SEXTO JULIO FRONTINO

«ESTRATAGEMAS»

LIBRO IV

Capítulos I y II- III y IV- V y VI - VII y VIII

Traducción y adaptación I. Nachimowicz

 

Frontino.


Teniendo reunidos, por extensa lectura, ejemplos de estratagemas, y habiendo ordenado éstos con no pequeños esfuerzos, a fin de cumplir la promesa de mis tres libros (si tan sólo la he cumplido), en el presente libro volcaré aquellos casos que parecen aparecer menos naturalmente conforme a la antigua clasificación (que estaba limitada a tipos especiales), y que son ilustraciones, mejor dicho, de la ciencia militar en general que de las estratagemas. En vista de que estos incidentes, aunque famosos, pertenecen a una materia diferente , les he dado tratamiento separado, por temor a que si alguna persona resultara que encontrara en la lectura algunos de ellos, podría ser inducida por el parecido a imaginar que estos ejemplos habían sido pasados por alto por mí. Como material suplementario, por supuesto, estos temas requieren tratamiento. Me empeñaré en observar las siguientes categorías:


I. Sobre la disciplina.
II. Sobre los efectos de la disciplina.
III. Sobre la limitación y el desinterés.
IV. Sobre la justicia.
V. Sobre la determinación (la voluntad de ganar).
VI. Sobre la buena voluntad y la moderación.
VII. Sobre varios axiomas y ardides.

Capítulos I y II - III y IV- V y VI - VII

 

 

 

III. SOBRE LA LIMITACION Y EL DESINTERES



1) La historia dice que Marco Catón estaba satisfecho con el mismo vino que consumían sus hombres.

Nota: Valerio Máximo 4:3 § 11 : Año 195 a.de C. «¿Si en nuestros días un personaje ilustre tuviera como abrigo sólo pieles de macho cabrío, iría a gobernar España sin otra asistencia que tres esclavos, gastara sólo quinientos para trasladarse ultramar a su provincia y se contentara con el alimento y con el vino de los marineros, no se le vería como un hombre a compadecer? He aquí sin embargo lo que Catón el viejo soportó sin menor pena, gracias a su querida costumbre de frugalidad que le hacía encontrar a este género de vida, un encanto delicioso».

 


2) Cuando Cineas, embajador de los Epirotas, ofreció a Fabricio una gran cantidad de oro, éste la rechazó, declarando que él prefería gobernar aquellos que tenían el oro más bien que tenerlo él mismo.

Nota: Año 280 a.de C. Aulo Gelio, 1:14 : «Refiere Julio Higinio en el libro sexto de su obra De la vida y hechos de los varones ilustres, que habiéndose presentado embajadores samnitas a C. Fabricio, general del pueblo romano, y después de recordarle las grandes y repetidas pruebas de benevolencia y bondad que había dado a los samnitas desde que se ajustó la paz, le ofrecieron considerable cantidad de dinero, rogándole la recibiese como regalo, diciéndole que Ios samnitas se atrevían a enviársela, porque creían que carecía de muchas cosas para tener casa y aparato de vida dignos de él, y que su fortuna no correspondía a los honores y gloria de que estaba revestido. Entonces, según refiere Higinio, se llevó las manos a los oídos, en seguida a los ojos, a la nariz y a la boca, y últimamente sobre el vientre, y contestó a los enviados que, mientras pudiese mandar su voluntad a todos los órganos que acababa de tocar, no carecería de nada; y añadió: “En cuanto a ese dinero, que para nada necesito, no lo aceptaré de aquellos a quienes sé puede ser útil."».

 


4) Atilio Régulo, aunque había sido responsable de las mayores empresas, era tan pobre que se mantenía él, su esposa y niños con una pequeña granja que era cultivada por un solo administrador. Oyendo de la muerte de este administrador, Régulo escribió al Senado pidiendo que designaran a alguien para sucederlo en la administración, ya que su propiedad fue puesta en riesgo por la muerte de su esclavo, y su propia presencia en casa era necesaria.

Nota: Año 255 a.de C. Valerio Máximo, 4:4 § 6 : «Un héroe del mismo nombre y de la misma familia, Atilio Régulo, que, en la primera guerra púnica, conoció por turno la gloria y la desgracia más brillante, tenía éxito en victorias repetidas sobre el suelo africano derribando la potencia del orgulloso Cartago. Informado a que el senado, en consideración a sus éxitos, había prorrogado su mando para el año siguiente, les escribió a los cónsules que el administrador de una tierra de siete arpendes que poseía en el Pupinio, había muerto y que un mercenario, sacando provecho de la ocasión, había desaparecido llevándose todo el material de labranza. Él pedía en consecuencia un sucesor, por temor de que el abandono de su dominio privara a su mujer y a sus niños de los medios de vivir. Tan pronto como los cónsules pusieron en conocimiento de estos hechos al senado, puso en seguida en alquiler el mantenimiento del campo de Atilio, proporcionar alimentos a su mujer y a sus niños, y rescatar los objetos que le habían sido quitados. He aquí todo lo que costó a nuestro tesoro la admirable virtud de Régulo que hará, en cada siglo, el orgullo de Roma».


5) Cneo Escipión, después de acertadas proezas en España, murió en la más extrema pobreza, no dejando ni siquiera dinero suficiente para la dote de una de sus hijas. El Senado, por lo tanto, a consecuencia de su pobreza, suministró las dotes a expensas del erario público.

Nota: Otros escritores, a excepción de Séneca, hablan de una hija, y describen la dote como entregada cuando Escipión estaba guerreando en España, entre los hechos 218 a 211 a.de C. Valerio Máximo, 4:4 § 10 : «Así durante la segunda guerra púnica, Cn. Escipión había escrito desde España al senado para pedir un sucesor, porque tenía una hija que casar y no podía en su ausencia constituirle una dote. El senado, no queriendo en absoluto privar a la república de los servicios de un buen general, se encargó del papel de padre de familia, hizo ajustar la dote por la esposa y los padres de Escipión, tomando el valor del tesoro público y casando así a la muchacha. Esta dote fue de cuarenta mil ases. Podemos juzgar de ahí la bondad de los senadores y la medida de los antiguos patrimonios. Eran tan módicos que Tucia, hija de Cesonio, fue considerada como ricamente dotada por haber aportado al matrimonio una dote de diez mil ases y que Mégullia que entró con cincuenta mil ases en la casa de su marido, fue apodada la Dotada. Fue la liberalidad del Senado la que impidió a la hija de Fabricio Luscino y a la de Escipión estar casada sin dote, porque ellas no podían esperar como herencia paterna nada más que una gloria brillante».


6) Los atenienses hicieron lo mismo por las hijas de Arístides, quién murió en la pobreza más grande después de haber conducido la empresas más importantes.

Nota: Año 468 a.de C. Plutarco, Arístides, 27 : «Lo cierto es que se muestra en Falera su sepulcro, labrado de orden de la ciudad, porque ni siquiera dejó con qué enterrarse. Dícese que las hijas salieron del Pritaneo para ser entregadas a sus maridos, habiéndose costeado de los fondos públicos los gastos de la boda, y dándose por decreto en dote a cada una tres mil dracmas».


7) Epaminondas, el general tebano, fue un hombre de hábitos tan simples, que entre sus pertenencias no fueron halladas más allá de un felpudo y un espetón.

Nota: Año 362 a.de C. Plutarco, Fabio Máximo, 27 : «Los Tebanos hicieron a costa del erario el entierro de Epaminondas, a causa de la pobreza en que murió, porque a su fallecimiento se dice no haberse encontrado en su casa otra cosa que una tarja de hierro».

 


8) Aníbal estaba acostumbrado a levantarse cuando todavía estaba oscuro, pero nunca tomó descanso alguno antes de la noche. En el anochecer, y no antes, llamaba a sus amigos a cenar; y no más de dos canapés (2) estuvieron alguna vez ocupados por invitados a cenar en su cuartel general.

Nota: Livio, 21:4 : «Algunos senadores, casi todos los más prudentes, participaban del parecer de Hannón; pero como muchas veces sucede, el número venció a la prudencia. Enviado Aníbal a España, desde su llegada atrajo las miradas del ejército. Los soldados veteranos creyeron ver a Amílcar en su juventud: tenía su rostro igual expresión de energía, el mismo brillo en la mirada, la misma expresión de boca, las mismas facciones. Muy pronto cesó de necesitar el recuerdo de su padre para granjearse el favor. Jamás hubo carácter más a propósito para las cosas más opuestas, obedecer y mandar; por esta razón hubiese sido difícil decidir quién le quería más, si el general o el ejército. Asdrúbal no elegía otro jefe cuando se trataba de algún golpe de audacia y de intrepidez; y con ningún otro mostraban los soldados mayor confianza y valor. Increíblemente atrevido para arrostrar los peligros; observaba en ellos maravillosa prudencia. Ningún trabajo fatigaba su cuerpo ni abatía su ánimo. Igualmente soportaba el frío y el calor. Para la comida y bebida consultaba las necesidades de la naturaleza y jamás el placer. Sus vigilias y sueños no los regulaban el día y noche. El tiempo quede quedaba después de los negocios lo dedicaba al descanso, que, por lo demás, no buscaba en las dulzuras del lecho ni en el silencio. Frecuentemente se le vio cubierto con un casco de soldado, tendido en el suelo, entre los centinelas y las guardias. Sus ropas en nada se distinguían de las de sus iguales; solamente eran notables sus armas y caballos. El mejor a la vez de los jinetes y de los infantes,marchaba el primero al combate y se retiraba el último. Acompañaban a tan grandes cualidades vicios no menos grandes: feroz crueldad, perfidia más que púnica, ninguna franqueza, ningún pudor. ni sombra de miedo a los dioses. ningún respeto a la fe del juramento, ninguna religión. Con esta mezcla de virtudes y vicios, sirvió tres años bajo Asdrúbal, sin olvidar nada de cuanto debía hacer ver en él el hombre destinado a ser gran capitán».

2) Frontino tenía in mente al lectus romano, o canapé para cenar, que podía albergar hasta a tres invitados.

 


9) El mismo general, sirviendo bajo Asdrúbal como comandante, dormía normalmente el suelo pelado, tapado tan solo con la vulgar capa militar.


10) La historia cuenta que Escipión Emiliano solía comer pan que se le ofrecía mientras caminaba marchando en compañía de sus amigos.

11) La misma historia se relata sobre Alejandro de Macedonia.


12) Leemos que Masinisa, cuando tenía 90 años, acostumbraba a comer al mediodía, parado o caminando enfrente de su tienda de campaña.

Nota: Año 148 a.de C. Polibio, 37:3 : «En nuestro siglo, fue Masinisa el príncipe más cumplido y feliz. Su reinado pasó de sesenta años, y murió a los noventa, conservando hasta el postrer instante perfecta salud y tanta robustez, que cuando necesitaba estar de pie lo estaba todo un día sin cambiar de sitio, y una vez sentado, no se levantaba antes de la noche. Sin molestia pasaba, cuando era preciso, día y noche a caballo. Prueba manifiesta de su fuerza es que, muriendo nonagenario. dejó un hijo de cuatro años llamado Estémbalo, que fue adoptado por Micipsa. Tuvo además otros cuatro hijos tan estrechamente unidos a él y entre sí, que ningún disgusto doméstico turbó el reposo de su reino. Admirable es en este rey haber conseguido que la Numidia, que antes nada producía, creyéndosela estéril, diera todos los frutos que cualquier otra comarca. No se pueden enumerar los árboles que hizo plantar, y que le producían toda clase de frutos, y nada más justo que elogiar a este rey y honrar su memoria. Llegó Escipión a Cirta tres días después de la muerte de Masinisa, y ordenó los asuntos de la sucesión.
Cuenta Polibio que Masinisa murió a los noventa años, dejando un hijo de cuatro años de edad. Pocos antes de su muerte, después del combate en que venció a los cartagineses, se le vio a la puerta de su tienda comiendo un pedazo de pan negro, y preguntándole alguno por qué hacía esto, respondió que porque quería con ello...»



13) Cuando, en honor a su victoria sobre los Sabinos, el Senado ofreció a Manio Curio una cantidad más grande de tierra que las tropas licenciadas recibían, él estuvo satisfecho con la asignación de los soldados ordinarios, declarando que el hombre que no estaba satisfecho con lo que el resto recibió, era un mal ciudadano.

Nota: Año 290 a.de C. Valerio Máximo, 4:3 § 5 : «M.Curio, que fue el modelo más cumplido de la frugalidad romana y también el más perfecto ejemplo de valentía, les ofreció a los embajadores samnitas el espectáculo de un consular sentado sobre un banco rústico cerca de su fuego que comía en una escudilla de madera. En cuanto a la calidad de los manjares, se deja adivinar por la calidad de la vajilla. Demostró sólo desprecio hacia las riquezas de los Samnitas. Ellos en cambio, se asombraron de su pobreza. Habían aportado una gran cantidad de oro como obsequio ofrecido por su república y le invitaron en términos amables a aceptarla. Curio se echó a reír: " Ustedes están encargados, les dice en seguida, de una misión muy vana, para no decir ridícula. Vaya a decir a los Samnitas que a M. Curio le gusta más mandar a hombres ricos que hacerse rico él mismo. Llévese su obsequio. Por muy precioso que sea, el oro ha sido encontrado sólo para la desgracia de los hombres. Acuérdese que no se puede ni vencerme sobre el campo de batalla ni corromperme por el dinero».


14) La moderación de todo un ejército era también a menudo significativa, como por ejemplo, las tropas que sirvieron bajo Marco Escauro. Ya que Escauro dejó registrado que un árbol cargado de fruta, al final del recinto fortificado del campo, fue encontrado, el día después de la retirada del ejército, con la fruta sin tocar.

Nota: Año 115 a.de C. Valerio Máximo 4:4 § 11 : «M. Escauro nos relata, en el primero de sus tres libros de Memorias sobre su vida, cuán pobre herencia recibió de su padre: diez esclavos solamente, dice él, y treinta y cinco mil escudos componían toda la sucesión. Es en la pobreza que fue educado este espíritu superior, este hombre que debía estar un día a la cabeza del senado».

15) En la guerra emprendida bajo los auspicios del Emperador César Domiciano Augusto Germánico y comenzada por Julio Civilis en la Galia, la muy rica ciudad de los Lingones, que se había rebelado contra Civilis, temió que fuera saqueada por el próximo ejército de César. Pero cuando, al contrario de esta expectativa, los habitantes permanecieron ilesos y no perdieron ninguna propiedad, volvieron a su lealtad, y aportaron setenta mil hombres armados.

Nota: Año 70.

16) Después de la captura de Corinto, Lucio Mummio embelleció con estatuas y pinturas, no solamente Italia, sino también las provincias,. Sin embargo, se abstuvo escrupulosamente de asignar algo de tal enorme botín para su propio uso, dado que su hija estaba necesitada en ese momento y el Senado suministró su dote a expensas del erario público.

Nota: Año 146 a.de C.. Plinio 34:17 : « En la edilidad de M. Scauro, había tres mil estatuas erigidas en el escenario de lo que era sólo un teatro temporal. Mummio, el conquistador de Acaya, llenó la ciudad de estatuas; ¿él, que a su muerte no pudo dejar una dote a su hija, por qué no mencionar esto como una apología suya?.

 

IV. SOBRE LA JUSTICIA.

 

1) Cuando Camilo sitiaba a los faliscos, un maestro de escuela llevó a los hijos de los faliscos fuera de las murallas, como para un paseo, y luego los entregó, diciendo que, si ellos eran retenidos como rehenes, se obligaría a que la ciudad ejecutara las órdenes de Camilo. Pero Camilo no sólo despreció la perfidia del profesor, sino que ató sus manos detrás de su espalda y lo devolvió a los muchachos para ser conducido de regreso a sus padres con varas. Así ganó por la bondad una victoria que había desdeñado asegurar por el fraude; los faliscos, a consecuencia de este acto de justicia, se rindieron voluntariamente a él.

Nota: Año 394 a.de C. Plutarco, Camilo 10 : «Tan en poco tenían los Falerios el sitio, creyéndose defendidos por todas partes, que fuera de los que hacían guardia en la muralla, todos los demás discurrían adornados por la ciudad, y los niños, yendo a la escuela, salían con el maestro hacia la muralla a pasear y ejercitarse: porque, al modo de los Griegos, mantenían también los Falerios un maestro público, queriendo que los niños desde luego se acostumbraran a criarse y acompañarse unos con otros. Pues este maestro se propuso hacer traición a los Falerios por medio de sus hijos; para lo cual los sacaba cada día al abrigo de la muralla, al principio muy cerca, y luego, después de haberse ejercitado, se volvían a entrar. Adelantando desde entonces poco a poco, los acostumbró a estar confiados, como que no había motivo de recelo, hasta que, por fin, en una ocasión en que estaban todos reunidos, los llevó hasta las avanzadas de los Romanos, y se los entregó, previniendo que le condujesen a presencia de Camilo. Conducido y puesto ante él, le dijo que era maestro y preceptor, pero que prefiriendo el deseo de hacerle obsequio a las obligaciones de justicia en que estaba, venía a entregarle la ciudad en aquellos niños. Hecho atroz le pareció éste a Camilo, y vuelto a los circunstantes: “¡Qué cosa tan terrible la guerra!- les dijo-: pues es forzoso hacerla por medio de muchas injusticias y violencias; pero, con todo, para los varones rectos tiene también sus leyes la guerra, y no se ha de tener en tanto la victoria que debe buscarse por medio de acciones perversas e impías; pues el gran general más ha de mandar fiado en la virtud propia que en la maldad ajena”. Y entonces mandó a los lictores que despojasen al maestro de sus vestidos y le atasen las manos atrás, y que a los niños les diesen varas y látigos, para que, hiriéndole y lastimándole, lo llevasen así a la ciudad. Acababan los de Falerios de tener conocimiento de la traición del maestro, y cuando la ciudad estaba entregada a la aflicción, que era indispensable en semejante calamidad, corriendo aun los hombres más señalados y las mujeres a las murallas y a las puertas sin ninguna reflexión, llegaron los niños castigando al maestro, desnudo y atado como estaba, y proclamando a Camilo por su salvador, su dios y su padre; espectáculo que no sólo en los padres de los niños, sino en todos los demás ciudadanos, engendró grande admiración y deseo de la justicia de Camilo. Corriendo, pues, a celebrar junta, le enviaron embajadores, entregándolo todo a su disposición; y él los despachó a Roma. Presentados al Senado, dijeron que los Romanos, con anteponer la justicia a la victoria les habían enseñado a tener en más tal vencimiento que la libertad, pues reconocían que no tanto les eran inferiores en poder como en virtud. Como el Senado volviese a poner en manos de Camilo la determinación y arreglo de aquel asunto, con recibir alguna suma de los Falerios, y hacer paz y amistad con todos los Faliscos, retiró el ejército».


2) El médico de PIrro, rey de los Epirotas, fue donde Fabricio, general de los romanos, y prometió dar veneno a Pirro si se le garantizabaa una adecuada recompensa por su servicio. Fabricio, no considerando que la victoria necesitaba de tal delito, expuso el médico al rey, y por este acto honorable logró inducir a Pirro a buscar la amistad con los romanos».

Nota: Año 279 a.de C. Plutarco, Pirro, 21 : «Fue conferido después el mando a Fabricio, y vino en su busca un hombre al campamento, trayéndole una carta escrita por el médico del rey, en la que le ofrecía quitar de en medio a Pirro con hierbas, si por el mérito de hacer cesar la guerra sin peligro alguno se le prometía un agradecimiento correspondiente. No pudo Fabricio sufrir semejante maldad, y, haciendo entrar en los mismos sentimientos a su colega, escribió sin dilación una carta a Pirro, previniéndole que se guardara de aquel riesgo. Estaba la carta concebida en estos términos: “Gayo Fabricio y Quinto Emilio, cónsules de los Romanos, al rey Pirro, felicidad. Parece que no eres muy diestro en juzgar de los amigos y de los enemigos. Leída la carta adjunta que se nos ha remitido, verás que haces la guerra a hombres rectos y justos, y que te fías de inicuos y malvados. Dámoste este aviso, no por hacerte favor, sino para que cualquiera mal suceso tuyo no nos ocasione una calumnia y parezca que tratamos de dar fin a la guerra con malas artes, ya que no podemos con el valor”. Cuando Pirro se halló con esta carta y se enteró de las asechanzas, castigó al médico, y en agradecimiento envió a Fabricio los cautivos sin rescate, haciendo de nuevo pasar a Cineas a negociar la paz».

 

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