EL HOPLITA: ORIGEN, DESARROLLO INICIAL Y SUS CONSECUENCIAS SOCIALES.

 

   Entre finales del siglo VIII a.C. y principios del siglo VII a.C., las ciudades eubeas de Calcis y Eretria se encontraban enfrentadas entre si por la posesión de una planicie conocida como la Llanura del Lelanto (1). Este conflicto no hubiera tenido mayor importancia -uno más entre los muchos que se desarrollaron durante esa centuria- si no fuera por el hecho de que este es el primer enfrentamiento armado, conocido, en donde dos ejércitos griegos se enfrentaron adoptando ambos la formación hoplítica.
Esta llamada formación hoplítica iba a dominar los campos de batalla durante los siguientes tres siglos, hasta la batalla de Queronea en el 338 a.C. donde un profesionalizado ejército Macedonio, al mando de Filipo II, iba a destrozar a los hoplitas de las ciudades libres de Grecia, dando fin de golpe a la hegemonía de esta forma de combate en los campos de batalla.

   La aparición en el escenario griego de la figura del hoplita, iba a tener unas consecuencias tanto militares como sociales que han llegado a nuestros días a través de la filosofía y la literatura.
Para poder entender la figura del hoplita hay que ver su evolución, incluso antes de su definitiva aparición, ese será el objeto de este trabajo.

  • Los siglos VIII y VII, Homero y Hesiódo.

   Las fuentes principales en que nos apoyamos para comprender este importante periodo de la historia de Grecia -conocido como Arcaico- son las obras escritas por Homero (la Odisea y la Iliada) y Hesiódo (Los trabajos y los días). El primero nos da a conocer la aristocracia del mundo griego, mientras que el segundo nos muestra el mundo del campesino acomodado o lo que hoy en día llamaríamos la clase media griega y que dará origen al futuro hoplita.

   Hasta ese momento la guerra tenía un carácter limitado. Las aldeas se enfrentaban entre sí por un puñado de tierra u otros motivos que podemos considerar ahora menores, siendo los miembros de la nobleza de dichas aldeas quienes casi en exclusiva llevaban el peso de la guerra. Los combates en la mayoría de los casos concluían en una lucha individual (monomachia) entre sus campeones, siendo el vencedor el que se apropiaba del territorio o hacía prevalecer sus derechos sobre el motivo de la disputa.
Con esto no se pretende dar a entender que la lucha individual resolviera los conflictos, pero sí es verdad que debió de ser una práctica habitual en este periodo, o al menos, esto es lo que se puede intuir de las lecturas de las fuentes de que disponemos (Homero y Estrabón).
Y así debió ser durante un largo periodo de la historia griega, al menos hasta que nos llega la noticia del choque armado habido en Eubea, en la Llanura de Lelanto. Ya que lo sucedido en la que vendrá a llamarse La Guerra Lelantina se opone precisamente a esta idea.

   Esta información (Estrabón X 8 y sig.) hace pensar que ya en el siglo VIII se estaba empezando a formar la imagen que tenemos del hoplita y que posiblemente dos formas de lucha radicalmente distintas convivían al mismo tiempo.

   Es curioso saber que, a pesar de la crueldad de la batalla descrita por los clásicos tantas veces, al finalizar la lucha el ganador no se ensañaba con el perdedor, al contrario los prisioneros eran tratados como extranjeros, recibiendo los cuidados propios de las costumbres de hospitalidad griegas. En ocasiones, los bandos en conflicto alcanzaban una paz que podía llevar consigo un matrimonio entre las familias en disputa, cobrando este una gran importancia. Incluso antes de las batallas se negociaban las reglas por las que iban a regirse, caso de la guerra lelantina.

  • La expansión colonial.

   Nos encontramos en un mundo, Grecia, en el que la tierra era un bien tan preciado y tan escaso -a causa de la difícil orografía y una puntual explosión demográfica- que impulso a que muchos de sus habitantes buscaran tierras en otros lugares más lejanos, empezando así un proceso colonizador que los llevaría desde las costas del Mar Negro a las de la Península Ibérica: El Ponto, Anatolia, sur de Italia, costas Ilirias, Córcega, Cerdeña, Libia etc. Esta expansión colonial y el contacto con otras muchas culturas, en muchos casos hostiles, trajo consigo la necesidad de una adaptación en sus técnicas de combate (2).
Los nativos de las tierras que se querían colonizar, podían no ser afines y estos no tenían porque ofrecer una lucha al estilo en que los griegos estaban acostumbrados (un ejemplo claro es la concertada Guerra Lelantina o los conocidos combates individuales), ahora se encontraban con desordenados ataques en masa o emboscadas donde la vida de un aristócrata tenía el mismo valor que la de un simple campesino armado de un pica.
Siendo esta una lucha sin reglas es fácil que influyera cada vez más a la nobleza a buscar el abrigo de la formación cerrada abandonándose definitivamente el enfrentamiento individual y cambiando con ello los valores de virtud guerrera, de la aristocracia, por el del valor de disciplina dentro de la formación. Cambio este, que sin ir más lejos, afectaría a la Historia de la Humanidad.
Otro problema era el número de combatientes que la nobleza podía aportar para esas expediciones de colonización. En muchos casos estos no eran suficientes para la envergadura del trabajo encomendado, entonces la alternativa pasaba por reclutar un pequeño ejército, donde los costes del armamento y el abastecimiento de estos voluntarios eran una carga demasiado pesada para las arcas de la nobleza. No hay que olvidar la importancia que tenía la fuerza armada en estas expediciones, ya que ser derrotados en un intento de colonización, podría significar el perder esas tierras para siempre y con ello la posibilidad de establecerse allí o en cualquier otro lugar cercano, al haber quedado relativamente debilitados o derrotados, por no hablar del peligro de ser aniquilados. Cuantas desconocidas expediciones habrán caído exterminadas a manos de los nativos de cualquier lugar sin dejar el menor rastro en la historia!..

   Dado que era necesario que los propios soldados adquiriesen sus armas, se comenzaron a reclutar a las gentes del demos que pudieran costearse el equipo para el combate, y lo que es más importante, la nobleza se veía obligada a combatir junto a todos los miembros de la expedición, sin distinción de estatus.
El luchar codo con codo junto a la aristocracia de sus ciudades, a la larga provocó un resentimiento entre los combatientes del demos. Veían como luchaban y morían junto a la nobleza y en cambio no recibían compensación política de ningún tipo. Eran iguales a sus nobles en el campo de batalla, pero en cambio no tenían derecho a expresar sus opiniones en una asamblea pública, ni obtener cargos con cierta responsabilidad en la comunidad.

   Las tácticas de combate también debieron de ser cambiadas, la monomachia ya no tenía sentido, ahora la lucha era en formaciones cerradas (taxis) dentro de una formación (phalanx). Esta evolución, que definitivamente se implantó durante el siglo VII, sería la que acabaría dando origen al verdadero hoplita. Alfonso Domínguez resume esta idea diciendo, “El surgimiento de la táctica hoplítica es consecuencia de un proceso que empieza a gestarse en el siglo VIII, mediante el cual se va a ampliar la base militar de la polis”. Seguramente el proceso de colonización no fue el único motivo que propició el cambio a la formación hoplítica pero sí es fácil que fuera el principal motivo que lo acelerara.

   Analizando la obra de Homero, la Iliada, encontramos los primeros indicios de uso del combate en orden cerrado, aunque en su obra lo que principalmente resalta es como la aristocracia domina las cuestiones militares. Estos, reunidos en una asamblea en donde sólo la palabra de ellos tiene valor, deliberan sobre los asuntos que consideran importantes; alrededor de ellos tiene al demos, que por la intensidad de sus aclamaciones, muestra su apoyo a uno u otro aristócrata. Pero no se puede dejar de mencionar la intervención de Tersites (Iliada, II,198-206) este, aunque es reprendido por Ulises, que le llama la atención por interrumpir con su palabra en una de estas asambleas, muestra un primer intento del pueblo de participar en los asuntos militares. Hesiódo, por otro lado, con sus continuas referencias a la justicia (dike) y sus quejas y avisos sobre las consecuencias que un mal gobierno puede llevar, nos puede dejar intuir que dentro del demos hay un cierto malestar. Poetas como Calino de Efeso o Tirteo de Esparta ensalzan ya el esfuerzo heroico del soldado ciudadano, cuando antiguamente esto estaba únicamente reservado a la aristocracia.

   Se empieza a notar un inconformismo de ese campesino acomodado. Para él sólo a cambiado una cosa: se le han aumentado las cargas teniendo que servir en el ejército, además de jugarse la vida, y ¿qué recibe a cambio?, nada.
En cierto modo el demos sí estaba adquiriendo un cierto poder, en contra de los deseos de la aristocracia, un poder que la misma nobleza les había otorgado al llamarlos a filas. Ahora el pueblo era la fuerza armada y cada vez se iba a tener que contar más con ellos.

  • La Stasis griega.

   En lo expuesto anteriormente queda claro el descontento de aquellas personas que no pertenecientes a la élite se les exige cada vez más un mayor esfuerzo, y que no encuentran compensaciones, tanto en lo social, como en lo económico o político, a sus esfuerzos o sacrificios. En este sentimiento encontrado se sientan las bases de lo que va a caracterizar el panorama político del siglo VII, la stasis, la discordia civil.
No será esta una lucha de carácter bélico y civil, aunque muchas veces conduzca al choque armado, adoptara más bien la forma de una genuina lucha de clases que se extenderá en breve tiempo por todo lo largo y ancho del Mundo Griego.
Estas clases enfrentadas, siguiendo el esquema que Hesiódo nos ha dejado, son las siguientes: los basileus, el campesino acomodado (que es el hoplita) y el resto del campesinado. Entre ellos se enfrentarán y se aliarán indistintamente para conseguir sus propósitos.

   En el siglo VII, el hoplita ya estaba extendido por toda la hélade y continuaba desarrollándose. La lucha en formación cerrada traía consigo un sentimiento de solidaridad y, en un plano superior, reforzaba una idea de isonomía (todos son iguales), los espartanos estaban orgullosos de considerarse iguales (homoioi), aunque entre ellos hubiese, en principio, gentes mucho más poderosas económicamente que otras.
Ahora se hablaba de una serie de individuos que tenían el deber y la posibilidad de defender personalmente la polis, esto, sin duda, aumento su sensación de pertenencia a la comunidad. Muchos ciudadanos experimentaron el sentimiento del ascenso social, pero esto a su vez se veía contrarrestado por su escasa participación política, generalmente cercenada a mano de la nobleza. Un profundo malestar crecerá en el seno de las comunidades griegas, que directamente desembocara en el estallido de la stasis. Pero ¿en qué consistía esta stasis?.

   Hasta entonces los basileus habían ostentado todo el poder, haciendo innecesarias la existencia de instituciones, ellos juzgaban y decidían todo lo concerniente a su comunidad, dándoles esto un poder ilimitado del que usualmente se aprovechaban. Hesiódo ya mencionaba estos abusos en su obra y avisaba, anticipándose a los hechos, de que nadie esta a salvo de la justicia y que incluso los basileus en su momento serían juzgados por Zeus. Mientras, el ciudadano hoplita, que ya empezaba a tener conciencia de ser un grupo social, buscaba igualarse en ciertos derechos a la aristocracia. Esto lo justificaba por el hecho de que su sangre, al igual que la de cualquier aristócrata, era derramada en el campo de batalla; juntos luchaban en beneficio de la polis, por lo tanto ambos deberían disfrutar de los mismos derechos. A su vez para el aristócrata ceder estos derechos significaba perder su prestigio ante la sociedad, un prestigio mantenido durante siglos y que ahora se ponía en entredicho; además, y lo que es en la practica lo más relevante, el dejar en manos de la mayoría el acceso a los cargos públicos, lo que obviamente les conduciría a perder, en breve tiempo, buena parte de su poder económico. De aquí en adelante el camino para ambos grupos no iba a ser fácil y este enfrentamiento iba a provocar lo que conocemos como stasis.

  • Comienzos del cambio político: las Tiranías.

   Ahora hoplita podía morir defendiendo la polis, por lo que tenían un derecho ganado para tomar parte en las decisiones que en esta se tomaban. Ese derecho ya era marcado por las propias tradiciones griegas; en los tiempos de Homero los basileus ganaban su prestigio en los combates demostrando su virtud guerrera, su arete, pero ahora el aristócrata debía de luchar junto al campesino, cargar contra una formación compacta como la falange, era un suicidio, dejarse llevar por la hibris ahora no daba gloria (con respecto a este punto, esta muy relacionado con el mito de las razas, la raza de los hombres de bronce, se deja llevar por la hibris, una hibris mala) sino todo lo contrario porque al abandonar la formación ponía en peligro a sus compañeros. Todos eran un grupo, eran hoplitas y sólo el trabajo en equipo les permitía alcanzar el arete.
Si en esto ya habían igualado a la aristocracia, el siguiente paso es que fuera reconocido su esfuerzo, en la polis. Esto llevo a continuos enfrentamientos, no quedando más remedio a la aristocracia, que ir poco a poco cediendo en compartir sus poderes y reconocer los derechos que haría del hoplita un ciudadano responsable y preocupado por todo lo concerniente a su comunidad. Pero antes de que el hoplita llegase a alcanzar su plenitud en la sociedad griega, apareció la figura del tirano.

   En muchas ciudades griegas ante el estado de stasis en el que vivía la comunidad, a causa de la lucha por conseguir una igualdad de derechos, se buscaron entre las personas notables a gente capaz de normalizar la situación. Estos llamados legisladores, ostentaban un gran poder por el cual se les permitía dictar leyes. El objeto de este nombramiento era para que a modo de arbitraje el legislador dictara unas normas que llevasen a una paz social y acabaran con el motivo que había provocado la stasis, el nombramiento era hasta haber cumplido con su cometido, pero el problema surgió cuando algunos de estos legisladores decidieron no devolver el poder, así apareció, inicialmente, la figura del tirano (en otros casos tomaron el poder directamente por las armas).

   Pero ciñéndonos al motivo del trabajo, ¿en qué afectó esta situación al hoplita?. En primer lugar los hoplitas eran el brazo armado de la ciudad, por esto los tiranos en muchas ocasiones dictaban leyes de las que los beneficiados eran los hoplitas; no es que el tirano (que en la mayor parte de las ocasiones provenía de la aristocracia) estuviese de acuerdo con ellos, sino, más bien, procuraba ganárselos para poder mantenerse en el poder, incluso dictando leyes contra los de su clase. En otras ocasiones el tirano no dudaba en dar su apoyo a otro bando con tal de mantenerse al frente de la polis. Pero en lo que no cabe duda es que el hoplita era la fuerza militar de la ciudad y difícilmente se podrían mantener en el poder sin su apoyo.
Finalmente cansados de los abusos de los tiranos y con una aristocracia que había quedado muy debilitada con la stasís, el demos pudo imponer su voluntad y empezaron a aparecer en muchas polis las primeras democracias.

   De esta forma, el origen y desarrollo del soldado griego, el hoplita, condujo directamente, lo que no deja de ser curioso, a un cambio radical del modo en que los griegos se gobernaban. Este cambio, realmente vertiginoso, tendría consecuencias trascendentales para la historia de occidente.

  • El armamento hoplita y sus tácticas de combate.

   Una de las preguntas que más nos viene a la cabeza al pensar en el hoplita es ¿qué los hizo tan especiales para poder dominar los campos de batalla durante cuatro siglos?. Evidentemente la infantería pesada ya existía tiempos atrás en los imperios orientales, esta iba aparentemente equipada como el hoplita, llevaban sus lanzas para el primer choque, su espada y su escudo para el combate cuerpo a cuerpo, el casco para proteger la cabeza y, los más afortunados, espinilleras que protegían sus piernas. También conocían el combate en orden cerrado y los problemas que traía consigo, como romper la formación en una batalla, entonces ¿dónde estaban las diferencias?.
La primera quizá apareció motivada por la mejora del armamento al desarrollar técnicas de forja más avanzadas, que trajeron la utilización masiva del bronce. Con este material se hacía el arma que principalmente caracterizo al hoplita y del que precisamente cogió su nombre, este es su escudo, el hoplon.

   El hoplon era redondo y de unas dimensiones mayores que los utilizados hasta la fecha, tenía unos 90cm, por su interior llevaba una abrazadera (parpax), para meter el brazo de forma que este quedara más sujeto, y un sistema de agarrado (antilabe), para poder asirlo con la mano. Pero lo revolucionario de este escudo era su finalidad, sus grandes dimensiones permitían proteger la parte izquierda del cuerpo, y el lado derecho del compañero de fila que es la parte vulnerable, al ser la mano derecha donde se lleva el arma. Esto causaba una impresión de seguridad que debía de tranquilizar mucho al hoplita. En cambio la impresión para el enemigo tenía que ser terrible al ver enfrente de ellos una gigantesca muralla de escudos y lanzas sin fisuras. Su único punto débil era el soldado colocado más a la derecha de la formación, pues no tenía a nadie que le protegiera, por este motivo la falange tendía a escorarse. Los griegos en este puesto colocaban al mejor luchador que tenían siendo conscientes del punto débil de la formación. Tucídides (V,71) nos describe esto en su descripción de la batalla de Mantinea, “Los ejércitos hacen todos esto: suelen cabecear hacía su ala derecha en las acometidas y, en consecuencia, dominan ambos con su ala derecha el ala izquierda del contrario, y ello a causa de que cada soldado, por temor, protege lo más posible su lado desnudo (es decir, el derecho) con el escudo del compañero situado a su derecha, y por considerar que la formación compacta es lo que ofrece mayor seguridad. En realidad, el que inicia el desvío es el que va primero por la derecha, en su afán de hurtar continuamente la parte desnuda de su cuerpo a los contrarios; después, le siguen por el mismo temor los demás”.

   La otra ventaja del hoplon, era el aprovechamiento táctico que se hacía de él. Los hoplitas cargaban contra el enemigo formando en filas y columnas, cuanto más densas en profundidad eran estas filas, más fuerte era el impacto sobre el enemigo. Aquí el escudo era un arma terrible, utilizándolo para empujar mientras con la mano derecha en la que se portaba la espada o la lanza aseteaban una y otra vez al enemigo.

 

   El resto del equipo, las espinilleras (grebas), el casco, la espada, la lanza (de madera de cornejo y punta de hierro) hacían en su conjunto del hoplita un guerrero formidable. Todo el equipo en su conjunto podía pesar entre 35 y 70 Kilos, por esta razón se necesitaba de la ayuda de personal que les ayudaran a portear el equipo cuando salían de campaña. Se sabe que los espartanos antes de la batalla de Platea llevaron consigo hasta siete ilotas como ayudantes para ayudarles con el equipo (además de alejarlos del pelopóneso).


   Por último, el otro aspecto que hizo destacar al hoplita en el campo de batalla es más psicológico que propiamente militar: el sentimiento de unidad de ser todos uno, luchar codo con codo, ser igual en la batalla y compartir todos la misma gloria o las mismas desdichas. Todo esto hacía del soldado griego un hombre con un temperamento muy fuerte que sabía sufrir en la batalla, donde defendía a su polis que era su identidad, y donde defendía esos derechos que tanto les habían costado conseguir o que en su defecto estaban demostrando porque eran merecedores de ellos.
Citando unas palabras de J.P.Vernant “La virtud guerrera es resultado de la sophrosyne: un dominio completo de sí, una constante vigilancia para someterse a una disciplina común, la sangre fría para refrenarse en los momentos en que se puede perturbar el orden de la formación”, ellos sabían que si se rompía la formación tanto por miedo como por dejarse llevar por el fragor de la batalla podían poner en peligro al grupo, por eso el ciudadano que abandona la formación quedaba marcado de por vida.

  • Conclusiones fínales, el hoplita.

   Básicamente ya se han comentado muchos aspectos que hacen del hoplita un ciudadano, podrían resumirse en su conciencia que tiene de pertenencia a su ciudad. La importancia del interés colectivo sobre el individual.
El hoplita era un campesino, un mercader, cuyo principal interés era ser reconocido en su sociedad, una sociedad dominada por una aristocracia que tuvo que acabar doblando su rodilla ante un pueblo unido, que aspiraba a una igualdad política.
Evidentemente la aristocracia no desapareció, sólo se muto para adaptarse a la nueva situación, para seguir dominando a una sociedad que en algunos momentos rozó el ser un sistema perfecto (para su época).
Finalmente, la guerra del Peloponeso acabó transformando poco a poco todos esos valores para en el año 338, en los campos de Queronea, dar comienzo a una nueva época en la que el hoplita había sido ya superado.

 

Por Pedro Llanes.

 


Notas..

(1) La Guerra Lelantina
En aquel tiempo la ciudad de Eretria era una sólida potencia regional. Sus posesiones se extendían por las islas del Egeo configurando así uno de los estados más poderosos y respetados de la Grecia continental.
La llanura de Lelanto era un territorio que se extendía más allá de la vecina ciudad de Calcis. En ella, además de cierto número de fuentes de aguas termales, existía una importante mina de la que se podía extraer, singularmente, cobre y hierro, combinación que no se daba en ningún otro yacimiento conocido.
Era pues la disputa de esta propiedad la que enfrento a los habitantes de Eretria con los de Calcis.
Lo novedoso de este conflicto es la noticia de que se estableció de antemano una serie de condiciones para el combate, cláusulas que impedían por ejemplo el uso de armas arrojadizas, tipo hondas, jabalinas o arcos y flechas. Dejando así bien a las claras el carácter de batalla abierta, un choque entre dos ejércitos, del enfrentamiento.
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(2) El trabajo de I. Pasamar trata también sobre este tema, aunque bajo una óptica completamente diferente:

La falange hoplita, una anomalía histórica:
La guerra primitiva se caracterizaba por diversos conatos de ataque, por una preferencia por el combate a distancia, por el uso de armas arrojadizas y por la restricción del combate cuerpo a cuerpo hasta que la victoria pareciese segura.

Sin embargo, los griegos, rompen con ésta tradición y con la evolución de las sociedades próximo-orientales hacia los ejércitos integrados (con integración de las diferentes armas; infantería ligera, pesada, caballería, etc.), creando el COMBATE DECISIVO y decantándose por la Infantería Pesada (la Falange).

Ferrill ("Los orígenes de la guerra") argumenta que la Infantería Pesada carece de sentido militar, sólo tiene sentido en enfrentamientos de ejércitos con la misma composición. Además, exige un alto precio en lo que duPicq (teórico de la estrategia francés) llamará "Carne" (el natural miedo al combate cuerpo a cuerpo, el impulso que lleva a evitarlo). Estos requerimientos deformaron la sociedad adaptando una forma de vida (un código de virilidad y moralidad) a las necesidades del combate de falanges.
Dice que la falange existe por qué no se conoce algo mejor y, cuando se presenta durante las guerra médicas, está tan enraizado que no es tan sencillo modificarla.

¿De dónde procede pues ésta anomalía histórica?, ¿qué hace que los griegos evolucionen hacia éste modo de hacer la guerra mientras allende el Egeo se marcha hacia los ejércitos integrados?.
La Edad Oscura crea una ruptura con la tradición precedente (incluso desaparece la escritura) y, en materia militar, se vuelve al duelo de campeones. Aquí, se podía haber optado por cualquier tipo de combate, pero se decantaron por el combate de Infantería Pesada.
Esto lo complementa Keegan ("Historia de la Guerra") explicando que sólo hay un periodo muy pequeño para que la guerra sea efectiva (devastando los campos de gramíneas lo cual exige decisión (una acción decisiva): por parte de los defensores evidente, salvaguardar sus posesiones, por la de los atacantes, el regreso rápido a sus tierras desguarnecidas en ese momento.
Además, en sus páginas 302 y 303, indica que también pudo influir el espíritu competitivo olímpico que acostumbra a hechos decisivos y la obtención de un resultado inequívoco. En estos juegos se preconiza también el contacto físico (lucha, pugilismo) que en otras culturas es impensable.

Vemos pues que la evolución de la falange es circunstancial, en modo alguno premeditado por los griegos. Teóricamente, el enfrentamiento con los persas se hubiera debido decantar por éstos últimos y sus ejércitos integrados, sin embargo no fue así.

Por último, y como una característica más del combate decisivo, tras la ruptura y la posterior persecución y muerte de los que huyen por parte de los escaramuzadores y la caballería (armas secundarias de la falange y supeditadas a ésta), lo lógico hubiera sido la total aniquilación del enemigo, pero no se produce. Esto se debe, según Keegan, a que hay una limitación tácita entre los combatientes, a un rasgo arcaico de la guerra que perdura.

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Bibliografía.

Adolfo Domínguez Monedero: La polis y la Expansión colonial Griega, Ed.sintesis: 1993.
Vidal-Naquet: El cazador negro.
J.P Vernant: Mitos de la sociedad Griega.
La Grecia clásica: Crítica.
Oswyn Murray: Grecia Arcaica, Ed.Taurus.
Osprey: colección Ejercitos y batallas, Los antiguos Griegos.