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LA BATALLA
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En primera instancia los elefantes hicieron retroceder a los romanos utilizando para ello la táctica de aplastamiento, es decir: avanzar en línea arrollando con su mole todo lo que se les oponía. Táctica más que acertada contra unidades dispuestas en orden cerrado. Pero cuando los carros romanos avanzaron, su infantería se replegó, y se pudieron colocar entonces en primera línea, los elefantes se detuvieron. Los armatostes con los que los romanos pretendían golpear a los elefantes cumplían en principio su misión. Enfrentados y sorprendidos por esta especie de fortaleza móvil, los animales fueron impelidos a retroceder. Los epirotas tuvieron entonces que cambiar de táctica. Ahora, en vez de utilizar a los elefantes para aplastar a los soldados enemigos, fueron empleados como plataformas móviles, acercándose entonces a los carros pero solo para permitir a los soldados de sus torres asetear con sus largas lanzas y armas arrojadizas a las tripulaciones de los carromatos enemigos. Finalmente, y una vez superado el desconcierto inicial, la infantería ligera italogriega que acompañaba a los elefantes, se hizo con el control de la situación, pues al infiltrarse entre los pesados y torpes carromatos de sus contrarios, se las apañaban para acuchillar a los bueyes que utilizaban como tracción animal. Una vez que el carro se hacía inmanejable, su tripulación se encontraba totalmente vendida a los contrarios. De esta forma, pronto dieron los epirotas con la manera de eliminar la amenaza. Ante la evidencia de que los carros uno tras otro eran fácilmente deshechos por los peltastas enemigos, el pánico se apodero de las tripulaciones que, en masa, abandonaron entonces sus vehículos, y regresaron a la carrera sobre sus líneas, a las que causaron además gran turbación al desorganizar sus compactas formaciones.
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En primera instancia los elefantes hicieron retroceder a los romanos utilizando para ello la táctica de aplastamiento, es decir: avanzar en línea arrollando con su mole todo lo que se les oponía. Táctica más que acertada contra unidades dispuestas en orden cerrado. Pero cuando los carros romanos avanzaron, su infantería se replegó, y se pudieron colocar entonces en primera línea, los elefantes se detuvieron. Los armatostes con los que los romanos pretendían golpear a los elefantes cumplían en principio su misión. Enfrentados y sorprendidos por esta especie de fortaleza móvil, los animales fueron impelidos a retroceder. Los epirotas tuvieron entonces que cambiar de táctica. Ahora, en vez de utilizar a los elefantes para aplastar a los soldados enemigos, fueron empleados como plataformas móviles, acercándose entonces a los carros pero solo para permitir a los soldados de sus torres asetear con sus largas lanzas y armas arrojadizas a las tripulaciones de los carromatos enemigos. Finalmente, y una vez superado el desconcierto inicial, la infantería ligera italogriega que acompañaba a los elefantes, se hizo con el control de la situación, pues al infiltrarse entre los pesados y torpes carromatos de sus contrarios, se las apañaban para acuchillar a los bueyes que utilizaban como tracción animal. Una vez que el carro se hacía inmanejable, su tripulación se encontraba totalmente vendida a los contrarios. De esta forma, pronto dieron los epirotas con la manera de eliminar la amenaza. Ante la evidencia de que los carros uno tras otro eran fácilmente deshechos por los peltastas enemigos, el pánico se apodero de las tripulaciones que, en masa, abandonaron entonces sus vehículos, y regresaron a la carrera sobre sus líneas, a las que causaron además gran turbación al desorganizar sus compactas formaciones.
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SEGUNDO ACTO
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LAS CONSECUENCIAS DE LA BATALLA
Satrapa1 |
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