Descripción del armamento macedonio


Un campesino macedonio que sirviese en la
falange estaba obligado a guardar consigo el armamento necesario para entrar en combate. Existía una férrea legislación al respecto, castigándose a todo aquel que no se presentase a la llamada de las armas con el material requerido.
En primer lugar estaba la sarissa, que siguiendo a Polibio debía medir unos 6,5 metros. Esta longitud, un metro inferior a la de la falange originaria, la de Filipo II y Alejandro, había sido adaptada con el fin de dotar a las soldados de la falange de una mayor libertad de movimientos, aligerando un tanto el peso y maniobrabilidad del arma. También se habían reducido al mismo tiempo la densidad de la formación en combate. De las 32 filas de antaño se había pasado a 16, aunque lo usual encontrarla con 12 o incluso 8 hombres de profundidad. Esto último por varías razones, las principales, probablemente, tanto por ganar espacio frontal y maniobrabilidad, como por reforzar la capacidad de defensa de la unidad, estableciendo tras ellos grupos de infantería ligera que disparaban sus proyectiles desde atrás contra el enemigo. También hay que señalar que, excepto los propios romanos, los enemigos a los que se tenia que enfrentar la falange, al menos en Grecia, no eran de gran entidad. Hacía ya largos decenios que en suelo griego la falange macedonia no luchaba en campo abierto y a pleno potencial.

Siguiendo con el armamento, haría mención ahora al escudo de bronce, Aspis, de unos 60 cm de diámetro, y no demasiado cóncavo, pues se debía utilizar tanto para la defensa como para empujar al compañero situado frente a uno.
Esta particularidad es claramente visible en la evolución del escudo romano. Del scutum legionario, diseñado exclusivamente para el combate cercano, se pasa partir del siglo III/IV a uno ovalado completamente plano. La razón es sencilla. Una vez que los romanos adoptaron el orden cerrado -en cierto modo al estilo de la falange hoplítica- el escudo no sólo debía ser utilizado para el combate cuerpo a cuerpo, sino para, en formación, empujar o sostener al compañero alineado frente a uno al tiempo que proteger al situado a su izquierda. El antiguo scutum solo defendía a su portador y no estaba preparado, de ninguna manera, para servir en formación de falange, ya que con el no se podía empujar o sostener al compañero situado frente a uno.

Las corazas de bronce, de las que no todos podían disponer, era el complemento ideal para la protección del soldado. Los menos afortunados vestían con el complemento de un Kotybos, que cubría el bajo vientre, y, quizá, como lo más generalizado ya que las de metal no estaban al alcance de la mayoría, la coraza de lino.

Por último el casco, Konos, un yelmo cónico adornado de diferente manera según el cargo militar de quien lo llevase.
Evidentemente los mejor armados eran los que combatían en las primeras líneas. Estos disponían también de grebas, que protegían la pierna desde la rodilla al tobillo.

Es fácil deducir que los veteranos ocupaban las primeras filas de la falange; su propia veteranía, fruto de muchos años de servicio, hacía que se encontrasen mejor armados, entrenados y dispuestos. A medida que se ganaba en profundidad, y dependiendo del puesto, nos encontraríamos sucesivamente a los hombres, jóvenes o demasiado mayores, que bien por su inexperiencia o facultades físicas eran menos capaces de sostener el combate directo contra el enemigo. En esta ocasión, Cinoscéfalos, Filipo cuenta con un buen número de este tipo de soldados. Hombres que cerraban la unidad en la que únicamente debían servir, con sus sarisas, de barrera contra los proyectiles o como motor de empuje de la misma formación.

Konos
Debido a las especiales características de esta unidad de combate, era imprescindible que los mejores y más entrenados soldados ocupasen las posiciones clave de la formación. Así, como veremos en los dibujos, además de las primeras líneas, que por defecto tendrían que estar ocupadas por soldados experimentedos, también era importantísima la función de los jefes de media fila y columna, los enomotarcas y los hemilochites, de todos ellos dependía la cohesión táctica de la formación.

El último hombre de la columna era el ouragos, otro de los suboficiales, un hombre especialmente escogido y preparado, pues ocupaba una posición importantísima como era el final de la fila; en condiciones adecuadas, la falange podía girar 180º, cada soldado daba la vuelta, en esos contados casos el ouragos se encontraba entonces en primera línea.

 

Los siguientes diagramas han sido basados en los textos de Aelius.

 

 

ORGANIGRAMA DE LA FALANGE