DIODORO

«BIBLIOTECA HISTÓRICA: LIBRO XIX»

Traducción y adaptación "el Anónimo Castellano"

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CONTENIDOS DEL LIBRO XIX

Para facilitar su publicación en la web se ha dividido el libro en tres partes más un índice.

Índice - Parte I .Parte II -Parte III - Parte IV

Capítulo 3

Inundaciones en Rodas. Antígono mata a Pitón, capturándolo mediante insidias. Entonces marcha a Persia. Los alzados contra Antígono vencidos en Media. Divide las provincias de Asia y consigue destruir a todos los Argyraspides. Se hace con un gran tesoro en Susa. Casandro asedia a Olimpíade en Pidna: la gran aflicción a la que se ve reducida. Amfípolis se rinde a Casandro. Mata a Olimpíade. Se casa con Tesalónica. Construye Casandria. Pone en prisión a Roxana y a su hijo Alejandro. Su expedición al Peloponeso contra Alejandro el hijo de Poliperconte. La historia de Tebas. Casandro reconstruye Tebas.

XLV. Hacia esta época se produjo la tercera inundación de la ciudad de Rodas, que mató a muchos de sus habitantes. La primera inundación ocasionó pocos perjuicios, porque la ciudad estaba entonces recién construida y era mucho más extensa, pero la segunda fue más destructiva y mató a multitud. La última ocurrió a comienzos de la primavera, acompañada de violentas tormentas de lluvia y pedrisco de un increíble tamaño, porque las bolas de granizo pesaban una mina, y algunas incluso más, de modo que no sólo destrozó casas, sino además mató a muchos hombres. Y como Rodas estaba construida en forma de teatro y el agua corría en su mayor parte a un único lugar, las partes bajas de la ciudad se vieron al instante inundadas, porque, considerando que el invierno estaba ya por acabar, no se tomó la precaución de limpiar canales y acueductos y asimismo se obstruyeron las cañerías de las murallas, de modo que toda el agua fluyó de súbito y todo el área alrededor del Digma (como es llamado el mercado) y del templo de Baco se inundó. Creándose así una especie de lago hasta el templo de Esculapio, todos quedaron consternados y no se ponían de acuerdo en qué hacer para salvarse. Algunos querían subir a los barcos y otros apresurarse hacia el teatro. Algunos entonces, casi rodeados por el mal que les amenazaba, llenos de terror y asombro se subieron a lo más alto de los más grandes altares y otros a lo alto de los pedestales de las estatuas. Estando la ciudad en este peligro de verse destruida y arruinada con todos sus habitantes, de súbito fueron liberados de forma inesperada. En efecto, la muralla se partió en dos, abriéndose una enorme brecha, y el agua, que antes anegaba todo, fluyó a través de ella y fue a parar al mar y así todos al instante tuvieron libre paso a sus casas.
Fue una gran ventaja para este atribulado pueblo que esta inundación ocurriera de día, pues la mayoría de los ciudadanos corrieron a las partes más altas de la ciudad para refugiarse. Y otra ventaja fue que las casas estuvieran construidas en piedra y no con otros materiales, de modo que aquellos que alcanzaron las azoteas se salvaron sin grandes daños. Sin embargo, perecieron por esta calamidad pública más de quinientas almas y algunas casas se derrumbaron y otras muchas quedaron dañadas y debilitadas. Y en este peligro estuvo Rodas.

XLVI. Antígono, mientras invernaba en Media, descubrió que Pitón conjuraba para atraerse a los soldados, que estaban entonces en sus cuarteles de invierno, en parte con sobornos en parte con jugosas promesas, en su propio interés y lograr con ello una revolución y defección en el ejército. Pero Antígono ocultó y simuló su plan y afectó no dar crédito a los informadores, reprendiéndoles por intentar que él y Pitón se enfrentaran. Entretanto, hizo correr la noticia de que pretendía dejar a Pitón, con un considerable ejército para su defensa, como virrey de las provincias superiores y escribió asimismo a Pitón y le expresó su deseo de que acudiera a él con toda celeridad, para que, después que hubieran deliberado sobre algunos asuntos importantes, pudiera luego marchar hacia Asia inferior. Así manejó su plan: suprimir toda sombra de sospecha y atrapar a Pitón, en base a la expectativa y esperanza de ser nombrado gobernador de aquellas satrapías, porque era difícil asunto capturar por la fuerza a un hombre que había gozado de tan gran reputación bajo Alejandro y nombrado por éste, merced a su valor, a puestos de honor y que, siendo gobernador entonces de Media, era un auxilio y soporte para todo el ejército, de cuyo favor gozaba.
Pitón estaba en ese tiempo en la parte más alejada de Media, en sus cuarteles de invierno y tenía corrompidos a muchos, que le habían prometido unírsele en la defección. Sus amigos asimismo, refiriéndole por carta el propósito de Antígono, le hicieron albergar esperanza de grandes cosas y, de este modo engañado, acudió a Antígono, quien habiendo capturado por fin a su presa, lo puso ante un consejo de guerra, formado incluso por sus propios aliados, donde fue fácilmente condenado y a continuación decapitado.
Luego Antígono, reuniendo a todo su ejército, encomendó el gobierno de Media a Orontobates, un Medo, pero nombró a Hipóstrato general del ejército, quien tenía a tres mil quinientos infantes extranjeros bajo su mando. Él mismo, tomando consigo a su ejército, fue a Ecbatana, donde recibió cinco mil talentos de plata, y partió para Persia. Le llevó veinte días de marcha alcanzar la capital de Persépolis.

XLVII. Entretanto, mientras Antígono estaba en itinerario, los amigos de Pitón, que estuvieron implicados en su conjuración (los principales de ellos eran Meleagro y Menetas), y otros favorables a Eumenes y Pitón, que estaban dispersos en todas direcciones, se reunieron, hasta un número de ochocientos jinetes, y en primer lugar devastaron los territorios de los Medos, que rechazaron unirse a ellos. Luego, sabiendo que Hipócrates y Orontobates estaban acampados, cayeron sobre ellos de noche y no estuvieron lejos de lograr lo que habían planeado, pero, siendo inferiores en número y habiendo sólo atraído a unos pocos soldados para que se unieran a ellos, se vieron obligados a retirarse. Sin embargo, como éstos eran todos jinetes y no contaban con equipo pesado, llevaron a cabo muchas incursiones sorpresivas sobre el país y causaron gran consternación y confusión, pero al final fueron bloqueados en un lugar rodeado de rocas y allí abatidos o capturados. Pero Meleagro y Cranes el Medo, y algunos otros de los mejores de entre ellos, permanecieron firmes hasta el final y murieron con la espada en la mano. Y esta era la situación de los conspiradores en Media.

XLVIII. En cuanto a Antígono, cuando llegó a Persia, el pueblo lo honró como a un rey y a alguien que ahora tenía sin duda el señorío absoluto de toda Asia. Convocando allí un consejo de sus amigos, les sometió a deliberación el asunto concerniente a la gobernación de las provincias, a resultas de lo cual dejó Carmania a Tlepolemo, y Bactria a Estasanor, porque no era fácil expulsar a estos de esos países, ya que se habían ganado el corazón del pueblo por su honrada conducta y además estaban aliados con poderosos personajes. Erito fue enviado a Aria, el cual murió al poco y fue sucedido por Evágoras, un hombre de maravilloso valor y prudencia. Oxiartes, asimismo, el padre de Roxana, tuvo el permiso de regir la provincia de Paropamiso, como antes, porque nadie podría expulsarlo de allá sin una larga campaña y sin un gran ejército.
De Aracosia convocó a Siburtio, que estaba bien dispuesto hacia él, y le encomendó el gobierno de esta satrapía y le dio a los más turbulentos de los escudos de plata, bajo la especie de que le sirvieran en la guerra, pero en verdad con el designio de deshacerse de todos ellos. En efecto, le dio instrucciones secretas de emplearlos en tales servicios que poco a poco pudieran ser todos destruidos. Entre esos estaban los que traicionaron a Eumenes, de modo que la venganza pudo en poco tiempo alcanzar a aquellos pérfidos por su traición contra su general. Los príncipes, por razón de su gran poder, pueden lograr ventajas merced a los malvados actos de otros, pero los hombres que los han ejecutado, en su mayor parte, terminan de esta manera en un fin miserable y desastroso.
Antígono, empero, encontrando que Peucestas era muy querido en Persia, hizo, como uno de sus primeros objetivos, que fuera depuesto de este gobierno. Ante esto todos los nativos murmuraron descontentos y el principal entre ellos, llamado Tespias, habló abiertamente contra ello y dijo que los Persas no serían gobernados por nadie más que por Peucestas, por lo cual Antígono mató a Tespias y nombró a Asclepiodoro gobernador de Persia y le confió un considerable ejército. Allende de esto, mantuvo consigo a Peucestas con vanas esperanzas de confiarle más altos cargos en otros lugares, hasta que lo hubo alejado mucho del país (59) .
Mientras que Antígono estaba de camino a Susa, Jenófilo, que tenía a su cargo allí el tesoro del rey, fue enviado por Seleuco ante Antígono, acudió a su encuentro y se reunió con él en Pasitigris y le ofreció servirlo en lo que deseara ordenarle. Antígono lo recibió muy gentilmente y pareció como si lo honrara por encima de todos los amigos que tenía, temiendo que pudiera cambiar de opinión y rechazarlo cuando llegara allí. Pero cuando ingresó en el castillo de Susa, se posesionó de él y se apoderó de parras de oro y de otras tales rarezas allí almacenadas, por un valor de mil quinientos talentos. Todos estos objetos fueron acuñados en moneda, así como las coronas de oro y otros regalos y despojos tomados al enemigo, que sumaban otros cinco mil talentos más y una semejante cantidad recaudada en Media, y también el tesoro que poseía de Susa, de modo que en total acumuló veinticinco mil talentos. Y así estaban los asuntos de Antígono en este tiempo.

XLIX. Puesto que hemos tratado de los asuntos de Asia, ahora pasaremos a los de Europa y relataré las cosas hechas allí contemporáneas a las anteriores. Teniendo Casandro a Olimpíade bajo asedio en Pidna, en Macedonia, no podía asaltar las murallas por razón de las inclemencias invernales, pero bloqueó la ciudad con sus fuerzas por todas partes y levantó un muro de adobe de mar a mar. Además, para impedir todo auxilio procedente de tierra o mar, vigiló los accesos del puerto con su propia flota. Puesto que sus provisiones estaban casi consumidas, los sitiados se vieron reducidos a la extrema carestía, por lo que estaban casi muertos de hambre. En efecto, llegaron a tal extremo, que a cada soldado sólo se le concedían unos cuatro quenices de grano para cada mes (60) y los elefantes eran alimentados con serrín. Al final mataron a los animales de carga y a los caballos para comida.
Mientras la ciudad estaba en esta situación y Olimpíade esperaba auxilio de fuera, los elefantes murieron por falta de comida. Y los jinetes que eran extranjeros casi todos murieron, a los cuales no se les dio una adecuada porción de grano, y muchos de los demás soldados no comían mejor. Algunos de los bárbaros (consiguiendo el hambre lo que la naturaleza habría de otro modo rechazado y aborrecido) se comieron los cuerpos de los caídos.
Estando la ciudad colmada de cadáveres, los oficiales de la guardia de la reina enterraron a algunos y arrojaron a otros desde las murallas, ya que no sólo las reinas (que habían pasado siempre sus días entre delicadezas) sino también los soldados, que estaban acostumbrados a las privaciones, no podían soportar la visión y olor de los cadáveres.

L. Y al llegar la primavera y crecer el hambre día tras día, la mayoría de los soldados se reunieron y pidieron a Olimpíade que les permitiera abandonar el lugar a causa de la escasez. A todos estos, como no podía alimentarlos ni estaba en condición de levantar el asedio, los dejó irse. Fueron todos bien recibidos por Casandro y acogidos en varias ciudades y pueblos de alrededor. Esperaba que los Macedonios, llegando a entender gracias a estos qué débil era Olimpíade, pondrían fin a sus aspiraciones desesperadas y sin remedio. Y no se equivocó en sus conjeturas, pues aquellos que acababan entonces de llegar para liberar a los sitiados, al instante cambiaron de propósito y se pasaron a Casandro. Sólo Aristono y Monimo, de entre todos los Macedonios, se mantuvieron firmes y leales a Olimpíade: el primero era gobernador de Anfípolis y el segundo de Pela. Al final Olimpíade, percibiendo que muchos se pasaban a Casandro y que aquellos que eran sus amigos no podían ayudarla, sin más dilación preparó una quinquerreme con el objeto de apartar de sí y de sus allegados el presente peligro. Sin embargo, siendo traicionada por algunos desertores, Casandro navegó a ese lugar y se apoderó del navío. Por ello, viéndose Olimpíade en una situación desesperada, envió un legado a Casandro para tratar de los términos de la paz, pero Casandro insistió en que se entregara a su merced. Presionando mucho, al final consiguió la garantía de su vida. Habiéndose entonces posesionado de la ciudad, envió algunas tropas a tomar Pela y Anfípolis.
Monimo el gobernador de Pela, sabiendo cómo le iban las cosas a Olimpíade, al punto se rindió, pero Aristono al principio decidió resistir y sostener la causa de los reyes, en vista de que tenía una fuerte guarnición y de que últimamente había sido próspero y exitoso. En efecto, unos pocos días antes había luchado con Cratevas, uno de los oficiales de Casandro, y había abatido a muchos de los enemigos y repelido a Cratevas mismo, quien, con dos mil de sus hombres, se había retirado a la ciudad de Bedyndia en Bisaltia (61) , y allí lo había asediado, capturado, desarmado y, tras de mutuas promesas de fidelidad, liberado. Animado por este motivo, no sabiendo en relación a Eumenes sino que estaba aún vivo y concluyendo que de seguro recibiría ayuda y apoyo de Alejandro y Poliperconte, se negó a rendir Anfípolis.
Pero tan pronto como recibió una carta de Olimpíade, en la que le ordenaba, en virtud del acuerdo con Casandro, que entregara la ciudad, así lo hizo y la entregó, después de obtener garantías hacia su persona.

LI. Pero Casandro, percibiendo que era un hombre de gran interés por razón de los honores que le confirió Alejandro, y determinando deshacerse en cuanto pudiera de todos aquellos que pudieran causarle cualquier problema, por intermediación de un allegado de Cratevas, lo ejecutó. Entonces incitó a los parientes de las personas que habían sido ejecutadas por Olimpíade para que la acusaran en una asamblea general de los Macedonios. Éstos estaban muy de buena gana dispuestos a hacerlo. Y, aunque la reina misma no estaba presente ni nadie hubo allí que defendiera su causa, sin embargo los Macedonios la condenaron a muerte (62) . Por ello Casandro envió a algunos de sus amigos a Olimpíade y le aconsejó que escapara en secreto, prometiéndole un barco y escoltarla a salvo a Atenas. Esto no lo hizo para salvarla, sino para que, puesta en evidencia su culpabilidad por su huida, pudiera llevarse a cabo una justa venganza contra ella si era interceptada cuando estaba de viaje. Y ello así porque temía también la inconstante disposición de los Macedonios, dada la dignidad de Olimpíade. Pero ésta rechazó huir y dijo que estaba lista para defender su causa ante todos los Macedonios.
Ante esto, temiendo Casandro que el pueblo, rememorando los loables actos de Filipo y Alejandro hacia toda la nación, cambiara de opinión y así se pusieran a defender a la reina, le envió a un grupo de doscientos soldados bien armados y equipados con órdenes de matarla. Éstos, entrando de súbito en el palacio, tan pronto la vieron, en reverencia hacia su persona, se retiraron, sin ejecutar lo que tenían ordenado. Pero los parientes de aquellos que habían sido ejecutados por ella, para bienquistarse con Casandro y para vengar la muerte de sus allegados, le cortaron la garganta. En su último momento no expresó ningún miedo femenino ni hizo nada innoble. De esta manera murió Olimpíade, la más grande y honorable mujer de la época en que vivió, hija de Neoptólemo, rey del Epiro, hermana de Alejandro, que hizo la expedición a Italia, esposa de Filipo, el más grande y victorioso príncipe de todos los que alguna vez han habido en Europa, y finalmente madre de Alejandro, quien nunca fue superado por nadie por motivo de las grandes y maravillosas cosas que hizo.

LII. Casandro, viendo que ahora iban todas las cosas según su deseo y que el reino de Macedonia conforme a sus esperanzas y expectativas era ya suyo, se casó con Tesalónica, hija de Filipo y hermana de Alejandro por parte de padre, con la ambición de emparentarse por afinidad con la familia real y ser estimado como uno de sus miembros. Asimismo edificó Casandria, llamándola por su propio nombre, en Pelene, y la pobló con habitantes sacados de las ciudades del Quersoneso, de Potidea y de muchas otras ciudades vecinas, así como con los Olintios que quedaban, de los cuales aún vivían bastantes. A esta ciudad cedió un gran y rico territorio, y tomó serio cuidado en procurar a este lugar gloria y esplendor, de modo que en poco tiempo creció a tal punto de poder, que excedía a todas las ciudades de Macedonia.
Casandro asimismo, decidiendo deshacerse de toda la posteridad de Alejandro, para que nadie quedara de su línea que pudiera inquietarle en la sucesión al trono, se propuso matar al hijo de Alejandro y a Roxana, su madre. Pero por el momento, estando dispuesto primero a observar qué decía el pueblo sobre la muerte de Olimpíade y no teniendo todavía un relato cierto de cómo le iban las cosas a Antígono, confinó en el castillo de Anfípolis como prisioneros a Roxana y a su hijo, bajo el cuidado de Glaucias, nombrado por él gobernador de esta ciudad y amigo suyo, en el que tenía gran confianza. Asimismo quitó al joven rey a aquellos niños que habían crecido con él como sus compañeros y ordenó que nunca más lo trataran como a un rey ni lo miraran más que como a una persona particular.
Y gobernando ahora el reino en todos los asuntos como rey, enterró regia y suntuosamente a Eurídice y a Filipo, los últimos rey y reina, en Egas; y a Cinna, al que Alcetas había ejecutado, honrando al difunto con la solemnidad de unos certámenes y juegos funerarios.
Entonces reclutó soldados en Macedonia para la expedición proyectada al Peloponeso. Mientras estaba ocupado en estos negocios, Poliperconte, quien estaban entonces sitiado en Azorio (63) , en Perrebia, cuando supo de la muerte de Olimpíade, comprometido el éxito de sus asuntos en Macedonia, salió de la ciudad con unos pocos acompañantes, atravesó Tesalia junto con Eácidas y llegó a Etolia, donde pudiera mantenerse a salvo, y observar cómo se desarrollaban las cosas, porque había un buen entendimiento entre él y esta nación.

LIII. Pero Casandro, habiendo entonces reclutado un considerable ejército, partió de Macedonia con la idea de expulsar del Peloponeso a Alejandro, el hijo de Poliperconte, porque éste con su ejército era el único enemigo que le quedaba y se había apoderado allí de muchos lugares convenientes y ciudades. A través de Tesalia marchó sin oposición, pero encontró el paso de las Termópilas guardado por los Etolios, a los que derrotó con mucha dificultad y llegó a Beocia, donde, reuniendo a todos los Tebanos que quedaban de todas partes, decidió la repoblación de Tebas, considerando que ahora tenía una buena oportunidad de poner en sus manos la reconstrucción de esta ciudad, famosa por sus renombradas acciones y las antiguas historias sobre ella. Y por este buen trabajo que llevó a cabo cosechó el fruto de una inmortal fama y gloria.
Esta ciudad había sufrido muchos cambios de fortuna, y había sido arrasada hasta los cimientos en no pocas ocasiones; por lo cual no será una digresión improcedente referir los principales sucesos de su historia.
Después del diluvio de Deucalión, cuando Cadmo había construido la ciudadela, llamada Cadmea por su nombre, acudió allí en grupos el pueblo conocido como Espartoi (64) , que es llamado así por algunos porque se reunieron desde todos los lugares; otros los llamaron Thebagenes (65) , porque los nativos de Tebas fueron obligados a irse por la inundación y dispersados acá y allá por el país. Cuando estos de nuevo regresaron, fueron rechazados por la fuerza de las armas por los Enqueleanos e incluso Cadmo mismo fue obligado a huir junto a los Ilirios (66) . Después de esto, cuando gobernaban Anfión y Zeto, el primero construyó la ciudad, como el poeta dice:

Quien primero levantó las murallas de Tebas con siete puertas (67) .

Los habitantes fueron nuevamente expulsados cuando Polidoro, hijo de Cadmo, regresó al reino, donde todas las cosas eran dirigidas entonces sin cuidado, por razón de la lamentable situación de Anfión a raíz de la pérdida de todos sus hijos (68) .
Entonces de nuevo en la época del reinado de sus descendientes (69) , cuando todo el país había recibido el nombre de Beocia, por un tal Beocio, hijo de Melanipa y Neptuno, que reinaba allí, los Tebanos fueron expulsados por tercera vez por los Epígonos de Argos, cuando tomaron la ciudad a viva fuerza (70) . Aquellos que escaparon de ello huyeron a Alalcomenas y al monte Tilfosio (71) , pero, tras de la muerte de aquellos Argivos, regresaron a su patria.
En el tiempo de la guerra de Troya, cuando los Tebanos estaban en Asia, los que se quedaron en casa, junto con otros Beocios, fueron expulsados por los Pelasgos y después que hubieran padecido muchas y diversas calamidades en el curso de las cuatro generaciones siguientes, con arreglo al oráculo concerniente a los cuervos (72) , regresaron y habitaron en Tebas.
Desde este tiempo esta ciudad continuó en un estado de prosperidad de casi ochocientos años, convirtiéndose los Tebanos primero en dueños de todo el resto de su país, y después, cuando disputaron la hegemonía de toda Grecia, Alejandro, el hijo de Filipo, la expugnó al asalto y la redujo a escombros.

LIV. Veinte años más tarde, Casandro, para hacerse famoso e incrementar su reputación, obtuvo de los Beocios su apoyo para reconstruir la ciudad y se la devolvió a aquellos Tebanos que todavía quedaban del antiguo linaje. Muchas de las ciudades Griegas prestaron su asistencia a la reconstrucción de esta urbe, por compasión de la triste condición de los Tebanos y por la antigua fama y gloria de la ciudad. Los Atenienses construyeron la mayor parte de las murallas y otros ayudaron acorde a sus diversas habilidades y fueron enviadas contribuciones no sólo de todas partes de Grecia sino también desde Sicilia e Italia. Y así los Tebanos fueron restaurados en la antigua sede de sus antepasados. Entonces Casandro avanzó con su ejército hacia el Peloponeso y cuando encontró que Alejandro, el hijo de Poliperconte, había fortificado el istmo con fuertes custodias, regresó a Megara. Aquí botó algunas barcazas y en ellas transportó sus elefantes a Epidauro y al resto de su ejército en otros barcos. Desde allí llegó a Argos, obligó a sus habitantes a abandonar su alianza con Alejandro y a unirse a él. Después se atrajo a todas las ciudades de Mesenia, salvo Itome, y a Hermónides mediante acuerdo. Pero como no marchara Alejandro a combatir contra él, dejó dos mil hombres en Gerania (73) , cerca del istmo, bajo el mando de Molico, y regresó a Macedonia.

Capítulo 4

El ejército de Antígono es acogido festivamente por Seleuco en Babilonia. Enfrentamiento con Seleuco, quien huye junto a Ptolomeo y es recibido gentilmente. Ptolomeo, Seleuco, Casandro y Lisímaco se unen contra Antígono. Le envían embajadores, que invernan en Cilicia. Entra en Fenicia y allí construye barcos; asedia Tiro. Encomio de Fila, la esposa de Demetrio. Aristodemo recluta tropas para Antígono en el Peloponeso. Los hechos de Ptolomeo, uno de los oficiales de Antígono. Política de Antígono. Tiro liberada. El acuerdo de los oficiales de Ptolomeo y los demás en Chipre. Los hechos de Seleuco. Una flota llega a Antígono desde el Helesponto y Rodas. Cosas sucedidas en el Peloponeso. Hechos de Casandro allí y en Grecia. La gran victoria por tierra y mar obtenida por Policlito, oficial de Seleuco: es premiado por Ptolomeo. Los hechos de Agatocles en Sicilia. Los Romanos hacen la guerra a los Samnitas.


LV. Cuando este año hubo llegado a su fin, Praxibulo fue nombrado arconte de Atenas y Espurio Nautio y Marco Popilio cónsules de Roma (74) . En este tiempo Antígono dejó a un tal Aspisa, un nativo, como sátrapa de Susiana (75) . Él mismo, decidiendo llevarse con él todo el dinero hasta la costa, preparó carros y camellos para este propósito. Y así, teniéndolo consigo, marchó con su ejército hacia Babilonia, a la que llegó en veintidós días. Allí Seleuco, el gobernador de la provincia, lo recibió con regalos regios y festejó a todo el ejército. Pero cuando Antígono pidió un informe de los ingresos, le contestó que no estaba obligado a rendir ninguna cuenta de esa provincia que los Macedonios le habían encomendado como premio por sus servicios en vida de Alejandro. El enfrentamiento entre ellos se fue profundizando más y más, y Seleuco, recordando la caída de Pitón, estaba cada vez más temeroso de que Antígono aprovechara cualquier oportunidad para matarlo. Porque parecía que tenía el proyecto de acabar, tan pronto como le fuera posible, con todos los hombres que estaban en el poder y que tenían capacidad de pelear con él por el mando supremo. Por ello, temiendo lo peor, se fue con solos cincuenta jinetes, intentando ir a Egipto, junto a Ptolomeo, porque el comportamiento gentil y cortés hacia todos los que acudían a él para protección y refugio era elogiado en todas partes. Cuando Antígono supo esto, se regocijó sobremanera, por el hecho de que no se vería obligado a destruir a su amigo y poderoso aliado, sino que Seleuco, voluntariamente, le había entregado la provincia sin lucha.
Después los Caldeos vinieron a él y le predijeron que si Seleuco escapaba sería señor de toda Asia y que en una batalla entre ellos Antígono mismo sería asesinado. Lamentándose por ello de haberlo dejado ir, envió gente que le persiguiera, pero habiéndolo seguido durante algún tiempo, luego regresaron. Antígono estaba acostumbrado a desdeñar esta clase de predicciones en otras ocasiones, pero en este momento estaba tan pasmado y temeroso ante la alta estima y reputación de estos hombres, que estaba muy conturbado, pues eran considerados muy expertos y peritos, merced a su exacta y diligente observación de las estrellas, y afirman que estos y sus predecesores han estudiado este arte de la astrología durante más de veinte mil años. Y lo que habían predicho sobre la muerte de Alejandro, si entraba en Babilonia, se reveló ser la verdad por la experiencia. Y de cierto que, como aquellos augurios sobre Alejandro vinieron a pasar luego, así lo que ahora dijeron sobre Seleuco fue asimismo cumplido en su debido tiempo. De lo cual trataremos particularmente cuando lleguemos al tiempo adecuado para este propósito.


LVI. Seleuco, cuando estuvo a salvo en Egipto, fue recibido por Ptolomeo con toda expresión de gentileza y afecto. Allí se quejó amargamente de Antígono, afirmando que su plan era expulsar de sus provincias a todas las personas de posición eminente, y especialmente a aquellos que estuvieron en activo bajo Alejandro, lo cual sostuvo con el argumento de que Pitón fue ejecutado, Peucestas privado del gobierno de Persia y el trato que él mismo recientemente había sufrido. Y todo esto a pesar de que ellos nada habían hecho para merecérselo, sino al contrario, siempre habían ejecutado las acciones, que les eran posibles, en favor y servicio suyo, y este fue el premio que habían obtenido por sus servicios. Enumeró asimismo el tamaño de sus fuerzas, su gran tesoro y sus últimos éxitos, que lo engrió tanto que albergaba la esperanza de obtener el mando supremo de todos los Macedonios.
Habiendo, merced a estos argumentos, animado a Ptolomeo a hacer la guerra contra él, envió a algunos de sus amigos a Europa para convencer a Casandro y a Lisímaco, con parecidos argumentos, a tomar las armas contra Antígono. Siendo estas cosas cumplidas, se pusieron los cimientos para una gran guerra, que luego tuvo lugar.
Antígono, evaluando las muchas conjeturas posibles, concibió qué planeaba Seleuco. Entonces envió embajadores a Ptolomeo, Casandro y Lisímaco para expresarles su deseo de que la antigua amistad pudiera ser conservada y mantenida entre ellos. Y entonces, habiendo hecho a Pitón (76) , que venía de la India, gobernador de la provincia de Babilonia, levantó su campamento y marchó hacia Cilicia. Tan pronto como llegó a Malos (77) , distribuyó su ejército en los cuarteles de invierno, hacia la caída de Orión (mes de Noviembre). Recibió del tesoro de la ciudad de Quinda (78) diez mil talentos y, además, cogió once mil talentos de los ingresos anuales de esta provincia, de modo que era muy formidable por la grandeza de sus fuerzas y la vastedad de sus recursos.

LVII. Llegándose a la Siria Superior, le vinieron embajadores de Ptolomeo, Casandro y Lisímaco, los cuales se presentaron ante él cuando estaba reunido en consejo y le demandaron toda Capadocia y Licia para Casandro, la Frigia Helespóntica para Lisímaco y toda Siria para Ptolomeo, y la provincia de Babilonia para Seleuco, y que todo el dinero que había cogido desde la batalla con Eumenes lo compartiera equitativamente con ellos. Le hicieron saber que si rechazaba esto, entonces pensaban hacerle la guerra con todas sus fuerzas combinadas. A lo cual respondió rudamente, instándoles a prepararse para la guerra. Y así los embajadores regresaron, sin haber la embajada tenido éxito. Ante tal respuesta Ptolomeo, Casandro y Lisímaco se aliaron, reunieron sus fuerzas y comenzaron a proveerse de armas y de todo lo necesario para la guerra.
Viendo ahora Antígono cuántos y qué poderosos adversarios se habían confabulado contra él y qué tormenta se le venía encima, buscó la alianza y asistencia de otras ciudades, naciones y príncipes, y para ello envió a Agesilao ante el rey de Chipre, a Idomeneo y Mosquión a Rodas, y a su sobrino Ptolomeo con un ejército para levantar el asedio de Amisos, en Capadocia, y expulsar a aquellos que habían sido enviados por Casandro. Le ordenó asimismo ir al Helesponto y atacar a Casandro, en caso de que éste tratara de cruzar al Asia desde Europa. También mandó a Aristodemo el Milesio con mil talentos para trabar amistad con Alejandro y Poliperconte y reclutar soldados y hacer la guerra contra Casandro. Él mismo dispuso faros y mensajeros a lo largo de toda Asia, que estuvieran a sus órdenes, para dar y recibir la noticia de todas las cosas que pasaran y así manejar sus asuntos lo más rápido posible (79) .

LVIII. Habiendo tomado esta orden, marcha a Fenicia para construir una flota, pues en ese tiempo el enemigo tenía la supremacía en el mar, merced a poseer abundancia de navíos, mientras que él ninguno tenía. Acampando en la antigua Tiro (80) , decidió asediar Tiro, por lo cual convocó a los reyezuelos de Fenicia y a los gobernadores de Siria, y trató con ellos para que se unieran a él en la construcción de barcos, porque todas naves que pertenecían a Fenicia estaban entonces con Ptolomeo en Egipto. También les dio órdenes de traerle, con la mayor celeridad, cuatro millones y medio de medidas de trigo…(81) , ya que ese era el consumo anual de su ejército. Entonces reclutó carpinteros, serradores y constructores navales de todas partes e hizo traer a la costa madera del monte Líbano, empleando para ello el trabajo de ocho mil hombres y de mil bestias de carga. Este monte se extiende a través de Trípoli, Biblos y Sidón, y abunda de muy bellos y altos cedros y cipreses. Construyó tres arsenales en Fenicia, uno en Trípoli, otro en Biblos y el tercero en Sidón. Un cuarto tenía en Cilicia, adonde era llevada la madera del monte Tauro. Y un quinto en Rodas, donde los habitantes le permitieron construir barcos de madera, que luego le enviaban.
Mientras Antígono estaba así ocupado y acampado en la costa, Seleuco vino con una flota de cien navíos desde Egipto, rápidos y bien equipados, y desdeñosamente se paseó ante sus narices, lo cual conturbó no poco las mentes de sus nuevos aliados y de aquellos que se le habían unido en la ejecución de los trabajos. Porque era muy evidente que el enemigo era ahora el dueño del mar y por ende era seguro que devastaría y saquearía a aquellos que, por gentileza a Antígono, se habían unido a sus adversarios.
Pero Antígono le exhortó a tener buen ánimo, porque antes del fin del verano, dijo, estaría a la mar con una flota de quinientos barcos.

LIX. Agesilao, entretanto, regresó de su embajada a Chipre, y le hizo saber que Nicocreonte (82) y los más poderosos reyes de esta isla se habían ya unido a Ptolomeo, pero que los reyes de Citio, Lapitio, Marion y Cirenites se unirían a él. Entonces dejó tres mil hombres, bajo el mando de Andrónico, para mantener el asedio de Tiro y él mismo marchó con el resto del ejército a Gaza y Joppa, las cuales urbes estaban en su contra, y las tomó a fuerza. Y a los hombres de Ptolomeo que encontró allí los tomó y distribuyó entre sus propias unidades y situó guarniciones en ambas ciudades para mantenerlas en obediencia. Hecho lo cual, regresó a su campamento permanente cerca de Tiro y preparó todo lo necesario para el asedio contra esta ciudad. Al mismo tiempo Aristón, a quien Eumenes había confiado llevar los huesos de Crátero, los entregó a Fila para que los enterrara. Esta mujer estuvo primero casada con Crátero, y en ese momento con Demetrio, hijo de Antígono, la cual era una persona de excelentes cualidades y prudencia, porque por su prudente conducta y maneras hacia los soldados del ejército podía cambiar y moderar a aquellos que eran los más turbulentos, y puso a las hijas y hermanas de aquellos que eran pobres a su cargo e impidió la ruina de muchos que fueron falsamente acusados. Se cuenta que su padre Antípatro, quien fue el más prudente príncipe que gobernó en su época, solía consultar con su hija Fila los más importantes negocios, mientras todavía no era sino una jovencita. Pero la prudencia de esta mujer se mostrará en toda su plenitud más adelante, cuando las cosas se revolucionaron y llegaron al fatal período del reinado de Demetrio. Y así estaban los negocios de Antígono y Fila en este tiempo..

LX. Entre los oficiales enviados por Antígono, Aristodemo pasó a Laconia y, habiendo obtenido el permiso de los Espartanos para reclutar soldados, reunió ocho mil procedentes del Peloponeso, y, habiendo conferenciado con Poliperconte y Alejandro, los unió con una firme alianza de amistad a Antígono, e hizo a Poliperconte general de las fuerzas en el Peloponeso, pero convenció a Alejandro a pasar al Asia con Antígono.
Ptolomeo, otro de sus oficiales, yendo a Capadocia con un ejército y encontrando allí la ciudad de Amisos sitiada por Asclepiodoro, un oficial de Casandro, levantó el asedio y aseguró el lugar. Y así, habiendo expulsado a Asclepiodoro bajo una tregua, recuperó toda esta provincia para Antígono, y marchando desde allí a través de Bitinia cayó sobre la retaguardia de Zibytes, rey de los Bitinios, mientras estaba ocupado en asediar dos ciudades a la vez, una de los Astaceanos (83) y la otra de los Calcedonios, y le obligó a levantar el sitio de ambas. Y luego, firmando pactos con éste y con las ciudades que fueron asediadas, recibidos rehenes, partió para Jonia y Lidia, porque Antígono le había escrito que asegurara aquellas costas con la mayor celeridad posible, sabiendo que Seleuco estaba yendo a aquellos lugares con su flota, adonde de hecho llegó y asedió Eritras (84) . Sin embargo, conociendo la aproximación del enemigo, levantó el cerco y se volvió por donde había venido. Mientras, Alejandro, el hijo de Poliperconte, vino a Antígono, quien hizo alianza con él. Convocado a continuación un consejo general del ejército y de los extranjeros residentes allí (85) , les declaró cómo Casandro había asesinado a Olimpíade y con qué villanía había tratado a Roxana y al joven rey, y que había obligado a Tesalónica a casarse con él, y que estaba claro y evidente que aspiraba a reinar en Macedonia; y también que había asentado a los Olintios, los peores enemigos de los Macedonios, en la ciudad llamada así por ellos, que había reconstruido Tebas, que había sido arrasada por los Macedonios. Habiendo así exhortado al ejército, escribió un edicto: que Casandro debería ser considerado como enemigo, si no destruía de nuevo las dos ciudades, liberaba al rey y a su madre Roxana y los devolvía salvos a los Macedonios, y si, finalmente, no se sometía a Antígono como general y único protector del reino, y liberaba todas las ciudades Griegas y retiraba todas las guarniciones de ellas.
Cuando el ejército hubo aprobado este edicto por sus votos, envió mensajeros a publicarlo en todos los lugares, porque esperaba que de esta manera todos los Griegos, por la expectativa de recuperar sus libertades, serían sus aliados y le ayudarían de buena gana en la guerra, y que todos los gobernadores de las provincias superiores, que antes sospechaban de él, como si proyectara quitar a la descendencia de Alejandro el reino (ahora que claramente parecía tomar las armas en su nombre) cumplirían todas sus órdenes de grado.
Habiéndose ocupado de todos esos asuntos, envió de vuelta a Alejandro con quinientos talentos al Peloponeso, con sus esperanzas incrementadas, a la expectativa de importantes sucesos. Él mismo, con la flota de Rodas y otros navíos que había construido después navegó a Tiro, donde, dueño del mar, la bloqueó durante trece meses seguidos, de tal modo que vitualla alguna podía llegar a los habitantes, que se vieron reducidos a tan gran carestía, que al final, después de permitir Antígono a los soldados de Ptolomeo irse con sus cosas, le rindieron la ciudad bajo condiciones y fue situada una guarnición ahí para su defensa (86) .

LXII. Entretanto Ptolomeo, oyendo la declaración que Antígono había pronunciado ante los Macedonios sobre la libertad de los Griegos, hizo lo mismo, deseoso de que todo el mundo supiera que él era no menos celoso de la libertad de Grecia que Antígono, porque ambos consideraban que era de gran importancia para sus negocios ganarse el favor de los Helenos y por ende pugnaban uno con otro por hacer los actos de gracia que mejor ligaran a los Griegos a sus intereses. Entonces incorporó a su parcialidad al sátrapa de Caria, Asandro, que era un hombre de gran poder y tenía muchas ciudades bajo su mando. Y, a los reyes de Chipre, aunque ya antes les enviado tres mil soldados, sin embargo se apresuró a mandarles un ejército más poderoso, para vencer a aquellos que se habían posicionado contra él. Este ejército constaba de diez mil hombres, bajo el mando de Myrmidón, un Ateniense, y un centenar de barcos al mando de Policlito. Y el general en jefe de todos era su hermano Menelao.
Viniendo éstos a Chipre, se reunieron allí con Seleuco y su flota, y se celebró un consejo de guerra sobre qué curso de operaciones era el mejor a tomar. El resultado fue que Policlito con cincuenta naves pasaría al Peloponeso y allí haría la guerra a Aristodemo, a Poliperconte y a su hijo Alejandro; que Myrmidón iría con las tropas mercenarias a Caria para ayudar allí a Asandro contra Ptolomeo, un oficial de Antígono, que le hostigaba mucho; y que Seleuco y Menelao, quedándose en Chipre, auxiliarían al rey Nicocreonte y al resto de sus aliados contra sus enemigos.
Habiendo así por tanto dividido sus fuerzas, Seleuco fue y tomó Cyrinia y Lapito. Luego atrajo a Estasieco, rey de los Malenses, a su partido, y forzó al príncipe de los Amatusianos a entregarle rehenes por garantía de su lealtad futura. En cuanto a la ciudad de Citio, viendo que no firmaría un tratado con él, la sometió a asedio con todo su ejército.
Hacia el mismo tiempo vinieron cuarenta barcos del Helesponto y Rodas, bajo el mando de un tal Temisón, su almirante, ante Antígono. Y después llegó Dioscórides con cuarenta más; y además Antígono tenía una flota propia recién construida en Fenicia, hasta un número de ciento veinte barcos, junto con aquellos que dejó en Tiro, de los que noventa eran cuatrirremes, diez quinquerremes, tres de nueve órdenes de remos y una de diez, así como treinta galeras abiertas.
Antígono, dividiendo su flota en escuadrones, envió cincuenta de ellas al Peloponeso y el resto se lo encomendó a Dioscórides, su sobrino, con esta instrucción: que guardara los mares y ayudara a sus amigos cuando la ocasión lo requiriera y que atrajera a su partido a las islas que hasta el momento se habían mantenido contra él. Y en esta condición estaban los negocios de Antígono.

LXIII. Habiendo relatado los asuntos ejecutados a lo largo de toda Asia, escribiremos sobre las cosas de Europa.
Apolónides, nombrado general de los Argivos por Casandro, de noche entró en Arcadia y sorprendió a la ciudad de los Estinfalios. Y mientras estaba ausente, algunos de los Argivos, enemigos de Casandro, se comunicaron con Alejandro, el hijo de Poliperconte, y le prometieron entregarle la ciudad, pero, yendo Alejandro demasiado despacio, Apolónides llegó a Argos antes que él, sorprendió a quinientos de los conspiradores que estaban reunidos en un consejo en el Pritaneo, les impidió salir del edificio y los quemó vivos. A la mayoría de los restantes los desterró y a unos pocos los cogió y ejecutó.
Casandro, sabiendo que Aristodemo había llegado al Peloponeso y que allí había reclutado gran número de soldados, en primer lugar buscó apartar a Poliperconte de la amistad de Antígono, pero, no pudiendo convencerlo, marchó con un ejército a través de Tesalia y llegó a Beocia, donde, habiendo ayudado a los Tebanos a levantar sus murallas, pasó al Peloponeso y, tomando primero Cencrea (87) , saqueó y arrasó todo el territorio de Corinto. Entonces tomó dos castillos al asalto y bajo promesa de futura lealtad y alianza acogió a los soldados de todas las guarniciones allí colocadas por Alejandro. Después sitió Orcómenos (88) y, entrado en ella por obra de los enemigos de Alejandro, puso una guarnición en la ciudad. Aquellos que eran partidarios de Alejandro se refugiaron en el templo de Diana y Casandro dio venia a los ciudadanos para que hicieran con ellos lo que entendieran mejor. Por ello los Orcomenios los sacaron del templo a la fuerza y contra las leyes comunes de Grecia los mataron.

LXIV. Casandro fue luego a Mesenia, pero, encontrando la ciudad fuertemente guarnecida por Poliperconte, no consideró adecuado por el momento sitiarla, sino que marchó a Arcadia, donde dejó a Damides como gobernador de Megalópolis y regresó a la Argólide y allí celebró los Juegos Nemeos (89) y volvió a Macedonia. Cuando se hubo ido, Alejandro con Aristodemo sitió las ciudades del Peloponeso para expulsar las guarniciones dejadas por Casandro, y se esforzaron lo que pudieron en restaurar la libertad de las ciudades. Llegado esto a oídos de Casandro, envió allá a Prepelao para que lo convenciera a que abandonara a Antígono y entrara en alianza y amistad con él, prometiéndole que, si así hacía, le daría el mando supremo de todo el Peloponeso, lo haría general del ejército y lo colocaría en un alto lugar de honor y preeminencia. Alejandro, viendo que ahora estaba en mejores condiciones de lograr aquello por lo que desde el principio había hecho la guerra a Casandro, se alió con él y así fue creado general de todas las fuerzas en el Peloponeso.
Entretanto Policlito, oficial de Seleuco, navegando desde Chipre, arribó a Cencrea, donde, oyendo la defección de Alejandro y no encontrando allí ningún enemigo, cambió de dirección y navegó a Panfilia, y desde ahí vino a Afrodisias en Cilicia. En este lugar supo que Teodoto, almirante de la flota de Antígono, pasaría por allí desde Patara, un puerto de Licia, con la flota Rodia, servida por marineros de Caria, y que Perilao con su ejército avanzaba por la costa para la defensa de la flota en su viaje. En esta ocasión los burló a ambos, pues desembarcó a sus hombres en un lugar fuera de su vista, por donde el ejército enemigo tenía que pasar necesariamente y él mismo con la flota se situó detrás de un promontorio, esperando la venida del enemigo. Allí la infantería del enemigo cayó en la emboscada y Perilao mismo fue hecho prisionero y todos sus hombres fueron muertos o capturados. La flota, viendo la situación del ejército en tierra, se apresuró en acudir en su ayuda, pero Policlito los atacó en ese momento de confusión con sus barcos alineados en orden de batalla y los puso en huida fácilmente, de modo que Policlito capturó todos sus navíos y a la mayor parte de los marineros, entre ellos al almirante Teodoto, gravemente herido, quien murió poco después.
Policlito, habiendo tenido éxito en todos los encuentros, navegó de vuelta primero a Chipre y luego a Pelusio, donde Ptolomeo lo premió ricamente por tan gran servicio y lo promovió a una dignidad y lugar de honor mucho mayor que la que tenía antes, como autor de tan señalada victoria, pero dejó ir a Perilao y a algunos otros prisioneros, cuya liberación solicitó Antígono por medio de un mensajero enviado a él con este propósito. Y luego él mismo, yendo a un lugar llamado Ecregma, negoció con Antígono, pero éste, rechazando darle lo que pedía, se separó de él y regresó.

LXIX. Habiendo, pues, dado un relato de los asuntos de los Griegos Europeos en Grecia y en Macedonia, pasaremos a los territorios que se extienden por Occidente.
Agatocles, príncipe de Siracusa, habiendo tomado un castillo perteneciente a los Mesanos, les prometió su devolución si le entregaban treinta talentos de plata. Pagado esto, Agatocles no sólo rompió su compromiso, sino que se atrevió a atacar Mesana misma, porque, informado de que parte de sus murallas se habían caído, envió una unidad de caballería por tierra desde Siracusa y él mismo en algunos navíos ligeros fue por mar y llegó de noche al pie de los muros de la urbe, pero los Mesanos, sabiendo de antemano su plan, le arruinaron completamente sus proyectos. Sin embargo, vino a Mylas y sitiando el castillo lo forzó a rendirse y luego regresó a Siracusa. En la época de la cosecha hizo un segundo intento contra Mesana y, acampando cerca de la ciudad, lanzó continuos asaltos, pero no pudo lograr nada de consideración, porque muchos exilados habían acudido a este lugar desde Siracusa, quienes, por su salvación y por su odio al tirano, lucharon muy valientemente.
Hacia este tiempo embajadores de Cartago expusieron ante Agatocles su queja por la ruptura del tratado, consiguieron la paz para los Mesanos y obligaron al tirano a devolverles el castillo (90) . Después, navegaron de regreso a África.
Luego de esto, Agatocles fue a Abeceno (91) , una de sus ciudades aliadas y allí ejecutó a cuarenta, a los que consideró sus enemigos.
En este tiempo los Romanos estaban en guerra con los Samnitas y tomaron Ferento al asalto, y los habitantes de Nuceria (llamada Alfaterna) fueron convencidos por algunas personas a abandonar a los Romanos y unirse en alianza con los Samnitas.

Notas..


59) Peucestas nunca más jugó un rol importante, pero parece que sobrevivió a Antígono y conservó o recuperó el favor de Demetrio (Filarco, FGrH, 81.12). Volver

60) Medida de capacidad. Un quenice equivalía a algo más de un litro. Un quenice de grano era la ración diaria normal en el ejército persa (Herodoto, 7.187; Diog. Laer. 8.18). Volver

61) Bisaltia está justo al oeste del bajo curso del Estrimón. La exacta situación de Bedyndia es desconocido. Volver

62)Para la muerte de Olimpíade, vide Justino, 14.6.6-12; Pausanias, 9.7.2. Su muerte tuvo lugar en la primavera del 316. Volver


63) Azorio o Azoro era una ciudad del norte de Tesalia. Volver


64) Todas las antiguas autoridades derivan el nombre de spe??e??, sembrar o cultivar, pero con muchas diversas explicaciones. Los Espartoi son hombres que han sido sembrados, pero fueron reunidos por Cadmo, hombres plantados o sembrados entre los otros Tebanos, los hijos de Cadmo mismo nacidos de muy diferentes madres, o vástagos nacidos de los dientes del dragón que había sido criado por Cadmo. Volver


65)“Nacidos en Tebas”. Volver


66) Según Herodoto (5.61) cuando los Tebanos fueron expulsados de su tierra por los Epígonos se refugiaron con los Enqueleanos. Volver


67) Odisea, 11.263. Anfión y Zeto, hijos de Zeus y Antíope, expugnaron Tebas para vengar el cruel trato dado a su madre por Lico, rey de Tebas, y su esposa Dirce. Entonces construyeron una muralla para la ciudad, siendo las piedras llevadas al lugar con la música de la lira de Anfión. Volver


68Esto es, los Nióbidas, muertos por Apolo y Artemisa para castigar a su madre Níobe, que había osado compararse con Leto. Volver


69) Eteocles y Polinices, hijos de Edipo, hijo de Layo, hijo de Labdaco, hijo de Polidoro. Polinices, injustamente excluido del trono que compartía con su hermano, se aseguró la ayuda de su suegro Adrasto de Argos, en un vano esfuerzo por regresar (los Siete contra Tebas). Volver

70) Una generación después del fracaso de los Siete, sus descendientes, los Epígonos, tuvieron éxito en su ataque contra Tebas; vide libro 4.66-67. Volver


71)Ambos lugares están cerca de Haliarto en la orilla meridional del lago Copaico. Vide Estrabón 9.2.27, 35. En el libro 4.67.1 se cuenta que los Cadmeos, dejando Tilfosio, invadieron con éxito la Dóride, donde algunos se asentaron, retornando el resto a Tebas; pero Herodoto (5.61) dice que esos Tebanos fugitivos tomaron refugio entre los Enqueleanos en Iliria. Volver

72) Esta historia de los cuervos es como sigue: el oráculo dijo que los Beocios serían expulsados cuando vieron cuervos blancos, lo cual sucedió después cuando unos niños jugando pintaron cuervos blancos y los dejaron volar. Poco después, los Beocios fueron expulsados por los Etolios. Volver.


73)Gerania es una montaña que se extiende entre Megara y Corinto con pasos de alguna importancia militar (libro 11.80.1).Volver.


74)Praxibulo fue arconte en 315/14 a. C. Espurio Nautio Rutilo y M. Popilio Lenas fueron cónsules en el 316 (Livio, 9.21.1; Fastos Capitolinos para 316). Los sucesos descritos en este capítulo y el siguiente aún pertenecen al año 316 a. C. Volver


75)En lugar de Antígenes que probablemente no ha de ser identificado con el comandante de los Escudos de Plata. Véase Apiano, Historia Siria, 53, para la lucha entre Antígono y Seleuco. Volver


76) Hijo de Agenor, que había sido creado sátrapa de India por Antípatro (libro 18.39.6). Volver

77)Malo, ciudad de Cilicia a orillas del río Piramo, de dudosa localización; véase Estrabón 14.5.16. Volver


78) Ciudad de Cilicia, de ubicación desconocida. Volver


79) Los reyes persas se habían servido de un elaborado sistema de correos y señales de fuego. Por medio de estas últimas podían enviarse noticias en un solo día desde las partes más distantes del imperio hasta Susa y Ecbatana (Aristóteles, De mundo, 398b 30-35). Volver

80) La vieja Tiro, la porción de la ciudad situada en el continente, había sido destruida por Nabucodonosor durante su largo asedio de la parte insular. Al ocupar la vieja Tiro antes de intentar el asedio de la isla, Antígono seguía el ejemplo de Alejandro (libro 17.40.5). Volver


81)Unos 3.375.000 celemines. Es probable que la mención de la cantidad de cebada, necesaria para alimentar a los caballos, se haya perdido. Volver


82)Nicocreonte, rey de Salamina de Chipre, había firmado alianza con Ptolomeo en el 321 (Arriano, FGrH, 156.10.6), y luego gobernó toda la isla en nombre del rey egipcio. Volver


83)La ciudad llamada Astaco en la bahía de este nombre está a unas 30 millas al sureste de Calcedón. Volver


84) Ciudad jonia frente a Quíos. Volver


85)Colonos Macedonios. Volver

86)Tiro capituló el 314. Volver


87) Puerto de Corinto en el golfo Sarónico. Volver

88)Ciudad de Arcadia. Volver


89) En el verano del 315. Volver

90)Mylas. Volver

91)Una ciudad a unas treinta millas al suroeste de Mesana. Volver