Extracto del artículo: Trajano; la guerra contra Partia, proveniente de la revista RHA nº5 (pag. 12/14)

 

 

INVASIÓN DE MESOPOTAMIA, 114.

Concluida la sumisión de Armenia y sus dependencias, Trajano invadía, a través de Gordiene, el norte de Mesopotamia. En un ataque a dos bandas; pues mientras él bajaba desde el norte, Cuadrato Baso cruzaba el Eúfrates y avanzaba hacia el este, se intentaba asegurar en esta fase de la campaña el control de la importante vía de comunicación que unía el Eúfrates y el Tigris: una transitada ruta comercial plagada de ricas ciudades surgidas a la sombra del comercio y que se configuraba como un complejo mosaico de poderes con los que el emperador, al contrario de lo que como veremos sucedió, debió tratar con más tino.

Incapaces por el momento de cualquier reacción seria, los partos abandonaron a todos sus vasallos y aliados de la región tratando de fortificarse tanto al otro lado del Tigris como en las cercanías de la capital, Ctesifonte, en donde a buen seguro trataban de reunir sus debilitadas fuerzas.

Asegurado así el camino, Trajano viró hacia occidente con la idea de encontrarse a las fuerzas del gobernador de Siria, aunque con la intención última de terminar de una vez con las ambigüedades del soberano de Osrohene, que abandonado ahora a su suerte ante el emperador, se preparaba para recibirlo en su reino, temeroso de las consecuencias que su actitud de no beligerancia le podrían haber acarreado.

Su llegada a Mesopotamia era esperada y temida por muchos. Varios de los jeques árabes locales, pues el país estaba repartido entre varios principados y tribus nómadas autónomas, habían eludido el contacto con el emperador temerosos de la respuesta de un imperio al que sí debían obediencia, Partia; por lo que, con Trajano a pocas jornadas, corrieron a refugiarse junto al líder parto más poderoso de la región, Mebarsapes, rey de la Adiabene, personaje que además encabezaba la resistencia a la invasor en el norte de Mesopotamia.
Manno, jeque de los árabes comarcanos, que había respondido al llamamiento de movilización de Mebarsapes enviándole un fuerte contingente de auxiliares, tuvo que ver como sus fuerzas eran ahora interceptadas y aniquiladas por los romanos. Trató en última instancia de congraciarse con el emperador, pero temeroso de su respuesta prefirió huir y reunirse, al otro lado del Tigris, con el adiabeno.

 

LUCHAS EN MESOPOTAMIA

En estos confusos primeros meses de guerra la siempre voluble disposición de las tribus árabes locales pasaron ahora factura a Osroes. Uno de los más poderosos jeques de la región, Manisares, comenzó a maniobrar por su cuenta arrebatando a sus vecinos amplias regiones de terreno tanto en el norte de Mesopotamia como en el sur de Armenia. El laxo control que el ahora acosado rey parto ejercía sobre sus dominios era aprovechado por estos ambiciosos o codiciosos personajes, que sin dejar de dar muestras de una lealtad más que superficial, arrebatabann para sí los territorios de sus vecinos más débiles.
Manisares, que posiblemente había traspasado la frágil línea que separaba la ambición de la deslealtad, se vio obligado a hacer las paces con los romanos, ya que se había encontrado con que el rey parto le había declarado la guerra a él mismo, harto de sus abusos. Este Manisares parece que al final se congració con Trajano al entregarle todos los territorios que había arrebatado a los partos con la excusa de su guerra contra los romanos.


TRAJANO EN OSROENE

El recibimiento de Trajano en Edessa es fácil imaginarlo como fastuoso. El árabe Abgaro, a la sazón rey de Orsroene, tenia que afirmar su posición ante un emperador anexionista al que no le unía ningún lazo de amistad, y más ahora, que había optado por no involucrarse en una guerra para la que había sido reclamado y de la que se había lavado las manos. Los clásicos no dejan de mencionar lo ocurrido durante el encuentro entre los dos personajes; Abgaro, conociendo las debilidades del anciano emperador, hizo que uno de sus hijos, un apuesto mozalbete, bailase unas llamativas danzas ante su regio invitado. Trajano quedo tan prendado del muchacho, que si hasta entonces albergaba algún resentimiento contra el árabe, este se desapareció. Osroene conservo su independencia y, lo que sorprendió más a todos, Abgaro el trono. Trajano decidió pasar el invierno en Antioquía, aunque alguno de sus generales continuo con las operaciones de limpieza, afirmando la presencia romana sobre la Alta Mesopotamia.

Mosaico proveniente del yacimiento arqueológico de Edessa: Una familia de notables locales, de procedencia árabe.

 


EL TERREMOTO DE ANTIOQUIA

Durante la estancia de Trajano en Antioquía la ciudad se vio sacudida por un fuerte terremoto del que sorprendentemente el emperador pudo salir ileso; detalle que fue interpretado por muchos como una muestra más de la protección divina de que disfrutaba. En realidad, amparado por las fuerzas sobrenaturales o no, Trajano tampoco quería tentar a la suerte, así que al día siguiente acampo sobre la arena del hipódromo, a resguardo de cualquier otra sacudida.
La ciudad sufrió daños de tal intensidad que el recuerdo de este desastre ha perdurado hasta nuestros días, pero sin duda agradecieron la presencia casual del emperador en la ciudad, que influyo luego en que las obras de reconstrucción de la metrópoli fuesen más rápidas y efectivas de lo que hubiese sido habitual.

 

Cayo Julio Cuadrato Baso


El más veterano y experto general de Trajano sobrevivió sólo un año a su emperador.
La hoja de servicios de este servidor del estado es larga y prolífica; sus destinos como legado propretor en Capadocia, Siria y Licia y su proconsulado en Cirene y Creta, son algunos de sus hitos dentro de la administración civil romana. Su carrera militar, sirviendo en diferentes cargos en hasta 9 legiones, vivió su cénit en la campaña de Dacia, de la que fue comandante en jefe: la mano ejecutiva del propio emperador Trajano.
Finalmente tuvo el honor de acompañar los restos mortales de Trajano, desde el lugar de su muerte en el puerto de Selinunte (Cilicia) hasta Roma.

Julio Cuadrato Baso sirvió brevemente bajo Adriano, por quien le fue encomendada la tarea de detener las incursiones que en Dacia realizaban sármatas y dacios libres. Murió, probablemente de muerte natural, durante su acción de gobierno.
Originario de Pérgamo, Asia, sus restos fueron allí transportados, llevados a hombros por un destacamento de sus propios soldados, que formando un cortejo de honor, lo condujeron a lo largo de toda la ciudad hasta su sepulcro, una construcción que Adriano dio la orden de levantar a expensas del tesoro público.

 

 

 

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