III
SOBRE COMO DETERMINAR EL CARÁCTER DE LA GUERRA |
1) Siempre que Alejandro de Macedonia tenía un
ejército fuerte, escogía la clase de guerra en la que él
podía luchar en batalla abierta.
2) Cayo César, en la Guerra Civil, teniendo un
ejército de veteranos y sabiendo que el el enemigo tenía
sólo reclutas recién incorporados, se esforzaba siempre
por luchar en batalla abierta.
3) Fabio Máximo, comprometido en la guerra con
Aníbal, inflado por su éxito en batalla, decidió
evitar cualquier riesgo peligroso y consagrarse solamente a la protección
de Italia. Por esta política se ganó el nombre de Cunctator
("El demorador") y la reputación de un consumado general.
Nota:
Año 217 a.de C. Tito Livio, 22:12 : «El dictador,
habiendo recibido el ejército del cónsul de manos
del legado Fulvio Flaco, marchó a Tíbur, por el territorio
sabino, el día señalado para la reunión de
los nuevos soldados. De allí pasó a Prenesto, y por
caminos de travesía tomó la vía Latina, desde
donde, haciendo reconocer cuidadosamente los caminos, marchó
hacia el enemigo, muy decidido a no intentar fortuna en ninguna
parte, mientras la necesidad no le obligase a ello. El primer día
que acampó cerca de Arpi, en presencia del enemigo, Aníbal
desplegó en el acto su ejército y presentó
batalla; pero en cuanto vió que todo permanecía tranquilo
entre los romanos, y que su campamento continuaba en completa inmovilidad,
exclamó orgullosamente que al fin estaba abatido el ánimo
marcial de los romanos, que la guerra estaba terminada, que claramente
le habían cedido el premio del valor, y de la gloria, y se
retiró a su campamento. Sin embargo, interiormente experimentaba
profunda inquietud porque tenía que habérselas con
un general que en nada se parecía a Flaminio y a Sempronio,
y porque los romanos, aleccionados por la desgracia, habían
elegido al fin un jefe digno de Aníbal. En el primer momento
temió la prudencia si no la energía del dictador.
No habiendo puesto a prueba todavía su constancia,procuró
tentarle e impacientarle, descampando frecuentemente y talando ante
sus ojos los terrenos de los aliados. En tanto desaparecía
rápidamente, en tanto se paraba de repente en algún
recodo que le ocultaba, para ver si podía sorprenderle en
campo raso. Fabio mantenía su ejército en las alturas,
a corta distancia del enemigo, de manera que no pudiese escapar
ni verse tampoco obligado a combatir. Los soldados estaban retenidos
en el campamento a menos de absoluta necesidad; no salían
a forrajear y recoger leña ni en corto número ni en
desorden. Una fuerza de caballería y de tropas ligeras, organizada
y equipada para las alarmas repentinas, cuidaba de la seguridad
de los suyos y castigaba a los merodeadores enemigos que se atrevían
a separarse. El dictador no quería arriesgar un combate general,
sino que con ligeras escaramuzas trabadas sobre seguro y siempre
al alcance de buena retirada, enseñaba a sus soldados, asustados
por las recientes derrotas, a desconfiar menos de su valor y fortuna». |
4) Los bizantinos en su guerra con Filipo, evitando todo
riesgo de batalla, y abandonando incluso la defensa de su territorio,
se retiraron con éxito dentro de los muros de su ciudad, obligando
a Filipo a retirarse, dado que él no pudo soportar el retraso de
un sitio.
|
Nota:
Año 339 a.de C. Justino, 9:1 : «Cuando Filipo
vino una vez a Grecia, atraído por el pillaje de algunas
ciudades, se formó la opinión, por el botín
recogido de tales ciudades de poca nota, de cuan grande debía
ser la riqueza de todas sus ciudades reunidas, y resolvió
hacer la guerra sobre toda la Grecia. Pensando que conduciría
enormemente a la promoción de su plan, si pudiera conseguir
la posesión de Bizancio, una ciudad noble y puerto, que sería
una estación para sus fuerzas por tierra y mar, procedió,
cuando ésta cerró sus puertas ante él, a ponerle
sitio. Esta ciudad había sido fundada por Pausanias, rey
de Esparta, y sostenida por él durante siete años,
pero después, como la fortuna de la guerra variaba, fue considerada
como perteneciendo en un tiempo a los atenienses, y en el otro a
los lacedemonios; y esta incertidumbre sobre su posesión
fue la causa por la que, mientras ningún partido la consideraba
como propia, mantuvo su libertad con la mayor determinación.
Filipo, agotado por la duración del sitio, debió recurrir
a la piratería para abastecerse de dinero, y habiendo capturado
ciento setenta barcos, y vendido sus cargas, pudo por un rato aliviar
su carencias tan ansiadas. Pero para que un ejército tan
gran no fuera desperdiciado en el sitio de una sola ciudad, marchó
lejos con sus mejores tropas, y asaltó algunas ciudades del
Quersoneso. También llamó a su hijo Alejandro, que
tenía entonces dieciocho años, para que se le uniera,
y aprendiera los rudimentos de la guerra en el campamento de su
padre. Hizo una expedición, también, a Escitia, para
conseguir botín, que, después de la práctica
de los comerciantes, le permitió compensar los gastos de
una guerra con las ganancias de la otra». |
5) Asdrúbal, el hijo de Giscón, en la Segunda
Guerra Púnica, distribuyó a su ejército vencedor
entre las ciudades de España cuando Publio Escipión lo presionó
fuertemente. Como resultado, Escipión, para no esparcir sus fuerzas
poniendo sitio a varios pueblos, retiró su ejército a cuarteles
de invierno .
Nota:
Año 207 a.de C. Livio, 27:2-3 : «El cartaginés,
que se habíaa establecido en la Bética para asegurarse
la fidelidad de sus amigos, decampó de pronto, y con rápida
marcha que más narecia fuga que retirada, llegó al
Océano y Cádiz. Pero convencido de que, si conservaba
sus fuerzas formando ejército, seria siempre objeto de los
ataques del enemigo, las repartió en diferentes ciudades,
para que quedasen seguras detrás de las murallas, que a su
vez se encargarían de defender. En cuanto vió Escipión
que la guerra se desparramaba, y que la necesidad de llevar sus
armas de una ciudad a otra le costaría más tiempo
que trabajo, retrocedió». |
6) Temístocles, cuando Jerjes estaba acercándose,
pensando que la fuerza del loos atenienses era desigual para una batalla
en tierra, para la defensa de su territorio, o para el apoyo de un sitio,
les aconsejó que trasladaran a sus esposas y niños a Trecen
y otros pueblos, abandonar la ciudad, y transferir la escena de la guerra
al agua.
Nota:
Año 480 a.de C. Heródoto, 8:41 : «Así
que, retiradas las otras escuadras a Salamina y vueltos a su patria
los Atenienses, luego de llegados mandaron publicar un bando, para
que «cada ciudadano salvase como pudiese a sus hijos y familia,»
en fuerza del cual los más enviaron los suyos a Trecena,
otros a Egina y algunos a Salamina: y en esto de pasar y poner en
seguridad a sus gentes, dábanse mucha prisa por dos motivos:
el uno por deseo de obedecer al oráculo recibido, y el otro,
nada inferior, por lo que voy a decir. Cuéntase entre los
Atenienses que una gran serpiente tiene su morada en el templo de
Minerva como guarda de su ciudadela; y no solamente se cuenta así,
sino que mensualmente le ponen allí su comida, como si en
realidad existiera, y consiste su ración mensual en una torta
con miel. Sucedió, pues, que dicha torta, que siempre en
los tiempos atrás se hallaba comida, entonces apareció
intacta; y como la sacerdotisa de Minerva diese de ello aviso, éste
fue un motivo más para que los Atenienses con mayor empeño
y prontitud dejasen su ciudad, como si la diosa tutelar la hubiese
ya desamparado. Trasportadas, pues, todas sus cosas, hiciéronse
a la vela para ir a juntarse con la otra armada en sus reales». |
7) Pericles hizo la misma cosa en el mismo estado, en
la guerra con los espartanos.
Nota:
Año 431 a.de C. Tucídides, 1:143 : «Nuestros
barcos les impidieron siempre aprender la guerra marítima,
y si se atreviesen a combatir por mar, aun careciendo de experiencia,
si tuvieran numerosa armada y fuese la nuestra pequeña, cuando
vean la nuestra grande, y que les aprieta por todas partes, se guardarán
de andar por mar, no acostumbrándose a ella, y sabrán
poco y servirán para menos. Porque en el arte de la mar,
así como en las otras artes, no basta ejercitarse por algún
tiempo; antes para saberlo y aprender bien, conviene no ejercitarse
en otra cosa. Y si dijeren que tomando el dinero que hay en los
templos de Olimpia y de Delfos nos podrán sonsacar los marineros
que tenemos a sueldo, dándoles mayor cantidad que nosotros,
contestaré que nos causarían daño si éstos
no fuesen, como lo son, nuestros amigos. Además tenemos patrones
y marineros de nuestra nación en mayor número que
todos los otros griegos, y ninguno de los que están a sueldo,
aparte el peligro a que se pone si nos dejare, querría verse
expulsado de nuestra tierra con la esperanza de enriquecerse más
con el partido de ellos que con el nuestro; porque dándoles
mayor sueldo será por menos días que les durará
el nuestro». |
8) Mientras Aníbal estaba demorando en Italia,
Escipión envió un ejército a Africa, y así
forzó a los cartagineses a convocar a Aníbal. De esta manera
transfirió la guerra de su propio país al del enemigo.
Nota:
Año 204 a.de C. Apiano, La guerra de Aníbal, 55 :
«Tal era la situación. En Roma accedieron al consulado
Licinio Craso y Publio Escipión, el conquistador de Iberia.
Craso acampó frente a Aníbal en las cercanías
de Yapigia, en tanto que Escipión advertía al pueblo
que nunca se verían libres del agobio cartaginés y
de Aníbal en Italia, a no ser que un ejército romano
pasara a Africa y llevara el peligro a su patria. Tras insistir
con mucha obstinación y convencer a los que estaban indecisos,
fue elegido él mismo como general para Africa y se hizo a
la mar de inmediato hacia Sicilia». |
9) Cuando los espartanos fortificaron Decelia, una fortaleza
de los atenienses, y hacían frecuentes correrías allí,
los atenienses enviaron una flota para hostigar el Peloponeso, afianzando
así la convocatoria del ejército espartano estacionado en
Decelia.
Nota:
Año 413 a.de C. Tucídides, 7:18 : «Los
lacedemonios, que estaban preparando el socorro por la prisa que
les daban los siracusanos y los corintios, cuando entendieron que
los atenienses enviaban nuevo socorro a Sicilia, así para
estorbar esto como también por consejo de Alcibíades,
determinaron entrar en tierra de Atenas, y ante todas cosas cercar
la villa de Decelia.Emprendieron esto los lacedemonios con más
gusto, porque les parecía que los atenienses, manteniendo
guerra en dos partes, a saber, en Sicilia y en su misma tierra,
estarían más expuestos a ser deshechos, y también
por la justa querella que tenían a causa de haber éstos
empezado la guerra los primeros, cosa totalmente contraria a los
tratos precedentes, cuyo rompimiento comenzó de parte de
los lacedemonios, pues los tebanos invadieron la ciudad de Platea,
sin estar rotos los tratos». |
10) Cuando los germanos, de acuerdo con su costumbre
habitual, siguieron surgiendo de pasturas boscosas y escondrijos no sospechados
para atacar a nuestros hombres, encontrando luego refugio seguro en las
profundidades del bosque, el Emperador César Domiciano Augusto,
avanzando la frontera del Imperio a lo largo de una extensión de
ciento veinte millas, no sólo cambió la naturaleza de la
guerra, sino que llevó a sus enemigos bajo su dominio, destapando
sus escondrijos .
Nota:
Año 83 de Nuestra Era. |
IV.
SOBRE CÓMO CONDUCIR UN EJÉRCITO A TRAVÉS DE
LUGARES INFESTADOS POR EL ENEMIGO. |
1)
Cuando el cónsul Emilio Paulo conducía su ejército
a lo largo de un estrecho camino cerca de la costa en Lucania, y la flota
de los tarentinos, que estaba esperándolo, atacó a sus tropas
por medio de escorpiones, él colocó a prisioneros como una
pantalla a su línea de marcha. No deseando dañar a éstos,
el enemigo cesó en sus ataques.
Nota:
Año 282 a.de C. Dado que ningún Emilio Paulo
llevó adelante la guerra con los tarentinos, este probablemente
sea el Papo aludido en la nota al pie Nº 20. |
2) Agesilao el espartano, volviendo de Frigia cargado
de botín, fue duramente presionado por el enemigo, que aprovechó
su posición para acosar su línea de marcha. Por lo tanto,
él colocó una fila de cautivos en cada flanco de su ejército.
Siendo entonces éstos respetados por el enemigo, los espartanos
encontraron tiempo para pasar.
Nota:
Año 396 a.de C. Polieno, 2:1 § 30 : «Estando
Agesilao en Asia, conducía un botín considerable.
Los bárbaros lo hostigaban, y tiraban contra sus tropas muchas
flechas y venablos. Agesilao tomó a todos los Bárbaros
que tenía cautivos, y habiéndolos atado, los puso
de lado a la cabeza de su ejército. Los enemigos que les
reconocían por ser de los suyos, dejaron de tirar». |
3) El mismo Agesilao, cuando los tebanos dominaban un
paso por el cual él tenía que marchar, cambió su
curso, como si se apresurara hacia Tebas. Entonces, cuando los tebanos
se retiraron alarmados para proteger sus muros, Agesilao reanudó
su marcha y llegó a su objetivo sin oposición.
Nota:
Año 394 o 377 a.de C. Polieno, 2:1 § 24 : «Agesilao,
volviendo de Asia, atravesaba la Beocia. Los tebanos, para cortarle
el paso, se apoderaron de unos lugares muy tupidos que se encontraban
sobre su camino. Agesilao había desdoblado su falange, dando
la orden en público de marchar derecho a Tebas. La ciudad
estaba sin tropa alguna, y los tebanos temieron que sería
rendida sin pena. Ellos dejaron de prisa esos puestos difíciles
que habían ocupado, y Agesilao continuó su camino
con toda seguridad». |
4) Cuando Nicóstrato, rey de los Etolios, estaba
en guerra con los epirotas, y podía entrar en su territorio sólo
por estrechos desfiladeros, apareció en un punto, como intentando
abrirse camino en aquel lugar. Entonces, cuando el cuerpo entero de los
epirotas, se dieron prisa allí para prevenir esto, dejó
a algunos de sus hombres para producir la impresión que su ejército
estaba todavía allí, mientras él mismo, con el resto
de las tropas, entraba por otro lugar, donde no lo esperaban.
5) Autofradates, el persa, conduciendo su ejército
en Pisidia, y descubriendo ciertos pasos ocupados por los pisidios, fingió
quedar frustrado en su plan para cruzar, y comenzó a retirarse.
Cuando los pisidios estuvieron convencidos de esto, al amparo de la noche
envió una muy fuerte fuerza adelante para capturar el mismo lugar,
y al día siguiente envió su ejército entero a través
de él.
Nota:
Año 359 a 330 a.de C. Polieno, 7:17 § 1 : «Autofradates
quería hacer una incursión en el país de los
pisidios, encontrando que la entrada era muy estrecha y estaba bien
guardada. Él se presentó con sus tropas, y como si
hubiera sido repelido por la dificultad de los lugares, se retiró
justo a seis estadios. La noche sobrevino, y los pisidios se imaginaron
que los enemigos se habían retirado completamente, y se fueron
de allí también: cuando Autofradates lo supo, tomó
su infantería armada a la ligera, y a sus soldados que fueran
los más ágiles, y corriendo con una diligencia extrema,
atravesó los pasos estrechos, y asoló el país
de los pisidios». |
6) Cuando Filipo de Macedonia apuntaba a la conquista
de Grecia, oyó que el paso de las Termópilas estaba ocupado
por tropas griegas. En consecuencia, cuando enviados de los etolios vinieron
a demandar para la paz, él los detuvo, mientras se dirigió
a marchas forzadas al paso, y dado que las guardias habían relajado
su vigilancia esperando la vuelta de los enviados, por su inesperada llegada
tuvo éxito en marchar a través del paso.
7) Cuando el general ateniense Ifícrates se embarcó
en una campaña contra el espartano Anaxibio en el Hellesponto cerca
de Abidos, tuvo que conducir su ejército en una ocasión
por sitios ocupados por patrullas enemigas, encerrado por un lado por
montañas con precipicios, y por el otro bañados por el mar.
Por algún tiempo se retrasó, y luego durante un día
excepcionalmente frío, cuando nadie sospechaba tal movimiento,
seleccionó a sus hombres de rostros más rudos, los frotó
con aceite y los calentó con vino, y luego les ordenó que
rodearan el mismo borde del mar, nadando a través de los sitios
que eran demasiado escarpados para pasar. Así, por un inesperado
ataque por la retaguardia, venció a los guardias del desfiladero.
Nota:
Cuando el general ateniense Ifícrates se embarcó
en una campaña contra el espartano Anaxibio en el Hellesponto
cerca de Abidos, tuvo que conducir su ejército en una ocasión
por sitios ocupados por patrullas enemigas, encerrado por un lado
por montañas con precipicios, y por el otro bañados
por el mar. Por algún tiempo se retrasó, y luego durante
un día excepcionalmente frío, cuando nadie sospechaba
tal movimiento, seleccionó a sus hombres de rostros más
rudos, los frotó con aceite y los calentó con vino,
y luego les ordenó que rodearan el mismo borde del mar, nadando
a través de los sitios que eran demasiado escarpados para
pasar. Así, por un inesperado ataque por la retaguardia,
venció a los guardias del desfiladero . |
8) Cuando en una ocasión Cneo Pompeyo se vió
de impedido cruzar un río porque las tropas del enemigo estaban
colocadas en la ribera opuesta, adoptó el ardid de conducir repetidamente
sus tropas fuera del campamento y volver a él. Entonces, cuando
el enemigo fue por fin engañado y relajó su custodia en
los caminos ante el avance romano, hizo una arremetida repentina y efectuó
un cruce.
Nota:
Confrontar con el truco desplegado por los espartanos en
Egos Pótamos, Jenofonte, Helénica, 2:1 § 21 y
ss. |
9) Cuando Poro, un rey de los indios, impedía
a Alejandro de Macedonia conducir sus tropas a través del río
Hidaspes, éste ordenó a sus hombres que hicieran una práctica
de correr hacia el agua. Cuando por esa clase de la maniobra, condujo
a Poro a cuidar la ribera opuesta, él condujo de repente su ejército
a través del río en un punto más alto de la corriente.
Nota:
Año 326 a.de C. Plutarco, Alejandro, 60 :«Lo
relativo a Poro, el mismo Alejandro escribió en sus cartas
como había pasado; porque dice que corriendo de Hidaspes,
en medio de los dos campamentos, tenía Poro colocados al
frente los elefantes para guardar el paso, y que él, por
su parte, movía todos los días mucha, bulla y alboroto
en su campo a fin de acostumbrar a los bárbaros a no hacer
alto en ello ni temerlo; que en una noche de las propias de invierno,
en que no lucía la Luna, tomando algunas tropas de las de
a pie y lo más florido de la caballería, se alejó
mucho de los enemigos y pasó hasta una isleta de no grande
extensión, que allí le cogió una grande lluvia,
y siendo muchos los relámpagos y rayos que parecían
dirigirse al campamento, aun en medio de ver que muchos eran abrasados
y consumidos de ellos, movió de la isleta para pasar a la
opuesta orilla; mas yendo crecido y fuera de madre el Hidaspes a
causa de la tempestad, había hecho una gran rotura e inundación,
corriendo por ellas las aguas en notable cantidad, y pudo ponerse
en el terreno intermedio, con poca seguridad, por ser éste
resbaladizo y estar mojado. Cuéntase haber prorrumpido allí
en esta expresión: “Ahora creeríais ¡oh
Atenienses! cuántos trabajos aguanto por ser celebrado entre
vosotros.” Pero esto quien lo refiere es Onesícrito;
el mismo Alejandro dice que, dejando las lanchas, pasaron armados
la inundación, con agua hasta el pecho. Pasado que hubo,
se adelantó con la caballería unos veinte estadios,
haciendo cuenta que si los enemigos acometiesen con esta arma, mejor
los vencería, y si quisiesen mover su batalla, también
le llegaría a él con anticipación su infantería;
y sucedió lo primero: porque habiendo cargado mil caballos
y sesenta carros, los puso en huída, habiendo tomado todos
los carros y muerto trescientos hombres». |
10) El mismo Alejandro, impedido por el enemigo de cruzar
el río Indo, comenzó a enviar a jinetes al agua en diferentes
puntos y amenazar con efectuar un cruce. Entonces, cuando tenía
a los bárbaros excitados con la expectativa, tomó una isla
un poco más adelante, y desde allí envió tropas a
la ribera que estaba más adelante. Cuando la fuerza entera del
enemigo se largó a toda prisa a vencer a esta línea, él
mismo cruzó sin peligro por vados dejados indefensos y reunió
todas sus tropas.
11) Jenofonte ordenó una vez a sus hombres que
intentaran un cruce en dos sitios, a la vista de armenios que tenía
la posesión de la orilla de enfrente. Siendo rechazado en el punto
bajo, pasó al superior; y cuando tuvo que retroceder desde allí
también por el ataque del enemigo, volvió al cruce inferior,
pero sólo después de ordenar a parte de sus soldados que
permanecieran detrás y cruzar por el paso superior, tan pronto
como los armenios hubieran vuelto para proteger al más bajo. Los
armenios, suponiendo que todos avanzaban al punto inferior, pasaron por
alto a aquellos que permanecían arriba, los que, cruzando el vado
superior sin importunidad, defendieron a sus compañeros cuando
ellos también pasaron.
Nota:
Año 401 a.de C. Jenofonte, Anábasis, 4:3 § 20
: «Quirísofo entró en el río
seguido por sus tropas. Y Jenofonte, con los más ligeros
de la retaguardia, volvió corriendo con todas sus fuerzas
al paso situado frente a las montañas de Armenia como si
se propusiese atravesar el río por este punto y envolver
a la caballería contraria. Los enemigos, al ver que el cuerpo
de Quirísofo atravesaba la corriente sin dificultad y que
los de Jenofonte se volvían atrás corriendo, temerosos
de verse envueltos, huyeron con todas sus fuerzas con dirección
hacia el camino que salía del río. Pero, llegados
a él, tomaron el camino de la montaña. Licio, que
mandaba el escuadrón de la caballería, y Esquines,
que tenía a sus órdenes los peltastas de Quirísofo,
al ver que los enemigos huían velozmente se pusieron a perseguirlos,
y los soldados les daban voces que no se quedasen atrás,
sino que los siguiesen hasta la montaña. Mientras tanto Quirísofo,
después de haber pasado el río, sin cuidarse de perseguir
a la caballería, se dirigió sin perder momento contra
los enemigos que ocupaban más arriba las orillas escarpadas
del río. Y ellos, al ver en fuga a la caballería y
que los hoplitas avanzaban contra ellos, abandonaron las alturas
que dominaban el río». |
12) Cuando Apio Claudio, cónsul en la primera
Guerra Punica, no podía transportar a sus soldados de la vecindad
de Regium a Messina, porque los cartagineses guardaban los estrechos,
hizo correr el rumor que él no podría seguir una guerra
que había sido emprendida sin el apoyo de la gente, y dando una
vuelta completa, fingió poner vela a Italia. Entonces, cuando los
cartagineses se dispersaron, creyendo que él se había ido,
Apio volvió y desembarcó en Sicilia.
Nota:
Año 264 a.de C. Polibio, 1:11 : «El Senado
tampoco se atrevía a decidir, por las razones que hemos apuntado.
Juzgaba que tanto en la injusticia del socorro de los mamertinos,
como en las ventajas que de él podrían provenir, militaban
iguales razones. Pero el pueblo, agobiado por una parte con las
guerras precedentes, y deseando de cualquier modo el restablecimiento
de sus atrasos; por otra haciéndole ver los pretores, a más
de lo dicho, que la guerra, tanto en común como en particular,
traería grandes y conocidas ventajas a cada uno, determinó
enviar el socorro. Expedido el plebiscito (264 años antes
de J. C.), eligen por comandante a Appio Claudio uno de los cónsules,
y le envían con orden de socorrer y pasar a Messina. Entonces
los mamertinos, y con amenazas, ya con engaños, echaron al
Gobernador cartaginés, por quien estaba ya la ciudadela y
llamando a Apio, le entregaron la ciudad. Los cartagineses, creyendo
que su Gobernador había entregado la ciudadela por falta
de valor y de consejo, le dan muerte en la cruz; y situando su armada
naval junto al Peloro, y su ejército de tierra hacia las
Senas, insisten con esfuerzo enel cerco de Messina.
Al mismo tiempo Hierón, creyendo que se le presentaba buena
ocasión para desalojar enteramente de la Sicilia a los bárbaros
que ocupaban a Messina, hace alianza con los cartagineses mueve
su campo de Siracusa y toma el camino de la susodicha ciudad. Acampado
a la parte opuesta, junto al monte Calcidico cierra también
esta salida a los sitiados. Entretanto Appio, general de los romanos,
atravesando de noche el estrecho con indecible valor, entra en Messina.
Pero advirtiendo que los enemigos estrechaban con actividad la ciudad
por todas partes, y reflexionando que el asedio le era de poco honor
y mucho peligro, por estar los enemigos señoreados del mar
y de la tierra, envía primero legados a uno y otro campo,
con el fin de eximir a los mamertinos del peso de la guerra. Pero
no siendo escuchadas sus proposiciones, la necesidad al fin le hizo
tomar el partido de aventurar el trance de una batalla y atacar
primero a los siracusanos. En efecto, saca sus tropas y las ordena
en batalla, a tiempo que Hierón venía determinado
a combatirle. El combate duró largo tiempo; pero al cabo
Appio venció a los contrarios, los persiguió hasta
sus trincheras, y despojados los muertos, retornó otra vez
a la ciudad».
|
13) Cuando ciertos generales espartanos habían
planeado zarpar hacia Siracusa, pero temían a la flota cartaginesa
anclada a lo largo de la orilla, ordenaron que los diez barcos cartagineses
que ellos habían capturado, marcharan adelante como vencedores,
con sus propios buques azotados a su lado o remolcados detrás.
Habiendo engañado a los cartagineses con estas apariencias, los
espartanos tuvieron éxito en pasar.
Nota:
397 a.de C. Polieno, 2:11 : «Mientras que la flota
de Cartago estaba en camino para ir contra Syracuse, Farácidas
se encontró comprometido en medio de sus galeras. Tomó
nueve; y con el fin de que los cartagineses no lo inquietaran en
absoluto en su camino, hizo pasar sobre estas galeras tomadas, a
sus propios remeros y a sus soldados. Al reconocer los cartagineses
sus galeras, los dejaban pasar libremente al puerto de Siracusa».
|
14) No pudiendo Filipo pasar en barco por los estrechos
llamados Stena, porque la flota ateniense mantenía una guardia
en un punto estratégico, escribió a Antipater que la Tracia
estaba en rebelión, y que las guarniciones que él había
dejado habían sido suprimidas, sugiriendo a Antipater que dejara
todos los otros asuntos y lo siguiera. Filipo arregló que esta
carta cayera en manos del enemigo. Los atenienses, imaginando que se habían
asegurado inteligencia secreta de los macedonios, retiraron su flota,
mientras Filipo pasaba por los estrechos sin dificultad alguna para él.
Nota:
340-339 a.de C. Los estrechos de Stena correpondían
al Helesponto. «Stena» (ste??), no es en realidad ningún
nombre geográfico; la palabra significa «estrecho».
Polieno, 4:2 § 8 : «Habiendo marchado contra los amfisensianos,
Filipo se encontró obstruido por los atenienses y tebanos,
quienes se habían hecho dueños de un desfiladero,
que así se aseguraban que él no podría forzar;
y por lo tanto tenía el recurso de la estratagema. Escribió
una carta a Antipatro en Macedonia, informándole que los
tracios estaban en rebelión, y que él estaba obligado
por el momento a aplazar su expedición contra los amfisensianos,
y marchar a Tracia. Esta carta fue enviada por un camino, donde
él sabía que sería interceptada: este debía
ser el caso; y los generales Cares y Proxeno, que mandaron contra
él, después de haber deliberado sobre los contenidos
de la carta, abandonaron el puesto que poseían. Filipo se
sirvió inmediatamente de sus movimientos; y pasando el desfiladero
sin oposición, derrotó después a los aliados,
y tomó Amfisa».
|
15) Ocurrió que el Quersoneso estuvo en un tiempo
controlado por los atenienses, y Philip fue impedido de capturarlo, debido
al hecho que el estrecho estaba dominado por buques no sólo de
los bizantinos, sino también de los rodios y Quianos; pero Filipo
ganó la confianza de estos pueblos, devolviendo su barcos capturados,
como también promesas de paz a ser arregladas entre él y
los bizantinos, quiénes eran la causa de la guerra. Mientras las
negociaciones se prolongaban por algún tiempo y Filipo deliberadamente
seguía cambiando detalles de los términos, en el intervalo
preparó una flota, y eludiendo al enemigo mientras estaba sin guardia,
zarpó repentinamente a los estrechos.
16) Cuando Cabrias, el ateniense, estaba impedido de
asegurar el acceso al puerto de los samios debido al bloqueo enemigo,
envió a algunos de sus propios barcos con órdenes de cruzar
la boca del puerto, pensando que el enemigo de guardia se lanzaría
en persecución. Cuando del enemigo fue apartado por esta astucia,
y nadie presentaba ahora oposición, aseguró la posesión
del puerto con el resto de su flota.
Nota:
Año 388 a.de C. Polieno, 3:11 § 10 : «Cabrias
puso sobre cada uno de sus buques doce soldados, portadores de escudos,
los más ligeros que había, y una noche les hizo desembarcar
en el país enemigo. Él juzgó que los de la
ciudad saldrían en armas para impedir saquear, y se apresuró
a navegar contra la ciudad. Los habitantes al verle, se presentaron
en seguida para impedirle tomarla. Mientras tanto Cabrias, hizo
acercar sus buques de la costa, recuperó allí a sus
portadores de escudos, que habían cargado todo el botín
que habían hecho y se retiró».
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Capítulos
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