VII.
CÓMO PERSUADIR AL ENEMIGO QUE EL SITIO SERÁ MANTENIDO |
1)
El Publio Servilio desvió la corriente de la cual los habitantes
de Isaura tomaban el agua, y así los obligó a rendirse a
consecuencia de la sed.
Nota:
Años 78 a 76 a.de C..
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2) Cayo César, en una de sus campañas galas,
privó a la ciudad de los cadurcios de agua, aunque estaba rodeada
por un río y abundaba en fuentes; ya que él desvió
las fuentes por canales subterráneos, mientras sus arqueros cerraban
todo acceso al río.
| Nota:
Año 51 a.de C. Aulo Hircio, Comentario de la Guerra
de las Galias, 8:40, 41 42 y 43 : «XL. Llegado
César a Cahors contra la expectación de todos, y viendo
concluida la circunvalación de la plaza, y que con ninguna
condición se podía levantar el cerco, informado de
que los de adentro tenían gran copia de vitualla, empezó
a tentar cómo cortarles el agua. A la parte inferior cortaba
el río un valle que ceñía casi todo el monte
en que estaba sita la ciudad, áspero y quebrado por todos
lados. La naturaleza del sitio no permitía echar al río
por otra parte, porque tan bajo corría por la falda del monte,
que en ningún lado se le podía sangrar con grandes
fosos. Era también áspera y difícil para los
cercados la bajada al río; de suerte que sin mucho daño,
como lo resistiesen los nuestros, ni podían llegar a él,
ni retirarse con la fragosidad de la subida. Conocida esta dificultad
por César, dispuestos sus honderos y flecheros en ciertos
parajes, y colocadas también algunas máquinas contra
los más fáciles descensos, estorbaba a los cercados
tomar agua del río, cuya multitud acudía después
a un solo paraje a proveerse de ella. Porque debajo de la misma
muralla brotaba una gran fuente, por la parte que no bañaba
el río, que se extendía como a trescientos pies.
XLI. Deseando todos que se les cortase el agua
de esta fuente, y sabiendo solamente César que no se lograría
sin grave peligro, empezó a formar manteletes enfrente de
ella contra el monte, y a levantar valladar con mucho trabajo y
continuos combates. Porque acudían los cercados desde puestos
ventajosos, y peleaban a lo lejos sin riesgo, hiriendo a muchos
que con porfía se arrimaban. Con todo, no se recelaban los
nuestros de adelantar los manteletes, y vencer con el trabajo y
reparos las dificultades del terreno. Al mismo tiempo hacían
minas al origen de la fuente, la cual obra podía hacerse
sin peligro ni sospecha de los enemigos. Levantó un valladar
de sesenta pies de alto; se colocó en él una torre
de diez altos, no que igualase a las murallas, que ésta era
obra imposible, sino que excediese la situación de la fuente.
Desde ella se disparaban dardos con máquinas a las cercanías
de la fuente. Los cercados no podían tomar el agua sin mucho
peligro; se morían de sed, no sólo los ganados y caballerías,
sino también las personas.
XLII. Atemorizados de esto, empezaron a disparar
contra nuestros reparos barriles llenos de sebo, pez y bardas ardiendo.
Al mismo tiempo hicieron una vigorosa salida para estorbar a los
romanos el apagar el fuego con el peligro del combate. En un instante
se extendió una llama terrible por nuestras obras. Porque
todos cuantos fuegos arrojaban por aquel sitio precipitado, detenidos
en el valladar y el parapeto, incendiaban todo cuanto tropezaban.
Con todo eso nuestros soldados, aunque se veían apretados
de un peligroso combate y un puesto muy contrario, soportaban con
el mayor espíritu todos estos trabajos. Porque pasaba la
acción en un paraje exento, y a la vista del resto del ejército.
Levantábase una grande algazara de ambas partes; de suerte
que el que más presto podía, y como podía,
para que fuese más claro y patente su valor, se ofrecía
a las armas y fuego del enemigo.
XLIII. Viendo César que recibían
mucho daño los suyos, dio orden a las cohortes de que por
todos los lados de la ciudad subieran al monte y levantasen una
algazara falsa, como si se apoderasen de las murallas. Con esto,
atemorizados los cercados, sin saber lo que pasaba en los otros
parajes retiraron sus tropas del ataque de las obras, para acudir
a coronar la muralla. De esta manera pudieron los nuestros, puesto
fin al combate, apagar parte del fuego y cortar lo restante. Resistíanse
los cercados con tanta obstinación, que aun habiendo perecido
mucha gente por falta de agua, con todo estaban firmes en su resolución;
pero al fin fueron cortados con las minas los conductos de la fuente,
y echados por otra parte; de suerte que viniendo a secarse el manantial
que los sustentaba, los puso en tal desesperación, que creyeron
no haberse ejecutado sin particular disposición de los dioses,
no que por obra de hombres. Y así obligados de la necesidad
se rindieron».
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3) Lucio Metelo, luchando en España Interior,
devió el curso de un río y lo dirigió desde un nivel
más alto contra el campo del enemigo, que se hallaba en tierras
bajas. Entonces, cuando el enemigo entró en pánico por la
repentina inundación, los hizo matar por hombres que él
había emboscado con este mismo objetivo.
Nota:
Año 143 a 142 a.de C. Se refiere
a Quinto Cecilio Metelo Macedónico, aunque las traducciones
de los manuscritos dan una L. como praenomen.
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4)
En Babilonia, que está dividida en dos partes por el río
Eufrates, Alejandro construyó tanto zanjas como terraplenes, suponiendo
el enemigo que la tierra estaba siendo sacada simplemente para formar
los terraplenes. Alejandro, en consecuencia, desviando de repente la corriente,
entró en la ciudad a lo largo del antiguo lecho, que se había
secado y así había permitido una entrada a la ciudad.
| Nota:
Heródoto, 1:191, Jenofonte y Polieno atribuyen esta
estratagema más a Ciro que a Alejandro : «En medio
de su apuro, ya fuese que alguno se lo aconsejase, o que él
mismo lo discurriese, tomó esta resolución. Dividiendo
sus tropas, formó las unas cerca del río en la parte
por donde entra en la ciudad, y las otras en la parte opuesta, dándoles
orden de que luego que viesen disminuirse la corriente en términos
de permitir el paso, entrasen por el río en la ciudad. Después
de estas disposiciones, se marchó con la gente menos útil
de su ejército a la famosa laguna, y en ella hizo con el
río lo mismo que había hecho la reina Nitocris. Abrió
una acequia o introdujo por ella el agua en la laguna, que a la
sazón estaba convertida en un pantano, logrando de este modo
desviar la corriente del río y hacer vadeable la madre. Cuando
los Persas, apostados a las orillas del Eufrates, le vieron menguado
de manera que el agua no les llegaba más que a la mitad del
muslo, se fueron entrando por él en Babilonia. Si en aquella
ocasión los Babilonios hubiesen presentido lo que Cyro iba
a practicar o no hubiesen estado nimiamente confiados de que los
Persas no podrían entrar en la ciudad, hubieran acabado malamente
con ellos. Porque sólo con cerrar todas las puertas que miran
al río, y subirse sobre las cercas que corren por sus márgenes,
los hubieran podido coger
como a los peces en la nasa. Pero entonces fueron sorprendidos por
los Persas; y según dicen los habitantes de aquella ciudad,
estaban ya prisioneros los que moraban en los extremos de ella,
y los que vivían en el centro ignoraban absolutamente lo
que pasaba, con motivo de la gran extensión del pueblo, y
porque siendo además un día de fiesta, se hallaban
bailando y divirtiendo en sus convites y festines, en los cuales
continuaron hasta que del todo se vieron en poder del enemigo. De
este modo fue tomada Babilonia la primera vez».
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5)
Se dice que Semiramis hizo lo mism en la guerra contra los babilonios,
dividiendo el mismo Eufrates.
6)
Clístenes de Sicione cortó las cañerías que
conducían a la ciudad de los cirreos. Entonces, cuando los habitantes
sufrían por la sed, abrió otra vez el grifo del agua, envenenada
ahora con heléboro. Cuando los habitantes la usaron, quedaron tan
debilitados por la diarrea que Clístenes los venció.
| Nota:
Años 595 a 585 a.de C. Pausanias, 10:37 § 7,
atribuye el ardid a Solón y Polieno se la atribuye a Euríloco
: «Solón inventó también otro ardid contra
los de Cirra. Efectivamente, el agua del Plisto corre a través
de un canal hasta la ciudad y Solón lo desvió hacia
otra parte Ellos resistieron a los sitiadores bebiendo agua de Ios
pozos y de la lluvia. Pero él, echando raíces de eléboro
en el Plisto, cuando vio que el agua tenía suficiente veneno,
la condujo de nuevo al canal. Como los de Cirra bebían el
agua a destajo, los que estaban en los muros abandonaron la guardia
de la muralla a causa de la incesante diarrea»
|
7)
Cuando Aníbal retornó a África, muchas ciudades todavía
estaban sostenidas por fuerzas importantes de los cartagineses. La política
de Escipión exigió que estas ciudades fueran reducidas.
En consecuencia, enviaba a menudo tropas para asaltarlas. Finalmente aparecía
ante las ciudades como inclinado a saquearlas, retirándose luego,
como fingiendo temor. Aníbal, pensando que su alarma era verdadera,
retiró la guarnición de todos los puntos, y comenzó
a seguirle, como determinado a luchar una batalla decisiva. Escipión,
habiendo llevado a cabo así lo que él quería, con
la ayuda de Masinisa y los núnidas, capturó las ciudades,
que habían sido así despojadas de sus defensores.
VIII.
SOBRE CÓMO ATERRORIZAR AL SITIADO |
1)
Cuando Filipo no podía por los mayores esfuerzos capturar la fortaleza
de Prinaso, hizo excavaciones de tierra directamente delante de las murallas
y fingió construir un túnel. Los hombres dentro de la fortaleza,
imaginando que estaban siendo socavados, se rindieron.
| Nota:
Año 201 a.de C. Polibio, 16:10 : «Tras
de varios ataques que hizo inútiles la fortaleza del pueblo,
Filipo levantó el cerco, destruyendo de paso los castillos
y aldeas de la comarca. Desde allí fue a acampar frente a
Prinaso, donde dispuestos rápidamente los cestones y demás
preparativos para un asedio, empezó a hacer minas. Advirtiendo
que lo pedregoso del terreno frustraba sus esfuerzos, recurrió
a esta estratagema. Hacía un gran ruido por bajo de tierra
durante el día dando a entender que se trabajaba en las minas;
y durante la noche acarreaba tierra y la ponía en las bocas
para que se amedrentasen los de la ciudad, infiriendo por el cúmulo
su adelantamiento. Efectivamente, aunque al principio mantuvieron
con valor el asedio los sitiados, así que Filipo les hubo
comunicado que ya tenían socavados doscientos pies de muro,
y les hubo preguntado qué preferían más, evacuar
la plaza salvas y las vidas, o, quemados los puntales, perecer todos
entre sus ruinas, entonces dieron crédito a sus palabras
y entregaron la ciudad».
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2) Pelópidas, el tebano, planeó en una
ocasión hacer un ataque simultáneo contra dos ciudades de
los magnetes, no muy distantes una de la otra. Cuando avanzaba contra
una de estas ciudades, dio órdenes para que, de acuerdo con arreglos
preconcertados, cuatro jinetes vinieran del otro campamento con guirnaldas
en sus cabezas y con la impaciencia marcada de aquellos que anuncian una
victoria. Para completar la ilusión, arregló para tener
incendiado un bosque entre las dos ciudades, dando el aspecto de una ciudad
ardiente. Además de esto, ordenó que ciertos presos fueran
conducidos a lo largo, vestidos en el traje de los ciudadanos. Cuando
los sitiados fueron aterrorizados por estas demostraciones, juzgándose
ya derrotados en una parte, dejaron de ofrecer resistencia.
Nota:
Años 369 a 364 a.de C. Polieno, 2:4 § 1 : «Pélopidas
quería hacerse dueño de dos fortalezas alejadas una
de la otra por veintiséis estadios. Mientras tenía
el sitio delante de una de estas ciudades, dió orden a cuatro
jinetes de venir a toda rienda, con coronas en la cabeza, anunciándole
que la otra ciudad había sido tomada. A esta noticia, él
llevó sus tropas delante de la ciudad que se decía
tomada y cuando estuvo delante de las murallas, hizo encender un
gran fuego, cuyo humo fue visto por los de la otra ciudad, que se
imaginaron que Pélopidas había hecho pegar fuego a
ésta. Ellos mismos tuvieron miedo de un tratamiento igual,
y se rindieron a Pélopidas. Él juntó a sus
tropas con las fuerzas que encontró en esta ciudad, y se
presentó delante de la otra, que no tenía el coraje
de resistírsele, abriéndole sus puertas. Así
ambas ciudades cayeron bajo su poder, una engañada por una
falsa opinión, y la otra, por no haber podido resistir».
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3) Ciro, rey de los persas, obligó en un tiempo
a Creso a buscar refugio en Sardis. Por un lado una escarpada colina evitaba
el acceso a la ciudad. Aquí, cerca de las murallas, Creso erigió
mástiles iguales a la altura del canto de la colina, y en ellos
colocó maniquíes de hombres armados vestidos con uniformes
persas. Por la noche los llevó a la colina. Al amanecer atacó
las murallas del otro lado. Tan pronto como el sol se elevó y los
maniquíes, que destellaban a la luz del sol, revelaron el traje
tradicional de los guerreros, los ciudadanos, imaginando que su ciudad
había sido capturada por la retaguardia, se dispersaron huyendo
y dejaron el campo al enemigo.
| Nota:
Año 546 a.de C. Polieno, 7:6 § 10 : «Mientras
que Ciro asediaba Sardes, tomó cantidad de troncos del bosque,
de la altura de los muros, e hizo figuras de hombre, con barbas,
con ropa a la persa, la aljaba detrás de la espalda, y los
arcos en la mano; y plantó todo esto, durante la noche, contra
las paredes de la fortaleza, de modo que se le podía ver
por encima. Por otro lado, al despuntar el día, hizo un ataque
a la ciudad. Mientras que las tropas de Creso rechazaban este ataque;
algunos giraron la cabeza del lado de la ciudadela; y viendo de
lejos estas figuras que aparecían arriba, dieron un gran
grito. El miedo apresa a todo el mundo, como si la ciudadela hubiera
sido tomada por los persas. Se abren las puertas, cada uno huye
por su lado, y Ciro toma Sardes por asalto. |
Capítulos
I y II -
III y IV- V
y VI - VII y VIII -
IX
y X- XI
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y XVIII
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