SEXTO JULIO FRONTINO

«ESTRATAGEMAS»

LIBRO I

Capítulos I y II - III y IV - V y VI - VII y VIII - IX y X - XI y XII

Traducción y adaptación I. Nachimowicz

 

Frontino.

Dado que sólo yo, de aquéllos interesados en la ciencia militar, he emprendido la tarea de reducir sus reglas a un sistema (1), y dado que parece que he cumplido con ese propósito, tanto como las molestias de mi parte me permitieron lograrlo, me siento todavía bajo la obligación, en orden a completar la tarea que he empezado, a resumir en convenientes bocetos las hábiles operaciones de los generales, que los griegos unifican bajo el único nombre de strategemata.
Porque de este modo los comandantes serán dotados con ejemplos de sabiduría y previsión que servirán para nutrir su propio poder de concebir y ejecutar hechos semejantes. Así resultará que esta ventaja agregada hará que un general no temerá librar su propia estratagema, si la compara con experimentos ya realizados exitosamente.
Yo ni ignoro ni niego el hecho de que los historiadores han incluído también este rasgo en el alcance de sus trabajos, ni que los autores ya han registrado de algún modo todos los ejemplos famosos. Pero yo pienso que debo, fuera de la consideración a los detallistas, tener respeto a la brevedad.
Ya que es una tediosa ocupación buscar ejemplos diferentes esparcidos por sobre el inmenso cuerpo de la historia; y aquéllos que han hecho selecciones de hechos notables, han agobiado al lector con el inmenso volumen del material. Mi esfuerzo se consagrará a la tarea de establecer, como en respuesta a las preguntas, y como la ocasión lo exigirá, el ejemplo aplicable al caso puntual.
Habiendo examinado las categorías, yo tengo de antemano planeada mi campaña, por así decirlo, para la presentación de ejemplos ilustrativos. Es más, para que éstos puedan ser tamizados y clasificados propiamente según la variedad del asunto o materia, yo los he dividido en tres libros. En el primero los ejemplos de estratagemas son para el uso antes que la batalla comience; en el segundo, aquéllos que se relacionan con la batalla propiamente y tienden a causar el sometimiento completo del enemigo; el tercero contiene estratagemas conectadas con los sitios y el levantar sitios. Bajo estas clases sucesivas he agrupado los ejemplos apropiados a cada uno.
No es sino con justicia que yo exigiré indulgencia por este trabajo, y yo ruego que nadie me acuse con negligencia, si encuentra que yo he pasado por encima algún ejemplo. ¡Porque quién podría mostrarse igual ante la tarea de examinar todos los registros que nos han llegado en ambos idiomas! Y así es que yo me he permitido intencionalmente saltar muchas cosas. Que no lo he hecho sin razón, lo comprenderán aquéllos que leyeron los libros de otros que tratan de los mismos asuntos; pero será fácil para el lector proporcionar esos ejemplos bajo cada categoría.
Dado que este trabajo, como mis precedentes, han sido emprendidos para el beneficio de otros, más que por el bien de mi propio renombre, sentiré que estoy siendo ayudado, en lugar de criticado, por aquéllos que harán agregados a él. Si se demuestra que hay personas que muestran interés por estos libros, permítaseles que recuerden la diferencia entre «estrategia» y «estratagemas», qué por naturaleza son sumamente similares.
Pues todo lo logrado por un comandante, sea caracterizado por la previsión, ventaja, empresa, o resolución, pertenecerá al encabezado de «estrategia», mientras que esas cosas que caen bajo algún tipo especial de éstas serán «estratagemas».
La característica esencial de esta última, descansando, como lo hace, en la habilidad y la destreza, es bastante eficaz tanto cuando el enemigo será evadido como cuando será aplastado. Dado que en este campo ciertos resultados llamativos han sido obtenidos por discursos, he consignado ejemplos también de ellos, mbién, así como de hechos.
Los tipos de estratagemas para la guía de un comandante en cuestiones a ser atendidas antes de la batalla:

I. Sobre cómo ocultar los planes de uno.
II. Sobre cómo averiguar los planes del enemigo.
III. Sobre cómo determinar el carácter de la guerra.
IV. Sobre cómo conducir un ejército a través de lugares infestados por el enemigo.
V. Sobre cómo escapar de las situaciones difíciles.
VI. Sobre cómo tender y encontrar emboscadas mientras se está en marcha.

VII. Cómo cómo ocultar la ausencia de las cosas que nos faltan, o de suministrar substitutos para ellas.

VIII. Sobre cómo distraer la atención del enemigo.
IX. Sobre cómo sofocar un motín de soldados.
X. Cómo verificar una intempestiva demanda por batallar.
XI. Cómo despertar el entusiasmo de un ejército por la batalla.
XII. Sobre cómo dispersar los miedos inspirados en los soldados por augurios adversos.

Capítulos I y II - III y IV - V y VI - VII y VIII - IX y X - XI y XII

 

 

V. SOBRE COMO ESCAPAR DE LAS SITUACIONES DIFICILES


1) Cuando Quinto Sertorio, en la campaña española, deseaba cruzar un río mientras el enemigo lo acosaba por la retaguardia, hizo que sus hombres construyeran un terraplén en forma de media luna en la ribera, lo amontonaran alto con madera, y le prendieran fuego. Cuando el enemigo fue así interceptado, él cruzó la corriente sin obstáculos.

Nota: Años 80 a 72 a.de C.


2) Del mismo modo Pelópidas, el tebano, en la guerra Tesaliana, buscaba cruzar cierta corriente. Eligiendo un sitio encima de la ribera más grande, que era necesaria para su campamento, construyó un terraplén de caballos de frisia (1) y otros materiales, y le prendió fuego. Entonces, mientras el enemigo era mantenido apartado por el fuego, él cruzó la corriente (2).

Nota:

1) Un elemento característico de los castros son las Piedras hincadas o chevaux-de-frise, sistema defensivo que consiste en colocar series de piedras aguzadas y de aristas cortantes, hincadas en el suelo, sobresaliendo entre 0,30 y 0,60m., en la zona más vulnerable del castro, por lo que no siempre acompañan a la muralla en su recorrido.

2) Año 369-364 a.de C. Polieno, 2:4 § 2 : «Pélopidas, que estaba en Tesalia, tenía que pasar un río y no podía, porque tenía los enemigos a la espalda. Acampó a orillas del río, y se atrincheró con estacas y haces de leña que hizo cortar en gran cantidad. Le pegó fuego a la medianoche; por este medio los enemigos se encontraron en la imposibilidad de perseguirlo, y él pasó el río en libertad».


3) Cuando Quinto Lutacio Cátulo fue rechazado por los cimbrios, y su única esperanza de seguridad radicaba en el paso de una corriente cuyas riberas estaban ocupadas por el enemigo, desplegó sus tropas en la montaña más cercana, como si tuviera la intención de acampar allí. Ordenó, entonces a sus hombres que no soltaran sus equipos, o dejaran sus cargas, y no abandonar las filas o los estandartes. A fin de reforzar con más eficacia la impresión sobre el enemigo, ordenó que fueran levantadas unas tiendas de campaña a la vista, y armar fuegos, mientras unos construían un terraplén y otros iban adelante, a la vista, a juntar madera. Los cimbrios, juzgando estos movimientos como genuinos, eligieron también un lugar para un campamento, dispersándose por los campos más cercanos para juntar las provisiones necesarias para su permanencia. De esta manera dieron la oportunidad a Cátulo no simplemente a cruzar la corriente, sino también a atacar su campo.

Nota: Año 102 a.de C.


4) Cuando Creso no podía vadear el Halis, y no tenía, ni barcos, ni medios para construir un puente, comenzó a construir corriente arriba una zanja detrás de su campo, trayendo así el canal del río a la retaguardia de su ejército.

Nota: Año 546 a.de C. Heródoto, 1:75 : «Luego que llegó Creso al río Halis, pasó su ejército por los puentes que, según mi opinión, allí mismo había, a pesar de que los Griegos refieren que fue Tales Milesio quien le facilitó el modo de pasarlo, porque dicen que no sabiendo Creso cómo haría para que pasasen sus tropas a la otra parte del río, por no existir entonces los puentes que hay ahora, Tales, que se hallaba en el campo, le dio un expediente para que el río que corría a la siniestra del ejército corriese también a la derecha. Dicen que por más arriba de los reales hizo abrir un cauce profundo, que en forma de semicírculo cogiese al ejército por las espaldas, y que así extrajo una parte del agua, y volvió a introducirla en el río por más abajo del campo, con lo cual, formándose dos corrientes, quedaron ambas igualmente vadeables; y aun quieren algunos que la madre antigua quedase del todo seca, con lo que yo no me conformo, porque entonces ¿cómo hubieran podido repasar el río cuando estuviesen de vuelta?»


5) Cuando Cneo Pompeyo en Brundisium había planeado dejar Italia y trasladar la guerra a otro campo, ya que César le pisaba los talones, como si estuviera en el el punto de embarque, colocó obstáculos en algunos caminos; a otros los obstruyó por medio de la construcción de muros a través de ellos; a otros las cruzó con trincheras, poniendo agudas estacas, y poniendo barreras cubiertas de tierra a través de las aperturas. A algunos de los caminos que conducían al puerto, los protegió lanzando vigas a través y amontonándolas una sobre otra en un enorme montón. Después de consumar éstos arreglos, deseando producir el aspecto de tener la intención de retener la posesión de la ciudad, dejó a unos arqueros como guardia en los muros; al resto de sus tropas las condujo ordenadamente a los barcos. Entonces, estando él en su curso, los arqueros también se retiraron por caminos familiares, y lo alcanzaron en barcas.

Nota: Año 49 a.de C. Cayo Julio César, Las Guerras Civiles, 1:27-28 : «Ya César tenía fabricada a los nueve días casi la mitad de su obra, cuando vuelven a Brindis remitidas por los cónsules las naves que transportaron a Durazo el primer trozo del ejército. Pompeyo, ya fuese que le daban cuidado las obras de César, o ya que desde el principio hubiese determinado dejar a Italia, al arribo de las naves empezó a disponer el embarco; y a fin de retardar más fácilmente el asalto de César, no fuese que los soldados al tiempo mismo de su partida entrasen la ciudad por fuerza, tapia las puertas, cierra las bocanadas y plazas, corta las entradas con zanjas, hincando en ellas palos y estacas agudas, allanando el piso con zarzos delgados y tierra. Cierra asimismo dos caminos abiertos, que fuera del muro llevaban al puerto, con vigas muy grandes y puntiagudas. Dadas estas disposiciones, manda embarcar en silencio la tropa, y apuesta de trecho a trecho sobre la muralla y las torres algunos soldados ligeros de los voluntarios, flecheros y honderos, con ánimo de hacerlos retirar a cierta seña, embarcada que fuese toda la tropa, y para eso les deja en paraje seguro embarcaciones ligeras».
«Los de Brindis, ofendidos de las extorsiones de la soldadesca de Pompeyo y de los ultrajes de éste, estaban por César; y así como supieron la partida de aquél, mientras andaban ellos arriba y abajo, afanados en aparejar el viaje, no cesaban de hacer señas desde los terrados; por cuyo medio advertido César, manda preparar escalas y armar los soldados, para no perder coyuntura de bien ejecutar el ataque. Pompeyo a boca de noche se hace a la vela. Los que habían quedado de guardia en la muralla son avisados con la seña concertada, y por senderos sabidos van corriendo a embarcarse. Los soldados de César escalan los muros; mas prevenidos por los vecinos que se guardasen de las empalizadas ciegas y zanjas encubiertas, se detuvieron; y guiados por un largo rodeo, llegaron al puerto, donde, metidos en barcas y chalupas, apresaron dos navíos que con tropas estaban encallados en los diques de César».


6) Cuando el cónsul Cayo Duilio fue atrapado por una cadena tirada a través de la entrada al puerto de Siracusa, en la cual él había entrado precipitadamente, reunió a todos sus soldados en las popas de los barcos, y cuando los barcos quedaron así inclinados, él los propulsó avanzado con la plena fuerza de sus remeros. Así se elevó por sobre la cadena, con las proas avanzadas. Cuando esta parte de los barcos pasó, los soldados, volviendo a las proas, las deprimieron, y el peso así transferido a ellas permitió a los barcos pasar sobre la cadena.

Nota: Año 260 a.de C.


7) Cuando Lisandro, el Espartano, fue bloqueado en el puerto de los atenienses (1) con su flota entera, dado que los barcos del enemigo fueron hundidos en el punto donde el mar fluye por una entrada muy estrecha, mandó que sus hombres desembarcaran en secreto. Entonces, colocando sus barcos sobre ruedas, los transportó al puerto vecino de Muniquia (2).

Nota:

1) El Pireo.

2) Año 404 a.de C.


8) Cuando Hirtuleyo, lugarteniente de Quinto Sertorio, conducía unas cohortes un largo y estrecho camino en España, entre dos montañas con precipicios, y se enteró que una destacamento grande del enemigo se acercaba, hizo cavar una zanja a través entre las montañas, la cercó con un terraplén de madera, prendió fuego a éste, y escapó, mientras el enemigo quedó así impedido de atacarlo.

Nota: Años 79 a 75 a.de C.

 


9) Cuando Cayo César condujo sus fuerzas contra Afranio en la Guerra Civil, y no tenía medios para retirarse sin peligro, hizo que la primera y segunda líneas de batalla permanecieran en armas, tal como habían sido preparadas, mientras la tercera se aplicó a trabajar en secreto en la retaguardia, y cavó una zanja de 15 pies de profundidad, tras la línea en la cual los soldados bajo armas se retiraron a la puesta del sol.

Nota: Año 49 a.de C. Cayo Julio César, Las Guerras Civiles, 1:42 : «Al anochecer César metió las legiones dentro de este foso, y en él pasó la noche sobre las armas. Al otro día mantuvo el ejército dentro del foso, y atento que la fagina se había de ir a buscar muy lejos, dio por entonces semejante traza para la obra, señalando cada lado de los reales a cada legión para que cuidase de atrincherarlo, con orden de tirar fosos de la misma grandeza. Las demás legiones puso en orden de batalla, listas contra el enemigo. Afranio y Petreyo, para meter miedo y estorbar los trabajos, sacan fuera sus tropas al pie del monte y provocan a la pelea. Mas ni por eso interrumpe César la obra, fiado en las tres legiones y en el reparo del foso. Ellos, sin detenerse mucho ni alejarse de la falda del cerro, recogen las tropas a sus estancias. Al tercer día César pertrecha los reales con la estacada y manda transportar de los de Fabio las cohortes y el fardaje que allí había dejado».


10) Pericles el ateniense, conducido por los peloponesios a un lugar rodeado por todos lados por acantilados y precipicios y provisto sólo de dos salidas, cavó una zanja de gran anchura en un lado, como para cerrar al enemigo; al otro lado comenzó a construir un camino, como si tuviera la intención de hacer una salida por éste. Los sitiadores, sin suponer que el ejército de Pericles haría su fuga por la zanja que había construido, se había reunido a enfrentarlo en el lado donde estaba el camino. Pero Pericles, atravesando la zanja por puentes que había preparado, liberó a sus hombres sin interferencia alguna.

Nota: Año 430 a.de C.


11) Lisímaco, uno de los herederos del poder de Alejandro, habiendo determinado en una ocasión armar su campamento en una colina alta, fue conducido por descuido de sus hombres a una inferior. Temiendo que el enemigo atacara desde encima, cavó una triple línea de trincheras y rodeó a éstas con un terraplén. Entonces, cavando una sola zanja alrededor de todas las tiendas de campaña, fortificó así el campo entero. Habiendo así cerrado el avance del enemigo, rellenó las zanjas con tierra y hojas, e hizo su camino a través de ellas hacia tierras más altas.

Nota: Años 323 a 281 a.de C.


12) Cayo Fonteyo Craso, estando en España, habiendo partido con tres mil hombres en una expedición para conseguir víveres, fue atrapado en una difícil posición por Asdrúbal. Al anochecer, cuando tal movimiento era menos esperado, comunicando su plan sólo a los centuriones de la primera fila, irrumpió a través de las patrullas del enemigo.


13) Lucio Furio, habiendo conducido su ejército a una posición desfavorable, se determinó a ocultar su ansiedad, no fuera que los demás se alarmaran. Cambiando gradualmente su curso, como planeando atacar al enemigo después de un recorrido más amplio, finalmente revirtió su línea de marcha, y condujo a su ejército atrás sin peligro, sin que ellos supieran lo que pasaba.


14) Cuando el cónsul Cornelio Cosso fue atrapado por el enemigo en una posición desventajosa en la Guerra Samnita, Publio Decio, tribuno de los soldados, lo urgió a enviar una pequeña fuerza para ocupar una colina cercana, y se ofreció como líder de aquellos a quienes debía enviar. El enemigo, así desviado a un sector diferente, permitió que el cónsul escapara, pero rodeó a Decio y lo sitió. Pero Decio, liberándose de este apuro haciendo una salida por la noche, escapó con sus hombres ilesos, y se reunió con el cónsul.

Nota: Año 343 a.de C. Livio, 7:34-35-36 (fragmento muy extenso para ser reproducido).


15) Bajo el cónsul Atilio Calatino fue hecha la misma cosa por un hombre cuyo nombre es diversamente relatado. Unos dicen que se llamaba Laberio, y algunos Quinto Cedicio, pero la mayoría lo da como Calpurnio Flamma. Este hombre, viendo que el ejército había entrado en un valle, que el enemigo había ocupado por todas partes, pidió y recibió del cónsul trescientos soldados. Después de exhortar a éstos a salvar al ejército con su valor, corrió al centro del valle. Para aplastarlo a él y a sus seguidores, el enemigo descendió de todos lados, pero, manteniendo una batalla larga y feroz, dieron así al cónsul una oportunidad para liberar su ejército.

Nota: Año 258 a.de C. Livio, 22:60 : «Citó el ejemplo de nuestros mayores, el de Decio, tribuno de los soldados en el Samnio; y del tiempo de nuestra juventud en la primera guerra púnica, el de Calpurnio Flamma, que, marchando con trescientos voluntarios, para apoderarse de una altura situada en medio de los enemigos, les dijo: "Muramos, soldados, y con nuestra muerte libremos a nuestras regiones rodeadas."»


16) Cuando el ejército del cónsul Quinto Minucio había marchado por un desfiladero de Liguria, y la memoria del desastre de las Horcas Caudinas se presentaba en las mentes de todos, Minucio ordenó a los auxiliares númidas, que parecían de poca monta debido a su propio aspecto salvaje y a sus desgarbados corceles, que montaran a caballo hasta la boca del desfiladero que el enemigo mantenía. El enemigo estaba al principio alerta contra el ataque, y rechazó a las patrullas. Pero cuando los númidas, a fin de inspirar más desprecio aún por ellos, fingieron deliberadamente caerse de sus caballos y se ocuparon en payasadas ridículas, los bárbaros, rompiendo filas ante esa nueva visión, se entregaron completamente al placer del espectáculo. Cuando los númidas notaron esto, gradualmente se acercaron, y espoleando a sus caballos, quebraron la línea ligeramente mantenida por el enemigo. Entonces prendieron fuego a los campos cercanos, de modo que se les hizo necesario a los ligurios retirarse para defender su propio territorio, liberando así a los romanos el cierre del paso.

Nota: Año 193 a.de C. Livio, 35:11 : «Hacía mucho tiempo que no ocurría nada digno de memoria en Liguria. A fines de este año, el cónsul corrió dos veces graves peligros. Su campamento fué saqueado y apenas tuvo tiempo para defenderse; pocos días después, sabiendo los ligurios que había penetrado con su ejército en un desfiladero, corrieron a apoderarse de las gargantas por donde tenía que salir. Encontrando el cónsul cerrada la salida, volvió la espalda y quiso retroceder; pero por este lado ocupaba también el enemigo la garganta. Recordó entonces el cónsul las Horcas Caudinas, y hasta, por decirlo así, se creyó tras-portado a aquel paraje. fatal. Unos ochocientos jinetes númidas formaban parte de las tropas auxiliares, y su jefe ofreció al cónsul forzar el paso por el lado que quisiese. "Solamente —dijo— deseaba saber cuál era la parte del país más habitada, para caer sobre Ios case-ríos e incendiar los edificios, con objeto de obligar por este medio a los ligurios a alejarse de las posiciones que habían tornado y a volar en socorro de sus hogares." El cónsul le prodigó elogios y le hizo esperar grandes recompensas. Los númidas montaron a caballo y marcharon a presentarse ante los puestos enemigos, sin hacer ninguna provocación. A primera vista, nada tan despreciable corno aquella gente. Hombres y caballos eran pequeños y flacos; los jinetes, casi desnudos, no llevaban más armas que venablos; sus caballos no tenían brida y sus movimientos eran desgraciados, corriendo con el cuello tendido y la cabeza alargada. Los númidas, para aumentar el desprecio que inspiraban, se dejaban caer de los caballos, excitando las risas con su fingida torpeza. Así, pues, los ligurios, que al pronto se habían preparado a rechazar un ataque contra sus líneas, abandonaron en seguida en su mayor parte las armas y se pusieron a contemplar ociosamente aquella extraña caballería. Los númidas continuaron sus movimientos, en tanto avanzando, en tanto retrocediendo, pero acercándose poco a poco a la salida del desfiladero, como si no pudiesen dominar sus caballos y les llevasen a pesar suyo. Después, clavando de pronto Ios acicates, pasa-ron rápidamente a través de las lineas enemigas, y, en cuanto llegaron a la llanura, prendieron fuego a todas las casas inmediatas al camino. En seguida corrieron a incendiar los caseríos más cercanos, llevándolo todo a sangre y fuego. La vista del humo primero, después los gritos de los habitantes sorprendidos en sus casas y últimamente la llegada de los ancianos y de los niños que se refugiaban en el campamento, difundieron el espanto; y en seguida, sin tomar consejo, sin esperar órdenes, corrieron los ligurios cada cual por su lado a la defensa de lo suyo. En un instante quedó desierto el campamento, y libre el cónsul pudo continuar su marcha con seguridad».


17) En la Guerra Social, Lucio Sila, sorprendido en un desfiladero cerca de Esernia por el ejército del enemigo bajo las órdenes de Duilio, solicitó una conferencia, pero fracasó en la negociación de términos de paz. Notando, sin embargo, que el enemigo estaba descuidado en su guardia a consecuencia de la tregua, marchó por la noche, dejando sólo a un trompetista, con instrucciones de crear la impresión de la presencia del ejército tocándola en las guardias, reuniéndose a él cuando la cuarta guardia comenzara. De esta manera condujo sus tropas ilesas a un lugar de seguridad, con todo su equipaje y máquinas de guerra.

Nota: Año 90 a.de C.


18) El mismo Sila, luchando en Capadocia contra Arquelao, general de Mitrídates, abrumado por las dificultades del terreno y el gran número del enemigo, propuso la paz. Entonces, aprovechándose de la oportunidad obtenida por la tregua, que sirvió para desviar la vigilancia de su adversario, se escapó de sus manos.

Nota: Año 92 a.de C.


19) Asdrúbal, hermano de Aníbal, imposibilitado de salir de un desfiladero cuya entrada era dominada por el enemigo, entró en negociaciones con Claudio Nerón y prometió retirarse de España si se le permitía marcharse. Entonces, discutiendo los términos, alargó las negociaciones durante varios días, tiempo que él ocupó en el envío de sus tropas en destacamentos por caminos tan estrechos que fueron pasados por alto por los romanos. Finalmente él mismo hizo fácilmente su fuga con el resto, que estaban armados ligeramente.

Nota: Año 211 a.de C. Livio, 26:17 : «Asdrúbal hijo de Amílcar estaba acampado en Peñas Negras, en la Ausetania, paraje situado entre las ciudades de Iliturgis y de Mentisa. Apoderóse Nerón de la entrada de este desfiladero, y Asdrúbal, temiendo verse envuelto, envió un caduceator. prometiendo que, si le dejaban retirarse, abandonará la España con todo su ejército, proposición que el general romano aceptó con regocijo. Asdrúbal pidió en seguida una entrevista para la mañana siguiente, en la que los romanos dictaran las condiciones bajo las cuales se les entregaran las ciudades y fortalezas y señalaran el día en que las guarniciones, sin fraude por una ni otra parte, saldrán con armas y bagajes. En cuanto consiguió lo que pedía, mandó a sus soldados retirar en cuanto declinase el día y durante la noche los bagajes más pesados, sacándolos del desfiladero por todos los medios posibles. Cuidóse mucho de no hacer salir aquella noche sino muy poca gente, porque un número pequeño podía engañar más fácilmente al enemigo a favor del silencio y escapar por senderos estrechos y difíciles. A la mañana siguiente acudieron a la entrevista; pero Asdrúbal consiguió, perdiendo aquel día en palabras y escritos extraños al objeto de la conferencia, aplazarla para el otro día. Durante esta noche, pudieron escapar otros soldados, y tampoco se terminó nada en el día siguiente: empleáronse muchos días de esta manera en discutir abiertamente las condiciones, y muchas noches en ocultar la retirada de los cartagineses. Cuando hubo abandonado el campamento la mayor parte del ejército, Asdrúbal volvió sobre lo convenido anteriormente, y disminuyendo la buena fe con el miedo del peligro, entendíanse cada vez menos. Casi toda la infantería había salido ya del desfiladero, cuan-do densa niebla le cubrió por completo al amanecer, así como las llanuras inmediatas. Queriendo aprovechar aquella circunstancia, hizo Asdrúbal rogar a Nerón que aplazase la conférencia para el día siguiente, prohibiendo la religión a los cartagineses ocuparse en aquellos días de asuntos graves. No levantó sospechas la astucia, y se otorgó el aplazamiento; en el acto salió del campamento Asdrúbal con la caballería y los elefantes, ocupando silenciosamente ventajosa posición. Hacia la hora cuarta disipó el sol la niebla, difundiéndose la luz, y los romanos vieron evacuado el campamento enemigo. Reconociendo al fin Claudio la astucia del cartaginés y viéndose engañado, lanzóse en su persecución que-riendo darle batalla. Pero el enemigo rehusaba el combate, aunque mediaron algunas escaramuzas entre la retaguardia de los cartagineses y los exploradores del ejército romano»


20) Cuando Marco Craso construyó una zanja alrededor de las fuerzas de Espartaco, éste por la noche la llenó de los cuerpos de los prisioneros y ganado que él había matado, y así marchó a través de ella.

Nota: Año 71 a.de C.


21) El mismo Espartaco, sitiado en las cuestas de Vesubio en el punto donde la montaña es más escarpada y que por eso no estaba custodiado, trenzó cuerdas de los mimbres de los bosques. Deslizándoce por éstas, no sólo fugó, sino que apareciendo por otro lugar, golpeó con tal terror sobre Clodio que varias cohortes cedieron el paso ante una fuerza de sólo setenta y cuatro gladiadores.

Nota: Año 73 a.de C. Plutarco, Craso, 9 : «Vino después de Roma en su persecución el pretor Clodio con tres mil hombres, y cercándolos en un monte que no tenía sino una sola subida muy agria y difícil, estableció en ella las convenientes defensas. Por todas las demás partes, el sitio no tenía más que rocas cortadas y grandes despeñaderos; pero como en la cima hubiese parrales nacidos espontáneamente, cortaron los que se hallaban cercados los sarmientos más fuertes y robustos, y formando con ellos escalas consistentes y de grande extensión, tanto que suspendidas por arriba de las puntas de las rocas tocaban por el otro extremo en el suelo, bajaron por ellas todos con seguridad, a excepción de uno sólo, que fue preciso se quedara, a causa de las armas. Mas éste las descolgó luego que los otros bajaron, y después también él se puso en salvo.
De nada de esto tuvieron ni el menor indicio los Romanos, y al hallarse tan repentinamente envueltos, sobresaltados con este incidente, dieron a huir, y aquellos les tomaron el campamento. Reuniéronseles allí muchos vaqueros y otros pastores de aquella comarca, gentes de expeditas manos y de ligeros pies; así, armaron a unos, y a otros los destinaron a comunicar avisos o a las tropas ligeras».


22) Este Espartaco, estando envuelto por las tropas del procónsul Publio Varinio, colocó estaca a intervalos cortos antes de la entrada al campamento; luego colocó cadáveres, vestidos con ropa y munidos con armas, los ató a las estacas para dar el aspecto de centinelas, vistos a la distancia. También encendió fuegos en todas partes del campamento. Engañando al enemigo con este espectáculo vacío, Espartaco, por la noche condujo silenciosamente a salvo a sus tropas.

Nota: Año 73 a.de C.


23) Cuando Brásidas, un general de los Espartanos, fue sorprendido cerca de Anfípolis por huestes de los atenienses que lo superaban en número, permitió que lo envolvieran, a fin de disminuir la densidad de las filas del enemigo, alargando la línea de sitiadores. Entonces él se abrió camino en el punto donde la línea era el sostenida más ligeramente.

Nota: Año 424 ó 422 a.de C. Tucídides, 5:11 : «Entonces Brasidas conoció que ya era tiempo de salir, y viendo que se marchaban los enemigos, dijo a los suyos: «Esta gente no nos aguardará, porque bien veo cómo sus lanzas y celadas se menean, y nunca jamás hicieron esto hombres que tuviesen gana de combatir; por tanto, abrid las puertas, y salgamos todos con buen ánimo a dar sobre ellos con toda diligencia.»
Abiertas las puertas por la parte que Brasidas había ordenado, así las de la ciudad como las de los reparos, y las del muro largo, salió con su gente a buen trote por la senda estrecha donde ahora se ve un trofeo puesto, y dio en medio del escuadrón de los enemigos, que halló confusos por el desorden que tenían, y espantados por la osadía de sus enemigos; inmediatamente volvieron las espaldas y se pusieron en fuga.
Al poco rato salió Cleáridas por la puerta de Tracia, como le habían mandado, y vino por la otra parte a dar sobre los enemigos. Los atenienses, viéndose acometer súbitamente por donde no pensaban, y atajados de todas partes, se asustaron más que antes, de tal manera que los del ala izquierda que habían tomado el camino de Eón diéronse a huir en desorden».


24) Ifícrates, haciendo una campaña en Tracia, teniendo en una ocasión armado su campamentoo en tierras bajas, descubrió por exploradores que la colina vecina estaba dominada por el enemigo, y que de ella bajaba un solo camino que podía ser utilizado para abrumarlo a él y a sus hombres. En consecuencia, dejó a unos pocos hombres en el campamento por la noche, y les ordenó que encendieran varios fuegos. Luego conduciendo adelante sus tropas y distribuyéndolas a lo largo de los lados del camino ya mencionado, permitió a los bárbaros pasar. Cuando de esta manera la desventaja de terreno de la cual él mismo sufrió se volvió contra ellos, con parte de su ejército atacó su retaguardia, mientras que con otra parte capturó su campamento.

Nota: Año 389 a.de C.


25) Darío, a fin de engañar a los escitas, dejó perros y asnos al salir de su campamento. Cuando el enemigo oyó éstos ladridos y rebuznos, imaginaron que Darío estaba todavía allí.

Nota: Año 513 a.de C. Heródoto, 4:135 : «Este fue el parecer que dio Gobrias, y del cual venida apenas la noche se valió Darío, quien dejó en su campo los inválidos y achacosos y a todos aquellos cuya pérdida era de poquísima cuenta, y con ellos también atados todos sus burros. El motivo verdadero de dejar aquellos a animales era para que rebuznasen entretanto con todas sus fuerzas, y el de dejar a los inválidos no era otro realmente que la misma falta de salud y de robustez, si bien de esa misma se valió de pretexto, como si él con la flor de su ejército meditara alguna sorpresa contra el enemigo, durante la cual debieran ellos quedarse para resguardo y defensa de sus reales, conforme lo pedía el estado de su salud. Así que habiendo Darío hecho entender esto a los que dejaba y mandado hacer los fuegos ordinarios, se apresuró a tomar la vuelta del Danubio. Los jumentos que se vieron allí sin la muchedumbre de antes, quejosos también y resentidos, empezaron a rebuznar aun más de lo acostumbrado, y los Escitas que oían aquel estrepitoso concierto estaban sin el menor recelo de la partida, muy creídos que los Persas quedaban allí al par que sus asnos».


26) Para producir una idea falsa parecida en las mentes de nuestros hombres, los ligures, en varios sitios, ataron bueyes con cabestros a los árboles. Los animales, así separados, bramaron sin cesar y produjeron la impresión que los ligures estaban todavía allí.


27) Hanón, estando rodeado por el enemigo, seleccionó el punto en la línea más apropiado para una salida de combate, y, amontonando el equipaje ligero, le prendió fuego. Entonces, cuando el enemigo se retiró para guardar las otras salidas, él dirigió sus hombres directamente a través del fuego, ordenándoles que protegieran sus caras con sus escudos, y sus piernas con su ropa.


28) Aníbal en una ocasión estaba complicado por dificultades del terreno, por la carencia de provisiones, y por la circunstancia de que Fabio Máximo le pisaba los talones. En consecuencia ató bultos de haces de leña encendidos a los cuernos de bueyes, y largó a los animales sueltos por la noche. Cuando las llamas se extendieron, abanicadas por el movimiento, los bueyes, presas del pánico, corrieron como locos aquí y allí sobre las montañas a las cuales habían sido conducidos, iluminando la escena entera. Los romanos, que se habían juntado para presenciar la vista, pensaron al principio que había ocurrido un prodigio. Entonces, cuando los exploradores relataron los hechos, Fabio, temiendo una emboscada, mantuvo a sus hombres en el campamento. Mientras tanto los bárbaros se marcharon, ya que nadie lo evitó .

Nota: Año 217 a.de C. Apiano, La Guerra de Aníbal, 14-15 : «En las inmediaciones de un paso estrecho del que Aníbal no tenía conocimiento previo, Fabio envió por delante cuatro mil hombres y lo ocupó, y él acampó en el lado opuesto con el resto de las tropas sobre una colina bien defendida. Aníbal, al darse cuenta de que había sido copado en medio de Fabio y de los que defendían el paso, tuvo más miedo que nunca. Ya que, en efecto, no tenía escapatoria, pues todo el lugar era escarpado e intransitable y no tenía la esperanza de poder forzar a Fabio o a los del desfiladero a causa de la solidez de su posición. En esta situación desesperada, degolló a los prisioneros de guerra en número de cinco mil, a fin de que en un momento de peligro no le crearan nuevos problemas y colocó antorchas en la cornamenta de cuantos bueyes había en el campamento, que eran muchos. Al llegar la noche, prendió fuego a las antorchas, al tiempo que apagaba todos los demás fuegos del campamento, y ordenó mantener el silencio más absoluto. Mandó a los jóvenes más osados que arreasen con rapidez a los bueyes hacia la zona rocosa que había entre Fabio y el desfiladero. Éstos, aguijoneados por sus conductores y abrasados por el fuego, empezaron a trepar por las escarpas sin vacilación y con furia, caían abajo y de nuevo intentaban la escalada
Los romanos de uno y otro lado, cuando observaron el silencio y la oscuridad en el campamento de Aníbal y, en cambio, luces múltiples y variadas en las monta-ñas, no podían comprender con exactitud lo ocurrido, puesto que era de noche. Fabio imaginó que se trataba de una estratagema de Aníbal, pero como no podía estar seguro, retuvo quieto a su ejército, receloso de la noche. En cambio, los que ocupaban el desfiladero sospecharon lo que precisamente Aníbal deseaba: que él intentaba escapar en un momento de desesperación, forzando el paso a través de los repliegues rocosos, y se lanzaron a la carrera descendiendo hacia el lugar donde vieron las luces, en la idea de que iban a coger a Aníbal en dificultades. Y éste, al verlos descender desde el paso, corrió hacia allí con sus hombres más rápidos sin luz y en silencio para pasar inadvertido. Cuando lo hubo ocupado y consolidó su posición, dio la señal con la trompeta, y el ejército le respondió en el campamento con un grito y encendieron fuego de repente. Justo entonces, los romanos se dieron cuenta del engaño, y el restante ejército de Aníbal y los que conducían los bueyes corrieron hacia el paso sin temor. Una vez que los hubo reunido, prosiguió su avance. Así, en aquella ocasión, Aníbal consiguió salvarse y salvar a su ejército contra toda esperanza, y apresurándose hacia Geronia, una ciudad de Yapigia, que tenía trigo abundante, la tomó y pasó el invierno sin temor, en medio de la abundancia».


VI. SOBRE COMO TENDER Y ENCONTRAR EMBOSCADAS MIENTRAS SE ESTÁ EN MARCHA

1) Cuando Fulvio Nobilior conducía su ejército de Samnium contra los lucanos, y se había enterado por desertores que el enemigo tenía la intención de atacar su retaguardia, ordenó que su legión más valiente fuera a la vanguardia, y el equipaje que la siguiera a la retaguardia. El enemigo, considerando a esta circunstancia como una oportunidad favorable, comenzó a pillar el equipaje. Fulvio entonces ubicó a cinco cohortes de la legión mencionada anteriormente en el lado derecho del camino, y cinco en el izquierdo. Entonces, cuando el enemigo estaba concentrado en el saqueo, Fulvio, desplegando sus tropas en ambos flancos, envolvió al enemigo y lo destrozó.


2) El mismo Nobilior, en una ocasión fue presionado con fuerza desde la retaguardia por el enemigo, mientras él estaba marchando. A través de su ruta corría una corriente, no tan grande como para evitar el paso, pero lo bastante grande como para causar tardanza por la rapidez de la corriente. En el lado más cercano de ésta, Nobilior colocó una legión escondida, a fin de que el enemigo, despreciando su pequeño número, pudiera seguir más audazmente. Cuando esto se cumplió, la legión que había sido fijada para el objetivo, atacó al enemigo emboscado y lo destruyó.


3) Cuando Ifícrates conducía su ejército en Tracia en una larga fila debido a la naturaleza del terreno, y le fue traído el informe que el enemigo planeaba atacar su retaguardia, ordenó que algunas cohortes se retiraran a ambos flancos y se detuvieran, mientras el resto debía acelerar su paso y huir. Pero de la línea completa a medida que pasaba, él retuvo a todos los soldados elegidos. Así, cuando el enemigo estaba ocupado en el promiscuo pillaje, y de hecho estaban ya agotados, mientras sus propios hombres estaban frescos y listos en orden, atacó y derrotó al enemigo y le despojó de su botín.

Nota: Año 389 a.de C. Polieno, 3:9 § 54 : «Ifícrates, estando en los alrededores de Fliunte, tenía un paso difícil de superar. Desdobló las filas de su falange, y los enemigos le atacaban por la retaguardia. Hirieron a muchos de los suyos, y se apropiaron de mucho botín. Él ordenó a su falange que apresurara el paso, tomó con él a los jefes y a los más valientes que encontró a derecha e izquierda, los colocó en orden a la cola de la falange, y los hizo atacar a esa gente ya cansada de la persecución, y ocupados tumultuosamente en pillar el equipaje, matando a varios; pero el número más grande fue hecho prisionero de guerra».


4) Cuando nuestro ejército estaba a punto de pasar por el Bosque Litana, los boios cortaron los árboles por la base, dejándolos sólo con un delgado apoyo para estar de pie, hasta que fueran empujados. Entonces los boios se escondieron en el borde más avanzado de los bosques y cayendo sobre los árboles más cercanos, causaron la caída de aquellos más distantes, tan pronto como nuestros hombres entraron en el bosque. De esa manera sembraron el desastre general entre los romanos, y destruyeron una gran fuerza.

Nota: Año 216 a.de C., Livio 23:24 : «Cuando se ocupaban de estas cosas, recibióse noticia de otra derrota. La fortuna amontonaba desastres aquel año. L. Postumio, cónsul designado, había perecido en la Galia con todo su ejército. Existía una selva inmensa, que los galos llamaban Latina, por la que iba a hacer pasar su ejército. Los galos habían cortado los árboles a derecha e izquierda del camino, de tal manera que, dejándoles en pie, pudiesen caer al impulso más ligero. Postumio tenía dos legiones romanas; y por la parte del mar superior había alistado tantos aliados, que le seguía en el territorio enemigo un ejército de veinticinco mil hombres. Habíanse extendido los galos por el lindero del bosque, lo más lejos posible del camino; y en cuanto el ejército romano penetró en aquel estrecho paso, empujaron los árboles más lejanos cortados por el pie. Cayendo éstos sobre los más cercanos, tan poco estables como los otros y fáciles de derribar, todo quedó aplastado por la confusa caída, armas, hombres y caballos, escapando apenas diez soldados. La mayor parte perecieron abrumados bajo los troncos y rotas ramas de los árboles; otros, asustados por aquel imprevisto golpe, fueron exterminados por los galos, que rodeaban armados toda la extensión del desfiladero. De aquel ejército tan considerable, solamente algunos soldados quedaron prisioneros al procurar ganar el puente, donde les detuvo el enemigo, que ya se había apoderado de R. Allí pereció Postumio, haciendo heroicos esfuerzos para escapar. Los boyos llevaron en triunfo al templo más respetado de su nación los despojos y la cabeza de Postumio; después, vaciando la cabeza y rodeando el cráneo, según la costumbre de aquellos pueblos, con un círculo de oro cincelado, les sirvió de vaso sagrado para ofrecer libaciones en las fiestas solemnes. Ésta fué también la copa del gran pontífice y de los sacerdotes del templo. El botín fué tan considerable para los galos como importante la victoria; porque habían sido aplastados casi todos los animales por la caída de los árboles; no habiendo huidas y por consiguiente dispersión de bagajes, encontraron todos los objetos en el suelo, a lo largo de la línea de cadáveres».

 

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