LLEGA
ROMA
Las
gentes de Britania sabían perfectamente lo que ocurría
más allá del canal de la Mancha por los contactos que
siempre tuvieron con sus hermanos de raza continentales. Casi con toda
seguridad hubo refugiados galos que cruzaron el mar y contaron a los
britanos lo que ocurría en su país.
Julio César mientras conquistaba la Galia, derrotaba tribus aquí,
se aliaba con otras allá, cruzaba el Rhin y tanteaba a los germanos
de Ariovisto, escribía sus impresiones sobre la campaña,
recibía informes de los eduos, de los secuanos o de los helvetios,
y en un determinado momento puso sus ojos en Britania. La brumosa isla
del Atlántico visitada por los fenicios hacía ya mil años
y circunnavegada por el viejo Piteas de Massalia dos siglos antes, iba
a tener de nuevo un contacto directo con un pueblo civilizado mediterráneo,
en esta ocasión con la mayor potencia militar de la antigüedad,
Roma.
 |
Los
bardos galeses, así como el propio Geoffrey de Monmouth hablan
de un gran rey, llamado Cassivellaunus, el primer héroe de
la resistencia britana. Confirmada su existencia real, la leyenda
se encargó del resto llenando el vacío de su historia.
Se le atribuye una expedición a la Galia con un numeroso
ejército para rescatar a la bella Fflur, raptada por el príncipe
galo Mwrchan. Una vez en sus brazos, derrotó de paso a los
romanos para acabar instalándose en la hermosa región
de Gwasgwyn (Gascuña). Si alguno de nosotros tenemos oportunidad
de ir allí, quizá podamos hablar con los descendientes
de Cassivellaunus y la princesa Fflur. Pero en todas las leyendas
hay un traidor, y aquí tenemos al celoso sobrino de Cassivellaunos,
cierto Avarwy, que hizo venir a César a Britania y accedió
a pagarle tributo a cambio de su ayuda contra Cassivellaunus.
Sea como fuera, la segunda expedición de César a la
isla sembró precedente. Con la Galia en proceso de romanización,
era cuestión de tiempo que la conquista sistemática
de la vieja Albión comenzara. Si el sobrino nieto de César,
Augusto, no lo intentó, fue porque estuvo bastante ocupado
en pacificar y reorganizar Roma tras años de guerra civil.
A parte había intereses militares más apremiantes
para él, como los germanos o los pueblos norteños
de Hispania entre otros. Tiberio, su sucesor tampoco tuvo especial
interés por la isla. Habría que esperar a los tiempos
de Calígula, emperador desde el año 37, para que existiera
una intención clara de poner un ejército en marcha
hacia la isla. Por unos motivos u otros, las legiones no llegaron
a cruzar el canal. |
A Calígula
le sucede su tío Claudio, en el año 41.Bajo este
nuevo emperador, la conquista de Britania empezará a
ser una realidad. En el año 43, un poderoso ejército
de 50 mil hombres desembarca en Kent, al igual que un siglo
antes lo hicieran las legiones de César. La invasión
fue metódica y efectiva, a pesar de la lógica
resistencia que suponemos a los celtas. Los habitantes de buena
parte del sur y este de la isla - tierras bajas – cayeron
entonces, de un modo u otro, bajo el yugo romano.
|

Claudio,
emperador romano. |
|
|
En
mitad de la guerra por la independencia surgen los hijos del trinobante
Cunobelinos, los cuales fueron muriendo en su lucha excepto Caratacos
(Caradawc), otro nuevo héroe britano al que las fuentes posteriores
le convertirían en personaje de talla semilegendaria. En el transcurso
de su lucha contra Roma, éstos consiguen hacer prisionera a su
familia, entre los que estaban su mujer, hija y hermanos. El caudillo
huye entonces al norte, a la tierra de los brigantes, en donde es acogido
por su reina Cartismandua, la cual le entrega a los romanos. Tácito
nos cuenta como una vez en Roma, y una vez reunido con su familia, consigue
hacerse oír por el senado y el emperador Claudio, el cual le
perdona la vida y lo libera junto a su familia. Nada más sabemos
de él, salvo que se pierde en la leyenda, que pasará a
considerarle como uno de los grandes reyes de la isla, junto con Cunobelinos,
y el propio Arturo.
Creyendo Roma pacificada buena parte de la región de las tierras
bajas, y encontrándose ocupada en doblegar a las tribus del oeste,
en el año 60 d.C. estalla una rebelión en la tierra de
los icenos, establecidos al norte de los trinobantes. Había allí
un rey llamado Prasutagus, de carácter débil, según
parece, que no tenía herederos masculinos y al morir hizo una
importante donación a las arcas romanas y al emperador –
Nerón en este caso -, a cambio de que dejaran gobernar su tierra
a sus hijas, pacíficamente, siempre bajo la fidelidad a Roma.
Cuando murió el rey, el gobernador romano decidió atacar
esa región, con la excusa de que el rey no había tenido
heredero varón. Pronto ocuparon el territorio y saquearon las
casas y propiedades de los icenos. Cuando la esposa de Prasutagus -
reina de aquella tierra - protestó enérgicamente, fue
castigada.
Dion
Casio la describe como una mujer muy alta, con ojos fieros y una espesa
mata de pelo rojizo que caía por debajo de su cintura. Con un
numeroso ejército mantuvo en jaque a las legiones romanas que
salieron a su encuentro, asolando varios asentamientos. Ni siquiera
la propia Londunium se libró de su ira. Desgraciadamente la pasión
no siempre acompaña a la victoria, y el metodismo y la larga
tradición militar de Roma acabó por imponerse. El gobernador
Suetonio Paulino, logró vencer al ejército de la reina,
que aventajaba a los romanos en una proporción de cinco a uno.
Exterminado el ejército britano, y con unas bajas romanas insignificantes,
Boudica – según Tácito – optó por el
suicidio, auque otras fuentes – como el propio Casio – hablan
de muerte por enfermedad.
Es extraño que un personaje de la talla de Boudica no haya pasado
a formar parte de la leyenda. Aunque la condición femenina de
semejante caudillo y el carácter cristiano de las fuentes medievales
debieron de tener cierta culpa.

Finalizada
esta rebelión parece que todo se tranquiliza un tanto. Así
el siguiente gobernador, Petronius Tirpilianus, se cuidó mucho
de molestar a los britanos.
Siendo
gobernador Cneo Julio Agrícola, en tiempos de Vespasiano, se
reanuda la presión romana contra los isleños. Agrícola,
suegro del cronista Tácito, conquistó el occidente de
Britania y más tarde llegó a la tierra de pictos, en la
actual Escocia, - Caledonia para los romanos -. El dominio de la parte
más septentrional de la isla nunca pudo completarse por numerosas
razones, que van desde la fiereza de los nativos hasta la pobreza de
las tierras norteñas. Así pronto tanto Adriano como Antonio
Pío construirían unos muros de contención en la
frontera entre pictos y britanos, para evitar incursiones en las zonas
romanizadas.
| A
partir de entonces, Britania participará de las costumbres,
de la economía y la política romanas como una
provincia más, al menos en lo que a su parte más
romanizada se refiere. La intervención de la provincia
en los asuntos del imperio, si bien contribuyó no poco
a la romanización, también permitió a los
pueblos norteños respirar tranquilos durante algún
tiempo, en incluso les dio la posibilidad de hacer incursiones
de pillaje más allá de los muros. Así cuando
las legiones de Clodio Albino fueron al continente a entablar
batalla con Septimio Severo, el norte de la isla quedó
desguarnecido. Venciendo este último, lo primero que
hubo de hacer fue pasar a Britania a frenar los ataques bárbaros.
Viendo que los caledonios atravesaban los dos muros como si
anduvieran por su propia casa, Severo decidió abandonar
definitivamente el muro más septentrional, el de Antonino,
para fortificar convenientemente el de Adriano. Estamos en el
año 209 y Roma, de alguna manera, empezaba a limitar
sus ambiciones en Britania. |

|
Durante gran parte
del siglo III, Roma viviría una serie de tribulaciones políticas
importantes, que impidieron una acción eficaz contra los pictos
del norte. Sin embargo la Britania romanizada tampoco sufrió
incursiones norteñas pues el mundo picto - caledonio sufría
ahora una serie de incursiones desde el este, que poco a poco terminarían
en una invasión en toda regla, por parte de las tribus de Irlanda
septentrional, los llamados Scotti, que acabarían dando el nombre
a la actual Escocia. Así pues, con romanos y bárbaros
ocupados en sus asuntos internos llegamos al final del siglo III. El
dueño del imperio era por aquel entonces Diocleciano, famoso,
entre otras muchas cosas, por su edicto contra los cristianos. Fue la
última gran persecución contra los que profesaban un culto
que aún producía muchas suspicacias entre los romanos.
Quizá este hecho hizo que el Cristianismo pudiera difundirse
superficialmente entre los britanos menos romanizados, los más
celosos de su independencia. Pronto, ya con Constantino, el Cristianismo
sería religión oficial. La cristianización de la
isla no impidió en modo alguno que los pictos y ahora también
los scotti del norte reanudaran sus incursiones hacia el sur. A lo cual
debemos añadir que los pueblos gaélicos de Irlanda, oliendo
sin duda la debilidad del imperio – y sus riquezas – empezaron
toda una serie de correrías y pillajes en las costas del oeste
de Britania. Esta claro, que el acoso que padecía Britania no
era más que el reflejo de lo que acontecía en el continente,
con hunos y germanos cruzando el limes de forma casi cotidiana.
|

|
El
último romano que fue capaz de contener más o
menos eficazmente la rapiña bárbara fue Constancio
Cloro, padre de Constantino, muerto en York en el 307. Pero
los pictos volvieron pronto a la carga, y en el 364 llegan hasta
Londinium. Tuvo que ser Teodosio el Viejo quien derrotara a
los invasores – podemos hablar sin duda ya de invasiones
–, y en general restableciera un poco el orden en todo
aquello. El hijo de Teodosio, de igual nombre y apodado el Grande
fue emperador del 379 al 395. El último gran emperador
de una Roma unida. A su muerte, la parte occidental sucumbió
definitivamente a los bárbaros. Doce años después,
las últimas legiones que quedaban en Britania partieron
hacia el continente. Fuera porque se las necesitara en otros
puntos para sostener la horda bárbara o fuera por simples
conspiraciones entre romanos – como así fue -,
ninguna legión volvió nunca a la isla.
Empiezan los siglos oscuros.
|
CAPÍTULO
I
LA
EDAD OSCURA EN LA CÉLTICA BRITANA
|