XI.
SOBRE RETIRADAS FINGIDAS.
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1)
Cuando el general ateniense Formión devastó las tierras
de los calcidios, y sus enviados se quejaron de esta acción, él
les contestó gentilmente, y por la tarde, cuando estaba a punto
de despedirlos, fingió que había llegado una carta de sus
conciudadanos requieriendo su retorno. En consecuencia, se retiró
a una corta distancia y despidió a los enviados. Cuando éstos
relataron que todo estaba seguro y que Formión se había
retirado, los calcidios, en vista de la consideración prometida
y de la retirada de las tropas, relajaron la guardia de su ciudad. Entonces
Formión volvió de repente y los calcidios no pudieron resistir
su inesperado ataque.
Nota:
Año 432 a.de C. Polieno, 3:4 § 1 :
«Al haber hecho Formión su descenso en Calcidia, hizo
un gran botín en el país, y con lo que llevaba sobre
sus buques, fue a tomar tierra en Cyr. Los calcidios enviaron una
embajada para pedir la restitución de este botín.
Mientras que estaba ocupado en esta negociación, dispuso
bajo su mano un buque de servicio, que apareció en el puerto,
como enviado por Atenas, para rogar a Formión, por parte
del pueblo, que se dirigiera al puerto del Pireo. En la impaciencia
que él demostraba de ir donde le invitaban los Atenienses,
restituyó a los embajadores de Calcidia todo lo que pedían,
subió sobre un buque, y fue a esconderse por la noche detrás
de una pequeña isla. Los calcidios, contento de recuperar
lo que era de ellos, y viendo que Formión había puesto
la vela para irse a Atenas, no tuvieron gran cuidado de guardar
su ciudad y su país. Mientras se descuidaban sobre esta seguridad,
Formión se abatió sobre ellos. Poco hizo falta para
que tomara la ciudad. Y todo lo que había de bueno para capturar
en el país, él se lo apoderó y se lo llevó
con él».
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2) Cuando el comandante Espartano, Agesilao, bloqueaba
a los foceos y se enteró que aquellos que le prestaban entonces
su apoyo estaban cansados de las cargas de guerra, se retiró a
una corta distancia como si fuera para otros objetivos, dejando así
a los aliados libre la oportunidad de retirarse. No mucho después,
trayendo nuevamente a sus tropas, derrotó a los foceos sin ayuda.
Nota:
Años 396 a 394 a.de C.: Polieno, 2:1 § 16 :
«Agesilao tenía a los foceos sitiados desde hacía
tiempo. La resistencia larga de los sitiados le molestaba: pero
los aliados de los foceos estaban todavía más molestos
por la duración del asiento. Agesilao lo levantó y
se retiró. Los aliados de los foceos vieron su partida con
mucho gusto, y se fueron de allí alegremente. Entonces Agesilao,
viendo a los foceos sin socorro, regresó contra ellos y se
hizo dueño de su ciudad».
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3) Luchando contra los Bizantinos, quién se mantuvieron
dentro de sus muros, Alcibíades puso una emboscada y, fingiendo
una retirada, los tomó sin su guardia y los aplastó.
Nota:
Año 409 a.de C. Plutarco, Alcibíades,
31 : «Los generales que mandaban el sitio de Calcedonia
convinieron con Farnabazo, por un tratado, en, que recogerían
una contribución, los Calcedonios volverían a la obediencia
de los Atenienses y éstos no harían ningún
daño en la satrapía de Farnabazo, obligándoles
éste a dar a los embajadores de los Atenienses escolta con
toda seguridad. Como a la vuelta de Alcibíades desease Farnabazo
que él también jurara el tratado, respondió
que no lo ejecutaría antes de haber jurado ellos. Prestados
que fueron los juramentos, marchó contra los Bizantinos,
que se habían rebelado, y circunvaló la ciudad. Ofreciéndole,
bajo la condición de salvarla. Anaxilao, Licurgo y algunos
otros, que la entregarían, hizo correr la voz de que le llamaban
fuera de allí novedades ocurridas en la Jonia, y por el día
salió con toda su escuadra; pero, volviendo a la noche, saltó
en tierra con la infantería, y resguardándose con
las murallas se estuvo allí quedo; pero las naves vinieron
sobre el puerto, y acometiendo impetuosamente con grande gritería,
alboroto y estruendo, asombraron a los demás Bizantinos por
lo inesperado del caso y dieron ocasión a los partidarios
de los Atenienses para entregar la ciudad a Alcibíades impunemente,
pues todos los habitantes habían corrido hacia el puerto
para resistir el ataque de las naves. Mas con todo no fue esta jornada
exenta de riesgo, porque los Peloponenses, Beocios y Megarenses
que allí se hallaban, a los que descendieron de las naves
los rechazaron y obligaron a reembarcar; y llegando a entender que
había Atenienses dentro, formándose en batalla, marcharon
juntos contra ellos. Trabado un reñido combate, los venció
Alcibíades, mandando él el ala derecha y Teramenes
la izquierda: y de los enemigos que les vinieron a las manos tomaron
vivos unos trescientos. De los de Bizancio, después del combate,
ni se dio muerte ni se desterró a ninguno, porque con esta
condición se entregó la ciudad y también con
la de que a nada que fuese de ellos se había de tocar. Por
esta razón, defendiéndose Anaxilao de la causa sobre
traición que se le movió en Lacedemonia, hizo ver
en su discurso que no tenía por qué avergonzarse de
lo hecho: porque dijo que no siendo Lacedemonio, sino Bizantino,
viendo en peligro, no a Esparta, sino a Bizancio, hallándose
su ciudad cercada de manera que nadie podía entrar, y consumiendo
los Peloponenses y Beocios todos los víveres que había
en la ciudad, mientras que los Bizantinos fallecían de hambre
con sus mujeres y sus hijos, no le pareció que cometía
traición con la entrega, sino que redimía a su ciudad
de la guerra y de los males que padecía, imitando en esto
a los más ilustres de la Lacedemonia, para quienes sólo
es honesto y justo lo que es en provecho de la patria. Los Lacedemonios,
a este razonamiento, cedieron con respeto y absolvieron a los acusados».
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4)
Viriato, después de retirarse durante tres días, dió
la vuelta de repente y cruzó la misma distancia en un día.
Así aplastó a los Segobrigenses, tomándolos sin su
guardia en un momento en que estaban seriamente ocupados en sacrificar.
Nota:
Años 147 a 139 a.de C.
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5)
En las operaciones alrededor de Mantinea, Epaminondas, habiendo notado
que los Espartanos habían venido para ayudar a sus enemigos, concibió
la idea de que Esparta podía ser capturada, si él partía
contra ella en secreto. En consecuencia ordenó que fueran armadas
numerosas hogueras por la noche, que, pareciendo que permanecía,
podrían ocultar su partida. Pero engañado por un desertor
y perseguido por las tropas lacedemonias, abandonó su marcha a
Esparta, y empleó el mismo esquema contra los mantineos; ya que
levantando hogueras como antes, él engañó a los Espartanos
en el pensamiento que él permanecería. Mientras tanto, volviendo
a Mantinea con una marcha de 40 millas, la encontró sin defensas
y la capturó.
| Nota:
Año 362 a.de C. Diodoro Sículo, 15:82-84 :
«LXXXII Cuando terminó este año,
en Atenas fue arconte Caricleides, y en Roma fueron elegidos cónsules,
Lucio Emilio Mamerco y Lucio Sextio Luterano. Durante el ejercicio
de sus magistraturas los Arcadios colaborando con los Pisanos organizaron
los juegos Olímpicos, y se adueñaron del templo y
de las ofrendas depositadas en él. Puesto que los Mantineos
se habían apropiado para sus propios usos privados de un
gran número de ofrendas, estaban, como transgresores, inclinados
a continuar la guerra contra los Eleos, para evitar, si era la paz
restaurada, tener que rendir cuentas de sus gastos. [2] Pero puesto
que el resto de Arcadios deseaban hacer la paz, desencadenaron un
enfrentamiento contra sus propios compatriotas. Dos partidos en
consecuencia se formaron, uno liderado por Tegea, y el otro por
Mantinea. [3] Su enfrentamiento tomó tales proporciones que
depositaron la solución en las armas, y los Tegeos, habiendo
enviado embajadores a los Beocios, obtuvieron su ayuda, porque los
Beocios nombraron a Epaminondas general, le dieron un gran ejército,
y lo mandaron a auxiliar a los Tegeos. [4] Los Mantineos, atemorizados
por el ejército de Beocia y la reputación de Epaminondas,
enviaron embajadores a los peores enemigos de los Beocios, los Atenienses
y los Lacedemonios, y les convencieron de que lucharan de su parte.
Y cuando ambos pueblos rápidamente enviaron en respuesta
fuertes ejércitos, muchos duros combates tuvieron lugar en
el Peloponeso. [5] De hecho los Lacedemonios, viviendo cerca, inmediatamente
invadieron Arcadia, pero Epaminondas, avanzando a su encuentro con
su ejército y no estando lejos de Mantinea, supo por los
habitantes que los Lacedemonios, con todas sus fuerzas, estaban
saqueando el territorio de Tegea. [6] Suponiendo entonces que Esparta
estaba desnuda de soldados, planeó un gran golpe, pero la
Fortuna laboró contra él. Él mismo partió
de noche hacia Esparta, pero el rey Lacedemonio Agis, sospechando
la idea de Epaminondas, conjeturó sabiamente lo que iba a
hacer, y envió a algunos exploradores Cretenses y a través
de ellos, anticipándose estos a Epaminondas, dijo a los hombres
que había dejado en Esparta que los Beocios aparecerían
pronto en Lacedemonia para saquear la ciudad, pero que él
mismo acudiría tan rápido fuera posible con su ejército
a dar ayuda a su patria. Así dio órdenes a aquellos
que estaban en Esparta de velar por la ciudad y no atemorizarse
ante nada, porque él mismo aparecería pronto con ayuda.
LXXXIII. Los Cretenses rápidamente cumplieron
sus órdenes y los Lacedemonios milagrosamente evitaron la
conquista de su patria, porque si el ataque no hubiere sido impedido
en plena marcha, Epaminondas habría penetrado en Esparta
indetectado. Podemos justamente alabar la ingenuidad de ambos generales,
pero debemos considerar la estrategia del Laconio más inteligente.
[2] Es verdad que Epaminondas, sin descansar durante la noche, cubrió
la distancia a marchas forzadas y al amanecer atacó Esparta.
Pero Agesilao, quien había sido dejado a la guarda y había
sabido sólo poco antes por los Cretenses todo sobre el plan
del enemigo, inmediatamente empleó toda su energía
en mejorar la defensa de la ciudad. [3] Emplazó a los jóvenes
de más edad y a los ancianos en los tejados de las casas
y les ordenó que desde ahí se defendieran contra el
enemigo si se abría paso a la ciudad, mientras que él
mismo alineaba a los hombres en la plenitud de vida y los repartía
en los obstáculos delante de la ciudad y en los accesos,
y, habiendo bloqueado todos los lugares que pudieran permitir la
entrada, aguardó el ataque del enemigo. [4] Epaminondas,
después de dividir a sus soldados en varias columnas, atacó
por todas partes a la vez, pero cuando vio la disposición
de los Espartanos, supo inmediatamente que su movimiento había
sido descubierto. Sin embargo hizo el asalto contra todas las posiciones
una y otra vez, y, aunque estaba en desventaja por los obstáculos,
llegó al combate cuerpo a cuerpo. [5] Muchos golpes recibió
e hizo frente y no cesó el combate hasta que el ejército
de los Lacedemonios reingresó en Esparta. Entonces como muchos
acudían a auxiliar a los sitiados y la noche intervino, desistió
del asedio.
LXXXIV. Habiendo sabido de los cautivos que los
Mantineos habían venido con todas sus fuerzas a auxiliar
a los Lacedemonios, Epaminondas entonces se retiró a corta
distancia de la ciudad y acampó, y habiendo dado órdenes
de preparar la comida, dejó algunos de los équites
y les ordenó prender fuego en la campiña hasta la
mañana, mientras él mismo con el ejército partía
y se apresuraba a caer súbitamente sobre aquellos que habían
sido dejados en Mantinea. [2] Habiendo cubierto mucho camino al
siguiente día, de súbito irrumpió contra los
Mantineos, cuando no lo estaban esperando. Sin embargo, no tuvo
éxito en su intento, aunque en este plan de campaña
había previsto cualquier contingencia, pero, encontrando
el Hado opuesto a él, contrariamente a sus expectativas perdió
la victoria. Porque justo cuando se estaba aproximando a la ciudad
desprotegida, en el lado opuesto de Mantinea llegaban refuerzos
enviados por Atenas, seis mil al mando de su general Hegesileo,
un hombre de renombre en aquel entonces entre sus ciudadanos. Introdujo
una fuerza adecuada dentro de la ciudad y puso en línea al
resto en espera de una batalla decisiva. [3] Y al poco los Lacedemonios
y los Mantineos aparecieron también, ante lo cual todos se
prepararon para la batalla que iba a decidir el destino y llamaron
a sus aliados desde todas direcciones. [4] En el bando de los Mantineos
estaban los Eleos, los Lacedemonios, los Atenienses y otros pocos
más, que eran en total más de veinte mil infantes
y unos dos mil caballos. En el bando de los Tegeos estaban alineados
los más numerosos y valientes de los Arcadios, también
Aqueos, Beocios, Argivos, algunos otros Peloponesios, y aliados
de fuera, y todos en total eran unos treinta mil infantes y no menos
de tres mil caballos».
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POR
OTRA PARTE, ESTRATAGEMAS RELACIONADAS CON LA PROTECCIÓN DE
LOS SITIADOS: |
XII.
SOBRE CÓMO ESTIMULAR LA VIGILANCIA DE LAS PROPIAS TROPAS
|
1)
Alcibiades, el comandante ateniense, cuando su propia ciudad fue bloqueada
por los Espartanos, temiendo negligencia por parte de los guardias, ordenó
a los hombres apostados mirar la luz que él expondría desde
la ciudadela por la noche, y levantar sus propias luces a la vista de
ella, amenazando que cualquiera que fallara en este deber, sufriría
una pena. Esperando ansiosamente la señal de su general, todos
mantuvieron observación constante y así escaparon a los
riesgos de la peligrosa noche.
| Nota:
Polieno, 1:40 § 3 : «Mientras que los
Lacedemonios tenían Atenas asediada, Alcibíades, para
procurar que los que guardaban la ciudad, el Pireo y las murallas
que enfrentaban hacia el mar, estuvieran siempre alertas, hizo público
que tan pronto como se le viera que desde lo alto de la ciudadela,
elevaría tres veces una antorcha por la noche y los centinelas
deberían responderle con una señal igual, so pena
de ser castigados como desertores de la guardia. Esto hizo que los
centinelas velaran sin cesar esperando siempre la señal del
general». |
2)
Cuando Ifícrates, el general ateniense, mantenía Corinto
con una guarnición y en una ocasión personalmente hizo las
rondas de los centinelas mientras el enemigo se acercaba, encontró
a uno de los guardias dormido en su puesto y lo apuñaló
con su lanza. Cuando algunos reprocharon este procedimiento como cruel,
él contestó: «lo abandoné como lo encontré».
| Nota:
Años 393 a 391 a.de C. Cornelio Nepote, Ifícrates,
2:1-2 : «Ifícrates de Atenas se ha hecho renombrado,
no tanto por la grandeza de sus proezas, como por su conocimiento
de la táctica militar; ya que él era tal líder,
que no sólo era comparable a los primeros comandantes de
su propio tiempo, sino que nadie, ni los generales más viejos,
podían ser puestos por encima de él. Él se
comprometía con el campo de batalla; a menudo tenía
el comando de los ejércitos; nunca fracasó en una
tarea por su propia falta; era siempre rápido para la invención,
y tal era su excelencia en ello, que no sólo introdujo mucho
que era nuevo en el arte militar, sino que hizo muchas mejoras de
lo que existió antes. Cambió las armas de la infantería;
ya que antes de que él fuera comandante, se usaban escudos
muy grandes, lanzas cortas, y espadas pequeñas; él,
al contrario, introdujo el pelta en vez de la Parma (motivo por
el cual la infantería fue llamado después peltastae),
para que pudieran ser más activos en los movimientos y los
encuentros; dobló la longitud de la lanza, e hizo las espadas
también más largas. Cambió igualmente el carácter
de sus corazas, y se las dió de lino en vez de aquellas de
cota de malla y latón; un cambio por el cual dio a los soldados
más actividad; ya que, disminuyendo el peso, proporcionó
lo que igualmente protegería el cuerpo, y sería ligero.
II. Hizo la guerra sobre los tracios, y devolvió su trono
a Seutes, el aliado de los atenienses. En Corinto mandó el
ejército con tanto severidad, que ninguna tropa en Grecia
estuvo alguna vez mejor disciplinada, o más obediente a las
órdenes de su líder; y les trajo a tal hábito,
que cuando la señal para la batalla les era dada por su general,
ellos debían estar de pie tan con con tanta firmeza, sin
problema alguno por parte del comandante, que parecieran haber sido
respectivamente apostados por el capitán más hábil.
Con este ejército eliminó una mora de los lacedemonios;
una proeza que fue muy celebrada por toda la Grecia. Con esta guerra,
también, derrotó todas sus fuerzas una segunda vez,
éxito el por cual obtuvo gran gloria».
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3)
Se dice que Epaminondas el tebano, en una ocasión, hizo lo mismo.
Capítulos
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