CONTENIDOS DEL LIBRO XV Para facilitar su publicación en la web se ha dividido el libro en tres partes más un índice. Índice - Parte I - Parte II . Parte III
I. A lo largo de todo nuestro tratado nuestra práctica ha sido emplear la habitual libertad de expresión disfrutada por la historia, y hemos rendido justo elogio de los buenos hombres por sus hermosos hechos y expresado justa crítica contra los malos hombres siempre que actuaran mal. De este modo, como creemos, haremos que los hombres que por naturaleza se inclinan afortunadamente a la virtud emprendan, debido a la fama inmortal que les corresponde, los hechos más justos, mientras que por las críticas apropiadas haremos que los hombres de opuesto carácter se aparten de su proclividad hacia el mal. [2] Por ello, puesto que hemos llegado en nuestra historia al periodo en que los Lacedemonios se vieron en un profundo peligro ante su inesperada derrota en Leuctra, y de nuevo en su sorpresivo revés en Mantinea perdieron la hegemonía de Grecia, creemos que mantendremos el principio que hemos sentado para nuestro trabajo y señalaremos la censura adecuada a los Lacedemonios. [3] Pues ¿quién no juzgaría merecedores de acusación a unos hombres que habían recibido de sus mayores una supremacía con tan firmes cimientos y que había sido además preservada con un alto ánimo por sus antepasados durante unos quinientos años, y luego la perdieron, como hicieron los Lacedemonios de ese tiempo, superados por su propia locura? Y esto es fácil de entender. Porque los hombres que habían vivido antes de ellos ganaron la gloria que tenían por muchos trabajos y grandes combates, tratando a sus súbditos de forma bastante amable y humana, pero sus sucesores trataron a sus aliados áspera y rudamente, declarando, además, guerras injustas e insolentes contra los Griegos, y así es perfectamente comprensible que perdieran su preeminencia a causa de sus propios actos de locura. [4] Porque el odio de aquellos a los que habían agraviado encontró en sus desastres una oportunidad de represaliar a sus agresores, y aquellos que habían sido invictos desde el tiempo de sus mayores estaban ahora mirados con tal desprecio como debe acontecer, parándonos a pensar, a aquellos que eliminan las virtudes que caracterizaron a sus antepasados. [5] Esto explica por qué los Tebanos, que durante muchas generaciones habían estado sometidos a sus superiores, cuando los vencieron ante la sorpresa de todos, se hicieron con la supremacía entre los Griegos, pero los Lacedemonios, una vez perdida la hegemonía, nunca después ya pudieron recobrar la alta posición disfrutada por sus mayores. [6] Ahora que hemos suficientemente censurado a los Lacedemonios, pasaremos a su vez al ulterior curso de nuestra historia, después que hemos primero fijado los límites temporales de esta parte. El libro precedente, que es el décimo cuarto de nuestro relato, terminaba con los sucesos relativos a la esclavización de los Regianos por Dionisio y la captura de Roma por los Galos, que tuvo lugar en el año que precedió a la campaña de los Persas en Chipre contra el rey Evágoras. En este libro comenzaremos con este año y terminaremos con el año que precedió al reinado de Filipo hijo de Amintas[1].
II. Cuando Mistícides fue arconte en Atenas, los Romanos eligieron en vez de a los cónsules a tres tribunos militares, Marco Furio, Cayo y Emilio. Este año Artajerjes, el Rey de los Persas, hizo la guerra a Evágoras, el rey de Chipre. Estuvo ocupado por largo tiempo con los preparativos para la guerra y reunió numerosas tropas, terrestres y navales. Su fuerza de tierra consistía de trescientos mil hombres incluida la caballería, y equipó más de trescientas trirremes. [2] Como comandantes eligió para la fuerza terrestre a su cuñado Orontes, y para la fuerza naval a Tiribazo, un hombre que gozaba de alto favor entre los Persas. Estos comandantes asumieron el mando de sus ejércitos en Focea y Cyme, partieron a Cilicia, y pasaron a Chipre, donde prosiguieron la guerra con vigor. [3] Evágoras hizo una alianza con Acoris[3], el rey de los Egipcios, quien era enemigo de los Persas, y recibió de este un fuerte contingente, y de Hecatomno, el señor de Caria, quien secretamente estaba cooperando con él, obtuvo una gran suma de dinero para pagar a sus mercenarios. Asimismo atrajo a la guerra contra Persia a todos los que estaban en desacuerdo con los Persas, ya secreta ya abiertamente. [4] Era señor de prácticamente todas las ciudades de Chipre, y de Tiro y algunas otras en Fenicia. Tenía también noventa trirremes, de las que veinte eran tirias y setenta chipriotas, seis mil soldados de sus súbditos, y muchos más de este número de sus aliados. Además de estos reclutó a muchos mercenarios, ya que tenía abundantes fondos. Y no pocos soldados le fueron enviados por el rey de los Árabes y por algunos otros de los que el Rey de los Persas sospechaba.
III. Puesto que Evágoras tenía tales ventajas, inició la guerra con confianza. Primero, porque tenía muchos barcos del tipo empleado para la piratería, estaba al acecho de los avituallamientos que llegaban al enemigo, hundía algunos de sus barcos en el mar, hacía huir a otros, y capturaba otros. Por ello los barcos mercantes no se atrevían a transportar vituallas a Chipre; y puesto que se habían reunido numerosas tropas en la isla, [2] el ejército de los persas pronto sufrió la falta de comida y se rebelaron, atacando los mercenarios de los Persas a sus oficiales, matando a algunos, y llenando el campamento de tumulto y revuelta. Fue con dificultad que los generales de los Persas y el líder de la fuerza naval, conocido como Glos, pusieran fin al motín. [3] Navegando con toda su flota, transportaron gran cantidad de grano de Cilicia y suministraron gran abundancia de comida. En cuanto a Evágoras, el rey Acoris transportó un adecuado avituallamiento de grano desde Egipto y le envió dinero y oportunas vituallas para todo lo necesario. [4] Evágoras, viendo que era muy inferior en fuerza naval, construyó otros sesenta barcos y pidió cincuenta a Acoris en Egipto, de modo que tenía en total doscientas trirremes. Aquellas las construyó para la batalla de una manera que causara terror y por continuas pruebas y entrenamiento las tuvo listas para un combate naval. Por ello, cuando la flota del Rey navegaba hacia Citio, cayó sobre los barcos inesperadamente y logró una gran victoria sobre los Persas. [5] Pues atacó con sus barcos dispuestos en orden compacto contra barcos en desorden, y porque luchó con hombres cuyos planes estaban preparados contra hombres no preparados, inmediatamente al primer encuentro obtuvo la victoria prevista. Porque, atacando con sus trirremes en orden cerrado a trirremes que estaban dispersas y en confusión, hundió algunas y capturó otras. [6] Aún el almirante Persa Glos y otros comandantes opusieron valiente resistencia, y se desarrolló una fiera batalla en la que al principio Evágoras llevaba ventaja. Luego, empero, cuando Glos atacó con un fuerte grupo y llevó a cabo un valiente combate, el resultado fue que Evágoras huyó y perdió muchas de sus trirremes.
IV. Los Persas después de su victoria en la batalla naval reunieron sus fuerzas terrestres y navales en la ciudad de Citio. Desde esta como su base organizaron el asedio de Salamis y rodearon la ciudad por tierra y mar. [2] entretanto Tiribazo cruzó a Cilicia después de la batalla naval y continuó desde ahí su camino hacia el Rey, le refirió la victoria, y obtuvo doscientos talentos para la prosecución de la guerra. Antes de la batalla naval, Evágoras, que había caído sobre un cuerpo de tropas terrestres cerca del mar y lo había vencido, había estado confiado de la victoria, pero cuando sufrió la derrota en el combate naval y se encontró sitiado, perdió el ánimo. [3] Sin embargo, decidiendo continuar la guerra, dejó a su hijo Pnytágoras como comandante supremo en Chipre y él mismo tomó diez trirremes, eludió al enemigo, y salió de Salamis. En llegando a Egipto se encontró con el rey y le urgió a continuar la guerra enérgicamente y a considerar la guerra contra los Persas como una empresa común.
V. Mientras estos hechos estaban ocurriendo, los Lacedemonios decidieron hacer la guerra contra Mantinea, sin consideración al tratado vigente[4], por las siguientes razones. Los Griegos estaban disfrutando de la paz general de Antálcidas, de acuerdo con la cual todas las ciudades se libraron de sus guarniciones y recuperaron por acuerdo su autonomía. Los Lacedemonios, empero, quienes por su natural amaban mandar y por política preferían la guerra, no toleraron la paz que consideraban una pesada carga, y mirando su pasado dominio sobre Grecia, estaban preparados y alerta para comenzar un nuevo movimiento. [2] Inmediatamente, entonces, agitaron los ánimos en las ciudades y formaron grupos de partidarios en ellas con la ayuda de sus amigos, encontrándose en algunas de ellas con considerable apoyo para interferir. Pues las ciudades, después de haber recobrado su autonomía, exigían responsabilidades a aquellos hombres que habían estado gobernando bajo la hegemonía lacedemonia; y porque el procedimiento era áspero, ya que el pueblo dio nacimiento a enemistades por las pasadas ofensas y muchos fueron enviados al exilio, los Lacedemonios asumieron el dar apoyo a la facción vencida. [3] Recibiendo a aquellos hombres y enviando una fuerza con ellos para restituirles en sus casas, al principio esclavizaron a las ciudades más débiles, pero luego prosiguieron la guerra y obligaron a ciudades más importantes a someterse, habiendo conservado la paz general no más de dos años. Viendo que la ciudad de los Mantineos estaba situada en sus fronteras y estaba llena de hombres valientes, los Lacedemonios envidiaban su crecimiento que había nacido de la paz y estaban decididos a humillar el orgullo de sus ciudadanos. [4] Lo primero de todo, por tanto, enviaron embajadores a Mantinea, ordenándoles destruir sus murallas y trasladarse a los cinco pueblos originarios desde los que se habían unido para fundar Mantinea. Cuando no les prestaron atención, mandaron un ejército y asediaron la ciudad. [5] Los Mantineos enviaron embajadores a Atenas, pidiendo ayuda. Cuando los Atenienses eligieron no romper la paz general, los Mantineos sin embargo sostuvieron el sitio por su cuenta y resistieron valientemente al enemigo. De este modo, pues, nuevas guerras tuvieron comienzo en Grecia.
VI. En Sicilia Dionisio, el tirano de los Siracusanos, ahora que estaba libre de guerras con los Cartagineses, disfrutó de gran paz y tranquilidad. En consecuencia se dedicó con mucha seriedad a escribir poesía, y convocando a hombres reputados en esta actividad, les concedió especial honores y recurrió a ellos, usándolos como instructores y examinadores de sus poemas. Animado por sus aduladoras palabras con las que aquellos hombres agradecían sus atenciones, Dionisio se jactaba más de sus poemas que de sus victorias militares. [2] Entre los poetas en su compañía estaba Filoxeno[5] el escritor de ditirambos, quien gozaba de muy alta reputación como compositor en su propia creación literaria. Después de cenar, cuando las composiciones del tirano, que eran mal aparejadas, habían sido leídas, preguntaba cual era la opinión de la poesía. Cuando contestaba con buen grado de franqueza, el tirano, ofendido por sus palabras, lo acusaba de que había hablado ofensivamente por envidia y ordenaba a sus sirvientes a que lo arrojaran inmediatamente a las minas. [3] Al día siguiente, empero, cuando los amigos de Filoxeno pedían su perdón, Dionisio se lo concedía y de nuevo incluía a los mismos hombres en su compañía después de cenar. Cuando se estaba avanzando en el consumo de bebida, de nuevo Dionisio se jactaba de la poesía que había escrito, recitaba algunas líneas que consideraba felizmente compuestas, y luego preguntaba: “¿Qué pensáis de los versos?”. A esto Filoxeno no contestó palabra, sino que llamó a los sirvientes de Dionisio y les ordenó que lo llevaran a las minas. [4] Entonces en ese momento, Dionisio, sonriendo ante la oportuna ironía de las palabras, toleró la libertad de expresión, ya que la broma rozaba el borde de la censura. Pero cuando algún tiempo después sus conocidos y así como Dionisio le pidieron que desistiera de su franqueza expresa, Filoxeno hizo una oferta paradójica. Contestó que en su respuesta respetaría la verdad y conservaría el favor de Dionisio. Y no falló en sus palabras, [5] porque cuando el tirano mostró unos versos que describían sucesos crueles, y preguntó: “¿Cómo os hacen sentir los versos?”, contestó: “Mal”, manteniendo su doble promesa gracias a la ambigüedad. Porque Dionisio tomó la palabra “mal” como que significaba una pasión profunda y atroz, que es un exitoso efecto de los buenos poetas, y por tanto consideró que los había aprobado. El resto, sin embargo, que entendieron el sentido real, juzgaron que la palabra “mal” era sólo empleada para sugerir fracaso.
VII. Algo muy parecido a lo que sucedió ocurrió también en el caso de Platón el filósofo. Dionisio convocó a este hombre a su corte y al principio condescendió en otorgarle el más alto favor, porque veía que practicaba la libertad de expresión que la filosofía se atribuye como derecho. Pero después, siendo ofendido por algunas de sus afirmaciones, le retiró completamente su afecto, lo expuso en el mercado y lo vendió como esclavo por treinta minas. Aquellos que eran filósofos, sin embargo, se juntaron, compraron su libertad, y lo enviaron a Grecia con el amistoso consejo de que un hombre sabio debe reunirse con un tirano o lo menos posible o con la mayor amistad posible[6]. [2] Dionisio no renunció a su afán por la poesía sino que envió a los Juegos Olímpicos[7] actores con las más agradables voces que presentaran una representación musical de sus poemas para la multitud reunida. Al principio sus magníficas voces llenaron de admiración a los oyentes, pero después, en segunda reflexión, fueron desdeñados y premiados con burlas. [3] Dionisio, en sabiendo de la descortesía con que fueron recibidos sus poemas, sufrió un fuerte ataque de melancolía[8]. Su estado empeoró constantemente y la locura se apoderó de su monte, de modo que decía que era víctima de la envidia y sospechaba que todos sus amigos conjuraban contra él. Al final su delirio y locura llegó a tal punto que mató a muchos de sus amigos por acusaciones falsas, y exilió a no pocos, entre los cuales estaba Filisto y su propio hermano Leptines, hombres de sobresaliente valentía que le habían prestado muchos servicios importantes en sus guerras. [4] Aquellos hombres, entonces, pasaron su exilio en Turios en Italia donde fueron recibidos cordialmente por los Griegos italianos. Después, a petición de Dionisio, se reconciliaron con él y volvieron a Siracusa donde disfrutaron de su antiguo favor, y Leptines se casó con la hija de Dionisio. Estos, pues, fueron los sucesos de este año.
VIII[9]. Cuando Dexiteo fue arconte en Atenas, los Romanos eligieron como cónsules a Lucio Lucrecia y Servio Sulpicio. Este año Evágoras, el rey de Salamis, llegó a Chipre desde Egipto, trayendo dinero de Acoris, el rey de Egipto, pero menos de lo que había esperado. Cuando encontró que Salamis estaba muy asediada y que estaba abandonado de sus aliados, se vio obligado a discutir los términos de la terminación de la contienda. [2] Tiribazo, quien ostentaba el mando supremo, convino en un tratado en base a las condiciones de que Evágoras se retirara de todas las ciudades de Chipre, que como solo rey de Salamis pagaría al Rey Persa un determinado tributo anual, y que obedecería las órdenes como un esclavo a su amo. [3] Aunque eran términos duros, Evágoras convino en todo salvo que rechazó obedecer órdenes como esclavo a amo, diciendo que estaría sometido como rey a rey. Cuando Tiribazo no convino en esto, Orontes, quien era el otro general y envidioso de la alta posición de Tiribazo, envió secretamente cartas a Artajerjes contra Tiribazo. [4] Las acusaciones contra él eran primero, que aunque podía tomar Salamis no lo estaba haciendo, sino que estaba recibiendo embajadas de Evágoras y conferenciando con él sobre la cuestión de hacer causa común; que asimismo estaba concluyendo una privada alianza con los Lacedemonios, que eran sus amigos; que había enviado a Pitón[10] a preguntar al Dios sobre sus planes de rebelión; y, lo más importante de todo, que se estaba ganando a los comandantes de las tropas con actos de amabilidad, dándoles honores, regalos y promesas. [5] En leyendo la carta el Rey, creyendo las acusaciones, escribió a Orontes de que arrestara a Tiribazo y se lo enviara. Cuando la orden fue ejecutada, Tiribazo, en siendo llevado ante el Rey, pidió la celebración de un juicio y por el momento fue puesto en prisión. Después de esto el Rey se vio envuelto en una guerra con los Cadusianos y pospuso el juicio, y así la acción legal fue deferida.
IX. Orontes le sucedió en el mando de las fuerzas en Chipre. Pero cuando vio que Evágoras estaba de nuevo oponiendo una valiente resistencia al asedio y, por tanto, que los soldados estaban enojados por el arresto de Tiribazo y así estaban insubordinados y sin ganas de apretar el asedio, Orontes se alarmó ante el sorprendente cambio de situación. Por tanto envió hombres a Evágoras a discutir un acuerdo y le urgió a hacer la paz en los mismos términos en que Evágoras los había convenido con Tiribazo. [2] Evágoras, pues, pudo sorprendentemente disipar la amenaza de la captura, y firmó la paz en las condiciones de que sería rey de Salamis, pagaría el tributo anual y obedecería como rey las órdenes del Rey. Así la guerra Chipriota, que había durado aproximadamente diez años, aunque la mayor parte del periodo fue empleado en preparativos y sólo hubo en total dos años de guerra continua, vino al fin que hemos descrito[11]. [3] Glos, quien había estado al mando de la flota y estaba casado con la hija de Tiribazo, temeroso de que pudiera pensarse que había cooperado con Tiribazo en su plan y que sería castigado por el Rey, decidió salvaguardar su posición a través de un nuevo plan de acción. Puesto que estaba bien provisto de dinero y de soldados y se había por tanto ganado a los comandantes de las trirremes con actos de amistad, decidió rebelarse contra el Rey. [4] Inmediatamente, pues, envió embajadores a Acoris, el rey de los Egipcios, y concluyó una alianza con él contra el Rey. También escribió a los Lacedemonios y les incitó contra el Rey, prometiendo darles una gran suma de dinero y ofreciendo otros grandes incentivos. Se comprometió a una total cooperación con ellos en Grecia y a trabajar con ellos en la restauración de la supremacía que sus antepasados habían tenido. [5] Incluso antes de esto los Espartanos se habían representado en sus mentes su preeminencia, y en ese momento estaban ya sumiendo a las ciudades en la confusión y esclavizándolas, como estaba claro para todos. Sin embargo, gozaban de mala reputación porque se había creído generalmente que en el tratado[12] que habían firmado con el Rey habían traicionado a los Griegos de Asia, y así se arrepentían de lo que habían hecho y habían buscado una excusa plausible para una guerra contra Artajerjes. Por tanto estaban contentos alegres de entrar en alianza con Glos.
X. Después de que Artajerjes había concluido la guerra con los Cadusianos, juzgó a Tiribazo y nombró a tres de los más prestigiosos Persas como jueces. En este tiempo otros jueces a los que se creía corruptos fueron desollados vivos y sus pieles estiradas firmemente en las sillas judiciales. Los jueces tomaron sus decisiones sentados en ellas, teniendo ante sus ojos un ejemplo del castigo administrado a las decisiones corruptas. [2] Entonces los acusadores leyeron la carta enviada por Orontes y decidieron que constituía suficiente causa para la acusación. Tiribazo, con relación a la acusación de entendimiento con Evágoras, presentó el acuerdo hecho por Orontes de que Evágoras obedecería al Rey como rey, mientras que él había convenido la paz sobre la condición de que Evágoras obedecería al Rey como esclavo a su señor. Con respecto al oráculo dijo que el Dios por regla general no da respuesta sobre la muerte[13], y de la verdad de esto invocaba a todos los Griegos presentes como testigos. En cuanto a la amistad con los Lacedemonios, contestó en defensa que había entablado amistad no para ninguna ventaja suya sino para servicio del Rey; y proclamó que los Griegos de Asia de este modo se habían apartado de los Lacedemonios y entregado cautivos al Rey. En la conclusión de su defensa recordó a los jueces los buenos servicios que había hecho al Rey. [3] Se dice que Tiribazo puso de manifiesto muchos servicios al Rey, y uno muy importante, como resultado del cual era muy bien mirado y se hizo amigo del rey[14]. Una vez durante una cacería, mientras que el Rey estaba corriendo en un carro, dos leones vinieron a él, destrozaron a dos de los cuatro caballos de su carro, y luego cargaron contra el propio Rey; pero en ese momento Tiribazo apareció, mató a los leones, y salvó al Rey del peligro. [4] En las guerras, dicen, también excedía en valor, y en el consejo su juicio era tan bueno que cuando el Rey seguía su consejo nunca cometió un error. Con esta defensa Tiribazo fue absuelto de cargos por el voto unánime de los jueces.
XI. El Rey convocó a los jueces uno a uno y les preguntó a cada uno de ellos qué principios de justicia había seguido para absolver al acusado. El primero dijo que los cargos eran debatibles, mientras que los buenos servicios incontestables. El segundo dijo que, aunque estaba claro que las acusaciones eran ciertas, sin embargo los buenos servicios sobrepasaban a las ofensas. El tercero dijo que no entraba en el tema de los buenos servicios, porque Tiribazo había recibido del Rey a cambio de ellos favores y honores muchas veces, pero cuando las acusaciones fueron examinadas por separado, el acusado no parecía ser culpable de ellas. [2] El Rey alabó a los jueces por haber dictaminado una decisión justa y restauró a Tiribazo en sus altos honores, tal como era costumbre. A Orontes, sin embargo, lo condenó como a uno que había fabricado una falsa acusación, lo expulsó de su lista de amigos, y lo sometieron a niveles extremos de humillación. Tal era el estado de asuntos en Asia.
XII. En Grecia los Lacedemonios continuaron el sitio de Mantinea, y durante el verano los Mantineos mantuvieron una valiente resistencia contra el enemigo. Porque se les consideraba superiores a los otros Arcadios en valentía, y fue por esta razón que los Lacedemonios habían antaño hecho habitual su práctica de colocarlos en batalla, como sus más fiables aliados, a su flanco. Pero con la llegada del invierno el río que fluye al lado de Mantinea creció mucho por las lluvias y los Lacedemonios desviaron la corriente del río con grandes diques, derivaron el río hacia la ciudad, y convirtieron toda la región en una piscina. [2] Por ello, como las casas empezaran a caer, los Mantineos desanimados fueron obligados a rendir la ciudad a los Lacedemonios. Después de recibieron la rendición, no impusieron a los Mantineos otra injusticia que la orden de que volvieran a sus antiguos pueblos. Por ello fueron obligados a derruir su ciudad y volver a sus pueblos.
XIII. Mientras que aquellos hechos tenían lugar, en Sicilia Dionisio, el tirano de los Siracusanos, decidió fundar ciudades en el mar Adriático. Su idea de hacer esto era lograr el control del mar Jonio[15], para que pudiera hacer el viaje a Epiro salvo y tener allí sus propias ciudades que pudieran dar refugio a sus naves. Porque era su intención descender inesperadamente con grandes ejércitos sobre las regiones del Épico y saquear el templo de Delfos, que estaba lleno de grandes riquezas. [2] Consecuentemente hizo una alianza con los Ilirios con la ayuda de Alcetas el Molosio, quien estaba en ese momento en el exilio y pasando sus días en Siracusa. Puesto que los Ilirios estaban en guerra, les envió una fuerza aliada de dos mil soldados y quinientas parejas de armaduras griegas. Los Ilirios distribuyeron las parejas de armaduras entre sus mejores guerreros e incorporaron a los soldados entre sus propias tropas. [3] Ahora que habían reunido un gran ejército, invadieron Épico y habrían restaurado a Alcetas en el reino de los Molosos. Pero cuando nadie les prestó atención, primero devastaron el país, y después de esto, cuando los Molosos se levantaron contra ellos, hubo una recia batalla en la que los Ilirios fueron vencedores y mataron a más de quince mil Molosos. Después de que tal desastre golpeara a los habitantes del Épico, los Lacedemonios, tan pronto como supieron estos hechos, enviaron una fuerza a que prestara auxilio a los Molosos, por medio de la cual contuvieron la gran audacia de los bárbaros. [4] Mientras que aquellos sucesos tenían lugar, los Parios, de acuerdo con el oráculo, enviaron una colonia al Adriático, fundándola en la isla de Faros, como es llamada, con la cooperación del tirano Dionisio. Ya había despachado una colonia al Adriático no muchos años antes y había fundado la ciudad conocida como Lissus. [5] Desde esta como su base Dionisio…[16]. Puesto que disfrutaba del ocio, construyó diques con una capacidad para doscientas trirremes y circunvaló la ciudad con una muralla de tal dimensión que su circuito era el más grande que tenía una ciudad griega. También construyó un gran gimnasio junto al río Anapo[17], y asimismo templos de los Dioses y cualesquiera otras cosas que contribuyeran a la riqueza y renombre de la ciudad.
XIV[18]. Al final del año, en Atenas Diotrefes fue arconte y en Roma los cónsules electos fueron Lucio Valerio y Aulo Malio, y los Eleos celebraron la nonagésima novena Olimpiada, en la que Dicón de Siracusa ganó el “estadio”. Este año los Parios, que se habían asentado en Faros, permitieron a los anteriores habitantes bárbaros permanecer sin armas en un lugar muy bien fortificado, mientras que ellos mismos fundaban una ciudad junto al mar y construyeron una muralla a su alrededor. [2] Después, sin embargo, los antiguos habitantes bárbaros de la isla se lanzaron en ofensiva contra la presencia de los Griegos y llamaron a los Ilirios que habitaban en el país de enfrente. Aquellos, en un número de más de diez mil cruzaron a Faros en muchos pequeños botes, hicieron estragos, y mataron a muchos de los Griegos. Pero el gobernador de Lissus nombrado por Dionisio navegó un buen número de trirremes contra los navíos ligeros de los Ilirios, hundiendo unos y capturando otros, y mató a más de cinco mil bárbaros, mientras que tomó unos dos mil prisioneros. [3] Dionisio, necesitando dinero, partió a hacer la guerra contra Tirrenia con sesenta trirremes. La excusa que ofreció fue la eliminación de los piratas, pero de hecho iba a saquear un sagrado templo, ricamente provisto de ofrendas, que estaba situado en el puerto de la ciudad tirrena de Agyle, siendo el nombre del puerto Pyrgos[19]. [4] Arribando de noche, desembarcó a sus hombres, saqueó el templo, y logró no menos de mil talentos. Cuando los hombres de Argyle acudieron en auxilio, los venció en batalla, tomó muchos prisioneros, devastó el territorio, y volvió a Siracusa. Del botín que vendió ingresó no menos de quinientos talentos. Ahora que Dionisio tenía mucho dinero, reclutó una multitud de soldados de todas las tierras, y después de reunir un muy considerable ejército, se estaba obviamente preparando para la guerra contra los Cartagineses. Estos fueron, pues, los sucesos de este año.
XV[20]. Cuando Fanóstrato fue arconte en Atenas, los Romanos eligieron en lugar de cónsules a cuatro tribunos militares, Lucio Lucrecio, Sentio Sulpicio, Lucio Emilio y Lucio Furio. Este año Dionisio, el tirano de los Siracusanos, después de hacer preparativos de la guerra contra los Púnicos, procuró encontrar una excusa razonable para el conflicto. Viendo, entonces, que las ciudades dominadas por los Cartagineses eran favorables a la rebelión, lo recibió como lo que deseaba para llevarlo a cabo, formó una alianza con ellas, y las trató con delicadeza. [2] Los Púnicos al principio despacharon embajadores al gobernante y le solicitaron la devolución de sus ciudades, y cuando no les prestó atención, esto vino a ser el inicio de la guerra. Entonces los Púnicos formaron una alianza con los Griegos italianos y junto con ellos fueron a la guerra contra el tirano; y puesto que sabiamente preveían que sería una gran guerra, reclutaron como soldados a los jóvenes capaces de entre sus propios ciudadanos, y luego, reuniendo una gran suma de dinero, reclutaron grandes fuerzas de tropas mercenarias. Como general eligieron a su rey Magón[21] y trasladó muchas decenas de miles de soldados a Sicilia e Italia, planeando hacer la guerra en ambos frentes. [3] Dionisio por su parte también dividió sus fuerzas, combatiendo en un frente contra los Griegos italianos y en el otro contra los Fenicios. Entonces hubo muchas batallas aquí y allí entre grupos de soldados y encuentros menores y continuos, en los que nada relevante se logró. Pero hubo dos importantes y famosas batallas que se entablaron. En la primera, cerca de Cabala[22], como es llamada, Dionisio, quien llevó a cabo un admirable combate, venció, matando a más de diez mil bárbaros y capturando no menos de cinco mil. También forzó al resto del ejército a refugiarse en una colina que estaba fortificada pero completamente sin agua. Allí cayó también Magón su rey después de un espléndido combate. [4] Los Fenicios, desanimados por la magnitud del desastre, inmediatamente enviaron embajadores a tratar los términos de la paz. Pero Dionisio declaró que su única condición era su retirada completa de las ciudades de Sicilia y pagar el coste de la guerra.
XVI. Esta contestación fue considerada por los Cartagineses cruel y arrogante y superaron a Dionisio con su habitual astucia. Afectaron que estaban conformes con los términos, pero dijeron que no estaba en su poder entregar las ciudades; y para que pudieran discutir la cuestión con su gobierno, pidieron a Dionisio pactar una tregua de unos pocos días. [2] Cuando el monarca consintió y la tregua entró en vigencia, Dionisio estaba exultante, suponiendo que se apoderaría de toda Sicilia. Los Cartagineses entretanto celebraron para su rey Magón un magnífico funeral y nombraron como general en su lugar a su hijo, quien, aunque era de hecho joven, estaba lleno de ambición y se distinguía por su carácter. Empleó todo el periodo de paz en entrenar y ejercitar a sus tropas, y con duro ejercicio, discursos hortatorios y entrenamiento en manejo de las armas, hizo al ejército obediente y eficaz. [3] Al expirar el periodo convenido ambas partes desplegaron sus fuerzas y entraron en batalla con gran ánimo. Siguió una enconada batalla en Cronium, como es llamado, y la deidad enmendó la derrota de los Púnicos cambiándola por la victoria. Los antiguos vencedores, que se enorgullecían en voz alta por su victoria, fueron inesperadamente derrotados, y los que, a causa de su derrota, albergaban tristes perspectivas, obtuvieron una inesperada e importante victoria.
XVII. Leptines, que estaba situado en un flanco y sobresalía en valor, terminó su vida cubierto de gloria, combatiendo heroicamente y después de matar a muchos Cartagineses. Ante su muerte los Fenicios se animaron y hostigaron tan duramente a sus oponentes que los pusieron en fuga. [2] Dionisio, cuyas tropas eran de élite, al principio aventajaba a sus enemigos, pero cuando la muerte de Leptines fue conocida y el otro flanco se derrumbó, sus hombres perdieron los ánimos y huyeron. [3] Cuando la derrota se convirtió en general, los Púnicos los persiguieron ansiosamente e se incitaban unos a otros a no coger prisioneros, y así todos los que fueron aprehendidos fueron ejecutados y toda la región circundante se cubrió de muertos. [4] Tan grande fue la matanza, pues los Fenicios vengaban pasadas ofensas, que se encontró que los muertos entre los Griegos sicilianos fue de más de catorce mil. Los sobrevivientes, que encontraron la salvación en el campamento, se salvaron gracias a la llegada de la noche. Después de su gran victoria en la batalla los Púnicos se retiraron a Panormo[23]. [5] Los Cartagineses, asumiendo su victoria como deberían los hombres, enviaron embajadores a Dionisio y le dieron la oportunidad de acabar la guerra. El tirano aceptó contento la propuesta, y se declaró la paz sobre los términos de que ambas partes conservarían lo que previamente poseían, siendo la única excepción que los Púnicos recibieron la ciudad de Selinunte y su territorio y el de Acragas hasta el río llamado Halico. Y Dionisio pagó a los Cartagineses mil talentos. Este era el estado de las cosas en Sicilia.
XVIII. En Asia Glos, el almirante Persa en la guerra Chipriota, que había abandonado al Rey y había invitado a los Lacedemonios y al rey de los Egipcios a hacer la guerra contra los Persas[24], fue asesinado por ciertas personas y así no logró su propósito. Después de su muerte Tachos continuó sus operaciones. Reunió una fuerza en torno a él y fundó en una roca cerca del mar una ciudad que llevaba el nombre de Leuce y poseía un sagrado templo de Apolo. [2] Poco tiempo después de su muerte una disputa sobre su ciudad se originó entre los habitantes de Clazomenas y los de Cymae. Entonces al principio las ciudades decidieron resolver el asunto por la guerra, pero luego alguno sugirió que el Dios fuera preguntado cuál de las dos ciudades debía ser señora de Leuce. La Pitia decidió que sería de aquella que primero ofreciera un sacrificio en Leuce, y que cada una empezara desde su propia ciudad a la salida del sol en un día determinado que ambas convinieran. [3] Cuando el día llegó, los Cymenses consideraron que tenían ventaja porque su ciudad estaba más cerca, pero los Clazomenianos, aunque estaban más lejos, idearon el siguiente proyecto para lograr la victoria. Eligiendo por suertes a colonos de su propia ciudad, fundaron cerca de Leuce una ciudad desde la que comenzaran al amanecer y así se anticiparon a los Cymenses en ejecutar el sacrificio. [4] Habiéndose hecho dueños de Leuce por este proyecto, decidieron celebrar un festival anual que llevara su nombre y que por tanto llamaron Proptasia[25]. Después de estos hechos las rebeliones en Asia se acabaron por sí mismas.
XIX. Después de la muerte de Glos y Tachos los Lacedemonios renunciaron a sus pretensiones en Asia, pero continuaron organizando los asuntos en Grecia en su propio interés, ganándose a algunas ciudades con la persuasión y a otras por la fuerza gracias al retorno de los exilados. Desde este momento comenzaron abiertamente a poner en sus manos la hegemonía de Grecia, en contra de los comunes tratados firmados en la época de Antálcidas después de la intervención del Rey de los Persas. [2] En Macedonia el rey Amintas había sido derrotado por los Ilirios y había abandonado su autoridad. Además había hecho un regalo al pueblo de Olinto de una gran parte de las tierras próximas a esta ciudad por su abandono del poder político. Al principio el pueblo de Olinto disfrutó de los ingresos de las tierras que les fueron entregadas, y cuando luego el rey inesperadamente recuperó fuerza y recobró todo su reino, los Olintios no eran proclives a devolver la tierra cuando les pidió que se la devolvieran. [3] Por ello Amintas reunió un ejército de entre su pueblo, y forjando una alianza con los Lacedemonios les persuadió que enviaran un general y un fuerte contingente contra los Olintios. Los Lacedemonios, habiendo decidido extender su control a regiones cercanas a Tracia, reclutaron soldados de entre sus ciudadanos y aliados, más de diez mil en total. El ejército fue entregado a Foebidas el Espartano con órdenes de unir sus fuerzas a las de Amintas y hacer la guerra juntos contra los Olintios. También enviaron otro ejército contra el pueblo de Fliunte, los venció en batalla, y les obligó a aceptar el gobierno de los Lacedemonios. [4] En este tiempo los reyes de los Lacedemonios estaban en desacuerdo sobre asuntos políticos. Agesípolis, que era un hombre pacífico y justo y, por tanto, muy sabio, declaró que respetaran sus juramentos y no esclavizaran a los Griegos contrariamente a los tratados comunes. Proclamó que Esparta tenía mala reputación por haber entregado a los Griegos de Asia en manos de los Persas y por organizar las ciudades de Grecia en su propio interés, aunque había jurado en el tratado común que respetaría su autonomía. Pero Agesilao, que era por naturaleza un hombre de acción, amaba la guerra y anhelaba el dominio sobre los Griegos.
XX[26]. Cuando Evandro fue arconte en Atenas, los Romanos eligieron seis[27] tribunos militares con potestad consular, Quinto Sulpicio, Cayo Fabio, Quinto Servilio, Publio Cornelio. Durante su periodo de ejercicio, los Lacedemonios tomaron posesión de la Cadmea en Tebas por las siguientes razones. Viendo que Beocia tenía gran número de ciudades y que sus habitantes eran hombres de valor excepcional, mientras que Tebas[28], conservando aún su renombre de antiguos tiempos, era, hablando en general, la ciudadela de Beocia, estaban atentos del peligro de que Tebas, si se presentaba una ocasión adecuada, pudiera reclamar el liderazgo de Grecia. [2] Por ello los Espartanos dieron instrucciones secretas[29] a sus comandantes, si encontraran una oportunidad alguna vez, de apoderarse de la Cadmea. Actuando bajo estas instrucciones, Foebidas el Espartano, al que se le había sido designado un mando y estaba dirigiendo una fuerza expedicionaria contra Olinto, se apoderó de la Cadmea[30]. Cuando los Tebanos, resentidos por este acto, se congregaron en armas, entabló combate con ellos y después de vencerlos exilió a trescientos de los más eminentes Tebanos. Entonces después que había aterrorizado al resto y había situado una fuerte guarnición en la Cadmea, continuó a cumplir su propia misión. Por este acto los Lacedemonios, estando ahora desacreditados a ojos de todos los Griegos[31], castigaron a Foebidas con una multa pero no sacaron la guarnición de Tebas. [3] Así los Tebanos de este modo perdieron su independencia y fueron obligados a recibir órdenes de los Lacedemonios. Como los Olintios continuaran la guerra contra Amintas[32], rey de los Macedonios, los Lacedemonios depusieron a Foebidas de su mando, y nombraron a Eudamidas, hermano de Foebidas, general. Dándole trescientos hoplitas, lo enviaron a proseguir la guerra contra los Olintios.
XXI. Eudamidas[33] penetró en el territorio de los Olintios y, en unión con Amintas, continuó la guerra contra los Olintios. Con ello, los Olintios, que habían reclutado una considerable fuerza, llevaban las de ganar en la campaña porque tenían más soldados que el enemigo, pero los Lacedemonios, habiendo preparado una considerable fuerza, nombraron a Teleutias general al cargo de esta. Teleutias era hermano del rey Agesilao y era muy admirado por su valor entre sus conciudadanos. [2] En consecuencia partió del Peloponeso con un ejército y en llegando cerca del territorio de los Olintios asumió el mando de los soldados dirigidos por Eudamidas. Siendo ya un problema para el enemigo, comenzó a saquear el territorio olintio y a dividir entre sus tropas el botín que había allegado. Pero cuando los Olintios y sus aliados con todas sus fuerzas salieron a hacer campaña, les dio batalla. Al principio se retiraron después de un igualado combate, pero luego se produjo una enconada batalla en la que Teleutias mismo cayó tras de magnífica lucha y los Lacedemonios perdieron más de mil doscientos soldados[34]. [3] Después de que los Olintios hubieran obtenido tan destacable victoria, los Lacedemonios, deseando recuperarse de las pérdidas que habían sufrido, prepararon el envío de más numerosas fuerzas, mientras que los Olintios, juzgando que los Espartanos vendrían con mayores fuerzas y que la guerra duraría largo tiempo, almacenaron grano y se procuraron soldados de sus aliados.
XXII[35]. Cuando Demófilo era arconte de Atenas, los Romanos eligieron como tribunos militares con potestad consular a Publio Cornelio, Lucio Verginio, Lucio Papirio, Marco Furio, Valerio, Aulo Manlio, Lucio y Postumio. [2] Durante el ejercicio de sus cargos los Lacedemonios nombraron general a Agesípolis su rey, le dieron un adecuado ejército, y votaron hacer la guerra a los Olintios[36]. A su llegada a territorio olintio, tomó bajo su mando a los soldados previamente acampados allí y continuó la guerra contra los habitantes. Los Olintios, sin embargo, no se involucraron en ninguna batalla importante este año, sino que al final sólo pelearon arrojando proyectiles y en pequeños encuentros, estando temerosos de la fuerza del ejército del rey.
XXIII[37]. Al final del año Pitias fue arconte en Atenas y en Roma seis tribunos militares con potestad consular fueron elegidos, Tito Quinctio, Servilio, Lucio Julio, Aquilio, Lucio Lucrecio y Servio Sulpicio. Y en este año los Eleos celebraron la centésima Olimpiada, en la que Dionisodoro de Tarento ganó la carrera del estadio. [2] Durante el ejercicio de su magistratura Agesípolis, rey de los Lacedemonios, murió de enfermedad[38] después de un reinado de catorce años[39]; Cleombroto su hermano le sucedió en el trono y reinó nueve años[40]. Los Lacedemonios nombraron a Polibiadas general y lo enviaron a la guerra contra los Olintios. [3] Se hizo cargo de las fuerzas, y, prosiguiendo la guerra vigorosamente y con eficacia, fue a menudo superior. Con éxitos crecientes, después de varias victorias, sometió a los Olintios a un estado de sitio. Al final aterrorizó completamente a sus enemigos y les obligó a someterse a los Lacedemonios[41]. Con la incorporación de los Olintios a la alianza Espartana muchos otros estados asimismo se animaron a unirse bajo el estandarte lacedemonio. Como resultado los Lacedemonios en este preciso instante alcanzaron su máximo poder y obtuvieron el dominio de Grecia por mar y tierra[42]. [4] Porque los Tebanos estaban neutralizados por una guarnición; los Corintios y los Argivos estaban totalmente abatidos como resultado de la guerra anterior; los Atenienses, por su política de ocupar con colonos las tierras de aquellos que habían sojuzgado[43], tenían mala reputación entre los Griegos; los Lacedemonios, empero, habían prestado constante atención a asegurarse una gran población[44] y la práctica en el uso de las armas, y así fueron temidos de todos por la fuerza de su nación. [5] Consecuentemente los más poderosos gobernantes de este tiempo, el Rey Persa y Dionisio[45] el tirano de Sicilia, reconocieron la hegemonía espartana y procuraron la alianza con ellos.
[1] El libro cubre los años 386-361 a. C. [2] II. 386 a. C. [3] El nombre correcto es Hacori. [4] Se refiere a la Paz de Antálcidas (libro 14.110.3). [5] De Citera. [6] El dicho es también atribuido a Esopo 9.28. [7] Vide libro 14.109. [9]385 a. C. [10] El oráculo de Delfos. [11] La guerra terminó en 380 a. C. [12] La paz de Antálcidas (libro 14.110.3). [13] Por tanto no puedo haber preguntado al oráculo sobre la rebelión, que, si triunfaba, habría necesariamente implicado la muerte del Rey. [14] Heródoto (8.85) dice que ciertos Persas que se habían distinguido especialmente eran considerados entre los “benefactores del rey”, siendo llamados en Persa orosangae. [15] El texto griego lee “el corredor jonio, como es llamado”, ya que, siendo la parte baja del mar Adriático, era la ruta directa entre Grecia e Italia. [16] Hay una laguna aquí que debe ser de cierta extensión, ya que la siguiente afirmación se refiere, no a Lissus, sino a Siracusa. [17] Este fluía hacia el Gran Puerto de Siracusa. [18] 384 a. C. [19] A unas quince millas hasta el mar desde Ostia. El templo era de Elitia, la diosa de los partos (Estrab. 5.2.8). [20] 383 a. C. [21] Magón era obviamente uno de los dos sufetes elegidos anualmente, quienes se corresponden en cierta manera a los cónsules Romanos. Diodoro debe haber sabido que los Cartagineses no tenían “reyes”, pero probablemente evitó a sus lectores el uso de una palabra no familiar. [22] La localización es desconocida. [23] Moderna Palermo. [24] Vide cap. 9.3-4. [25] La Anticipación. [26] 382/1 a. C. [27] Sólo cuatro hay mencionados por el nombre, una frecuente inconsistencia. [28] Esparta había tenido éxito en privar a Tebas de mucho de su poder en Beocia disolviendo la Liga Beocia en el tiempo de la Paz del Rey. Tebas estaba empezando a afirmar su fuerza de nuevo negando la ayuda debida a Esparta en su acción contra Olinto (vide Jen. Hell. 5.2.27). [29] Diodoro sólo habla de aquellas secretas instrucciones que no existen en el relato más completo de Jenofonte. De hecho Jenofonte expresamente dice (Jen. Hell. 5.2.32) οτι ου προσταξχεντα υπο της πολεως ταυτα επεπραχει. Pero entonces debemos recordar que Jenofonte era pro Espartano. Plut. Agesilao 23-24 virtualmente admite la complicidad de Agesilao. [30] Vide Jen. Hell. 5.2.25-31. [31] La reacción del mundo griego el castigo de Foebidas son relatados en Isoc. 4.126; Jen. Hell. 5.4.1; Plut. Pelópidas 6 y De Genio Socratis 576a; Nepote, Pelópidas 1; y Polibio 4.27.4. [32] Este era Amintas III, rey de Macedonia (393-369). A pesar de la oposición de un pretendiente, Argeo, y de los Ilirios, Amintas había sido confinado en una pequeña porción de su reino. Con la ayuda de los Tesalios había sucedido al expulsado Argeo. Amintas entonces buscó ayuda en Esparta para recobrar la parte perdida de su reino (vide Jen. Hell. 5.2.11-19 y cap. 19). [33] Según Jen. Hell. 5.2.24, Eudamidas fue enviado contra los Olintios antes de la ocupación de la Cadmea. [34] Vide Jen. Hell. 5.2.37-3.6. [35] 381/0 a. C. [36] Vide Jen. Hell. 5.3.8,9. [37] 380/79 a. C. [38] Jen. Hell. 5.3.18-20. [39] Vide Jen. Hell. 5.3.18-20. [40] Vide abajo, cap. 55.5. [41] Vide Jen. Hell. 5.3.26. [42] Vide Jen. Hell. 5.3.27. [43] El envió de clerucos o colonos desde Atenas al territorio de sus súbditos para servir como guarnición y poseedores del suelo era uno de los agravios contra Atenas a ojos de sus súbditos durante su imperio en el siglo V. [44] Esto debe referirse a los “periecos”, habitantes libres de Laconia, no Espartanos, y a los hilotas, siervos Espartanos, que cultivaban la tierra para sus amos. La población de verdaderos Espartiatas estaba en constante declive debido a la acumulación de tierra en manos de unos pocos y la resultante incapacidad de cada vez mayor número de ciudadanos de aportar su parte de productos agrícolas a la mesa general o sissitia. Aquellos que no podían hacer su contribución eran degradados, esto es, se convertían en “hipomeiones”, aunque aún servían como soldados. [45] Vide Isoc. 4.126; Isoc. 8.99; Isoc. 6.63. |