V.
SOBRE COMO ESCAPAR DE LAS SITUACIONES DIFICILES |
1)
Cuando Quinto Sertorio, en la campaña española, deseaba
cruzar un río mientras el enemigo lo acosaba por la retaguardia,
hizo que sus hombres construyeran un terraplén en forma de media
luna en la ribera, lo amontonaran alto con madera, y le prendieran fuego.
Cuando el enemigo fue así interceptado, él cruzó
la corriente sin obstáculos.
Nota:
Años 80 a 72 a.de C. |
2) Del mismo modo Pelópidas, el tebano, en la
guerra Tesaliana, buscaba cruzar cierta corriente. Eligiendo un sitio
encima de la ribera más grande, que era necesaria para su campamento,
construyó un terraplén de caballos de frisia (1)
y otros materiales, y le prendió fuego. Entonces, mientras el enemigo
era mantenido apartado por el fuego, él cruzó la corriente
(2).
Nota:
1)
Un elemento característico de los castros son las Piedras
hincadas o chevaux-de-frise, sistema defensivo que consiste en
colocar series de piedras aguzadas y de aristas cortantes, hincadas
en el suelo, sobresaliendo entre 0,30 y 0,60m., en la zona más
vulnerable del castro, por lo que no siempre acompañan
a la muralla en su recorrido.
2)
Año 369-364 a.de C. Polieno, 2:4 § 2 :
«Pélopidas, que estaba en Tesalia, tenía que
pasar un río y no podía, porque tenía los
enemigos a la espalda. Acampó a orillas del río,
y se atrincheró con estacas y haces de leña que
hizo cortar en gran cantidad. Le pegó fuego a la medianoche;
por este medio los enemigos se encontraron en la imposibilidad
de perseguirlo, y él pasó el río en libertad».
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3) Cuando Quinto Lutacio Cátulo fue rechazado
por los cimbrios, y su única esperanza de seguridad radicaba en
el paso de una corriente cuyas riberas estaban ocupadas por el enemigo,
desplegó sus tropas en la montaña más cercana, como
si tuviera la intención de acampar allí. Ordenó,
entonces a sus hombres que no soltaran sus equipos, o dejaran sus cargas,
y no abandonar las filas o los estandartes. A fin de reforzar con más
eficacia la impresión sobre el enemigo, ordenó que fueran
levantadas unas tiendas de campaña a la vista, y armar fuegos,
mientras unos construían un terraplén y otros iban adelante,
a la vista, a juntar madera. Los cimbrios, juzgando estos movimientos
como genuinos, eligieron también un lugar para un campamento, dispersándose
por los campos más cercanos para juntar las provisiones necesarias
para su permanencia. De esta manera dieron la oportunidad a Cátulo
no simplemente a cruzar la corriente, sino también a atacar su
campo.
4) Cuando Creso no podía vadear el Halis, y no
tenía, ni barcos, ni medios para construir un puente, comenzó
a construir corriente arriba una zanja detrás de su campo, trayendo
así el canal del río a la retaguardia de su ejército.
Nota:
Año 546 a.de C. Heródoto,
1:75 : «Luego que llegó Creso al río
Halis, pasó su ejército por los puentes que, según
mi opinión, allí mismo había, a pesar de
que los Griegos refieren que fue Tales Milesio quien le facilitó
el modo de pasarlo, porque dicen que no sabiendo Creso cómo
haría para que pasasen sus tropas a la otra parte del río,
por no existir entonces los puentes que hay ahora, Tales, que
se hallaba en el campo, le dio un expediente para que el río
que corría a la siniestra del ejército corriese
también a la derecha. Dicen que por más arriba de
los reales hizo abrir un cauce profundo, que en forma de semicírculo
cogiese al ejército por las espaldas, y que así
extrajo una parte del agua, y volvió a introducirla en
el río por más abajo del campo, con lo cual, formándose
dos corrientes, quedaron ambas igualmente vadeables; y aun quieren
algunos que la madre antigua quedase del todo seca, con lo que
yo no me conformo, porque entonces ¿cómo hubieran
podido repasar el río cuando estuviesen de vuelta?»
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5) Cuando Cneo Pompeyo en Brundisium había planeado
dejar Italia y trasladar la guerra a otro campo, ya que César le
pisaba los talones, como si estuviera en el el punto de embarque, colocó
obstáculos en algunos caminos; a otros los obstruyó por
medio de la construcción de muros a través de ellos; a otros
las cruzó con trincheras, poniendo agudas estacas, y poniendo barreras
cubiertas de tierra a través de las aperturas. A algunos de los
caminos que conducían al puerto, los protegió lanzando vigas
a través y amontonándolas una sobre otra en un enorme montón.
Después de consumar éstos arreglos, deseando producir el
aspecto de tener la intención de retener la posesión de
la ciudad, dejó a unos arqueros como guardia en los muros; al resto
de sus tropas las condujo ordenadamente a los barcos. Entonces, estando
él en su curso, los arqueros también se retiraron por caminos
familiares, y lo alcanzaron en barcas.
Nota:
Año 49 a.de C. Cayo Julio César,
Las Guerras Civiles, 1:27-28 : «Ya César
tenía fabricada a los nueve días casi la mitad de
su obra, cuando vuelven a Brindis remitidas por los cónsules
las naves que transportaron a Durazo el primer trozo del ejército.
Pompeyo, ya fuese que le daban cuidado las obras de César,
o ya que desde el principio hubiese determinado dejar a Italia,
al arribo de las naves empezó a disponer el embarco; y
a fin de retardar más fácilmente el asalto de César,
no fuese que los soldados al tiempo mismo de su partida entrasen
la ciudad por fuerza, tapia las puertas, cierra las bocanadas
y plazas, corta las entradas con zanjas, hincando en ellas palos
y estacas agudas, allanando el piso con zarzos delgados y tierra.
Cierra asimismo dos caminos abiertos, que fuera del muro llevaban
al puerto, con vigas muy grandes y puntiagudas. Dadas estas disposiciones,
manda embarcar en silencio la tropa, y apuesta de trecho a trecho
sobre la muralla y las torres algunos soldados ligeros de los
voluntarios, flecheros y honderos, con ánimo de hacerlos
retirar a cierta seña, embarcada que fuese toda la tropa,
y para eso les deja en paraje seguro embarcaciones ligeras».
«Los de Brindis, ofendidos de las extorsiones de la soldadesca
de Pompeyo y de los ultrajes de éste, estaban por César;
y así como supieron la partida de aquél, mientras
andaban ellos arriba y abajo, afanados en aparejar el viaje, no
cesaban de hacer señas desde los terrados; por cuyo medio
advertido César, manda preparar escalas y armar los soldados,
para no perder coyuntura de bien ejecutar el ataque. Pompeyo a
boca de noche se hace a la vela. Los que habían quedado
de guardia en la muralla son avisados con la seña concertada,
y por senderos sabidos van corriendo a embarcarse. Los soldados
de César escalan los muros; mas prevenidos por los vecinos
que se guardasen de las empalizadas ciegas y zanjas encubiertas,
se detuvieron; y guiados por un largo rodeo, llegaron al puerto,
donde, metidos en barcas y chalupas, apresaron dos navíos
que con tropas estaban encallados en los diques de César».
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6) Cuando el cónsul Cayo Duilio fue atrapado por
una cadena tirada a través de la entrada al puerto de Siracusa,
en la cual él había entrado precipitadamente, reunió
a todos sus soldados en las popas de los barcos, y cuando los barcos quedaron
así inclinados, él los propulsó avanzado con la plena
fuerza de sus remeros. Así se elevó por sobre la cadena,
con las proas avanzadas. Cuando esta parte de los barcos pasó,
los soldados, volviendo a las proas, las deprimieron, y el peso así
transferido a ellas permitió a los barcos pasar sobre la cadena.
7) Cuando Lisandro, el Espartano, fue bloqueado en el
puerto de los atenienses (1) con su flota entera, dado que los barcos
del enemigo fueron hundidos en el punto donde el mar fluye por una entrada
muy estrecha, mandó que sus hombres desembarcaran en secreto. Entonces,
colocando sus barcos sobre ruedas, los transportó al puerto vecino
de Muniquia (2).
Nota:
1)
El
Pireo.
2)
Año 404 a.de C.
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8) Cuando Hirtuleyo, lugarteniente de Quinto Sertorio,
conducía unas cohortes un largo y estrecho camino en España,
entre dos montañas con precipicios, y se enteró que una
destacamento grande del enemigo se acercaba, hizo cavar una zanja a través
entre las montañas, la cercó con un terraplén de
madera, prendió fuego a éste, y escapó, mientras
el enemigo quedó así impedido de atacarlo.
Nota:
Años 79 a 75 a.de C.
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9) Cuando Cayo César condujo sus fuerzas contra
Afranio en la Guerra Civil, y no tenía medios para retirarse sin
peligro, hizo que la primera y segunda líneas de batalla permanecieran
en armas, tal como habían sido preparadas, mientras la tercera
se aplicó a trabajar en secreto en la retaguardia, y cavó
una zanja de 15 pies de profundidad, tras la línea en la cual los
soldados bajo armas se retiraron a la puesta del sol.
Nota:
Año 49 a.de C. Cayo Julio César,
Las Guerras Civiles, 1:42 : «Al anochecer César metió
las legiones dentro de este foso, y en él pasó la
noche sobre las armas. Al otro día mantuvo el ejército
dentro del foso, y atento que la fagina se había de ir
a buscar muy lejos, dio por entonces semejante traza para la obra,
señalando cada lado de los reales a cada legión
para que cuidase de atrincherarlo, con orden de tirar fosos de
la misma grandeza. Las demás legiones puso en orden de
batalla, listas contra el enemigo. Afranio y Petreyo, para meter
miedo y estorbar los trabajos, sacan fuera sus tropas al pie del
monte y provocan a la pelea. Mas ni por eso interrumpe César
la obra, fiado en las tres legiones y en el reparo del foso. Ellos,
sin detenerse mucho ni alejarse de la falda del cerro, recogen
las tropas a sus estancias. Al tercer día César
pertrecha los reales con la estacada y manda transportar de los
de Fabio las cohortes y el fardaje que allí había
dejado».
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10) Pericles el ateniense, conducido por los peloponesios
a un lugar rodeado por todos lados por acantilados y precipicios y provisto
sólo de dos salidas, cavó una zanja de gran anchura en un
lado, como para cerrar al enemigo; al otro lado comenzó a construir
un camino, como si tuviera la intención de hacer una salida por
éste. Los sitiadores, sin suponer que el ejército de Pericles
haría su fuga por la zanja que había construido, se había
reunido a enfrentarlo en el lado donde estaba el camino. Pero Pericles,
atravesando la zanja por puentes que había preparado, liberó
a sus hombres sin interferencia alguna.
11) Lisímaco, uno de los herederos del poder de
Alejandro, habiendo determinado en una ocasión armar su campamento
en una colina alta, fue conducido por descuido de sus hombres a una inferior.
Temiendo que el enemigo atacara desde encima, cavó una triple línea
de trincheras y rodeó a éstas con un terraplén. Entonces,
cavando una sola zanja alrededor de todas las tiendas de campaña,
fortificó así el campo entero. Habiendo así cerrado
el avance del enemigo, rellenó las zanjas con tierra y hojas, e
hizo su camino a través de ellas hacia tierras más altas.
Nota:
Años 323 a 281 a.de C.
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12) Cayo Fonteyo Craso, estando en España, habiendo
partido con tres mil hombres en una expedición para conseguir víveres,
fue atrapado en una difícil posición por Asdrúbal.
Al anochecer, cuando tal movimiento era menos esperado, comunicando su
plan sólo a los centuriones de la primera fila, irrumpió
a través de las patrullas del enemigo.
13) Lucio Furio, habiendo conducido su ejército
a una posición desfavorable, se determinó a ocultar su ansiedad,
no fuera que los demás se alarmaran. Cambiando gradualmente su
curso, como planeando atacar al enemigo después de un recorrido
más amplio, finalmente revirtió su línea de marcha,
y condujo a su ejército atrás sin peligro, sin que ellos
supieran lo que pasaba.
14) Cuando el cónsul Cornelio Cosso fue atrapado
por el enemigo en una posición desventajosa en la Guerra Samnita,
Publio Decio, tribuno de los soldados, lo urgió a enviar una pequeña
fuerza para ocupar una colina cercana, y se ofreció como líder
de aquellos a quienes debía enviar. El enemigo, así desviado
a un sector diferente, permitió que el cónsul escapara,
pero rodeó a Decio y lo sitió. Pero Decio, liberándose
de este apuro haciendo una salida por la noche, escapó con sus
hombres ilesos, y se reunió con el cónsul.
Nota:
Año 343 a.de C. Livio, 7:34-35-36
(fragmento muy extenso para ser reproducido).
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15) Bajo el cónsul Atilio Calatino fue hecha la
misma cosa por un hombre cuyo nombre es diversamente relatado. Unos dicen
que se llamaba Laberio, y algunos Quinto Cedicio, pero la mayoría
lo da como Calpurnio Flamma. Este hombre, viendo que el ejército
había entrado en un valle, que el enemigo había ocupado
por todas partes, pidió y recibió del cónsul trescientos
soldados. Después de exhortar a éstos a salvar al ejército
con su valor, corrió al centro del valle. Para aplastarlo a él
y a sus seguidores, el enemigo descendió de todos lados, pero,
manteniendo una batalla larga y feroz, dieron así al cónsul
una oportunidad para liberar su ejército.
Nota:
Año 258 a.de C. Livio, 22:60 :
«Citó el ejemplo de nuestros mayores, el de Decio,
tribuno de los soldados en el Samnio; y del tiempo de nuestra
juventud en la primera guerra púnica, el de Calpurnio Flamma,
que, marchando con trescientos voluntarios, para apoderarse de
una altura situada en medio de los enemigos, les dijo: "Muramos,
soldados, y con nuestra muerte libremos a nuestras regiones rodeadas."»
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16) Cuando el ejército del cónsul Quinto
Minucio había marchado por un desfiladero de Liguria, y la memoria
del desastre de las Horcas Caudinas se presentaba en las mentes de todos,
Minucio ordenó a los auxiliares númidas, que parecían
de poca monta debido a su propio aspecto salvaje y a sus desgarbados corceles,
que montaran a caballo hasta la boca del desfiladero que el enemigo mantenía.
El enemigo estaba al principio alerta contra el ataque, y rechazó
a las patrullas. Pero cuando los númidas, a fin de inspirar más
desprecio aún por ellos, fingieron deliberadamente caerse de sus
caballos y se ocuparon en payasadas ridículas, los bárbaros,
rompiendo filas ante esa nueva visión, se entregaron completamente
al placer del espectáculo. Cuando los númidas notaron esto,
gradualmente se acercaron, y espoleando a sus caballos, quebraron la línea
ligeramente mantenida por el enemigo. Entonces prendieron fuego a los
campos cercanos, de modo que se les hizo necesario a los ligurios retirarse
para defender su propio territorio, liberando así a los romanos
el cierre del paso.
Nota:
Año 193 a.de C. Livio, 35:11 :
«Hacía mucho tiempo que no ocurría nada digno
de memoria en Liguria. A fines de este año, el cónsul
corrió dos veces graves peligros. Su campamento fué
saqueado y apenas tuvo tiempo para defenderse; pocos días
después, sabiendo los ligurios que había penetrado
con su ejército en un desfiladero, corrieron a apoderarse
de las gargantas por donde tenía que salir. Encontrando
el cónsul cerrada la salida, volvió la espalda y
quiso retroceder; pero por este lado ocupaba también el
enemigo la garganta. Recordó entonces el cónsul
las Horcas Caudinas, y hasta, por decirlo así, se creyó
tras-portado a aquel paraje. fatal. Unos ochocientos jinetes númidas
formaban parte de las tropas auxiliares, y su jefe ofreció
al cónsul forzar el paso por el lado que quisiese. "Solamente
—dijo— deseaba saber cuál era la parte del
país más habitada, para caer sobre Ios case-ríos
e incendiar los edificios, con objeto de obligar por este medio
a los ligurios a alejarse de las posiciones que habían
tornado y a volar en socorro de sus hogares." El cónsul
le prodigó elogios y le hizo esperar grandes recompensas.
Los númidas montaron a caballo y marcharon a presentarse
ante los puestos enemigos, sin hacer ninguna provocación.
A primera vista, nada tan despreciable corno aquella gente. Hombres
y caballos eran pequeños y flacos; los jinetes, casi desnudos,
no llevaban más armas que venablos; sus caballos no tenían
brida y sus movimientos eran desgraciados, corriendo con el cuello
tendido y la cabeza alargada. Los númidas, para aumentar
el desprecio que inspiraban, se dejaban caer de los caballos,
excitando las risas con su fingida torpeza. Así, pues,
los ligurios, que al pronto se habían preparado a rechazar
un ataque contra sus líneas, abandonaron en seguida en
su mayor parte las armas y se pusieron a contemplar ociosamente
aquella extraña caballería. Los númidas continuaron
sus movimientos, en tanto avanzando, en tanto retrocediendo, pero
acercándose poco a poco a la salida del desfiladero, como
si no pudiesen dominar sus caballos y les llevasen a pesar suyo.
Después, clavando de pronto Ios acicates, pasa-ron rápidamente
a través de las lineas enemigas, y, en cuanto llegaron
a la llanura, prendieron fuego a todas las casas inmediatas al
camino. En seguida corrieron a incendiar los caseríos más
cercanos, llevándolo todo a sangre y fuego. La vista del
humo primero, después los gritos de los habitantes sorprendidos
en sus casas y últimamente la llegada de los ancianos y
de los niños que se refugiaban en el campamento, difundieron
el espanto; y en seguida, sin tomar consejo, sin esperar órdenes,
corrieron los ligurios cada cual por su lado a la defensa de lo
suyo. En un instante quedó desierto el campamento, y libre
el cónsul pudo continuar su marcha con seguridad».
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17) En la Guerra Social, Lucio Sila, sorprendido en un
desfiladero cerca de Esernia por el ejército del enemigo bajo las
órdenes de Duilio, solicitó una conferencia, pero fracasó
en la negociación de términos de paz. Notando, sin embargo,
que el enemigo estaba descuidado en su guardia a consecuencia de la tregua,
marchó por la noche, dejando sólo a un trompetista, con
instrucciones de crear la impresión de la presencia del ejército
tocándola en las guardias, reuniéndose a él cuando
la cuarta guardia comenzara. De esta manera condujo sus tropas ilesas
a un lugar de seguridad, con todo su equipaje y máquinas de guerra.
18) El mismo Sila, luchando en Capadocia contra Arquelao,
general de Mitrídates, abrumado por las dificultades del terreno
y el gran número del enemigo, propuso la paz. Entonces, aprovechándose
de la oportunidad obtenida por la tregua, que sirvió para desviar
la vigilancia de su adversario, se escapó de sus manos.
19) Asdrúbal, hermano de Aníbal, imposibilitado
de salir de un desfiladero cuya entrada era dominada por el enemigo, entró
en negociaciones con Claudio Nerón y prometió retirarse
de España si se le permitía marcharse. Entonces, discutiendo
los términos, alargó las negociaciones durante varios días,
tiempo que él ocupó en el envío de sus tropas en
destacamentos por caminos tan estrechos que fueron pasados por alto por
los romanos. Finalmente él mismo hizo fácilmente su fuga
con el resto, que estaban armados ligeramente.
Nota:
Año 211 a.de C. Livio, 26:17 :
«Asdrúbal hijo de Amílcar estaba acampado
en Peñas Negras, en la Ausetania, paraje situado entre
las ciudades de Iliturgis y de Mentisa. Apoderóse Nerón
de la entrada de este desfiladero, y Asdrúbal, temiendo
verse envuelto, envió un caduceator. prometiendo que, si
le dejaban retirarse, abandonará la España con todo
su ejército, proposición que el general romano aceptó
con regocijo. Asdrúbal pidió en seguida una entrevista
para la mañana siguiente, en la que los romanos dictaran
las condiciones bajo las cuales se les entregaran las ciudades
y fortalezas y señalaran el día en que las guarniciones,
sin fraude por una ni otra parte, saldrán con armas y bagajes.
En cuanto consiguió lo que pedía, mandó a
sus soldados retirar en cuanto declinase el día y durante
la noche los bagajes más pesados, sacándolos del
desfiladero por todos los medios posibles. Cuidóse mucho
de no hacer salir aquella noche sino muy poca gente, porque un
número pequeño podía engañar más
fácilmente al enemigo a favor del silencio y escapar por
senderos estrechos y difíciles. A la mañana siguiente
acudieron a la entrevista; pero Asdrúbal consiguió,
perdiendo aquel día en palabras y escritos extraños
al objeto de la conferencia, aplazarla para el otro día.
Durante esta noche, pudieron escapar otros soldados, y tampoco
se terminó nada en el día siguiente: empleáronse
muchos días de esta manera en discutir abiertamente las
condiciones, y muchas noches en ocultar la retirada de los cartagineses.
Cuando hubo abandonado el campamento la mayor parte del ejército,
Asdrúbal volvió sobre lo convenido anteriormente,
y disminuyendo la buena fe con el miedo del peligro, entendíanse
cada vez menos. Casi toda la infantería había salido
ya del desfiladero, cuan-do densa niebla le cubrió por
completo al amanecer, así como las llanuras inmediatas.
Queriendo aprovechar aquella circunstancia, hizo Asdrúbal
rogar a Nerón que aplazase la conférencia para el
día siguiente, prohibiendo la religión a los cartagineses
ocuparse en aquellos días de asuntos graves. No levantó
sospechas la astucia, y se otorgó el aplazamiento; en el
acto salió del campamento Asdrúbal con la caballería
y los elefantes, ocupando silenciosamente ventajosa posición.
Hacia la hora cuarta disipó el sol la niebla, difundiéndose
la luz, y los romanos vieron evacuado el campamento enemigo. Reconociendo
al fin Claudio la astucia del cartaginés y viéndose
engañado, lanzóse en su persecución que-riendo
darle batalla. Pero el enemigo rehusaba el combate, aunque mediaron
algunas escaramuzas entre la retaguardia de los cartagineses y
los exploradores del ejército romano»
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20) Cuando Marco Craso construyó una zanja alrededor
de las fuerzas de Espartaco, éste por la noche la llenó
de los cuerpos de los prisioneros y ganado que él había
matado, y así marchó a través de ella.
21) El mismo Espartaco, sitiado en las cuestas de Vesubio
en el punto donde la montaña es más escarpada y que por
eso no estaba custodiado, trenzó cuerdas de los mimbres de los
bosques. Deslizándoce por éstas, no sólo fugó,
sino que apareciendo por otro lugar, golpeó con tal terror sobre
Clodio que varias cohortes cedieron el paso ante una fuerza de sólo
setenta y cuatro gladiadores.
Nota:
Año 73 a.de C. Plutarco, Craso, 9 : «Vino
después de Roma en su persecución el pretor Clodio
con tres mil hombres, y cercándolos en un monte que no
tenía sino una sola subida muy agria y difícil,
estableció en ella las convenientes defensas. Por todas
las demás partes, el sitio no tenía más que
rocas cortadas y grandes despeñaderos; pero como en la
cima hubiese parrales nacidos espontáneamente, cortaron
los que se hallaban cercados los sarmientos más fuertes
y robustos, y formando con ellos escalas consistentes y de grande
extensión, tanto que suspendidas por arriba de las puntas
de las rocas tocaban por el otro extremo en el suelo, bajaron
por ellas todos con seguridad, a excepción de uno sólo,
que fue preciso se quedara, a causa de las armas. Mas éste
las descolgó luego que los otros bajaron, y después
también él se puso en salvo.
De nada de esto tuvieron ni el menor indicio los Romanos, y al
hallarse tan repentinamente envueltos, sobresaltados con este
incidente, dieron a huir, y aquellos les tomaron el campamento.
Reuniéronseles allí muchos vaqueros y otros pastores
de aquella comarca, gentes de expeditas manos y de ligeros pies;
así, armaron a unos, y a otros los destinaron a comunicar
avisos o a las tropas ligeras».
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22) Este Espartaco, estando envuelto por las tropas del
procónsul Publio Varinio, colocó estaca a intervalos cortos
antes de la entrada al campamento; luego colocó cadáveres,
vestidos con ropa y munidos con armas, los ató a las estacas para
dar el aspecto de centinelas, vistos a la distancia. También encendió
fuegos en todas partes del campamento. Engañando al enemigo con
este espectáculo vacío, Espartaco, por la noche condujo
silenciosamente a salvo a sus tropas.
23) Cuando Brásidas, un general de los Espartanos,
fue sorprendido cerca de Anfípolis por huestes de los atenienses
que lo superaban en número, permitió que lo envolvieran,
a fin de disminuir la densidad de las filas del enemigo, alargando la
línea de sitiadores. Entonces él se abrió camino
en el punto donde la línea era el sostenida más ligeramente.
Nota:
Año 424 ó 422 a.de C. Tucídides,
5:11 : «Entonces Brasidas conoció que ya
era tiempo de salir, y viendo que se marchaban los enemigos, dijo
a los suyos: «Esta gente no nos aguardará, porque
bien veo cómo sus lanzas y celadas se menean, y nunca jamás
hicieron esto hombres que tuviesen gana de combatir; por tanto,
abrid las puertas, y salgamos todos con buen ánimo a dar
sobre ellos con toda diligencia.»
Abiertas las puertas por la parte que Brasidas había ordenado,
así las de la ciudad como las de los reparos, y las del
muro largo, salió con su gente a buen trote por la senda
estrecha donde ahora se ve un trofeo puesto, y dio en medio del
escuadrón de los enemigos, que halló confusos por
el desorden que tenían, y espantados por la osadía
de sus enemigos; inmediatamente volvieron las espaldas y se pusieron
en fuga.
Al poco rato salió Cleáridas por la puerta de Tracia,
como le habían mandado, y vino por la otra parte a dar
sobre los enemigos. Los atenienses, viéndose acometer súbitamente
por donde no pensaban, y atajados de todas partes, se asustaron
más que antes, de tal manera que los del ala izquierda
que habían tomado el camino de Eón diéronse
a huir en desorden».
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24) Ifícrates, haciendo una campaña en
Tracia, teniendo en una ocasión armado su campamentoo en tierras
bajas, descubrió por exploradores que la colina vecina estaba dominada
por el enemigo, y que de ella bajaba un solo camino que podía ser
utilizado para abrumarlo a él y a sus hombres. En consecuencia,
dejó a unos pocos hombres en el campamento por la noche, y les
ordenó que encendieran varios fuegos. Luego conduciendo adelante
sus tropas y distribuyéndolas a lo largo de los lados del camino
ya mencionado, permitió a los bárbaros pasar. Cuando de
esta manera la desventaja de terreno de la cual él mismo sufrió
se volvió contra ellos, con parte de su ejército atacó
su retaguardia, mientras que con otra parte capturó su campamento.
25) Darío, a fin de engañar a los escitas,
dejó perros y asnos al salir de su campamento. Cuando el enemigo
oyó éstos ladridos y rebuznos, imaginaron que Darío
estaba todavía allí.
Nota:
Año 513 a.de C. Heródoto, 4:135 :
«Este fue el parecer que dio Gobrias, y del cual venida
apenas la noche se valió Darío, quien dejó
en su campo los inválidos y achacosos y a todos aquellos
cuya pérdida era de poquísima cuenta, y con ellos
también atados todos sus burros. El motivo verdadero de
dejar aquellos a animales era para que rebuznasen entretanto con
todas sus fuerzas, y el de dejar a los inválidos no era
otro realmente que la misma falta de salud y de robustez, si bien
de esa misma se valió de pretexto, como si él con
la flor de su ejército meditara alguna sorpresa contra
el enemigo, durante la cual debieran ellos quedarse para resguardo
y defensa de sus reales, conforme lo pedía el estado de
su salud. Así que habiendo Darío hecho entender
esto a los que dejaba y mandado hacer los fuegos ordinarios, se
apresuró a tomar la vuelta del Danubio. Los jumentos que
se vieron allí sin la muchedumbre de antes, quejosos también
y resentidos, empezaron a rebuznar aun más de lo acostumbrado,
y los Escitas que oían aquel estrepitoso concierto estaban
sin el menor recelo de la partida, muy creídos que los
Persas quedaban allí al par que sus asnos».
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26) Para producir una idea falsa parecida en las mentes
de nuestros hombres, los ligures, en varios sitios, ataron bueyes con
cabestros a los árboles. Los animales, así separados, bramaron
sin cesar y produjeron la impresión que los ligures estaban todavía
allí.
27) Hanón, estando rodeado por el enemigo, seleccionó
el punto en la línea más apropiado para una salida de combate,
y, amontonando el equipaje ligero, le prendió fuego. Entonces,
cuando el enemigo se retiró para guardar las otras salidas, él
dirigió sus hombres directamente a través del fuego, ordenándoles
que protegieran sus caras con sus escudos, y sus piernas con su ropa.
28) Aníbal en una ocasión estaba complicado
por dificultades del terreno, por la carencia de provisiones, y por la
circunstancia de que Fabio Máximo le pisaba los talones. En consecuencia
ató bultos de haces de leña encendidos a los cuernos de
bueyes, y largó a los animales sueltos por la noche. Cuando las
llamas se extendieron, abanicadas por el movimiento, los bueyes, presas
del pánico, corrieron como locos aquí y allí sobre
las montañas a las cuales habían sido conducidos, iluminando
la escena entera. Los romanos, que se habían juntado para presenciar
la vista, pensaron al principio que había ocurrido un prodigio.
Entonces, cuando los exploradores relataron los hechos, Fabio, temiendo
una emboscada, mantuvo a sus hombres en el campamento. Mientras tanto
los bárbaros se marcharon, ya que nadie lo evitó .
Nota:
Año 217 a.de C. Apiano, La Guerra de Aníbal,
14-15 : «En las inmediaciones de un paso estrecho
del que Aníbal no tenía conocimiento previo, Fabio
envió por delante cuatro mil hombres y lo ocupó,
y él acampó en el lado opuesto con el resto de las
tropas sobre una colina bien defendida. Aníbal, al darse
cuenta de que había sido copado en medio de Fabio y de
los que defendían el paso, tuvo más miedo que nunca.
Ya que, en efecto, no tenía escapatoria, pues todo el lugar
era escarpado e intransitable y no tenía la esperanza de
poder forzar a Fabio o a los del desfiladero a causa de la solidez
de su posición. En esta situación desesperada, degolló
a los prisioneros de guerra en número de cinco mil, a fin
de que en un momento de peligro no le crearan nuevos problemas
y colocó antorchas en la cornamenta de cuantos bueyes había
en el campamento, que eran muchos. Al llegar la noche, prendió
fuego a las antorchas, al tiempo que apagaba todos los demás
fuegos del campamento, y ordenó mantener el silencio más
absoluto. Mandó a los jóvenes más osados
que arreasen con rapidez a los bueyes hacia la zona rocosa que
había entre Fabio y el desfiladero. Éstos, aguijoneados
por sus conductores y abrasados por el fuego, empezaron a trepar
por las escarpas sin vacilación y con furia, caían
abajo y de nuevo intentaban la escalada
Los romanos de uno y otro lado, cuando observaron el silencio
y la oscuridad en el campamento de Aníbal y, en cambio,
luces múltiples y variadas en las monta-ñas, no
podían comprender con exactitud lo ocurrido, puesto que
era de noche. Fabio imaginó que se trataba de una estratagema
de Aníbal, pero como no podía estar seguro, retuvo
quieto a su ejército, receloso de la noche. En cambio,
los que ocupaban el desfiladero sospecharon lo que precisamente
Aníbal deseaba: que él intentaba escapar en un momento
de desesperación, forzando el paso a través de los
repliegues rocosos, y se lanzaron a la carrera descendiendo hacia
el lugar donde vieron las luces, en la idea de que iban a coger
a Aníbal en dificultades. Y éste, al verlos descender
desde el paso, corrió hacia allí con sus hombres
más rápidos sin luz y en silencio para pasar inadvertido.
Cuando lo hubo ocupado y consolidó su posición,
dio la señal con la trompeta, y el ejército le respondió
en el campamento con un grito y encendieron fuego de repente.
Justo entonces, los romanos se dieron cuenta del engaño,
y el restante ejército de Aníbal y los que conducían
los bueyes corrieron hacia el paso sin temor. Una vez que los
hubo reunido, prosiguió su avance. Así, en aquella
ocasión, Aníbal consiguió salvarse y salvar
a su ejército contra toda esperanza, y apresurándose
hacia Geronia, una ciudad de Yapigia, que tenía trigo abundante,
la tomó y pasó el invierno sin temor, en medio de
la abundancia».
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VI.
SOBRE COMO TENDER Y ENCONTRAR EMBOSCADAS MIENTRAS SE ESTÁ
EN MARCHA |
1)
Cuando Fulvio Nobilior conducía su ejército de Samnium contra
los lucanos, y se había enterado por desertores que el enemigo
tenía la intención de atacar su retaguardia, ordenó
que su legión más valiente fuera a la vanguardia, y el equipaje
que la siguiera a la retaguardia. El enemigo, considerando a esta circunstancia
como una oportunidad favorable, comenzó a pillar el equipaje. Fulvio
entonces ubicó a cinco cohortes de la legión mencionada
anteriormente en el lado derecho del camino, y cinco en el izquierdo.
Entonces, cuando el enemigo estaba concentrado en el saqueo, Fulvio, desplegando
sus tropas en ambos flancos, envolvió al enemigo y lo destrozó.
2) El mismo Nobilior, en una ocasión fue presionado
con fuerza desde la retaguardia por el enemigo, mientras él estaba
marchando. A través de su ruta corría una corriente, no
tan grande como para evitar el paso, pero lo bastante grande como para
causar tardanza por la rapidez de la corriente. En el lado más
cercano de ésta, Nobilior colocó una legión escondida,
a fin de que el enemigo, despreciando su pequeño número,
pudiera seguir más audazmente. Cuando esto se cumplió, la
legión que había sido fijada para el objetivo, atacó
al enemigo emboscado y lo destruyó.
3) Cuando Ifícrates conducía su ejército
en Tracia en una larga fila debido a la naturaleza del terreno, y le fue
traído el informe que el enemigo planeaba atacar su retaguardia,
ordenó que algunas cohortes se retiraran a ambos flancos y se detuvieran,
mientras el resto debía acelerar su paso y huir. Pero de la línea
completa a medida que pasaba, él retuvo a todos los soldados elegidos.
Así, cuando el enemigo estaba ocupado en el promiscuo pillaje,
y de hecho estaban ya agotados, mientras sus propios hombres estaban frescos
y listos en orden, atacó y derrotó al enemigo y le despojó
de su botín.
Nota:
Año 389 a.de C. Polieno, 3:9 § 54 :
«Ifícrates, estando en los alrededores de Fliunte,
tenía un paso difícil de superar. Desdobló
las filas de su falange, y los enemigos le atacaban por la retaguardia.
Hirieron a muchos de los suyos, y se apropiaron de mucho botín.
Él ordenó a su falange que apresurara el paso, tomó
con él a los jefes y a los más valientes que encontró
a derecha e izquierda, los colocó en orden a la cola de
la falange, y los hizo atacar a esa gente ya cansada de la persecución,
y ocupados tumultuosamente en pillar el equipaje, matando a varios;
pero el número más grande fue hecho prisionero de
guerra».
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4) Cuando nuestro ejército estaba a punto de pasar
por el Bosque Litana, los boios cortaron los árboles por la base,
dejándolos sólo con un delgado apoyo para estar de pie,
hasta que fueran empujados. Entonces los boios se escondieron en el borde
más avanzado de los bosques y cayendo sobre los árboles
más cercanos, causaron la caída de aquellos más distantes,
tan pronto como nuestros hombres entraron en el bosque. De esa manera
sembraron el desastre general entre los romanos, y destruyeron una gran
fuerza.
Nota:
Año 216 a.de C., Livio 23:24 : «Cuando
se ocupaban de estas cosas, recibióse noticia de otra derrota.
La fortuna amontonaba desastres aquel año. L. Postumio,
cónsul designado, había perecido en la Galia con
todo su ejército. Existía una selva inmensa, que
los galos llamaban Latina, por la que iba a hacer pasar su ejército.
Los galos habían cortado los árboles a derecha e
izquierda del camino, de tal manera que, dejándoles en
pie, pudiesen caer al impulso más ligero. Postumio tenía
dos legiones romanas; y por la parte del mar superior había
alistado tantos aliados, que le seguía en el territorio
enemigo un ejército de veinticinco mil hombres. Habíanse
extendido los galos por el lindero del bosque, lo más lejos
posible del camino; y en cuanto el ejército romano penetró
en aquel estrecho paso, empujaron los árboles más
lejanos cortados por el pie. Cayendo éstos sobre los más
cercanos, tan poco estables como los otros y fáciles de
derribar, todo quedó aplastado por la confusa caída,
armas, hombres y caballos, escapando apenas diez soldados. La
mayor parte perecieron abrumados bajo los troncos y rotas ramas
de los árboles; otros, asustados por aquel imprevisto golpe,
fueron exterminados por los galos, que rodeaban armados toda la
extensión del desfiladero. De aquel ejército tan
considerable, solamente algunos soldados quedaron prisioneros
al procurar ganar el puente, donde les detuvo el enemigo, que
ya se había apoderado de R. Allí pereció
Postumio, haciendo heroicos esfuerzos para escapar. Los boyos
llevaron en triunfo al templo más respetado de su nación
los despojos y la cabeza de Postumio; después, vaciando
la cabeza y rodeando el cráneo, según la costumbre
de aquellos pueblos, con un círculo de oro cincelado, les
sirvió de vaso sagrado para ofrecer libaciones en las fiestas
solemnes. Ésta fué también la copa del gran
pontífice y de los sacerdotes del templo. El botín
fué tan considerable para los galos como importante la
victoria; porque habían sido aplastados casi todos los
animales por la caída de los árboles; no habiendo
huidas y por consiguiente dispersión de bagajes, encontraron
todos los objetos en el suelo, a lo largo de la línea de
cadáveres».
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