Pirro, la campaña de Italia.

-De la llegada a Italia hasta la batalla de Ausculum-

 

La vida de Pirro esta relativamente bien tratada por los clásicos, por ello, y ante la extensión del trabajo, es mejor dividir en varios capítulos lo que antes quería realizar en un solo articulo. Comenzaremos aquí por la intervención del epirota en Italia, dejando para otra ocasión sus aventuras en la propia Grecia y, quizás, Sicilia.

La fuentes utilizadas para este trabajo son, principalmente, las de: Dion Casio, Plutarco, Apiano y Dionisio de Halicarnaso. Otras menos importantes son las de Diodoro, Livio, Floro, Fabio Maximo, Estrabon, Justino, Vegecio..

En cuanto a obras actuales la siempre indispensable -Magistrates-, de C. Brougthon.

Satrapa1

 

ANTECEDENTES

Italia se encuentra envuelta en una turbulenta etapa caracterizada por el ansia expansionista romano (2). La península es ya una caldera a presión en donde las diferentes fuerzas menores maniobran ya con un estrecho margen de movimiento para conseguir mantenerse fuera de sus intentos de tutela. Recientemente los galos han sido aplastados, y aunque poco después los samnitas, los daunios y los etruscos han sido contenidos y golpeados con fuerza Roma debe mantener pese a ello todos los frentes abiertos. Es el momento en que Thurii, acosada por las incursiones de los (para los griegos) bárbaros lucanos, solicita entrar en alianza con la ciudad del Lacio.

Ya existía un precedente pues por aquellos días Roma había situado guarniciones en algunas de las ciudades griegas del brucio. De esta forma, Rhegium y Locri entre otras, impotentes ante los ataques de los brutios habían aceptado tropas romanas en sus ciudades.
De pronto Roma, que ya ha extendido su influencia hasta el Brucio, pone sus pies en el corazón de la Magna Grecia, y lo que es más; en el área de influencia de Tarento, instalando en Thurii una guarnición(13).

Iatlia, 281 a.C. Poco antesde la llegada de Pirro a la Peninsula.

 

Por ahora no estoy en condiciones de extenderme acerca de la situación política (léase alianzas) imperante en la Italia de estos años. Se sabe, no obstante, que los romanos están en guerra con prácticamente todas las naciones vecinas. Etruscos, lucanos, brutios, samnitas.. todos ellos son considerados enemigos por los romanos, y con todos combaten todavía en el momento en que Pirro llega a la península.

La posición romana es sólida, pero tampoco desean aumentar el número de sus enemigos entrando en una guerra con Tarento. Por ello, como veremos, trataran de evitar hasta el último momento la ruptura de las hostilidades. De hecho, al llegar a Roma la noticia del desembarco de Pirro en Italia, se produjeron serios conatos de revuelta en el hinterland romano, muchos pagaron ahora con su cabeza esta osadía.

Evidentemente el lento pero imparable proceso de expansión romana no ha pasado desapercibido para nadie. Si decenios atrás eran samnitas o lucanos los enemigos directos de Tarento, y por extensión de los griegos de Italia, ahora, casi abatidos los samnitas y debilitados los lucanos, Roma emerge como la principal amenaza activa para la autonomía de las ciudades griegas del sur italiano. Pese a lo que pueda pensarse, no ha permanecido Tarento impasible ante el desarrollo de los acontecimientos. Su diplomacia ha sembrado la cizaña entre las naciones enemigas o amenazadas por Roma. El Senado, consciente de esta actuación, no ha respondido a un reto que, por aquellos días, se consideraba un mal menor ante el cúmulo de dificultades que se encontraba la República a la hora de cimentar su dominio sobre los pueblos con los que, a diestro y siniestro, mantenían frontera (1).

Emplazamiento de la antigua Thurri (Turios)

Thurii (Turios), el enclave en la actualidad.

Tarento se agita, la plebe esta revuelta por los demagogos que ven en este contexto político (la llegada romana a Thurii), un estupendo caldo de cultivo para provocar las respuestas más extremas, aunque no por ello injustificadas.

Los romanos tensan inopinadamente la situación al enviar una escuadra de diez navíos al Golfo de Tarento (3). En la ciudad griega, en ese momento en fiestas, corre el vino con generosidad. Si ya los ánimos estaban alterados, este movimiento romano conduce a la opinión publica, dirigida por la facción que podríamos denominar nacionalista (4), a

empujar al senado de la ciudad a la lucha. Se fleta inmediatamente una flota de combate y se envía contra los romanos. La escuadra romana es entonces dispersada, cuatro de sus embarcaciones son hundidas y una capturada, en la lucha cae también el líder romano. Los tarentinos acusan ahora a los turios de deslealtad por haber reclamado a los romanos y no a ellos la ayuda contra los lucanos. Rápidamente se prepara y se despacha un ejercito al frente del cual se coloca al estratego tarentino Agis, que marcha sobre la ciudad vecina y en la que entra sin oposición. La guarnición romana se dejo marchar entonces bajo acuerdo, pero se expulsaba de la población a la oligarquía dirigente y, probablemente, se derruían sus defensas.
Los romanos trataron de hacer entrar en razón a los tarentinos enviando una embajada a la ciudad. Evidentemente las reclamaciones romanas podían ser todo menos contemporizadoras. Se pedía a los tarentinos una indemnización por los daños ocasionados, el regreso de los exiliados a Thurii, devolución de los prisioneros tomados en la nave romana capturada y la entrega de los responsables políticos de los hechos acaecidos. Aunque pueda parecer increíble (y a nuestros ojos un acto de temeridad inaudita), en unos momentos en que los embajadores romanos eran objeto de las burlas de los presentes en la asamblea por su mala pronunciación del griego, uno de los agitadores, un tal Filónides, que se encontraban en aquel espacio se acerco al jefe de la embajada por detrás y le orino sobre la toga. La respuesta del romano ante tamaña ofensa fue presentar a los espectadores la toga manchada y, ante sus risas, amenazarles con que se lavaría con sangre.
Esa misma toga, sin limpiar, fue tal cual presentada, poco después, ante el mismo senado y el pueblo de Roma.
Cabeza de mujer. Tarento.

La respuesta romana no se hizo esperar. En tanto y cuanto movilizaban nuevas fuerzas, se ordeno al ejercito del cónsul L. Emilio Barbula, que por aquellos días se encontraba combatiendo en el Samnio, dirigiese su ejercito sobre Tarento y que, ante sus murallas, ofreciese de nuevo a los tarentinos una ultima oportunidad de paz aceptando los términos propuestos anteriormente por los embajadores.
Pese a lo que pueda pensarse, siguiendo a Dion Casio, sabemos que los romanos no deseaban en esos momentos un enfrentamiento con Tarento. Todavía ardían en Italia Central los rescoldos de viejas guerras que bien podrían reactivarse en el caso de que las fuerzas romanas tuviesen que marcharse lejos del Lacio. De hecho de los dos ejércitos consulares en campaña uno se encuentra en el Samnio y el otro en Etruria, los dos en lucha.

La llegada de los romanos a territorio tarentino enfrió los ánimos de gran parte del populacho. Así, son los más jóvenes, siempre prestos a los cambios, los que inclinan la balanza a favor de la guerra.

Se hablo entonces en Tarento de las posibles salidas militares que tenían, desechándose la opción de combatir solos ante tamaño rival, por lo que alguien sugirió (9) llamar en su ayuda al ya famoso Pirro, rey del Epiro, cosa que resulto luego ser entusiásticamente apoyado por la mayoría.

Magna Grecia, epoca greco-romana

Los tarentinos, que para entonces ya han conseguido el compromiso de alianza de varias comunidades, por ejemplo samnitas, lucanos y mesapios, deciden enviar a Pirro una invitación a intervenir en la guerra ofreciendo al rey todo su apoyo. Para tentar al caudillo epirota describen ante él las fuerzas que podrán ser movilizadas para la guerra y que evidentemente serán conducidas por su persona; 20.000 jinetes y 150.000 infantes de todo el sur de la península.

PIRRO, REY DEL EPIRO
La Grecia de aquellos días, para no perder la costumbre, se encontraba sumida en el cíclico caos ocasionado por las luchas entre los sucesores de los diácodos Pirro, uno más en discordia, llevaba ya 15 años de lucha contra esta o aquella facción, tema del que ya nos ocuparemos en otro trabajo. La oferta tarentina fue entonces bien acogida, el rey estaba ya posiblemente escarmentado de sus últimos fracasos en la lucha contra los epígonos, por lo que se sintió realmente tentado por la oferta de los griegos de Italia (7). No obstante, para una campaña de esta envergadura necesitaba más fuerzas de las que él mismo podía disponer. De hecho en sus campañas por Grecia siempre había contado con el auxilio de gran numero de fuerzas extranjeras. Además, no podía marcharse de Grecia sin cubrirse bien las espaldas. Pirro, rey del Epiro

Golfo de Ambracia durante la etapa greco-romana

El Golfo de Ambracia durante la época greco-romana. Pirro hizo de la ciudad de Ambracia la capital de su reino, con lo que esta antigua polis entro en una cierta etapa de esplendor que acabaría solo un siglo después cuando la ciudad fue arrasada por los romanos durante la II Guerra Macedónica.

Posiblemente envuelto en estos pensamientos y planes, recibió una nueva embajada de Italia, esta vez venían con los tarentinos representantes de los samnitas y de los lucanos. De nuevo y en persona le ofrecían la alianza y el mando de todas las fuerzas conjuntas. Pirro, animado ya hasta por sus propios hombres, se dispuso a aceptar la tarea que se le encomendaba, aunque preocupado por la idea que se podrían llevar los tarentinos (8), dejo bien claro que su estancia en Italia seria limitada.

Se dedico entonces el rey a trabajar a dos bandas, por un lado debía desplegar toda su habilidad diplomática para mantener a sus belicosos vecinos en calma durante el tiempo que el permanecería fuera de Grecia. En esto obtuvo un indudable éxito ya que firmo acuerdos tanto con ilirios como con etolios (15). Con respecto a la mayor amenaza, Macedonia, se desposo con la hija del rey de entonces Ptolomeo Ceraunos (Keraunos). Ceraunos se sintió sin duda aliviado de perder de vista a tan molesto vecino, por lo que además de la alianza obligada tras el desposorio, entrego a Pirro un fuerte contingente de tropas; 5.000 soldados de infantería (falangistas al menos 4.000), 50 elefantes y 4.000 jinetes. Eso sí, por un periodo de dos años.

Por otro lado también atosigo el epirota a los reyes más poderosos de esa parte del mundo para que le proveyesen de ayuda en una empresa como aquella, en pro de la libertad de los griegos. En realidad todos estaban contentos de ver alejarse de Grecia a Pirro, así que Antígono Gonatas le presto una flota para pasarlos del Epiro a Italia y Antíoco, rey seleucida, una buena cantidad de dinero ya que de tropas andaba, por aquellos días, relativamente escaso.

Decidido pues a intervenir. Pirro envió por delante a su mejor embajador y representante, Cíneas, con 3.000 soldados de avanzadilla, tropas estas que serian poco después reforzadas con un nuevo envió de soldados. Cíneas trato con los tarentinos de los detalles de la operación, Pirro necesitaba gran numero de barcos para realizar la travesía a Italia y los que él había conseguido no bastaban, los de esta ciudad eran por ello requeridos. Pirro disponía ya por aquellos días de un total de 25.500 hombres y 50 elefantes (5). Con ellos embarco rumbo a Tarento.

Pirro dejo atrás, como regente, a su hijo Ptolomeo, de tan solo 15 años de edad. Sus otros dos vástagos, Heleno y Alejandro se los llevo consigo a la guerra de Italia.

LA GUERRA CONTRA ROMA

Quiso la fortuna que la flota fuese alcanzada de lleno por una tormenta. El desastre fue de tal envergadura que, con la mayoría de los barcos dispersados o hundidos, Pirro solo pudo tocar tierra con 2.000 hombres y 2 elefantes, con los que rápidamente se dirigió a Tarento.

Costas del Epiro (Cassopia) El ambiente con el que la ciudad acogió al rey no podía ser mas sombrío. Pasados ya los primeros ímpetus la población no se encontraba muy inclinada a la guerra. Hasta tal punto es así que Pirro no se sentía seguro en su actual posición. Espero por tanto el epirota a que el resto de sus fuerzas se fuesen, poco a poco, reagrupando. Día tras día llegaban por tierra y mar las tropas que habían sido dadas por perdidas durante la tormenta. Una vez que el rey se sintió lo suficientemente fuerte, dio un golpe de timón. De un día para otro se decreto lo mas parecido a un estado de guerra. Se cerraron entonces los teatros, gimnasios, y
se prohibieron incluso los paseos por la principal avenida de la ciudad, lugar en donde acostumbraban los tarentinos a tratar de negocios, charlar y, en definitiva, disfrutar y aprovechar la compañía de sus conciudadanos para comentar los usuales rumores y hechos que se daban en la política local, o como bien dice Plutarco, “hacer la guerra de palabra”. Comenzó entonces el alistamiento y entrenamiento de parte de la población en edad de llevar armas. Pirro se había propuesto llevar adelante la guerra con o sin la aquiescencia de los propios tarentinos. Ni que decir tiene que gran parte de los ciudadanos trato de eludir sus nuevas y peligrosas responsabilidades. Abandonaron tantos la metrópoli que Pirro dio orden de cerrar y controlar las puertas de la ciudad. La resistencia política en el interior de Tarento fue entonces encabezada por uno de los prohombres de la metrópoli, Milón, que trato de oponerse a la voluntad del rey. Pirro, que en cierto modo reconocía el prestigio del personaje, pues era el único que realmente podría ahora enturbiar sus planes, trato de atraérselo a su bando tratándolo con estima y respeto a la vez que le hacia llegar generosas dádivas que, sin embargo, no lograron hacer cambiar de actitud al personaje (6).
Una vez que Tarento quedo firmemente sujeta a su control, procedió a dar comienzo a la campaña que él pretendía le diese el control de la península Itálica.

Los romanos, que disponían de un ejercito consular en la región de Tarento, y que se habían replegado tras la llegada del rey, introduciéndose entonces en Apulia, decidieron contender con el epirota antes de que este se reuniese con sus aliados lucanos y samnitas, aliados que por otra parte se mantenían renuentes a marchar junto al rey, probablemente por la presión ejercida contra ellos por las fuerzas romanas que, ya en esos momentos, actuaban sobre sus territorios.

El cónsul Lavinio se puso entonces en movimiento desde, suponemos, Campania. Se trataba de golpear ,de camino a Tarento, a los lucanos, al tiempo que se mantenía el frente de lucha lo mas lejos posible de territorio latino. Lucania fue entonces devastada al paso por el ejercito consular. Lavinio conquisto una importante ciudad de la región (desconocida) en la que dispuso una fuerte guarnición con la que mantener atareados a los lucanos, en la idea de que así les seria mas difícil unir sus fuerzas a las del epirota. Él, entre tanto, continuo su camino en dirección a Heraclea. Pirro, advertido de que las legiones romanas se encontraban ya cerca, y molesto por la tardanza de sus aliados en unirse a sus fuerzas, resolvió enfrentarse a Lavinio pese a que, en principio, disponía de muchas menos tropas que sus rivales. La calidad de sus soldados ante las que él suponía bárbaras de los romanos vendría sin duda a suplir los inconvenientes derivados de su inferioridad numérica.

Después del triunfo Pirro reflexiono sobre la forma en como todo había transcurrido. Recorrió el campo de batalla y observo admirado como la mayor parte de los cuerpos romanos yacían dando cara a su enemigo, señal de que habían sido muertos en el combate frontal, no en la huida, cuando por lo usual suele ocurrir siempre al contrario. El valor, la resolución, y la disciplina que había visto en sus contrarios le hicieron ver la dificultad que le esperaba de continuar la guerra contra unos enemigos como aquellos, también hay que recordar que falto poco para que la batalla no concluyese para él en una auténtica derrota (al menos según las fuentes romanas). Pirro resolvió así tratar de llegar a un buen acuerdo de paz antes que volver a exponer su fortuna a un nuevo lance con los romanos. Por otra parte deseaba recuperar fuerzas tras el duro enfrentamiento, también, tras la derrota romana, y según los cánones griegos, debía existir grandes probabilidades de que su enemigo estuviese inclinado a llegar a algún tipo de solución pacífica ahora que las armas ya habían hablado.

A fin de ganarse el apoyo de la opinión publica trato con consideración a los caídos en la batalla, los cuerpos de los romanos muertos fueron incinerados y los prisioneros cortésmente tratados, tanto, que los latinos, al igual que luego hará Aníbal Barca, fueron impelidos a unirse a la guerra contra Roma. Estos no fueron siquiera encadenados, andando libres por el campamento por orden del propio rey.

Las respuesta inmediata de los romanos ante la debacle en Heraclea fue la de movilizar más fuerzas todavía que las precedentes (10) y, entre tanto, buscar una salida a la guerra en Etruria, en donde existía un ejercito al mando de el otro de los cónsules Tiberio Coruncanio, que por aquellos días los combatía con éxito (a costa de los cuales celebrara un triunfo). Levino, el cónsul que había sido derrotado, se relegó lo suficiente como para ponerse fuera del alcance de sus enemigos, quizás regreso sobre sus pasos hasta la localidad lucana que había conquistado y fortificado. Allí se atendieron a los heridos y se aguardo el regreso de las tropas que habían sido dispersadas tras la batalla. Una vez de nuevo en guardia, Levino se preparo para mantener a Pirro vigilado y, en la medida de lo posible (poco, creo), hostigado.

Las consecuencias directas de la derrota romana dentro de lo que era su área de influencia no dejaron de tener cierta relevancia. En Bruttium la ciudad de Locrii expulso a la guarnición romana y se paso al enemigo. Algunas comunidades más, sin que sepamos cuales, optaron también por salir de una discreta neutralidad y se colocaron también del lado de Pirro (20).

Guerreros campanos, lucanos y samnitas

Campanos, lucanos y samnitas

Cíneas, el famoso diplomático al servicio del epirota marcho entonces a Roma. Comenzaba el famoso duelo diplomático entre los romanos y Pirro (16).

Tras el impasse diplomático había llegado el momento de volver a dejar hablar a las armas. Pirro marcho entonces hacia el norte, en dirección a Campania y el Lacio.

Enterado Lavinio de la marcha de Pirro, pudo saber que sus intenciones inmediatas eran las de dirigirse a Capua, ciudad que pretendía ocupar. Lavinio maniobro en consecuencia y acuartelo en la ciudad un buen numero de tropas de refuerzo para la guarnición.Pirro, llegado a la región, se vio obligado ahora a cambiar de objetivo, marcharía contra Neapolis.

PIRRO AD PORTAS

Neapolis resistió y Pirro decidió continuar con su marcha hacia Roma. Ni que decir tiene que camino del Lacio todos los territorios por donde se pasaba eran pasto de los saqueadores. Era tal la ferocidad de los soldados que ni los territorios aliados por donde se movían quedaban al margen de la devastación.Este hecho daño entre los italianos, y no poco, el prestigio del monarca epirota (12).

Rió Liris.

Ya en el Lacio, Pirro se adelanto hasta Preneste, allí se entero no solo de los preparativos de defensa en la capital, sino de la pronta venida del ejercito del cónsulTiberio, quien había llegado a un acuerdo de paz con los etruscos (17) en vista del peligro inmediato que representaba la presencia del epirota a pocos kilómetros de la capital.

-El mapa es solo orientativo, todavía no tengo una imagen clara acerca de los limites del dominio, o influencia, de Roma en la Italia de aquellos días. En cuanto a las colonias remarco solo la de Venusia, situada por los romanos en el centro del territorio enemigo.

La ciudad de Preneste fue asaltada (y probablemente conquistada y saqueada). La intención ultima de Pirro era quizás la de dirigirse a Etruria en donde unir a sus fuerzas un buen numero de aliados. La noticia del acuerdo de paz en Etruria unida a la llegada de Tiberio le ponía en un brete, pues no hay que olvidar que tenia todavía a Levino muy cerca, a sus espaldas, por lo que podía quedar copado en propio territorio del enemigo, algo, evidentemente, no muy aconsejable. praeneste

Amedrentado el epirota por la dificultad de la tarea que se abría ante él, retrocedió hacia Campania. Por el camino le salió al paso el cónsul Levino con su ejercito (11). En un principio Pirro acepto la batalla y formo para el combate, sin embargo un inesperado suceso vino a contrariarle haciéndole cambiar de opinión; Trato de imponerse a los contrarios antes de la batalla haciendo sonar al unísono sus trompetas y los gritos de guerra de sus hombres, pero para su desgracia, la respuesta romana, en forma de otra barahúnda similar, provoco en sus líneas lo mismo que él había pretendido hacer en las de sus enemigos, el miedo. Excusándose en que se daban malos augurios para combatir, Pirro eludio el combate y prosiguió su lenta retirada (18).

Los romanos preferirán dejar marchar al epirota, por este año ya habían tenido suficiente. Se contentaran por ahora con enviar a Tarento una embajada del más alto nivel con el fin de negociar con Pirro el rescate de los numerosos prisioneros que este había hecho hasta la fecha.

La entrevista en Tarento entre Pirro y Fabricio será tratada con profusión en los anales romanos. En ella aparecen ambos, tanto Pirro, como el romano Fabricio, como dos auténticos estereotipos políticos de una era pasada y en ese momento en plena transición; Por un lado Pirro caballeroso y honrado, que tratara de convencer al romano viejo de pasarse a su servicio a cambio de grandes y generosas recompensas de toda clase. Por otro lado noble romano, incapaz siquiera de pensar en ceder ante la tentación tanto de las riquezas mundanas como de la idea de abandonar a su patria.

De la cordial entrevista algo practico se llevaran cada uno de ellos. Fabricio los prisioneros, liberados sin condiciones. Pirro, la idea de que había que llegar con los romanos a un acuerdo de paz antes que empujarlos a tomar de nuevo las armas contra él.

DIPLOMACIA

Cíneas, el gran diplomático de Pirro, marcho entonces cargado de regalos camino de Roma (14). Quizás Fabricio les había alentado a intentarlo, lo cierto es que el embajador puso todo el empeño posible en llevar a buen puerto la negociación. Llegado a Roma, Cíneas demoro su presentación ante el senado, pues primero se dedico a visitar a cierto numero de familia patricias con la intención de agasajar a las damas locales con la sibilina intención de que estas luego obrasen en favor de sus planes. Joyas y dinero debieron cambiar de manos con profusión y se dice que consiguió así comprar cierto numero de voluntades. Una vez considero haber cimentado lo suficiente su posición, se dirigió por fin a encontrarse con el senado.

Ante el senado romano Cíneas obro con comodidad al apoyar sus reclamaciones tanto en las recientes adhesiones compradas en la ciudad como por los réditos de la generosa actitud de Pirro al liberar a todos los prisioneros sin rescate. Pirro solo deseaba una paz de compromiso por la que todos sus aliados italianos pudiesen mantenerse libres lejos de la sofocante tutela romana. El senado dudo y las deliberaciones se prolongaron durante algunos días. Fue entonces cuando surge la figura del senador, ya anciano, Apio Claudio el ciego, quien, al ser informado de que el senado parecía inclinarse a llegar a un acuerdo con el rey, se hizo conducir ante la asamblea con la intención de exhortar a los senadores a continuar una guerra que a todos parecía amedrentar. La alocución del respetado senador condujo a un súbito cambio de actitud, decidiéndose entonces todos por la guerra total. No habría ya posibilidad de llegar a un acuerdo a menos que Pirro abandonase Italia. Cíneas fue exhortado ahora a dejar Roma antes de esa misma puesta de sol.

No pudo dejar de sorprenderse el griego del comportamiento tanto del senado como del mismo pueblo de Roma, esto, convertido en temor, le llevo a advertir al Pirro contra una ciudad en la que cada uno de los senadores podía ser comparado a un rey, una ciudad de reyes.

El senado romano procedió a enviar a Pirro, una compensación ante su generoso gesto de devolverles los prisioneros sin rescate, un numero igual de samnitas y tarentinos detenidos. A los romanos liberados por el rey, desconfiando ahora de su lealtad, pues no escapaba al conocimiento de todos que estos habían sido bien tratados y condicionados por el epirota, se los separo de sus unidades y envió a lejanas guarniciones, marcados también con el deshonor de haber caído vivos en manos de los enemigos (19).

Año 280 a.C. : El censo de ciudadanos romanos (cada cinco años se realizaba el recuento) arrojaba en esta ocasión el saldo de 287.222 hombres (el ultimo censo había dado 272.000).

La guerra debía ahora continuar, aunque por el momento había llegado el momento de dejar la lucha, pues la pausa invernal era por aquel entonces obligada. Las legiones fueron desmovilizadas y los aliados de Pirro regresaron a sus regiones de origen.

Pirro versus Aníbal

II Parte; de la batalla de Ausculum a la vuelta al Epiro.

 


Nota..

(1): Quizás pueda interpretarse este movimiento romano, el desembarco en Thurii, como una respuesta, una demostración a Tarento de que no van a quedarse quietos ante la actividad antiromana que llevan estos adelante. También puede ser una simple provocación, aunque eso es difícil de deducir en base al comportamiento posterior del Senado romano. Volver

(2): Esto resumiendo pues sobre el porque del expansionismo romano habría mucho que decir. Volver

(3): Existía un tratado del año 303 a.C. por el que Roma y Tarento llegaban al acuerdo de que los barcos romanos no pasarían más allá del Cabo Lacinio. Quizás 20 años era mucho para un acuerdo de este tipo, lo cierto es que los romanos con la excusa quizás de sus compromisos con Thurii traspasaron esa línea. No creo que fuese una provocación, ya que estaba claro que los romanos no deseaban la guerra, al menos por el momento. Volver

(4): Para los romanos son los demagogos, los que apoyándose en el pueblo conducen a este a adoptar las medidas mas injustas para sus propios intereses. Caigo en la tentación de evitar esta injusta denominación por peyorativa, más justo seria a nuestros ojos denominarlos nacionalistas. También como los de hoy se apoyan principalmente en los miembros más jóvenes de la comunidad y, antaño, También de los mas pobres, gentes que en general están más inclinados a aceptar siempre las opciones mas novedosas y rupturistas. En este caso fue un tal Filócaris el que llevo la voz cantante ante la asamblea. Volver

(5): Los 20 que luego tendría en Tarento serian, posiblemente, solo los supervivientes de la complicada travesía naval del Jónico.Volver

(6):Puso punto final el rey al problema al enviarlo exiliado al Epiro, en donde fue retenido hasta su posterior asesinato, También por orden real. Volver

(7):: Según Plutarco ya pensaba en algo así desde hacia tiempo. Volver

(8): De nuevo, Según Plutarco, no deseaba que los griegos de Italia pudiesen pensar que podía albergar alguna secreta intención. (Por lo que parece, de hecho, pretendía conquistar toda para sí toda la región). Es de suponer que lo hizo así para no ser comparado a uno de sus antecesores, Alejandro el Molosso, quien, en Italia y de nuevo en apoyo de los tarentinos, se dejo llevar por su ambición y pago con ello con su vida. Era fácil que sus enemigos pudiesen rememorar aquellos acontecimientos y hacer una traslación de los mismos a la presente situación. Volver

(9): Se habla de la posibilidad de que existiesen dos bandos enfrentados en Tarento, Pirro vendría a ser la alternativa consensuada de estas dos facciones o corrientes de opinión. Lo cierto es que el epirota afirmara haber venido a Tarento como aliado y como garante de la paz interna. Volver

(10):Para algunos es este momento cuando se hecha mano de las clases menos favorecidas. Tras largos años de guerras contra galos, etruscos, samnitas y demás, las clases propietarias más bajas estaban tan esquilmadas que se debió optar por dar acceso al ejercito a un buen numero de ciudadanos que por sus limitados bienes (menos de 10.000 ases) se encontraban al fuera de estas.

Hay que recordar que en esta época el ejercito romano se reclutaba entre cinco clases de ciudadanos, clases diferenciadas por el valor de sus bienes, fortuna. La primera clase (los ricos) servían en la caballería, las restantes en la infantería. Por que era así?, porque los soldados por aquel entonces debían de mantener los equipos a sus expensas, por ello, y al ser en su mayoría una infantería del tipo Pesada, solo los ciudadanos con un mínimo de bienes podrían costearselo. Más adelante, los más pobres servirán en la infantería ligera, los vélites, y, poco después, será ya el estado el que se encargara de suministrar a los reclutas el armamento necesario para servir en las legiones, síntoma inequívoco del empobrecimiento general del agro italiano. Volver

(11): Cuando Pirro observo el ejercito de Lavino, totalmente recuperado de la debacle precedente al haber reconstituido sus cuadros con nuevos reclutas, no pudo evita comparar Roma con una hidra de múltiples cabezas, a la que cortabas una y le crecía otra. Volver

(12):Los epirotas estaban alterados por las dificultades que encontraban en una campaña que, en principio, se presentaba poco menos que como un paseo militar. Fueron estos los que ocasionaron mayores daños en los territorios de los aliados italianos.

Por aquel entonces los griegos, y en particular los macedonios, se consideraban, con diferencia, los mejores combatientes del mundo. Que podían pensar de esa desconocida especie de república que existía en el centro de la, para ellos, lejana Italia. Volver

(13): De hecho se combatió con los lucanos, quienes rodeaban la urbe. Fue el cónsul Fabricio (C. Fabricius Luscinus) quien manu militari expulso a los lucanos de las tierras de Thurii e instalo luego una guarnición (año 282) de acuerdo con los griegos. Sin duda Tarento no había podido, o querido, inmiscuirse en el conflicto y era Roma la que se hacia así con el protectorado de toda esa regiónVolver

(14):Algunos autores sitúan esta visita de Cíneas a Roma (de hecho toda esta etapa de cruce de embajadas, léase entre el senado y el rey) poco después de la batalla de Heraclea, antes por tanto de la marcha a Roma, yo sigo en este caso a Livio, Dion Casio o Dionisio de Halicarnaso entre otros. Volver

(15):Vitrubio comenta el hecho de que las tierras de los taulantios se encontraban sujetas a Pirro. Volver

(16):Aquí las fuentes se contradicen hasta lo indecible. Se confunden los hechos y, lo que es yo, no he sacado nada en claro, por lo que no me atrevo a relatar nada al respecto. Volver

(17):Evidentemente los etruscos luchan a la defensiva, y seguramente contra las cuerdas, todo acuerdo con los romanos debía ser bienvenido por estos. No se debe ver pues, ni mucho menos, ninguna traza de acuerdo desfavorable para Roma. De hecho, como ya he comentado, Tiberio Coruncanio obtendrá el derecho de gozar del triunfo en Roma a expensas de los etruscos. Volver

(18):Todo evidentemente bajo la óptica de los historiadores afines a Roma. Lo que es cierto es que Pirro no fue molestado al retirarse, lo que nos induce a pensar que los romanos no las tenían todas consigo, necesitaban tiempo, como luego veremos, para preparar una respuesta a su, ahora, visceral temor hacia los elefantes. Pirro deshizo lentamente el camino pues su ejercito se encontraba rebosante de botín, léase bienes y ganado rapiñados mas un incontable numero civiles capturados. Parece que Pirro se sorprendió de la riqueza y buen estado de conservación de los campos, tierras, pertenecientes a los romanos y sus aliados, en contraste con las más depauperadas, por castigadas, de sus amigos lucanos o samnitas. Volver

(19):Solo podrían recuperar su antigua dignidad (pues también habían sido expulsados de su clase) en el momento en que demostrasen haber acabado con dos soldados enemigos. La prueba manifiesta era hacerse con sus despojos, lease armas. Volver

(20):De la guarnición romana en Locrii 200 hombres cayeron ahora en manos de Pirro. En cuanto a los nuevos aliados del epirota, es difícil saberlo, yo me inclinaría por comunidades menores en Apulia y el Piceno. Volver

 

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