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1.
El entrenamiento e instrucción del soldado
Éste
debe ser entrenado para disparar rápidamente a pie, ya en el modo
romano ya en el persa . La rapidez es importante en sacar la flecha ágilmente
y dispararla con fuerza. Esto es esencial y deberá también
practicarse mientras está a caballo. De hecho, incluso cuando la
flecha está bien dirigida, una cadencia baja de disparo es inútil.
Deberá practicar el disparo rápido a pie desde cierta distancia
a una lanza o algún otro objetivo. Deberá también
disparar rápidamente montado a caballo al galope, hacia el frente,
hacia atrás, a izquierda y derecha. Deberá practicar saltando
a caballo . A caballo a galope deberá disparar una o dos flechas
rápidamente y poner el arco en su carcaj, si es lo suficientemente
ancho, o en un medio-carcaj dispuesto a tal efecto, y luego deberá
coger la lanza que ha estado llevando a su espalda. Con el arco tensado
dentro de su carcaj, deberá sostener la lanza en su mano, luego
rápidamente colocarla a su espalda y sacar el arco. Es una buena
idea para los soldados practicar todo esto mientras montan, durante la
marcha por su propio país. Pues tales ejercicios no interfieren
la marcha y no cansa los caballos.
2.
El armamento de la caballería y el equipamiento básico que
ha de ser procurado
Cuando el entrenamiento individual progrese satisfactoriamente, los soldados
deben ser armados por sus oficiales al mando. El equipo apropiado necesario
para campaña puede ser preparado durante el descanso en los cuarteles
de invierno. Cada soldado deberá tener el equipo correspondiente
a su rango, paga y ventajas. Esto debe ser así especialmente en
relación a los comandantes de una meros, moira o tagma, así
como hecatortarcas, dekarcas, pentarcas, tetrarcas, y de las tropas bucelarias
y federadas . Deben tener cotas de malla provistas de capucha que lleguen
hasta los tobillos, las cuales puedan ceñirse con correa y anillas,
junto con sus fundas; cascos con pequeñas plumas en su cimera;
arcos adecuados a la fuerza de cada hombre, y no por encima de ella, sobre
todo para el lado más débil, fundas con la suficiente anchura
como para que cuando sea necesario acojan en ellos el arco, con cuerdas
de arco de repuesto en su bolsa de viaje; aljabas con tapa que lleven
treinta o cuarenta flechas; en sus correas de hombro pequeñas limas
y punzones; lanzas de caballería de tipo ávaro con correas
de cuero en mitad del asta y con pendones; espadas; camisas de tipo ávaro
de cuello redondo hechas con flecos de lino por fuera y de lana por dentro.
Los jóvenes extranjeros sin entrenamiento con el arco deberán
tener lanzas y escudos. No es una mala idea que las tropas bucelarias
hagan uso de guanteletes de hierro y pequeñas borlas que cuelguen
de las correas traseras y delanteras de los caballos, así como
un pequeño pendón que cuelgue de sus propios hombros sobre
la cota de malla. Pues su armamento es lo más espléndido
del soldado, lo que le hace ganar más confianza en sí mismo
y produce más temor en el enemigo.
Aparte de los extranjeros, todos los jóvenes romanos hasta la edad
de cuarenta deben sin duda recibir la orden de tener arco y carcaj, ya
sean expertos o mediocres en su manejo. Deberán poseer dos lanzas
para así tener una a mano en caso de que pierdan la otra. Los inexpertos
tendrán arcos más ligeros. Con tiempo suficiente, incluso
aquellos que no saben cómo disparar aprenderán, pues es
esencial que lo hagan.
Los caballos, especialmente los de los oficiales y de las tropas especiales
, en particular aquellos que ocupen las primeras filas en la línea
de batalla, deberán tener piezas protectoras de hierro en sus cabezas
y planchas pectorales de hierro o fieltro, o incluso protectores de pecho
y cuello como los Avaros.
Las sillas de montar han de tener mantas grandes y amplias; las bridas
de buena calidad; dos estribos de hierro , una cuerda con lazo, maniota,
una bolsa de viaje lo suficientemente grande como para llevar raciones
de tres o cuatro días para cuando lo necesitara el soldado. Habrá
cuatro borlas en la correa trasera, una en lo alto de la cabeza y otra
bajo el mentón.
El vestido de los hombres, en especial sus túnicas, ya de lino,
pelo de cabra o de tosca lana , deberá ser grande y amplio, confeccionado
según la manera de los Avaros, de modo que pueda cubrir las rodillas
mientras corre y dar una apariencia de pulcritud.
Habrá de tener una capa extralarga o una manta de fieltro con capucha
con anchas mangas, lo suficientemente grande como para llevarse por encima
de su armadura, incluyendo la cota de malla y el arco. Así, en
caso de que lloviera o hubiera humedad por el rocío, llevando esta
vestimenta sobre la cota de malla y el arco podrán proteger su
armamento y no tendrán dificultad en usar el arco o la lanza. Tales
vestidos también son necesarios en otro sentido o uso, ya que cuando
la cota de malla queda cubierta por ellos, su brillo no será visto
a distancia por el enemigo, y también dará algo de protección
frente a las flechas.
Cada escuadrón contará con una tienda, así como hoces
y hachas para superar cualquier contingencia. Será bueno estar
provisto de tiendas de tipo Avaro, que combinan practicidad con buena
apariencia.
Los hombres, especialmente aquellos que reciben una asignación
para este propósito, deberán de cierto tener sirvientes
para su servicio, de condición servil o libre, con arreglo a la
normativa en vigor. En el momento de distribuir la paga, habrá
de procurar a la vez registrar a soldados, sirvientes y sus armas; se
tendrá que hacer una pesquisa para saber por qué concepto
reciben su estipendio. Si no cumplieran esto y se encontraran sin sirvientes,
entonces en el momento de la batalla sería necesario enviar a algunos
de los soldados al tren de bagaje, y entonces habría menos soldados
luchando en las filas. Pero si, como fácilmente puede ocurrir,
algunos de los hombres no pudieran procurarse servidores, entonces será
necesario ordenar que tres o cuatro soldados gregarios se unan para mantener
un sirviente. Un acuerdo semejante será necesario para tener animales
de carga, que pueden ser necesarios para transportar las armas y tiendas.
Las banderas de cada meros serán del mismo color, y las insignias
en cada moira tendrán también su propio color, de modo que
cada tagma pueda fácilmente reconocer su propio estandarte. Otros
emblemas distintivos reconocibles para los soldados serán incorporados
a las banderas, de modo que puedan ser reconocidos según que fuere
meros, moira y tagma. Los estandartes de los merarcas deberán ser
particularmente característicos y visibles, para que puedan ser
reconocidos para sus tropas a gran distancia.
El general debe ver que su tren de bagaje lleve una provisión extra
de armas, especialmente de arcos y flechas, para reemplazar aquellas armas
que probablemente se pierdan.
En los cuarteles de invierno, los comandantes de los tagmata, si no pudieran
fácilmente encontrar vituallas sobre el terreno, deberían
determinar sus necesidades. Así pues, deberían dejar a los
merarcas que averiguaran cuántos caballos y qué clase de
equipos y armas necesitan las tropas bajo su mando, de modo que el general
pueda tomar a tiempo las medidas pertinentes para procurárselos
a los soldados.
Además de las fundas de cuero para las cotas de malla, deberían
tener otras livianas de mimbre. Durante la batalla o en incursiones pueden
ser llevadas detrás de la silla de montar a lomos del caballo.
Entonces, si, en el caso de un contratiempo, no hay un día hombres
con caballos de refresco, las cotas de malla no serán dejadas sin
protección y estropeadas y los soldados no quedarán agotados
por el constante peso de la armadura.
3.
Los diversos títulos de los oficiales y soldados
Ahora que hemos descrito el entrenamiento de los
soldados individuales y su armamento, pensamos que debemos explicar el
significado de los nombres de los oficiales, las unidades y los restantes
soldados que forman parte de un completo estudio de las tácticas.
Nuestra intención al hacer esto es dar a nuestros lectores un más
certero conocimiento, de modo que al escuchar por primera vez tales nombres
se encuentren con que no conocen lo que significan.
Primero, la cabeza y líder de todo el ejército es llamado
general; el hombre que viene en segundo lugar es el teniente general (hypostrategos).
El merarca está al cargo del mando de un meros; el moirarca es
el comandante de una moira y es llamado duque. Un meros o división
es una unidad o agrupación compuesta de tres moiras. Una moira
está constituida por tagmas, arithmoi o bandon (pl. banda) . El
ilarca es el primero de los hekatontarcas, quien es el segundo al mando
tras el conde o tribuno. Un hekatontarca manda cien hombres, así
como un dekadarca es el líder de diez y el pentarca de cinco. El
tetrarca, también llamado guardia, es el líder de la retaguardia
y el último de la fila. El portaestandarte lleva el símbolo
del bandon. En rango viene después el cabo. El moirarca de los
Optimates es referido como taxiarca. El soldado auxiliar o escudero de
uno de los Optimates es llamado hombre de armas.
Tropas de asalto es el término usado para aquellos que se mueven
a la cabeza de la línea principal y hostilizan al enemigo en retirada.
Los Defensores son aquellos que los siguen, no para atacar o romper las
filas enemigas, sino para marchar en buen orden como apoyo a las tropas
de asalto si ocurriera que éstas tuvieran que retroceder. Los sanitarios
son aquellos que van detrás de las líneas para rescatar
y cuidar de aquellos que han sido heridos en la batalla. Los Furrieles
son aquellos soldados que en la marcha van por delante de la columna principal
para reconocer y buscar buenos caminos y lugares para levantar el campamento.
Los Mensores son aquellos que miden y levantan el campamento. Los Espías
son llamados exploradores. Los guardaflancos son aquellos que están
asignados a vigilar los flancos del la primera línea. Los flanqueadores
son aquellos que están asignados a envolver las alas del enemigo.
El tren de bagaje consiste en los bastimentos de los soldados e incluye
a los sirvientes, los animales de carga y otras bestias.
4. La organización del ejército
y la asignación de oficiales
Después que los hombres han sido armados con arreglo a las reglamentaciones
y se han hecho los preparativos para proveer al ejército de las
vituallas necesarias y los términos empleados para designar a los
oficiales y soldados individuales han quedado claros, el ejército
debe ser dividido en varias unidades y comandos, así como nombrados
oficiales inteligentes y competentes para dirigirlos.
Los tagmas deberán estar formados por una fuerza variable de entre
trescientos y cuatrocientos hombres a lo máximo, y los condes,
también llamados tribunos, hombres prudentes y competentes, deberán
ser puestos al frente de ellos. Los tagmas deberán ser organizados
en moiras o quiliarquías compuestas de dos o tres mil soldados,
dependiendo del tamaño del ejército, y colocadas al mando
de competentes moirarcas, también llamados duques o quiliarcas,
prudentes y disciplinados. Estas moiras luego son agrupadas en tres meros
iguales y sobre éstos serán puestos merarcas, también
llamados estratelates, prudentes, prácticos, experimentados y,
si es posible, capaces de leer y escribir. Esto es especialmente importante
para el comandante del meros central, llamado teniente general, quien,
si fuere necesario, ha de asumir todas las responsabilidades del general.
El ejército, por tanto, está organizado como sigue. Primero,
la caballería está dividida en varios tagmas, los tagmas
en moiras o quiliarquías, las moiras en tres divisiones iguales,
esto es, centro, derecha, izquierda, que comprenden la línea de
batalla bajo el bando del general. El tagma no debería exceder
de cuatrocientos hombres, salvo en los banda de los Optimates. Ni debería
la moira tener más de tres mil, ni el meros más de seis
o siete mil. En el caso de que el ejército sea más grande
que esto, es mejor situar las tropas adicionales fuera de la formación
del meros, para apoyar a la segunda línea, guardar los flancos
y retaguardia del meros, y emboscar y rodear al enemigo. El meros o la
moira no deberían ser demasiado grandes. De lo contrario, si llegaran
a ser más grandes y extendidos, podrían caer en el desorden
y confusión.
Todos los tagmas definitivamente no deberían tener la misma fuerza.
Si son así, el enemigo puede estimar fácilmente el tamaño
del ejército contando los estandartes. Por consiguiente, el aserto
que hemos dicho arriba debería ser observado, esto es, el tagma
no debería componerse de más de cuatrocientos soldados ni
de menos de doscientos.
5.
Cómo los comandantes tagmáticos deberían seleccionar
a sus oficiales segundos y jefes de combate y organizar el tagma en escuadrones
Después de la organización del ejército,
cada comandante debe organizar su propio tagma en escuadrones. Lo primero
de todo, de todo el tagma debe elegir a hombres de recto juicio y valor
como hekatontarcas, tomando particular cuidado de seleccionar al ilarca,
quien ha de ser el segundo al mando del tagma. Luego debería elegir
al demarca, quien debería ser valiente, bueno en el combate mano
a mano y, si es posible, bueno con el arco. Luego están los pentarcas
y tetrarcas, cuyas características han de ser similares. Finalmente,
debería haber dos hombres adicionales por escuadrón para
actuar como guardafilas, ascendiendo a cinco el número de hombres
de mérito en cada fila. El resto, veteranos y reclutas, deberían
ser asignados a los escuadrones. Después que se haya ocupado de
esto, el comandante debería distribuir las tropas especialmente
valiosas según la calidad de cada una, los mejores hombres primero
y luego los demás según este criterio sucesivamente.
Dos hombres atentos e inteligentes deberían ser seleccionados como
heraldos, y también dos portaestandartes. Esta clase de elección
y asignación debería hacerse en los escuadrones, esto es,
en las filas. Si no hay sirvientes, los soldados más pobres deberían
ser nombrados para cuidar de los animales de carga, un hombre por cada
tres o cuatro bestias. Otro hombre, competente, debería ser sacado
de entre los soldados gregarios y entregarle el estandarte, y todo el
tren de bagaje o animales de carga deberían seguirle. Finalmente,
el comandante debe determinar cuántas y qué filas han de
formar a la derecha del estandarte y cuáles a la izquierda.
6. Las regulaciones sobre crímenes militares
que han de ser referidas a las tropas
Cuando las tropas han sido organizadas y los escuadrones
formados, el tagma debería reunirse en dekarquías. Sería
bueno que los hombres se familiarizaran con las normas reguladores de
los delitos militares. Además, una copia escrita debería
ser entregada a los oficiales al mando para que puedan así explicárselos
a los soldados cuando tengan más tiempo.
1.
Si un soldado desobedece a su propio pentarca o tetrarca, deberá
ser castigado. Y si un pentarca o tetrarca desobedece a su dekarca, o
un dekarca a su hekatontarca, serán asimismo punidos.
2. Si un miembro del tagma osara hacer esto a su comandante, conde o tribuno
del tagma, será ejecutado.
3. Si un soldado es injustamente tratado por otro, podrá apelar
al comandante de su tagma, pero si fuere injustamente tratado por este
mismo comandante, deberá acudir al oficial superior a éste
último.
4. Si uno supone que está más allá del tiempo de
su licencia, deberá ser licenciado del ejército y como civil
entregado a las autoridades civiles.
5. Si un soldado se atreviera, por cualquier razón, a entrar en
una conspiración, sedición o motín contra su comandante,
será ejecutado, en particular los cabecillas de cualquier conspiración
o motín.
6. Si uno al que se le hubiera confiado la defensa de una ciudad o fortaleza
la entregara o abandonara su puesto contra las órdenes de su comandante,
sufrirá la última pena.
7. Si uno fuera encontrado culpable de querer desertar al enemigo, sufrirá
la extrema pena, no sólo él sino también todo aquel
que lo supiera, porque lo conocía y no se lo contó a su
comandante.
8. Si uno después de escuchar las órdenes de su dekarca
no las ejecutara, deberá ser castigado. Pero si no las llevó
a cumplimiento por desconocerlas, entonces el demarca deberá ser
castigado por no haberle informado antes.
9. Si uno encuentra un animal extraviado o cualquier otra cosa, pequeña
o grande, y no da parte de ello a su comandante, será punido, no
sólo él, sino también cualquiera que lo supo, como
ladrones del objeto.
10. Si uno daña a un ciudadano y rechaza compensarlo, le pagará
el doble del importe del daño.
11. Si uno se despreocupa de sus armas, habiendo recibido una asignación
para ello, y su dekarca no lo obligara a adquirirlas ni da parte de ello
al comandante, entonces ambos soldados, el gregario y el dekarca, serán
punidos.
7. Las reglamentaciones
sobre los crímenes militares que han de entregarse a los comandantes
tagmáticos
12.
Cualquiera que desobedezca a su comandante, deberá ser castigado
con arreglo a las leyes.
13. Aquel que causa daño a un soldado deberá compensarlo
pagándole el doble del importe; y deberá pagar una suma
igual si daña a un ciudadano. Si, en los cuarteles de invierno,
o en el campamento, o durante la marcha, un oficial o un soldado dañara
a un ciudadano sin darle compensación, le pagará el doble.
14. Si en tiempo de guerra uno dejara a un soldado irse de licencia, pagará
una multa de treinta nomismata. En los cuarteles de invierno, los permisos
pueden durar dos o tres meses, y en tiempos de paz, el soldado puede obtener
el visto bueno para ir de permiso dentro de los límites de la provincia.
15. Si uno que tiene confiada la defensa de la ciudad o fortaleza la rindiera
o evacuara, cuando podría aún defenderla, salvo que hubiera
peligro de muerte, sufrirá la pena capital.
Después que estas regulaciones penales hayan sido leídas,
los tagmas deberán cuadrarse en formación de batalla, y
los castigos por las ofensas durante el combate hechos saber a las tropas
reunidas.
8.
Penas militares
Después de la organización de los
tagmas, la siguiente lista de penas deberá ser leída en
latín y griego.
16.
Si durante el tiempo en que las líneas de batalla se están
formando y durante el combate un soldado abandonara su puesto o su estandarte
y huyera, o si se adelantara del lugar en que ha sido situado, o si saqueara
los cadáveres, o se apresurara a perseguir al enemigo, o atacara
el tren de bagaje o el campamento del enemigo, ordenamos que sea ejecutado,
y que todo el botín que pueda haber cogido sea confiscado y entregado
al fondo común de su tagma, puesto que ha roto filas y ha traicionado
a sus camaradas.
17. Si durante una acción general o batalla las tropas que habían
formado para el combate se retiraran –tal nunca ocurra- sin una
buena y evidente justificación, ordenamos que los soldados del
tagma que primero se puso a huir y a abandonar la línea de batalla
o su propio meros sean abatidos y diezmados por los otros tagmas, puesto
que han desbandado sus filas y son culpables de la derrota de todo el
meros. Pero si ocurriera que alguno de ellos fue herido en la batalla,
quedará exento de tal veredicto.
18. Si un estandarte fuere capturado por el enemigo –nunca ocurra
esto- sin una excusa buena y manifiesta, ordenamos que aquellos que tenían
encomendada la guardia de la bandera sean punidos y degradados al rango
más bajo de su unidad o escuela en que están registrados.
Si ocurre que uno fue herido en el combate, deberá quedar exento
de tal castigo.
19. Si un meros o toda la formación es vencida –tal nunca
suceda- cuando un campamento está cerca, y si los hombres no se
retiran hacia los defensores o no buscan refugio dentro del campamento,
sino que temerariamente corren en cualquier otra dirección, ordenamos
que aquellos que hagan esto sean punidos por despreocuparse de sus camaradas.
20. Si un soldado tira sus armas en la batalla, ordenamos que sea castigado
por desarmarse y armar al enemigo.
9. La adecuada forma de marchar a través
de nuestro propio territorio cuando no hay actividad hostil
Un gran ejército no deberá ser congregado en un solo lugar
cuando no hay actividad hostil, pues, disponiendo de tiempo libre, los
soldados pueden entregarse a la sedición y proyectos indebidos.
Cuando se espera batalla, el ejército debe marchar en formación,
avanzando por moiras o por meros. En efecto, marchar en orden es más
seguro para los soldados en nuestro territorio y en país hostil.
Es muy importante que cada moira acostumbre a llevar su tren de bagaje
detrás de ella con sus propios estandartes, como está descrito
en otro lugar, y no mezclarlo con los de otras unidades. Mientras el enemigo
esté a distancia, la marcha deberá ser por moiras o meros.
Todo el ejército no deberá ser reunido en un solo lugar,
porque los hombres pueden rápidamente encontrarse carentes de vituallas,
el tamaño del ejército podría ser fácilmente
calculado por el enemigo, y el forraje podría ser difícil
de obtener. Cuando se aproximen al enemigo, a unos seis, siete o incluso
diez días de marcha, las tropas deberían reunirse y al mismo
tiempo levantar el campamento, como es explicado en el capítulo
sobre los campamentos.
Cuando las tropas en campaña se encuentren con un bosque difícil,
profundo y muy arbolado, o con otro tipo de terreno dificultoso, algunos
soldados deberán ser enviados por delante para limpiar y nivelar
el camino tanto como sea posible, de modo que los caballos no sufran daños.
Los hombres destacados para esta misión no deberían pertenecer
a las tropas exploradoras ni a otra unidad especial.
Cuando el ejército esté en marcha, el general debería
estar a su cabeza con sus propias tropas escogidas que le precedan como
una guardia de honor. Con ellos deberían estar sus caballos de
refresco y los estandartes de los bucelarios. Inmediatamente detrás
de él habrán de venir los spatarioi , luego las tropas bucelarias,
y finalmente su tren de bagaje. El oficial comandante de cada meros o
moira debería disponer su columna de marcha de esta misma manera,
ya marche como parte de un ejército más grande, ya marche
solo.
En los vados u otros lugares difíciles en un país desconocido,
partidas de furrieles deberían ir en cabeza y, después de
primero explorar el área, deberían informar al general cómo
es el territorio y oficiales competentes deberían tomar medidas
para proteger el camino. Si los lugares son inusualmente difíciles,
entonces el general debería dejar la columna y permanecer personalmente
en el lugar hasta que todos hayan cruzado salvos. Pero el general debería
hacer esto únicamente si el enemigo no está en las proximidades.
En este caso, entonces, no debería quedarse, sino que los comandantes
de cada meros deberían cumplir este deber hasta que todos los de
su unidad hubieran pasado a salvo. Por otra parte, todos intentarán
a la vez pasar primero, de lo que sólo se inferirán roces
y fricciones.
Los campos cultivados deberán ser respetados, y las tropas no marcharán
a través de ellos, y no deberán causar daños a los
contribuyentes. Pero si es absolutamente necesario pasar a través
de los campos, se impartirán órdenes a los comandantes de
cada moira o meros de que se queden hasta que los tagmas a sus órdenes
hayan pasado. Deberían dejar los campos en buenas condiciones para
la siguiente unidad y abandonar el lugar. A su vez cada comandante que
venga después ha de cumplir esta misma obligación, y de
esta manera el buen orden del general y la seguridad del campesino serán
preservados.
Si, cuando el itinerario se espera sea dificultoso, animales salvajes
son descubiertos o encontrados por el camino, estará prohibido
cazarlos, pues esto provoca ruido y confusión y cansa a los caballos
inútilmente. En tiempo de paz, empero, la caza es necesaria para
los soldados.
Si el ejército es pequeño, ha de procurarse que no marche
por áreas habitadas, sean amistosas u hostiles, de modo que pueda
evitar ser observado por espías y que tal información sea
transmitida al enemigo, sino que habrá de avanzar por otros caminos.
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