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Dedicada a Jorge Eduardo Moisés Oliver ( de México, D. F.) |
| III
parte |
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La
batalla de Farsalia.
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Prolegómenos Entre los dias 4 y 5 de Agosto del año 48 a.C. César detuvo su ejercito en los campos de Farsalia. Más obligado que nunca a moverse con precaución, se había establecido en la llanura, cerca del río Eunipeo. allí permanecería hasta agotar las provisiones del territorio, unos cinco días. Hasta entonces trataría de ofrecer batalla a sus rivales, quienes se habían situado, tras él, en las colinas que dominaban la región, bien fortificados, a salvo de cualquier estratagema de su enemigo y amenazando sin descanso a sus forrajeadores gracias al dominio del campo, cosa que le proporcionaba su aplastante superioridad de caballería. A nadie se le escapa que la situación en que se había colocado, y le habían colocado, dejaba a César muy pocas salidas. Tras agotar los alimentos, poco podía hacer el romano salvo seguir marchando siguiendo la senda de los campos en donde podía aprovisionarse que en este caso llevaría a dirigirse hacia el sur, hacia Beocia, pues el Epiro y Aetolia se encontraban ya exhaustas, y Pompeyo le cerraba toda salida hacia el norte de Tesalia o Macedonia. Además, en Ática, disponía de un ejercito de cobertura de 15 cohortes que podría sumar a sus fuerzas. Este era por tanto su plan inmediato (12) cuando se apercibió de que el ejercito pompeyano, que solía ofrecer batalla sólo en la colina en donde acampaba, en una inmejorable posición defensiva, había bajado en esta ocasión hasta el valle, justo bajo la ladera.
César, al ser informado de que Pompeyo le ofrecía la ocasión de llegar a las manos, formo inmediatamente al ejercito en su campamento y tal cual, en formación, salió del mismo a través de la empalizada (desmantelandola y cubriendo el foso para facilitar su transito con los escombros de la misma). Era tal la premura y el entusiasmo de César que con tal de no deshacer sus líneas prefirió destruir sus defensas. Sabia que se jugaba la partida final, que importaba pues no dejar tras de si un refugio seguro para la retirada (1). Lucano escenifica la sorpresa y desazón que sufre Pompeyo cuando advierte que César avanza contra su ejército. quizás en el fondo esperaba que, aunque se había decidido a ofrecerle batalla, su enemigo no se arriesgaría a aceptarla. O quizás, la sorpresa vino de ver como Cesar avanzaba decidido al ataque. ¿Si sus acompañantes le habían asegurado que el ejercito de este estaba prácticamente batido como era posible que avanzase contra sus posiciones de una manera tan decidida? . Los ejércitos enfrentados Pompeyo LLegados a este punto, el ejercito "republicano" se encuentra formado por dos grandes facciones que si bien no están enfrentadas, si que conducen a una serie de desencuentros que en nada favorecen el desarrollo de las operaciones. Pompeyo lucha, circunstancialmente, a favor de la República contra César, sin embargo no se le escapa al principal adalid de la misma, Catón, que una vez eliminado el rebelde, Pompeyo tendrá que ser, a su vez, anulado (6). Pompeyo es consciente de esta amenaza y por ello lo ha dejado atrás, encomendándole el puesto de Dirrachium con 15 cohortes, lo quiere tener bien lejos para cuando César sea aplastado. De hecho la encrucijada política en la que se encuentra ya ha venido a reconocerla Pompeyo mismo al afirmar que, gane quien gane, le esperan grandes males a la República. Esta situación, esta coalición de facciones e intereses que dirige Pompeyo, condiciona en parte la cohesión en el mando de las fuerzas republicanas. Pompeyo no ha querido, o podido, prescindir de la presencia en su ejercito de toda una cohorte de políticos y prohombres que se declaran republicanos, personajes que que no dudan, dada precisamente su condición, en formar parte del ejercito comprometiendo la autoridad de Pompeyo (5). Además, y dado su numero e influencia, se configuran como un auténtico senado en el exilio, a fin de restar toda legitimidad al reconstituido por César en Roma. Todo ello no crea el ambiente más favorable para que las operaciones bélicas puedan ser llevadas con la debida fluidez por Pompeyo, quien, como veremos, no podrá imponer su visión estratégica en la campaña. El ejercito republicano esta dividido así en dos grandes agrupaciones. Por un lado las fuerzas de Pompeyo, con sus legiones, generales y políticos afines, por otro lado los republicanos más recalcitrantes, que se apoyan en las legiones conducidas, principalmente (4), por Escipión Y finalmente quizás un tercer grupo, la de los personajes como Labieno, que han abandonado a César por unas u otras causas, y cuya única esperanza es la de aplastar totalmente al personaje (3), y que no desean de ninguna manera, como se ha visto ya, que se pueda dar algún tipo de salida política al "rebelde". Se ha hablado mucho acerca del numero y composición del ejercito pompeyano. Por mi parte, y partiendo de las cifras iniciales básicas, recordemos que 11 legiones más auxiliares al comienzo de la campaña (entre Pompeyo, Catón y Escipión), pienso que configurarían un total, en bruto, de 50/55.000 legionarios. A esta cifra deberíamos restarles las bajas en campaña, unas 15 cohortes mínimo si hacemos caso de los escritos de César, además de las fuerzas dejadas con Cáton en Dirrachium, otras 15 cohortes, y otras guarniciones menores, sin contar con heridos y enfermos (de los que por ejemplo su rival, César, ha dejado un buen numero en Oricus) y que, tras Farsalia, caerán en manos del legado de César, Sila (15). Así pues, podemos restar a ese numero inicial, tirando a la baja, unos 20.000 hombres, lo que nos daría una cifra que rondaría los 30/35.000 soldados que se encuadrarían en las 9 legiones que se sabe participaron en la batalla. Los auxiliares, de a pie, eran numerosos, quizás 15 o 20.000 hombres, lo suficientemente abundantes como para que algún autor llegue a decir que lo eran más que los propios ciudadanos romanos alineados en las legiones y que hizo que, si seguimos a Lucano, los de mejor calidad fueran distribuidos entre las legiones para reforzarlas. También parece que llegaron voluntarios, antiguos soldados de Pompeyo, en numero de 2.000, que fueron repartidos entre las diferentes unidades. La caballería bien puede establecerse en los 7.000 hombres usualmente aceptados, la gran mayoría de ellos tracios y orientales, romanos quizás 1.000 o 1.500, no se sabe. De las naciones que se alineaban con Pompeyo: Desde Asia venían con Escipión jinetes de Capadocia, Ponto (600), Armenia (200 arqueros a caballo) y galatas. De Grecia: atenienses, beocios, peloponesios, macedonios y tracios.
Pompeyo Despliegue de batalla
Pompeyo realizo el despliegue clásico dispuesto en tres líneas, al igual que César, con un espacio suficiente entre ellas para maniobrar, e intercalándo en los flancos (8) las unidades griegas mas fiables (A), pues necesitaba reforzar sus también desgastadas unidades. El resto de la masa de aliados la reunió y coloco detrás de su despliegue. Inútiles para una batalla entre infantería pesada, prefirió apartarlas para evitar que pudiesen ser más un problema que una ayuda (C), confiandoles tan sólo la tarea de atacar el campamento y la retaguardia de Cesar una vez que la batalla hubiese comenzado (10). La infantería ligera con armas arrojadizas fue repartida, también como era usual, entre todo el frente, concentrando los más en su flanco izquierdo, prestas a acompañar a la caballería en su ataque. La Caballería, verdadera clave de la batalla, fue desplegada finalmente (se dudaba) en el lado izquierdo al detectar que en ese flanco se situaba, frente a ellos, la X Legión de César. Pompeyo sabia que César siempre se colocaba junto a esa Legión, por lo que, como tenían pensado cargar contra el flanco en donde él se situase, concentraron contra esta el grueso de los jinetes (K), exceptuando un contingente de caballería del Ponto que fue situado en el lado derecho (E). Las legiones fueron distribuidas de la siguiente manera; el centro para las fuerzas de Escipión, seis legiones de Siria, la izquierda para las dos legiones que habían combatido con César (las más fiables), al mando del antiguo general del mismo, Domicio. A la derecha Lentulo con la Legión Cilicia y las fuerzas traídas desde Hispania por Afranio. Asi pues, de fuerzas más o menos regulares 9 legiones. La ubicación de Pompeyo en el despliegue varió, para cuando César se apercibió de ella se encontraba junto a Domicio, pero luego posiblemente cambio de posición con frecuencia. Lucano lo localiza en la retaguardia dominando el campo, Plutarco en su derecha y Cesar en su izquierda...
César El ejercito que César alineaba en Farsalia eran los restos, bastante desgastados, de las fuerzas de la campaña precedente, tropas que habían sufrido los suyo y no se encontraban precisamente en su mejor momento. Meses atrás, sus legiones habían sufrido un serio desgaste en combate tanto en Dirrachium como en los frentes de Macedonia y Tesalia, en donde también tuvo César algunos reveses por medio de sus lugartenientes. Tal eran sus perdidas que él mismo da la cifra de 22.000 legionarios para las 9 legiones de que dispone, es decir, unos 2.200 legionarios por unidad. A raíz de esta debilidad, hizo todo lo que estuvo en su mano para reclutar todos los auxiliares posibles, y tanto es así que reclutaba a la fuerza a todo hombre con el que se topaba en su camino por Tesalia. En cuanto a los aliados más o menos voluntarios, se alinean junto a él como infantería ligera los etolios, los dolopes y los acarnanios (Apiano). Por mi parte, puedo aceptar esa cifra como mínima, pero indefectiblemente hemos de elevarla pues de lo contrario no nos saldrían las cuentas que nos ofrece el propio César (7). Consideremos pues que dispone de unos 26.000 romanos a los que sumariamos unos, por dar alguna cifra, 5.000 auxiliares y 1.000 jinetes. Un problema a la vez que una ventaja, según las circunstancias, era la edad media de los legionarios de César, parece ser que relativamente alta como correspondería a su fama de recios veteranos. Esto suponía para César, como él mismo reconoce, el que sus hombres fuesen notoriamente inferiores a sus contrarios en todo tipo de trabajo físico, léase marchas o contramarchas, maniobras de fortificación etc. pero las desventajas se tornaban en lo contrario al llegar al combate, en donde la reconocida eficacia y veteranía de sus huestes obligaban a sus contrarios a volcar sobre el fuerzas mucho más numerosas para contrarrestar al menos con la cantidad la falta de experiencia de sus propias unidades. Prolegómenos Lucano señala como Pompeyo dispuso a sus fuerzas en un férreo, ahora más que nunca, orden cerrado. A lo largo de toda la línea de batalla alineo a las unidades de vanguardia en un frente continuo, hombre con hombre, escudo con escudo, desde un flanco al otro, y tan cerrado que "casi" les impedía el uso de las espadas. Sin duda Pompeyo, aunque injustificadamente, no se fiaba de sus soldados y trata de presentar ante César un muro inamovible de escudos y gladius. El plan de batalla deduzco que era muy simple. Presentar a César un frente totalmente cerrado, sin fisuras, en el que seria muy dificil hacer daño, mientras en el ala izquierda la caballería actuaba a sus anchas y deshacía la cohesión de todo el flanco enemigo. Al fin y al cabo era lo que le habían prometido tanto Labieno como sus oficiales, que antes de que pudiese César apercibirse, le habrían golpeado y destrozado con sus jinetes. Como veremos, al ser anulada esta amenaza, Pompeyo se quedo tan impresionado, decepcionado, y engañado que, literalmente, mando a paseo a todo su ejercito y su más que numerosa corte de senadores y generales. Táctica de César en Farsalia
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La batalla, 9 de agosto del año 48 a.C. Los dos ejércitos, formados, se mantuvieron largo tiempo observándose. Dión Cassio comenta como los soldados romanos de ambos bandos se mantenían en silencio, en cierto modo abatidos, un enfrentamiento como este no era del agrado de ninguno. Fue César el que primero dio la orden de ataque, Pompeyo inmediatamente después. Sin embargo, el desánimo seguía cundiendo entre las filas de los dos ejércitos. Este impasse fue sólo roto por el inicio del combate, inicio que vino de mano de los auxiliares, quienes, al margen del sentimiento que embargaba a las tropas romanas, comenzaron el mutuo intercambio de proyectiles. Es en este contexto en el quizás que se enmarca el ataque de Crastino, el centurión de cesariano quien, al frente de 200 hombres, sale de su formación rompiendo con la dinámica que se había impuesto atacando inopinadamente la línea de batalla de su enemigo. Cesar critica la disposición que Pompeyo hace adoptar a sus hombres, la de detener su avance y esperar en formación el ataque de sus soldados. Esta decisión de Pompeyo, la de permanecer quieto, fue interpretada por Cesar, sin concesiones, como un error (1), probablemente porque, como sospecho, sus escritos provienen de sus observaciones e impresiones durante la misma campaña, sin que haya podido, o querido, revisar más adelante con mas calma y perspectiva lo acontecido por aquellos días, cosa de lo que, como vemos para este caso, es ampliamente abordado por la triada que tenemos de historiadores posteriores: Dión Cassio, Apiano, Lucano, e incluso Plutarco. Cesar trata aquí injustamente de cargar sobre su rival un yerro que no es tal. Pompeyo, y sigo ahora a Apiano, había desplegado a sus cohortes mezclando los diferentes tipos de unidades, auxiliares, veteranos, reclutas.., deseaba con ello que las tropas mas aguerridas apoyasen a las menos preparadas tratando así de dar cierta cohesión a la línea de batalla. Cuando da comienzo el lance, y ambos bandos inician el avance, a converger, Pompeyo es advertido (Plutarco) de que las tropas menos preparadas (auxiliares y aliados), no se consiguen mantener el orden durante el avance (17). Para nada desea el general republicano llegar a las manos con los cesaristas sin presentarles un frente de batalla correctamente cerrado y cohesionado, así que, después de meditarlo, da la orden de detención. Si las unidades no pueden permanecer cohesionadas durante el avance, tendrá que esperar el ataque adoptando una posición estática, la única que le permitirá mantener sus líneas correctamente dispuestas. Es difícil establecer un orden claro, una secuencia, sobre las distintas fases de la batalla. Si seguimos a Lucano, fue la caballería pompeyana, la de Labieno, la que comenzó el ataque en el extremo de la formación. Apoyada por la infantería ligera golpearon y rechazaron a la mucho menos numerosa caballería cesariana que cubría el flanco derecho de César. Aquí debemos seguir ya los escritos de César quien relata como, rechazada por los lanzadores de proyectiles del enemigo, su caballería retrocedió sobre la X Legión. Evidentemente el movimiento estaba ya previsto por su general, sus 1.000 jinetes no podrían sostenerse contra los cerca de 6.500 que se les venían encima. Lo cierto es que como era previsible arrastraron tras de si a los atacantes.
La batalla entre las tropas de a pie fue intensa y muy dura. Toda la llanura estaba repleta de soldados de toda condición. En primera línea, y evolucionando cuando les era posible, los lanzadores de proyectiles, junto a ellos, y cuando se llegaba al cuerpo a cuerpo la infantería pesada. Podemos llegar a deducir por los escritos que el combate se desarrollo principalmente en el flanco izquierdo y en el centro (del lado Pompeyano). Fue en esos sectores en donde César dirigió personalmente el ataque. El momento álgido de la batalla quizás se dio al comienzo del choque. César debió maniobrar con su infantería haciendo avanzar el centro y, posteriormente, una vez que desapareció la amenaza de la caballería de Labieno, la izquierda de su dispositivo. Al margen de lo que sucedía en el extremo izquierdo en donde los jinetes pompeyanos eran dispersados con éxito por los hombres de César (sin duda ni el propio César podía esperar que sus tropas se impusiesen tan claramente en aquel sector), todo el empuje fue dirigido a tratar de romper el frente de batalla de Pompeyo. Todos los autores concuerdan en señalar que la infantería pompeyana resistió el choque con los veteranos de César consiguiendo, pese al esfuerzo personal del propio César, clavarles sobre el terreno (16). Era el momento, desaprovechado por Pompeyo, a juicio de Plutarco, de hacer valer su superioridad numérica y ordenar avanzar su flanco derecho, las legiones de Lentulo (13) que se mantenían inactivas. Es quizás este error, esta falta de arrojo táctico, el que condeno al ejercito pompeyano pues, si bien resistían perfectamente y es posible que con ventaja en todo el ancho del campo de batalla, al no tomar la iniciativa esta cayo de lleno en el regazo de César, sus fuerzas, una vez dispersada la caballería pompeyana, corrieron a lo largo del campo de batalla aplastando a la infantería ligera y comenzando a atacar de flanco a las fuerzas de Domicio Ahenobarbo. ¿Y que ocurrió con Pompeyo?. Según los escritos, tras apercibirse de la aplastante derrota de la caballería de Labieno, algo que realmente nadie podía haber esperado dada la superioridad numérica de que disfrutaba y la teórica competencia de sus mandos, quedo tan ofuscado y decepcionado, (recordemos que fue el propio Labieno uno de los que con más arrogancia insistió en presentar batalla) que sencillamente se hundió. Quizás se dio cuenta que se había dejado arrastrar por aquellos incompetentes y turbulentos generales y políticos a una batalla que no tendría porque que haberse llevado a cabo. Soy partidario de pensar que si se marcho entonces del campo de batalla fue por pura rabia, por no ver la cara de todos aquellos que durante días se habían reído de su supuesta pusilanimidad y que ahora serian, sin duda, los que más se sentirían aterrados ante la visión de aquellas unidades, en las que habían puesto todas sus esperanzas, huyendo del campo en una incontrolable fuga. LLegados a este punto, las fuerzas irregulares que Pompeyo había situado en la retaguardia en la esperanza de que al menos podrían lanzarse, a través del hueco abierto por los jinetes de Labieno, contra el campamento y retaguardia de César, y que hasta entonces habían optado inopinadamente por esperar acontecimientos, abandonaron sus posiciones y huyeron en dirección al campamento. Parte de estas fuerzas serán las que luego defiendan las empalizadas contra el ultimo ataque de César. Lucano señala, con evidentes señales de admiración, la frenética actividad de César entre sus líneas. En lo más duro e incierto de la batalla, el centro, lugar en donde Pompeyo alinea a lo mejor de las tropas (11), Cesar se emplea a fondo: recorre las filas presionando, empujando a los suyos, golpeando a los timoratos o rezagados, y ayudando con sus propias manos a los heridos, comandando la difícil lucha y sosteniendo así un empuje que se vio realmente comprometido por la tenaz resistencia de su enemigo. Sólo la eficaz actuación de su flanco derecho, que acabo flanqueando el ángulo de la línea de batalla pompeyana, permitió finalmente salir victorioso al centro de su dispositivo. Allí, en el flanco, cayo con las armas en la mano el pompeyano Domicio Ahenobarbo, su comandante(2). César trata de escenificar como gracias a la puntual utilización de sus reservas el frente enemigo cede y se da a la fuga. Realmente es sólo el ataque de flanco el que termina por destrozar las legiones de Domicio, y en definitiva lo que provoca la derrota de toda la línea pompeyana. Tampoco es la victoria que trata de hacernos creer. Sólo las legiones pompeyanas implicadas en el flanco antes descrito son las que sufren ingentes bajas siendo aplastadas o capturadas, la mayor parte del centro y el flanco izquierdo logra retirarse con orden y reagruparse algunos kilómetros mas atrás. César ha hecho lo imposible para lanzar ahora su flanco derecho sobre el atrincheramiento del campamento de Pompeyo. Este, totalmente abatido, ha decidido poner tierra por medio abandonando cualquier posibilidad de resistencia. Asalto al campamento pompeyano Finalmente y en un ultimo esfuerzo, César conseguirá reagrupar a el numero de tropas suficientes como para asaltar seguidamente el campamento de Pompeyo. Temía, con razón, que los pompeyanos pudiesen llegar a reagruparse y rehacerse de la derrota. El asalto de la empalizada, ataque encabezado por el propio César a fin de enardecer a sus agotados legionarios, encontró una cierta resistencia en los tracios y otros irregulares que se encontraban en aquellos momentos refugiados en la fortificación. Los romanos que también se encontraban en ella, al margen de las cohortes de guarnición, estaban agotados, desarmados (14), y con pocas ganas de continuar la lucha, pues, además, ya debía haber corrido la voz de que los soldados romanos serian perdonados inmediatamente al deponer las armas. Los tracios y demás bárbaros no eran rivales para unos asaltantes como aquellos, por lo que pronto fueron superados y puestos en fuga. Tomada la empalizada, la fortificación cayo en manos de los cansados soldados de César que ponían así fin a largos meses de penalidades al poder disfrutar ahora de todo lo que aquel gigantesco campamento ponía a su disposición. Sin embargo, gran numero de soldados de Pompeyo (un mínimo de 4 legiones) consiguieron retroceder, en su huida, hasta una colina en la que pronto fueron rodeadas por su infatigable enemigo. Bloqueados por la construcción de una empalizada, y así aislados y desabastecidos, no tardaron en dar la partida por perdida y entregarse sin condiciones. Grecia, y con ella todo el Oriente, se habían perdido para la causa republicana. Pero Pompeyo todavía tiene ingentes fuerzas, domina el mar, África y, pronto, Hispania. La guerra no ha terminado ni de lejos, tan sólo ha sido una batalla, quedan todavía muchos combates, asedios y matanzas antes de que se pueda poner fin al lucha.. Fin |
Notas..
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