EL
HOPLITA: ORIGEN, DESARROLLO INICIAL Y SUS CONSECUENCIAS SOCIALES.
Entre
finales del siglo VIII a.C. y principios del siglo VII a.C., las
ciudades eubeas de Calcis y Eretria se encontraban enfrentadas
entre si por la posesión de una planicie conocida como
la Llanura del Lelanto (1).
Este conflicto no hubiera tenido mayor importancia -uno más
entre los muchos que se desarrollaron durante esa centuria- si
no fuera por el hecho de que este es el primer enfrentamiento
armado, conocido, en donde dos ejércitos griegos se enfrentaron
adoptando ambos la formación hoplítica.
Esta llamada formación hoplítica iba a dominar los
campos de batalla durante los siguientes tres siglos, hasta la
batalla de Queronea en el 338 a.C. donde un profesionalizado ejército
Macedonio, al mando de Filipo II, iba a destrozar a los hoplitas
de las ciudades libres de Grecia, dando fin de golpe a la hegemonía
de esta forma de combate en los campos de batalla.
La
aparición en el escenario griego de la figura del hoplita,
iba a tener unas consecuencias tanto militares como sociales
que han llegado a nuestros días a través de la
filosofía y la literatura.
Para poder entender la figura del hoplita hay que ver su evolución,
incluso antes de su definitiva aparición, ese será
el objeto de este trabajo.
Las
fuentes principales en que nos apoyamos para comprender este
importante periodo de la historia de Grecia -conocido como Arcaico-
son las obras escritas por Homero (la Odisea y la Iliada) y
Hesiódo (Los trabajos y los días). El primero
nos da a conocer la aristocracia del mundo griego, mientras
que el segundo nos muestra el mundo del campesino acomodado
o lo que hoy en día llamaríamos la clase media
griega y que dará origen al futuro hoplita.
Hasta
ese momento la guerra tenía un carácter limitado.
Las aldeas se enfrentaban entre sí por un puñado
de tierra u otros motivos que podemos considerar ahora menores,
siendo los miembros de la nobleza de dichas aldeas quienes casi
en exclusiva llevaban el peso de la guerra. Los combates en
la mayoría de los casos concluían en una lucha
individual (monomachia) entre sus campeones, siendo el vencedor
el que se apropiaba del territorio o hacía prevalecer
sus derechos sobre el motivo de la disputa.
Con esto no se pretende dar a entender que la lucha individual
resolviera los conflictos, pero sí es verdad que debió
de ser una práctica habitual en este periodo, o al menos,
esto es lo que se puede intuir de las lecturas de las fuentes
de que disponemos (Homero y Estrabón).
Y así debió ser durante un largo periodo de la
historia griega, al menos hasta que nos llega la noticia del
choque armado habido en Eubea, en la Llanura de Lelanto. Ya
que lo sucedido en la que vendrá a llamarse La Guerra
Lelantina se opone precisamente a esta idea.
Esta
información (Estrabón X 8 y sig.) hace pensar
que ya en el siglo VIII se estaba empezando a formar la imagen
que tenemos del hoplita y que posiblemente dos formas de lucha
radicalmente distintas convivían al mismo tiempo.
Es
curioso saber que, a pesar de la crueldad de la batalla descrita
por los clásicos tantas veces, al finalizar la lucha
el ganador no se ensañaba con el perdedor, al contrario
los prisioneros eran tratados como extranjeros, recibiendo los
cuidados propios de las costumbres de hospitalidad griegas.
En ocasiones, los bandos en conflicto alcanzaban una paz que
podía llevar consigo un matrimonio entre las familias
en disputa, cobrando este una gran importancia. Incluso antes
de las batallas se negociaban las reglas por las que iban a
regirse, caso de la guerra lelantina.
Nos
encontramos en un mundo, Grecia, en el que la tierra era un
bien tan preciado y tan escaso -a causa de la difícil
orografía y una puntual explosión demográfica-
que impulso a que muchos de sus habitantes buscaran tierras
en otros lugares más lejanos, empezando así un
proceso colonizador que los llevaría desde las costas
del Mar Negro a las de la Península Ibérica: El
Ponto, Anatolia, sur de Italia, costas Ilirias, Córcega,
Cerdeña, Libia etc. Esta expansión colonial y
el contacto con otras muchas culturas, en muchos casos hostiles,
trajo consigo la necesidad de una adaptación en sus técnicas
de combate (2).
Los nativos de las tierras que se querían colonizar,
podían no ser afines y estos no tenían porque
ofrecer una lucha al estilo en que los griegos estaban acostumbrados
(un ejemplo claro es la concertada Guerra Lelantina o los conocidos
combates individuales), ahora se encontraban con desordenados
ataques en masa o emboscadas donde la vida de un aristócrata
tenía el mismo valor que la de un simple campesino armado
de un pica.
Siendo esta una lucha sin reglas es fácil que influyera
cada vez más a la nobleza a buscar el abrigo de la formación
cerrada abandonándose definitivamente el enfrentamiento
individual y cambiando con ello los valores de virtud guerrera,
de la aristocracia, por el del valor de disciplina dentro de
la formación. Cambio este, que sin ir más lejos,
afectaría a la Historia de la Humanidad.
Otro problema era el número de combatientes que la nobleza
podía aportar para esas expediciones de colonización.
En muchos casos estos no eran suficientes para la envergadura
del trabajo encomendado, entonces la alternativa pasaba por
reclutar un pequeño ejército, donde los costes
del armamento y el abastecimiento de estos voluntarios eran
una carga demasiado pesada para las arcas de la nobleza. No
hay que olvidar la importancia que tenía la fuerza armada
en estas expediciones, ya que ser derrotados en un intento de
colonización, podría significar el perder esas
tierras para siempre y con ello la posibilidad de establecerse
allí o en cualquier otro lugar cercano, al haber quedado
relativamente debilitados o derrotados, por no hablar del peligro
de ser aniquilados. Cuantas desconocidas expediciones habrán
caído exterminadas a manos de los nativos de cualquier
lugar sin dejar el menor rastro en la historia!..
Dado
que era necesario que los propios soldados adquiriesen sus armas,
se comenzaron a reclutar a las gentes del demos que pudieran
costearse el equipo para el combate, y lo que es más
importante, la nobleza se veía obligada a combatir junto
a todos los miembros de la expedición, sin distinción
de estatus.
El luchar codo con codo junto a la aristocracia de sus ciudades,
a la larga provocó un resentimiento entre los combatientes
del demos. Veían como luchaban y morían junto
a la nobleza y en cambio no recibían compensación
política de ningún tipo. Eran iguales a sus nobles
en el campo de batalla, pero en cambio no tenían derecho
a expresar sus opiniones en una asamblea pública, ni
obtener cargos con cierta responsabilidad en la comunidad.
Las
tácticas de combate también debieron de ser cambiadas,
la monomachia ya no tenía sentido, ahora la lucha era
en formaciones cerradas (taxis) dentro de una formación
(phalanx). Esta evolución, que definitivamente se implantó
durante el siglo VII, sería la que acabaría dando
origen al verdadero hoplita. Alfonso Domínguez resume
esta idea diciendo, “El surgimiento de la táctica
hoplítica es consecuencia de un proceso que empieza a
gestarse en el siglo VIII, mediante el cual se va a ampliar
la base militar de la polis”. Seguramente el proceso de
colonización no fue el único motivo que propició
el cambio a la formación hoplítica pero sí
es fácil que fuera el principal motivo que lo acelerara.
Analizando
la obra de Homero, la Iliada, encontramos los primeros indicios
de uso del combate en orden cerrado, aunque en su obra lo que
principalmente resalta es como la aristocracia domina las cuestiones
militares. Estos, reunidos en una asamblea en donde sólo
la palabra de ellos tiene valor, deliberan sobre los asuntos
que consideran importantes; alrededor de ellos tiene al demos,
que por la intensidad de sus aclamaciones, muestra su apoyo
a uno u otro aristócrata. Pero no se puede dejar de mencionar
la intervención de Tersites (Iliada, II,198-206) este,
aunque es reprendido por Ulises, que le llama la atención
por interrumpir con su palabra en una de estas asambleas, muestra
un primer intento del pueblo de participar en los asuntos militares.
Hesiódo, por otro lado, con sus continuas referencias
a la justicia (dike) y sus quejas y avisos sobre las consecuencias
que un mal gobierno puede llevar, nos puede dejar intuir que
dentro del demos hay un cierto malestar. Poetas como Calino
de Efeso o Tirteo de Esparta ensalzan ya el esfuerzo heroico
del soldado ciudadano, cuando antiguamente esto estaba únicamente
reservado a la aristocracia.
Se
empieza a notar un inconformismo de ese campesino acomodado.
Para él sólo a cambiado una cosa: se le han aumentado
las cargas teniendo que servir en el ejército, además
de jugarse la vida, y ¿qué recibe a cambio?, nada.
En cierto modo el demos sí estaba adquiriendo un cierto
poder, en contra de los deseos de la aristocracia, un poder
que la misma nobleza les había otorgado al llamarlos
a filas. Ahora el pueblo era la fuerza armada y cada vez se
iba a tener que contar más con ellos.
En
lo expuesto anteriormente queda claro el descontento de aquellas
personas que no pertenecientes a la élite se les exige
cada vez más un mayor esfuerzo, y que no encuentran compensaciones,
tanto en lo social, como en lo económico o político,
a sus esfuerzos o sacrificios. En este sentimiento encontrado
se sientan las bases de lo que va a caracterizar el panorama
político del siglo VII, la stasis, la discordia civil.
No será esta una lucha de carácter bélico
y civil, aunque muchas veces conduzca al choque armado, adoptara
más bien la forma de una genuina lucha de clases que
se extenderá en breve tiempo por todo lo largo y ancho
del Mundo Griego.
Estas clases enfrentadas, siguiendo el esquema que Hesiódo
nos ha dejado, son las siguientes: los basileus, el campesino
acomodado (que es el hoplita) y el resto del campesinado. Entre
ellos se enfrentarán y se aliarán indistintamente
para conseguir sus propósitos.
En
el siglo VII, el hoplita ya estaba extendido por toda la hélade
y continuaba desarrollándose. La lucha en formación
cerrada traía consigo un sentimiento de solidaridad y,
en un plano superior, reforzaba una idea de isonomía
(todos son iguales), los espartanos estaban orgullosos de considerarse
iguales (homoioi), aunque entre ellos hubiese, en principio,
gentes mucho más poderosas económicamente que
otras.
Ahora se hablaba de una serie de individuos que tenían
el deber y la posibilidad de defender personalmente la polis,
esto, sin duda, aumento su sensación de pertenencia a
la comunidad. Muchos ciudadanos experimentaron el sentimiento
del ascenso social, pero esto a su vez se veía contrarrestado
por su escasa participación política, generalmente
cercenada a mano de la nobleza. Un profundo malestar crecerá
en el seno de las comunidades griegas, que directamente desembocara
en el estallido de la stasis. Pero ¿en qué consistía
esta stasis?.
Hasta
entonces los basileus habían ostentado todo el poder,
haciendo innecesarias la existencia de instituciones, ellos
juzgaban y decidían todo lo concerniente a su comunidad,
dándoles esto un poder ilimitado del que usualmente se
aprovechaban. Hesiódo ya mencionaba estos abusos en su
obra y avisaba, anticipándose a los hechos, de que nadie
esta a salvo de la justicia y que incluso los basileus en su
momento serían juzgados por Zeus. Mientras, el ciudadano
hoplita, que ya empezaba a tener conciencia de ser un grupo
social, buscaba igualarse en ciertos derechos a la aristocracia.
Esto lo justificaba por el hecho de que su sangre, al igual
que la de cualquier aristócrata, era derramada en el
campo de batalla; juntos luchaban en beneficio de la polis,
por lo tanto ambos deberían disfrutar de los mismos derechos.
A su vez para el aristócrata ceder estos derechos significaba
perder su prestigio ante la sociedad, un prestigio mantenido
durante siglos y que ahora se ponía en entredicho; además,
y lo que es en la practica lo más relevante, el dejar
en manos de la mayoría el acceso a los cargos públicos,
lo que obviamente les conduciría a perder, en breve tiempo,
buena parte de su poder económico. De aquí en
adelante el camino para ambos grupos no iba a ser fácil
y este enfrentamiento iba a provocar lo que conocemos como stasis.
Ahora
hoplita podía morir defendiendo la polis, por lo que
tenían un derecho ganado para tomar parte en las decisiones
que en esta se tomaban. Ese derecho ya era marcado por las propias
tradiciones griegas; en los tiempos de Homero los basileus ganaban
su prestigio en los combates demostrando su virtud guerrera,
su arete, pero ahora el aristócrata debía de luchar
junto al campesino, cargar contra una formación compacta
como la falange, era un suicidio, dejarse llevar por la hibris
ahora no daba gloria (con respecto a este punto, esta muy relacionado
con el mito de las razas, la raza de los hombres de bronce,
se deja llevar por la hibris, una hibris mala) sino todo lo
contrario porque al abandonar la formación ponía
en peligro a sus compañeros. Todos eran un grupo, eran
hoplitas y sólo el trabajo en equipo les permitía
alcanzar el arete.
Si en esto ya habían igualado a la aristocracia, el siguiente
paso es que fuera reconocido su esfuerzo, en la polis. Esto
llevo a continuos enfrentamientos, no quedando más remedio
a la aristocracia, que ir poco a poco cediendo en compartir
sus poderes y reconocer los derechos que haría del hoplita
un ciudadano responsable y preocupado por todo lo concerniente
a su comunidad. Pero antes de que el hoplita llegase a alcanzar
su plenitud en la sociedad griega, apareció la figura
del tirano.
En
muchas ciudades griegas ante el estado de stasis en el que vivía
la comunidad, a causa de la lucha por conseguir una igualdad
de derechos, se buscaron entre las personas notables a gente
capaz de normalizar la situación. Estos llamados legisladores,
ostentaban un gran poder por el cual se les permitía
dictar leyes. El objeto de este nombramiento era para que a
modo de arbitraje el legislador dictara unas normas que llevasen
a una paz social y acabaran con el motivo que había provocado
la stasis, el nombramiento era hasta haber cumplido con su cometido,
pero el problema surgió cuando algunos de estos legisladores
decidieron no devolver el poder, así apareció,
inicialmente, la figura del tirano (en otros casos tomaron el
poder directamente por las armas).
Pero
ciñéndonos al motivo del trabajo, ¿en qué
afectó esta situación al hoplita?. En primer lugar
los hoplitas eran el brazo armado de la ciudad, por esto los
tiranos en muchas ocasiones dictaban leyes de las que los beneficiados
eran los hoplitas; no es que el tirano (que en la mayor parte
de las ocasiones provenía de la aristocracia) estuviese
de acuerdo con ellos, sino, más bien, procuraba ganárselos
para poder mantenerse en el poder, incluso dictando leyes contra
los de su clase. En otras ocasiones el tirano no dudaba en dar
su apoyo a otro bando con tal de mantenerse al frente de la
polis. Pero en lo que no cabe duda es que el hoplita era la
fuerza militar de la ciudad y difícilmente se podrían
mantener en el poder sin su apoyo.
Finalmente cansados de los abusos de los tiranos y con una aristocracia
que había quedado muy debilitada con la stasís,
el demos pudo imponer su voluntad y empezaron a aparecer en
muchas polis las primeras democracias.
De
esta forma, el origen y desarrollo del soldado griego, el hoplita,
condujo directamente, lo que no deja de ser curioso, a un cambio
radical del modo en que los griegos se gobernaban. Este cambio,
realmente vertiginoso, tendría consecuencias trascendentales
para la historia de occidente.
Una
de las preguntas que más nos viene a la cabeza al pensar
en el hoplita es ¿qué los hizo tan especiales
para poder dominar los campos de batalla durante cuatro siglos?.
Evidentemente la infantería pesada ya existía
tiempos atrás en los imperios orientales, esta iba aparentemente
equipada como el hoplita, llevaban sus lanzas para el primer
choque, su espada y su escudo para el combate cuerpo a cuerpo,
el casco para proteger la cabeza y, los más afortunados,
espinilleras que protegían sus piernas. También
conocían el combate en orden cerrado y los problemas
que traía consigo, como romper la formación en
una batalla, entonces ¿dónde estaban las diferencias?.
La primera quizá apareció motivada por la mejora
del armamento al desarrollar técnicas de forja más
avanzadas, que trajeron la utilización masiva del bronce.
Con este material se hacía el arma que principalmente
caracterizo al hoplita y del que precisamente cogió su
nombre, este es su escudo, el hoplon.
El
hoplon era redondo y de unas dimensiones mayores que
los utilizados hasta la fecha, tenía unos 90cm,
por su interior llevaba una abrazadera (parpax), para
meter el brazo de forma que este quedara más
sujeto, y un sistema de agarrado (antilabe), para poder
asirlo con la mano. Pero lo revolucionario de este escudo
era su finalidad, sus grandes dimensiones permitían
proteger la parte izquierda del cuerpo, y el lado derecho
del compañero de fila que es la parte vulnerable,
al ser la mano derecha donde se lleva el arma. Esto
causaba una impresión de seguridad que debía
de tranquilizar mucho al hoplita. En cambio la impresión
para el enemigo tenía que ser terrible al ver
enfrente de ellos una gigantesca muralla de escudos
y lanzas sin fisuras. Su único punto débil
era el soldado colocado más a la derecha de la
formación, pues no tenía a nadie que le
protegiera, por este motivo la falange tendía
a escorarse. Los griegos en este puesto colocaban al
mejor luchador que tenían siendo conscientes
del punto débil de la formación. Tucídides
(V,71) nos describe esto en su descripción de
la batalla de Mantinea, “Los ejércitos
hacen todos esto: suelen cabecear hacía su ala
derecha en las acometidas y, en consecuencia, dominan
ambos con su ala derecha el ala izquierda del contrario,
y ello a causa de que cada soldado, por temor, protege
lo más posible su lado desnudo (es decir, el
derecho) con el escudo del compañero situado
a su derecha, y por considerar que la formación
compacta es lo que ofrece mayor seguridad. En realidad,
el que inicia el desvío es el que va primero
por la derecha, en su afán de hurtar continuamente
la parte desnuda de su cuerpo a los contrarios; después,
le siguen por el mismo temor los demás”.
La
otra ventaja del hoplon, era el aprovechamiento táctico
que se hacía de él. Los hoplitas cargaban
contra el enemigo formando en filas y columnas, cuanto
más densas en profundidad eran estas filas, más
fuerte era el impacto sobre el enemigo. Aquí
el escudo era un arma terrible, utilizándolo
para empujar mientras con la mano derecha en la que
se portaba la espada o la lanza aseteaban una y otra
vez al enemigo.
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El
resto del equipo, las espinilleras (grebas), el casco, la espada,
la lanza (de madera de cornejo y punta de hierro) hacían
en su conjunto del hoplita un guerrero formidable. Todo el equipo
en su conjunto podía pesar entre 35 y 70 Kilos, por esta
razón se necesitaba de la ayuda de personal que les ayudaran
a portear el equipo cuando salían de campaña. Se
sabe que los espartanos antes de la batalla de Platea llevaron
consigo hasta siete ilotas como ayudantes para ayudarles con el
equipo (además de alejarlos del pelopóneso).
Por último, el otro
aspecto que hizo destacar al hoplita en el campo de batalla
es más psicológico que propiamente militar: el
sentimiento de unidad de ser todos uno, luchar codo con codo,
ser igual en la batalla y compartir todos la misma gloria o
las mismas desdichas. Todo esto hacía del soldado griego
un hombre con un temperamento muy fuerte que sabía sufrir
en la batalla, donde defendía a su polis que era su identidad,
y donde defendía esos derechos que tanto les habían
costado conseguir o que en su defecto estaban demostrando porque
eran merecedores de ellos.
Citando unas palabras de J.P.Vernant “La virtud guerrera
es resultado de la sophrosyne: un dominio completo de sí,
una constante vigilancia para someterse a una disciplina común,
la sangre fría para refrenarse en los momentos en que
se puede perturbar el orden de la formación”, ellos
sabían que si se rompía la formación tanto
por miedo como por dejarse llevar por el fragor de la batalla
podían poner en peligro al grupo, por eso el ciudadano
que abandona la formación quedaba marcado de por vida.
Básicamente
ya se han comentado muchos aspectos que hacen del hoplita un
ciudadano, podrían resumirse en su conciencia que tiene
de pertenencia a su ciudad. La importancia del interés
colectivo sobre el individual.
El hoplita era un campesino, un mercader, cuyo principal interés
era ser reconocido en su sociedad, una sociedad dominada por
una aristocracia que tuvo que acabar doblando su rodilla ante
un pueblo unido, que aspiraba a una igualdad política.
Evidentemente la aristocracia no desapareció, sólo
se muto para adaptarse a la nueva situación, para seguir
dominando a una sociedad que en algunos momentos rozó
el ser un sistema perfecto (para su época).
Finalmente, la guerra del Peloponeso acabó transformando
poco a poco todos esos valores para en el año 338, en
los campos de Queronea, dar comienzo a una nueva época
en la que el hoplita había sido ya superado.
Por Pedro Llanes.
Notas..
(1)
La Guerra Lelantina
En aquel tiempo la ciudad de Eretria era
una sólida potencia regional. Sus posesiones se
extendían por las islas del Egeo configurando así
uno de los estados más poderosos y respetados de
la Grecia continental.
La llanura de Lelanto era un territorio que se extendía
más allá de la vecina ciudad de Calcis.
En ella, además de cierto número de fuentes
de aguas termales, existía una importante mina
de la que se podía extraer, singularmente, cobre
y hierro, combinación que no se daba en ningún
otro yacimiento conocido.
Era pues la disputa de esta propiedad la que enfrento
a los habitantes de Eretria con los de Calcis.
Lo novedoso de este conflicto es la noticia de que se
estableció de antemano una serie de condiciones
para el combate, cláusulas que impedían
por ejemplo el uso de armas arrojadizas, tipo hondas,
jabalinas o arcos y flechas. Dejando así bien a
las claras el carácter de batalla abierta, un choque
entre dos ejércitos, del enfrentamiento.
Volver
(2)
El trabajo de I. Pasamar trata también
sobre este tema, aunque bajo una óptica completamente
diferente:
La
falange hoplita, una anomalía histórica:
La guerra
primitiva se caracterizaba por diversos conatos de ataque,
por una preferencia por el combate a distancia, por el
uso de armas arrojadizas y por la restricción del
combate cuerpo a cuerpo hasta que la victoria pareciese
segura.
Sin
embargo, los griegos, rompen con ésta tradición
y con la evolución de las sociedades próximo-orientales
hacia los ejércitos integrados (con integración
de las diferentes armas; infantería ligera, pesada,
caballería, etc.), creando el COMBATE DECISIVO
y decantándose por la Infantería Pesada
(la Falange).
Ferrill
("Los orígenes de la guerra") argumenta
que la Infantería Pesada carece de sentido militar,
sólo tiene sentido en enfrentamientos de ejércitos
con la misma composición. Además, exige
un alto precio en lo que duPicq (teórico de la
estrategia francés) llamará "Carne"
(el natural miedo al combate cuerpo a cuerpo, el impulso
que lleva a evitarlo). Estos requerimientos deformaron
la sociedad adaptando una forma de vida (un código
de virilidad y moralidad) a las necesidades del combate
de falanges.
Dice que la falange existe por qué no se conoce
algo mejor y, cuando se presenta durante las guerra médicas,
está tan enraizado que no es tan sencillo modificarla.
¿De
dónde procede pues ésta anomalía
histórica?, ¿qué hace que los griegos
evolucionen hacia éste modo de hacer la guerra
mientras allende el Egeo se marcha hacia los ejércitos
integrados?.
La Edad Oscura crea una ruptura con la tradición
precedente (incluso desaparece la escritura) y, en materia
militar, se vuelve al duelo de campeones. Aquí,
se podía haber optado por cualquier tipo de combate,
pero se decantaron por el combate de Infantería
Pesada.
Esto lo complementa Keegan ("Historia de la Guerra")
explicando que sólo hay un periodo muy pequeño
para que la guerra sea efectiva (devastando los campos
de gramíneas lo cual exige decisión (una
acción decisiva): por parte de los defensores evidente,
salvaguardar sus posesiones, por la de los atacantes,
el regreso rápido a sus tierras desguarnecidas
en ese momento.
Además, en sus páginas 302 y 303, indica
que también pudo influir el espíritu competitivo
olímpico que acostumbra a hechos decisivos y la
obtención de un resultado inequívoco. En
estos juegos se preconiza también el contacto físico
(lucha, pugilismo) que en otras culturas es impensable.
Vemos
pues que la evolución de la falange es circunstancial,
en modo alguno premeditado por los griegos. Teóricamente,
el enfrentamiento con los persas se hubiera debido decantar
por éstos últimos y sus ejércitos
integrados, sin embargo no fue así.
Por
último, y como una característica más
del combate decisivo, tras la ruptura y la posterior persecución
y muerte de los que huyen por parte de los escaramuzadores
y la caballería (armas secundarias de la falange
y supeditadas a ésta), lo lógico hubiera
sido la total aniquilación del enemigo, pero no
se produce. Esto se debe, según Keegan, a que hay
una limitación tácita entre los combatientes,
a un rasgo arcaico de la guerra que perdura.
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Bibliografía.
Adolfo
Domínguez Monedero: La polis y la Expansión colonial
Griega, Ed.sintesis: 1993.
Vidal-Naquet: El cazador negro.
J.P Vernant: Mitos de la sociedad Griega.
La Grecia clásica: Crítica.
Oswyn Murray: Grecia Arcaica, Ed.Taurus.
Osprey: colección Ejercitos y batallas, Los antiguos
Griegos.
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