SEXTO JULIO FRONTINO

«ESTRATAGEMAS»

LIBRO I

Capítulos I y II - III y IV - V y VI - VII y VIII - IX y X - XI y XII

Traducción y adaptación I. Nachimowicz

 

Frontino.

Dado que sólo yo, de aquéllos interesados en la ciencia militar, he emprendido la tarea de reducir sus reglas a un sistema (1), y dado que parece que he cumplido con ese propósito, tanto como las molestias de mi parte me permitieron lograrlo, me siento todavía bajo la obligación, en orden a completar la tarea que he empezado, a resumir en convenientes bocetos las hábiles operaciones de los generales, que los griegos unifican bajo el único nombre de strategemata.
Porque de este modo los comandantes serán dotados con ejemplos de sabiduría y previsión que servirán para nutrir su propio poder de concebir y ejecutar hechos semejantes. Así resultará que esta ventaja agregada hará que un general no temerá librar su propia estratagema, si la compara con experimentos ya realizados exitosamente.
Yo ni ignoro ni niego el hecho de que los historiadores han incluído también este rasgo en el alcance de sus trabajos, ni que los autores ya han registrado de algún modo todos los ejemplos famosos. Pero yo pienso que debo, fuera de la consideración a los detallistas, tener respeto a la brevedad.
Ya que es una tediosa ocupación buscar ejemplos diferentes esparcidos por sobre el inmenso cuerpo de la historia; y aquéllos que han hecho selecciones de hechos notables, han agobiado al lector con el inmenso volumen del material. Mi esfuerzo se consagrará a la tarea de establecer, como en respuesta a las preguntas, y como la ocasión lo exigirá, el ejemplo aplicable al caso puntual.
Habiendo examinado las categorías, yo tengo de antemano planeada mi campaña, por así decirlo, para la presentación de ejemplos ilustrativos. Es más, para que éstos puedan ser tamizados y clasificados propiamente según la variedad del asunto o materia, yo los he dividido en tres libros. En el primero los ejemplos de estratagemas son para el uso antes que la batalla comience; en el segundo, aquéllos que se relacionan con la batalla propiamente y tienden a causar el sometimiento completo del enemigo; el tercero contiene estratagemas conectadas con los sitios y el levantar sitios. Bajo estas clases sucesivas he agrupado los ejemplos apropiados a cada uno.
No es sino con justicia que yo exigiré indulgencia por este trabajo, y yo ruego que nadie me acuse con negligencia, si encuentra que yo he pasado por encima algún ejemplo. ¡Porque quién podría mostrarse igual ante la tarea de examinar todos los registros que nos han llegado en ambos idiomas! Y así es que yo me he permitido intencionalmente saltar muchas cosas. Que no lo he hecho sin razón, lo comprenderán aquéllos que leyeron los libros de otros que tratan de los mismos asuntos; pero será fácil para el lector proporcionar esos ejemplos bajo cada categoría.
Dado que este trabajo, como mis precedentes, han sido emprendidos para el beneficio de otros, más que por el bien de mi propio renombre, sentiré que estoy siendo ayudado, en lugar de criticado, por aquéllos que harán agregados a él. Si se demuestra que hay personas que muestran interés por estos libros, permítaseles que recuerden la diferencia entre «estrategia» y «estratagemas», qué por naturaleza son sumamente similares.
Pues todo lo logrado por un comandante, sea caracterizado por la previsión, ventaja, empresa, o resolución, pertenecerá al encabezado de «estrategia», mientras que esas cosas que caen bajo algún tipo especial de éstas serán «estratagemas».
La característica esencial de esta última, descansando, como lo hace, en la habilidad y la destreza, es bastante eficaz tanto cuando el enemigo será evadido como cuando será aplastado. Dado que en este campo ciertos resultados llamativos han sido obtenidos por discursos, he consignado ejemplos también de ellos, mbién, así como de hechos.
Los tipos de estratagemas para la guía de un comandante en cuestiones a ser atendidas antes de la batalla:

I. Sobre cómo ocultar los planes de uno.
II. Sobre cómo averiguar los planes del enemigo.
III. Sobre cómo determinar el carácter de la guerra.
IV. Sobre cómo conducir un ejército a través de lugares infestados por el enemigo.
V. Sobre cómo escapar de las situaciones difíciles.
VI. Sobre cómo tender y encontrar emboscadas mientras se está en marcha.

VII. Cómo cómo ocultar la ausencia de las cosas que nos faltan, o de suministrar substitutos para ellas.

VIII. Sobre cómo distraer la atención del enemigo.
IX. Sobre cómo sofocar un motín de soldados.
X. Cómo verificar una intempestiva demanda por batallar.
XI. Cómo despertar el entusiasmo de un ejército por la batalla.
XII. Sobre cómo dispersar los miedos inspirados en los soldados por augurios adversos.

Capítulos I y II - III y IV - V y VI - VII y VIII - IX y X - XI y XII

 

 

III SOBRE COMO DETERMINAR EL CARÁCTER DE LA GUERRA


1) Siempre que Alejandro de Macedonia tenía un ejército fuerte, escogía la clase de guerra en la que él podía luchar en batalla abierta.


2) Cayo César, en la Guerra Civil, teniendo un ejército de veteranos y sabiendo que el el enemigo tenía sólo reclutas recién incorporados, se esforzaba siempre por luchar en batalla abierta.


3) Fabio Máximo, comprometido en la guerra con Aníbal, inflado por su éxito en batalla, decidió evitar cualquier riesgo peligroso y consagrarse solamente a la protección de Italia. Por esta política se ganó el nombre de Cunctator ("El demorador") y la reputación de un consumado general.

Nota: Año 217 a.de C. Tito Livio, 22:12 : «El dictador, habiendo recibido el ejército del cónsul de manos del legado Fulvio Flaco, marchó a Tíbur, por el territorio sabino, el día señalado para la reunión de los nuevos soldados. De allí pasó a Prenesto, y por caminos de travesía tomó la vía Latina, desde donde, haciendo reconocer cuidadosamente los caminos, marchó hacia el enemigo, muy decidido a no intentar fortuna en ninguna parte, mientras la necesidad no le obligase a ello. El primer día que acampó cerca de Arpi, en presencia del enemigo, Aníbal desplegó en el acto su ejército y presentó batalla; pero en cuanto vió que todo permanecía tranquilo entre los romanos, y que su campamento continuaba en completa inmovilidad, exclamó orgullosamente que al fin estaba abatido el ánimo marcial de los romanos, que la guerra estaba terminada, que claramente le habían cedido el premio del valor, y de la gloria, y se retiró a su campamento. Sin embargo, interiormente experimentaba profunda inquietud porque tenía que habérselas con un general que en nada se parecía a Flaminio y a Sempronio, y porque los romanos, aleccionados por la desgracia, habían elegido al fin un jefe digno de Aníbal. En el primer momento temió la prudencia si no la energía del dictador. No habiendo puesto a prueba todavía su constancia,procuró tentarle e impacientarle, descampando frecuentemente y talando ante sus ojos los terrenos de los aliados. En tanto desaparecía rápidamente, en tanto se paraba de repente en algún recodo que le ocultaba, para ver si podía sorprenderle en campo raso. Fabio mantenía su ejército en las alturas, a corta distancia del enemigo, de manera que no pudiese escapar ni verse tampoco obligado a combatir. Los soldados estaban retenidos en el campamento a menos de absoluta necesidad; no salían a forrajear y recoger leña ni en corto número ni en desorden. Una fuerza de caballería y de tropas ligeras, organizada y equipada para las alarmas repentinas, cuidaba de la seguridad de los suyos y castigaba a los merodeadores enemigos que se atrevían a separarse. El dictador no quería arriesgar un combate general, sino que con ligeras escaramuzas trabadas sobre seguro y siempre al alcance de buena retirada, enseñaba a sus soldados, asustados por las recientes derrotas, a desconfiar menos de su valor y fortuna».


4) Los bizantinos en su guerra con Filipo, evitando todo riesgo de batalla, y abandonando incluso la defensa de su territorio, se retiraron con éxito dentro de los muros de su ciudad, obligando a Filipo a retirarse, dado que él no pudo soportar el retraso de un sitio.

Nota: Año 339 a.de C. Justino, 9:1 : «Cuando Filipo vino una vez a Grecia, atraído por el pillaje de algunas ciudades, se formó la opinión, por el botín recogido de tales ciudades de poca nota, de cuan grande debía ser la riqueza de todas sus ciudades reunidas, y resolvió hacer la guerra sobre toda la Grecia. Pensando que conduciría enormemente a la promoción de su plan, si pudiera conseguir la posesión de Bizancio, una ciudad noble y puerto, que sería una estación para sus fuerzas por tierra y mar, procedió, cuando ésta cerró sus puertas ante él, a ponerle sitio. Esta ciudad había sido fundada por Pausanias, rey de Esparta, y sostenida por él durante siete años, pero después, como la fortuna de la guerra variaba, fue considerada como perteneciendo en un tiempo a los atenienses, y en el otro a los lacedemonios; y esta incertidumbre sobre su posesión fue la causa por la que, mientras ningún partido la consideraba como propia, mantuvo su libertad con la mayor determinación. Filipo, agotado por la duración del sitio, debió recurrir a la piratería para abastecerse de dinero, y habiendo capturado ciento setenta barcos, y vendido sus cargas, pudo por un rato aliviar su carencias tan ansiadas. Pero para que un ejército tan gran no fuera desperdiciado en el sitio de una sola ciudad, marchó lejos con sus mejores tropas, y asaltó algunas ciudades del Quersoneso. También llamó a su hijo Alejandro, que tenía entonces dieciocho años, para que se le uniera, y aprendiera los rudimentos de la guerra en el campamento de su padre. Hizo una expedición, también, a Escitia, para conseguir botín, que, después de la práctica de los comerciantes, le permitió compensar los gastos de una guerra con las ganancias de la otra».


5) Asdrúbal, el hijo de Giscón, en la Segunda Guerra Púnica, distribuyó a su ejército vencedor entre las ciudades de España cuando Publio Escipión lo presionó fuertemente. Como resultado, Escipión, para no esparcir sus fuerzas poniendo sitio a varios pueblos, retiró su ejército a cuarteles de invierno .

Nota: Año 207 a.de C. Livio, 27:2-3 : «El cartaginés, que se habíaa establecido en la Bética para asegurarse la fidelidad de sus amigos, decampó de pronto, y con rápida marcha que más narecia fuga que retirada, llegó al Océano y Cádiz. Pero convencido de que, si conservaba sus fuerzas formando ejército, seria siempre objeto de los ataques del enemigo, las repartió en diferentes ciudades, para que quedasen seguras detrás de las murallas, que a su vez se encargarían de defender. En cuanto vió Escipión que la guerra se desparramaba, y que la necesidad de llevar sus armas de una ciudad a otra le costaría más tiempo que trabajo, retrocedió».


6) Temístocles, cuando Jerjes estaba acercándose, pensando que la fuerza del loos atenienses era desigual para una batalla en tierra, para la defensa de su territorio, o para el apoyo de un sitio, les aconsejó que trasladaran a sus esposas y niños a Trecen y otros pueblos, abandonar la ciudad, y transferir la escena de la guerra al agua.

Nota: Año 480 a.de C. Heródoto, 8:41 : «Así que, retiradas las otras escuadras a Salamina y vueltos a su patria los Atenienses, luego de llegados mandaron publicar un bando, para que «cada ciudadano salvase como pudiese a sus hijos y familia,» en fuerza del cual los más enviaron los suyos a Trecena, otros a Egina y algunos a Salamina: y en esto de pasar y poner en seguridad a sus gentes, dábanse mucha prisa por dos motivos: el uno por deseo de obedecer al oráculo recibido, y el otro, nada inferior, por lo que voy a decir. Cuéntase entre los Atenienses que una gran serpiente tiene su morada en el templo de Minerva como guarda de su ciudadela; y no solamente se cuenta así, sino que mensualmente le ponen allí su comida, como si en realidad existiera, y consiste su ración mensual en una torta con miel. Sucedió, pues, que dicha torta, que siempre en los tiempos atrás se hallaba comida, entonces apareció intacta; y como la sacerdotisa de Minerva diese de ello aviso, éste fue un motivo más para que los Atenienses con mayor empeño y prontitud dejasen su ciudad, como si la diosa tutelar la hubiese ya desamparado. Trasportadas, pues, todas sus cosas, hiciéronse a la vela para ir a juntarse con la otra armada en sus reales».


7) Pericles hizo la misma cosa en el mismo estado, en la guerra con los espartanos.

Nota: Año 431 a.de C. Tucídides, 1:143 : «Nuestros barcos les impidieron siempre aprender la guerra marítima, y si se atreviesen a combatir por mar, aun careciendo de experiencia, si tuvieran numerosa armada y fuese la nuestra pequeña, cuando vean la nuestra grande, y que les aprieta por todas partes, se guardarán de andar por mar, no acostumbrándose a ella, y sabrán poco y servirán para menos. Porque en el arte de la mar, así como en las otras artes, no basta ejercitarse por algún tiempo; antes para saberlo y aprender bien, conviene no ejercitarse en otra cosa. Y si dijeren que tomando el dinero que hay en los templos de Olimpia y de Delfos nos podrán sonsacar los marineros que tenemos a sueldo, dándoles mayor cantidad que nosotros, contestaré que nos causarían daño si éstos no fuesen, como lo son, nuestros amigos. Además tenemos patrones y marineros de nuestra nación en mayor número que todos los otros griegos, y ninguno de los que están a sueldo, aparte el peligro a que se pone si nos dejare, querría verse expulsado de nuestra tierra con la esperanza de enriquecerse más con el partido de ellos que con el nuestro; porque dándoles mayor sueldo será por menos días que les durará el nuestro».


8) Mientras Aníbal estaba demorando en Italia, Escipión envió un ejército a Africa, y así forzó a los cartagineses a convocar a Aníbal. De esta manera transfirió la guerra de su propio país al del enemigo.

Nota: Año 204 a.de C. Apiano, La guerra de Aníbal, 55 : «Tal era la situación. En Roma accedieron al consulado Licinio Craso y Publio Escipión, el conquistador de Iberia. Craso acampó frente a Aníbal en las cercanías de Yapigia, en tanto que Escipión advertía al pueblo que nunca se verían libres del agobio cartaginés y de Aníbal en Italia, a no ser que un ejército romano pasara a Africa y llevara el peligro a su patria. Tras insistir con mucha obstinación y convencer a los que estaban indecisos, fue elegido él mismo como general para Africa y se hizo a la mar de inmediato hacia Sicilia».


9) Cuando los espartanos fortificaron Decelia, una fortaleza de los atenienses, y hacían frecuentes correrías allí, los atenienses enviaron una flota para hostigar el Peloponeso, afianzando así la convocatoria del ejército espartano estacionado en Decelia.

Nota: Año 413 a.de C. Tucídides, 7:18 : «Los lacedemonios, que estaban preparando el socorro por la prisa que les daban los siracusanos y los corintios, cuando entendieron que los atenienses enviaban nuevo socorro a Sicilia, así para estorbar esto como también por consejo de Alcibíades, determinaron entrar en tierra de Atenas, y ante todas cosas cercar la villa de Decelia.Emprendieron esto los lacedemonios con más gusto, porque les parecía que los atenienses, manteniendo guerra en dos partes, a saber, en Sicilia y en su misma tierra, estarían más expuestos a ser deshechos, y también por la justa querella que tenían a causa de haber éstos empezado la guerra los primeros, cosa totalmente contraria a los tratos precedentes, cuyo rompimiento comenzó de parte de los lacedemonios, pues los tebanos invadieron la ciudad de Platea, sin estar rotos los tratos».


10) Cuando los germanos, de acuerdo con su costumbre habitual, siguieron surgiendo de pasturas boscosas y escondrijos no sospechados para atacar a nuestros hombres, encontrando luego refugio seguro en las profundidades del bosque, el Emperador César Domiciano Augusto, avanzando la frontera del Imperio a lo largo de una extensión de ciento veinte millas, no sólo cambió la naturaleza de la guerra, sino que llevó a sus enemigos bajo su dominio, destapando sus escondrijos .

Nota: Año 83 de Nuestra Era.

 

IV. SOBRE CÓMO CONDUCIR UN EJÉRCITO A TRAVÉS DE LUGARES INFESTADOS POR EL ENEMIGO.


1) Cuando el cónsul Emilio Paulo conducía su ejército a lo largo de un estrecho camino cerca de la costa en Lucania, y la flota de los tarentinos, que estaba esperándolo, atacó a sus tropas por medio de escorpiones, él colocó a prisioneros como una pantalla a su línea de marcha. No deseando dañar a éstos, el enemigo cesó en sus ataques.

Nota: Año 282 a.de C. Dado que ningún Emilio Paulo llevó adelante la guerra con los tarentinos, este probablemente sea el Papo aludido en la nota al pie Nº 20.


2) Agesilao el espartano, volviendo de Frigia cargado de botín, fue duramente presionado por el enemigo, que aprovechó su posición para acosar su línea de marcha. Por lo tanto, él colocó una fila de cautivos en cada flanco de su ejército. Siendo entonces éstos respetados por el enemigo, los espartanos encontraron tiempo para pasar.

Nota: Año 396 a.de C. Polieno, 2:1 § 30 : «Estando Agesilao en Asia, conducía un botín considerable. Los bárbaros lo hostigaban, y tiraban contra sus tropas muchas flechas y venablos. Agesilao tomó a todos los Bárbaros que tenía cautivos, y habiéndolos atado, los puso de lado a la cabeza de su ejército. Los enemigos que les reconocían por ser de los suyos, dejaron de tirar».


3) El mismo Agesilao, cuando los tebanos dominaban un paso por el cual él tenía que marchar, cambió su curso, como si se apresurara hacia Tebas. Entonces, cuando los tebanos se retiraron alarmados para proteger sus muros, Agesilao reanudó su marcha y llegó a su objetivo sin oposición.

Nota: Año 394 o 377 a.de C. Polieno, 2:1 § 24 : «Agesilao, volviendo de Asia, atravesaba la Beocia. Los tebanos, para cortarle el paso, se apoderaron de unos lugares muy tupidos que se encontraban sobre su camino. Agesilao había desdoblado su falange, dando la orden en público de marchar derecho a Tebas. La ciudad estaba sin tropa alguna, y los tebanos temieron que sería rendida sin pena. Ellos dejaron de prisa esos puestos difíciles que habían ocupado, y Agesilao continuó su camino con toda seguridad».


4) Cuando Nicóstrato, rey de los Etolios, estaba en guerra con los epirotas, y podía entrar en su territorio sólo por estrechos desfiladeros, apareció en un punto, como intentando abrirse camino en aquel lugar. Entonces, cuando el cuerpo entero de los epirotas, se dieron prisa allí para prevenir esto, dejó a algunos de sus hombres para producir la impresión que su ejército estaba todavía allí, mientras él mismo, con el resto de las tropas, entraba por otro lugar, donde no lo esperaban.


5) Autofradates, el persa, conduciendo su ejército en Pisidia, y descubriendo ciertos pasos ocupados por los pisidios, fingió quedar frustrado en su plan para cruzar, y comenzó a retirarse. Cuando los pisidios estuvieron convencidos de esto, al amparo de la noche envió una muy fuerte fuerza adelante para capturar el mismo lugar, y al día siguiente envió su ejército entero a través de él.

Nota: Año 359 a 330 a.de C. Polieno, 7:17 § 1 : «Autofradates quería hacer una incursión en el país de los pisidios, encontrando que la entrada era muy estrecha y estaba bien guardada. Él se presentó con sus tropas, y como si hubiera sido repelido por la dificultad de los lugares, se retiró justo a seis estadios. La noche sobrevino, y los pisidios se imaginaron que los enemigos se habían retirado completamente, y se fueron de allí también: cuando Autofradates lo supo, tomó su infantería armada a la ligera, y a sus soldados que fueran los más ágiles, y corriendo con una diligencia extrema, atravesó los pasos estrechos, y asoló el país de los pisidios».


6) Cuando Filipo de Macedonia apuntaba a la conquista de Grecia, oyó que el paso de las Termópilas estaba ocupado por tropas griegas. En consecuencia, cuando enviados de los etolios vinieron a demandar para la paz, él los detuvo, mientras se dirigió a marchas forzadas al paso, y dado que las guardias habían relajado su vigilancia esperando la vuelta de los enviados, por su inesperada llegada tuvo éxito en marchar a través del paso.

Nota: Año 210 a.de C.


7) Cuando el general ateniense Ifícrates se embarcó en una campaña contra el espartano Anaxibio en el Hellesponto cerca de Abidos, tuvo que conducir su ejército en una ocasión por sitios ocupados por patrullas enemigas, encerrado por un lado por montañas con precipicios, y por el otro bañados por el mar. Por algún tiempo se retrasó, y luego durante un día excepcionalmente frío, cuando nadie sospechaba tal movimiento, seleccionó a sus hombres de rostros más rudos, los frotó con aceite y los calentó con vino, y luego les ordenó que rodearan el mismo borde del mar, nadando a través de los sitios que eran demasiado escarpados para pasar. Así, por un inesperado ataque por la retaguardia, venció a los guardias del desfiladero.

Nota: Cuando el general ateniense Ifícrates se embarcó en una campaña contra el espartano Anaxibio en el Hellesponto cerca de Abidos, tuvo que conducir su ejército en una ocasión por sitios ocupados por patrullas enemigas, encerrado por un lado por montañas con precipicios, y por el otro bañados por el mar. Por algún tiempo se retrasó, y luego durante un día excepcionalmente frío, cuando nadie sospechaba tal movimiento, seleccionó a sus hombres de rostros más rudos, los frotó con aceite y los calentó con vino, y luego les ordenó que rodearan el mismo borde del mar, nadando a través de los sitios que eran demasiado escarpados para pasar. Así, por un inesperado ataque por la retaguardia, venció a los guardias del desfiladero .


8) Cuando en una ocasión Cneo Pompeyo se vió de impedido cruzar un río porque las tropas del enemigo estaban colocadas en la ribera opuesta, adoptó el ardid de conducir repetidamente sus tropas fuera del campamento y volver a él. Entonces, cuando el enemigo fue por fin engañado y relajó su custodia en los caminos ante el avance romano, hizo una arremetida repentina y efectuó un cruce.

Nota: Confrontar con el truco desplegado por los espartanos en Egos Pótamos, Jenofonte, Helénica, 2:1 § 21 y ss.


9) Cuando Poro, un rey de los indios, impedía a Alejandro de Macedonia conducir sus tropas a través del río Hidaspes, éste ordenó a sus hombres que hicieran una práctica de correr hacia el agua. Cuando por esa clase de la maniobra, condujo a Poro a cuidar la ribera opuesta, él condujo de repente su ejército a través del río en un punto más alto de la corriente.

Nota: Año 326 a.de C. Plutarco, Alejandro, 60 :«Lo relativo a Poro, el mismo Alejandro escribió en sus cartas como había pasado; porque dice que corriendo de Hidaspes, en medio de los dos campamentos, tenía Poro colocados al frente los elefantes para guardar el paso, y que él, por su parte, movía todos los días mucha, bulla y alboroto en su campo a fin de acostumbrar a los bárbaros a no hacer alto en ello ni temerlo; que en una noche de las propias de invierno, en que no lucía la Luna, tomando algunas tropas de las de a pie y lo más florido de la caballería, se alejó mucho de los enemigos y pasó hasta una isleta de no grande extensión, que allí le cogió una grande lluvia, y siendo muchos los relámpagos y rayos que parecían dirigirse al campamento, aun en medio de ver que muchos eran abrasados y consumidos de ellos, movió de la isleta para pasar a la opuesta orilla; mas yendo crecido y fuera de madre el Hidaspes a causa de la tempestad, había hecho una gran rotura e inundación, corriendo por ellas las aguas en notable cantidad, y pudo ponerse en el terreno intermedio, con poca seguridad, por ser éste resbaladizo y estar mojado. Cuéntase haber prorrumpido allí en esta expresión: “Ahora creeríais ¡oh Atenienses! cuántos trabajos aguanto por ser celebrado entre vosotros.” Pero esto quien lo refiere es Onesícrito; el mismo Alejandro dice que, dejando las lanchas, pasaron armados la inundación, con agua hasta el pecho. Pasado que hubo, se adelantó con la caballería unos veinte estadios, haciendo cuenta que si los enemigos acometiesen con esta arma, mejor los vencería, y si quisiesen mover su batalla, también le llegaría a él con anticipación su infantería; y sucedió lo primero: porque habiendo cargado mil caballos y sesenta carros, los puso en huída, habiendo tomado todos los carros y muerto trescientos hombres».


10) El mismo Alejandro, impedido por el enemigo de cruzar el río Indo, comenzó a enviar a jinetes al agua en diferentes puntos y amenazar con efectuar un cruce. Entonces, cuando tenía a los bárbaros excitados con la expectativa, tomó una isla un poco más adelante, y desde allí envió tropas a la ribera que estaba más adelante. Cuando la fuerza entera del enemigo se largó a toda prisa a vencer a esta línea, él mismo cruzó sin peligro por vados dejados indefensos y reunió todas sus tropas.


11) Jenofonte ordenó una vez a sus hombres que intentaran un cruce en dos sitios, a la vista de armenios que tenía la posesión de la orilla de enfrente. Siendo rechazado en el punto bajo, pasó al superior; y cuando tuvo que retroceder desde allí también por el ataque del enemigo, volvió al cruce inferior, pero sólo después de ordenar a parte de sus soldados que permanecieran detrás y cruzar por el paso superior, tan pronto como los armenios hubieran vuelto para proteger al más bajo. Los armenios, suponiendo que todos avanzaban al punto inferior, pasaron por alto a aquellos que permanecían arriba, los que, cruzando el vado superior sin importunidad, defendieron a sus compañeros cuando ellos también pasaron.

Nota: Año 401 a.de C. Jenofonte, Anábasis, 4:3 § 20 : «Quirísofo entró en el río seguido por sus tropas. Y Jenofonte, con los más ligeros de la retaguardia, volvió corriendo con todas sus fuerzas al paso situado frente a las montañas de Armenia como si se propusiese atravesar el río por este punto y envolver a la caballería contraria. Los enemigos, al ver que el cuerpo de Quirísofo atravesaba la corriente sin dificultad y que los de Jenofonte se volvían atrás corriendo, temerosos de verse envueltos, huyeron con todas sus fuerzas con dirección hacia el camino que salía del río. Pero, llegados a él, tomaron el camino de la montaña. Licio, que mandaba el escuadrón de la caballería, y Esquines, que tenía a sus órdenes los peltastas de Quirísofo, al ver que los enemigos huían velozmente se pusieron a perseguirlos, y los soldados les daban voces que no se quedasen atrás, sino que los siguiesen hasta la montaña. Mientras tanto Quirísofo, después de haber pasado el río, sin cuidarse de perseguir a la caballería, se dirigió sin perder momento contra los enemigos que ocupaban más arriba las orillas escarpadas del río. Y ellos, al ver en fuga a la caballería y que los hoplitas avanzaban contra ellos, abandonaron las alturas que dominaban el río».


12) Cuando Apio Claudio, cónsul en la primera Guerra Punica, no podía transportar a sus soldados de la vecindad de Regium a Messina, porque los cartagineses guardaban los estrechos, hizo correr el rumor que él no podría seguir una guerra que había sido emprendida sin el apoyo de la gente, y dando una vuelta completa, fingió poner vela a Italia. Entonces, cuando los cartagineses se dispersaron, creyendo que él se había ido, Apio volvió y desembarcó en Sicilia.

Nota: Año 264 a.de C. Polibio, 1:11 : «El Senado tampoco se atrevía a decidir, por las razones que hemos apuntado. Juzgaba que tanto en la injusticia del socorro de los mamertinos, como en las ventajas que de él podrían provenir, militaban iguales razones. Pero el pueblo, agobiado por una parte con las guerras precedentes, y deseando de cualquier modo el restablecimiento de sus atrasos; por otra haciéndole ver los pretores, a más de lo dicho, que la guerra, tanto en común como en particular, traería grandes y conocidas ventajas a cada uno, determinó enviar el socorro. Expedido el plebiscito (264 años antes de J. C.), eligen por comandante a Appio Claudio uno de los cónsules, y le envían con orden de socorrer y pasar a Messina. Entonces los mamertinos, y con amenazas, ya con engaños, echaron al Gobernador cartaginés, por quien estaba ya la ciudadela y llamando a Apio, le entregaron la ciudad. Los cartagineses, creyendo que su Gobernador había entregado la ciudadela por falta de valor y de consejo, le dan muerte en la cruz; y situando su armada naval junto al Peloro, y su ejército de tierra hacia las Senas, insisten con esfuerzo enel cerco de Messina.
Al mismo tiempo Hierón, creyendo que se le presentaba buena ocasión para desalojar enteramente de la Sicilia a los bárbaros que ocupaban a Messina, hace alianza con los cartagineses mueve su campo de Siracusa y toma el camino de la susodicha ciudad. Acampado a la parte opuesta, junto al monte Calcidico cierra también esta salida a los sitiados. Entretanto Appio, general de los romanos, atravesando de noche el estrecho con indecible valor, entra en Messina. Pero advirtiendo que los enemigos estrechaban con actividad la ciudad por todas partes, y reflexionando que el asedio le era de poco honor y mucho peligro, por estar los enemigos señoreados del mar y de la tierra, envía primero legados a uno y otro campo, con el fin de eximir a los mamertinos del peso de la guerra. Pero no siendo escuchadas sus proposiciones, la necesidad al fin le hizo tomar el partido de aventurar el trance de una batalla y atacar primero a los siracusanos. En efecto, saca sus tropas y las ordena en batalla, a tiempo que Hierón venía determinado a combatirle. El combate duró largo tiempo; pero al cabo Appio venció a los contrarios, los persiguió hasta sus trincheras, y despojados los muertos, retornó otra vez a la ciudad».


13) Cuando ciertos generales espartanos habían planeado zarpar hacia Siracusa, pero temían a la flota cartaginesa anclada a lo largo de la orilla, ordenaron que los diez barcos cartagineses que ellos habían capturado, marcharan adelante como vencedores, con sus propios buques azotados a su lado o remolcados detrás. Habiendo engañado a los cartagineses con estas apariencias, los espartanos tuvieron éxito en pasar.

Nota: 397 a.de C. Polieno, 2:11 : «Mientras que la flota de Cartago estaba en camino para ir contra Syracuse, Farácidas se encontró comprometido en medio de sus galeras. Tomó nueve; y con el fin de que los cartagineses no lo inquietaran en absoluto en su camino, hizo pasar sobre estas galeras tomadas, a sus propios remeros y a sus soldados. Al reconocer los cartagineses sus galeras, los dejaban pasar libremente al puerto de Siracusa».


14) No pudiendo Filipo pasar en barco por los estrechos llamados Stena, porque la flota ateniense mantenía una guardia en un punto estratégico, escribió a Antipater que la Tracia estaba en rebelión, y que las guarniciones que él había dejado habían sido suprimidas, sugiriendo a Antipater que dejara todos los otros asuntos y lo siguiera. Filipo arregló que esta carta cayera en manos del enemigo. Los atenienses, imaginando que se habían asegurado inteligencia secreta de los macedonios, retiraron su flota, mientras Filipo pasaba por los estrechos sin dificultad alguna para él.

Nota: 340-339 a.de C. Los estrechos de Stena correpondían al Helesponto. «Stena» (ste??), no es en realidad ningún nombre geográfico; la palabra significa «estrecho». Polieno, 4:2 § 8 : «Habiendo marchado contra los amfisensianos, Filipo se encontró obstruido por los atenienses y tebanos, quienes se habían hecho dueños de un desfiladero, que así se aseguraban que él no podría forzar; y por lo tanto tenía el recurso de la estratagema. Escribió una carta a Antipatro en Macedonia, informándole que los tracios estaban en rebelión, y que él estaba obligado por el momento a aplazar su expedición contra los amfisensianos, y marchar a Tracia. Esta carta fue enviada por un camino, donde él sabía que sería interceptada: este debía ser el caso; y los generales Cares y Proxeno, que mandaron contra él, después de haber deliberado sobre los contenidos de la carta, abandonaron el puesto que poseían. Filipo se sirvió inmediatamente de sus movimientos; y pasando el desfiladero sin oposición, derrotó después a los aliados, y tomó Amfisa».


15) Ocurrió que el Quersoneso estuvo en un tiempo controlado por los atenienses, y Philip fue impedido de capturarlo, debido al hecho que el estrecho estaba dominado por buques no sólo de los bizantinos, sino también de los rodios y Quianos; pero Filipo ganó la confianza de estos pueblos, devolviendo su barcos capturados, como también promesas de paz a ser arregladas entre él y los bizantinos, quiénes eran la causa de la guerra. Mientras las negociaciones se prolongaban por algún tiempo y Filipo deliberadamente seguía cambiando detalles de los términos, en el intervalo preparó una flota, y eludiendo al enemigo mientras estaba sin guardia, zarpó repentinamente a los estrechos.

Nota: Año 339 a.de C.


16) Cuando Cabrias, el ateniense, estaba impedido de asegurar el acceso al puerto de los samios debido al bloqueo enemigo, envió a algunos de sus propios barcos con órdenes de cruzar la boca del puerto, pensando que el enemigo de guardia se lanzaría en persecución. Cuando del enemigo fue apartado por esta astucia, y nadie presentaba ahora oposición, aseguró la posesión del puerto con el resto de su flota.

Nota: Año 388 a.de C. Polieno, 3:11 § 10 : «Cabrias puso sobre cada uno de sus buques doce soldados, portadores de escudos, los más ligeros que había, y una noche les hizo desembarcar en el país enemigo. Él juzgó que los de la ciudad saldrían en armas para impedir saquear, y se apresuró a navegar contra la ciudad. Los habitantes al verle, se presentaron en seguida para impedirle tomarla. Mientras tanto Cabrias, hizo acercar sus buques de la costa, recuperó allí a sus portadores de escudos, que habían cargado todo el botín que habían hecho y se retiró».

 

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