En este trabajo hablaremos del general griego Memnón y de sus acciones al servicio de los persas centrándonos en la guerra contra Alejandro. De no haber fallecido tempranamente quizás habría supuesto un más que serio contratiempo en los planes de expansión del joven Alejandro de Macedonia.

By Satrapa1

Nota.. No es este un relato excesivamente hilvanado, las referencias que tenemos de nuestro protagonista son casi siempre indirectas y no permiten realizar un seguimiento muy serio sobre sus andanzas.

 

Memnón de Rodas

Natural de la isla Rodas y nacido quizás alrededor del año 390 a.C., era hermano menor de Mentor, otro famoso jefe mercenario.

Unido a la suerte de su hermano, militara junto a este en sus campañas que le llevaran finalmente a servir al persa Artabazo, sátrapa de la Frigia Helespóntica.

En el año +/-363 a.C. Artabazo (8) se rebela contra el gran rey, los rodios se alinean como era de esperar (5) junto con el sátrapa y combaten en una dura guerra contra las fuerzas de Artajerjes II, comandadas entonces por otro de sus sátrapas Autofrádates.

La guerra organizada por Artabazo, que se prolongara entre periodos de guerra y paz hasta el 352 a.C. tendrá gran resonancia en su época y en ella encontraremos a los más afamados generales griegos de su época. Por allí pasaran Caridemo, Pammenes o Cares (6) y aunque de esta campaña nos quedan unas pocas y desordenadas referencias, si podemos resaltar el protagonismo de los dos rodios que comandan el ejercito del rebelde.

Las operaciones se extienden por todo el área que por aquellos días le es adicta a Artabazo, esto es, Lidia, Frigia Helespóntica y Paflagonia. Y en ella se suceden algunos hechos singulares. Por un lado Artabazo pone a su servicio a los generales atenienses más destacados, pues, aprovechando la crónica falta de fondos con que Atenas provee a sus ejércitos, estos, al mando de Cares, lucharan en el bando del rebelde hasta que Persia, harta de la resistencia del sátrapa, amenazara a Atenas con enviar la flota fenicia al Egeo.

Durante la guerra Artabazo es capturado por Autofrádates, entonces Mentor y Memnón se harán cargo de sus fuerzas e intereses continuando las hostilidades. La resistencia de los dos rodios empuja a los persas a tratar de llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, así, Artabazo será liberado poniendo fin a la guerra a cambio de el compromiso de regresar de nuevo a la obediencia real.

Por aquellos días, Caridemo, otro de los lideres mercenarios griegos que disponía de un ejercito privado, se puso al servicio de Mentor y Memnón en su lucha contra Autofrádates. Caridemo, no obstante, tenia otros planes, y tras llegar a Asia y viendo perdida la causa de Artabazo decidió lanzarse por su cuenta sobre algunos territorios de este ocupando entonces, y para su propio usufructo, las ciudades de Ecepsis, Cebrén e Ilión (Troya). Al poco, y con Artabazo ya libre, Caridemo se vio bloqueado por las fuerzas de Mentor y Memnón, saliendo tan solo del trance gracias a un acuerdo con los rodios quienes le permitieron retirarse a Tracia con el fin de terminar de una vez con la molesta presencia de sus fuerzas en la Troade, en donde los dos rodios disponían de extensas propiedades.

Artabazo continuara su intermitente guerra contra el gran rey hasta ser, finalmente, derrotado, exiliandose entonces en Pella, junto a Filipo II de Macedonia. Allí le seguirá Memnón, pero probablemente no Mentor, pues pronto lo encontraremos sirviendo en Egipto junto al faraón Nectanebo, en lucha con Persia. En el año 346 Mentor y sus hombres pasan al servicio de Tennes, rey de Sidón, salvando la ciudad del ataque persa. En este momento Mentor se deja tentar por las ofertas del persa Artajerjes III, quien, harto de los repetidos fracasos ante Egipto y los fenicios, decide hacerse con el máximo numero de auxiliares griegos que pueda al tiempo que se los resta a sus enemigos. Dentro del acuerdo con el que Mentor vuelve a ponerse al servicio del gran rey se incluye la rehabilitación de Artabazo, recordemos que exiliado en Pella, y de su hermano Memnón. Es el año 342, los rodios vuelven así a la Frigia Helespóntica y proporcionan al rey una valiosa información acerca de la personalidad y planes de Filipo de Macedonia.

Mentor morirá en el año 340, Memnón se casara ahora con su viuda y permanecerá en la Troade, que sepamos, hasta el momento en que las fuerzas macedonias desembarcan en Asia.

Anécdotas recogidas por Frontino (traducción libre).

-Memnón el rodio, siendo superior en caballería y deseando atraer a las llanuras a un enemigo que se mantenía a cubierto en las colinas, mando a ciertos de sus soldados haciéndose pasar por desertores al campo del enemigo para decir que en el ejercito de Memnón había un espíritu de rebeldía, de enfrentamiento, y que en sus fuerzas las deserciones iban en aumento. Para que el enemigo se creyese esa historia Memnón ordeno al mismo tiempo a pequeños grupos de soldados que se fortificasen aquí y allá a vista del enemigo, en la llanura, fuera del campamento principal, como si estuviesen desafectados. El ejercito rival, en las colinas, salió dispuesto aprovecha la oportunidad que se le ofrecía de atacar a aquellos grupos de mercenarios fortificados y aislados en la llanura. Para cuando quisieron darse cuenta la caballería de Memnón al completo rodeo a los infelices atacantes.

Posiblemente se trate de la guerra contra los sátrapas rebeldes, últimos rescoldos del conflicto que enfrento a los sátrapas de Asia Menor contra el rey Artajerjes III.


-Memnón en un encuentro naval, disponiendo de una flota de 200 unidades, y deseando atraer a la batalla a un enemigo que debido a su inferioridad numérica no deseaba luchar, ordeno que solo los barcos de la vanguardia levantasen los palos prestos para izar las velas. Cuando el enemigo a la distancio contó el numero de estos palos y de esto dedujo erróneamente el numero de los navíos de Memnón, ofreció batalla al rodio.

Quizás estamos hablando aquí de la guerra de Egipto contra los persas, o contra Chipre... no se sabe.

-LA GUERRA CON MACEDONIA-

Parmenión y Átalo, al frente del pequeño ejercito macedonio/griego enviado a Asia por Filipo (7), tuvieron que verselas con Memnón, quien en la región de Magnesia (del Sipilo) les derroto cuando el rodio con tan solo 4.000 de sus mercenarios puso en fuga a sus 10.000 griegos y macedonios. Entre las pocas noticias que se tienen de esta etapa, se encuentra la de que Memnón se hizo con Éfeso gracias a la traición de parte de su oligarquía, instalando luego en el poder a un tirano.

Poco más se sabe de este periodo, tras el que saltamos al ultimo tramo del mismo, cuando los macedonios, poco a poco, han tenido que ir retrocediendo sobre la región del Helesponto acosados por los persas.

Por aquellos días, el contingente macedonio establecido en la región de la Tróade se veía abocado a la destrucción si no llegaba por fin la esperada invasión desde el otro lado del Helesponto. Hacia ya más de un año que los generales de Filipo combatían en Asia, al principio se habían establecido firmemente en, al menos, toda la zona costera entre los estrechos y la propia Jonia. Sin embargo, la muerte de Filipo trastocó todos los planes y la avanzadilla macedonia en territorio persa se vio expuesta, mas tiempo de lo razonable, a los embites del contraataque enemigo.

La respuesta persa se había hecho esperar. Sumergidos en unas interminables querellas internas, el trono no quiso, o pudo, prestar demasiada atención a lo que ocurría al otro lado del Egeo. Para cuando el enemigo macedonio (léase la avanzadilla de Filipo) puso los pies en Asia, no había ninguna fuerza de entidad preparada para la defensa (9). Muere entonces Artajerjes III y su sucesor, Darío III, se prepara con celeridad para la guerra. Llega ahora el asesinato de Filipo, el rey macedonio. Darío III, considerando que Alejandro es demasiado joven e inexperto para la tarea de invadir Asia abandona los planes de movilización. Para cuando se da cuenta de su error, han pasado unos meses, un tiempo, vital.

Es la hora de las prisas, se articulan rápidamente unas fuerzas de choque destinadas a expulsar de sus ultimas cabezas de puente a los macedonios. Allí encontramos entonces a Memnón, que recibe por fin un mando de entidad (4). Cuatro mil mercenarios griegos son puestos bajo su mando, se encargara de maniobrar por el norte de la Tróade (2), mientras por el sur lo harán las más considerables fuerzas del sátrapa de Frigia, Artabazo.

La presión persa, poco antes del desembarco de Alejandro en Asia, arrecia, ahora este se ve impelido a enviar un nuevo contingente de refuerzo, es Calas, quien al frente de unos miles de aliados griegos (3) no puede evitar ser rechazado por Artabazo y retrocede sobre la propia costa de la Propontide. Tampoco Parmenión consigue gran cosa y debe de ceder terreno ante Memnón. Las tropas macedonias en Asia deben reducirse solo a unos pocos destacamentos que a duras penas mantienen ya una simple cabeza de puente al otro lado del Helesponto, pero será lo suficiente para que Alejandro consiga por fin poner pie en Asia.

La fama de Memnón, ya reconocida por merecida, no se le escapa tampoco a Alejandro, quien ordena, tras cruzar el Helesponto, no operar contra las tierras que el rodio posee en la Tróade. Es el viejo truco de hacer recaer sospechas de infidelidad sobre un buen general del enemigo. Es probable que en un mando tan dado a las rencillas como el persa esta táctica no cayese en saco roto, y , seguramente alimentada por otras viejas historias, la desconfianza hizo presa en ellos, quienes tuvieron a Memnón un tanto de lado en la elaboración de la estrategia de guerra contra el macedonio.

Las tropas persas deciden replegarse y prepararse para dar batalla al enemigo.

Las fuerzas de Darío se habían concentrado en Zelea, a pocos kilómetros del río Gránico. Se disponían a ofrecer batalla a Alejandro, pese a la opinión contraria de Memnón, que militaba en las fuerzas persas con su propio grupo de mercenarios. Memnón era partidario de evitar el choque con los macedonios y hacer tan solo el vacío a su paso, una guerra de tierra quemada que obligase al joven Alejandro a retirarse por una simple falta de suministros. También, alega, los macedonios son superiores en fuerzas de infantería y sus tropas, en general, mejor dispuestas y preparadas (10).

La batalla se llevo adelante en las riberas del río Gránico. Allí se encontraba Memnón al frente de una unidad montada de caballería griega, y allí fue derrotado, junto con sus aliados persas, y repelido hacia el sur, encontrando entonces refugio en la ciudad de Mileto, punto de concentración ahora de las fuerzas persas en retirada.
En cuanto Alejandro pudo, avanzo sobre el puerto jonio poniendo sitio a la metrópoli. Para entonces la flota persa ya se encontraba en el Egeo, sin embargo, eso no evito que la ciudad, poco después, fuese abandonada a los macedonios ante la imposibilidad de su defensa. Los oficiales más relevantes pudieron abandonar la población antes de la caída de la misma, retirándose entonces a la más defendible Halicarnaso, en donde se llegaron a reunir un numero importante de fuerzas persas.

Uno de los problemas con los que se encontraran los persas es su incapacidad para combatir contra unos soldados, los macedonios, armados con sus largas sarissas. Un arma que, en manos de infantes y jinetes, les proporcionara una ventaja adicional sobre las mucho más cortas lanzas de los mercenarios griegos o persas.

Así es, por aquel entonces, Memnón, ya se había hecho con el mando conjunto de todas las fuerzas persas en Asia Menor, incluida la escuadra, para ello no había dudado en enviar a su propia familia al cuidado del rey Darío III, demostrando así su fidelidad al poner en sus manos el seguro mas precioso para la misma.


Disponía Memnón de una potente flota, que poco tiempo despues llegara a ser dueña absoluta de los mares, pues precisamente tras la caída de Mileto Alejandro había desmovilizado la flota griega que le ofrecía, al menos, la adecuada cobertura naval (11). Tampoco le faltaban al rodio fuerzas de tierra, reuniendo en la ciudad un buen numero de tropas mercenarias, persas, y a las propias tripulaciones de la escuadra fondeada frente a la ciudad.


-EL ASEDIO DE HALICARNASO-

La ciudad, ya de por si fortificada, se veía acompañada de una orografía que facilitaba su defensa además de las obras de refuerzo acometidas por el propio Memnón, que venian así a subsanar cualquier punto débil en las mismas.

El primer ataque de Alejandro fue sobre la puerta de Mylasa, un ataque a modo de sondeo y en el que pudo comprobar la férrea defensa del sector. Luego sobre la de Myndus, tanto como para tantear las defensas como para tratar, sin éxito, de hacerse con la vecina población de Mindus, a causa, por cierto, de la ayuda enviada desde Halicarnaso por Memnón.

A partir de este momento comienza el asedio propiamente dicho. Los asaltos macedonios y las no menos osadas salidas de los sitiados hicieron de esta una batalla realmente singular. Alejandro no lo tuvo nada fácil e incluso rondo algunas veces el desastre, como cuando los más esforzados soldados de Memnón, unos dos mil, realizaron una salida contra las menos preparadas y numerosas fuerzas de Alejandro en un sector, en donde, además, se encontraba el propio rey. El ataque de los mercenarios se llevo adelante con éxito hasta el punto en que solo un resuelto contraataque de los veteranos macedonios (1)

pudo inclinar la balanza en favor de las fuerzas del rey.

Fue este último combate el que decidió por fin, según nos da a entender Diodoro, que Memnón resolviese abandonar un asedio, ya demasiado costoso, teniendo en cuenta que encerrados en la ciudad el ejercito y la flota persa debían dejar de lado otras alternativas estratégicas mucho más constructivas que esta de retener unos días, mas o menos, a las fuerzas de Alejandro ante la ciudad.

Esa misma noche el grueso de las fuerzas de Memnón, con él a la cabeza, abandonaron la ciudad, dejando tan sólo una fuerte guarnición en la Isla Real.

Isla Real

Alejandro no tenia tiempo para el molesto sitio de una correosa ciudadela así que delego el asedio en uno de sus subalternos y continuo con sus fuerzas camino de la inmortalidad.
Memnón partió entonces con la flota en la idea de que había que llevar la guerra a Grecia, plan en el que ya pensaba antes de Granico, ahora disponía de tropas y fondos remitidos por Darío y, lo que era mas temible para Alejandro, de una casi completa libertad de movimientos. El rey persa depositaba así en su general mercenario sus mayores esperanzas, no en vano le había hecho remitir una buena cantidad de dinero con el que reclutar no menos de 8.000 nuevos mercenarios y aumentar su escuadra a unas 300 unidades.
Su sola presencia en el Egeo, unida a la iniciativa naval que parece disfrutar atemorizan a la mayoría de las ciudades de las islas que, al menos desde las Cicladas, le envían legaciones. A modo de anécdota se cuenta que por aquellos días se rumoreó que Memnón se iba a dirigir contra Eubea, a lo que siguió una oleada de pánico entre las poblaciones de la isla. Poco a poco Memnón contactaba con políticos griegos afines, como los espartanos, o sobornables. Lenta, pero meticulosamente, preparaba una actuación sobre Grecia.

Chios cae entonces en sus manos a traición, luego se mueve hacia Lesbos poniendo sitio a la única ciudad que se le resiste, Mitilene.
Durante el sitio de la ciudad, Memnón muere de enfermedad. Ad portas de una gran ofensiva en el Egeo, el más inteligente y preparado de los generales de Darío abandona este mundo dejando a su ejercito huérfano de liderazgo. Pudo Memnón en sus horas postreras nombrar un sucesor, alguien que comandase las fuerzas en espera del relevo designado por el propio Darío. El elegido por el rodio fue Farnabazo, su sobrino, quien continuo con el asedio de Mitilene llevándolo finalmente a buen puerto (el nombramiento de Farnabazo seria respetado por Darío, que lo respaldo). Una vez capturada la ciudad, y con ella toda la isla, los persas continuaron las operaciones. Por un lado el propio Farnabazo puso rumbo a Licia con el grueso de los mercenarios griegos, Autofrádates, su segundo, continuaría con la ofensiva naval.
Llegaron entonces nuevas de Darío (12). Reclamaba las fuerzas griegas al mando de Farnabazo, estaba reuniendo un ejercito para detener a Alejandro en Siria o Cilicia y los siempre indispensables mercenarios griegos debían ser remitidos desde todos sus destinos. Farnabazo cumplió con lo que se le ordenaba, abandono Licia (región que finalmente, poco antes de Issos, fue sometida por los macedonios tras la rendición de mindios y caunios) entregando ademas sus mercenarios a Timondas, enviado por Darío a recogerlos, regresando entonces al Egeo en busca de su segundo Autofrádates.

La guerra en el Egeo después de Memnón

Tras reunirse de nuevo, Farnabazo y Autofrádates pusieron rumbo a Tenedos, enviando una pequeña escuadra de diez naves bajo Datames contra las Cicladas. La intención final de los persas era, sin duda, merodear por el Helesponto con la intención de tratar de cortar las comunicaciones entre Macedonia y Alejandro, quien, no lo olvidemos, dependía bastante de los sucesivos reemplazos que se le enviaban desde el país.
Los macedonios, pese a tratar por todos sus medios de volver a organizar una escuadra en condiciones, todavía no disponían de un numero suficiente de navíos que les permitiese operar ofensivamente, pues además, hay que recordar, mantenían fija, bajo el mando de Anfótero, una escuadra en el Helesponto para proteger el paso entre Europa y Asia. Farnabazo, con 100 barcos bajo su mando, no tenia rival en el Egeo. Por un lado Tenedos cayo efectivamente en manos persas, pero por otro, el destacamento de 10 navíos comandados por Datames y que operaba cerca de Sifnos, en las Cicladas, fue atacado por sorpresa por 15 navíos reunidos por el macedonio Proteas. De la flotilla de Datames, ocho barcos cayeron en manos de sus enemigos, logrando solo dos barcos regresar junto a Farnabazo en Tenedos. También fracaso un intento del griego Aristomenes, al servicio de Darío, de introducirse en los Dardanelos al frente de una escuadra. Fue este derrotado por el macedonio Hegéloco, comandante de las fuerzas de tierra macedonias de ese frente y que ahora combatía junto con Anfótero los intentos persas de penetrar en el Helesponto.

La guerra en el Egeo

Los persas continuaron ahora con sus maniobras. Abandonando las aguas de Tenedos marcharon de vuelta a Quios, reforzando al tiempo a las guarniciones de la ciudadela de Halicarnasos y de la isla de Cos, atacadas por las fuerzas macedonias de Hegelóco destacadas en el continente. De allí, y tras entablar contacto con los espartanos, se dirigieron hacia Sifnos (pasando por Andros) con toda la flota, dejando en ellas guarniciones. Había concertado un encuentro con el rey Agis de Esparta. Podía parecer que la idea de llevar la guerra a Grecia estaba mas cerca que nunca. El espartano solicito de los persas apoyo económico y material, es decir, dinero, tropas y barcos. Justo en aquellos días llego la noticia de la derrota de Darío III en Issos, los acontecimientos sin duda se precipitaron. La escuadra persa se volvió a dividir. Farnabazo marcharía ahora a Chios con 15 trirremes y 1.500 mercenarios, para asegurar el puerto, no fuese que con las nuevas de la derrota pudiese darse algún tipo de subversión en la misma. Autofrádates mientras tanto estableció un acuerdo con el espartano. Le serian enviados como refuerzo diez trirremes completas así como una subvención de 30 talentos de plata. Así mismo se le sugería que enviase a parte de sus fuerzas hacia Creta, para asegurarse el control de tan importante isla en la que también había penetrado la influencia macedonia, encontrándose en esos momentos dividida en dos bandos enfrentados. Luego se verian de nuevo en Halicarnaso, bisagra entre el Egeo y el Mediterráneo Oriental, en donde Autofrádates deseaba situarse por ahora, probablemente empujado a ello por sus aliados fenicios, que observarían expectantes el desarrollo de los acontecimientos en la región Siriofenicia.
Coincideron entonces dos acontecimientos relevantes, por un lado Alejandro asedia y conquista Tiro y se hace con la alianza de fenicios y chipriotas. El grueso de la escuadra persa estaba formada precisamente por estos dos contingentes, unidades que ahora se dispersan y regresan a sus ciudades. Y en Macedonia, Hegéloco, consigue reunir por fin un suficiente numero de barcos, 160, que le permitan afrontar, ahora ya con facilidad despues de lo acontecido en Tiro, la tarea de expulsar del Egeo a las ultimas fuerzas del persa. También cae Mileto, o sus ruinas, que según parece ser habían sido recuperadas por un contingente persa al mando de Idarnes.

Así, en Chios, Farnabazo y el ya exiguo grueso del ejercito persa caen finalmente, y sin gloria, en manos del abrumador despliegue de fuerzas macedonias. Para entonces están reducidos a unas 10 naves equipadas y unas 30 sin equipar, además de algunos navíos piratas aliados y unos 3.000 mercenarios griegos. Al poco el resto de las guarniciones persas en las islas se rindió (como el veterano Cares en Mitilene (13)), o fueron destruidas.

Finalmente Alejandro en persona ordenó a Anfótero, limpiar el mar Egeo de piratas, que habían proliferado durante la guerra, y poner rumbo luego a Creta, en donde los espartanos y persas continuaban con sus operaciones contra las ciudades afines a los macedonios.

Es el fin de la presencia persa en el mundo griego.

 

Notas..

(1) Veteranos de Filipo que se veían libres de combatir en las batallas pues por su edad o condiciones estaban ya exentos de ello. En esta ocasión el rey les conmino a intervenir, a demostrar su valor en un momento tan difícil como aquel. Los viejos soldados no decepcionaron a Alejandro. Formaron una cerrada línea de batalla y no solo detuvieron a los atacantes, sino que los rechazaron y derrotaron, matando a su líder, un oficial mercenario ateniense llamado Efialtes. Volver

(2)Su primera acción en la guerra contra los macedonios bajo la dirección de Darío III fue el ataque contra Cicicus, ciudad que trato de ocupar haciendo adoptar a sus hombres, los oficiales, el sombrero típico macedonio. Su intento de hacerse pasar por soldados de Filipo para así que les fuesen franqueadas las puertas de la ciudad fracaso. Se vengo no obstante sometiendo a un sistemático saqueo a todas las tierras y dependencias exteriores de la población. Volver

(3) Noble macedonio, de la región de Elimea, mas tarde comandara la caballería tesalia en el ejercito de Alejandro y terminara como sátrapa de la Frigia Helespontica.Volver

(4) Es imposible establecer una cronología clara de los hechos.Volver

(5) Mentor y Artabazo habían establecido ya antes fuertes lazos familiares, Mentor se había casado con la hija de Artabazo y este, a su vez, con la de Mentor. Esta unión de intereses será entonces respetada con todas sus consecuencias.Volver

(6) Caridemo, uno de los jefes mercenarios mas famosos tras el propio Memnón, militara al final también junto a Persia contra Alejandro. Al igual que el ateniense Cares. Pammenes fue el ultimo gran general tebano.Volver

(7) Filipo envió un ejercito compuesto por macedonios y griegos a las costas de Jonia o Eolia para preparar el ataque contra los persas.Volver

(8) Creo recordar que el motivo de la guerra con Artabazo es la negativa de este a deshacerse de sus mercenarios. Aratajerjes había ordenado a sus sátrapas desmovilizar este tipo de tropas consciente del poder que representaban, deseando así debilitar a sus gobernadores después de la larga guerra habida en los años precedentes contra casi todos los situados en Asia Menor.Volver

(9) Quizas las largas guerras sostenidas por los reyes persas contra sus sucesivos satrapas rebeldes en Asia Menor habian conducido a partir de entonces a un debilitamiento consciente de las fuerzas de estos. Tambien habria que señalar la guerra sostenida en Egipto, que solo recientemente se habia concluido y que habria dejado temporalmente algo traspuesto el poder militar del rey.Volver

(10) Memnón, consideraba como un hadicap tener que combatir a los macedonios comandados por su soberano, ante el que, sin duda, darían las mas brillantes muestras de su acostumbrado valor. Hay que recalcar que Alejandro reunió a propósito para la campaña no a los mas jóvenes y esforzados de sus soldados, sino a los mas veteranos y endurecidos macedonios, gente que había servido ya durante largos años a las ordenes de su padre Filipo..Volver

(11) Es difícil saber el momento exacto en que los persas se hacen con el dominio del mar. Probablemente la desmovilización de los griegos aliados, unida a la reorganización que de las fuerzas navales hace Memnón durante su estancia en Halicarnaso (recordemos que en el momento del comienzo del asedio de la ciudad Alejandro hace llegar su maquinaria de guerra todavía a través del mar), quien probablemente hace traer de Chipre y Fenicia mas navíos. Es quizás este momento, cuando Memnón dispone de las fuerzas que considera apropiadas, cuando Alejandro debe dar por perdida, inicialmente, la guerra naval.Volver

(12) El rey persa quedo profundamente contrariado con la muerte de Memnón, en el que depositaba todas sus esperanzas. Fue la muerte de este general, y su visión de que de la guerra en el Egeo no se podía esperar ya nada realmente decisorio, lo que le decidió a presentar batalla a Alejandro, moviendo su ejercito entonces al encuentro del macedonio.Volver

(13) Cares el viejo e irreductible enemigo de los macedonios, dio por fin la partida por perdida y, a cambio de que respetasen su retiro, entrego a sus mercenarios y la ciudad. El general ateniense, después de 35 años de guerrear por el mundo, desapareció de la historia.Volver