La Batalla de Heraclea, 280 a.C.

 

Pirro, la guerra contra Roma

 

La Batalla de Heraclea

El ejercito de Pirro fue el primero en llegar a las riberas del río Aciris. Tras acampar con sus tropas, marcho el epirota en busca de los romanos con una fuerte escolta de caballería. Atravesó entonces el río y, tras una corta búsqueda, dio con el campamento romano (1). Sin duda debió quedarse sorprendido el rey no solo del numero de las fuerzas enemigas sino del perfecto orden con que se había plantado su campamento (2). Confundido por lo que había visto, recordemos que realmente pensaba que se las tendría que ver con un ejercito bárbaro y, por ende, en relativo desorden e indisciplina, regreso rápidamente junto a sus fuerzas. Ahora, después de lo que había presenciado, se arrepintió de haber infravalorado a sus enemigos. Decidió por tanto reclamar de nuevo con insistencia los prometidos refuerzos de sus aliados locales al tiempo que avanzaba sus posiciones hasta el propio río con la intención de bloquear todos los vados a la vista. Confiaba el epirota que al encontrarse en territorio enemigo, los romanos, faltos de suministros, no podrían permanecer en la región el tiempo necesario como para forzarle a entrar en combate.

El cónsulLevino, consciente también de su problema con los abastecimientos, resolvió avanzar con premura sobre el río. Su primer intento de atravesar los vados con la infantería se saldo con un fracaso. La vanguardia que Pirro había colocado para la defensa de los pasos impedía con éxito cualquier irrupción del enemigo. Levino ordeno entonces a la caballería. que marchase rápidamente lejos del lugar en busca de otros lugares de paso por los que atravesar el cauce del río. En cuanto los jinetes romanos consiguieron su propósito, atravesaron el río y cargaron contra las unidades que Pirro había dejado para la defensa de los vados principales. Una vez rotos los epirotas, la infantería romana comenzó a cruzar el Aciris.

Mientras su infantería se organizaba para la batalla, el propio rey decidió avanzar sobre el río al ser informado de que los romanos forzaban ya el paso del mismo habiendo rechazado del lugar a las tropas dejadas él como cobertura. La infantería romana y aliada atravesaba por un vado el Aciris protegida como sabemos por la caballería.

Plano: La Batalla de Heraclea I.

Pirro, al frente ahora de 3.000 jinetes, corrió a tratar de detener a los romanos antes de que estos se pudieran hacer fuertes en la orilla. La carga de la caballería. griega al frente de la cual su propio rey fue llevada adelante con gran resolución, el rey lucho en primera línea con valor y decisión pero no pudo evitar que gracias a su numero el ejercito romano comenzase, poco a poco a desplegarse sobre la otra orilla del Aciris. La batalla que no había deseado Pirro daba así comienzo.

Los pocos datos que manejamos del encuentro nos permiten pensar que poco después de este choque entre las dos fuerzas de caballería., los dos ejércitos, ya desplegados, entablaron combate.

La batalla fue realmente dura. Ambos bandos desplegaron grandes dosis de valor y firmeza. El encuentro en principio no se decantaba por ninguno de los dos bandos cuando Pirro, que desde hacia rato era buscado por un valiente soldado ferentano (5), cosa que por otra parte no paso desapercibido para los acompañantes del rey, se vio sorprendido por este cuando, cuando vio al fin su oportunidad, cargo con su lanza contra su persona. El golpe, queriendo o no, fue a dar sobre el caballo de Pirro, que fue así muerto lanzando a su poseedor al suelo. Quiso la suerte que uno de sus oficiales, Leonato, reaccionase a tiempo y consiguiese a su vez alancear al caballo del ferentano que también cayo así al suelo en donde pronto fue muerto por los guardias del rey. Pirro, temeroso de que otro romano siguiese el ejemplo del caído, resolvió entregar su indumentaria a uno de sus oficiales, Megacles, para que así atrayese sobre si a los que intentaban tamaña osadía. Quiso la suerte que poco después, precisamente por ello, este Megacles fuese abatido en combate. Inmediatamente se esparció por el campo la nueva de que el rey había sido abatido, comenzando entonces las líneas griegas a flaquear. Tuvo entonces Pirro que correr a lo largo de todas ellas con la cabeza descubierta anunciando a diestro y siniestro que permanecía todavía incólume y al frente del ejército.

Levino, aprovechando este desconcierto que prendía en las filas del epirota, lanzo por sorpresa sobre uno de los flancos las fuerzas de caballería que mantenía en reserva (3). Pirro, por contra, mando al combate a los elefantes, animales que mantenía generalmente en segunda fila y que, llegados a este punto, creía que debía hacer ya entrar en la lucha. La caballería romana, como bien imaginaria Pirro, fue dispersada al tener que hacer frente al ataque de los paquidermos, pues rehuyeron los propios caballos cualquier contacto con unos animales que desprendían un olor tan fuerte y desconocido para ellos. Esto era algo ya sabido por los ejércitos que contendían regularmente con elefantes, pues hay que acostumbrar a los caballos a su olor, pero los romanos desconociendo esta premisa inicial, se encontraron que sus monturas escapaban sin control del campo de batalla dejando abierto el camino a su enemigo a un ataque por el flanco. elefante de guerra
Batalla de Heraclea II. By Satrapa1
Caballeria tesalia, de Hat Industries

El descalabro de su caballería unido a la irrupción de los elefantes rompió finalmente la cohesión del ejercito romano. Comenzaba así la retirada, la huida.

Acosados por la caballería tesalia (enviada ahora por Pirro) y por los elefantes la infantería romana sufrió lo indecible, sobre todo por estos últimos animales, pues bien con sus trompas, bien por los soldados apostados en sus torres, bien por las gigantescas patas de los animales o por sus fuertes colmillos los romanos eran barridos en masa durante su huida. Los elefantes solo cesaron en su implacable persecución al ser uno de ellos herido y, con sus gritos, sembrar el nerviosismo entre sus congéneres(4). Pirro, ante este hecho, decidió detener el avance de sus tropas y dar por terminado el lance.

La batalla había terminado. El campamento romano era ahora saqueado haciéndose entonces un botín inmenso. Poco después hacían acto de presencia por fin los aliados que Pirro había estado tanto tiempo esperando, lucanos, samnitas y brutios. Pese a que tenia motivos para estar enfadado prefirió dejarlo pasar pues necesitaba de su colaboración. Les permitió entonces tomar parte del botín y se preparo para continuar la campaña.

En la batalla habían caído alrededor de 15.000 romanos (un mínimo de 7.000 según las fuentes) y de los griegos unos 7.000 (un mínimo de 4.000 según las fuentes). En cuanto a los prisioneros; segúnEutropio fueron 1800. Lo mas grave para el epirota es que muchos de sus mejores oficiales y soldados habían perecido en el encuentro. Fue esto lo que le llevo a decir aquello de que con más victorias como aquella estaría del todo perdido.

 

 

Notas..

(1) Según Vegecio, los romanos, pese a disponer ya como vemos de un detallado y riguroso orden de marcha y acampada, todavía no tenían perfilado su método de campamento fortificado que mas tarde se hará ordinario. Es precisamente ahora, durante el ataque de Pirro, cuando los romanos tomaran la idea del epirota y pasaran a llevar adelante el modelo de campamento que todos conocemos, con foso, talud y empalizada. Es pues, a decir de este autor, una de esas ideas que los romanos imitaron y mejoraron, en este caso de mano de Pirro, rey del Epiro. Volver.

(2) Según Eutropio, la caballería ferentina rompió las líneas griegas obligando a Pirro a replegarse dejando atrás buen numero de estandartes de guerra, hecho este como sabemos más que reseñable para los guerreros de antaño. Volver.

(3) Al igual que en la infantería, los romanos pronto enrolaron bajo sus banderas unidades provenientes de las comunidades aliadas. Esta época es relevante en este sentido, pues fue Pirro el primer general que en Italia empleo en masa las unidades de caballería según los mas modernos conceptos tácticos provenientes de Macedonia. Pronto los romanos trataran de ofrecer batalla a los enemigos solo en terrenos poco propicios para el empleo del arma de caballería.Volver.

(4) Meses después los soldados romanos, que tenían a estas bestias como literalmente invencibles, cogieron valor al ser muerta una de ellas al cercenarle, uno de los legionarios, la trompa. Volver.

(5) En realidad era el jefe del contingente de caballería, así que iría bien acompañado de sus propios guardias, no era pues ningún berserk. Volver.

 

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