Por Thomas Carlyle
 

chlesien, a la que nosotros llamamos Silesia, se extiende en forma de elipse que se despliega sobre Europa, en parte rodeada de montañas, a modo de corona o cresta de ese rincón del planeta. Es la meseta más alta de Alemania o de los países Cisalpinos y manda ríos a todos los mares. Sus más altas cumbres se encuentran en el suroeste. Su mayor diámetro va de noroeste a sudoeste: desde Crossen hasta el paso de Jablunka, que conduce a Hungría, hay unas 250 millas . El eje, por lo tanto, o diámetro más largo de nuestra elipse puede estar en 230 millas inglesas, su diámetro más corto, desde Friedland en Bohemia pasando por Breslau y cruzando el Oder hacia la frontera polaca está en unas 100. El área total de Silesia se aproxima a 20.000 millas cuadradas, cerca de un tercio de la de Inglaterra. Silesia es un país agradable, fértil, productivo y bello que se va deslizando hacia abajo a medida que avanzamos hacia el norte y el este. Un largo y curvado contrafuerte de montañas (RIESENGEBIRGE, Montañas de los Gigantes, su nombre más conocido en el extranjero) lo sujeta al sur y al oeste. La cordillera de las Montañas de los Gigantes es una continuación de las bohemio-sajonas Montañas Metalíferas (ERZGEBIRGE) y de los dispersos Montes de Lusacia, al oeste de estas.

La forma de este encadenamiento de montañas se parece a una hoz o a una elipse, como hemos dicho, y en conjunto, puede tener una longitud de unas 200 millas. En su lado escarpado dan hacia Bohmen, Mahren y Ungarn (Bohemia, Moravia y Hungría). Y allí se encuentra Silesia, descendiendo de forma desigual hacia el Báltico y hacia el remoto este. Por el lado bohemio de estas montañas descienden dos ríos: el Elba, corriendo hacia el oeste y el Morava, que bajando hacia el sur, desemboca en el Danubio y acto seguido en el Mar negro, mientras el Elba, después de intrincadas aventuras entre las montañas y prosperando más tarde en los llanos, llega, en compañía de sus muchas embarcaciones, al Atlántico.En el lado Bohemio nacen dos ríos como hemos dicho y otros dos en la vertiente Silesia, el Oder y el Weichsel, (Vístula), que comenzando su recorrido muy juntos en el Sureste y después de describir numerosos meandros, llegan al Báltico separados por una buena distancia. En las primeras 30, o en algunos sitios, 50 millas, desde las montañas, Silesia desciende más bien con rapidez y todavía es un “país de colinas” con escabrosas y extensas elevaciones aquí y allá, que diversifican su paisaje. Pero tras estas, el descenso se va volviendo más suave hasta que, finalmente, se hace insensible salvo si miramos hacia donde corren las aguas. En su parte central Silesia se muestra como una llanura que va creciendo a veces más llana, a veces ondulada, hasta fundirse con las interminablemente monótonas llanuras arenosas de Polonia y Brandeburgo. Aquí ya solo destacan las piedras fronterizas con sus inscripciones en latón señalando donde se produce el cambio y algunos poblados fortificados, no muy lejanos, guardan la puerta del país, segura entramo. Por otra parte, la zona montañosa de Silesia es muy pintoresca. No tiene la altura de los Alpes, (el Schnee-Koppe mismo no llega a los 5.000 pies ), pero el verdor y los bosques maderables se extienden sin casi interrupción entre las montañas multiplicando las explotaciones entre el sonido de presurosos torrentes y rápidos arroyos que se van acomodando a los desniveles.
Y desde los trigales, campos de avena y maíz a la confección de tejidos de damasco, la metalurgia, el carbón vegetal, destilerías de alquitrán, etc., Silesia mantiene numerosas industrias y tiene una larga y fructífera experiencia en ellas: una bonita elipse u óvalo irregular, en la cima del Continente Europeo. “ Como la palma de la mano izquierda bien estirada, con el Riesengebirge como pulgar “ ,me dijo una vez cierto caballero, estirando su brazo de esta manera hacia el noroeste. Palma, bien estirada, de un largo 250 millas por un ancho de 100.

Todavía hay castores en Silesia; el río Katzbach guarda pepitas de oro, un negocio que no es rentable actualmente. Y en los escuálidos y solitarios pinares, mugrientos individuos amontonan ramas de pino que humean cuidadosamente sujetas con terrones y que exudan una sustancia de la que te informan es alquitrán.

(Extraído de “First Silesian War” de Thomas Carlyle), traducción de Boris.

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