SINOPSIS

Proemio

 

I Parte

I. Cómo el gran general Belisario fue cegado por su esposa.
II. Cómo el juicio militar de Belisario fue quebrado por los celos.
III. Que muestra el peligro de encontrarse con las intrigas de las mujeres.
IV. Cómo Teodora humilló al conquistador de África e Italia.
V. Cómo Teodora engañó a la hija del general.

II Parte

VI. Ignorancia del emperador Justino, y cómo su nieto Justiniano era el gobernante real.
VII. Ultrajes de los Azules.
VIII. Carácter y apariencia de Justiniano.
IX. Cómo Teodora, la más depravada de todas las cortesanas, se ganó su amor.
X. Cómo Justiniano promulgó una nueva ley que le permitía casarse con una cortesana.


III Parte

XI. Cómo el defensor de la Fe arruinó a sus súbditos.
XII. Que muestra que Justiniano y Teodora eran realmente demonios con forma humana.
XIII. Perceptibles afabilidad y piedad de un tirano.
XIV. La justicia en venta.
XV. Cómo todos los ciudadanos Romanos se convirtieron en esclavos.


IV Parte

XVI. Qué ocurrió a aquellos que perdieron el favor de Teodora.
XVII. Cómo Teodora salvó a quinientas prostitutas de una vida de pecado.
XVIII. Cómo Justiniano asesinó a un trillón de personas.
XIX. Cómo se apoderó de toda la riqueza de los Romanos y la derrochó.
XX. Degradación de la Cuestura.


V Parte

XXI. El tributo del aire, y cómo a los ejércitos fronterizos se les prohibió castigar a los bárbaros invasores.
XXII. Otras corruptelas en los altos niveles.
XXIII. Cómo los terratenientes fueron arruinados.
XXIV. Injusto trato a los soldados.
XXV. Cómo robó a sus propios oficiales.


VI Parte

XXVI. Cómo expolió la riqueza de las ciudades y saqueó a los pobres.
XXVII. Cómo el defensor de la Fe protegió los intereses de los Cristianos.
XXVIII. Su violación de las leyes de los Romanos y cómo los Judíos fueron multados por comer cordero.
XXIX. Otros incidentes que lo muestran como un mentiroso y un hipócrita.
XXX. Otras innovaciones de Justiniano y Teodora, y una conclusión.

 

PROEMIO

Al narrar cuanto ha llegado a sucederle hasta ahora al pueblo Romano en las guerras, expuse en orden todas sus acciones, en la medida en que me resultaba posible, de acuerdo con los tiempos y los escenarios correspondientes. Sin embargo ya no voy a organizar de este modo los sucesos posteriores, puesto que a partir de este momento me propongo escribir todo cuanto haya podido suceder en cualquier parte del imperio Romano. La razón de ello es que no era sin duda posible consignar esos sucesos del modo en que debe hacerse cuando todavía estaban vivos sus actores. No era en efecto posible ni pasar inadvertido al gran número de espías ni ser descubierto sin padecer una muerte miserable, pues ni siquiera podía confiarme a los familiares más próximos, antes bien me vi obligado a ocultar las causas de muchos de los acontecimientos mencionados en los libros precedentes.
Será por lo tanto preciso que en este punto de mi obra revele lo que hasta el momento se había silenciado, así como las causas de lo que he expuesto previamente. Pero ahora que me encamino a otra empresa, en cierto modo ardua y terriblemente difícil de superar, la de las vidas de Justiniano y Teodora, resulta que me encuentro temblando y me echo atrás en buena medida cuando considero que esto que habré de escribir en este momento pueda parecer increíble o inverosímil a las futuras generaciones; especialmente, cuando el tiempo, en su largo flujo, haya avejentado mi relato, temo cosechar la reputación de un mitógrafo y ser incluido entre los poetas trágicos. No voy a acobardarme ante las dimensiones de mi tarea, pues confío sin duda en que mi libro no va a carecer del apoyo de testigos. Pues los hombres de hoy, al ser los más capacitados testigos de los sucesos, transmitirán fidedignamente a los tiempos venideros la credibilidad que éstos les merecen.
A pesar de ello, en numerosas ocasiones me retuvo otra reflexión durante largo tiempo a pesar de que estaba ansiando escribir este libro. Consideraba en efecto que esta obra resultaría inconveniente a las generaciones futuras, porque antes conviene que las más viles acciones sean desconocidas para la posteridad, que el que lleguen a oídos de tos tiranos y susciten en ellos el deseo de emularlas. Pues a la mayor parte de los que sustentan el poder siempre es fácil que la ignorancia les mueva fácilmente a imitar las malas acciones de sus antepasados, y así se sienten invariablemente atraídos, de una forma natural y espontánea, por los crímenes cometidos por los más antiguos. Sin embargo, al final una consideración me llevó a redactar la historia de estos hechos: el pensar que los tiranos que vengan luego tendrán clara conciencia, en primer lugar de que no es improbable que les sobrevenga un castigo por sus crímenes -justamente lo que llegaron a padecer estos hombres-, y además, de que sus acciones y caracteres quedarán para siempre consignados por escrito: tal vez así sean por este mismo motivo más reluctantes a la hora de transgredir las leyes. Pues ¿quién entre tos hombres venideros podría conocer la licenciosa vida de Semíramis o la locura de Sardanápalo y Nerón, si no hubieran dejado recuerdo de estas cosas los escritores de entonces? Especialmente a aquellos que padezcan idéntico destino, si es que esto ocurriese, a manos de los tiranos, no les dejará sin duda de ser útil oír este relato, pues los que se ven envueltos en la desgracia acostumbran a consolarse con el pensamiento de que los males no les sobrevienen sólo a ellos (1) . Por estas razones, pues, procederé en primer lugar a decir cuántas infamias cometió Belisario y luego expondré también cuántas infamias cometieron Justiniano y Teodora.

 

Procopio de Cesárea

 

 

(1) El tópico non tibi soli fue usado en las Consolaciones literarias como una de las fuentes comunes de consuelo para una persona. Así, Séneca dice en su Consolación a Polibio: “Un hombre, por tanto, encontrará el mayor consuelo en el pensamiento de que lo que ha ocurrido a uno fue sufrido por todos los que vivieron antes que él y será padecido por todos los que vendrán después de él; y la Naturaleza, me parece, ha hecho universal lo que ha hecho más duro de sobrellevar para que la uniformidad de destino pueda consolar a los hombres por su crueldad”.

 

 

 

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