CAMPAÑA DE CINOSCÉFALOS


Filipo no había podido reunir más allá de unos 22.000 soldados (11), tropas con la que encaró confiado el avance sobre Tesalia. En el sur del país, la ciudad de Tebas de la Ptiotide (12) se negaba a entregarse al romano. Sin tiempo que perder Flaminino la evitó y continuó en dirección a Feras. A partir de este punto, y en cualquier momento, podían encontrarse los dos ejércitos.

EL EJÉRCITO MACEDONIO: LA FALANGE, ORGANIGRAMA OPERACIONAL.

Más allá de esta ciudad, coincidió que las avanzadillas de ambas fuerzas se encontraron, al mismo tiempo, ascendiendo a una colina que dominaba los alrededores de Feras y que por su elevación permitía divisar desde ella un amplio perímetro territorial. La escaramuza subsiguiente se inclinó del lado romano. La caballería etolia, que militaba junto al cónsul, era por entonces de gran utilidad táctica. Considerada como el mejor cuerpo montado de toda la helade, en esta ocasión ganaron de nuevo los laureles de la victoria derrotando y persiguiendo a los soldados del rey hasta su campamento.

De las antiguas unidades de élite macedonias como los hypaspistas poco se sabe. Los historiadores clásicos no han guardado recuerdo de ellas, sin duda por su falta de protagonismo. Los citados hypaspistas, convertidos ahora en la guardia del rey, no tienen ninguna relevancia táctica. De lo poco que sabemos de ellos es que cumplen misiones de policía dentro del organigrama organizativo del ejército. Parece claro que infracciones disciplinarias en campaña son perseguidas y fiscalizadas por ellos.

 

En aquel territorio abundaban los terrenos de cultivo, y con ellos los muros divisorios, así como extensas plantaciones de árboles frutales de todo tipo. Ni para el romano, ni mucho menos para el macedonio, era el terreno idóneo en donde sostener un combate en toda regla.

Filipo, seguramente indeciso, prefirió asegurar su posición, retirándose entonces de aquellos complicados parajes desplazándose hacia el oeste. Allí, la ciudad de Escotusa y su fértil territorio garantizaba el conveniente suministro de sus tropas; ejército que a buen seguro carecía de un adecuado tren de bagajes, sacrificado seguramente en pos de una mayor movilidad. El cónsul, informado de este desplazamiento, siguió en paralelo a las fuerzas del macedonio en movimiento. Si Filipo necesitaba abastecerse, él se encargaría de estorbar en lo posible sus planes. Siguiendo sus pasos y aprovechando su superioridad en caballería, se adelantarían saqueando y destruyendo en lo posible las campiñas cercanas que pudiesen atravesar, siempre antes de que los macedonios pudiesen sacar de ellas cualquier cosa de provecho. Flaminino estaba dispuesto a acosar y agobiar a su enemigo hasta obligar a este a entrar en batalla.

Durante dos días los ejércitos se movieron lentamente por la región que separaba Feras de Escotusa, un territorio tan irregular que ya durante la segunda jornada los dos contendientes perdieron todo contacto entre ellos, y eso que, pese a todo, se encontraban muy cerca el uno del otro. Al tercer día un fuerte aguacero cayó sobre toda la región. Después de llover, una densa neblina se apoderó de todo el campo abierto. Flaminino, desconfiando de la situación, dio orden de detener la marcha y esperar a que clarease. Sin tener a su enemigo localizado parecía demasiado aventurado continuar el avance y exponerse a caer en una emboscada.


Filipo, por su parte e igual de desconcertado, resolvió por contra acelerar su marcha, aunque sin fortuna. Era tal la densidad de la niebla, que a las tropas les resultaba muy difícil mantener su cohesión, se corría un riesgo real de que alguna unidad, o incluso buena parte del ejército, pudiese extraviarse y caer en manos del enemigo. Filipo, que no deseaban exponerse a esa eventualidad, tras atravesar por las colinas llamadas de Cinocéfalos, decidió detenerse, reagrupar a sus unidades, y acampar. Antes de ello, provisoriamente, dispuso un fuerte retén de soldados sobre las elevaciones que acababan de dejar atrás. Sin duda, la posición era clave a la hora de proteger los accesos al campamento macedonio. Filipo sabía bien lo que hacía.

Entretanto, Flaminino, quien también había acampado en vista de la difícil situación climatológica, estaba necesitado al mismo tiempo de localizar la posición de la columna enemiga, con la que había perdido todo contacto. De esta forma dispuso, tras acampar, que un nutrido contingente de caballería, seguidos de 1.000 soldados de infantería ligera, avanzasen en misión de exploración. Para entonces, no podían saber que las elevaciones hacia las que se movían, en medio de la niebla, habían sido ocupadas por las avanzadillas macedonias antes mencionadas, pues, se daba el caso, que ambos ejércitos no estaban lejos el uno del otro, sino muy al contrario, a apenas a unos kilómetros.
Cuando la caballería aliada se topó repentinamente con las posiciones del retén macedonio en lo alto de las colinas el miedo y el desconcierto cundió a la vez entre ambas fuerzas. Casi al unísono, los dos contingentes dieron aviso a sus respectivos campamentos de que se había tomado contacto con las tropas enemigas.

Después del desconcierto inicial, los soldados de ambos lados comenzaron a enzarzarse en la lucha. Desde el inicio de la misma, los macedonios, que eran más numerosos y ocupaban mejores posiciones, se impusieron sin dificultad sobre los atacantes. El oficial romano al mando reclamó ayuda al campamento, desde allí fueron ahora remitidos a toda prisa 500 jinetes y 2.000 infantes etolios, tropas ligeras y por ello veloces. Con el auxilio de este contingente las tornas cambiaron de lado. Los macedonios comenzaron a ser empujados hacia atrás, obligándolos ahora a ellos a pedir socorros a su campamento.
La situación de Filipo en esos momentos no era la más cómoda. Había enviado a parte de sus tropas a forrajear a los campos de alrededor. Siendo así, la perspectiva de convertir aquella escaramuza en una batalla en toda regla no era de su agrado; aunque tampoco podía abandonar a sus hombres en aquellas colinas, en las que ahora parece ser habían sido prácticamente rodeados y hechos retroceder hacía su cumbre.
El rey se decidió a intervenir. Y como primera medida remitió con celeridad a la colina en donde se desarrollaba la lucha a Atenágoras, con toda la caballería pesada macedonia, la caballería aliada tesalia y unos miles de auxiliares de infantería ligera. Con la repentina aparición de este fuerte contingente, los aliados fueron rápidamente batidos y puestos en fuga. Y fue tal el revés que en ese momento sólo la heroica actuación de la caballería etolia protegiendo la retirada de las heterogéneas fuerzas aliadas que corrían hacia su campamento salvó a estas de una auténtica debacle.

Batalla de Cinoscefálos, fase 1

Flaminino, muy preocupado por las noticias de la derrota sufrida por sus fuerzas y del peligro en que se encontraban, sacó al resto del ejército del campamento con intención de presentar batalla o, al menos, devolver el golpe o hacer huir del lugar a su adversario.
Para Filipo, las noticias que pronto le llegaron de las colinas, comunicando la gran victoria obtenida sobre los romanos y sus aliados, enardeció a todos los soldados por igual. El rey sopesó en aquel momento todos los pros y los contras de la oportunidad. Al final, se inclinó por ir a la batalla y aprovechar así el entusiasmo de sus hombres, factor este que prevaleció sobre los demás a la hora de tomar la decisión. Si había de darse un encuentro definitivo aquel era el momento. Ni Flaminino ni Filipo habían elegido ni la ocasión ni el lugar, pero ambos, por diferentes circunstancias, estaban impelidos a presentar batalla en aquella jornada. La batalla de Cinocéfalos había dado comienzo.

Llegados a este punto, conviene hacer hacer algunos apuntes acerca de la capacidad de los ejércitos enfrentados. Para nadie, ni romanos ni griegos, era un secreto la relevancia moral de aquel choque militar que pronto se iba a dar en territorio tesalio.


¿Falange o Legión?. En toda la hélade se debatía acerca de cada uno de los dos modelos de combate. Se asistía, con una mezcla de miedo y expectación, al encuentro final entre ambos ejércitos. El testigo más cercano a los hechos, y que no deja de señalar este fenómeno, es el aqueo Polibio. Él mismo se detiene a analizar las posibilidades y características de los dos métodos enfrentados. Para el griego estaba claro que la falange era imbatible en un terreno llano y abierto. Sin embargo, reconoce que era realmente difícil encontrar un campo de batalla que se adecuase completamente a esta característica. En cualquier espacio, de una forma u otra, se encontraban siempre diversas irregularidades físicas que terminaban por romper la uniformidad necesaria para el correcto desenvolvimiento de la falange durante su avance.
Por desgracia para los macedonios, para enfrentarse a las polivalentes legiones romanas hacia falta hacerlo en las mejores condiciones posibles. Para estas, adaptadas a cualquier tipo de terreno, aunque no a todo tipo de enemigos, era relativamente fácil operar según sus técnicas de combate y derrotar cuerpo a cuerpo a cualquier enemigo en campo abierto.
Contra la falange, la maniobrabilidad de los manípulos romanos resultaba una amenaza muy seria. La Legión romana no podía ser rota y desorganizada por la falange durante su progresión. Las especiales características de estas unidades de combate, entrenadas para combatir en pequeñas unidades desplegadas en profundidad la hacían invulnerable a las derrotas puntuales en cualquier sector de la línea de batalla. La falange, por contra, debía permanecer unida, y más o menos alineada, so pena de ofrecer a sus enemigos brechas, puntos débiles, por donde los ágiles manípulos romanos podían colarse y provocar una auténtica carnicería. La mejor muestra de ello la tenemos en Pirro; al toparse con las legiones durante su campaña de Italia, escogió abandonar su técnica de combate, típicamente helénica, por una mucho más flexible basada en unidades tácticas más maniobrables y, con ello, más reducidas. Su falange ya no luchaba completamente unida, la dividió y colocó entre los espacios que esta formaba algo parecido a las cohortes romanas. Tropas destinadas al contraataque rápido y la protección cercana de las unidades más pesadas. Pirro reconocía así la imposibilidad de mantener una extensa y cerrada línea de falange. Directamente la rompió y situó tropas de choque a lo largo de toda ella.
Para el otro gran enemigo de Roma, Aníbal, la contramedida necesaria para derrotar a los magníficos soldados romanos estaba clara: la caballería. Si la legión frontalmente era prácticamente imbatible, había que emplear a la rápida caballería para rodearla y aniquilarla antes de que esta pudiese destruir a las fuerzas contra las que avanzaba. En su defecto, también resultaba vulnerable a una lucha de celadas o baja intensidad, pues el pesado armamento de sus soldados representaba un serio problema en estas circunstancias.
Por último, y como factor de mayor relevancia, hay que reconocer que la falange de Filipo V no era la de antaño. Sin la colaboración de una desarrollada caballería pesada la falange como tal no podía conseguir la victoria contra un enemigo de cierta entidad. En este caso la legión romana, fuertemente disciplinada y que no iba a romper filas ante la visión o la amenaza del avance cerrado de la formación macedonia, obligaba a la formación enemiga a emplear al maximo todos sus recursos.

En Cinoscéfalos, el flanco comandado por Filipo se impondrá a sus enemigos pero por varias razones relativamente excepcionales. Primero combatían de arriba hacia abajo, una dificultad añadida y al tiempo una ventaja para la falange, segundo, la superioridad local de las fuerzas auxiliares es absoluta, ya que el rey acumula en ese sector la inmensa mayoría de sus tropas ligeras y caballería. Evidentemente esto supondrá, por contra, dejar el otro flanco desprotegido. Como ocurrió, que literalmente se volatilizó en cuanto los romanos hicieron contacto con él.

En resumen, pese a la incertidumbre con la que griegos y romanos esperaban el encuentro entre la legendaria falange macedonia y la legión romana republicana, el resultado estaba meridianamente claro de antemano, al menos sobre el papel. La victoria de aquella legión contra aquella falange resultaba casi inevitable.

 

OTROS FRENTES DE GUERRA SIMULTÁNEOS

Tras la retirada de la escuadra rodio-pergamena de Grecia, estos aliados de los romanos se dedicaron a reconquistar o liberar a las ciudades asiáticas ganadas por Filipo en la guerra precedente.
Reforzados por contingentes de soldados de sus nuevos aliados aqueos, los rodios se dispusieron a desembarcar en Caria. Eran muchas las posiciones de Filipo en el área ganadas durante la guerra (18), pero en su actual situación, acosado en todos los frentes y haciendo gala de una manifiesta debilidad, le resultaba imposible intervenir desde Macedonia en apoyo de sus guarniciones locales.
Las tropas que intervendrían en la región eran sin duda fuerzas residuales, pequeños contingentes sin apenas importancia comparadas con las grandes unidades que se reunían en esos momentos en Grecia, pero para los rodios es la oportunidad de recuperar unos territorios en los que consideran que tienen ciertos derechos. Quizá, al mismo tiempo, tratan de ganar posiciones de cara al enfrentamiento con Antíoco III, un desafío que se ve venir desde tiempo atrás y que esta ya a punto de declararse.
El ejército macedonio en la zona, o lo que pueden llegar a movilizar sin desguarnecer sus más importantes posesiones, alcanza los 500 falangistas y los 3.000 auxiliares de todo tipo. Una cifra similar oponen los rodios y sus aliados quienes finalmente se alzan con la victoria. Derrotados en campo abierto, las fuerzas de Filipo se refugian en sus fortificaciones en donde continuarán hasta el final de la guerra o hasta que Antíoco III haga acto de presencia en la región y asuma, por la fuerza o sin ella, el control de todos aquellos enclaves.

EL CAMPO DE BATALLA

El lugar menos indicado para que la falange pudiese entrar en acción era el que se encontró Filipo en Cinocéfalos. A una serie de complicadas colinas bajas que impedían la correcta evolución de la falange se unía un completo desconocimiento de la situación del enemigo. Para concluir, la niebla imposibilitaba que ambos contendientes pudiesen tener una adecuada visión general del frente enemigo. En resumen, una serie de dificultades que si bien afectaban a ambos, quizá los macedonios, por las especiales características de su forma de combate, resultaban más desfavorecidos. No obstante, sí hay que reconocer que el hecho de que los macedonios combatiesen a favor del desnivel que creaba la elevación desde donde partía su avance supuso una desagradable sorpresa para los atacantes romanos.

Cinoscefalos
Colinas de Cinoscéfalos. Obtenido de http://www.livius.org/


EL ACERCAMIENTO MACEDONIO

Reunidas a todo correr, las tropas comenzaron a salir del campamento formando en su camino una larga columna. Filipo emprendió entonces un rápido avance en dirección a las colinas en donde combatían las fuerzas enviadas anteriormente.
Al frente de sus hombres (conducía en persona a los tracios y a varias unidades de falange) llegó pronto a coronar las elevaciones cercanas en donde pudo encontrarse con los restos de la reciente escaramuza. Había llegado el primero y se había apoderado así de la mejor posición de partida para la batalla, sin embargo, tampoco sabía ahora donde se encontraba el enemigo ni en que disposición.
Inicialmente hizo dirigir su columna hacia la derecha, tratando de dar comienzo a su despliegue. Necesitaba de un tiempo que no tenía para repartir a lo largo y ancho de las colinas a sus unidades.
Flaminino, entretanto (inició antes que Filipo su despliegue) había alineado en la llanura a sus legiones y, a la vista de sus avanzadillas, dio comienzo a su avance. Los romanos (velites) y sus aliados (infantería ligera) que se retiraban de las Cinoscéfalas llegaron entonces a contactar con las primeras filas legionarias. Reagrupándose, y apoyados ahora por algunas unidades legionarias (infantería pesada), volvieron a cargar sobre los macedonios. Incapaces estos de sostener el choque y temerosos del avance general de su enemigo, cedieron y huyeron a su vez hacia sus líneas.

Batalla de Cinoscefálos, fase 2

Apenas había comenzado Filipo personalmente a situar a sus tropas sobre lo que iba a ser el flanco derecho de su despliegue, cuando aquella masa de soldados en retirada se hizo visible para todos. A medida que estos se acercaban desperdigadamente a su posición quedo claro que sus avanzadillas habían sido duramente rechazadas.


Lo último que había sabido Filipo de estas tropas de vanguardía era que habían puesto al enemigo en fuga. El macedonio se aventuraba a dar batalla precisamente porque tenía que aprovechar de partida esta favorable coyuntura. Ahora, sorprendentemente, sus hombres regresaban rotos y desmoralizados perseguidos por sus enemigos. Desconcertado el rey pensó por un momento en retirar de nuevo a sus formaciones al campamento, sin embargo, el número de soldados implicados ya en la escaramuza inicial y que ahora estaban sufriendo un duro castigo por parte de los romanos le impulsó a mantenerse en el lugar. No podía dejarlos en campo abierto para ser aniquilados. Ni la integridad de su ejército ni, lo que es más importante, la moral del mismo podían permitírselo. Además, según señala Livio, de ser perseguido de cerca por todo el ejército romano, es muy posible que de precipitada retirada se hubiese pasado a una descontrolada fuga de consecuencias imprevisibles.

Batalla de Cinoscefálos, fase 3

Mientras tanto Flaminino observaba ya desde la llanura el despliegue de su adversario. Es muy posible que sólo se apreciase entonces el movimiento que hacia su derecha había realizado el propio Filipo (13), por ser la zona más cercana a él o por los informes de sus tropas avanzadas.

A medida que los macedonios, en su huída, llegaban hasta las filas del ejército formado sobre la colina, Filipo hacía lo posible por reorganizarlos, tras lo cual los enviaba a su flanco derecho.
A partir de este momento el rey no tenía ya capacidad para controlar las evoluciones de la totalidad de su ejército. De esta forma, pese a que sus tropas de vanguardia ya habían sido ordenadas y dispuestas por Filipo para para el combate, al menos la mitad de su falange se encontraba todavía desorganizada marchando en columna desde el cercano campamento y a duras penas iniciando su movimiento hacía la izquierda. Nicanor era el general macedonio que debía comandar el despliegue del resto del ejército. Quizá sin la determinación que exigía el momento, las densas columnas de falangistas se apelotonaban por el camino de subida a las cumbres y se movían con dificultad hacía las posiciones que les habían sido designadas. Mientras daba inicio la batalla, solamente el sector dirigido por el rey estaba realmente preparado para la lucha. Los romanos, por contra, estaban ya listos para un avance general.

LA BATALLA

Filipo, ante la inminencia del combate, dobló la profundidad de su falange y ordenó a parte de la misma, quizá a la que estaba más cerca de él y en donde el terreno era de lo menos propicio, dejar en el suelo las sarisas y echar mano de la espada. En el instante en que los romanos llegaban ya a sus líneas dio la orden al resto de sus falangistas de enristrar las picas y avanzar (14).

Batalla de Cinoscefálos, fase 4


El choque inicial fue favorable a los macedonios, tanto por el terreno que dominaban (atacaban desde lo alto) como por la actuación de la falange, ante la que los primeros legionarios no tuvieron nada que hacer o, también, no supieron como reaccionar. Hay que recordar que la infantería romana se encontraba persiguiendo a los macedonios que en su huída habían encontrado refugio entre sus líneas. Ahora, se topaban de golpe con la formación enemiga, algo contra lo que no estaban en absoluto preparados.
Flaminino ordenó el repliegue de sus vanguardias. A la carrera, esta infantería se introdujo por entre los huecos que dejaban los manípulos desplegados en las laderas. Una vez que el campo quedó libre, Flaminino dio la orden de avance a sus legiones.


Por desgracia para los romanos, cuando los legionarios se encontraron con la falange, se vieron del todo impotentes para cerrarles el paso, romper su cohesión, o causarles bajas de relevancia.
La posición de partida macedonia era magnifica. Atacaban desde las alturas y en un sector en donde no parecía haber irregularidades serias sobre el terreno. Así pues, la falange podía evolucionar sin dificultad y empujar irremisiblemente a sus enemigos ladera abajo. Además, combatían todos a la vista del rey, lo que siempre enardecía y fortalecía su capacidad de lucha y sacrificio.
Así las cosas, las líneas romanas pronto comenzaron a verse en dificultades y a retroceder.

Colinas Cinoscéfalas, laderas en algún punto no identificado de las mismas. http://www.livius.org

 

Batalla de Cinoscefálos, fase 5


Mientras los romanos comenzaban a sumar bajas, Flaminino comprendió que encontraba en un serio apuro.
Con su ala izquierda en proceso de descomposición ordenó entonces a su flanco derecho iniciar a su vez el ataque. ¿Por qué no lo había hecho antes? posiblemente porque no podía apreciar todavía el despliegue general de su adversario. Quizá no quería arriesgarse a avanzar sobre un terreno y un enemigo desconocido. El único sector en el que los macedonios se hacían ver claramente era por donde él había atacado y que, al fin y al cabo, era por donde estos lo habían hecho.

Batalla de Cinoscefálos, fase 6

Flaminino, antes de nada, había colocado los 10 elefantes de que disponía al frente de los legionarios del flanco derecho. Pensaba que los macedonios, no acostumbrados a este tipo de ataque (15), no soportarían la embestida de estos animales. Para terminar, él mismo dirigiría el avance de sus tropas, pues tal como estaban las cosas en su flanco izquierdo, de este ataque dependería finalmente la victoria.


Por suerte para los romanos, el flanco macedonio se encontraba todavía en proceso de formación. Las unidades destinadas a aquel sector no habían completado su despliegue y no podían presentar ningún frente sólido contra las tropas que marchaban ahora decididamente contra ellos. El desorden imperante en las filas macedonias unido a las irregularidades del terreno habían llevado a que, ahora que bajaban de las cumbres, lo hiciesen por grupos, sin ninguna cohesión y, mucho menos, sin posibilidad de armar la falange de encontrarse, como ocurrió, ante un fuerte contraataque de los romanos.
Tal y como el cónsul había supuesto, en cuanto las primeras y desordenadas filas macedonias se vieron en medio del ataque de los elefantes, rompieron su orden y corrieron a ponerse a salvo. El mando macedonio (el sector corría a cargo del general de Filipo Nicanor) se encontraba absolutamente impotente ante el desorden de sus unidades. Los romanos, pues, no tuvieron ninguna dificultad en arrollar a los pocos hombres que trataron de hacerles frente. En un instante cualquier defensa organizada desapareció y todos los macedonios corrían hacía su retaguardia abandonando la lucha (16).

Batalla de Cinoscefálos, fase 7

En ese momento, cuando las tropas de uno y otro bando han perdido toda cohesión -los unos porque huyen y los otros porque les persiguen- un resuelto tribuno, seguramente desplegado en segunda línea y a cargo de los triarii y los princeps (20), que mantenía bajo su control directo unos veinte manípulos con los que avanzaba ordenadamente ladera arriba, al llegar a su cima, en vez de continuar su progresión tomó la decisión de girar a su izquierda y marchar contra el flanco macedonio que comandado por Filipo se imponía en ese momento a los romanos.
La falange, que lentamente empujaba hacía atrás a los romanos en aquel sector, se había alejado mucho de su centro. Aquel espacio abierto, que impedía a los macedonios de primera línea darse cuenta de lo que sucedía no lejos de ellos, fue aprovechado ahora por el tribuno para introducirse hasta su retaguardia y comenzar un devastador ataque contra la formación enemiga.

En cuanto los romanos chocaron contra las primeras líneas macedonias estas se rompieron. La falange no tenía ninguna posibilidad de defensa más allá de la fuerza que les daba la desesperación. Al igual que una tortuga del revés se encuentra completamente desvalida, la formación macedónica era absolutamente incapaz de resistir un asalto como aquel, realizado por la espalda. En aquellas circunstancias, realmente críticas, no podían girar, ni luchar con la espada, de la que buena parte de los soldados carecían y para la que seguramente no estaban del todo preparados (17). Para colmo de males, cuando los romanos, que hasta hacía un momento se retiraban empujados por el avance macedonio, se dieron cuenta de las dificultades por las que pasaba ahora la falange, dieron la vuelta y volvieron a la carga. Atrapados así, entre los que venían de frente y también por detrás (estos además con la ventaja de venir desde las alturas) las unidades macedonias comenzaron a sufrir un tremendo castigo.

Batalla de Cinoscefálos, fase 8

Lentamente la falange de aquel flanco se fue descomponiendo.
Filipo, situado seguramente junto a sus peltastas en el lado más extremo de la formación, y que pensaba hasta entonces que la victoria iba a ser suya, percibió desde lo lejos, o fue informado, del arrollador ataque del tribuno romano y de las catastróficas consecuencias del mismo. Retrocediendo entonces hasta lo alto de una colina, tratando de ver lo que sucedía a lo largo y ancho del campo de batalla, pudo cerciorarse de que los estandartes enemigos se acercaban, u ocupaban, las cumbres de las laderas cercanas en donde no había rastro de las formaciones que debía comandar Nicanor. No había ninguna duda. Su centro y su flanco izquierdo habían desaparecido, y ahora sus propias fuerzas eran envueltas y destrozadas. Sin perder un instante el frustrado Filipo reunió a cuantas tropas pudo y emprendió una rápida huida en dirección a Macedonia.

Flaminino, que entretanto seguía avanzando al frente de su flanco derecho, se fue topando y destruyendo una a una las unidades macedonias que, desde la retaguardia, todavía marchaban confiadas hacía la batalla.
En aquellos momentos de confusión final, densas formaciones de falange, que daban ya por perdida la jornada, irguieron sus sarisas en señal de rendición. Por desgracia para los macedonios, los legionarios no sabían de las costumbres militares de sus adversarios, por lo que, viendo sencillamente que no soltaban sus armas, les atacaron y liquidaron sin contemplaciones. Flaminino, informado de las intenciones reales de los macedonios, hizo lo posible por contener a sus hombres, y lo logró con los que estaban más cerca de él, pero los restantes dieron buena cuenta de los desdichados falangistas, entre los cuales sólo se salvaron los que acertaron a arrojar sus armas al suelo antes de que sus perseguidores dieran con ellos.
Al finalizar el día, y tras la consabida persecución, el ejército de Macedonia había sido prácticamente aniquilado.
8.000 hombres quedaban en el campo de batalla mientras otros 4.000 eran tomados prisioneros. De los romanos unos 700 fueron los caídos, y ello, posiblemente, sin contar con las posibles bajas de sus aliados griegos.

Para los romanos, aunque por otras causas, el día no dejó de ser aciago.
Cuando se disponían a saquear el campamento macedonio, el momento más esperado por la totalidad de la tropa, se dieron cuenta de que este había sido ya asaltado y desvalijado por sus aliados etolios, quienes, desentendiéndose de la persecución de los soldados de Filipo, apenas dejaron nada aprovechable para sus aliados romanos.

EL FIN DE LA GUERRA

Después de la batalla, los etolios ganaron para sí, al menos entre los griegos, todo el protagonismo por la victoria. La afortunada intervención de su caballería durante la escaramuza inicial, en la que salvaron de la derrota a los romanos al interponerse entre los velites y los macedonios, fue vista por la opinión publica como una de las principales claves de la victoria. Los mismos etolios no dejaron de señalarlo, a diestro y siniestro y con grandes alardes, haciendo de menos a las legiones de Roma y con ello, y más peligroso, a sus cónsules y a sus tribunos.
Este arrogante e irreflexivo comportamiento sembró la desconfianza y el resentimiento entre la totalidad del mando romano, algo que más pronto que tarde les pasaría factura.

Flaminino tenía intención de continuar la guerra, hasta la definitiva sumisión y conquista del Reino de Macedonia, pero Filipo se salvó de la completa debacle tanto por su inmediata rendición incondicional, como por la sospechosa presencia de Antíoco III (19) y su ejército en la cercana Jonia, al otro lado del Egeo.
Dadas las circunstancias, había que dar por cerrado el conflicto con Filipo para afrontar con las manos libres la amenaza que veía venir ya de Asía.

Por otra parte, pesó también, y no poco, el que Flaminino considerase que manteniendo más o menos incólume Macedonia se impediría que sus otrora aliados etolios, convertidos ahora por mor de la victoria en arrogantes e insaciables triunfadores, se hiciesen con la hegemonía en Grecia. Estaba claro que esta belicosa nación era absolutamente incontrolable y en un tiempo en que la sombra del Imperio Seleucida se acercaba amenazadoramente por oriente, se hacia indispensable el contar en esta región de algún fuerte poder afín a los intereses romanos. Un vencido Filipo era el candidato ideal; con Macedonia presente, resultaba muy difícil para cualquiera maniobrar con libertad en el teatro político griego.
Macedonia se salvó así, esta vez inextremis, de desaparecer.

LOS MÁS LEALES ALIADOS DE FILIPO

Flaminino había decidido terminar al mismo tiempo con cualquier aliado que le pudiese quedar a Filipo. De entre todos los muchos que había tenido, sólo le restaban los acarnanios. Valientes y leales como pocos, se dispusieron ahora a hacer frente a la acometida romana.
La flota, dirigida por Lucio Quinto se dirigió directamente contra la capital de esta nación, Leucade.
El asedio y asalto de la ciudad, de la que los acarnanes hicieron una valiente defensa, terminó como era de esperar, con un nuevo triunfo de las armas romanas.
Las noticias de la debacle de Filipo en Cinoscéfalos condujo inmediatamente a la sumisión de la totalidad del país de los acarnanes, buena parte del cual se mantenía todavía en armas.

En la foto se aprecia la ubicación de Leucade hoy. La lengua de tierra que se ve introducirse por el mar era un paso natural que, por entonces, la comunicaba a pie con el continente.

 

Filipo nunca se dio por vencido. Esta claro que para él Cinocéfalos fue sólo una debacle causada, entre otras cosas, por su propia debilidad. Demasiadas guerras al mismo tiempo y en tan corto espacio le habían hecho vulnerable. Además, en la batalla, la falange que él dirigía se impuso claramente a las legiones y si en aquella jornada el resto de sus fuerzas hubiesen maniobrado correctamente la victoria habría estado sin duda de su lado.


Durante los 18 años de reinado que le restaban no volvió a entrar en ninguna gran guerra abierta. Muerto Filipo, su sucesor, Perseo, recibió como legado un reino que había recuperado su perdida fortaleza. Con las arcas del tesoro repletas y un buen número de aliados dentro y fuera de Grecia, Macedonia estaba preparada para la lucha, esta vez decisiva, contra Roma.

 

Tito Quinto Flaminino. Estatera de oro. Conmemoración de la victoria de Cinoscéfalos, año 187 a.C. Atenas.

Fin del trabajo.

By Satrapa1


I Parte - II Parte


Notas

(11) No se acerca ni con mucho a la cifra modelo dada por los tratadistas clásicos para un ejército basado en la falange: 16.384 falangistas, 8.000 soldados de infantería media o ligera y 4.000 jinetes. Filipo cuenta con los 16.000 falangistas, pero en cuanto a las tropas de apoyo, es fácil ver la debilidad en la que se encuentra ya que de los 12.000 recomendados solamente puede desplegar la mitad. -volver-

(12) De nuevo los territorios que como este habían pertenecido a los etolios, luchan hasta el final antes de verse de nuevo abocados a su imperio. -volver-

(13) También es posible que el inicio del combate en ese flanco fuera sólo la consecuencia de la continuación de la escaramuza que había dado comienzo a la batalla. Los macedonios, derrotados y perseguidos por los romanos, fueron a dar al sector comandado por el propio Filipo. Así pues, el choque resultaba inevitable al interponerse el rey entre sus soldados en retirada y sus perseguidores.-volver-

(14) Tal como se explica, podemos pensar que la profundidad de la falange en aquel momento podría ser de 8/12 hombres, doblándose a 16/24. volver-

(15) Los elefantes norteafricanos eran más pequeños que los asiáticos, que eran los más usados por los reinos helenísticos, pero combatían de una manera diferente. A diferencia de los asiáticos, los norteafricanos se utilizaban para embestir directamente contra las filas contrarias. Ver venir aquellas moles a la carrera cuando los hombres de a pie no habían visto ni sufrido nunca algo parecido debía ser francamente aterrador.-volver-

(16) Si echamos un vistazo al despliegue macedonio, tal como lo conocemos, nos damos cuenta de que Filipo ha dejado completamente abandonada a su falange izquierda. El rey retiene consigo la práctica totalidad de las tropas auxiliare: infantería ligera y caballería. De esta forma, cuando los desorganizados macedonios de Nicanor se ven atacadas por las legiones, no disponen de ninguna fuerza móvil que pueda retardar su avance y permitir la correcta disposición de su falange. El descalabro pues es inmediato, los macedonios son literalmente barridos del campo.-volver-

(17) Hay que recordar que precisamente, salvo el soldado que cerraba la formación, las filas de atrás estarían compuestas por los soldados más inexpertos por su juventud, o cansados por su mayor edad.

En otras circunstancias quizá habrían podido rotar y enfrentarse con posibilidades contra sus enemigos, pero atacados frontalmente y por la espalda era imposible llevar adelante una resistencia coherente.-volver-

(18) Una de las causas por las cuales dio comienzo la II Guerra Macedónica fue por la ambición de Filipo en Asia. Aliado a Antíoco III, se lanzó contra los territorios egipcios de Tracia, el Egeo y Asia Menor. Rodas y Pergamo trataron de poner coto a su ambición, pero pese a que lograron en buena medida sus intenciones, el rey macedonio logró hacerse con un buen número de posiciones, sobre todo entre Caria y la llamada Perea Rodia. Ahora, sólo unos años más tarde, los rodios se aprovechaban de la debilidad macedonia para proceder a la reconquista o liberación de todos aquellos territorios.-volver-

(19) Pero, ¿dónde estaba y que hacía Antíoco durante estos últimos meses de la guerra?
El rey seléucida iba sencillamente por libre.
Había movilizado fuerzas de mediana entidad con las que avanzaba sobre el Egeo. En el momento en que Filipo es derrotado en Cinocéfalos, el rey está ya preparado para lanzarse sobre las posesiones egipcias y macedonias en Asia Menor, e incluso más allá, en el Quersoneso y Tracia.
Mientras se debatía en Grecia el destino del Imperio Macedonio, Antíoco se apoderaba incruentamente de las posiciones macedonias en Asia. Poco después, ponía pie en Europa, apoderándose de lo que antaño habían sido las posesiones lágidas en Tracia. Al final parece que sí tuvo intenciones, inextremis, de ayudar a Filipo, pero tomo la decisión demasiado tarde y mal.
La guerra con Antíoco III no tardaría en llegar. -volver-

(20) Una idea de la facilidad con la que los romanos habían arrollado a los macedonios es el hecho de que de la legión romana implicada en la operación solamente los manípulos de los hastati y seguramente todos los velites habían participado en la lucha. -volver-