I.
SOBRE COMO OCULTAR LOS PROPIOS PLANES |
1) Marco Porcio Catón creía que, si se
les presentaba la oportunidad, las ciudades españolas qué
él había dominado, se sublevarían, confiadas en la
protección de sus muros. Él escribió, por consiguiente,
a cada una de las ciudades, ordenándoles que destruyeran sus fortificaciones,
amenazándolas con la guerra a menos que obedecieran inmediatamente,
y ordenó que estas cartas fueran entregadas a todas las ciudades
en el mismo día. Cada ciudad supuso que ella sola había
recibido las órdenes; si hubieran sabido que las mismos órdenes
habían sido enviadas a todas, podrían haber unido sus fuerzas
y rehusarse a obedecer.
Nota:
Memorias de Catón, año 195 a.de C., recogidas por
Apiano, Sobre Iberia, 41 : «Todos le enviaban emisarios
y él les exigió otros rehenes, envió cartas
selladas a cada una de las ciudades y ordenó a sus portadores
entregarlas, todas, en un mismo día. El día lo fijó
calculando el tiempo que aproximadamente tardarían en llegar
a la ciudad más distante. Las cartas ordenaban a los magistrados
de todas las ciudades que destruyesen sus murallas en el mismo día
que recibieran la orden y, en el caso de que lo aplazaran, les amenazaba
con la esclavitud. Éstos, vencidos recientemente en una gran
batalla y dado que desconocían si estas órdenes se
las habían dado a ellos solos o a todos, temían ser
objeto de desprecio, con toda razón, si eran los únicos,
pero si era a todos, los otros también tenían miedo
de ser los únicos en demorarse y, puesto que no había
oportunidad de comunicarse unos con otros por medio de emisarios
y sentían preocupación por los soldados que habían
venido con las cartas y que permanecían ante ellos, estimando
cada uno su propia seguridad como lo más ventajoso, destruyeron
con prontitud las murallas. Pues, una vez que se decidieron a obedecer,
pusieron el máximo celo en tener en su haber, además,
una pronta ejecución. De este modo y gracias a una sola estratagema,
las ciudades ubicadas a lo largo del río Ebro destruyeron
sus murallas en un solo día, y en el futuro, al ser muy accesibles
a los romanos, permanecieron durante un largo tiempo en paz». |
2)
Himilcón, el general cartaginés, deseando desembarcar en
Sicilia por sorpresa, no hizo anuncio público alguno acerca del
destino de su viaje, pero dió a todos los capitanes cartas selladas,
en las que había instrucciones sobre a qué puerto llegar,
con directivas adicionales que nadie debía leer, a menos que quedara
separado del buque insignia por una tormenta violenta.
|
Nota:
Memorias de Himilcón, año 396 a.de C., recogidas por
Polieno, Estratagemas, 5:10 § 2 : «Cuando Himilcón
levó anclas de noche con la flota cartaginesa en una expedición
a Sicilia, dio a los patrones de las naves tablillas selladas en
las que escribió el lugar de su destino, de modo que, si
quedaban separados del resto, podían saber hacia qué
puerto dirigirse, sin revelar el propósito confidencial de
la expedición para que los desertores no lo transmitieran.
Y cubrió el frente de sus lámparas, para que el enemigo
no pudiera enterarse de su invasión, viendo sus luces a la
distancia». |
3)
Cuando Cayo Lelio fue como enviado a Sífax, llevó con él
como espías a ciertos tribunos y centuriones a quienes él
presentó como esclavos y sirvientes. Uno de estos, Lucio Estatorio,
que había estado bastante frecuentemente en el mismo campamento,
y a quien alguien del enemigo pareció reconocer, Lelio lo golpeó
con su bastón como a un esclavo, tratando de ocultar el rango del
castigado.
| Nota:
Año 203, a.de C., anécdota recogida por Tito Livio,
30:4, en la que, sin embargo Livio no menciona a ningún
Lucio Esteatorio : «Con los agentes que enviaba a Sifax iban
también como comitiva, y con disfraz de esclavos, aquellos
oficiales suyos cuyo valor y prudencia conocía: éstos
aprovechaban el tiempo de la entrevista para pasear por el campamento
de un lado a otro, examinando las entradas y salidas, su situación
y forma en sus detalles y conjunto, los cuarteles de los cartagineses
y de los númidas, el intervalo que había entre el
campamento de Asdrúbal y el del rey, la manera de estar colocados
los centinelas y guardias, para asegurarse si convendría
más la noche o el día para una sorpresa. Gracias a
la frecuencia de las entrevistas, de intento enviaba unas veces
a unos y otras a otros, para que conociesen todos aquellos detalles
el mayor número posible de romanos». |
4) Tarquino el Soberbio, habiendo decidido que los ciudadanos
principales de Gabii debían ser ejeutados, y no deseando confiar
este propósito a cualquiera, no dio contestación alguna
al mensajero enviado a él por su hijo, sino que meramente cortó
las flores de las amapolas más altas con su bastón, mientras
caminaba por el jardín. El mensajero, volviendo sin una respuesta,
informó al joven Tarquino eso que él había visto
haciendo a su padre. El hijo entonces entendió que la misma cosa
debía ser hecha con los ciudadanos prominentes de Gabii (5).
| Nota:
Tito Livio, 1:54 : «Cuando se creyó bastante
fuerte para intentarlo todo, envió a su padre uno de los
suyos, con encargo de preguntarle lo que debía hacer, ahora
que los dioses le habían concedido autoridad absoluta en
la ciudad de Gabinia. Creo que el mensajero no debió parecer
bastante seguro, porque no recibió contestación alguna
verbal, sino que Tarquino, muy pensativo, pasó a los jardines
de palacio, seguido por el enviado de su hijo. Dicese que paseando
en silencio, derribaba con una varilla las adormideras más
altas. Cansado de preguntar y de esperar contestación, el
mensajero regresó a Gabinia, creyendo haber fracasado en
su misión. Refirió lo que había dicho, lo que
había visto; añadiendo que el rey, bien por odio,
bien por cólera, o por aquel orgullo que le era natural,
no pronunció ni una palabra; pero comprendiendo Sexto en
el enigma el sentido de la contestación e intenciones de
su padre, hizo perecer a los principales de la ciudad, acusando
a unos delante del pueblo, y a los otros aprovechando la indignación
que habían producido contra ellos». |
5) Cayo César, desconfiando de la lealtad de los
egipcios, y deseando dar la la apariencia de indiferencia, se entregó
a alborotados banquetes, dedicándose mientras a una inspección
de la ciudad (Alejandría) y sus defensas, fingiendo estar cautivado
por el encanto del lugar y de sucumbir a las costumbres y vida de los
egipcios. Habiendo dispuesto sus reservas mientras disimulaba así,
capturó Egipto.
|
Nota:
Apiano, 2:89 : «Sin revelar a nadie el curso de la
navegación, levó anclas al atardecer, tras haber comunicado
a los demás pilotos que mantuvieran el rumbo guiándose
por la antorcha de su nave y por su señal durante el día;
a su propio piloto le ordenó, cuando se habían alejado
mu-cho de tierra, que pusiera proa a Alejandría. Tres días
duró la ruta hasta Alejandría 196, donde le recibieron
los guardianes del rey, pues éste estaba aún en Casio.
En un primer momento fingió una actitud pacifista a causa
del escaso número de tropas que le acompaña-ban, acogió
de manera amigable a los que le visitaban, y en sus recorridos por
la ciudad admiró su belleza y escuchó a los filósofos,
de pie entre la multitud. Por esta razón creció entre
los alejandrinos el favor hacia él y la opinión positiva
de hombre pacífico». |
6) Cuando Ventidio estaba emprendiendo la guerra contra
el rey parto Pacoro, sabiendo que cierto Farneo de la provincia de Cirréstica,
una de aquéllas que fingían ser aliadas, estaba revelando
a los partos todos los preparativos de su propio ejército, tornó
la alevosía del bárbaro en su propia ventaja; fingió
temer que pasaran esas cosas qué él estaba particularmente
deseoso que pasaran y fingió desear que pasaran esas cosas qué
él realmente temía. Y así, temeroso que los partos
cruzaran al Éufrates antes de que él pudiera reforzarse
con las legiones que estaban estacionadas más allá de las
montañas Tauro en Capadocia, se esforzó seriamente en hacer
que este traidor, según su perfidia usual, aconsejara a los partos
que llevaran su ejército a través de Zeugma, por dónde
la ruta es más corta, y el Éufrates fluye en un cauce profundo;
declarando que, si los partos venían por ese camino, él
podría aprovechar la protección de las colinas para eludir
a sus arqueros; pero que temía el desastre si ellos avanzaban por
el camino más bajo a través de la llanuras abierta (1).
Influído por esta información, los bárbaros llevaron
su ejército por una ruta tortuosa al camino más bajo, y
se pasaron alrededor de cuarenta días preparando los materiales
y construyendo un puente sobre el río en un punto dónde
las riberas estaban ampliamente separadas y donde la construcción
del puente, por consiguiente, involucraba más trabajo. Ventidio
utilizó este intervalo para reunir sus fuerzas, y habiéndolas
congregado tres días ante que los partos llegaran, libró
la batalla, venció a Pacoro y lo mató (2).
Notas..
(1)
Dado que Ventidio deseaba realmente que los partos tomaran la
ruta más larga, teniendo así tiempo su refuerzo
en llegar, él llevó a creer a Farneo que esperaba
que ellos cruzaran por la ruta más corta. Porque él
sabía que Farneo aconsejaría a los partos a tomar
el curso de acción no deseado por él.
(2) Dion Casio, 49:19 : «Esto era lo que
estaba haciendo César; en cuanto a Antonio y los bárbaros,
su guerra fue como sigue. Publio Ventidio oyó que Pacoro
estaba reuniendo un ejército y estaba invadiendo Siria,
y, temeroso, dado que las ciudades no se habían calmado
todavía y las legiones estaban aún esparcidas en
sus cuarteles de invierno, él actuó como sigue en
orden a asegurar el retraso por parte de su enemigo y recuperarse
de la lentitud de su propio ejército.Sabiendo que cierto
príncipe Farneo a quien él también conocía,
favorecía la causa parta, lo honró en todos los
aspectos como si tuviera su plena confianza y lo tomó como
consejero en algunas materias en las que él no podía
resultar dañado y aún haría que Farneo pensara
que poseía sus secretos más ocultos.
Habiendo alcanzado este punto, fingió temer que los bárbaros
pudieran abandonar el lugar por dónde ellos cruzaban habitualmente
el Éufrates, cerca de la ciudad de Zeugma, y usaran algún
otro camino más lejos, río abajo; porque este otro
lugar, dijo, era una llanura conveniente para el enemigo, mientras
que el primero era montañoso y más adecuado a sus
propias fuerzas.Persuadió al príncipe a creer esto
y a través de él engañó también
a Pacoro; porque el líder parto tomó la ruta a través
del distrito llano que Ventidio siguió fingiendo esperar
que él no tomaría, y como este era más largo
que el otro, dio tiempo al romano para congregar sus fuerzas».
|
7) Mitrídates, cuando estaba bloqueado por Pompeyo
y planeaba retirarse al día siguiente, deseando ocultar su propósito,
realizó expediciones en busca de provisiones sobre un ancho territorio,
e incluso en los valles adyacentes al enemigo. Con el propósito
de apartar sospechas, arregló también encuentros para una
fecha subsecuente con algunos de sus enemigos; y ordenó encender
numerosos fuegos a lo largo del campamento. Entonces, en la segunda guardia,
llevó sus fuerzas fuera, directamente más allá del
campamento del enemigo.
| Nota:
Año 66 a.de C., Apiano, Sobre Mitrídates, 98 :
«A pesar de todo, la falta de provisiones causaba es-tragos
y, por consiguiente, enviando embajadores a Pompeyo, solicitó
saber de qué forma podría poner fin a la guerra. Éste
le respondió: «En el caso de que nos entregues a los
desertores y te rindas sin condiciones.» Cuando Mitrídates
conoció la respuesta, comunicó a los desertores lo
relativo a ellos y, al ver que tenían miedo, juró
que nunca haría la paz con los romanos a causa de su avaricia,
y que no les entregaría a nadie ni haría jamás
otra cosa que no fuera para provecho común de todos. Éstas
fueron sus palabras, y Pompeyo, ocultando en emboscada a una fuerza
de caballería, envió a otros para que hostigaran abiertamente
a los puestos de avanzada del rey; a éstos les ordenó
que provocaran (al enemigo) y que retrocedieran como si estuvieran
derrotados. (Así lo hicieron), hasta que los que estaban
emboscados los rodearon y los pusieron en fuga, y tal vez se hubieran
precipitado a una con los fugitivos en el ipterior del campamento,
si el rey, por temor a que esto ocurriera, no hubiera hecho avanzar
la infantería, ante la cual los romanos retrocedieron. Este
fue el desenlace de la primera confrontación, en forma de
combate ecuestre, entre Pompeyo y Mitrídates». |
8) Cuando el Emperador César Domiciano Augusto
Germánico deseó aplastar a los germanos, que estaban en
armas, comprendiendo que harían grandes preparativos para la guerra
si prevían la llegada de un comandante tan eminente como él,
ocultó la razón de su salida de Roma bajo el pretexto de
tomar un censo en las provincias Gálicas. Al abrigo de esto, se
precipitó en una súbita guerra, aplastó la ferocidad
de estas tribus salvajes, y así actuó por el bien de las
provincias (Año 83 de Nuestra Era).
9) Cuando era esencial que Asdrúbal y sus tropas
fueran destruídas antes de reunirse con Aníbal, el hermano
de Asdrúbal, Claudio Nerón, faltando confianza en las tropas
bajo su propio mando, estaba por consiguiente ansioso por unir sus fuerzas
con las de su colega, Livio Salinator a quien le había sido encomendada
la dirección de la campaña. Deseando, sin embargo, que su
salida pasara inadvertida por Aníbal, cuyo campamento estaba en
situación opuesta al suyo, escogió diez mil de sus soldados
más valientes, y dio órdenes a los lugartenientes a quienes
dejó a cargo que se anunciara el número usual de patrullas
y centinelas, que fuera encendido el mismo número de fuegos, y
fuera mantenida la apariencia usual del campamento, para que Aníbal
no sospechara y se aventurara a atacar a las pocas tropas dejadas detrás.
Entonces, cuando se unió a su colega en Umbría después
marchas en secreto, prohibió el agrandamiento del campamento, para
no dar señal alguna de su llegada al comandante cartaginés,
que sería probable negase la batalla si supiera que las fuerzas
de los cónsules se habían unido.
Consecuentemente, al atacar al desprevenido enemigo con sus fuerzas reforzadas,
ganó el día y volvió donde Aníbal antes que
llegaran las noticias de su hazaña. Así, con el mismo plan,
sacó ventaja sobre uno de los dos más astutos generales
cartagineses, y aplastó al otro.
| Nota:
Año 207 a.de C., Valerio Máximo, 7:4 § 4 :
«A continuación, Júpiter secundó aún
con su benevolencia las juiciosas medidas concebidas por eminentes
generales romanos. Mientras Aníbal saqueaba una extremidad
de Italia, Asdrúbal había invadido la otra. Queríamos
impedir que los ejércitos de ambos hermanos pudieran, después
de su unión, colmar con un peso irresistible a nuestras agotadas
fuerzas: es por lo qué triunfaron Claudio Nerón por
una resolución enérgica, Livio Salinator por una admirable
habilidad. Nerón contenía a Aníbal en la Lucania.
Él tuvo la dirección, como lo exigía el plan
de operaciones, de hacerle creer que estaba siempre presente y,
salvando una larga distancia con una celeridad asombrosa, fue a
llevarle socorro a su colega. Salinator, que debía librar
batalla el día siguiente cerca de Metauro, río de
Umbria, recibió a Nerón por la noche en gran secreto.
Él hizo alojarse a los tribunos con los tribunos, los centuriones
con los centuriones, los jinetes con los jinetes, los soldados de
infantería con los soldados de infantería y, sin ningún
tumulto, introdujo un segundo ejército en un espacio que
apenas bastaba para uno solo. Tampoco Asdrúbal supo que había
tenido un encuentro con dos cónsules, sucumbiendo a sus fuerzas
reunidas. Así esa astucia cartaginesa, tan desgraciadamente
célebre en todo el universo, fue esta vez engañada
por la habilidad romana y abandonó a Aníbal en las
trampas de Nerón y a Asdrúbal en las de Salinator».
|
10) Temístocles, instando a sus conciudadanos
a la rápida construcción de los muros que, al comando de
los lacedemonios, ellos habían demolido, informó a los enviados
mandados de Esparta a protestar sobre esta cuestión, que él
mismo vendría, para acabar con esta sospecha. Consecuentemente,
fue a Esparta. Allí, fingiendo enfermedad, afianzó un retraso
considerable. Pero después de darse cuenta que su subterfugio era
sospechado, declaró que el rumor que había llegado a los
espartanos era falso, y les pidió que enviaran a algunos de su
líderes cuya palabra ellos tomarían acerca de las operaciones
edilicias de los atenienses.
Entonces escribió en secreto a los atenienses, diciéndoles
que detuvieran a aquéllos que vinieran, hasta que, sobre la restauración
de los muros, él pudiera admitir ante los espartanos que Atenas
estaba fortificada, y podría informarles que sus líderes
no podrían volver hasta que el no hubiera sido enviado de vuelta.
Los espartanos cumplieron prontamente estas condiciones, que no podían
reparar la muerte de uno por aquella de muchos.
|
Nota:
Año 478 a.de C. Tucídides, La Guerra del Peloponeso,
1:90 y ss. |
11) Lucio Furio, habiendo llevado a su ejército
a una posición desventajosa, se determinó a ocultar su ansiedad,
para que los otros no se alarmaran. Cambiando gradualmente el curso, como
si planeara atacar al enemigo después de un circuito más
ancho, finalmente invertió su línea de marcha, y llevó
a su ejército a salvo atrás, sin que este supiera lo que
estaba pasando.
| Nota:
Apiano, 2:89 : «Sin revelar a nadie el curso de la
navegación, levó anclas al atardecer, tras haber comunicado
a los demás pilotos que mantuvieran el rumbo guiándose
por la antorcha de su nave y por su señal durante el día;
a su propio piloto le ordenó, cuando se habían alejado
mu-cho de tierra, que pusiera proa a Alejandría. Tres días
duró la ruta hasta Alejandría 196, donde le recibieron
los guardianes del rey, pues éste estaba aún en Casio.
En un primer momento fingió una actitud pacifista a causa
del escaso número de tropas que le acompaña-ban, acogió
de manera amigable a los que le visitaban, y en sus recorridos por
la ciudad admiró su belleza y escuchó a los filósofos,
de pie entre la multitud. Por esta razón creció entre
los alejandrinos el favor hacia él y la opinión positiva
de hombre pacífico». |
12) Cuando Metelo Pío estaba en España
y se le preguntó qué iba a hacer al día siguiente,
contestó: «Si mi túnica lo pudiera decir, yo la quemaría
».
13) Cuando Marco Licinio Craso fue inquirido acerca de
en qué momento iba a levantar el campamento, contestó: "¿Tiene
miedo de no oír la trompeta?"
| Nota:
Año 79 a 72 a.de C. Valerio Máximo, 7:4 § 5 :
«Q. Metelo merece también de ser citado por los recursos
de su espíritu. Estaba haciendo la guerra en España
contra los celtíberos en calidad de procónsul. Viendo
que no podía tomar por la fuerza la ciudad de Contrebia,
capital de esta nación, buscó una solución
en largas e importantes reflexiones y encontró un medio para
llegar a su fin. Se desplazaba por marchas forzadas, los llevaba
en diferentes direcciones, por la tarde se atrincheraba sobre las
alturas, yendo después sobre otras, haciendo ignorar a los
suyos tanto como al enemigo, el motivo de estos movimientos imprevistos
y súbitos. Uno de sus amigos íntimos le preguntó
el porqué sus operaciones eran tan dispersas y su plan de
campaña tan incierto. «No procures», dijo él,
«saberlo. Porque si percibo que por dentro, mi túnica
tiene conocimiento de mi proyecto, la haré quemar en seguida».
¿Dónde acabaron, pues, todos estos fingimientos? ¿y
cual fue el resultado? Cuando hubo puesto a sus tropas en la imposibilidad
de saber nada y hubo dado toda la vuelta a la Celtiberia, un día
que había ido en otra dirección, se replegó
precipitadamente sobre Contrebia, la sorprendió y la abrumó
como con un flechazo. Conque, si Metelo no se hubiera obligado a
combinar astucias, habría debido quedar bajo las armas delante
de las paredes de Contrebia hasta la vejez extrema». |
II.
SOBRE COMO AVERIGUAR LOS PLANES DEL ENEMIGO |
1)
Escipión el Africano, aprovechando la oportunidad de enviar una
embajada a Sífax, encomendó especialmente a tribunos y centuriones
escogidos que fueran con Lelio, disfrazados de esclavos, con la tarea
de espiar la fuerza del rey. Estos hombres, para examinar más libremente
la situación del campamento, dejaron intencionalmente suelto a
un caballo y lo corrieron por la mayor parte de las fortificaciones, fingiendo
que se escapaba. Después de haber informado los resultados de sus
observaciones, la destrucción del campamento por el fuego trajo
un fin a la guerra.
2) Durante la guerra con Etruria, cuando los astutos
métodos de reconocimiento eran aún desconocidos por los
líderes romanos, Quinto Fabio Máximo encomendó a
su hermano Fabio Ceso, que hablaba el idioma etrusco fluídamente,
que se pusiera un ropaje etrusco entrara en el Bosque Ciminio, adonde
antes nuestros soldados nunca se habían aventurado. Mostró
tal discreción y energía ejecutando estas órdenes
que después de cruzar el bosque y observar que los umbros de Camerium
no eran hostiles a los romanos, los llevó a una alianza .
| Nota:
Año 310 a.de C.; Livio, 9:36 : «La selva Ciminia
era entonces más impenetrable y de aspecto más tétrico
que lo eran en estos últimos tiempos las de la Germania;
y hasta entonces ni siquiera un mercader había penetrado
en ella; solamente el general se atrevía a entrar allí;
en cuanto a los demás, no habían olvidado aún
las Horcas Caudinas. Uno de los presentes (hermano del cónsul
M. Fabio, llamado Ceso, según unos, y C. Claudio, según
otros) se ofreció para reconocer el terreno, prometiendo
traer muy pronto noticias ciertas. Educado en Cerea, entre huéspedes,
había aprendido las letras etruscas y conocía perfectamente
el lenguaje. Aseguran algunos escritores que en aquella época
generalmente se instruía a los jóvenes romanos en
las letras etruscas, como hoy se les instruye en las griegas; pero
es más verosímil que algo más particular concurriese
en él para que por medio de un disfraz tan atrevido se mezclase
entre los enemigos. Dícese que solamente le acompañaba
un esclavo, educado con él, y que por consiguiente sabía
también el etrusco. Limitáronse al partir a tomar
nociones generales acerca de la naturaleza de la comarca en que
iban a entrar, y a enterarse de los nombres de los que ejercían
autoridad en los pueblos, por temor de que en las conversaciones
les descubriese su vacilación en puntos tan importantes.
Partieron disfrazados de pastores, con armas de campesinos, hoces
y dos picas. Pero ni el conocimiento de la lengua, ni sus vestidos
ni armas les sirvieron tan bien como lo poco verosímil que
era que un extranjero pudiese aventurarse en la selva Ciminia. Dícese
que penetraron hasta el territorio de los Camestos umbríos,
y que allí se atrevió el romano a decir quién
era; que introducido en el Senado habló a nombre del consul
de un tratado de alianza y amistad; que después de recibirle
con benevolencia se le autorizó para que dijese a his romanos
que si penetraban en aquellos parajes encontrarían víveres
para treinta días, y que toda la juventud de los Camestos
umbríos se encontraría dispuesta para marchar armada
a sus órdenes. Comunicadas al cónsul estas noticias
hizo marchar a la primera vigilia los bagajes y detrás las
legiones, quedando él con la caballería. Al amanecer
el día siguiente marchó a presentarse delante de las
guardias etruscas, situadas fuera de la selva; y después
de distraer por algún tiempo al enemigo se retiró
a su campamento, del que salió por la otra puerta, alcanzando
antes de la noche a su ejército. Al día siguiente,
al amanecer, ocupó las cumbres del monte Ciminio, desde donde
descubría las opulentas campiñas de la Etruria. Extendió
por ellas sus soldados, poseedores ya de rico botín, y de
pronto encontraron cohortes de campesinos etruscos, reunidos apresuradamente
por los principales habitantes del país; pero reinaba tan
poco orden en sus filas, que al querer recobrar las presas estuvieron
ellos mismos a punto de serlo. Después de destrozarlas y
ponerlas en fuga, después de devastar el país, el
romano, vencedor y cargado de todo tipo de riquezas, volvió
a su campamento, donde se encontraban ya cinco legados acompañados
de dos tribunoss del pueblo, para prevenir a Fabio, en nombre del
Senado, que no penetrase en la selva Ciminia. Regocijados por haber
llegado demasiado tarde para detener el curso de la guerra, volvieron
a Roma llevando la noticia de una victoria». |
3) Cuando los cartagineses vieron que el poder de Alejandro
era tan grande que amenazaba hasta a Africa, pidieron a uno de sus ciudadanos,
un hombre resuelto llamado Amilcar Rodino, que fuera donde el rey, fingiendo
ser un desterrado, y que hiciera cualquier esfuerzo para ganar su amistad.
Cuando Rodino tuvo éxito en esto, reveló a sus conciudadanos
los planes del rey.
|
Nota:
Año 331 a.de C. Justino, 26:6 § 1 : «Durante
éstos procedimientos, los cartagineses, alarmados ante los
rápidos éxitos de Alejandro Magno, y temiendo que
él pudiera resolver anexar África a su Imperio persa,
envió a Amílcar, llamado Rodino, un hombre notable
por su ingenio y elocuencia más allá de otros, a sondear
sus intenciones; en efecto, la captura de Tiro, su propia ciudad
paterna, y la fundación de Alejandría, como un rival
de Cartago, en los límites de África y Egipto, así
como la buena suerte del rey, cuya ambición y éxito
parecían no conocer límite alguno, llevaron sus aprehensiones
a un alcance extremo. Amílcar, obteniendo el acceso al rey
por el favor de Parmenión, se presentó a Alejandro
como desterrado de su país, y como habiendo llegado ahí
buscando refugio, ofreciendo, al mismo tiempo, servir como soldado
en la expedición contra Cartago. Habiendo averiguado así
sus puntos de vista, envió un informe completo a sus coterráneos,
inscrito en tablillas de madera, con cera blanca extendida sobre
la escritura. Los cartagineses, sin embargo, cuando él retornó
después de la muerte de Alejandro, lo ejecutaron, no sólo
desagradecidamente, sino cruelmente, pretendiendo que él
había ofrecido vender su ciudad al rey». |
4) El mismo cartaginés envió hombres para
que permanecieran un largo tiempo en Roma, en el papel de embajadores,
y así asegurar la información de nuestros planes.
5) Cuando Marco Catón estaba en España,
no pudiendo por otros medios llegar a un conocimiento de los planes del
enemigo, ordenó que trescientos soldados hicieran un ataque simultáneo
a un puesto enemigo, capturaran a uno de sus hombres y lo trajeran ileso
al campamento. El prisionero, bajo tortura, reveló todos los secretos
de su lado.
| Nota:
Año 195 a.de C. Plutarco, Marco Catón, 13 :
«Cerró Antíoco las gargantas de las Termópilas
con su ejército, y a las naturales defensas del sitio añadió
fosos y trincheras, pensando que así tenía cercada
a su arbitrio la guerra; y en verdad que los Romanos desconfiaron
de poder romper por el frente; pero, resolviendo Catón en
su ánimo aquellos atrincheramientos y aquel cerco, marchó
por la noche a hacer un reconocimiento, llevando consigo una parte
del ejército. Llegado a la cumbre, como el guía, que
era un esclavo, desconociese el camino, se vio perdido en aquellas
asperezas y derrumbaderos, causando esto en los soldados gran miedo
y desaliento. Advirtiendo, pues, el peligro, mandó a todos
los demás que no se movieran y aguardaran allí, y
tomando consigo a Lucio Manlio, hombre hecho a caminar por las montañas,
discurrió con gran fatiga y riesgo en una noche oscura y
ya adelantada por entre acebuches y peñascos, dando rodeos
y sin saber dónde ponía el pie, hasta que, llegando
a un camino abierto, que se dirigía hacia abajo, y les pareció
iría al campamento de los enemigos, pusieron señales
en unas eminencias muy altas, que descollaban sobre el Calídromo.
Retrocedieron desde aquel punto, reuniéronse con las tropas,
y encaminándose a las señales, puestos otra vez en
el camino, comenzaron a marchar con seguridad; pero a poco que anduvieron
les faltó la senda, encontrándose con un barranco,
por lo que les sobrevino otra vez la incertidumbre y el miedo, no
sabiendo ni advirtiendo que ya se habían puesto muy cerca
de los enemigos. Clareaba el día cuando les pareció
que oían cierto murmullo, y de repente vieron un campamento
griego y la guardia puesta al pie de la roca. Haciendo, pues, allí
alto Catón con sus tropas, dio orden de que se le presentasen
solos los Firmanios, que eran los que siempre se le habían
mostrado más fieles y dispuestos. Cómo acudiesen éstos
al punto y le cercasen en tropel, “deseo- les dijo- que se
coja vivo a uno de los enemigos y se sepa de él qué
guardia es aquella, cuál su número y cuál el
orden, formación y disposición en que nos aguardan.
Este rebato debe ser obra de prontitud y arrojo, que es en el que
confiados los leones se lanzan sin armas sobre los otros tímidos
animales”. Dicho esto, partieron de allí con celeridad
los Firmanios del modo que se hallaban, y corriendo por aquellos
montes se dirigieron contra la guardia; cogiéndola desprevenida,
todos se sobresaltaron y dispersaron; no obstante, pudieron coger
a uno armado como estaba y lo pusieron en manos de Catón.
Supo por éste que la principal fuerza estaba apostada en
la garganta con el rey y que los que le guardaban las avenidas eran
unos seiscientos Etolios escogidos; y mirando con desprecio así
el corto número como la nimia confianza, marchó contra
ellos al toque de trompetas y con grande gritería, siendo
el primero a desenvainar la espada; pero los enemigos, luego que
los vieron descender de las alturas, dando a huir hacia el cuerpo
del ejército, lo pusieron todo en gran confusión».
|
6) Durante la guerra con los cimbrios y los teutones,
el cónsul Cayo Mario, deseando probar la lealtad de los galos y
ligures, les envió una carta, ordenándoles en la primera
parte de la carta, que no abrieran la parte interna (1), que estaba especialmente
sellada, antes de una cierta fecha. Luego, antes de que el tiempo designado
hubiera llegado, exigió la misma carta de vuelta, y encontrando
todos los sellos rotos, supo que estaban en marcha actos hostiles (2).
| Nota
1: La carta estaba presumiblemente escrita en código,
con las segunda y tercera hojas unidas por un sello especial. |
[Hay
también otro método de afianzar la inteligencia por el cual
los generales mismos, sin acudir a ninguna ayuda externa, tomen precauciones
por su propio esfuerzo, como, por ejemplo:]
7) En la guerra etrusca, el cónsul Emilio Paulo
estaba a punto de enviar su ejército abajo, a la llanura cerca
del pueblo de Vetulonia, cuando vió a lo lejos levantar vuelo,
desde el bosque, a una bandada de pájaros en forma un tanto sobresaltada,
comprendiendo que alguna alevosía estaba acechando allí,
tanto porque los pájaros habían levantado vuelo alarmados
como porque lo hicieron todos al mismo tiempo y en gran número.
Envió, por consiguiente, a algunos exploradores adelante y descubrió
que diez mil boios estaban a la espera en ese punto para encontrarse con
el ejército romano. A éstos los abrumó enviando sus
legiones contra ellos en un punto diferente al que ellos esperaban.
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Nota:
Plinio, 3:138 : «Así es entonces Italia, sagrada
a los dioses, así son las naciones y así son la ciudades
de su pueblo; a lo cual podemos añadir que esta es esa misma
Italia que, cuando Lucio Emilio Paulo y C Atilio Régulo eran
cónsules, oyendo del levantamiento de la Galia, sin ninguna
ayuda externa, ni siquiera con la ayuda de esa porción que
se extiende más allá del Padus, armó 80.000
jinetes 700.000 infantes» Aquí Plinio confunde evidentemente
a Emilio Paulo con Quinto Emilio Papo, que fue cónsul en
el 282 y en el 278 a.de C. y que llevó adelante la guerra
etrusca en colaboración con su colega Cayo Fabricio Lucino.
Por otra parte, en el 283 a.de C., el cónsul Publio Cornelio
Dolabella venció, en la batalla del Lago Vadimón,
a un ejército de boios y etruscos mancomunados.
Para cerrar esta aclaración, el cónsul Lucio Emilio
Papo detentó el consulado en el 225 a.de C., conjuntamente
con Cayo Atilio Régulo, y venció a un ejército
de galos cisalpinos en cercanías de la población Telamón.
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8) De la misma manera, Tisamenes, el hijo de Orestes,
oyendo que una cumbre, una fortaleza natural, era mantenida por el enemigo,
envió hombres al frente para determinar los hechos; y sobre sus
informes que su impresión no tenía fundamento, comenzó
su marcha. Pero cuando vió a un gran número de pájaros
de volar de repente de la cumbre sospechada y no posarse nuevamente, llegó
a la conclusión que las tropas enemigas se estaban escondiendo
allí; y así, llevando su ejército por un desvío,
escapó de aquellos que estaban a la espera de él .
Nota:
Personaje mitológico. Polieno, 2:37 : «Tisamenes,
conduciendo un ejército, percibió una gran cantidad
de pájaros que pasaban rápidamente sobre cierto lugar,
sin posarse en tierra. Él juzgó que debía haber
hombres apostados en este mismo lugar, que habían espantado
a los pájaros. Buscó, y encontró que en efecto
había allí una emboscada de Jonios. Los atacó
y los deshizo». |
9) Asdrúbal, el hermano de Aníbal, supo
que los ejércitos de Livio y Nerón se habían unido
(aunque evitando dos campamentos separados se esforzaron por ocultar este
hecho), porque observó caballos un poco flacos por viajar y hombres
tostados por el sol, como naturalmente resulta de marchar.
Nota:
Año 207 a.de C. Livio 27:47 : «Las líneas
enemigas se desarrollaban ya delante de su campamento, cuando una
circunstancia retrasó el combate. Habiendo avanzado Asdrúbal
delante de las enseñas con algunos jinetes, observó
escudos viejos que no había visto hasta entonces y caballos
muy flacos; y todo el ejército le pareció más
numeroso que de ordinario. Sospechando la verdad, mandó tocar
retirada en seguida y envió destacamentos al río donde
los dos ejércitos tomaban agua, esperando hacer algunos prisioneros
y ver si había rostros curtidos, indicio de reciente marcha.
Al mismo tiempo hizo examinar desde lejos el contorno del campamento,
para reconocer si habían ensanchado el recinto en algún
punto, y mandó escuchar con atención si la bocina
sonaba una o dos veces». |
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