DIODORO

«BIBLIOTECA HISTÓRICA: LIBRO XV»

Traducción y adaptación "el Anónimo Castellano"

 

 

CONTENIDOS DEL LIBRO XV

Para facilitar su publicación en la web se ha dividido el libro en tres partes más un índice.

Índice - Parte I -Parte II - ParteIII

-Cómo los Cartagineses estuvieron en peligro cuando se vieron afligidos por una peste (cap. 24);

-Cómo los Tebanos recuperaron Cadmea (caps. 25-27);

-Sobre la guerra Beocia y los hechos relacionados con ella (caps. 28-35);

   -La campaña de los Tribalos contra Abdera (cap. 36);

-Los beocios combaten con exito ante Orcomenos (cap. 37);

-Artajerjes trata de poner paz en Grecia pues esta necesitado de sus mercenarios para su proyectado ataque a Egipto. (cap. 38);

-Sobre los generales tebanos. (cap. 39);

-Guerras y luchas menores dentro del Peloponeso. (cap. 40);

-Artajerjes invade Egipto. (cap. 41-43)

-Sobre el método de entrenamiento de Ifícrates y sus descubrimientos en el arte de la guerra (cap. 44);

   -La campaña de los Lacedemonios contra Corcira (caps. 46-47);

   -Sobre el terremoto e inundación que sucedió en el Peloponeso y el fuego que apareció en los cielos (caps. 48-50);

   -La campaña de los Persas contra Egipto (caps. 41-43);

   -Cómo los Tebanos vencieron a los Lacedemonios en la muy famosa batalla de Leuctra y reclamaron la hegemonía de Grecia (caps. 50-56);

 

XXIV[46].   Cuando Nicón era arconte en Atenas, los Romanos eligieron seis tribunos militares con potestad consular, Lucio Papirio, Cayo Servilio, Lucio Quinctio, Lucio Cornelio, Lucio Valerio y Aulo Manlio. Durante su magistratura los Cartagineses invadieron Italia y restauraron su ciudad a los Hiponienses[47] que habían sido expulsados de ella, y, habiendo reunido a todos los refugiados, se mostraron muy solícitos de su bienestar. [2] Después de esto una peste se produjo entre los habitantes de Cartago que fue tan violenta que mató a tantos Cartagineses que estuvieron en el riesgo de perder su posición dominante. Pues los Libios, infravalorándolos, hicieron defección, y los habitantes de Cerdeña, pensando que ahora tenían la oportunidad de oponerse a los Púnicos, se rebelaron, y haciendo común causa, atacaron a los Cartagineses. [3] Y hacia el mismo tiempo un desastre sobrenatural cayó sobre Cartago, porque tumultos y terrores y disturbios terroríficos acaecieron constantemente a lo largo de la ciudad sin explicación, y muchos hombres salían de sus casas con las armas, teniendo la impresión de que los enemigos habían entrado en la ciudad. Finalmente, después de que se hubieren atraído a la divinidad con sacrificios y con dificultad se recuperaron de sus infortunios, rápidamente subyugaron a los Libios y recobraron la isla de Cerdeña.

 

XXV[48].   Cuando Nausinico era arconte en Atenas, los Romanos eligieron cuatro tribunos militares con potestad consular, Marco Cornelio, Quinto Servilio, Marco Furio y Lucio Quinctio. Durante su magistratura la que es conocida como guerra Beocia estalló entre los Lacedemonios y los Beocios por las siguientes razones. Cuando los Lacedemonios mantenían una guarnición injustamente en la Cadmea y habían exiliado a muchos importantes ciudadanos, los exiliados se reunieron, se aseguraron el apoyo de los Atenienses, y regresaron de noche a su ciudad natal. [2] Habiendo primero matado en sus propias casas a aquellos que favorecían la causa lacedemonia, a los que sorprendieron todavía dormidos[49], luego se ganaron a los ciudadanos a la causa de la libertad y obtuvieron la cooperación de todos los Tebanos. Cuando el pueblo se hubo rápidamente congregado en armas, al amanecer intentaron asaltar la Cadmea. [3] Los Lacedemonios que constituían la guarnición de la ciudadela, sumando con sus aliados no menos de mil quinientos, enviaron legados a Esparta a anunciar la insurrección de los Tebanos y a urgirles a enviar auxilio tan pronto fuera posible. Favorecidos por su posición, mataron a muchos asaltantes e hirieron gravemente a no menos número. [4] Los Tebanos, anticipándose a la llegada de un gran ejército desde Grecia para ayudar a los Lacedemonios, enviaron embajadores a Atenas para recordarles que ellos también ayudaron una vez en la restauración de la democracia de los Atenienses en la época en que los Atenienses habían sido esclavizados por los Treinta Tiranos, y para requerir a los Atenienses a que acudieran con todas sus fuerzas y les asistieran en conquistar la Cadmea antes de la llegada de los Lacedemonios.  

 

XXVI.   El pueblo Ateniense escuchó a los embajadores hasta el final y votaron[50] enviar inmediatamente una fuerza tan grande como fuera posible para la liberación de Tebas, devolviendo el favor por el antiguo servicio y al mismo tiempo movidos por el deseo de ganarse a los Beocios a su partido y tener en ellos un poderoso aliado en la lucha contra la supremacía de los Lacedemonios. Porque los Beocios eran reputados no ser inferiores a ninguna de las naciones griegas en el número de sus hombres y en valor militar. [2] Finalmente Demofón, quien había sido creado general, y había inmediatamente hecho levas de cinco mil hoplitas y quinientos caballos, al día siguiente al amanecer condujo sus tropas desde la ciudad, y avanzó a marchas forzadas en un esfuerzo por anticiparse a los Lacedemonios, pero los Atenienses sin embargo continuaron sus preparativos para una expedición a Beocia con todas sus fuerzas en caso de necesidad. [3] Demofón marchando campo a través apareció inesperadamente ante Tebas. Y puesto que muchos soldados asimismo vinieron apresuradamente desde otras ciudades de Beocia, rápidamente se reunió un gran ejército para ayudar a los Tebanos. [4] Pues no menos de veinte mil hoplitas y más de dos mil caballos fueron congregados. Y ya que absolutamente todos estaban deseosos de adelantar el asedio, dividiendo sus fuerzas hicieron sus ataques en relevos, manteniendo un persistente ataque día y noche.  

 

XXVII.   La guarnición de la Cadmea bajo las exhortaciones de sus comandantes se defendieron valientemente contra sus adversarios, esperando que los Lacedemonios vendrían en breve con un gran ejército. Entonces mientras tuvieron suficiente comida, se mantuvieron obstinadamente contra los ataques y mataron e hirieron a muchos de los sitiadores, apoyados en la fortaleza de la ciudadela, pero cuando la escasez de provisiones se incrementó y los Lacedemonios, ocupados en reunir fuerzas, estaban lejos de venir, estalló la disensión entre ellos. [2] Porque entre ellos los Lacedemonios pensaban que debían mantenerse firmes hasta la muerte, mientras que sus compañeros de las ciudades aliadas, quienes eran muchas veces su número, se declararon a favor de rendir la Cadmea. Bajo esta presión incluso los Espartanos mismos, que eran sólo pocos, se pronunciaron también por la evacuación de la ciudadela. Con ello capitularon bajo acuerdo y regresaron al Peloponeso. [3] Pero los Lacedemonios avanzaban con una considerable fuerza sobre Tebas, y, llegando demasiado tarde, no tuvieron éxito en su ataque[51]. Sometieron a juicio a tres oficiales de la guarnición, a dos condenaron a muerte, y al tercero le impusieron tan gravosa multa que con su peculio no pudo pagarla. [4] Después los Atenienses volvieron a casa, y los Tebanos atacaron Tespias pero fracasaron en su asalto.  

Mientras que aquellas cosas estaban ocurriendo en Grecia, los Romanos mandaron a quinientos colonos, que iban a estar exentos de impuestos, a Cerdeña[52].

 

XXVIII[53].   Cuando Caleas era arconte en Atenas, los Romanos eligieron como tribunos militares con potestad consular a cuatro hombres, Lucio Papirio, Marco Publio, Tito Cornelio y Quinto Lucio. Durante su magistratura, después del fracaso de los Lacedemonios ante Tebas, los Beocios, uniéndose audazmente, formaron una alianza y reunieron un considerable ejército, esperando que los Lacedemonios llegarían a Beocia con un gran contingente. [2] Los Atenienses enviaron a sus más respetados ciudadanos como embajadores a las ciudades que estaban sometidas a los Lacedemonios, urgiéndoles a adherirse a la causa común de la libertad. Porque los Lacedemonios,  confiando en el tamaño de la fuerza a su disposición, gobernaban a los pueblos subyugados a ellos de forma desconsiderada y severa, y por ello muchos de aquellos que pertenecían a la esfera de influencia espartana se inclinaban hacia los Atenienses. [3] Los primeros en responder a esta petición de rebelarse fueron los pueblos de Quíos y Bizancio; fueron seguidos por los pueblos de Rodas y Mitilene y ciertos otros de las islas; y como el movimiento constantemente reunía fuerzas a lo largo de Grecia, muchas ciudades se unieron a los Atenienses[54]. La democracia, animada por la lealtad de las ciudades, estableció un consejo común de todos los aliados y nombraron representantes de cada estado. [4] Se acordó por unanimidad que, mientras el consejo celebrara sus sesiones en Atenas, todas las ciudades, grandes y pequeñas, estarían sobre bases iguales y sólo dispondrían de un voto, y que todas continuarían siendo independientes, aceptando a los Atenienses como líderes. Los Lacedemonios, enterados de que el movimiento de sus ciudades de secesionarse no podía ser interrumpido, sin embargo  se esforzaron seriamente a través de misiones diplomáticas, palabras amistosas y promesas de ventajas a obtener por los pueblos que se habían separado. [5] Asimismo se dedicaron asiduamente a sus preparativos de guerra, porque esperaban que la guerra Beocia les sería dura y tediosa, ya que los Atenienses y el resto de los Griegos que participaban en el consejo eran aliados de los Tebanos.

 

XXIX.   Mientras que aquellas cosas estaban haciéndose, Acoris, el rey de los Egipcios, estando en hostiles términos con el Rey Persa, reclutó una gran fuerza mercenaria, porque ofreciendo un alto estipendio a los que se inscribían y dando favores a muchos de ellos, rápidamente indujo a muchos Griegos a entrar a su servicio para la campaña[55]. [2] Pero no teniendo a un general capaz, envió a por el Ateniense Cabrias, un hombre distinguido por su prudencia como general y su perspicacia en el arte de la guerra, que había también ganado gran reputación por su valor personal. Entonces Cabrias, sin obtener primero el permiso del pueblo ateniense, aceptó el nombramiento y tomó a su mando las fuerzas en Egipto y con gran rapidez hizo preparativos para luchar contra los Persas[56]. [3] Pero Farnabazo, quien había sido nombrado por el Rey general de los ejércitos persas, preparó gran copia de material bélico, y también envió embajadores a Atenas, primero para denunciar a Cabrias, que por hacerse general de los Egipcios estaba enfriando, así dijo, el afecto del Rey por el pueblo de Atenas, y, en segundo lugar, urgirles a darle a Ifícrates como general. [4] Los Atenienses, estando deseosos de ganarse el favor del Rey Persa e inclinar a Farnabazo hacia sí, rápidamente reclamaron a Cabrias desde Egipto[57] y enviaron a Ifícrates[58] como general a actuar en alianza con los Persas.

[5] La tregua que los Lacedemonios y los Atenienses habían concluido en el periodo anterior[59] permaneció inalterada hasta este tiempo. Pero entonces Esfodriades el Espartano, que había sido puesto al mando y era por natural irresponsable y precipitado, fue persuadido por Cleombroto[60], el rey de los Lacedemonios, sin el consentimiento de los éforos a ocupar el Pireo. [6] Esfodriades con más de diez mil soldados intentó ocupar el Pireo por la noche[61], pero fue descubierto por los Atenienses y, fracasada la tentativa, regresó sin lograr nada. Fue entonces denunciado ante el consejo de los Espartanos, pero ya que tenía a los reyes que lo apoyaban, se libró por una aberración de la justicia[62]. [7] Como resultado los Atenienses, muy vejados por el suceso, votaron que la tregua había sido rota por los Lacedemonios[63]. Entonces decidieron hacer la guerra contra ellos y eligieron a tres de sus más distinguidos ciudadanos como generales, Timoteo[64], Cabrias y Calístrato[65]. Votaron levar doce mil hoplitas y cinco mil caballos, y equipar doscientos navíos. Asimismo admitieron a los Tebanos en el consejo común en igualdad en todos los aspectos[66]. [8] Votaron también devolver la tierra colonizada por clerucos[67] a sus antiguos poseedores y aprobaron una ley según la que ningún Ateniense cultivaría tierras fuera del Ática[68]. Por este generoso acto recuperaron la buena voluntad de los Griegos e hicieron su liderazgo más seguro. 

 

XXX.   Entonces muchas de las otras ciudades por las antedichas razones fueron instigadas a pasarse a Atenas, y las primeras en incorporarse a la alianza y las más entusiastas fueron las ciudades de Eubea salvo Hestia[69]; porque Hestia, habiendo sido tratada muy generosamente por los Lacedemonios al haber sufrido terriblemente en la guerra con los Atenienses, tenía buenas razones para mantenerse inalterada su enemistad con Atenas y para observar incólume su compromiso con Esparta. [2] Sin embargo setenta ciudades finalmente entraron en la alianza con Atenas y participaron en pie de igualdad en el consejo común. Así con el constante incremento en el poder de los Atenienses y la disminución del de los Lacedemonios los dos estados estaban ahora a la par. Los Atenienses, viendo los asuntos discurriendo según su deseo, despacharon un contingente a Eubea para servir inmediatamente como protección de sus aliados y debelar la oposición. [3] En Eubea poco antes de esto un cierto Neógenes con la ayuda de Jasón de Feras había reunido soldados y ocupado la ciudadela de Hestia[70], y así se nombró tirano de este país y de la ciudad de los Oreitanos. Por su gobierno violento y arrogante los Lacedemonios habían entonces enviado a Teripides contra él. [4] Teripides al principio se esforzó en convencer al tirano mediante negociaciones para que abandonara la ciudadela, pero cuando el tirano no le prestó atención, congregó a las gentes del lugar para la causa de la libertad, expugnó el lugar al asalto, y restauró su libertad al pueblo de Oreo. Por esta razón el pueblo que habita lo que es conocido como el país de los Hestianos continuó leal a los Espartanos y conservó intacta su amistad. [5] Cabrias, al mando de la fuerza enviada por los Atenienses[71], devastó Hestiaeotis, y, fortificando su Metrópolis, como es llamada, que esta situada en una colina naturalmente escarpada, dejó una guarnición allí, y luego navegó a las Ciclades y se atrajo Peparetos y Excitaos y algunas otras islas que habían estado dominadas por los Lacedemonios.  

 

XXXI.   Los Espartanos, percibiendo que el impulso de sus aliados a la sucesión no iba a ser frenado, puso fin a su antigua severidad y comenzó a tratar a las ciudades humanamente. Por esta clase de trato y por las buenas obras hicieron a sus aliados más leales. Y ahora que vieron que la guerra se estaba haciendo más seria y requería su estricta atención, se dedicaron con energía a trabajar sobre sus preparativos varios para ella, y en particular lograron una mayor perfección en la organización y distribución de sus soldados y del servicio militar. [2] De hecho dividieron las ciudades y a los soldados que eran reclutados para la guerra en diez partes. La primera parte incluía a los Lacedemonios, la segunda y tercera a los Arcadios, la cuarta a los Eleos, la quinta a los Aqueos. Corintios y Megarenses componían la sexta, la séptima los Sicionios y los Fliuntinos y los habitantes del promontorio llamado Acte[72], la octava los Acarnanianos, la novena los Focidios y los Locrios, y la última de todas los Olintios y los aliados que vivían en Tracia. Consideraron un hoplita equivalente a dos armados a la ligera, y a un jinete equivalente a cuatro hoplitas[73]. [3] Tal fue la organización, y el rey Agesilao fue puesto al mando de la campaña. Era renombrado por su valor y pericia en el arte de la guerra y había sido casi invencible en los tiempos anteriores. Porque en todas sus guerras se ganó la admiración y especialmente cuando los Lacedemonios estaban luchando con los Persas. Porque dio batalla y obtuvo la victoria contra fuerzas muchas veces superiores a las suyas en número; luego recorrió gran parte de Asia[74], adueñándose del terreno abierto, y finalmente habría tenido éxito con probabilidad, si los Espartanos no le hubieran reclamado por motivo de los negocios políticos, en hundir el imperio persa en una situación muy calamitosa. [4] Porque era un hombre enérgico, osado pero muy inteligente, implicándose en peligrosas acciones. En consecuencia los Espartanos, viendo que la magnitud de la guerra requería un líder de primer orden, de nuevo lo nombraron comandante de toda la guerra.  

 

XXXII.   Agesilao condujo su ejército y alcanzó Beocia acompañado por todos los soldados, más de dieciocho mil hombres, en que había cinco divisiones de Lacedemonios. Cada división se componía de quinientos hombres. La compañía conocida como Sciritae[75] entre los Espartanos no se despliega con el resto, sino que tiene su propia posición con el rey y acude en apoyo de las secciones que de cuando en cuando están en peligro. Y puesto que está compuesta de hombres veteranos, es un importante factor para cambiar la balanza en las batallas, y generalmente determina la victoria. Agesilao también mandaba mil quinientos caballos. [2] Pasando luego a la ciudad de Tespias, que estaba guarnecida por los Lacedemonios, acamparon cerca de ella y durante varios días dejó descansar a sus hombres de los trabajos de la marcha. Los Atenienses, habiendo advertido la llegada de los Lacedemonios en Beocia, inmediatamente acudieron en auxilio de Tebas con cinco mil infantes y doscientos équites. [3] Cuando estas fuerzas se hubieron congregado, los Tebanos ocuparon una cumbre oblonga a unos veinte estadios de la ciudad y, habiendo transformado el obstáculo en un bastión, esperaron el ataque, porque la reputación de Agesilao les atemorizaba tanto que estaban demasiado cautelosos para esperar el ataque del enemigo a pie de igualdad en un terreno llano. [4] En cuanto a Agesilao[76], dirigió su ejército en orden de batalla contra los Beocios, y, cuando se hubo acercado, en primer lugar lanzó a sus tropas ligeras contra sus enemigos, probando así su disposición para luchar con él. Pero como los Tebanos tenían desde su posición más alta facilidad para repeler a sus hombres, condujo todo su ejército contra ellos en orden cerrado para aterrorizarlos. [5] Cabrias[77] el Ateniense, empero, dirigiendo sus tropas mercenarias, ordenó a sus hombres recibir al enemigo con una demostración de desprecio, manteniendo siempre sus líneas de batalla, e, inclinando sus escudos contra sus rodillas, esperar con las lanzas levantadas. [6] Puesto que ejecutaron lo que les fue ordenado a una palabra del general, Agesilao, maravillado de la gran disciplina del enemigo y de su postura de menosprecio, consideró desaconsejable abrirse paso contra una posición superior y obligar a sus enemigos a mostrar su valor en un combate mano a mano, y, habiendo sabido por esta tentativa que se atreverían, si se veían forzados, a disputar por la victoria, los desafió en el llano. Pero cuando los Tebanos no bajaron para pelear con él, retiró la falange de infantería, envió la caballería y a los soldados ligeros a saquear la campiña impunemente, y así allegaron gran cantidad de botín.   

 

XXXIII.   Los consejeros Espartanos, quienes acompañaban a Agesilao, y sus oficiales le expresaron su sorpresa de que Agesilao, que era reputado un hombre enérgico y tenía un ejército grande y poderoso, hubiera evitado una batalla decisiva con el enemigo. A estos Agesilao respondió que habían ganado la victoria sin riesgo; porque cuando la campiña estaba siendo saqueada, los Beocios no se habían atrevido a acudir en su defensa; pero si, cuando el enemigo mismo les había concedido la victoria, los hubiera forzado a afrontar los riesgos de la batalla, quizá por la incertidumbre de la fortuna los Lacedemonios pudieran haber incluso sido derrotados en la batalla. [2] Entonces pensaron, sobre su contestación, que había estimado el resultado posible bastante bien, pero más tarde a la luz de los acontecimientos creyeron que había pronunciado no una frase meramente humana sino también un oráculo inspirado por la Divinidad. Porque los Lacedemonios, habiendo hecho campaña contra los Tebanos con un poderoso ejército y habiéndoles obligado a luchar por su libertad, se encontraron con un gran desastre. [3] Fueron vencidos, concretamente, primero en Leuctra, donde perdieron a muchos de sus ciudadanos soldados y su rey Cleombroto cayó; y luego, cuando lucharon en Mantinea, fueron completamente vencidos y perdieron sin remedio su hegemonía[78]. Pues la Fortuna tiene la virtud, cuando los hombres se vanaglorian demasiado, de abatirlos inesperadamente y así enseñarles a no esperar nada en exceso. En cualquier caso, Agesilao, moderadamente contento con su primer éxito, retiró su ejército incólume.

[4] Después de esto Agesilao regresó con su ejército al Peloponeso, mientras que los Tebanos, salvados por la dirección de Cabrias, se maravillaron de su pericia en la estrategia. Cabrias, aunque había llevado a cabo muchos espléndidos hechos en la guerra, estaba particularmente orgulloso de este pequeño ejemplo de estrategia y dio lugar a que las estatuas que le habían sido concedidas por su pueblo fueran erigidas para exhibir esta capacidad militar[79]. [5] Los Tebanos después de la partida de Agesilao, conduciendo una expedición contra Tespias, destruyó el puesto militar avanzado[80] que consistía en doscientos hombres, pero después de hacer repetidos asaltos contra la ciudad misma y no lograr nada digno de mención, dirigió su ejército de vuelta a Tebas. [6] Foebidas[81] el Lacedemonio que tenía una considerable guarnición en Tespias salió de la ciudad, cayó precipitadamente sobre los Tebanos en retirada, y perdió más de quinientos soldados, mientras que él mismo, combatiendo brillantemente, después de recibir muchas heridas de frente, murió como un héroe.

 

XXXIV.   No mucho después de esto los Lacedemonios de nuevo[82] hicieron campaña contra Tebas con la misma fuerza que antes, pero los Tebanos, ocupando algunos nuevos obstáculos, impidieron al enemigo devastar el país, aunque no se aventuraron a ofrecer batalla en los llanos cara a cara contra todo el ejército del enemigo. [2] Como Agesilao avanzaba al ataque, salieron a su encuentro poco a poco. Una dura batalla se produjo durante largo tiempo, en la que los hombres de Agesilao al principio llevaron ventaja, pero luego, como los Tebanos salieran todos desde su ciudad, Agesilao, advirtiendo la multitud de hombres extendiéndose ante él, ordenó a sus hombres mediante señales de trompeta retirarse de la batalla. Los Tebanos, que se encontraron entonces por primera vez no inferiores a los Lacedemonios, erigieron un trofeo de victoria y después de eso hicieron frente al ejército de los Espartanos con confianza.

[3] En cuanto al combate de las fuerzas terrestres, tal fue el resultado. En el mar hacia la misma época se produjo una gran batalla naval entre Naxos y Paros, de la que la causa fue la siguiente. Polis, el almirante de los Lacedemonios, sabiendo que un gran convoy de trigo estaba de camino a Atenas en cargueros, esperó la flota de transporte cuando se situara ante el puerto, intentando atacar a los cargueros. El pueblo Ateniense, informados de esto, envió una flota a guardar el trigo por el camino, que de hecho lo trajo íntegro al Pireo. [4] Después Cabrias, el almirante Ateniense, con toda la flota navegó a Naxos y la asedió. Desembarcando sus ingenios de sitio para llevarlos contra las murallas, cuando las hubo sacudido, entonces dobló sus esfuerzos para tomar la ciudad por asalto. Mientras estas cosas se estaban haciendo, Polis, el almirante de los Lacedemonios, navegó al puerto para ayudar a los Naxios. En una impaciente rivalidad ambos bandos se trabaron en una batalla naval, y formando en línea de batalla cargaron uno contra otro. [5] Polis mandaba sesenta y cinco trirremes; Cabrias ochenta y tres. Como las naves se destruían unas a otras, Polis, dirigiendo el flanco derecha, fue el primero en atacar las trirremes enemigas del flanco izquierdo, que mandaba Cedón el Ateniense. En una brillante batalla mató a Cedón y hundió su barco; y, enzarzándose las demás naves de Cedón de similar manera y abriéndoles el casco con los espolones de sus barcos, destruyó unas y a otras forzó a huir. Cuando Cabrias advirtió lo que estaba ocurriendo, despachó un escuadrón de barcos bajo su mando y dio auxilio a los hombres que estaban muy hostilizados y así frenó la derrota de su bando. Él mismo con la más fuerte parte de la flota destruyó en un valiente combate muchas trirremes y tomó gran número de cautivos.

 

XXXV.   Aunque había así ganado y obligado a todos los barcos del enemigo a huir, se abstuvo por completo de perseguirles. Porque recordó la batalla de Arginusa[83] y que la asamblea de pueblo, a cambio del gran servicio prestado por los generales vencedores, los condenó a muerte bajo la acusación de que no habían enterrado a los hombres que habían muerto en la batalla; en consecuencia temía, ya que las circunstancias eran muy parecidas, que pudiera correr el riesgo de sufrir un destino semejante. Por ello se abstuvo de la persecución, recogió los cuerpos de sus conciudadanos que estaban en el agua, salvó a los que estaban aún vivos, y enterró a los muertos. Si no se hubiera dedicado a este asunto habría fácilmente destruido toda la flota enemiga. [2] En la batalla dieciocho trirremes[84] de los Atenienses fueron destrozadas; de los Lacedemonios veinticuatro destruidas y ocho capturadas con sus tripulantes. Cabrias entonces, habiendo obtenido una notable victoria, navegó de regreso cargado de despojos al Pireo y se encontró con una estusiasta recepción de sus conciudadanos. Desde la guerra del Peloponeso esta era la primera batalla naval que los Atenienses habían ganado. Porque no habían combatido en la batalla de Cnido[85] con una flota propia, sino que habían usado la del Rey y obtenido la victoria.

[3] Mientras que estas cosas estaban ocurriendo, en Italia Marco Manlio[86], que aspiraba a la tiranía en Roma, fue depuesto y muerto.

 

XXXVI[87].   Cuando Carisandro era arconte en Atenas, los Romanos eligieron a cuatro tribunos con potestad consular, Servio Sulpicio, Lucio Papirio, Tito Quinctio; y los Eleos celebraron la centésima primera Olimpiada, en la que Damón de Turios ganó la carrera del estadio. Durante su magistratura, en Tracia los Tribalos, sufriendo de hambre, marcharon con todas sus fuerzas más allá de sus fronteras y obtuvieron comida en tierras extranjeras. [2] Más de treinta mil invadieron la contigua parte de Tracia y corrió con impunidad el territorio de Abdera, y después de apoderarse de una gran cantidad de botín estaban volviendo a su patria de forma displicente y desordenada cuando los habitantes de Abdera los atacaron con todas sus fuerzas y mataron a más de dos mil de ellos cuando regresaban rezagadamente a casa[88]. [3] Los bárbaros entonces, enfurecidos por lo sucedido y deseando vengarse de los Abderitas, de nuevo invadieron su tierra. Los vencedores en el anterior enfrentamiento, estando animados por su éxito y ayudados por la presencia de los Tracios de las regiones vecinas, que habían enviado un contingente de hombres para ayudarles, desplegaron sus líneas frente a los bárbaros. [4] Una reñida batalla tuvo lugar, y ya que los Tracios súbitamente cambiaron de bando, los Abderitas, ahora peleando solos y rodeados por los bárbaros superiores en número, fueron aniquilados casi todos, tantos como tomaron parte en la batalla. Pero justo después que los Aberitas hubiesen sufrido tan gran desastre y estuvieran a punto de ser sitiados, Cabrias el Ateniense de súbito apareció con tropas y los libró de sus peligros. Expulsó a los bárbaros del país, y, después de dejar una considerable guarnición en la ciudad, él mismo fue asesinado por ciertas personas[89]. [5] Timoteo le sucedió como almirante, navegó a Cefalonia, se atrajo ciudades allí, y asimismo persuadió a las ciudades de Acarnania a pasarse a los Atenienses. Después de que se hubiere hecho amigo de Alcetas, rey de los Molosos, y, hablando en general, atraído áreas que pertenecían a las ciudades de aquellas regiones, venció a los Lacedemonios en una batalla naval frente a Leucas[90]. [6] Todo esto lo logró rápida y fácilmente, no sólo persuadiendo a los hombres por su elocuencia, sino también ganando batallas con valentía y buen liderazgo. Por ello fue muy aclamado, no sólo entre sus conciudadanos sino también entre los Griegos. Así estaba la vida de Timoteo.  

 

XXXVII.   Mientras estabas cosas estaban sucediendo, los Tebanos hicieron una expedición contra Orcómenos con quinientos veteranos y lograron una memorable acción. Porque como los Lacedemonios mantenían una guarnición de muchos soldados en Orcómenos y habían desplegado sus fuerzas contra los Tebanos, tuvo lugar una violenta batalla en la que los Tebanos, atacando a los Lacedemonios dos veces superiores en número, los derrotaron[91]. Nunca de hecho había ocurrido tal cosa antes; hubiera parecido suficiente si hubieran ganado con muchos contra pocos. [2] El resultado fue que los Tebanos henchidos de orgullo obtuvieron más y más renombre por su valor, y se pusieron manifiestamente en una posición de competir por la hegemonía de Grecia.

[3] De los historiadores, Hermeias de Metymne[92] concluyó en este año su relato de los asuntos sicilianos, habiendo escrito diez libros, o, como algunos dividen el trabajo, en doce.

 

XXXVIII[93].   Cuando Hipodamas era arconte en Atenas, los Romanos eligieron a cuatro tribunos militares con potestad consular, Lucio Valerio, Lucio Manlio, Servio Sulpicio y Lucrecio. Durante la magistratura de estos, Artajerjes, Rey de los Persas, albergando en su ánimo hacer la guerra a los Egipcios y estando diligentemente ocupado en organizar un considerable ejército mercenario, decidió poner fin a las guerras que se estaban produciendo en Grecia. Porque por este medio particularmente esperaba que los Griegos, una vez libres de sus guerras intestinas, estarían más preparados para aceptar el servicio como mercenarios. En consecuencia envió embajadores a Grecia a urgir a las ciudades a firmar un acuerdo de paz general. [2] Los Griegos acogieron favorablemente su propuesta porque estaban cansados de la ininterrumpida serie de guerras, y todos convinieron en hacer la paz bajo la condición de que todas las ciudades serían independientes y libres de guarniciones extranjeras. Consecuentemente los Griegos nombraron dos legados que yendo de ciudad en ciudad procedieron a evacuar todas las guarniciones. [3] Pero sólo los Tebanos no estuvieron de acuerdo en que la ratificación del tratado de paz se hiciera ciudad por ciudad[94], sino que insistieron en que toda Beocia debería ser considerada como sujeta a la confederación de los Tebanos. Cuando los Atenienses se opusieron a esto de la forma más decidida, Calístrato, su líder popular, expuso sus razones, y, en nombre de los Tebanos, Epaminondas pronunció el discurso ante la asamblea general con maravilloso efecto, el resultado fue que aunque los términos de la paz estaban hechos por consenso de todos los otros estados griegos, los Tebanos sólo fueron apartados de participar en ellos[95] y, por la influencia de Epaminondas, quien por sus méritos personales inspiraba en sus conciudadanos un espíritu patriótico, se animaron a plantarse contra la decisión de todos los demás. [4] Porque los Lacedemonios y los Atenienses, que habían sido constantemente rivales por la supremacía, ahora se hicieron concesiones mutuamente, juzgando a los primeros dignos de regir la tierra, y a los segundos el mar. Por lo tanto estaban molestos por las pretensiones de hegemonía pronunciadas por un tercer competidor e intentaron separar las ciudades beocias de la confederación tebana[96].   

 

XXXIX.    Los Tebanos, que sobresalían en fortaleza y en poder y habían realmente vencido a los Lacedemonios en numerosas batallas, estaban animados y deseosos de disputar por la primacía en tierra. Y no se engañaban en sus esperanzas, por las razones antedichas y porque tenían mejores comandantes y generales durante el periodo que analizamos. [2] Los más famosos eran Pelópidas, Górgidas[97] y Epaminondas[98]. Este, de hecho, sobresalía mucho no solamente a los de su propia nación sino incluso a todos los Griegos en valentía y en pericia en el arte de la guerra. Poseía una amplia educación general, estando particularmente interesado en la filosofía de Pitágoras[99]. Además de esto, estando bien dotado de virtudes físicas, es natural que alcanzara logros muy señalados. Por lo tanto aun cuando se vio obligado a luchar con muy pocos ciudadanos soldados contra todos los ejércitos de los Lacedemonios y sus aliados, fue tan superior a aquellos guerreros hasta entonces invencibles que mató al rey Espartano Cleombroto, y aniquiló casi totalmente a la multitud de sus enemigos[100]. [3] Tales fueron los destacables hechos que inesperadamente consiguió a causa de su astucia y excelencia moral que había adquirido con su educación.  

Sin embargo, explicaré algo después[101] aquellos asuntos más pormenorizadamente en un capítulo especial; ahora volveremos al hilo de nuestro relato.

 

XL.   Después de que la autonomía había sido concedida a varios pueblos[102], las ciudades se vieron envueltas en disturbios y conflictos domésticos, particularmente en el Peloponeso. Por haber estado habituados a instituciones oligárquicas y ahora tomando absurda ventaja de las libertades que la democracia se permite a sí misma, exiliaron a muchos de sus buenos ciudadanos[103], e, inventando cargos contra ellos, los condenaron. Cayendo así en luchas intestinas habían recurrido a los exilios y confiscaciones de bienes, particularmente contra aquellos que durante la hegemonía espartana habían sido los dirigentes de sus ciudades natales. [2] De hecho en aquellos tiempos los oligarcas habían ejercido un control autoritario sobre sus propios ciudadanos, y luego, cuando el movimiento democrático recuperó su libertad, albergaron en su interior el resentimiento. Primero los exilados de Fialeia[104], reuniendo sus fuerzas, recobraron Heraea[105], como es llamada, un castillo. Y partiendo desde allí, cayeron velozmente sobre Fialeia[106], y en un momento en que el festival de Dionisio se estaba celebrando, cargaron inesperadamente contra los espectadores en el teatro, mataron a muchos, persuadieron a no pocos para que participaran en su locura, y se retiraron a Esparta. [3] Y los exiliados de Corinto, quienes, muchos en número, estaban viviendo entre los Argivos, intentaron regresar, pero aunque fueron admitidos dentro de la ciudad por algunos de sus parientes y amigos, fueron denunciados y rodeados, y, cuando estaban a punto de ser aprehendidos, temerosos del maltrato que su captura entrañaría, se mataron unos a otros. Los Corintios, habiendo acusado a muchos de sus ciudadanos de ayudar a los exilados en el ataque, condenaron a muerte a unos y exiliaron a otros. [4] De nuevo, en la ciudad de los Megarenses, cuando algunas personas se animaron a derrocar el gobierno y fueron vencidos por la democracia, muchos fueron muertos y no pocos arrojados al exilio. Asimismo entre los Sicionios también un grupo que intentó llevar a cabo una revolución pero fracasó fue asesinado. [5] Entre los Fliuntinos, cuando muchos que estaban en el exilio se habían apoderado de un castillo en el país y reunido un considerable número de mercenarios, tuvo lugar una batalla contra el partido de la ciudad, y, cuando los exilados vencieron, unos trescientos de los Fliuntinos fueron muertos. Después, cuando los centinelas traicionaron a los exiliados, los Fliuntinos ganaron y ejecutaron a más de seiscientos exiliados, mientras que expulsaban al resto del país y les obligaban a buscar refugio en Argos. Tales fueron los desastres que afligieron las ciudades peloponesias.   

 

XLI[107].   Cuando Socrátides era arconte en Atenas, los Romanos eligieron a cuatro tribunos militares con potestad consular, Quinto Servilio, Servio Cornelio y Espurio Papirio. Durante el ejercicio de su magistratura el Rey Artajerjes envió una expedición contra Egipto[108], que se había rebelado contra Persia. Los líderes del ejército eran Farnabazo, que dirigía el contingente bárbaro, e Ifícrates[109] el Ateniense, que mandaba los mercenarios, que eran veinte mil. Ifícrates, que había sido convocado para la campaña por el Rey, se le dio tal nombramiento por su capacidad como estratega. [2] Después que Farnabazo hubiese dedicado varios años en preparar lo necesario, Ifícrates, percibiendo que aunque en el hablar era inteligente, pero lento en la acción, le dijo con franqueza que se maravillaba que una persona tan rápida en el discurso pudiera ser tan lenta en la acción. Farnabazo le contestó que era así porque él era dueño de sus palabras pero el Rey lo era de sus acciones. [3] Cuando el ejército persa se había congregado en la ciudad de Ace[110] se componía de doscientos mil bárbaros bajo el mando de Farnabazo y veinte mil[111] mercenarios Griegos dirigidos por Ifícrates. Las trirremes eran trescientas y doscientas naves de treinta remos. El número de los navíos que transportaban la comida y otras vituallas era grande. [4] Al comienzo del verano[112] los generales del Rey alzaron el campamento con todas sus tropas, y acompañados de la flota que navegaba a lo largo de la costa avanzaron a Egipto. Cuando llegaron cerca del Nilo se encontraron que los Egipcios habían claramente completado sus preparativos para la guerra. [5] Porque Farnabazo marchaba lentamente y había dado todo el tiempo al enemigo para prepararse. De hecho es usual costumbre entre los comandantes Persas, que no son independientes en la dirección general de la guerra, referir todos los asuntos al Rey y esperar sus respuestas sobre cada detalle.

 

XLII.   El rey Egipcio Nectanebo supo del tamaño de los ejércitos persas, pero estaba confiado, principalmente por la fortaleza del país, ya que a Egipto es extremadamente difícil de acceder, en segundo lugar por el hecho de que todos los puntos de invasión por tierra o mar habían sido cuidadosamente bloqueados. [2] Porque el Nilo desemboca en el mar egipcio por siete brazos[113], y en cada brazo se ha fundado una ciudad al lado con grandes torres en cada orilla de la corriente y puentes de madera que dominan su entrada. Especialmente fortificó el brazo pelusíaco porque es el primero que se encuentran aquellos que se aproximan desde Siria y parecía ser la más probable ruta para la invasión enemiga. [3] Cavó canales que conectaban con él, fortificó las entradas para los barcos en el puntos más adecuados, e inundó los accesos por tierra mientras que bloqueaba los accesos por mar con terraplenes. Por ello no era fácil ni para los barcos entrar navegando, o para la caballería avanzar, o para la infantería acceder. [4] el estado mayor de Farnabazo, encontrando el brazo pelusíaco tan ostensiblemente fortificado y guarnecido por una multitud de soldados, rechazó completamente el plan de abrirse paso a través de él y decidió llevar a cabo la invasión por barco a través de otro brazo. En consecuencia navegaron a mar abierto de modo que los navíos no fueran detectados por el enemigo, e ingresaron por el brazo conocido como Mendesiano, que contaba con una playa que se extendía por un espacio considerable. Desembarcando allí con tres mil hombres, Farnabazo e Ifícrates cargaron hacia el castillo fortificado junto al brazo. [5] Los Egipcios salieron con tres mil infantes y équites, y se entabló una reñida batalla, pero muchos hombres de sus barcos acudieron a incrementar el número de los Persas, hasta que finalmente los Egipcios fueron rodeados, muchos muertos, y no pocos capturados vivos; y el resto fue repelido en plena confusión hacia dentro de la ciudad. Los hombres de Ifícrates chocaron violentamente con los defensores dentro de las murallas, tomaron posesión de la fortaleza, la saquearon y esclavizaron a sus habitantes.     

 

XLIII.   Después de esto, de originó la discordia entre los comandantes, provocando el fracaso de la empresa. Porque Ifícrates, sabiendo por los cautivos que Memfis[114], la ciudad egipcia situada más estratégicamente, no estaba defendida, aconsejó navegar inmediatamente hasta Memfis antes que las fuerzas egipcias llegaran allí, pero Farnabazo juzgó que debían esperar a todo el ejército persa; porque de este modo la campaña contra Memfis sería menos peligrosa. [2] Cuando Ifícrates pidió que le fueran confiados los mercenarios que estaban cerca y prometió tomar la ciudad si los dirigía, Farnabazo sospechó de su temeridad y su arrojo temiendo que tomara posesión de Egipto para sí mismo. En consecuencia cuando Farnabazo dio su consentimiento, Ifícrates protestó que si dejaba escapar la oportunidad, haría fracasar toda la campaña. Algunos generales de hecho albergaban resentimiento contra él y procuraban lanzar injustas acusaciones sobre él. [3] Entretanto los Egipcios, habiendo tenido tiempo suficiente para recuperarse, primero enviaron una adecuada guarnición a Memfis, y luego, avanzando con todas sus fuerzas contra el conquistado castillo en el brazo Mendesiano del Nilo y gozando entonces de una gran ventaja debido a la fuerza de su posición, entablaron constantes combates con el enemigo. Con una fuerza que se estaba incrementando mataron a muchos Persas y ganaron confianza contra ellos. [4] Como la campaña en torno al castillo se prolongaba y los vientos Etesios ya habían llegado, el Nilo, que estaba creciendo e inundando[115] toda la región con la abundancia de sus aguas, hizo que Egipto fuera cada día más seguro. Los generales Persas, como este estado de cosas constantemente actuaba en su contra, decidieron retirarse de Egipto. [5] Por ello, en su viaje de vuelta a Asia, cuando el desacuerdo estalló entre Farnabazo e Ifícrates, este, sospechando que podía ser arrestado y castigado como lo había sido Conón[116] el Ateniense, decidió huir secretamente del campamento. Consecuentemente, habiéndose procurado una nave se alejó de noche secretamente y alcanzó el puerto de Atenas. [6] Farnabazo despachó embajadores a Atenas y acusó a Ifícrates de ser el responsable del fracaso en la conquista de Egipto. Los Atenienses, empero, contestaron a los Persas que si lo descubrían en una mala acción lo castigarían como mereciera, y poco después lo nombraron general de la su flota.  

 

XLIV.   No estará fuera de lugar dejar escrito lo que he aprendido sobre el destacable de Ifícrates. Porque dicen que había poseído pericia en el mando y que había disfrutado de un excepcional genio natural para toda clase de útil invención. Por lo tanto se dice, después que hubiera adquirido su larga experiencia de las operaciones militares en la guerra persa, ideó muchas mejoras en los instrumentos de guerra, dedicándose especialmente al asunto de las armas. [2] Por ejemplo, los Griegos estaban usando escudos que eran largos y por ello difíciles de coger. Los desechó e hizo otros pequeños ovalados de tamaño moderado, alcanzando así con éxito ambos objetivos, procurar al cuerpo una protección adecuada y permitir al usuario del pequeño escudo, a causa de su ligereza, tener completa libertad de movimiento. [3] Después de una prueba del nuevo escudo su fácil manejo aseguró su adopción, y la infantería que había antaño sido llamada “hoplitas” por su pesado escudo, luego cambió su nombre a “peltastas” a raíz de la ligera pelta que llevaban[117]. En cuanto a la lanza y espada, cambió en dirección contraria: esto es, incrementó la longitud de las lanzas el doble, e hizo las espadas casi dos veces más largas. El uso real de estas armas confirmó la prueba inicial y por el éxito del experimento se originó gran fama para el genio inventivo del general. [4] Hizo botas de soldados que eran fáciles de desatar y ligeras y continuaron hasta hoy siendo llamadas “ificrátidas” por él. También introdujo muchas otras útiles mejoras en el arte de la guerra, pero sería tedioso escribir sobre ellas. Así la expedición persa contra Egipto, para tan enormes preparativos, defraudó las expectativas y devino en fracaso al final.  

 

XLV.   A lo largo de Grecia ahora que sus diversas naciones estaban en confusión por extrañas formas de gobierno, y estaban ocurriendo muchos alzamientos en medio de la anarquía general, los Lacedemonios prestaban asistencia a los que estaban intentando establecer oligarquías, mientras que los Atenienses apoyaban a aquellos grupos que estaban adheridos a la democracia. [2] Porque aquellos países mantenían la tregua durante poco tiempo[118], sino que, actuando en cooperación con sus ciudades aliadas renovaban la guerra, no respetando mucho tiempo la paz general que había sido convenida. Así sucedió que en Zacinto el partido popular, estando enfadado y resentido hacia aquellos que habían ostentado el control del gobierno durante el dominio de los Lacedemonios, los enviaron al exilio…[119] Aquellos Zacintios, habiendo tomado refugio con Timoteo el Ateniense general de la flota, se unieron a su fuerza naval y lucharon con él. [3] En consecuencia lo hicieron su socio, fueron transportados por él a la isla, y se apoderaron de un castillo desde el mar que llamaron Arcadia[120]. Con este como su base y teniendo el apoyo de Timoteo infligieron daño contra los de la ciudad[121]. [4] Y cuando los Zacintios solicitaron de los Lacedemonios auxilio, estos al principio enviaron embajadores a Atenas a denunciar a Timoteo, pero luego, viendo que el pueblo Ateniense favorecía a los exilados[122], organizaron una flota, y equipando veinticinco trirremes las mandaron a asistir a los Zacintios, colocando a Aristócrates al mando[123]

 

XLVI.   Mientras que estas cosas estaban teniendo lugar, algunos partidarios de los Lacedemonios en Corcira se rebelaron contra la democracia y solicitaron a los Espartanos el envío de una flota, prometiendo traicionar a Corcira en su favor. Los Lacedemonios, advertidos de la gran importancia que Corcira tenía para los que aspiraran a la supremacía en el mar, se dieron prisa en posesionarse de esta ciudad[124]. [2] Así inmediatamente despacharon a Corcira veintidós trirremes, habiendo conferido el mando a Alcidas. Pretendían que esta expedición era enviada a Sicilia, para ser acogidos como amigos por los Corcirenses y luego con la asistencia de los exiliados ocupar la ciudad. [3] Pero los Corcirenses, descubriendo los designios de los Espartanos, vigilaron cuidadosamente la ciudad y enviaron legados a Atenas para reclamar ayuda. Los Atenienses votaron ayudar a los exilados Corcirenses y Zacintios, mandaron a Zacinto a Ctesicles como general al mando de los exilados, y se prepararon a enviar una fuerza naval a Corcira.

[4] Mientras estas cosas estaban ocurriendo, los Platenses en Beocia, acogiéndose a la alianza con los Atenienses, fueron a ellos a por soldados, habiendo decidido entregar su ciudad a los Atenienses. Ante esto los beotarcas[125] se indignaron con los Platenses, y, deseando obstaculizar la fuerza aliada de Atenas, inmediatamente dirigieron un considerable ejército contra los Platenses[126]. [5] Alcanzaron las cercanías de Platea cuando el ataque no era esperado, de modo que un gran número de Platenses fueron aprehendidos en los campos y trasladados por la caballería, mientras que el resto, que había escapado a la ciudad, estando sin ayuda de ningún aliado, fueron obligados a hacer un tratado favorable a sus enemigos, esto es, se vieron forzados a abandonar su ciudad con sus bienes y a nunca más poner un pie en suelo beocio. [6] Por tanto los Tebanos, habiendo arrasado completamente Platea, saquearon Tespias[127] también, que estaban enfrentados a ellos. Los Platenses con sus esposas e hijos, habiendo huido a Atenas, recibieron igualdad de derechos cívicos[128] como señal de favor del pueblo Ateniense. 

Tal era el estado de cosas en Beocia.

 

XLVII.   Los Lacedemonios nombraron a Mnasippo[129] general y le ordenaron dirigirse a Corcira con sesenta y cinco trirremes, consistiendo sus fuerzas de mil quinientos soldados. Llegando a la isla, recogió a los exilados, luego navegó al puerto y capturó cuatro navíos, huyendo los tres restantes barcos a la costa, donde fueron quemados por los Corcirenses para evitar su captura a manos del enemigo. También venció con su infantería un contingente en tierra que se había apoderado de cierta colina, y aterrorizó en general a los Corcirenses. [2] Los Atenienses habían algún tiempo antes despachado a Timoteo, hijo de Conón, con sesenta barcos para auxiliar Corcira. Este, sin embargo, antes de intervenir en su favor, había navegado a la región de Tracia. Aquí convocó a muchas ciudades para unirse a la alianza, y añadió treinta trirremes a su flota. [3] En este punto, porque llegó demasiado tarde para ayudar a Corcira, fue al principio depuesto de su mando como resultado de su pérdida de popularidad. Luego, empero, cuando navegó a lo largo de la costa ática a Atenas, trayendo con él un gran número de embajadores de estados que estaban dispuestos a concluir una alianza con Atenas, habiendo añadido treinta trirremes a su flota y puesto a toda la flota en buen estado para la guerra, el pueblo se arrepintió y le restituyeron[130] en su cargo. [4] Por tanto equiparon cuarenta trirremes adicionales, de modo que en total tenía ciento treinta; también reunieron generosa cantidad de comida, ingenios de guerra, y otras vituallas necesarias para la guerra. Para hacer frente a la inmediata emergencia, eligieron a Ctesicles[131] general y le enviaron con quinientos soldados a auxiliar a los Corcirenses. [5] Llegó allí secretamente de noche y navegó a Corcira sin ser detectado por los sitiadores. Encontrando a los habitantes de la ciudad enfrentados unos con otros y manejando mal los asuntos militares, arregló las disensiones, dedicó mucha atención a los asuntos de la ciudad, y animó a los sitiados. [6] Al principio en un inesperado ataque sobre los sitiadores mataron a unos doscientos, y luego en una gran batalla mataron a Mnasippo y a no pocos otros. Finalmente rodearon y asediaron a los sitiadores y ganaron gran aprobación[132]. [7] La guerra por poseer Corcira prácticamente estaba en su fin cuando la flota ateniense navegó con los generales Timoteo[133] e Ifícrates. Estos, habiendo llegado demasiado tarde para el momento crítico, nada digno de mención lograron salvo que, cayendo sobre algunas trirremes sicilianas[134] que Dionisio había enviado al mando de Cissides y Crinippo para ayudar a sus aliados los Lacedemonios, las capturaron con sus tripulaciones, nueve navíos en total. Vendiendo a los prisioneros como botín obtuvieron más de sesenta talentos, con los que pagaron a sus fuerzas[135].   

[8] Mientras que estas cosas estaban pasando, en Chipre Nicocles el eunuco[136] asesinó al rey Evágoras y se arrogó el poder real sobre Salamina. Y en Italia los Romanos, entablando batalla contra los Praenestinos[137], los vencieron y mataron a casi todos sus oponentes. 

 

XLVIII[138].   Cuando Asteyo era arconte en Atenas, los Romanos eligieron a seis tribunos militares con potestad consular, Marco Furio, Lucio Furio, Aulo Postumio, Lucio Lucrecio, Marco Fabio y Lucio Postumio. Durante el ejercicio de su magistratura grandes terremotos se produjeron en el Peloponeso acompañados de grandes olas que engulleron los campos y las ciudades de una manera increíble, porque nunca en tiempos pasados habían tales desastres caído sobre las ciudades griegas, ni habían hecho desaparecer ciudades enteras junto con sus habitantes como resultado de alguna fuerza divina que causara destrucción y ruina sobre la humanidad. [2] La extensión de la destrucción se vio aumentada por el momento en que ocurrió, pues el terremoto ocurrió no de día cuando habría sido posible para las víctimas salvarse, sino de noche, de modo que cuando las casas se derrumbaron por la fuerza del movimiento, la población, debido a la oscuridad y a la sorpresa y al desconcierto ocasionado por el suceso, no tuvieron oportunidad de intentar su salvación. [3] La mayoría fue atrapada por sus casas al derrumbarse y aniquilada, pero cuando amaneció algunos supervivientes salieron de las ruinas y, cuando pensaban que habían escapado del peligro, se encontraron con un desastre incluso más grande e increíble. Porque el mar se levantó hasta una gran altura, y una ola que se elevó incluso más alto produjo una inundación y ahogó a todos los habitantes y anegó sus tierras también. Dos ciudades en Acaya sufrieron lo peor del desastre, Helice y Bura[139], la primera de las cuales había ocupado antes del terremoto el primer puesto entre las ciudades de Acaya. [4] Estos desastres han sido objeto de mucha discusión. Los estudiosos de la naturaleza en su estudio hacen atribuir la responsabilidad en tales casos no a la divina providencia, sino a ciertas circunstancias naturales determinadas por causas necesarias, mientras que aquellos que están dispuestos a venerar al poder divino asignan ciertas razones plausibles a que ocurran, alegando que el desastre fue ocasionado por la cólera de los Dioses contra los que habían cometido sacrilegio. Sobre esta cuestión entraré también a tratar en detalle en un especial capítulo de mi historia[140].  

XLIX.   En Jonia nueve ciudades[141] tenían la costumbre de celebrar un concilio común de todos los Jonios y de ofrecer sacrificios de gran antigüedad en gran cantidad a Poseidón en una región cerca del lugar llamado Micale. Luego, empero, como resultado del estallido de guerras en sus cercanías, puesto que no podían celebrar la Panionia allí, cambiaron de lugar el festival reuniéndose en un lugar seguro cerca de Éfeso. Habiendo enviado embajadores a Delfos, recibieron un oráculo que les decía que tomaran copias de los ancestrales altares en Helice, que estaba situada en lo que era conocido entonces como Jonia[142], pero que ahora es conocido como Acaya. [2] Así los Jonios obedeciendo al oráculo mandaron hombres a Acaya a hacer copias, y hablaron ante el consejo de los Aqueos y les persuadieron de que les entregaran lo que pedían. Los habitantes de Helice, sin embargo, que tenía un antiguo proverbio de que sufriría un peligro cuando los Jonios sacrificaran en el altar de Poseidón, tomando el relato del oráculo, se negaron a dar a los Jonios las copias, diciendo que el santuario no era propiedad común de los Aqueos, sino suya particular. Los habitantes de Bura también se posicionaron a favor de estos. [3] Pero puesto que los Aqueos por común acuerdo habían concurrido, los Jonios sacrificaron en el altar de Poseidón como mandaba el oráculo, pero el pueblo de Helice dispersó las sagradas posesiones de los Jonios y se apoderaron de las personas de sus representantes[143], cometiendo así sacrilegio. Fue por estos hechos que, se dice, Poseidón en su ira trajo la ruina sobre las ciudades impías mediante el terremoto y la inundación. [4] Que era la cólera de Poseidón la que se vengó de aquellas ciudades quienes lo alegan aducen que las pruebas claras están cerca: primero, es unánimemente considerado que la autoridad sobre los terremotos e inundaciones pertenece a este Dios[144], y también es antigua creencia que el Peloponeso era un lugar de estancia de Poseidón; y este país es considerado como consagrado en cierto sentido a Poseidón y, hablando en general, todas las ciudades del Peloponeso rinden honores a este Dios más que a cualquier otro de los Inmortales. [5] Además, el Peloponeso tiene debajo de su superficie enormes cavernas y grandes acumulaciones de agua corriente. De hecho hay dos ríos en él que claramente han enterrado sus cursos; uno de ellos, de hecho, cerca de Feneo, se introduce en la tierra, y en tiempos antiguos desaparecía completamente, cubierto de cuevas subterráneas, y el otro, cerca de Estinfalo[145], se introduce en la tierra y fluye durante doscientos estadios encerrado bajo tierra, luego pasa por la ciudad de los Argivos. [6] Además de estas declaraciones el piadoso dice también que salvo los que cometieron el sacrilegio nadie pereció en el desastre[146]. En lo concerniente a los terremotos e inundaciones que ocurrieron me contentaré con lo que ha sido dicho.

 

L[147].   Cuando Alcístenes era arconte de Atenas, los Romanos eligieron a ocho tribunos militares con potestad consular, Lucio y Publio Valerio, Cayo Terencio, Lucio Menenio, Cayo Sulpicio, Tito Papirio y Lucio Emilio, y los Eleos celebraron la centésima segunda Olimpiada en la que Damón de Turios ganó la carrera del estadio. [2] Durante el ejercicio de su magistratura, después que los Lacedemonios hubieran ostentado la preeminencia en Grecia durante casi quinientos años, un divino portento predijo la pérdida de su imperio, porque fue visto en los cielos durante el curso de muchas noches una gran antorcha ardiente que fue llamada por su forma “viga llameante”[148], y poco después, para sorpresa de todos, los Espartanos fueron vencidos en una gran batalla y perdieron irremediablemente su hegemonía. [3] Algunos de los estudiosos de la naturaleza adscriben el origen de la antorcha a causas naturales, diciendo que tales apariciones ocurren necesariamente en momentos concretos, y que en esos asuntos los Caldeos en Babilonia y otros astrólogos tuvieron éxito en hacer profecías certeras. Aquellos hombres, dicen, no se sorprenden cuando tales fenómenos ocurren, sino más bien si no lo hacen, ya que cada constelación particular tiene su peculiar ciclo y completan esos ciclos a través de movimientos de larga duración en cursos prefijados. En cualquier caso esta antorcha tuvo tan brillantez, cuentan, y su luz tan fuerte que proyectaba sombras en la tierra de forma parecida a las que proyecta la Luna.  

[4] En este tiempo Artajerjes el Rey Persa, viendo que el mundo griego estaba de nuevo en la anarquía, envió embajadores[149], invocando a los Griegos a finalizar sus guerras fratricidas y establecer una paz común de acuerdo con los convenios[150] que habían antaño suscrito. Todos los Griegos recibieron satisfechos su propuesta, y todas las ciudades acordaron una paz general salvo Tebas[151], porque los solos Tebanos, estando empeñados en traer Beocia a una única confederación[152], no fueron admitidos por los Griegos por la determinación general de hacer que los juramentos y los tratados se hicieran ciudad por ciudad[153]. Así, quedando fuera de los tratados como antes, los Tebanos continuaron controlando Beocia en una sola confederación sometida a ellos. [5] Los Lacedemonios, exasperados por esto, decidieron conducir un gran ejército contra ellos como el enemigo común, porque observaban extremadamente celosos su aumento de poder, temiendo que con el liderazgo de toda Beocia podían derrumbar la hegemonía espartana, si les era venida una oportunidad adecuada. Porque constantemente se ejercitaban físicamente y poseían gran fuerza, y ya que eran por natural amantes de la guerra, no eran inferiores a ninguna nación griega en hechos de valor. [6] Tenían además famosos líderes por sus virtudes, siendo los más grandes entre ellos tres hombres, Epaminondas, Gorgidas y Pelópidas[154]. La ciudad de los Tebanos estaba llena de orgullo a causa de la gloria de sus ancestros en la época heroica y aspiraban a grandes hazañas. Este año, entonces, los Lacedemonios se estaban preparando para la guerra, reclutando ejércitos de entre sus ciudadanos y de entre sus aliados también.    

 

LI[155].   Cuando Frasicleides era arconte en Atenas, los Romanos eligieron a ocho tribunos militares con poder consular, Publio Manio, Cayo Erenucio, Cayo Sexto, Tiberio Julio, Lucio Lavinio, Publio Tribonio y Cayo Manlio, además Lucio Antestio[156]. Durante su magistratura los Tebanos, ya que no participaban en la tregua, fueron obligados a afrontar solos la guerra con los Lacedemonios, porque no había ciudad que pudiera legalmente unirse a ellos, porque todos habían acordado la paz general. [2] Los Lacedemonios, porque los Tebanos fueron aislados, decidieron luchar con ellos y reducir Tebas a la completa servidumbre. Y porque los Lacedemonios estaba haciendo sus preparativos sin disimulo y los Tebanos estaban sin aliados, todos asumieron que serían fácilmente por los Espartanos. [3] En consecuencia algunos de los Griegos que eran proclives a los Tebanos simpatizaron con ellos ante la perspectiva de la derrota, mientras que otros que estaban en desacuerdo con ellos estaban contentos ante el pensamiento de que Tebas en breve estaría reducida a la servidumbre total. Finalmente los Lacedemonios, preparado su enorme ejército, le dieron el mando a Cleombroto[157] su rey, y ante todo a continuación enviaron legados a Tebas, exigiendo a los Tebanos que permitieran a todas las ciudades de Beocia ser libres, al pueblo de Platea y Tespias[158], y devolver la tierra a sus propietarios anteriores. [4] Cuando los Tebanos replicaron que ellos nunca se entrometían en los asuntos de Laconia y que los Espartanos no tenían derecho a ocuparse de los de Beocia, siendo tal el tenor de sus respuestas, los Lacedemonios enviaron a Cleombroto inmediatamente con su ejército contra Tebas; y los aliados Espartanos estaban deseosos de pelear, confiados de que no habría lucha o batalla sino que se harían dueños de Beocia sin pugnar.

LII.   Los Espartanos en consecuencia avanzó hasta que llegaron a Coronea, donde acamparon y esperaron a sus aliados que estaban retardándose. Los Tebanos, en vista de la presencia del enemigo, primero votaron trasladar a sus esposas y sus hijos para salvarlos a Atenas, luego eligieron a Epaminondas general y le confirieron el mando de la guerra, dándole como consejeros a seis beotarcas. [2] Epaminondas, habiendo reclutado para la batalla a todos los Tebanos en edad militar y a los otros Beocios que estaban dispuestos y entrenados, condujo su ejército desde Tebas, siendo en total no más de seis mil. [3] Mientras los soldados estaban saliendo de la ciudad, pareció a muchos que augurios desfavorables se aparecían al ejército. Porque a las puertas Epaminondas se encontró con un heraldo oculto, quien, buscando a un esclavo fugitivo, tal como es usual[159], dijo en alta voz que no los sacaran de Tebas ni se los llevaran de ahí, sino que los trajeran a casa y los mantuvieran allí seguros. [4] Entonces la gente mayor entre aquellos que oyeron al heraldo lo consideraron un augurio para el futuro, pero la gente joven guardó silencio para no mostrarse como cobardes pidiendo a Epaminondas dar media vuelta a la expedición. Pero Epaminondas contestó a quienes le decían que debía observar los augurios: 

 

         Un solo augurio es el mejor: combatir por la tierra que es nuestra[160]

 

[5] Aunque Epaminondas asombró a los prudentes por su respuesta directa, un segundo presagio más desfavorable apareció que el anterior. Porque cuando el escriba avanzó con una lanza y una cinta atada a ella y señaló las órdenes del cuartel general, se levantó una brisa y la cinta se rasgó de la lanza y se enredó en torno a un sepulcro, allí estaban enterrados algunos Lacedemonios y Peloponesios que habían muerto en la expedición al mando de Agesilao. [6] Algunos de los ancianos que de nuevo se atrevieron a protestar seriamente contra hacer salir las fuerzas frente a la patente oposición de los Dioses; pero Epaminondas, no dignándose a contestarles, hizo avanzar al ejército, pensando que la consideración a la nobleza y el respeto a la justicia debían preferirse como motivos antes que los augurios en cuestión. [7] Epaminondas en consecuencia, que estaba educado en la filosofía y aplicaba los principios de su educación, fue en ese momento muy criticado, pero luego a la luz de sus éxitos fue considerado poseedor de una excelente pericia militar y contribuyó a los grandes hechos de su país. Porque inmediatamente condujo su ejército, se apoderó sobre la marcha del paso de Coronea y acampó allí.  

 

LIII.   Cleombroto, sabiendo que el enemigo había ocupado el paso primero, abandonó la idea de forzar aquel paso, sino que en su lugar avanzó a través de la Fócide y, cuando hubo atravesado la vía costera que era difícil, entró en Beocia sin peligro. En su itinerario tomó algunas de las fortalezas y se apoderó de diez trirremes[161]. [2] Luego, cuando alcanzó un lugar llamado Leuctra, acampó allí y permitió a los soldados descansar después de su jornada. Cuando los Beocios se acercaron al enemigo en su avance, y luego, después de superar algunas montañas, súbitamente vieron a los Lacedemonios que cubrían toda la planicie de Leuctra, se quedaron asombrados ante la contemplación del gran tamaño del ejército. [3] Y cuando los beotarcas celebraron una conferencia[162] para decidir si debían permanecer y luchar con un ejército que les superaba muchas veces en número, o si debían retirarse y entablar batalla en una posición dominante, sucedió que los votos de los generales quedaron empates. Porque de los seis beotarcas, tres pensaban que debían retirar el ejército, y otros tres que debían quedarse y combatir, y entre estos últimos estaba Epaminondas. En este gran y sorprendente punto muerto el séptimo beotarca votó, al que Epaminondas persuadió de que votara con él, y así ganó la votación. Así la decisión de confiar todo en el resultado de la batalla fue ratificada. [4] Pero Epaminondas, que vio que los soldados albergaban un miedo supersticioso en base a los portentos que habían ocurrido, se dispuso con decisión a anular los escrúpulos de la tropa con su ingenio y astucia. En consecuencia, habiendo un grupo de hombres llegado recientemente de Tebas, les persuadió de que dijeran que las armas en el templo de Heracles habían sorprendentemente desaparecido y que se había extendido por Tebas el rumor de que los antiguos héroes las habían cogido y habían partido en ayuda de los Beocios. Colocó ante ellos a otro hombre como uno que había ascendido recientemente de la cueva de Trofonio[163], quien dijo que el Dios les había ordenado, cuando vencieran en Leuctra, instituir una competición con coronas como premios en honor de Zeus el real. Este de hecho es el origen de este festival que los Beocios ahora celebran en Lebadeia.

 

LIV.   Un auxiliador y cómplice de esta invención fue Leandrias[164] el Espartano, que había sido desterrado de Lacedemonia y entonces era miembro de la expedición tebana. Fue llevado a la asamblea y declaró que había un antiguo proverbio entre los Espartanos de que perderían la hegemonía cuando fueran vencidos en Leuctra a manos de los Tebanos. [2] Ciertos agoreros locales asimismo acudieron a Epaminondas, diciendo que los Lacedemonios estaban destinados a encontrarse con un gran desastre por causa de la tumba de las hijas de Leuctro y Escedaso por las siguientes razones. [3] Leuctro era la persona por la que esta planicie recibía su nombre. Sus hijas y las de un cierto Escedaso, siendo vírgenes, fueron violadas por unos embajadores Lacedemonios. Las muchachas ultrajadas, incapaces de soportar su infortunio, pronunciaron maldiciones contra el país que había enviado a sus violadores y se suicidaron[165]. [4] Muchas otras cosas semejantes fueron referidas, y cuando Epaminondas había reunido una asamblea y exhortado a los soldados con apropiados ruegos a encontrar una solución, cambiaron de opinión, se liberaron de su superstición y con el valor en sus corazones estuvieron listos para la batalla. [5] Vino también en ese momento en auxilio de los Tebanos un contingente aliado de Tesalia, mil quinientos infantes, y quinientos caballos, al mando de Jasón[166]. Persuadió a Beocios y Lacedemonios de hacer un armisticio y así salvarse de los caprichos de la Fortuna. [6] Cuando la tregua entró en vigor, Cleombroto partió con su ejército de Beocia, y allí vino a reunirse con otro gran ejército de Lacedemonios y sus aliados al mando de Arquidamo[167], hijo de Agesilao. Porque los Espartanos, viendo el estado de preparación de los Beocios, tomando medidas para neutralizar su valentía y temeridad, habían enviado el segundo ejército  para derrotar por el mayor número de sus combatientes la osadía del enemigo. [7] Una vez que estos ejércitos estuvieron unidos, los Lacedemonios pensaron que era cobarde temer el valor de los Beocios. Así rompieron la tregua y con buen ánimo regresaron a Leuctra. Los Beocios también estaban preparados para la batalla y ambas partes ordenaron sus fuerzas.   

 

LV.   Entonces en el bando Lacedemonio los descendientes de Heracles fueron nombrados comandantes de los flancos, esto es Cleombroto el rey y Arquidamo[168], hijo del rey Agesilao, mientras que en el bando Tebano Epaminondas, empleando una disposición inusual de sus tropas, pudo con su propia estrategia alcanzar su famosa victoria. [2] Eligió de todo su ejército a los hombres más valientes y los situó en un flanco, teniendo en mente luchar él mismo con ellos hasta el final. A los más débiles los situó en el otro flanco y les ordenó evitar la batalla y retirarse gradualmente durante el ataque del enemigo. Así entonces, disponiendo su falange en formación oblicua, planeó decidir el resultado de la batalla por medio del flanco en el que estaban los de élite. [3] Cuando las trompetas en ambos bandos tocaron a ataque y los ejércitos simultáneamente con el primer asalto exhalaron su grito de batalla, los Lacedemonios atacaron por ambos flancos con su falange en formación creciente, mientras que los Beocios reculaban por un flanco, pero por el otro se enzarzaban con el enemigo muy rápidamente. [4] Cuando iniciaron el combate cuerpo a cuerpo, al principio ambas partes luchaban con ardor y la batalla estaba equilibrada; al poco, empero, muchos Lacedemonios empezaron a caer. Porque no podían aguantar el empuje del valeroso ímpetu de las tropas de élite; de aquellos que habían resistido algunos cayeron y otros fueron heridos, recibiendo todos los golpes de frente. [5] Entonces mientras el rey Cleombroto de los Lacedemonios estuvo vivo y tenía con él a muchos camaradas que estaban completamente preparados para morir en su defensa, fue incierto hacia dónde se inclinaría el fiel de la victoria, pero cuando, aunque no se arredró ante ningún peligro, comprobó no ser capaz de debelar a sus oponentes, y falleció tras heroica resistencia después de encajar muchas heridas, entonces, como una masa de hombres se agolpaba en torno a su cuerpo, allí se apiló un gran montón de cadáveres.

 

LVI.   No habiendo nadie al mando del flanco, la fuerte columna dirigida por Epaminondas perforó a los Lacedemonios, y al principio gracias a una enorme fuerza  hizo que la línea del enemigo retrocediera algo; luego, sin embargo, los Lacedemonios, combatiendo gallardamente en torno al rey, recuperó su cuerpo, pero no fueron lo suficientemente fuertes para lograr la victoria. [2] Porque como el cuerpo de élite los aventajaba en hechos de valor, y el valor y las exhortaciones de Epaminondas contribuían grandemente a sus proezas, los Lacedemonios fueron obligados con mucha dificultad a retroceder; al principio, mientras retrocedían no rompieron su formación, pero finalmente, como muchos habían caído y el comandante que los había reagrupado había muerto, el ejército dio las espaldas y huyó en completa derrota. [3] Las unidades de Epaminondas persiguieron a los fugitivos[169], mataron a muchos que se les opusieron, y obtuvieron la más gloriosa victoria. Porque como se habían enzarzado con los más valientes Griegos y con una pequeña fuerza habían milagrosamente vencido a otros muchas veces superiores en número, ganaron una gran reputación de valentía. Los más altos elogios fueron dirigidos al general Epaminondas, quien sobre todo por su valor y su pericia como comandante había vencido en batalla a los líderes invencibles de Grecia. [4] Más de cuatro mil[170] Lacedemonios cayeron en la batalla pero sólo unos trescientos Beocios. Después de la batalla concluyeron una tregua que permitiera recoger los cuerpos de los caídos y el regreso de los Lacedemonios al Peloponeso. 

Tal fue el resultado de los sucesos relativos a la batalla de Leuctra.

 

 



Notas..

[47] La ciudad de Hiponio en la costa occidental del Brutio en Italia había sido capturada por Dionisio, sus ciudadanos trasladados a Siracusa, y su tierra dada a los Lócrios (vide libro 14.107.2). Aparentemente los Cartagineses estaban intentando ganarse a los exilados como aliados en Italia contra Dionisio. 

[48] 378/7 a. C.

[49] Relato más completo se encuentra en Jen. Hell. 5.4.2-12; Nepote Pelópidas 3; Plut. Pelópidas 7-12 y De genio Socratis 596.

[50] Sólo Dinarco (Din. Dem. 39) menciona una votación de los Atenienses. Historiadores más recientes (Beloch, Meyer y Cary) aceptan el relato de Jen. Hell. 5.4.19, que insiste en la naturaleza privada de la ayuda dada a Tebas por Atenas y el castigo por el pueblo de dos generales que se implicaron demasiado en dar ayuda, uno de los cuales fue ejecutado y el otro exiliado. Golz en su Historia Griega, aunque generalmente se inclina a dar más peso a Diodoro, aquí habla de “volontaires athéniens”. En el mismo sentido Stern.

[51] Vide Jen. Hell. 5.4.13-18, Plut. Pelópidas 13.

[52] Los Romanos apenas estaban interesados en Cerdeña antes de la primera guerra Púnica. Por lo tanto, Satricum, una ciudad de Lacio, puede ser la correcta lectura. Livio 6.16.6.

[53] 377/6 a. C.

[54] Esta es la formación de la segunda liga marítima que buscaba la destrucción de la supremacía espartana sobre Grecia. El relato aquí y en Jen. Hell. 5.4.34-6.3, son textos literarios esenciales. Existen importantes inscripciones. La formación de la liga se situaría probablemente después del intento de Esfodrias de sorprender el Pireo. 

[55] Esta guerra entre los Persas y los Egipcios (vide Isoc. 4.140f, Dem. 20.76; Nepote Cabrias 2.1) pertenece a un periodo anterior (según Hall Cambridge Ancient History, a los años 385-383). Nectanebo se convirtió en rey de Egipto al suceder a Acoris hacia el 378.

[56] Esto debe haber sido c. 386-384 cuando Cabrias estaba al mando del ejército ateniense que fue reclamado desde Chipre. Cabrias fue poco después a Egipto. Hall, por otra parte, dice que fue a Egipto en 377 y pronto fue reclamado. Hall sobre las fechas para Cabrias está en desacuerdo con otros historiadores y la prueba griega.

[57] La llamada de regreso a Cabrias probablemente ocurrió en el invierno del 380/79, ya que al siguiente invierno defendió la frontera ateniense contra Cleombroto (Jen. Hell. 5.4.14) y a principios del invierno del 378 ayudó en la defensa de Tebas contra Agesilao. Probablemente fue elegido general en la primavera del 379. Cabrias era de buena familia, vivió de forma desahogada, tenía un establo de carreras, y fue un capaz condotiero.

[58] Ifícrates fue probablemente enviado a Persia (vide Nepote Ifícrates 2.4) hacia el tiempo en que Cabrias era elegido general. Desde la guerra Corintia Ifícrates había estado en Tracia, repuso al Rey Cotis en su trono sobre los Odrisios, y casó con la hija de Cotis. Regresó de Persia a Atenas en 373. Era un hombre hecho a sí mismo, gran organizador y maestro de las tácticas con armas ligeras, uno de los más capaces condotieros (vide cap. 44 y Nepote Ifícrates).

[59] Vide libro 14.110.4.

[60] Otros relatos son Jen. Hell. 5.4.20-21 y Plut. Pelópidas 14 y Plut. Agesilao 24. Diodoro aquí como en el caso de Foebidas sospecha de la política espartana, mientras que Jenofonte y Plutarco hablan de Tebas como instigadora de la incursión para enfrentar a Atenas y Esparta. De nuevo Diodoro parece en lo cierto en sospechar de Esparta. La incursión de Esfodrias (en Diodoro Esfodriades) fue hecha al mismo tiempo en que los embajadores Espartanos estaban en Atenas negociando. Sus promesas de que Esparta castigaría a Esfodrias hicieron mucho para mitigar el resentimiento de los Atenienses por el momento.

[61] Diodoro relata toda la guerra desde la incursión de Esfodrias a la batalla de Naxos en el año 377/6. la incursión de Esfodrias probablemente tuvo lugar en la primavera del 378 cuando Cleombroto estaba actuando en Beocia después de la liberación de Tebas (Dic. 379).

[62] Vide para la influencia de Cleombroto y Arquidamo, hijo de Agesilao, en ayudar a Esfodrias, Jen. Hell. 5.4.22-33; Plut. Agesilao 25.

[63] Vide Jen. Hell. 5.4.34; Plut. Pelópidas 15.

[64] Timoteo hijo de Conón fue exitoso como general y un hombre de estado desde este tiempo hasta su muerte en 354.

[65] Calístrato de Afidna, aunque uno de los oponentes de la Paz del Rey (vide libro 14.110.2-3), había venido a ver que Atenas no tenía otra elección. Uno de los más brillantes oradores de este periodo, fue un agudo político y un buen administrador de finanzas. 

[66] Vide Jen. Hell. 5.4.34; Plut. Pelópidas 15. Para la Liga vide cap. 28.4.

[67] Vide cap. 23.4.

[68] Miles de ciudadanos Atenienses perdieron su última esperanza de recuperar la tierra fuera de Ática que ellos o sus padres habían perdido en la catástrofe del 404. aquellas esperanzas estaban aún vivas en la guerra Corintia.

[69] En la lista de ciudades, IG 2(2). 1.43, Hestia aparece como fundada después que las otras ciudades de Eubea. Para el trato de Hestia bajo Pericles vide libro 12.7.

[70] Hestia, más a menudo escrito Histiaea, una ciudad en la costa norte de Eubea, tenía un demo llamado Oreo (Teopom. en Estrab. 10.1.3), situado al oeste a pocas millas, que en tiempos de Pericles recibió dos mil clerucos y era conocida oficialmente como Histiaea. Los nombres se hicieron confusos en la Antigüedad.

[71] Según Plut. De gloria Atheniensium 8, Timoteo, no Cabrias, liberó Eubea.

[72] En la península de Argólide, habitada por los pueblos de Epidauro, Metone y Trezén.

[73] Esta consideración (vide Jen. Hell. 5.2.21 y 6.2.16) da un equivalente a pagar en metálico por el estado que no envíe su normal contingente al ejército de la Liga. Tres óbolos eginetas (o 4 ½ atenienses) por día era la contribución para un hoplita.

[74] Vide libro 14.79-80, 83.

[75] Un pueblo que vivía en las montañas al norte de la frontera de Laconia. Este cuerpo especial, considerado aparentemente la crema del ejército, formaba la vanguardia en el avance y la retaguardia en la retirada (vide Tuc. 5.67.1).

[76] Para la campaña de este año (realmente 378) vide Jen. Hell. 5.4.35-41, Jen. Ages. 26.

[77] Para el rol de Cabrias vide Polieno 2.1.2; Nepote Cabrias 1; Dem. 20.76.

[78] 362 a. C., sin embargo la batalla de Leuctra, 371, estableció la hegemonía de Tebas.

[79] Como es descrito en cap. 32.5. Para las estatuas vide Nepote Cabrias 1.

[80] El campamento levantado por Agesilao, cap. 32.2.

[81] Vide Jen. Hell. 5.4.42-46; Plut. Pelópidas 15; Polieno 2.5.2.

[82] Esta es la campaña de un nuevo año (esta vez 377), el relato del cual se encuentra en Jen. Hell. 5.4.47-55; Plut. Agesilao 26.3f.

[83] En 406 a. C. Una de las causes célèbres atenienses (vide libro 13.99.101).

[84] En contradicción con Dem. 20.78.

[85] 394 a. C. Conón, el almirante Ateniense, mandaba una flota persa en su victoria naval que amenazó la supremacía espartana (vide libro 14.83).

[86] Vide Livio 6.20.

[87] 376/5 a. C.

[88] Vide Eneas Táctico 15.8-10.

[89] Demóstenes, Nepote y Diodoro (libro 16.7.3) dicen que Cabrias murió dieciocho años después en Quíos.

[90] Jen. Hell. 5.4.62-66 da un relato más completo de las actividades de Timoteo. Vide también Isoc. 15.109; Nepote Timoteo 2.1; Polieno 3.10.4-17 (passim); Frontino Estrab. 2.5.47. Este año es 375.

[91] Correctamente en el año 375/4. Vide Plut. Pelópidas 16f

[92] Un fragmento de la historia siciliana de Hermeias se conserva (Ateneo 10.438c; FHG, 2.80.1). La historia parece haber tratado principalmente los hechos de Dionisio el Viejo con quizá una breve introducción sobre los asuntos sicilianos más remotos.

[93] 375/4 a. C.

[94] Esta paz parece haber sido firmada aunque duró poco. Vide Jen. Hell. 6.2.1; Isoc. 15.109f; Isoc. 14.10; Nepote Timoteo 2; Filocoro en Dídimo de Demóstenes 7.64ff.

[95] Beloch piensa que Diodoro ha confundido esta paz con la paz firmada tres años más tarde antes de Leuctra de la que Epaminondas se retiró. Judeich acepta el relato de Diodoro sobre esta paz del 374 y cree que Epaminondas pudo bien haberse dirigido al synedrion de la Liga en Atenas, a la que él piensa que Diodoro se refiere. En cualquier caso Tebas se mantuvo en la confederación ateniense, como se muestra en Isoc. 14.21; Dem. 49.14, 21, 40ff. Si Diodoro entiende por synedrion una asamblea de los miembros de la segunda confederación ateniense, como Judeich parece pensar, y no una conferencia general de paz, la cuestión es cómo Calístrato se dirigió a la asamblea en la que Atenas por el tratado constitutivo de la Liga no tenía voz. Posiblemente hemos de interpretar en koinon como una reunión conjunta del consejo de la Liga y los Atenienses. Pero Diodoro, cap. 28.3, usa el término koinon sunedrion del consejo general de la Liga que parece significar el consejo de los aliados. Calístrato pudo haber hablado en la asamblea ateniense sólo, mientras que Epaminondas se dirigió a los aliados en su consejo.  

[96] Esta liga étnica de Beocios fue reorganizada bajo Tebas en 394 a. C., pero fue estuvo en declive desde el 387 hasta este tiempo. En 371, los legados Tebanos reclaman el derecho de Tebas (vide cap. 50.4; Jen. Hell. 6.3.19) a firmar por el resto de Beocia como Esparta lo hacía por Laconia. Tebas, como Prusia en la confederación germánica, ostentaba la primacía por poder controlar la mayoría de los votos.

[97] Aunque Diodoro cita a Gorgias en dos lugares, todos los demás escritores que mencionan al general Tebano de este periodo dicen sólo Gorgidas.

[98] Vide su vida de Nepote, y Plut. Pelópidas 3-4.

[99] Su maestro pitagórico fue Lisis de Tarento (Nepote Epaminondas 2.2).

[100] En Leuctra, vide cap. 53ff.

[101] Vide cap. 88.

[102] Vide cap. 38.2.

[103] “Buenos” es usado en sentido político: “conservador”, aunque sin duda Diodoro pensaba que eran realmente buenos.

[104] Fialeia, en el extremo sudoccidental de Arcadia. El nombre más antiguo era Figaleia, que después volvió a usarse.

[105] Heraea, una ciudad arcadia, cerca de la frontera con Élide, en la vía de Arcadia a Olimpia.

[106] Beloch asignaba estos casos de distensión facciosa al periodo posterior a Leuctra.

[107] 374/3 a. C.

[108] Otros relatos: Nepote Ifícrates 2.4; Trogo Pompeyo Prólogo a 10; Plut. Artajerjes 24; Polieno 3.9.38, 56,59.

[109] Vide cap. 29.3-4 para la solicitud de Artajerjes de los servicios de Ifícrates.

[110] Posteriormente San Juan de Acre, o simplemente Acre.

[111] 12.000 en Nepote, 1c.

[112] Primavera de 373 justo antes de la crecida del Nilo (cap. 43.4). En el otoño Ifícrates estaba de nuevo en Atenas donde fue elegido general (cap. 43.5-6). 

[113] Vide libro 1.33.5ff.

[114] Vide libro 1.50.3ff.

[115] Vide libro 1.39.

[116] Cuando Antálcidas, el Espartano, fue a Tiribazo, sátrapa de Jonia, en 392, para obtener el auxilio de Persia contra el creciente poder de Atenas, Tiribazo arrestó a Conón (Jen. Hell. 4.8.16; libro 14.85), quien estaba operando con la confianza de Farnabazo. Según algunos autores Conón fue condenado a muerte por los Persas en prisión; según otros encontró refugio con Evágoras en Chipre, donde falleció de enfermedad.

[117] Vide también Nepote Ifícrates 1.3-4.

[118] Vide cap. 38.1.

[119] El sentido parece ser: “Restaurados por los Lacedemonios, aquellos exilados expulsaron a sus enemigos a su regreso”.

[120] Arcadia pudo haber sido el nombre de una fortaleza y Nellus, el nombre de la montaña en que fue construida.

[121] Vide el relato en Jen. Hell. 6.2.2-3. Beloch sitúa el ataque después de la formación de la paz a fines de otoño del 375.

[122] Incluso fueron tan lejos como para hacer a los demócratas Zacintios miembros de la Liga. Vide la lista, IG(2), 43.131ff, donde los Zacintios aparecen como la última incorporación a la lista.

[123] Debe haber sido el navarca Espartano del 375/4 según Beloch.

[124] En cuanto a la agresión lacedemonia vide Jen. Hell. 6.2.4. Note la intervención de Dionisio en cap. 47.7.

[125] Magistrados anuales, once en número, de la Liga Beocia. Luego reducidos a siete.

[126] Vide también Jen. Hell. 6.3.1, 5; Isoc. 14; Paus. 9.1.8, sitúan la caída de Platea en 373/2 cuando Asteyo era arconte.

[127] Vide cap. 51.3 y Jen. Hell. 6.3.1. Paus. 9.14 parece situar la destrucción de Tespias después de la batalla de Leuctra.

[128] Un privilegio raramente concedido por los Atenienses en aquellos días. Los demócratas de Samos habían sido objeto de este privilegio cerca del final de la guerra del Peloponeso. Los Platenses habían obtenido la ciudadanía en la misma guerra. Este beneficio de la isopoliteia parece no haber sido del tipo helenístico, por el que el ciudadano de un estado disfrutaba de ciertos privilegios (vide civitas sine suffragio) en otro estado durante su residencia allí.

[129] Fines del verano de 373. Vide Jen. Hell. 6.2.3-15.

[130] Timoteo no fue repuesto aunque fue absuelto en esta cause célèbre. Vide Jen. Hell. 6.2.13; Nepote Timoteo 4; Dem. 49.9f, 22.

[131] Vide cap. 46.3 y Jen. Hell. 6.2.10.

[132] Vide Jen. Hell. 6.2.16-26. El año es 372. 

[133] Timoteo es incorrectamente incluido.

[134] Tal vez la ocasión mencionada en el libro 16.57.3. Dionisio también envió presentes a Delfos que fueron quemados.

[135] Vide también Jen. Hell. 6.2.27-39 y Polieno 3.9.55.

[136] Teopompo (fr. 111) dice que Evágoras y su hijo Pnitágoras fueron asesinados por el eunuco Trasideo. Nicocles, el hijo y sucesor de Evágoras, probablemente no estuvo implicado en el asesinato. Vide Aristóteles Política 1311b; Isoc. 2, Isoc. 3 e Isoc. 9.72. Diodoro ha abreviado su fuente demasiado e inventado a Nicocles el eunuco. 

[137] Vide Livio 6.27.9ff.

[138] 373/2 a. C.

[139] Vide Estrab. 1.3.18: “Entonces existían Bura y Helice; Bura desapareció en un movimiento de tierra, y Helice fue arrasada por una ola del mar”. Estas ciudades estaban en Acaya, Helice al este de Egio en el Golfo de Corinto y Bura tierra adentro. Es extraño que no se mencione a Delfos si el mismo terremoto ocasionó el fuego del 373.

[140] Vide en este libro 16.61-64.

[141] Heródoto, 1.145, cita doce ciudades jonias y señala la conexión entre Acaya y Jonia. Helice y Bura son especialmente mencionadas como dos lugares de refugio de los Jonios frente a los Aqueos. Vide Estrab. 14.1.20 para el festival celebrado cerca de Micale.  

[142] Vide cap. 48.3 para el terremoto y la gran ola. Sobre la conexión de Helice y Bura con los Jonios vide Estrab. 8.7.2 y 4: “después Bura, Helice, adonde los Jonios huyeron por refugio después de ser vencidos en batalla por los Aqueos, y de donde al final fueron expulsados.

[143] Vide particularmente Paus. 7.24.3-7. Frazer da otras referencias para esta historia.

[144] Cuando la generación a la que Zeus perteneció vencieron a los viejos Dioses fue dividido: a Zeus el cielo y la tierra; a Poseidón el agua; a Hades el inframundo. Con su tridente Poseidón controlaba las aguas y golpeando violentamente con él la tierra producía terremotos.

[145] El primero es el río Ladon, un afluente del Alfeo, que fluye más allá del Feneo, y el segundo es el Estinfalo. En Paus. 8.20, 22 encontramos las descripciones de estos ríos. Vide también Estrab. 8.8.4. Ambos pueblos estaban en Arcadia, siendo la primera descrita por Virgilio (Ened. 8.165) como la casa de Evandro.

[146] Uno puede preguntar sobre la culpabilidad de los pilotos de los diez barcos espartanos que se aventuraron a anclar frente a Helice y fueron destruidos por la gran ola (vide Eliano De Nat. Animal. 11.19).

[147] 372/1 a. C.

[148] Séneca, Q. N. 7.5: “talem effigiem ignis longi fuiste Callisthenes tradit, antequam Burin et Helicen mare absconderet. Aristoteles ait non trabem illam sed cometen fuisse”. Aristóteles data el suceso en 373/2 (Meteor. 343b 19).  

[149] Para la participación del Rey véase Dionisio de Halicarnaso de Lysia Iudicium 12, Jen. Hell. 6.3.12, 5.1f.  

[150] Véase cap. 38, que en muchos detalles es una anticipación de este capítulo.

[151] Vide Jen. Hell. 6.3.1-19 y para la datación Plut. Agesilao 28.

[152] La Liga Beocia tal como había sido antes de la Paz de Antálcidas fue instaurada de nuevo, sólo mucho más centralizada y sobre una base democrática. El ejecutivo era el colegio de beotarcas no representativo de los estados separados, sino elegido de entre los ciudadanos Beocios y reducidos en número de once a siete. El poder de decisión radicaba en la asamblea del pueblo Beocio que se reunía en Tebas pero en el que cada ciudadano de un estado beocio tenía voz. A diferencia de Ática, cada ciudad tenía autonomía y el ejército de la Liga estaba compuesto de contingentes de los estados separados.

[153] Véase Jen. Hell. 6.3.19-20; Plut. Agesilao 28; Nepote Epaminondas 6.4; Paus. 9.13.2.

[154] Vide cap. 39.

[155] 371/0 a. C.

[156] Cayo Erenucio es por lo demás desconocido. Livio 6.30.2 cita seis tribunos: Publio y Cayo Manlio, Lucio Julio, Cayo Sextillo, Marco Albinio y Lucio Antistio.

[157] Cleombroto estaba realmente en Fócide. Fue enviado allí en 375/4 (Jen. Hell. 6.1.1, 2.2, 4.2). Beloch piensa que fue enviado de nuevo en 371.

[158] Véase cap. 46.6.

[159] Los Tebanos habían sido recientemente siervos de los Espartanos, de modo que la proclama de ese hombre auguraba su destrucción si eran conducidos fuera de la ciudad. Esta interpretación está basada en la asunción de que el hombre estaba indicando los nombres y descripciones de esclavos que habían huido y a los que sus dueños pretendían recuperar, unido a la advertencia de no sacarlos de la ciudad sino detenerlos y custodiarlos para su dueño.   

[160] Hom. Il. 12.243.

[161] Véase Jen. Hell. 6.4.3-4.

[162] Vide Plut. Pelópidas 20.

[163] Cerca de Lebadeia. Trofonio designa un Zeus beocio del inframundo (Ctonio) que daba oráculos desde su caverna. Para esas historias véase Polieno 2.3.8.

[164] Desconocido por lo demás; tal vez un error por Cleandridas (¿hijo de Jilipo?).

[165] Una versión ligeramente diferente de esta historia se lee en Plut. Pelópidas 20.3-4; Paus. 9.13.5-6 es más próximo a Diodoro.

[166] Según Jen. Hell. 6.4.20-26, Jasón llegó después de la batalla de Leuctra, y no hay mención de un armisticio.

[167] Arquidamo asimismo en Jen. Hell. 6.4.18, fue enviado después y no antes de la batalla.

[168] Véase la nota sobre el cap. 54.6. Se ha sugerido que Jenofonte, que no menciona equivocadamente a Epaminondas en Leuctra y representa a Arquidamo yéndose después de la batalla, estaba intentando empequeñecer la aportación de Epaminondas como vencedor y apartar a Agesilao, el padre de Arquidamo, de la desgracia de la derrota de su hijo. No hay pruebas de su versión.

[169] En el relato de la batalla, Diodoro no da ninguna información de la actuación de la caballería (vide Jen. Hell. 6.4.10-13) que estaba coordinada con el rápido avance del tebano cuerpo de élite. Esta coordinación, más quizás que la concentración de las tropas y la formación en pirámide de los Tebanos, fue un nuevo factor en el combate luego desarrollado por Macedonia.

[170] Diodoro probablemente está exagerando. Jen. Hell. 6.4.15 dice “casi mil”.