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a la que nosotros llamamos Silesia, se extiende en forma de elipse
que se despliega sobre Europa, en parte rodeada de montañas,
a modo de corona o cresta de ese rincón del planeta. Es la
meseta más alta de Alemania o de los países Cisalpinos
y manda ríos a todos los mares.
Sus más altas cumbres se encuentran en el suroeste. Su mayor
diámetro va de noroeste a sudoeste: desde Crossen hasta el
paso de Jablunka, que conduce a Hungría, hay unas 250 millas
. El eje, por lo tanto, o diámetro más largo de nuestra
elipse puede estar en 230 millas inglesas, su diámetro más
corto, desde Friedland en Bohemia pasando por Breslau y cruzando
el Oder hacia la frontera polaca está en unas 100. El área
total de Silesia se aproxima a 20.000 millas cuadradas, cerca de
un tercio de la de Inglaterra. Silesia es un país agradable,
fértil, productivo y bello que se va deslizando hacia abajo
a medida que avanzamos hacia el norte y el este. Un largo y curvado
contrafuerte de montañas (RIESENGEBIRGE, Montañas
de los Gigantes, su nombre más conocido en el extranjero)
lo sujeta al sur y al oeste. La cordillera de las Montañas
de los Gigantes es una continuación de las bohemio-sajonas
Montañas Metalíferas (ERZGEBIRGE) y de los dispersos
Montes de Lusacia, al oeste de estas.
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La forma de este encadenamiento de montañas
se parece a una hoz o a una elipse, como hemos dicho, y en conjunto,
puede tener una longitud de unas 200 millas. En su lado escarpado
dan hacia Bohmen, Mahren y Ungarn (Bohemia, Moravia y Hungría).
Y allí se encuentra Silesia, descendiendo de forma desigual
hacia el Báltico y hacia el remoto este. Por el lado bohemio
de estas montañas descienden dos ríos: el Elba, corriendo
hacia el oeste y el Morava, que bajando hacia el sur, desemboca
en el Danubio y acto seguido en el Mar negro, mientras el Elba,
después de intrincadas aventuras entre las montañas
y prosperando más tarde en los llanos, llega, en compañía
de sus muchas embarcaciones, al Atlántico. En
el lado Bohemio nacen dos ríos como hemos dicho y otros dos
en la vertiente Silesia, el Oder y el Weichsel, (Vístula),
que comenzando su recorrido muy juntos en el Sureste y después
de describir numerosos meandros, llegan al Báltico separados
por una buena distancia. En las primeras 30, o en algunos sitios,
50 millas, desde las montañas, Silesia desciende más
bien con rapidez y todavía es un “país de colinas”
con escabrosas y extensas elevaciones aquí y allá,
que diversifican su paisaje. Pero tras estas, el descenso se va
volviendo más suave hasta que, finalmente, se hace insensible
salvo si miramos hacia donde corren las aguas. En su parte central
Silesia se muestra como una llanura que va creciendo a veces más
llana, a veces ondulada, hasta fundirse con las interminablemente
monótonas llanuras arenosas de Polonia y Brandeburgo. Aquí
ya solo destacan las piedras fronterizas con sus inscripciones en
latón señalando donde se produce el cambio y algunos
poblados fortificados, no muy lejanos, guardan la puerta del país,
segura entramo. Por otra parte, la zona montañosa de Silesia
es muy pintoresca. No tiene la altura de los Alpes, (el Schnee-Koppe
mismo no llega a los 5.000 pies ), pero el verdor y los bosques
maderables se extienden sin casi interrupción entre las montañas
multiplicando las explotaciones entre el sonido de presurosos torrentes
y rápidos arroyos que se van acomodando a los desniveles.
Y desde los trigales, campos de avena y maíz a la confección
de tejidos de damasco, la metalurgia, el carbón vegetal,
destilerías de alquitrán, etc., Silesia mantiene numerosas
industrias y tiene una larga y fructífera experiencia en
ellas: una bonita elipse u óvalo irregular, en la cima del
Continente Europeo. “ Como la palma de la mano izquierda bien
estirada, con el Riesengebirge como pulgar “ ,me dijo una
vez cierto caballero, estirando su brazo de esta manera hacia el
noroeste. Palma, bien estirada, de un largo 250 millas por un ancho
de 100.
Todavía hay castores
en Silesia; el río Katzbach guarda pepitas de oro, un negocio
que no es rentable actualmente. Y en los escuálidos y solitarios
pinares, mugrientos individuos amontonan ramas de pino que humean
cuidadosamente sujetas con terrones y que exudan una sustancia de
la que te informan es alquitrán.
(Extraído de “First Silesian
War” de Thomas Carlyle), traducción de Boris.
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