LOS
DOS LICINIOS
El Licinio que todos conocemos y que ocupó el trono entre los
años 307 y 324, portando el nombre de Publio Flavio Galerio
Valerio Liciniano Licinio, nació en el seno de una humilde
familia de la Dacia alrededor del año 265, siendo en los primeros
años de su vida un simple campesino.
Unido a las legiones de Oriente, trabó amistad con Galerio
y fundamentalmente los unió la camaradería de las armas
cuando Galerio llevó adelante la campaña
contra el rey persa sasánida Narsés en
el 297. En esta campaña, Licinio se destacó
por su arrojo, cualidad esta que unida a una ignorancia estructural y
a una avaricia extrema, lo llevaron prontamente a los primeros planos
del ejército; así se lee en Lactancio,
“Del Modo de la muerte de los perseguidores”, 20
: «Galerio, habiendo efectuado la expulsión de los dos
ancianos, comenzó a considerarse a sí mismo como el soberano
del Imperio romano. La necesidad había requerido la designación
de Constancio al primer rango; pero Galerio tomó poco en cuenta
a quién era de carácter tranquilo, y de salud declinante
y precaria. Él buscó la muerte rápida de Constancio.
Y aunque aquel príncipe hubo de recuperarse, no pareció
difícil obligarlo a dejar la púrpura imperial; ¿ya
qué más podría hacer él, al ser presionado
por sus tres colegas a abdicar>>
Galerio tenía a Licinio siempre altededor suyo, su viejo e íntimo
conocido, y uno de sus primeros compañeros de armas, cuyos condejos
él usó en el manejo de todos los asuntos; ahora él
no propondría Licinio a la dignidad de César, con el título
de hijo, ya que intentaba nominarlo, en lugar de Constancio, a la dignidad
de emperador, con el título de hermano, mientras él mismo
podría mantener autoridad soberana, y gobernar sobre todo el mundo
con ilimitada licencia. Después de esto, pensó solemnizar
el festival vicennial; haber conferido a su hijo Candidiano, entonces
un muchacho de nueve años, el cargo de César; y, para concluir,
dimitir, como Diocleciano lo había hecho. Y así, siendo
Licinio y Severo emperadores, y Maximino y Candidiano en la siguiente
posición de Césares, se imaginó que, rodeado como
estaba por una pared impenetrable, debería arribar a una vejez.
de seguridad y paz. Tal eran sus proyectos; pero Dios, de quién
él había hecho su adversario, frustró todas aquellas
imaginaciones».
Haciendo un poco de historia, el 1º de Mayo del año 305 y
cumplidos 20 años de reinado, Diocleciano se dispuso a renunciar
como Augusto, según el sistema tetrárquico que él
mismo había impuesto, decisión que se vió reforzada
por una grave enfermedad que le aquejaba.
El otro Augusto, Maximiano Hércules (Marco Aurelio Valerio Maximiano)
no estaba tan de acuerdo con esta decisión y débilmente
trató de oponerse, pero Diocleciano, el hombre fuerte, pudo convencerlo
con su gran influencia. Así, Diocleciano en Nicomedia y Maximiano
en Mediolanum (Milán), renunciaron formalmente a sus cargos y abrieron
el camino para que la sucesión siguiera su camino.
Así Galerio (Cayo Galerio Valerio Maximiano), hijo adoptivo de
Diocleciano, asumió el título de Augusto en lugar de su
padre y Constancio Cloro (Cayo Flavio Valerio Constancio, llamado “Cloro”
por el color pálido de su rostro) ocupa el lugar de Maximiano Hércules.
Galerio, por su parte, recibe el encargo de nombrar a los dos Césares,
nombrando a Flavio Valerio Severo para Occidente y a Valerio Maximino
Daya (Cayo Valerio Galerio Maximino) para el Oriente, quién era
sobrino del Augusto Galerio.
Ante estos nombramientos, el descontento de los soberanos de Oriente,
el dimitente Maximiano Hércules y el flamante Constancio Cloro
no se hizo esperar porque de esta manera sus respectivos hijos, Majencio
(Marco Aurelio Valerio Majencio) y Constantino (Flavio Valerio Constantino)
quedaban sin chance de ser elegidos. No olvidemos tampoco que Maximiano
Hércules tenía todavía clavada la espina que le significó
su renuncia forzosa.
El 25 de Julio del 306, Constancio Cloro moría en Eboracum (York)
fruto de una herida que había recibido mientras combatía
contra los pictos en Britannia, teniendo a su lado a su hijo Constantino.
El ejército, testigo de estos hechos, nombra por aclamación
Augusto a Constantino, quién tenía escasos 20 años
y todavía no había cumplido con la formalidad de ser primero
César. Galerio reconoció a Constantino, primero como César
y luego como Augusto.
Casi al mismo tiempo, Maximiano se decidió a participar en estas
disensiones y aprovechando que Severo no gozaba de popularidad en Roma,
propuso a su hijo Majencio como César en Occidente. Roma sufre
una revuelta militar y civil y el 28 de Octubre del 306 Majencio es aclamado
como César, mientras Maximiano, vuelto a la lucha, se declara Augusto.
Por toda respuesta, Galerio nombra a Severo Augusto y lo envía
desde Milán con una expedición punitiva; mediante traiciones
y sobornos Maximiano y Majencio consiguieron que las tropas de Severo
se pasaran a su bando. Severo huyó a Ravenna y allí, mediante
engaños, se rindió a Majencio quien lo trajo de nuevo a
Roma y lo ejecutó.
Se realizó entonces una conferencia imperial en Carnuntum (Panonnia)
el 11 de Noviembre del 307, ciudad que se hallaba en el límite
entre Oriente y Occidente y en la cual se debía poner freno al
intento de Maximiano de reasumir el poder y reestablecer las jerarquías.
Es ahí, en el lugar de Severo, se nombró como segundo Augusto
a Licinio, que era hombre fiel a Galerio y a Diocleciano mientras que
Constantino y Maximino Daya conservaron el título de César;
Constantino a regañadientes y Maximino Daya por poco tiempo, pues
al poco tiempo volvió a declararse Augusto.
A Licino le fue conferido el mando de las provincia de Iliria y en el
308 el mapa político está compuesto por 4 Augustos: Galerio,
Constantino, Licinio y Maximino Daya; por otra parte un César usurpador
en Roma, Majencio y por si todo esto fuera poco, las tropas destacadas
en Africa, más precisamente en Libia, se rebelan, nombrando emperador
a Lucio Domicio Alejandro, un frigio que detentaba el cargo de vicario
de los prefectos de pretorio de Libia. Este hecho comienza a minar el
poder de Majencio en Roma, pues el primer movimiento que produjo el nuevo
usurpador en Africa fue cortar los envíos de trigo a Roma, produciéndose
una hambruna.
En tanto, Licinio se enfrentó con éxito a los sármatas
crca de Junio del año 310.
En los primeros días de Mayo del 311 muere Galerio y Licino concluye
un arreglo pacífico con Maximino Daya, arreglo por el cual Licinio
le reconoce a Maximino soberanía sobre Asia, Siria y Egipto, mientras
que él agrega a su dominios de Iliria a Grecia, Macedonia y Tracia,
determinando al Helesponto con el Bósforo como límite entre
ambos Imperios.
De todos modos, Licinio, advertido que su rival era ambicioso, inescrupuloso
y poderoso, buscó una alianza con Constantino sin involucrarse
en la lucha que se generó entre éste y Majencio y que terminó
con la batalla del puente Milvio el 28 de Octubre del 312, Batalla que
terminó también con la vida de Majencio.
A fines del 311 o principios del 312, Constantino había prometido
a su media hermana Constancia (Flavia Julia Constancia) a su colega Licino,
concretándose el matrimonio para Febrero del año 313 en
ocasión del encuentro de Constantino y Licinio en Milán.
Entretanto Maximino, enterándose de la muerte de Majencio y aprovechando
la ausencia de su vecino quién, como ya vimos, se encontraba en
Milán reunido con Constantino redactando el famoso Edicto de Milán
y gozando de las mieles del matrimonio, se puso a la cabeza de un ejército
considerable marchando a fines del invierno y consiguiendo tomar por asalto
Bizancio , después de 11 días de sitio,en Abril del 313,
y también Heraclea.
Anoticiado Licinio de estos movimientos traicioneros se puso en marcha
al frente de una fuerza inferior a la de Maximino, pero decidida y bien
disciplinada; el encuentro se produjo el 30 de Abril del 313 en la batalla
que se conoce como de Campus Ergenus. Fue una batalla encarnizada y el
resultado permaneció dudoso por momentos, aunque al final, la bravura
de las tropas del Danubio y el talento de Licinio se impusieron.
Despojándose de la púrpura y vistiéndose como un
esclavo, Daya escapó primero a Nicomedia, tratando de frenar el
avance de Licinio fortificando las Puertas de Cilicia; Licinio quebró
estas defensas, provocando que Daya escapara hacia Tarso. Allí
lo persiguió Licinio y, en Julio o Agosto del 313, presionado por
tierra y por mar, Maximino Daya murió, siendo enterrado cerca de
Tarso; su mujer e hijos fueron ejecutados.
Quedó así Licinio dueño indiscutible de una mitad
del Imperio Romano mientras que la otra mitad quedaba en manos de su cuñado
Constantino. Era inevitable que las fricciones comenzaran, aunque lo que
faltaban eran motivos. No tardó en aparecer uno, que fue el affaire
que involucraba a Basiano, medio cuñado de Constantino y esposo
de la hija de Constancio I, Anastasia, quien era a su vez cuñada
de Licinio.
El conflicto está detallado en el Anónimo Valesiano, 1ª
Parte, Capítulo 5 : «Licinio era natural de la Nueva Dacia,
y era de origen común. Fue hecho emperador por Galerio, a fin de
que pudiera entrar en competencia con Majencio. Pero cuando Majencio fue
derrocado y Constantino recuperó Italia, hizo de Licinio su colega
a condición de que se casara con su hermana Constancia en Mediolanum.
Después de la celebración de la boda Constantino partió
para la Galia, y Licinio volvió a Iliria. Algún tiempo después
Constantino envió a Constancio a Licinio, para persuadirlo a conferir
el rango de César a Basiano, que estaba casado con una segunda
hermana de Constantino (llamada Anastasia), con el fin que, después
del modo de Maximiano, Basiano pudiera contener Italia y así hacer
de parachoques entre Constantino y Licinio.
Pero Licinio frustró tal arreglo, y bajo la inflluencia de Senicio,
hermano de Basiano, que era leal a Licinio, Basiano se armó contra
Constantino. Pero fue detenido en el acto de llevar a cabo su objetivo,
y por orden de Constantino fue condenado y ejecutado. Cuando fue exigido
el castigo de Senicio como instigador del complot y Licinio se negó,
la armonía entre los dos emperadores llegó a un final; una
razón adicional de la ruptura fue que Licinio derrocó los
bustos y estatuas de Constantino en Emona».
Fuere como fuere, los dos ejércitos se encontraron en batalla en
Cibalae, sitio de la Pannonia, el 8 de Octubre del 314. Cuando la batalla
terminó, prevaleció Constantino; su victoria, sin embargo,
fue pírrica. Ambos emperadores estuvieron implicados en el agotamiento
que produjeron las campañas militares del año anterior y
en los meses que llevaron a Cibalae y cada uno de sus reinos se había
ampliado tan rápido que sus reservas de mano de obra estaban estiradas
al límite.
Ambos hombres se retiraron a su propio territorio para lamer sus heridas.
Puede que los dos emperadores hayan hecho un acuerdo, que no ha dejado
ningún rastro directo en el registro histórico, que hubiera
restaurado con eficacia el status quo.
El detalle de esta batalla está registrado por Zósimo, 18:2
: «Llegados, pues, a una situación de clara hostilidad mutua,
ambos reunieron las fuerzas de que disponían y se encontraron en
el campo de batalla. Concentra Licinio su ejército en Cíbalis.
Ésta es una ciudad de Panonia que yace sobre una colina. Conduce
a la ciudad un estrecho camino, la mayor parte de cuyas lindes la ocupa
un profundo pantano, de cinco estadios de anchura, mientras que el resto
es monte, siendo parte de éste igualmente aquella colina sobre
la que se yergue la ciudad. A continuación, se abre una amplia
y dilatada llanura por la que se pierde la vista. Allí fue donde
colocó Licinio su ejército, desplegando la línea
propia a lo largo, al pie de la colina, para que los flancos no diesen
impresión de debilidad.
Constantino, que había dispuesto su ejército junto al monte,
colocó la caballería al frente. Esto parecía, en
efecto, lo más ventajoso en orden a evitar que el enemigo cayese
sobre la infantería, de más lento paso, y le impidiese,
por lo difícil del terreno, seguir avanzando. Hecho lo cual, se
impuso con rapidez en el ataque, avanzando, tan pronto fueron dadas las
señales, sobre las fuerzas enemigas; y se trabó la, podría
decirse, más recia de las batallas.
Pues, agotados los proyectiles por uno y otro bando, se acometieron durante
largo tiempo con las espadas y las lanzas. La batalla, que empezó
de mañana, se había prolongado hasta la tarde cuando, puesto
en fuga el enemigo, venció el ala derecha, que mandaba Constantino.
Y después de que las unidades de Licinio vieron cómo éste
mismo saltaba sobre su caballo y se disponía a huir, tras tomar
algo de comer, desistieron de mantenerse en sus posiciones. Abandonaron,
pues, ganado, bestias de carga y demás impedimenta, y cogiendo
sólo el trigo necesario para no pasar hambre aquella noche, a toda
prisa llegan con Licinio a Sirmio. Sirmio es una ciudad de Panonia por
uno de cuyos costados fluye el Saco, que desemboca en el Danubio, También
junto a ésta pasó corriendo para, después de soltar
el puente tendido sobre el río, proseguir la marcha, pues planeaba
reunir contingentes en las tierras de Tracia».
Licinio pues se dirige a Tracia pero Constantino lo sigue y al final lo
en cuentra con su campamento instalado el la llanura de Mardia. Esta batalla,
que debe haber tenido lugar en los primeros meses del 315, fue una batalla
encarnizda, tal como lo fue la de Cibalae; el relato de su desarrollo
queda, nuevamente en la pluma de Zósimo : «Constantino, una
vez, ocupadas Cíbalis, Sirmio y todos los territorios que Licinio
dejó tras sí en su huida, envió tres mil hoplitas
para perseguirlo. Éstos, sin embargo, al no conocer el camino por
donde huía Licinio no pudieron sorprenderlo. Por su parte, Constantino
tendió el puente sobre el Savo, aquel puente que había soltado
Licinio, y se puso con su ejército en marcha tras las huellas de
Licinio. Después de cruzar Tracia, se aproxima a una llanura donde
encontró el campamento de Licinio. La noche en que llegó
alineó sus fuerzas e instruyó a sus soldados para que se
aprestasen a combatir al amanecer. Al llegar el día, Licinio vio
a Constantino con su ejército, y, a su vez, formó frente
a él, contando con la ayuda de Valente, a quien, tras la caída
de Cíbalis, había colocado como césar a su lado.
Cuando los ejércitos se encontraron, recurrieron al principio,
mientras estuvieron separados, a los arcos, acometiendo después,
una vez consumidos los proyectiles, con lanzas y armas de mano. Aún
se hallaban las legiones reciamente enzarzadas cuando aquellos a quienes
había destacado Constantino para perseguir a Licinio se aproximan
a las fuerzas en lucha desde un lugar no visible; estimaron que debían
girar por una colina para, desde una posición de ventaja, unirse
a los suyos cogiendo al enemigo en un círculo. Pero los de Licinio
se mantuvieron en guardia y lucharon valerosamente contra todos, produciéndose
así innumerables muertos por una y otra parte y quedando incierta
la batalla cuando, a una señal convenida, se separaron los ejércitos.
Habiéndose llegado el día siguiente a un armisticio, ambos
acordaron entablar paz y alianza militar; en virtud de ello, Constantino
ejercería el mando sobre Iliria y todas las provincias situadas
más allá de ésta, Licinio tendría Tracia,
el Oriente y los territorios más allá del Oriente, y Valente,
al que Licinio había designado césar, sería ejecutado
por estimársele responsable de las desgracias sobrevenidas. Hecho
lo cual e intercambiados juramentos por los que una y otra parte se comprometían
a observar los términos del tratado, para asegurar una más
sólida lealtad al acuerdo, Constantino nombra césar a Crispo
—a quien había tenido de una concubina, Minervina de nombre,
y que había alcanzado la juventud—, y a Constantino —alumbrado
no muchos días antes en la ciudad de Arelato—; con ellos
es igualmente designado césar Liciniano, el hijo de Licinio, que
aún no había cumplido los veinte meses. Tal fue el término
de la segunda guerra».
Con respecto a la fecha de estas dos batallas existen opiniones encontradas,
pues otros autores dan para ambas batallas dos años después,
o sea 316 para la de Cibalae y 317 para la de Mardia, a la cual se le
da también el nombre de Campus Ardiensis.
Así es como se acuerda una paz que dura aproximadamente 6 ú
8 años, según la versión que se siga, comenzando
nuevamente las hostilidades
Aunque el registro histórico no está completamente claro,
Licinio parece haber hecho una campaña contra los sármatas
en el 318. También parece haber estado en Bizancio en el verano
del 318 y más tarde en junio del 323. Más allá de
estos pocos hechos, no es conocido mucho más sobre sus residencias
hasta mediados del verano del 324.
Aunque él y Constantino habían promulgado el Edicto de Milán
a principios del 313, Licinio la emprendió con los cristianos en
su reino, aparentemente en el 320. La primera ley que Licinio publicó
impidió a los obispos comunicarse el uno con el otro y de sostener
sínodos para discutir sobre asuntos de su interés. La segunda
ley prohibió a hombres y mujeres asistir juntos a los servicios
y a las muchachas jóvenes de recibir la instrucción de su
obispo o en escuelas.
Cuando esta ley fue publicada, Licinio también dio órdenes
acerca de que los cristianos sólo podrían sostener servicios
fuera de las murallas de la ciudad. Además, privó a oficiales
del ejército de sus comisiones si no sacrificaban a los dioses.
Licinio puede haber estado tratando de incitar a Constantino para que
lo atacara y es en los Fasti consulares de la época donde se refleja
la tensión existente.
La guerra realmente estalló en el 321 cuando Constantino persiguió
a algunos sármatas que había estado devastando algún
territorio de su reino, a través del Danubio. Cuando comprobó
que una invasión similar de los Godos, estaba devastando Tracia,
Licinio se quejó de que Constantino había roto el tratado
entre ellos.
Habiendo reunido una flota y un ejército en Tesalonica, Constantino
avanzó hacia Adrianópolis. Licinio se encontró con
las fuerzas de su cuñado cerca de la ribera del río Hebro,
el 3 de julio del 324 donde fue derrotado; con tantos hombres como pudo
juntar, se dirigió hacia su flota que estaba en el Helesponto.
Aquellos de sus soldados que no fueron muertos o puestos en fuga, se rindieron
al enemigo. Licinio huyó a Bizancio, donde fue sitiado por Constantino.
La flota de Licinio, bajo la orden del almirante Abanto, fue vencida por
el mal tiempo y por la flota Constantino, que estaba bajo la orden de
su hijo Crispo.
Fuertemente presionado en Bizancio, Licinio abandonó la ciudad
a su rival y huyó a Calcedonia en Bitinia.
Dejando a Martiniano, su antiguo magister officiorum y ahora su co-gobernante,
para impedir el avance de Constantino, Licinius reagrupó sus fuerzas
y se presentó a su enemigo en Crisópolis donde fue otra
vez derrotado el 18 de septiembre del 324.
Huyó entonces a Nicomedia, ciudad que Constantino comenzó
a sitiar. El día siguiente Licinio abdicó y fue enviado
a Tesalonica, donde fue mantenido bajo arresto domiciliario. Tanto Licinio
como su compañero fueron ejecutados por orden de Constantino. Martiniano
puede haber sido ejecutado antes de finales del 324, mientras que Licinio
no fue ejecutado hasta la primavera del 325. Los rumores puestos en circulación
decían que Licinio había sido ejecutado por haber intentado
otra rebelión contra Constantino.
Este es el relato de Zósimo : «Constantino, enterado de que
los sármatas que habitaban junto al lago Meótide habían
atravesado con barcos el Danubio y devastaban los territorios pertenecientes
a sus dominios, llevó contra ellos sus legiones. Por su parte,
los bárbaros emprendieron camino, con su rey Rausimodo, para salirle
al encuentro; al principio se lanzaron los sármatas sobre una ciudad
que albergaba suficiente guarnición y cuyas murallas estaban hechas
de piedra en la parte que subía de tierra a lo alto, pero en la
parte superior eran de madera. Así pues, los sármatas creyeron
que tomarían muy fácilmente la ciudad si hacían arder
la parte del muro construida en madera, y a tal efecto se dedicaron a
aplicar fuego y a lanzar flechas contra los situados sobre la muralla.
Pero como los que se hallaban encima de la muralla, al disparar a los
bárbaros piedras y proyectiles desde una posición favorable,
estaban acabando con ellos, Constantino pasó al ataque y cayó
por la espalda sobre los bárbaros; mató a muchos pero a
la mayoría los hizo prisioneros, de suerte que el resto se dio
a la fuga.
Rausimodo, perdidas la mayor parte de sus fuerzas, subió a los
barcos para cruzar de nuevo el Danubio, pensando en volver más
adelante para saquear el territorio romano. Al oírlo, se lanza
Constantino en su persecución, cruza también él el
Danubio y arremete contra los bárbaros. en huida hacia una colina
cubierta de espesa arboleda; mató a muchos —entre ellos al
mismo Rausimodo— y apresó a otros muchos, tras lo cual aceptó
las súplicas que, las manos extendidas, impetraba la masa de los
restantes. Y con ingente cantidad de prisioneros se dirigió a la
sede imperial.
A éstos los distribuyó entre las ciudades y, a continuación,
se dirigió a Tesalónica, cuyo puerto, que antes no existía,
construyó en preparación para una nueva guerra con Licinio.
Se dispusieron unos dos mil triacóntoros , y fueron reunidos más
de dos mil barcos de transporte, un ejército de ciento veinte mil
infantes y diez mil hombres para la flota y para la caballería.
Licinio, al oír que Constantino hacía preparativos, envió
mensajeros por sus provincias para ordenar que pusiesen a su disposición
barcos de guerra y contingentes de infantería y de caballería.
A toda prisa enviaron ochenta trirremes los egipcios, el mismo número
los fenicios, sesenta los jonios y dorios de Asia, treinta los chipriotas
y veinte los canos, treinta los bitinios y cincuenta los libios. De unos
ciento cincuenta mil hombres constaba la infantería, la caballería
de quince mil, siendo Frigia y Capadocia quienes habían proporcionado
esta última.
Las naves de Constantino estaban ancladas en el Pireo, en el Helesponto
las que eran de Licinio. De esta manera dispuestas las fuerzas de tierra
y mar con que uno y otro contaban, Licinio mantenía sus tropas
en Adrianópolis de Tracia, mientras que Constantino hizo venir
sus barcos, mayoritariamente griegos, del Pireo y, después de avanzar
con la infantería desde Tesalónica hasta la orilla del río
Hebro, que corre a la izquierda de Adrianópolis, acampó.
Licinio, por su parte, desplegó sus fuerzas a partir de la montaña
que domina la ciudad, en una línea de doscientos estadios que llegaba
a donde el río Tonzo desemboca en el Hebro; durante muchos días,
las legiones permanecieron acampadas frente a frente, hasta que Constantino,
tras haber observado el lugar en donde el río alcanza su mayor
angostura, ideó lo siguiente: mandó a las tropas que bajaran
madera de la montaña, como si tuviera intención de puentear
el río y pasar de esta manera con su ejército. Y dejando
a las fuerzas contrarias pendientes de ello, subió a una colina
cubierta de tupida arboleda, capaz de ocultar a quienes se metiesen en
ella, y apostó allí cinco mil arqueros de infantería
y ochenta jinetes.
Tomó después doce jinetes con los que cruzó el Hebro
por la parte más estrecha, donde el río era franqueable
con mayor facilidad, para caer inopinadamente sobre el enemigo, de suerte
que algunos sucumbieron, muchos huyeron en desbandada y los demás,
llenos de estupefacción por lo súbito del percance, permanecieron
boquiabiertos ante tan inesperado cruce. Ya en seguridad, hizo atravesar
también al resto de la caballería, y después a todo
el ejército, produciéndose gran mortandad, pues las bajas
fueron unas treinta y cuatro mil. Al caer la tarde Constantino retiró
sus legiones, mientras que Licinio, tomando cuantos pudo de los suyos,
emprendió el camino a través de Tracia para unirse a su
flota.
Cuando se hizo de día, todos los del ejército de Licinio
que se encontraban por el monte o en los barrancos, donde habían
buscado refugio, se entregaron junto a aquellos que Licinio dejó
atrás al huir de Constantino. Y como Licinio hubiese huido a Bizancio,
Constantino marcha tras él y cerca Bizancio.
Habiendo zarpado su flota del Pireo, como ya he dicho, para anclar en
Macedonia, Constantino hace llegar a sus almirantes orden de llevar los
barcos a la boca del Helesponto. Cuando, conforme a lo ordenado, llegó
la flota, los generales de Constantino decidieron presentar batalla con
sólo ochenta triacóntoros, los que mejor navegaban, en la
idea de que, a causa de su estrechez, el lugar no se prestaba a gran número
de barcos; en cambio Abanto, el almirante de Licinio, navegaba hacia ellos
con doscientos barcos, lleno de desdén por lo escaso de las naves
contrarias y pensando que las rodearía fácilmente.
Dadas las señales por ambas partes y cuando ya los timoneles avanzaban
unos sobre otros, mientras Ios almirantes de Licinio se dirigían
contra el adversario en ordenada navegación, Abanto marchaba al
ataque sin concierto alguno, con lo que sus naves, al moverse por su gran
número en estrechura, chocaban entre sí y daban al enemigo
ocasión de hundirlas y causarles toda clase de daños. Después
de que muchos marinos y soldados cayeran al mar, sobrevino la noche, que
puso fin al encuentro. Entonces los unos atracaron en Eleúnte de
Tracia, los otros pusieron rumbo a Eantio.
Al día siguiente, en medio de un fuerte viento del norte, Abanto
salió del puerto de Eantio y se dispuso para el combate. Mas cuando
los triacóntoros que habían permanecido en la boca del Helesponto
llegaron al puerto de Eleúnte de acuerdo con la orden dada a los
generales, Abanto se llenó de pavor ante lo numeroso de las naves
y comenzó a dudar sobre si acometer al adversario. A mediodía
decayó el viento del norte, pero se levantó un violento
sur que, al topar con la flota de Licinio junto a la costa de Asia, hizo
que de los barcos unos encallaran, mientras que otros los estrelló
contra los acantilados y otros los hundió con todos sus hombres;
de suerte que perecieron cinco mil hombres y ciento treinta barcos con
todos sus hombres, tratándose precisamente de aquellas embarcaciones
utilizadas por Licinio para enviar parte de su ejército de Tracia
a Asia ante la estrechez en que, a causa de su gran número, se
veían las tropas cercadas con Licinio en Bizancio.
Huyó Abanto a Asia con cuatro barcos, y por lo que respecta al
combate naval, quedó de esta manera dirimido. Como llegasen al
Helesponto barcos portadores de toda clase de mercancías, los generales
de Constantino se vieron abastecidos con la mayor abundancia, por lo que
partieron con el conjunto de sus tropas, albergando el propósito
de unirse a los que cercaban Bizancio para envolver también por
mar la ciudad; y las fuerzas de Licinio no resistieron siquiera la contemplación
de los contingentes navales, sino que embarcaron y partieron a Eleúnte.
Dedicado ya al asedio, Constantino construyó un terraplén
de igual altura que la muralla, y sobre el terraplén erigió
unas torres de madera, más altas que la muralla, desde donde asaltar
a los defensores de la muralla, de suerte que pudiese sin temor acercar
a la muralla arietes y otros ingenios de guerra; gracias a ello pensaba
tomar la ciudad. No sabiendo cómo salir del trance, Licinio decidió
abandonar Bizancio y, al tiempo que dejaba allí lo menos capaz
de su ejército, refugiarse con quienes le eran adictos y habían
dado prueba de serle afectos en Calcedón de Bitinia.
Pues estaba confiado en que podría reclutar en tierras de Asia
un ejército con el que volver de nuevo al combate. Cruzó,
pues, a Calcedón, y habiendo hecho partícipe de su empresa
a Martiniano, que era intendente de los servicios de palacio (lo que los
romanos llaman magister officciorum), lo nombra césar y lo envía
con un ejército a Lámpsaco para impedir que el enemigo pasase
de Tracia al Helesponto. Él, por su parte, dispuso sus fuerzas
en las colinas y desfiladeros que estaban en los alrededores de Calcedón.
Así estaban las cosas cuando Constantino, que contaba con gran
número de barcos tanto de transporte como de guerra, resuelve ocupar
la costa de enfrente por medio de ellos; pero temiendo que la costa de
Bitinia resultase, especialmente para los barcos de transporte, poco accesible,
manda construir navíos ligeros y rápidos bergantines con
los que remonta hasta el llamado Promontorio Sacro, situado en la boca
del Ponto y distante doscientos estadios de Calcedón; y tras desembarcar
allí a las tropas subió a unas colinas desde las que desplegó
su frente. Licinio, viendo Bitinia ocupada por el enemigo y sintiéndose
acosado por toda suerte de peligros, manda llamar de Lámpsaco a
Martiniano y, después de infundir valor a sus soldados y prometerles
que él en persona marcharía a la cabeza, aprestó
su ejército para combatir, lo sacó de la ciudad y salió
al encuentro de los enemigos, que ya estaban preparados.
Hubo una recia batalla en los campos entre Calcedón y el Promontorio
Sacro, y en ella vencieron ampliamente los partidarios de Constantino,
quienes se lanzaron con ímpetu sobre el enemigo causando tal mortandad
que de ciento treinta mil apenas treinta mil escaparon. Tan pronto tuvo
ello efecto, los habitantes de Bizancio abrieron sus puertas para acoger
a Constantino, y también los calcedonios procedieron de la misma
manera. Licinio, tras su derrota, marchó a Nicomedia con lo que
le quedaba de caballería y con unos pocos miles de infantes….
Y este asunto lo he expuesto como ocurrió Licinio, como también
en Nicomedia se viese asediado por Constantino, perdidas las esperanzas
y en la certeza de que no contaba con fuerzas suficientes para el combate,
sale de la ciudad y se presenta ante Constantino en actitud de suplicante,
haciéndole entrega de la púrpura, llamándole emperador
y soberano y pidiéndole perdón por lo cometido. Pues confiaba
en que viviría, ya que su mujer había obtenido juramentos
en este sentido de Constantino. Constantino entregó a Martiniano
a su guardia para ser ejecuta-do, y en cuanto a Licinio, lo envió
a Tesalónica con objeto de que allí viviese a salvo; mas
no mucho tiempo después holla sus juramentos (pues en él
eso era algo usual) y le da muerte ahorcándolo».
Según Aurelio Víctor, en su “Epítome acerca
del estilo de vida y los modos de los Emperadores”, 41 : «Licinio
murió después de aproximadamente catorce años de
dominación, y cerca del sexagésimo año de su vida:
por amor a la avaricia, él era el peor de todos los hombres y nada
ajeno al libertinaje sexual, áspero en efecto, inmoderadamente
impaciente, hostil hacia la literatura, que, a consecuencia de su ilimitada
ignorancia, él solía llamar un veneno y una pestilencia
pública, sobre todo el empeño forense».
El otro Licinio no es otro que el hijo del anterior y Constancia y cuya
fecha de nacimiento se fija en elaño en Julio ó Agosto del
año 315, teniendo en cuenta que el 1º de Marzo del 317, cuando
según Zósimo contaba con casi 20 meses de edad, fue proclamado
César conjuntamente con sus primos Crispo y Constantino : «
«Habiéndose llegado el día siguiente a un armisticio,
ambos acordaron entablar paz y alianza militar; en virtud de ello, Constantino
ejercería el mando sobre Iliria y todas las provincias situadas
más allá de ésta, Licinio tendría Tracia,
el Oriente y los territorios más allá del Oriente, y Valente,
al que Licinio había designado césar, sería ejecutado
por estimársele responsable de las desgracias sobrevenidas. Hecho
lo cual e intercambiados juramentos por los que una y otra parte se comprometían
a observar los términos del tratado, para asegurar una más
sólida lealtad al acuerdo, Constantino nombra césar a Crispo
—a quien había tenido de una concubina, Minervina de nombre,
y que había alcanzado la juventud—, y a Constantino —alumbrado
no muchos días antes en la ciudad de Arelato—; con ellos
es igualmente designado césar Liciniano, el hijo de Licinio, que
aún no había cumplido los veinte meses. Tal fue el término
de la segunda guerra».
Su nombre completo era Flavio Valerio Liciniano Licinio y en el 319 (tenía
4 años escasos) es designado cónsul juntamente con su tío,
Constantino el Grande, lo que da una idea del valor que tenía ese
cargo a estas alturas del Imperio. Fue educado por Flavio Optato, pero
al poco tiempo, el joven fue despojado de todos sus honores coincidentemente
con la caída de su padre en el 323 y según el testimonio
de Eutropio que es corroborado por San Jerónimo fue ejecutado en
ese año al mismo tiempo que el desdichado Crispo; Eutropio, 10:4
: «En este tiempo el Imperio romano cayó bajo la regencia
de un emperador y tres Césares, un estado de cosas que nunca antes
había existido; los hijos de Constantino gobernando sobre la Galia,
el este, e Italia.
Pero el orgullo de mejorar hizo que Constantino se apartara enormemente
de su antigua blandura de carácter. Cayendo primero sobre sus propios
parientes, mató a su hijo, un hombre excelente; al hijo de su hermana,
un joven de afable disposición; pronto después a su esposa,
y posteriormente a muchos de sus amigos».
No debe ser confundido este Licinio con el que se menciona en dos artículos
del Código Teodosiano, (4:6, 2, 3) donde se menciona a un hijo
de Licinio que en el 336 fue condenado a la esclavitud y condenado a servir
en el gineceo de Cartago. Este personaje, que está identificado
como Liciniani Filius era un hijo bastardo de Licinio al que, por medio
de esos dos rescriptos pretendía legitimizar.
CTh.4.6.2
...........Ri fecit vel si ipsorum nomine comparavit, totum legitima suboles
recipiat. quod si non sint filii legitimi nec frater consanguineus aut
soror aut pater, totum fisci viribus vindicetur. itaque liciniani etiam
filio, qui per rescriptum sanctissimum dignitatis culmen ascendit, omnis
substantia auferatur et secundum hanc legem fisco adiudicetur, ipso verberato
compedibus vinciendo, ad suae originis primordia redigendo. lect. iii
k. mai. carthagine nepotiano et facundo conss. (Abril 29 del 336).
CTh.4.6.3
Idem a. ad gregorium. senatores seu perfectissimos, vel quos in civitatibus
duumviralitas vel quinquennalitas vel flamonii vel sacerdotii provinciae
ornamenta condecorant, placet maculam subire infamiae et peregrinos a
romanis legibus fieri, si ex ancilla vel ancillae filia vel liberta vel
libertae filia, sive romana facta seu latina, vel scaenica vel scaenicae
filia, vel ex tabernaria vel ex tabernari filia vel humili vel abiecta
vel lenonis vel harenarii filia vel quae mercimoniis publicis praefuit,
susceptos filios in numero legitimorum habere voluerint aut proprio iudicio
aut nostri praerogativa rescripti, ita ut, quidquid talibus liberis pater
donaverit, sive illos legitimos seu naturales dixerit, totum retractum
legitimae suboli reddatur aut fratri aut sorori aut patri aut matri. sed
et uxori tali quodcumque datum quolibet genere fuerit vel emptione collatum,
etiam hoc retractum reddi praecipimus: ipsas etiam, quarum venenis inficiuntur
animi perditorum, si quid quaeritur vel commendatum dicitur, quod his
reddendum est, quibus iussimus, aut fisco nostro, tormentis subici iubemus.
sive itaque per ipsum donatum est qui pater dicitur vel per alium sive
per suppositam personam sive ab eo emptum vel ab alio sive ipsorum nomine
comparatum, statim retractum reddatur quibus iussimus, aut, si non existunt,
fisci viribus vindicetur. quod si existentes et in praesentia rerum constituti
agere noluerint pacto vel iureiurando exclusi, totum sine mora fiscus
invadat. quibus tacentibus et dissimulantibus a defensione fiscali duum
mensuum tempora limitentur, intra quae si non retraxerint vel propter
retrahendum rectorem provinciae interpellaverint, quidquid talibus filiis
vel uxoribus liberalitas impura contulerit, fiscus noster invadat, donatas
vel commendatas res sub poena quadrupli severa quaestione perquirens.
licinniani autem filius, qui fugiens comprehensus est, compedibus vinctus
ad gynaecei carthaginis ministerium deputetur. lecta xii k. aug. carthagine
nepotiano et facundo conss. (Julio 21 del 336).