Para la elaboración de este trabajo se han consultado: A) como obra absolutamente imprescindible para todo el grueso del relato, Pausanias, en su -Descripción de Grecia-. B) luego, pero solo como mero acompañamiento, las siempre necesarias consultas a Diodoro, Estrabón, Orosio etc, aunque solo relevantes para la II y III guerras mesenias.

Satrapa1

 

LA I GUERRA DE MESENIA

 

La llamada Guerra de Mesenia tuvo, para variar, un oscuro a la vez que complicado inicio. Lo cierto es que, una vez comenzada, se encono de tal manera que los agresores, los espartanos, no cejaron durante decenas de años de combatir contra sus vecinos hasta que estos no fueron aniquilados, esclavizados o expulsados del país.


Fue alrededor del año 743 a.C. Los laconios, resueltos ya a la invasión del país vecino, atacaron inopinadamente la ciudad fronteriza de Amphia con el fin de utilizarla como base de operaciones en el ataque contra Mesenia. Los mesenios, que en principio no sospechaban de la resolución espartana, se reunieron en asamblea. El pueblo y magistrados de todas las ciudades, reunidos en la ciudad de Stenyclarus decidieron, siguiendo las directrices del rey de Mesenia, Eufaes, prepararse para la guerra.

Durante los siguientes días, ambos bandos se prepararon para la lucha. Por un lado los mesenios se armaban a conciencia para la batalla, por otro, los laconios, desde Amphia, realizaban correrías en territorio enemigo. Aunque estos, tan seguros estaban de su victoria, que se limitaban solo a robar y saquear bienes sin destruir o talar los árboles o las haciendas de sus enemigos, pensando que pronto todo debería pasaría a su poder.

Una vez que Eufaes consideró que disponía de las fuerzas suficientes, y deseando aprovechar la palpable indignación de sus gentes ante la agresión laconia, se dispuso avanzar con su ejército hacia Anfea.


Por la disposición que adopto Eufaes es posible que este primer choque no fuese mas que un amago para conocer las fuerzas de su adversario. El rey mesenio coloco a sus tropas protegidas por un profundo vado, que les separaba del campo enemigo. Era de tal fortaleza su posición, que cuando los espartanos, que habían acudido en masa desde la propia Esparta al conocer las intenciones de su enemigo, quisieron llegar a chocar con sus líneas no pudieron siquiera llegar a golpe de lanza. La caballería y la infantería ligera, en total unos 500 hombres, más alejadas del centro, sí que encontraron la ocasión de combatir aunque sin resultados, pues ambos destacamentos eran de similares características y ninguno pudo imponerse al contrario.
Eufaes, que de todas formas no las tenía todas consigo, había hecho traer a cada uno de los esclavos que acompañaban a las tropas una estaca, con estas ahora se dispuso a construir una fuerte empalizada a modo de campamento. Las dos ejércitos estuvieron toda la jornada desplegados uno frente a otro, al llegar la noche los mesenios se retiraron del foso y acamparon dentro del perímetro que Eufaes estaba haciendo vallar. A la mañana siguiente, justo al alba, terminó la obra, los espartanos se sorprendieron de ver a sus contrarios perfectamente atrincherados esperando el ataque enemigo. No tenían ninguna previsión hecha acerca de asediar ninguna posición, así que optaron por dejar el campo y regresar a Esparta. Este fue el triste fin de la primera campaña para los laconios.
Al año siguiente, enardecidos, los espartanos decidieron lanzar un fuerte ataque sobre Mesenia, esta vez los dos reyes de Esparta irían a la cabeza de sus fuerzas.

Muy pocas veces sucederá, en la historia de la república, que los dos reyes marchen juntos a la guerra, sólo en ocasiones muy excepcionales se adoptará esta decisión, prueba de la trascendencia que daban los espartanos a este conflicto y, quizás también en parte, al triste resultado de las operaciones llevadas adelante el año precedente.
Los mesenios pronto comenzarán a su vez a devolver el golpe. A través del mar podían maniobrar con ventaja, pues a los laconios les estaba vedado por ley el oficio de la mar, por lo que pronto las costas de Esparta fueron presa de las razias mesenias.

LA PRIMERA GRAN BATALLA

Movilizada, probablemente, la mayor parte del ejercito laconio, volvieron a penetrar en Mesenia llegando, en algún desconocido lugar de ese territorio, a enfrentarse en batalla con la totalidad de las fuerzas mesenias.

Los espartanos movilizaban, en cuanto a hoplitas, un número indeterminado de morai, también unidades de periecos, además de una cierta cantidad de dríopes -exiliados argivos asentados ya en Lacedemonia desde hacia muchos años, y que fueron, es de suponer que excepcionalmente, obligados a militar bajo sus banderas- Como auxiliares estaban los conocidos hilotas y, para finalizar, y confrontar a la numerosa infantería ligera que alineaban los mesenios, los espartanos hicieron venir de Creta a un buen contingente de los famosos arqueros mercenarios cretenses.

Los mesenios, menos numerosos y diestros que los espartanos, contaban a su favor con el valor que da la desesperación. Por eso, al encontrarse las dos fuerzas en campo abierto, el choque debía ser necesariamente cruento y despiadado.

Los dos ejércitos plantearon el despliegue usual para la época: una larga línea de unidades de hoplitas, cubiertos a los flancos por una reducida caballería (por aquellos tiempos los laconios no disponían de, precisamente, grandes jinetes) mientras la infantería ligera y los auxiliares aguardaban en la retaguardia.

La formación espartana se había dispuesto, sobre un frente similar, con mayor profundidad. Los laconios renunciaron a extender sus líneas en beneficio de esta forma de combate: esperaban agotar a sus contrarios ya que al ser más numerosos podrían rotar más rápidamente en la batalla y lanzar así a la lucha hombres más descansados que los de su adversario.

Los mesenios, después de la arenga del rey Eufaes, comenzaron enardecidos el avance a la carrera, los espartanos no les esperaron, sí no que, a su vez, comenzaron también el ataque. Cuando los dos ejércitos se acercaron, ya a pocos metros el uno del otro, comenzó el usual cruce de acusaciones, insultos y amenazas entre los hombres de ambos bandos, de las palabras pronto se llego a las manos y la batalla en si, dio entonces comienzo. Formación contra formación, la batalla se convirtió en una serie de choques hombre a hombre en el que los mesenios, dada su desesperada situación, se distinguieron sobre sus contrarios. Los combates fueron especialmente despiadados, pues parece que nadie de los que, derribados en combate, y por ello en peligro de muerte, suplicaba u ofrecía dinero a su vencedor a cambio de la vida, ambos bandos habían decidido que el lance seria a vida o muerte. Se dice que era tal la lucha que quien se atrevía a despojar a un cadáver era inmediatamente alcanzado por los dardos o las espadas de sus enemigos al ofrecer entonces alguna parte de su cuerpo desprotegida, o al ser heridos por los propios moribundos que resistían hasta el final.

Durante unas horas el combate se generalizó, sin que ninguno de los dos bandos lograse ningún avance en perjuicio de su adversario. El clímax de la batalla llego cuando el rey espartano Teopompo, decidió lanzar un ataque directo sobre la formación que comandaba el rey mesenio, Eufaes. Al arrojo de los mesenios del que ya hemos hablado, se unió en esta ocasión el que los hoplitas de Eufaes eran, de hecho, la flor y nata del ejercito mesenio. Así, después de una dura lucha, los mesenios consiguieron romper el ataque espartano y, no sólo rechazarlo, si no hacerlo retroceder y, luego, huir. Sin embargo, Eufaes, como veremos, no podrá aprovechar este momento de ventaja.

Esta victoria en el flanco de Eufaes, fue compensada por la derrota de sus fuerzas en su flanco izquierdo. Allí, Pitarato había sido muerto y las filas, perdida la cohesión, habían sido puestas en fuga. Afortunadamente para los mesenios, el rey espartano, como era usual en ellos, no se lanzó a la consabida persecución, manteniendo a sus hoplitas en formación, cosa esta que, para los laconios, primaba sobre todo lo demás.Eufaes maniobró con sus tropas para dirigirse al lugar amenazado, pero llego demasiado tarde, la noche hizo que los dos ejércitos tuvieran que separarse.

La batalla no había decidido nada, pero los mesenios habían volcado todos sus esfuerzos en conseguir en esta ocasión una victoria decisiva y sus recursos, sus fondos, se habían agotado.

Los espartanos renunciaron por el momento a seguir avanzando, en vista de que, como parece que se veía venir, los recursos de su enemigo menguaban con rapidez. Eso era causa, principalmente, de tener que emplear gran número de hombres en las tareas de defensa, guarnición de las ciudades. Al coste de esta medida se unía, multiplicando sus efectos, la lenta pero imparable huida de los esclavos, que dejaban los campos y se refugiaban en el campamento laconio. Para terminar, una epidemia se propago por el campo mesenio causando gran desasosiego aunque al final no fue tan cruenta como se esperaba.

Eufaes, decidió, vista la situación, acabar con esta inútil dispersión de recursos y reunir a la mayor parte de la población amenazada del interior, en un nuevo emplazamiento. El lugar elegido fue el monte Itome.

Pasarán ahora cinco largos años hasta que los espartanos, probablemente recuperados ya del susto que les había ocasionado la feroz resistencia mesenia, decidieron avanzar de nuevo sobre sus enemigos y ofrecerles batalla. En este prolongado impasse, estos cinco años, la guerra de baja intensidad ha sido la norma.

La segunda gran batalla concluyo de nuevo sin ninguna clara victoria para ninguno de los dos bandos. El hecho mas relevante del lance fue la muerte del rey mesenio, Eufaes, quien valientemente cayo en combate, y también la muerte de Antandro, el que probablemente estaba destinado a sucederle.

Como sucesor de Eufaes fue elegido por el pueblo Aristodemo. La guerra continuo ahora como antes, incursiones de uno y otro bando sobre el territorio del vecino durante la época de recolección. Incursiones estas a las que se sumaban ahora los arcadios, quienes en general estaban indisimuladamente enfrentados a los espartanos.


LA BATALLA DEL MONTE ITOME

De nuevo debieron transcurrir cinco años para que los lacedemonios se decidieran a lanzar un nuevo ataque, aunque había una novedad, esta vez la guerra, anunciada a lo largo y ancho del Peloponeso, convocó en Mesenia a todos los inclinados hacia una u otra causa.

A los mesenios les llegaron de refuerzo los soldados de toda Arcadia, así como hoplitas escogidos de Sición y Argos. Los espartanos recibieron la ayuda de los corintios. Al final, de nuevo la ventaja numérica volvía a estar de lado espartano. Por aquellos días la población laconia debía ser relativamente numerosa, no en vano una de sus denominaciones era la de el país de las cien ciudades.

LOS ESPARTANOS

El dispositivo presentado por los espartanos era este: el centro cubierto por sus tropas auxiliares más los aliados corintios, las alas reservadas para los espartiatas colocados en una formación de excepcional profundidad y densidad, comandadas estas por ambos reyes, buscaba la ruptura de los flancos de la formación enemiga mediante un continuado ataque sobre las alas, en el que, gracias a la profundidad de sus filas, los espartanos podrían golpear las líneas mesenias rotando más rápidamente a sus hoplitas del frente de batalla. De esta forma, sus enemigos, mucho menos numerosos, se agotarían mucho antes y tendrían que ceder sus posiciones a los atacantes y, con ellas, la victoria.

LOS MESENIOS

El despliegue presentado por Aristodemo, rey mesenio, aportaba algunas innovaciones tácticas de relevancia. Ahora, y en contra de lo usual, aprovecharía sus numerosas fuerzas de infantería ligera no ya, como hasta entonces, para, situados en la retaguardia, apoyar a las unidades de primera línea cuando la ocasión así lo aconsejase, si no que algunas de estas, situadas más hacia las alas, y ocultas en los recovecos de las estribaciones del monte Itome, se encontrarían prestas para pasar al ataque en el momento adecuado.

Por lo demás, la formación, la línea de batalla mesenia, se componía de todos los hoplitas mesenios, más las tropas escogidas de sicionios y argivos. A los arcadios, en general mal armados, y a los mesenios que no eran hoplitas (que no disponían de la panoplia necesaria) y que sobresalían entre todos los demás por su vigor o corpulencia, los armó lo mejor que pudo y los situó entre los aliados argivos y sicionios. Las unidades de batalla tuvieron que desplegarse con mucha menos profundidad que sus rivales, primero por que eran menos que ellos y también por que al ser el frente tan extenso, tuvieron que reducir la profundidad de las filas para aumentar la anchura de su línea de batalla. Las fuerzas de infantería ligera estaban compuestas por algunos honderos, arqueros y, sobre todo, hombres armados principalmente de jabalinas, y los menos de lanzas. Pocos llevaban escudo o coraza, los más se protegían con pieles de oveja o cabra, y los pastores arcadios, hombres de la montaña, con las de lobo u oso, única protección contra los golpes del enemigo.

Aristodemo escogió para si el mando de uno de los flancos, junto a las tropas de infantería ligera. El centro fue para el veterano Cleonis, y el otro ala para Domis.

 

Los lacedemonios fueron los que comenzaron la batalla, pues los mesenios se mantenían, según tenían ellos planeado, a la defensiva. Cuando se llego a las manos, durante los primeros compases del combate dominaron los hoplitas mesenios, pues, pese a ser menos numerosos, sí luchaban con más ardor, ademas de ser los mejores de entre los mesenios. No esperó seguramente mucho más Aristodemo para lanzar su ataque sorpresa: una vez que las lineas del enemigo habían trabado combate con las propias, generalizandose entonces la lucha, ordenó avanzar hacia los flancos de la formación a sus unidades de

infantería ligera. Rápidamente se desplegaron a izquierda y derecha desbordando las alas propias y, enseguida, las contrarias, que no acertaban a reaccionar ante semejante atrevimiento. Iniciaron entonces el ataque, sometiendo a las unidades espartanas de ambos flancos a un continuo bombardeo de saetas que obligo a los laconios a orientar hacia sus atacantes a un cierto número de sus unidades.

Comenzó entonces un nuevo tipo de combate para el que los espartanos no se encontraban preparados. Acostumbrados a combatir en una pesada formación veían que, si se mantenían en ellas, sus enemigos les castigaban repetidamente hiriéndoles con sus armas arrojadizas, y si se lanzaban a perseguir, sólo por rabia, a sus escurridizos atacantes, estos huían velozmente ante ellos y, lo que es peor, les hacían alejarse de la formación, siendo entonces atacados al intentar replegarse de nuevo sobre la misma. Este tipo de lucha, de golpe y contragolpe produjo numerosas bajas entre las filas espartanas, además de agotarlos, cosa que aprovecharon los hoplitas mesenios y aliados para presionar frontalmente con más fuerza en la línea de batalla. Finalmente, totalmente rotos y desmoralizados por el tipo de combate que les habían impuesto, el ejercito laconio rompió filas y huyo sin ningún orden. Ni que decir tiene que los infantes ligeros de sus enemigos aprovecharon la ocasión para infringirles todavía más bajas en esta desesperada retirada.

La batalla había concluido. Messenia se había vuelto a salvar y los espartanos habían sufrido un duro revés.

 

Panoplia de hoplita

- Panoplia del hoplita a excepción de la lanza. Recordar que la espada del espartiata es de menor longitud que la de los hoplitas de otras poleis. Todo, incluyendo la lanza y grebas, podría suponer un peso de más de 30 kilos.

ASPIS.- Escudo circular de 110 cm. de diámetro. Formado por un gran cuenco y un borde muy reforzado casi plano (de modo que podía apoyarse sobre el hombro izquierdo). Se componía de láminas de madera encoladas entre sí. El interior se forraba de cuero fino, llevaba una embrazadera de bronce en el centro que iba remachada y una agarradera de cuero en el borde. El exterior del escudo podía ir cubierto de una lámina de bronce o ir pintado y decorado con un motivo de lámina del mismo material.
Pesaba 8 Kg aproximadamente (recordemos que los espartanos portaban un escudo más pesado que el del resto de las poleis).
El motivo que distinguía a los espartiatas era la lambda que llevaban pintada en el escudo: la inicial de Lacedemonia.

FIN DE LA I GUERRA MESENIA

Durante seis largos años, los espartanos, establecidos en las cercanías del monte Itome, trataron, antes que llegar de nuevo a las manos, debilitar a sus enemigos pues, consideraban, la coalición que formaban mesenios, argivos y arcadios resultaba ser un hueso demasiado duro de roer. No obstante, mantuvieron una presión de baja intensidad, de esta forma, lentamente les fueron arrinconando, pues la continuada destrucción, año tras año, de bienes y cosechas parece que terminó por colocar a los mesenios en una difícil situación acorralados, como estaban, en las laderas del monte Itome. La muerte de Aristomenes, su respetado líder, fue la gota que colmo la paciencia y resistencia de los más. Tras un fracasado intento de acuerdo con los espartanos, los mesenios, que eligieron a Damis como estratego, bajaron de la montaña y decidieron ofrecer batalla a los laconios, corría el año 724 a.C.

La derrota cayo esta vez del lado mesenio, los mejores hombres, incluidos todos los líderes, murieron con las armas en la mano. Tras esto, todavía resistirían los mesenios cinco meses, luego, decidieron darse por vencidos y abandonar la montaña, algunos consiguieron asilo en otras ciudades pero los más regresaron a sus aldeas y ciudades aunque sólo para caer luego presa de los laconios, quienes, tras demoler la ciudad construida en el Itome, se lanzaron sobre el resto de las comunidades mesenias hasta conquistarlas todas.

El dominio que Esparta trato de ejercer sobre los mesenios en esta ocasión se redujo a una sola condición básica, ni más ni menos que la entrega anual del 50% de las cosechas.

La guerra termino aquí, pero el desorbitado tributo impuesto a los mesenios no tardaría en encender la mecha de una famosa rebelión, trabajo este que dejaremos para otra ocasión

 

 

La II Guerra Mesenia, en preparación

 

La República de los Lacedemonios