III.
SOBRE LA LIMITACION Y EL DESINTERES |
1) La historia dice que Marco Catón estaba satisfecho
con el mismo vino que consumían sus hombres.
Nota:
Valerio Máximo 4:3 § 11 : Año 195 a.de C. «¿Si
en nuestros días un personaje ilustre tuviera como abrigo
sólo pieles de macho cabrío, iría a gobernar
España sin otra asistencia que tres esclavos, gastara sólo
quinientos para trasladarse ultramar a su provincia y se contentara
con el alimento y con el vino de los marineros, no se le vería
como un hombre a compadecer? He aquí sin embargo lo que
Catón el viejo soportó sin menor pena, gracias a
su querida costumbre de frugalidad que le hacía encontrar
a este género de vida, un encanto delicioso».
|
2)
Cuando Cineas, embajador de los Epirotas, ofreció a Fabricio una
gran cantidad de oro, éste la rechazó, declarando que él
prefería gobernar aquellos que tenían el oro más
bien que tenerlo él mismo.
Nota:
Año 280 a.de C. Aulo Gelio, 1:14 : «Refiere Julio
Higinio en el libro sexto de su obra De la vida y hechos de los
varones ilustres, que habiéndose presentado embajadores
samnitas a C. Fabricio, general del pueblo romano, y después
de recordarle las grandes y repetidas pruebas de benevolencia
y bondad que había dado a los samnitas desde que se ajustó
la paz, le ofrecieron considerable cantidad de dinero, rogándole
la recibiese como regalo, diciéndole que Ios samnitas se
atrevían a enviársela, porque creían que
carecía de muchas cosas para tener casa y aparato de vida
dignos de él, y que su fortuna no correspondía a
los honores y gloria de que estaba revestido. Entonces, según
refiere Higinio, se llevó las manos a los oídos,
en seguida a los ojos, a la nariz y a la boca, y últimamente
sobre el vientre, y contestó a los enviados que, mientras
pudiese mandar su voluntad a todos los órganos que acababa
de tocar, no carecería de nada; y añadió:
“En cuanto a ese dinero, que para nada necesito, no lo aceptaré
de aquellos a quienes sé puede ser útil."».
|
4)
Atilio Régulo, aunque había sido responsable de las mayores
empresas, era tan pobre que se mantenía él, su esposa y
niños con una pequeña granja que era cultivada por un solo
administrador. Oyendo de la muerte de este administrador, Régulo
escribió al Senado pidiendo que designaran a alguien para sucederlo
en la administración, ya que su propiedad fue puesta en riesgo
por la muerte de su esclavo, y su propia presencia en casa era necesaria.
Nota:
Año 255 a.de C. Valerio Máximo, 4:4 § 6 : «Un
héroe del mismo nombre y de la misma familia, Atilio Régulo,
que, en la primera guerra púnica, conoció por turno
la gloria y la desgracia más brillante, tenía éxito
en victorias repetidas sobre el suelo africano derribando la potencia
del orgulloso Cartago. Informado a que el senado, en consideración
a sus éxitos, había prorrogado su mando para el
año siguiente, les escribió a los cónsules
que el administrador de una tierra de siete arpendes que poseía
en el Pupinio, había muerto y que un mercenario, sacando
provecho de la ocasión, había desaparecido llevándose
todo el material de labranza. Él pedía en consecuencia
un sucesor, por temor de que el abandono de su dominio privara
a su mujer y a sus niños de los medios de vivir. Tan pronto
como los cónsules pusieron en conocimiento de estos hechos
al senado, puso en seguida en alquiler el mantenimiento del campo
de Atilio, proporcionar alimentos a su mujer y a sus niños,
y rescatar los objetos que le habían sido quitados. He
aquí todo lo que costó a nuestro tesoro la admirable
virtud de Régulo que hará, en cada siglo, el orgullo
de Roma».
|
5) Cneo Escipión, después de acertadas
proezas en España, murió en la más extrema pobreza,
no dejando ni siquiera dinero suficiente para la dote de una de sus hijas.
El Senado, por lo tanto, a consecuencia de su pobreza, suministró
las dotes a expensas del erario público.
| Nota:
Otros escritores, a excepción de Séneca,
hablan de una hija, y describen la dote como entregada cuando Escipión
estaba guerreando en España, entre los hechos 218 a 211 a.de
C. Valerio Máximo, 4:4 § 10 : «Así
durante la segunda guerra púnica, Cn. Escipión había
escrito desde España al senado para pedir un sucesor, porque
tenía una hija que casar y no podía en su ausencia
constituirle una dote. El senado, no queriendo en absoluto privar
a la república de los servicios de un buen general, se encargó
del papel de padre de familia, hizo ajustar la dote por la esposa
y los padres de Escipión, tomando el valor del tesoro público
y casando así a la muchacha. Esta dote fue de cuarenta mil
ases. Podemos juzgar de ahí la bondad de los senadores y
la medida de los antiguos patrimonios. Eran tan módicos que
Tucia, hija de Cesonio, fue considerada como ricamente dotada por
haber aportado al matrimonio una dote de diez mil ases y que Mégullia
que entró con cincuenta mil ases en la casa de su marido,
fue apodada la Dotada. Fue la liberalidad del Senado la que impidió
a la hija de Fabricio Luscino y a la de Escipión estar casada
sin dote, porque ellas no podían esperar como herencia paterna
nada más que una gloria brillante». |
6) Los atenienses hicieron lo mismo por las hijas de
Arístides, quién murió en la pobreza más grande
después de haber conducido la empresas más importantes.
|
Nota:
Año 468 a.de C. Plutarco, Arístides, 27 : «Lo
cierto es que se muestra en Falera su sepulcro, labrado de orden
de la ciudad, porque ni siquiera dejó con qué enterrarse.
Dícese que las hijas salieron del Pritaneo para ser entregadas
a sus maridos, habiéndose costeado de los fondos públicos
los gastos de la boda, y dándose por decreto en dote a cada
una tres mil dracmas». |
7) Epaminondas, el general tebano, fue un hombre de hábitos
tan simples, que entre sus pertenencias no fueron halladas más
allá de un felpudo y un espetón.
| Nota:
Año 362 a.de C. Plutarco, Fabio Máximo, 27
: «Los Tebanos hicieron a costa del erario el entierro de
Epaminondas, a causa de la pobreza en que murió, porque a
su fallecimiento se dice no haberse encontrado en su casa otra cosa
que una tarja de hierro».
|
8) Aníbal estaba acostumbrado a levantarse cuando
todavía estaba oscuro, pero nunca tomó descanso alguno antes
de la noche. En el anochecer, y no antes, llamaba a sus amigos a cenar;
y no más de dos canapés (2) estuvieron alguna vez ocupados
por invitados a cenar en su cuartel general.
Nota:
Livio, 21:4 : «Algunos senadores, casi todos los
más prudentes, participaban del parecer de Hannón;
pero como muchas veces sucede, el número venció
a la prudencia. Enviado Aníbal a España, desde su
llegada atrajo las miradas del ejército. Los soldados veteranos
creyeron ver a Amílcar en su juventud: tenía su
rostro igual expresión de energía, el mismo brillo
en la mirada, la misma expresión de boca, las mismas facciones.
Muy pronto cesó de necesitar el recuerdo de su padre para
granjearse el favor. Jamás hubo carácter más
a propósito para las cosas más opuestas, obedecer
y mandar; por esta razón hubiese sido difícil decidir
quién le quería más, si el general o el ejército.
Asdrúbal no elegía otro jefe cuando se trataba de
algún golpe de audacia y de intrepidez; y con ningún
otro mostraban los soldados mayor confianza y valor. Increíblemente
atrevido para arrostrar los peligros; observaba en ellos maravillosa
prudencia. Ningún trabajo fatigaba su cuerpo ni abatía
su ánimo. Igualmente soportaba el frío y el calor.
Para la comida y bebida consultaba las necesidades de la naturaleza
y jamás el placer. Sus vigilias y sueños no los
regulaban el día y noche. El tiempo quede quedaba después
de los negocios lo dedicaba al descanso, que, por lo demás,
no buscaba en las dulzuras del lecho ni en el silencio. Frecuentemente
se le vio cubierto con un casco de soldado, tendido en el suelo,
entre los centinelas y las guardias. Sus ropas en nada se distinguían
de las de sus iguales; solamente eran notables sus armas y caballos.
El mejor a la vez de los jinetes y de los infantes,marchaba el
primero al combate y se retiraba el último. Acompañaban
a tan grandes cualidades vicios no menos grandes: feroz crueldad,
perfidia más que púnica, ninguna franqueza, ningún
pudor. ni sombra de miedo a los dioses. ningún respeto
a la fe del juramento, ninguna religión. Con esta mezcla
de virtudes y vicios, sirvió tres años bajo Asdrúbal,
sin olvidar nada de cuanto debía hacer ver en él
el hombre destinado a ser gran capitán».
2) Frontino
tenía in mente al lectus romano, o canapé para cenar,
que podía albergar hasta a tres invitados.
|
9) El mismo general, sirviendo bajo Asdrúbal como
comandante, dormía normalmente el suelo pelado, tapado tan solo
con la vulgar capa militar.
10) La historia cuenta que Escipión Emiliano solía
comer pan que se le ofrecía mientras caminaba marchando en compañía
de sus amigos.
11) La
misma historia se relata sobre Alejandro de Macedonia.
12) Leemos que Masinisa, cuando tenía 90 años,
acostumbraba a comer al mediodía, parado o caminando enfrente de
su tienda de campaña.
| Nota:
Año 148 a.de C. Polibio, 37:3 : «En nuestro
siglo, fue Masinisa el príncipe más cumplido y feliz.
Su reinado pasó de sesenta años, y murió a
los noventa, conservando hasta el postrer instante perfecta salud
y tanta robustez, que cuando necesitaba estar de pie lo estaba todo
un día sin cambiar de sitio, y una vez sentado, no se levantaba
antes de la noche. Sin molestia pasaba, cuando era preciso, día
y noche a caballo. Prueba manifiesta de su fuerza es que, muriendo
nonagenario. dejó un hijo de cuatro años llamado Estémbalo,
que fue adoptado por Micipsa. Tuvo además otros cuatro hijos
tan estrechamente unidos a él y entre sí, que ningún
disgusto doméstico turbó el reposo de su reino. Admirable
es en este rey haber conseguido que la Numidia, que antes nada producía,
creyéndosela estéril, diera todos los frutos que cualquier
otra comarca. No se pueden enumerar los árboles que hizo
plantar, y que le producían toda clase de frutos, y nada
más justo que elogiar a este rey y honrar su memoria. Llegó
Escipión a Cirta tres días después de la muerte
de Masinisa, y ordenó los asuntos de la sucesión.
Cuenta Polibio que Masinisa murió a los noventa años,
dejando un hijo de cuatro años de edad. Pocos antes de su
muerte, después del combate en que venció a los cartagineses,
se le vio a la puerta de su tienda comiendo un pedazo de pan negro,
y preguntándole alguno por qué hacía esto,
respondió que porque quería con ello...»
|
13) Cuando, en honor a su victoria sobre los Sabinos,
el Senado ofreció a Manio Curio una cantidad más grande
de tierra que las tropas licenciadas recibían, él estuvo
satisfecho con la asignación de los soldados ordinarios, declarando
que el hombre que no estaba satisfecho con lo que el resto recibió,
era un mal ciudadano.
| Nota:
Año 290 a.de C. Valerio Máximo, 4:3 § 5 : «M.Curio,
que fue el modelo más cumplido de la frugalidad romana y
también el más perfecto ejemplo de valentía,
les ofreció a los embajadores samnitas el espectáculo
de un consular sentado sobre un banco rústico cerca de su
fuego que comía en una escudilla de madera. En cuanto a la
calidad de los manjares, se deja adivinar por la calidad de la vajilla.
Demostró sólo desprecio hacia las riquezas de los
Samnitas. Ellos en cambio, se asombraron de su pobreza. Habían
aportado una gran cantidad de oro como obsequio ofrecido por su
república y le invitaron en términos amables a aceptarla.
Curio se echó a reír: " Ustedes están
encargados, les dice en seguida, de una misión muy vana,
para no decir ridícula. Vaya a decir a los Samnitas que a
M. Curio le gusta más mandar a hombres ricos que hacerse
rico él mismo. Llévese su obsequio. Por muy precioso
que sea, el oro ha sido encontrado sólo para la desgracia
de los hombres. Acuérdese que no se puede ni vencerme sobre
el campo de batalla ni corromperme por el dinero». |
14) La moderación de todo un ejército era
también a menudo significativa, como por ejemplo, las tropas que
sirvieron bajo Marco Escauro. Ya que Escauro dejó registrado que
un árbol cargado de fruta, al final del recinto fortificado del
campo, fue encontrado, el día después de la retirada del
ejército, con la fruta sin tocar.
| Nota:
Año 115 a.de C. Valerio Máximo 4:4 § 11 :
«M. Escauro nos relata, en el primero de sus tres libros de
Memorias sobre su vida, cuán pobre herencia recibió
de su padre: diez esclavos solamente, dice él, y treinta
y cinco mil escudos componían toda la sucesión. Es
en la pobreza que fue educado este espíritu superior, este
hombre que debía estar un día a la cabeza del senado». |
15)
En la guerra emprendida bajo los auspicios del Emperador César
Domiciano Augusto Germánico y comenzada por Julio Civilis en la
Galia, la muy rica ciudad de los Lingones, que se había rebelado
contra Civilis, temió que fuera saqueada por el próximo
ejército de César. Pero cuando, al contrario de esta expectativa,
los habitantes permanecieron ilesos y no perdieron ninguna propiedad,
volvieron a su lealtad, y aportaron setenta mil hombres armados.
16)
Después de la captura de Corinto, Lucio Mummio embelleció
con estatuas y pinturas, no solamente Italia, sino también las
provincias,. Sin embargo, se abstuvo escrupulosamente de asignar algo
de tal enorme botín para su propio uso, dado que su hija estaba
necesitada en ese momento y el Senado suministró su dote a expensas
del erario público.
| Nota:
Año 146 a.de C.. Plinio 34:17 : « En la edilidad
de M. Scauro, había tres mil estatuas erigidas en el escenario
de lo que era sólo un teatro temporal. Mummio, el conquistador
de Acaya, llenó la ciudad de estatuas; ¿él,
que a su muerte no pudo dejar una dote a su hija, por qué
no mencionar esto como una apología suya?. |
1)
Cuando Camilo sitiaba a los faliscos, un maestro de escuela llevó
a los hijos de los faliscos fuera de las murallas, como para un paseo,
y luego los entregó, diciendo que, si ellos eran retenidos como
rehenes, se obligaría a que la ciudad ejecutara las órdenes
de Camilo. Pero Camilo no sólo despreció la perfidia del
profesor, sino que ató sus manos detrás de su espalda y
lo devolvió a los muchachos para ser conducido de regreso a sus
padres con varas. Así ganó por la bondad una victoria que
había desdeñado asegurar por el fraude; los faliscos, a
consecuencia de este acto de justicia, se rindieron voluntariamente a
él.
| Nota:
Año 394 a.de C. Plutarco, Camilo 10 : «Tan
en poco tenían los Falerios el sitio, creyéndose defendidos
por todas partes, que fuera de los que hacían guardia en
la muralla, todos los demás discurrían adornados por
la ciudad, y los niños, yendo a la escuela, salían
con el maestro hacia la muralla a pasear y ejercitarse: porque,
al modo de los Griegos, mantenían también los Falerios
un maestro público, queriendo que los niños desde
luego se acostumbraran a criarse y acompañarse unos con otros.
Pues este maestro se propuso hacer traición a los Falerios
por medio de sus hijos; para lo cual los sacaba cada día
al abrigo de la muralla, al principio muy cerca, y luego, después
de haberse ejercitado, se volvían a entrar. Adelantando desde
entonces poco a poco, los acostumbró a estar confiados, como
que no había motivo de recelo, hasta que, por fin, en una
ocasión en que estaban todos reunidos, los llevó hasta
las avanzadas de los Romanos, y se los entregó, previniendo
que le condujesen a presencia de Camilo. Conducido y puesto ante
él, le dijo que era maestro y preceptor, pero que prefiriendo
el deseo de hacerle obsequio a las obligaciones de justicia en que
estaba, venía a entregarle la ciudad en aquellos niños.
Hecho atroz le pareció éste a Camilo, y vuelto a los
circunstantes: “¡Qué cosa tan terrible la guerra!-
les dijo-: pues es forzoso hacerla por medio de muchas injusticias
y violencias; pero, con todo, para los varones rectos tiene también
sus leyes la guerra, y no se ha de tener en tanto la victoria que
debe buscarse por medio de acciones perversas e impías; pues
el gran general más ha de mandar fiado en la virtud propia
que en la maldad ajena”. Y entonces mandó a los lictores
que despojasen al maestro de sus vestidos y le atasen las manos
atrás, y que a los niños les diesen varas y látigos,
para que, hiriéndole y lastimándole, lo llevasen así
a la ciudad. Acababan los de Falerios de tener conocimiento de la
traición del maestro, y cuando la ciudad estaba entregada
a la aflicción, que era indispensable en semejante calamidad,
corriendo aun los hombres más señalados y las mujeres
a las murallas y a las puertas sin ninguna reflexión, llegaron
los niños castigando al maestro, desnudo y atado como estaba,
y proclamando a Camilo por su salvador, su dios y su padre; espectáculo
que no sólo en los padres de los niños, sino en todos
los demás ciudadanos, engendró grande admiración
y deseo de la justicia de Camilo. Corriendo, pues, a celebrar junta,
le enviaron embajadores, entregándolo todo a su disposición;
y él los despachó a Roma. Presentados al Senado, dijeron
que los Romanos, con anteponer la justicia a la victoria les habían
enseñado a tener en más tal vencimiento que la libertad,
pues reconocían que no tanto les eran inferiores en poder
como en virtud. Como el Senado volviese a poner en manos de Camilo
la determinación y arreglo de aquel asunto, con recibir alguna
suma de los Falerios, y hacer paz y amistad con todos los Faliscos,
retiró el ejército». |
2) El médico de PIrro, rey de los Epirotas, fue
donde Fabricio, general de los romanos, y prometió dar veneno a
Pirro si se le garantizabaa una adecuada recompensa por su servicio. Fabricio,
no considerando que la victoria necesitaba de tal delito, expuso el médico
al rey, y por este acto honorable logró inducir a Pirro a buscar
la amistad con los romanos».
| Nota:
Año 279 a.de C. Plutarco, Pirro, 21 : «Fue
conferido después el mando a Fabricio, y vino en su busca
un hombre al campamento, trayéndole una carta escrita por
el médico del rey, en la que le ofrecía quitar de
en medio a Pirro con hierbas, si por el mérito de hacer cesar
la guerra sin peligro alguno se le prometía un agradecimiento
correspondiente. No pudo Fabricio sufrir semejante maldad, y, haciendo
entrar en los mismos sentimientos a su colega, escribió sin
dilación una carta a Pirro, previniéndole que se guardara
de aquel riesgo. Estaba la carta concebida en estos términos:
“Gayo Fabricio y Quinto Emilio, cónsules de los Romanos,
al rey Pirro, felicidad. Parece que no eres muy diestro en juzgar
de los amigos y de los enemigos. Leída la carta adjunta que
se nos ha remitido, verás que haces la guerra a hombres rectos
y justos, y que te fías de inicuos y malvados. Dámoste
este aviso, no por hacerte favor, sino para que cualquiera mal suceso
tuyo no nos ocasione una calumnia y parezca que tratamos de dar
fin a la guerra con malas artes, ya que no podemos con el valor”.
Cuando Pirro se halló con esta carta y se enteró de
las asechanzas, castigó al médico, y en agradecimiento
envió a Fabricio los cautivos sin rescate, haciendo de nuevo
pasar a Cineas a negociar la paz». |
Capítulos
I y II - III
y IV- V y VI - VII
y VIII- IX y X- XI
y XII
XIII
y XIV - XV y XVI - XVII
y XVIII
|