armas contra Roma. Ahora se había abusado de la
población civil sin mediar provocación alguna, como si de
un pueblo conquistado se tratase. ¿Era así como trataba
Roma a sus aliados?. ¿Y si esto les había ocurrido siendo
tales, que no les esperaba siendo sus esclavos?. (19).
No tardaron los Icenos en unir sus fuerzas y organizarse en torno a su
reina Boudicca. Ésta había sufrido las mismas humillaciones
que su pueblo y por tanto se sentía identificada con su sufrimiento
e indignación. Dion Casio (que nunca la vio en persona) la describió
como una mujer alta, de gran inteligencia y apariencia terrible. Decía
de ella que tenía una mirada feroz y una voz áspera; que
su melena era pelirroja y que le llegaba hasta las caderas. Añadió
además que llevaba siempre un collar de oro y vestía una
túnica de varios colores, testimonio de su anterior riqueza, sobre
la cual se ponía un manto grueso que sujetaba con un broche. Poco
debe importarnos esta descripción de la que ni siquiera sabemos
si se acercaba a la realidad. Lo que sí es rigurosamente cierto
porque lo demuestran los hechos, es que se trataba de una mujer ciertamente
inteligente y con una capacidad de liderazgo difícilmente asimilable
para la mentalidad romana de la época (20).

Foto: En la localidad de Therford
se han encontrado los restos de lo que podría ser un palacio
iceno, y residencia por ello de Boudicca. En la imagen los terraplenes
de defensa que protegían el perímetro del complejo. |
La
mujer suele ser por naturaleza mucho más sensible que el
hombre. No obstante esta sensibilidad no la hace siempre más
débil; sino que por el contrario, la permite en ocasiones
odiar con mucha mayor intensidad que un hombre. Sólo aquellas
que lamentablemente han pasado por algo parecido a lo que vivió
Boudicca son capaces de hacerse una idea en toda su dimensión
de la profundidad de la herida que le habían hecho. Especialmente
tras la violación de sus hijas. No obstante todo ese sufrimiento,
lejos de derrumbarla, debió endurecerla hasta el extremo
e hizo de su venganza la razón de seguir viviendo después
de haberlo perdido todo. Su carisma y el ser esposa del fallecido
rey le facilitó su labor para reunir en torno a si, no sólo
a los nobles, sino también al pueblo en general y canalizar
su sufrimiento para transformarlo en odio y sed de venganza contra
Roma. |
¿Qué
esperanza quedaba a los pueblos de Britannia si no se unían para
vengar los abusos de los que eran objeto?. Los Romanos habían levantado
todo un Imperio que dominaba el mundo. Su civilización era fastuosa
e inigualable en majestuosidad, con sus grandes edificios y construcciones.
Pero aquella era una grandeza cuyos cimientos eran la sangre y la esclavitud
de los pueblos vencidos. Los Icenos no habían hecho nada contra
ellos y ahora estaban siendo esclavizados sólo para saciar su avaricia.
Ellos, que lo tenían todo, habían venido a Britannia para
arrebatarles lo poco que poseían. Les habían quitado hasta
su religión y sus tradiciones para convertirlos en esclavos tras
engañarlos con falsos tratados de amistad. Ni siquiera habían
respetado la última voluntad de un rey que les había sido
leal hasta el día de su muerte.
¿Era ese el legado que dejarían a sus hijos?. ¿Una
herencia de esclavitud y añoranza de libertad perdida por haber
carecido de valor para morir defendiéndola?. Siempre sería
preferible morir como hombres y mujeres libres que lucharon por lo que
era suyo a vivir sin dignidad y maltratados perros. Todos habían
tenido la amarga experiencia de comprobar que era mejor la pobreza sin
amos que la abundancia bajo el yugo. No habría perdón para
aquellos impíos. Aunque tuvieran que dejar su vida en ello, harían
que su sangre regara el suelo que les habían arrebatado y que sus
pasadas glorias se convirtieran en un infierno.
Poco después, los rebeldes, dirigidos por su reina, cayeron sobre
las guarniciones de soldados establecidas en tierras icenas y los pasaron
por las armas. Sólo habían sido los primeros coletazos de
la bestia... (21)
-
IV.
ESTALLA LA REBELIÓN
A medida que pasaban los días los partidarios de Boudicca eran
cada vez más numerosos. Cuenta Dion Casio que llegaron a sumar
unos ciento veinte mil, aunque posiblemente fueran muchísimos menos.
Al llegar noticias a los Trinobantes de lo que ocurría tampoco
dudaron en unirse a ella. No eran pocos los que anhelaban recuperar su
antigua libertad. Estos habían sido incorporados a los dominios
romanos tras la invasión del año 43 d.C. Por tanto no se
había roto ningún pacto con ellos. No obstante desde que
se empezaron a asentar soldados licenciados en Camulodunum durante el
gobierno de Ostorio Escápula, se habían cometido muchos
abusos contra ellos (22).
Al no poseer la ciudadanía romana los Trinobantes llevaban siempre
las de perder. Sus tierras les eran arrebatadas por los colonos romanos
y los echaban de sus casas por la fuerza ante la pasividad de los gobernantes
y de los soldados. Durante años se había generado más
odio que admiración por la cultura romana. Además no sólo
les habían prohibido practicar la religión druídica
sino que encima se había construido un enorme templo dedicado al
fallecido Claudio (deificado tras su muerte). Dicho templo era visto como
el mayor exponente de la dominación romana y prueba de su esclavitud,
dado que sus sacerdotes derrochaban en él las riquezas que les
arrebataban. ¿Era ése el dios al que debían adorar?.
¿El padre de todas sus desgracias?.
Pronto se empezó a rumorear entre las mujeres romanas de Camulodunum
que algo malo iba a ocurrir. Se decía que se habían oído
en la curia local gritos en lengua extranjera, que habían resonado
alaridos en el teatro y que en el estuario del río Tamesa se había
observado la imagen de la colonia en posición invertida. También
que se habían visto las aguas del océano teñidas
del color de la sangre y aparentes efigies de cuerpos humanos abandonados
por las olas. Además una estatua de la Victoria que había
en la ciudad se había caído al suelo, sin motivo aparente,
quedando en el suelo vuelta de espaldas como si huyera del enemigo (23).
Estos supuestos presagios empezaron a preocupar a los romanos al tiempo
que causaban regocijo entre la población trinobante. En el fondo
el temor de aquellas mujeres era más racional de lo que nos ha
llegado por las fuentes. Éstas siempre han tenido un sexto sentido
intuitivo para percatarse de cosas que no se expresan con palabras y que
a los hombres nos suelen pasar desapercibidas. Se daban cuenta de que
algo raro pasaba con los britanos aunque nadie dijera nada. Veían
caras, analizaban gestos, expresiones y comportamientos. Los comentaban
entre si y sacaban sus conclusiones. Posiblemente todos esos presagios
no fueran sino un reflejo del subconsciente de aquellas mujeres, que tenían
serios motivos para temer lo que parecía inevitable. Otra posibilidad
es que simplemente se pusieran de acuerdo para inventarlos con la finalidad
de hacerse escuchar.
La zona este de la isla se había ido desmilitarizando poco a poco
debido a las campañas que se llevaban a cabo en el oeste. Además,
tanto Paulino como la mayor parte del ejército estaban lejos de
allí y Camulodunum no contaba con murallas ni fortificaciones.
Como consecuencia de la preocupación de aquellas mujeres, que manifestaban
continuamente su malestar, la atmósfera se tornó tensa.
Era como si todos caminaran sobre la cola de un tigre dormido. Finalmente
los colonos romanos terminaron haciéndose eco de aquellos temores
y pidieron al procurador Deciano que les enviara tropas por lo que pudiera
pasar. No obstante éste, que no debía creer en la posibilidad
de una sublevación a gran escala, se limitó a enviar a unos
doscientos hombres que ni siquiera contaban con el armamento adecuado
(24).
Con esta medida creyó que era suficiente para tranquilizar a los
colonos. Sin embargo estos soldados recién llegados no tomaron
la precaución de cavar fosos, construir una empalizada y sacar
de allí a los ancianos, a las mujeres y a los niños hasta
que se hubiera terminado la construcción de las defensas. "Chismes
de viejas" pensarían algunos cuando les hacían llegar
las noticias de los presagios. En su supina ingenuidad pensaban que el
Templo de Claudio iba a ser protección suficiente en caso de que
ocurriera algo inesperado...
Los peores temores de los colonos no iban a tardar en confirmarse. Boudicca,
que estaba bien informada de lo que ocurría en la ciudad gracias
a la colaboración de los trinobantes, no ordenó el ataque
hasta que pasaron varios días. Su intención era que la tensión
de los romanos disminuyera y bajaran la guardia. A esto contribuyó
"la quinta columna britana" de Camulodunum que, aparentando
tranquilidad, hacían sus vidas como si nada pasase. Una vez que
parecía que los ánimos calmaban, Boudicca hizo rodear la
ciudad. Envalentonados ante la perspectiva de vengarse por tantas y tantas
afrentas; icenos, trinobantes y gentes de otras tribus menores que se
les habían unido, tomaron las armas y entraron en Camulodunum por
todos los caminos posibles sin que nadie hiciera nada para impedirlo.
Fue entonces cuando la "quinta columna" se sumó a los
anteriores y todos juntos se lanzaron contra la población romana
para pasarla por las armas. No importaba el sexo ni la edad de las víctimas.
No habría perdón para nadie. Las que se llevaron la peor
parte fueron las mujeres. Éstas, lejos de recibir mejor trato que
los hombres, fueron las que peores tormentos tuvieron que padecer. Posiblemente
fue la venganza por lo que los romanos hicieron a las mujeres icenas.
Sin embargo no se cebaron con las más humildes, sino que fueron
a por las matronas romanas de mayor alcurnia en respuesta a trato que
habían dado a su reina.
Según la versión de Dion Casio muchas fueron colgadas desnudas
para después cortarles los pechos y cosérselos a sus bocas
de modo que pareciera que se los estaban comiendo. Luego las empalaban
verticalmente en estacas para que su muerte fuera más lenta y tortuosa
(suponiendo que siguieran vivas). Es posible que los hombres no corrieran
mucha mejor suerte. En cualquier caso, fueran verosímiles o no
los datos que recopiló este historiador, no debe ocuparnos tanto
el tipo de torturas como el hecho de que los britanos se emplearon con
brutal ensañamiento. Sin duda fue la consecuencia de los abusos
que se habían cometido con ellos durante tantos y tantos años.
Lo sucedido poco antes en tierras icenas no fue sino la gota que colmó
un vaso que ya estaba a punto de desbordarse. Esto es a su vez un claro
reflejo de la actitud negligente de los primeros gobernadores romanos
de Britannia, siempre tan preocupados de aumentar su prestigio con nuevas
conquistas pero nunca del buen gobierno de los territorios ya sometidos
(25).
Una vez aniquilaron a la población romana entre torturas y sacrificios
a sus dioses, los rebeldes celebraron su victoria y saquearon lo que quedaba
de la colonia. Después la incendiaron y se marcharon. No tardaron
en volar las noticias de lo sucedido. Al llegarles a Quinto Petilio Cerial,
legado de la IX Hispana, éste no debió dar crédito
a sus oídos. No obstante no tardó en reaccionar y, teniendo
en cuenta que su ejército era el más próximo al lugar
de los hechos, tomó el mando de varias cohortes y auxiliares de
caballería y se dirigió a Camulodunum para hacer frente
a la insurrección. Evidentemente desconocía la magnitud
de la rebelión y no sabía donde se metía.

Los
rebeldes, que eran muy superiores en número y tenían
la moral bien alta tras la masacre, no optaron por huir y prefirieron
plantarle cara. Posiblemente estaban bien informados de los movimientos
de Cerial dado que contaban con la colaboración y simpatías
de la población local. Por ello no debieron tener mayor problema
en preparar su ataque. Cuando menos lo esperaban los hombres de
la IX Hispana se vieron rodeados y fueron atacados. Cerial, que
logró escapar por los pelos junto con algunos auxiliares
de caballería, se dirigió hacia su cuartel para buscar
refugio. Los hombres de infantería que estaban a sus órdenes
no tuvieron tanta suerte y cayeron masacrados en la batalla. Aquella
inesperada rebelión se había desatado donde menos
la esperaban los romanos. Pero lo ocurrido en Camulodunum había
sido sólo el principio. Tras la derrota de Cerial toda la
población romana asentada en la zona oriental de la isla
estaba amenazada. Si el éxito de los rebeldes arrastraba
a las otras tribus britanas los romanos estaban perdidos. Al llegar
a Londinium las noticias de lo sucedido el procurador Deciano debió
quedarse perplejo. |
Consciente de su culpabilidad y temiéndose lo peor, en vez
de preparar defensas para resistir y solicitar refuerzos para defender
Londinium y Verulamium, se dejó vencer por el miedo y huyó
cobardemente hacia la Galia para salvar su pellejo. Tanto la población
romana como los aliados habían sido abandonados a su suerte.
Por otro lado las tropas romanas repartidas a lo largo de Britannia
no supieron reaccionar dada su situación fragmentada, la
ausencia de su comandante en jefe y el desconocimiento del verdadero
alcance de lo que estaba pasando (26).
Sólo Suetonio Paulino y su ejército, que estaban en
el otro extremo de Britannia, podían salvar a la provincia
de lo que aún estaba por llegar... |
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Notas.
17).
Tácito, Anales 14, 31.Volver
18).
Dion Casio, Historia Romana 62, 2, 1. Es muy posible que no fuera
Séneca él único que tenía dinero invertido
de esa manera tan abusiva. Posiblemente otros senadores (a través
de testaferros) y caballeros optaran por actuar del mismo modo
a título privado, siendo Séneca tal vez el caso
más conocido por su proximidad a Nerón. No era mal
negocio, teniendo en cuenta que los contratos se interpretaban
siempre de cara a los intereses de los romanos. Volver
19).
Es
muy posible que las demás mujeres icenas no corrieran mejor
suerte que esas dos niñas. Volver
20).
Los
Romanos entendían que tanto la guerra como la política
eran cosas exclusivamente de hombres. No entraban en el papel
que debía desempeñar la mujer en la sociedad según
su forma de ver las cosas. El núcleo básico de su
sociedad era la familia y no el individuo. Por tanto la mujer
debía tener en la sociedad el mismo papel que había
tenido siempre en la familia. Para la descripción de Boudicca:
Dion Casio, Historia Romana 62, 2, 3. Volver
21).
Tácito Agrícola 16, 1. Con casi
toda probabilidad se trataba de tropas auxiliares ubicadas en
aquella zona probablemente por Ostorio Escápula. Se comprende
que no dejaron ni a uno con vida porque los romanos no supieron
nada de esto hasta mucho después. Volver
22).Tácito,
Anales 14, 31. Dion Casio, Historia Romana 62, 2, 3. Las dos fuentes
principales que narran la rebelión de Boudicca son los
Anales de Tácito y la Historia Romana de Dion Casio. El
primero nos presenta un relato bastante más riguroso que
el segundo. Entre otras cosas porque escribió sobre los
hechos muchos años antes que Dion Casio y pudo contar con
el testimonio de testigos presenciales. Uno de ellos debió
ser su suegro, Cneo Julio Agrícola, que por aquellos tiempos
servía a las órdenes de Suetonio Paulino como tribuno
de la Legión II Augusta (Tácito, Agrícola
5). Dion Casio en cambio nos hizo llegar un relato plagado de
discursos altisonantes inventados y cifras desorbitadas. Más
adelante volveremos sobre el tema.Volver
23).
Tácito, Anales 14, 32. Volver
24).
En
aquellos tiempos el procurador provincial no residía en
Camulodunum sino en Londinium. Su posición estratégica
como enclave comercial por estar situada en el interior a orillas
de un río navegable (el Tamesa) la convertía en
un centro natural muy adecuado para la administración financiera.
De hecho era allí donde se asentaban la mayor parte de
los comerciantes romanos pese a que en esa época no tenía
status de colonia ni de municipio.Volver
25).
Dion
Casio, Historia Romana 62, 7, 2. Tácito da a entender en
la biografía de Agrícola que el malestar de britanos
en general venía ya de de tiempo atrás (Agrícola
15). Otra de las causas de dicho malestar eran las levas obligatorias
que les imponían. En los Anales sólo habló
del malestar de los Trinobantes y del saqueo que tuvo lugar en
tierras icenas tras la muerte de Prasutago. Por lo demás
Tácito no se detuvo en describir torturas como hizo Dion
Casio, pero sí afirmó textualmente que "la
ira y la victoria no omitieron ninguna especie de crueldad connatural
a los bárbaros" (Agrícola 16, 1).Volver
26).Tras
su huída a la Galia no se vuelve a saber nada en las fuentes
de este personaje. Según Webster, Petilio Cerial debió
tener bajo sus órdenes a tres cohortes legionarias y una
turma de caballería (quinientos hombres). Del texto de
Tácito (Anales 14, 32) se desprende en un primer momento
que cayó toda la IX Hispana, pero cuando el mismo autor
habla de los refuerzos que posteriormente la completaron (Anales
14, 38, 1) sólo menciona a 2.000 legionarios más
los auxiliares. Según Frere, antes de estar estacionada
en Lindum al completo, la IX Hispana operaba dividida en dos mitades.
Una estaba en tierras de los Coritanos, en la actual localidad
de Newton on Trent. La otra en Longthorpe, a 120 km (unos tres
días de marcha) de Camulodunum. El ejército de Petilio
Cerial era este último; el más cercano al lugar
de los hechos tras el aniquilamiento de las tropas acuerteladas
en tierras icenas. Según el mismo autor, como consecuencia
de lo ocurrido, la IX Hispana pasaría posteriormente a
acuartelarse en Lindum por completo. Sobre este personaje, Petilio
Cerial, podemos encontrar un artículo de Julio Rodríguez
González en el libro Res Gestae. Grandes generales romanos
( vol. I ). Cerial tenía parentesco político con
Vespasiano y durante el principado de éste sería
designado para gobernar Britannia. Volver
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AUTOR DEL ARTÍCULO: CARLOS JAVIER PACHECO LÓPEZ
REALIZACIÓN TÉCNICA, MAPAS, ILUSTRACIONES Y COMENTARIOS
DE LAS ILUSTRACIONES: SÁTRAPA1
Carlos Javier Pacheco López, enero 2007.
Ocehcap076@hotmail.com

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