CAPÍTULO III

Empuje anglosajón y reconquista cristiana

 


GERMANIZACIÓN Y ROMANIZACIÓN:

La historia de los reinos anglosajones desde su afianzamiento en el territorio britano hasta el fin de los siglos oscuros es inmensamente compleja. A riesgo de aburrir al paciente lector con un embrollo de reyes, batallas, invasiones y alianzas, intentaremos desmadejar el lío lo mejor posible para hacer inteligible semejante barullo.
Antes de comenzar, debemos tener en cuenta que junto a la consolidación de los diferentes reinos y a la par que la expansión de su cultura por buena parte de la isla, el Cristianismo hace también lo propio, entrando con el tiempo los anglosajones en la órbita apostólica de Roma, para perjuicio del cristianismo celta, tan diferente de las concepciones germánicas y mediterráneas, y cuyas peculiaridades nos hablan una vez más del alto grado de civilización y de cultura que poseían.
Así no nos equivocamos si decimos que germanización y romanización – esta vez bajo el tapiz apostólico – avanzaron juntas frente a los también cristianos celtas. Siendo los anglosajones el brazo armado que Roma necesitaba para acabar con los molestos monjes irlandeses y escoceses.
Habitualmente los celtas desearon mantener a los invasores en el paganismo, pues sabían bien que una vez cristianizados se lanzarían sobre ellos como perros de presa con la bendición de los papas. En vista sin embargo de que Roma cosechaba los primeros éxitos en Kent, ellos decidieron a pesar de todo lanzar a sus héroes misioneros sobre los germanos de Bernicia, comenzando así una lucha entre celtas y romanos. La vieja herida se abría de nuevo. Dos concepciones cristianas, al norte y al sur, quedan así enfrentadas sobre el campo anglosajón, y la lucha comienza.

ETHELBERT DE KENT Y EL CRISTIANISMO:

Kent siempre ha sido el reino más proclive a aceptar la influencia externa, la que llega del continente. El encontrarse en el extremo sur oriental de la isla de Britania y a pocos kilómetros de la Galia ha hecho siempre que las corrientes foráneas llegaran allí con más facilidad, así las legiones tuvieron en aquella región su primer contacto con los britanos, y fue esta zona la más romanizada de la isla. Ya en tiempos de la invasión germánica, fue el lugar de asentamiento de los caudillos Henguist y Horsa -según Beda - .
Debido a este fenómeno, no debe extrañarnos que fuera el reino de Kent el primero en acoger la nueva corriente extranjera, que de nuevo llegaba de la misma Roma: el Cristianismo.

Nos encontramos a mediados del siglo VI. En aquel momento el desconocimiento que se tenía de los anglosajones por parte de los continentales era sorprendente. Aún no había llegado el momento de la expansión europea de la cultura inglesa de la mano de sabios y eruditos como Alcuino de York, San Bonifacio, o el noble northumbrio Benito Biscop que no fueron más que la punta del iceberg del apogeo cultural que se vivía entre los eclesiásticos ingleses, gentes que jamás salieron de la isla como el poeta Caedmon o el propio - y omnipresente - Beda el Venerable. Aún no existía nada de aquello, y la poca idea que los europeos tenían de la Inglaterra del momento iba poco más allá de la de una serie de reinos enfrentados, paganos y salvajes. Los monjes celtas que ya vagaban por el continente tampoco debieron de dar buena prensa de ellos, con lo cual nos encontramos a los paganos ingleses viviendo en su aislamiento, y conviviendo con unos celtas cristianos mucho más avanzados en todos los aspectos, y que prefirieron mantener a su enemigo en la ignorancia del mensaje de Cristo.
Fue, como va dicho, el reino de Kent el más permeable a las influencias del continente. Su rey de aquel entonces, Ethelbert, nació en el 552, y sucedió en el trono a su padre Irminric (o Eormenric) contando tan solo la edad de 8 años. Beda nos dice que fue el cuarto rey de Kent, y lo hace descender del mismo Henguist.

 

Códice: Ethelbert como rey y santo

Códice: Ethelbert como rey y santo.

Su matrimonio con una princesa merovingia fue sin duda un hecho crucial en su política. Se trataba de la hija del rey Coriberto, llamada Berta (luego santa Berta) a quien ya nos referimos someramente en el capítulo anterior. También comentamos que con ella fue un obispo, llamado Liudhard (o Liudardo), con lo que sugeríamos la posible existencia de una diminuta comunidad de fieles, tolerada por los reyes de Kent.

La historiografía cristiana no escatima halagos para la princesa, y cuenta que impresionó a su marido, aún pagano, de tal manera, que éste no solo le permitió la práctica del Cristianismo, sino que le regaló un templo - una antigua iglesia de época romana -. Es de suponer que allí tanto Berta como Liudhard pudieron tomar contacto con otros cristianos, abriendo camino a la inminente llegada de los misioneros del papa, cuyo cometido - entre otros - sería la organización de la comunidad en ciernes a la manera romana, impidiendo a la vez la posible desviación del canon apostólico, lo cual parecía probable debido a la lejanía respecto a la ciudad del Tiber.
En efecto Roma no se haría esperar demasiado, y el papa Gregorio el Grande, envió un nutrido grupo de misioneros (40 en total) dirigidos por un monje llamado Agustín, en el 597.

Códice: Agustín es enviado a Inglaterra por el papa Gregorio

La tradición cuenta que, en su camino hacia Inglaterra, el pánico cundió entre los enviados, pues habían oído todo tipo de historias sobre las atrocidades y el salvajismo de los pueblos isleños. Sin embargo el rey Ethelbert les recibió calurosamente, y aquel mismo año optó por la conversión, tras lo cual diez mil ingleses siguieron su mismo camino, entre los que se encontraban las personas principales del reino. En la ciudad de Canterbury, la más importante de Kent, se alzó la catedral, así como un convento dedicado a los santos Pedro y Pablo.
Uno de los cometidos de Agustín fue el de dotar al reino de Kent de una organización eclesiástica. En las provincias más romanizadas, ésta se hacía en base a los obispados. Por explicar esto de modo muy simplificado podemos decir que los obispos administraban su territorio desde una ciudad, la antigua civitas romana. Esta organización episcopal y urbana se había implantado con éxito en la Galia o en la Hispania previa a los Godos (arrianos y no católicos, como sabemos), debido al grado de romanización. Al implantarse en Kent la situación no varió demasiado, pues la presencia romana fue importante allí, y la implantación de obispados tuvo éxito. Tampoco fue difícil establecer este modelo en el resto de las ciudades importantes de la isla, como eran York y la propia Londres. Sin embargo el resto del país era eminentemente rural, y la expansión del patrón papal a los lugares menos romanizados no fue tan fácil.

-Asentamiento sajón en las ruinas de la Canterbury romana-

Mientras, desde el norte, los misioneros irlando - scottos de Iona se lanzaban a la aventura de cristianizar Northumbria, a petición de su rey Oswaldo. Así mismo fundan monasterios en la Anglia Oriental y en Wessex. Lugares inaccesibles para Roma y su organización jerárquica y vertical, episcopal y urbana, pero blanco fácil para el celo misionero celta, con una organización más flexible y horizontal, y perfectamente adaptable a zonas rurales.

Foto: Isla de Iona. El monasterio en la actualidad.

Monasterio de Iona en la actualidad


Así el singular Cristianismo celta - que estudiaremos con más profundidad en el capítulo siguiente - competía con Roma. Lo que nos lleva a hablar del otro cometido de Agustín en Britania (a parte de la organización), y que consistía en pedir a los monjes celtas ayuda para cristianizar juntos a los ingleses así como que se sometieran a las directrices de Roma.
Previa deliberación, la negativa fue rotunda. Lo cierto es que no entendían por qué Roma enarbolaba el estandarte de la ortodoxia cristiana frente a otras corrientes del mismo pensamiento. Así los roces serían frecuentes. Los monjes celtas obedecían mal, criticaban la autoridad de Roma y en más de una ocasión mostraron su abierto desprecio hacia los Padres de la Iglesia.
Tenemos así a la Iglesia de Roma instalada en Kent, convirtiendo a los ingleses por su cuenta, y aprovechando la superioridad política de este reino para expandir su doctrina más allá de sus fronteras. La Cristianización iba lenta sin embargo, y a pesar de la conversión de los diez mil ingleses junto a su rey (de modo sincero o no) nos consta que el único hijo varón de Ethelbert, llamado Eobald, fue pagano toda su vida. Dejó sin embargo otras dos hijas, una de las cuales, de nombre Ethelberga, cristiana convencida, fue a casarse con el rey Edwin de Northumbria, el reino septentrional que obtendría la hegemonía política en Inglaterra, tras la decadencia que se cerniría sobre Kent una vez muerto Ethelbert, en el 616.

NORTHUMBRIA Y LA HEGEMONÍA SOBRE BRITANIA:

Antes de hablar del reinado de Edwin de Northumbria, nos referiremos someramente a su vida, que parece sacada de una leyenda épica, y a las tribulaciones que soportará antes de ser rey.

Este reino era la unión de otros dos, llamados Bernicia y Deira, como ya vimos. Edwin descendía de la estirpe real de Deira, y antes de ceñir la corona hubo de ver como un extranjero usurpaba el trono de su patria. Tal extranjero era Ethelfrith, rey de Bernicia, que obligó al joven príncipe a huir, exiliándose entre los celtas de Gwynedd (al norte de Gales) a esperar tiempos mejores.
Sabiendo Ethelfrith que su reinado estaría en peligro mientras Edwin viviera, quiso encontrarle para acabar con él. Y mientras intentaba legitimar su usurpación casándose con la hermana de su enemigo, le persigue hasta tierras galesas, en donde una coalición de reyes britanos de las regiones de Gales y Cornualles le esperaba para plantarle cara. En el curso de dos batallas la coalición es derrotada completamente. Se cuenta que en la segunda de ellas, en donde perdió la vida el rey Bledric de Dumnonia, un millar de monjes celtas fueron pasados a cuchillo.

Mapa: La hegemonía de Kent

A pesar de esta victoria para Ethelfrith, el joven príncipe Edwin logra escapar de nuevo. Esta vez fue con los de su raza, a la corte del rey Redwal, de la Anglia Oriental.
En el 615 tendrá lugar una entrevista entre el usurpador Ethelfrith y Redwall, en donde el primero intenta convencer al segundo de que le entregue a Edwin. Las leyes de la hospitalidad obligan al anglo oriental a no entregar a su huésped, aún a riesgo de entrar en guerra. Así fue, y junto al río Idle (cerca de la actual Sheffield) chocaron los ejércitos de ambos reyes. Las tropas anglo orientales aplastaron a las de Ethelfrith, que muere en combate. Edwin, tras más de diez años de exilio, era ahora dueño del doble reino de Northumbria.
Si al ocupar el trono de Deira, Ethelfrith se convirtió en usurpador. Lo mismo hizo el flamante Edwin, que como rey legítimo de Deira arrancaba la corona a los de Bernicia.
Así, eran ahora los hijos de Ethelfrith quienes tomaban el camino del exilio, mientras el nuevo rey se preparaba para convertir Northumbria en el reino más poderoso de Britania.

Edwin demostró ser un gobernante fuerte, que rigió los destinos de Northumbria con mano firme. Su política expansionista y ambiciosa quedó demostrada cuando sus ejércitos ocuparon Elmet, situado al sur y gobernado por el rey Ceretic - el legendario sir Carados de la literatura artúrica -, que murió en batalla antes de ver como su patria era anexionada a Northumbria. Después de Elmet le tocaría el turno a otro reino britano, en esta ocasión Rhegued del Sur, cuyo sabio rey Llywarch ya observaba preocupado la sistemática destrucción de la Céltica que estaba llevando a cabo Edwin. Tras la ocupación de su país, logra escapar al reino galés de Powys. Aquí, protegido por los suyos, y lejos del alcance del rey Northumbrio, se convertirá en un gran poeta, pasando, como no, a engrosar las páginas de la leyenda como Sir Lamorak. Nos hallamos ante un claro ejemplo de venganza literaria céltica, en donde dos reyes vencidos entran triunfantes y con honor en el cosmos del mito artúrico.

 

Mapa: La hegemonía de Northumbria

La hegemonía de Northumbria

Como es de suponer, el ambicioso Edwin se granjeó poderosos enemigos, así a la mayoría de los reinos celtas de la isla, - que entre pictos, scotos y britanos sumarían más de 20 -, debemos unir a Wessex y a Mercia, que de alguna manera rivalizaban con Northumbria por la hegemonía de Britania. No hemos de olvidar tampoco a los exiliados hijos de Ethelfrith, herederos legítimos de Bernicia, que vivían su destierro en el norteño reino scotto de Dal Riada, y cuyo protagonismo irá en aumento no solo a nivel político, cuando intenten recuperar lo que es suyo, sino en campo religioso, pues los príncipes Oswald y Oswiu - que así se llamaban los más importantes - entrarán en el contacto con los monjes celtas del monasterio de Iona, y pronto abrazarán esa vertiente cristiana..
Esto tiene vital importancia pues Edwin de Northumbria se casará en el 625 con la católica romana hija del rey Ethelbert de Kent, y será el Cristianismo romano el que profese cuando se bautice en breve. Se plantea de nuevo la pugna entre celtas y romanos en el campo religioso, esta vez sobre el tablero de Northumbria.
Ethelberga de Kent - la novia de Edwin - llegará al reino de Northumbria acompañada de un obispo, llamado Paulino, que desde un principio intentó ganar para la causa romana al rey más poderoso de Britania. La conversión aún tardaría en llegar, y lo hizo solo cuando Paulino pudo demostrarle que Cristo era más poderoso que sus dioses. Así, sobre hechos consumados, el rey se bautizó, y aún con reticencias.
¿Qué hechos eran esos? Pues tienen que ver con el reino rival de Wessex, cuyo rey Cwichelm le envió un asesino. El atentado falló milagrosamente, ante lo cual el obispo Paulino se apresuró a decir que había sido la intervención del dios cristiano quien había salvado su vida. Edwin no creyó nada de la palabrería del obispo, aunque declaró que se convertiría si Cristo le proporcionaba la victoria frente a Wessex, en la guerra que se avecinaba. El rey Northumbrio se enfrentó a las tropas enemigas - seguramente coaligadas con Mercia - y venció a pesar de contar con un ejército numéricamente inferior. A su regreso, tanto la reina como el obispo, insistieron en que cumpliera su promesa, pero el rey aún era receloso a abandonar sus antiguas creencias. Tal era el interés de la Iglesia romana por su conversión, que hasta el propio papa Bonifacio escribió al rey instándole a que abrazara la cruz. Sin duda la presencia de cristianos celtas en Escocia tuvo que ver con esta actitud impaciente e inquieta que mostraba la Iglesia de Roma.
Por fin, en el año 627, Paulino, quien era a la sazón obispo de York, bautiza a Edwin, y gana al gran rey para la causa de la Iglesia de Roma.
Estamos en el momento de apogeo del rey, y su poder parecía indiscutible para cualquiera en Britania. Sin embargo empezaban a entreverse nubarrones en el cielo northumbrio. Un titán surgía en el horizonte político de la isla, un gran rey capaz de hacer frente a las ansias hegemónicas de Northumbria. Un personaje aún más expansionista, cruel y belicoso, y que despreciará a los ídolos cristianos - su paganismo recalcitrante tuvo que ver sin duda en la mala fama de que goza en las fuentes-. Hablamos del rey Penda de Mercia.

PENDA Y LOS REYES CELTAS:

Penda será declarado rey en el 626. Lo primero que hizo fue atacar Wessex, cuyos reyes habían luchado contra Northumbria, en coalición parece ser con Mercia. Aprovechando la debilidad de su vecino del sur tras la derrota, Penda se apropió de parte del territorio de este reino. Con esta traición comenzamos nuestro breve repaso por su vida.
La siguiente acción destacable por parte de nuestro rey será poner sitio a la ciudad de Exeter, en Cornualles. Allí se encuentra con un rey celta que volvía de su exilio en Bretaña, Cadwallon. No sabemos exactamente como ocurrió, pero parece ser que ambos personajes se cayeron en gracia, y Penda ayudó a su aliado a recuperar el trono de Gwynedd - pues de allí fue expulsado por Edwin -. Después, ambos reyes unieron sus fuerzas para luchar contra su enemigo común, Northumbria.
Sin duda ambos tenían motivos para odiar al rey Edwin, y aunque no podemos decir con exactitud las motivaciones más íntimas, sabemos que Edwin estuvo casado en tiempos con la princesa Cwenburga, - antes de compartir tálamo con la santa Ethelberga -, a la sazón hermana de Penda. Aunque sin duda lo que más motivaba al de Mercia era acabar con el poder de Northumbria y con su rey, que tanto eclipsaba sus propias hazañas, así como la estabilidad de su reino.
En cuanto al Cadwallon, sin duda conoció en su niñez a Edwin, cuando este permanecía exiliado en Gwynedd - quizá allí naciera su enemistad -. La posterior huída de Cadwallon a Bretaña estuvo así mismo motivada por Edwin.
Con más puntos en común que diferencias, ambos reyes sellan por fin una alianza contra Northumbria. Tenemos así una coalición entre un cristiano (Cadwallon lo era) y un pagano recalcitrante, entre un celta y un sajón, que se pone a prueba en el momento en que conducen sus ejércitos al norte. En el año 633 chocan contra los northumbrios en la batalla de Hatfield Chase. La victoria para los aliados es completa, y el rey Edwin morirá en el enfrentamiento. Sabemos que Cadwallon saqueó Northumbria a conciencia - la patria de Beda, no olvidemos, nuestro principal cronista -.
Para hacer frente a la invasión surge un nuevo rey, aunque esta vez en un reino dividido. El primo de Edwin, Osric, le sucederá en el trono de Deira. Mientras que Bernicia será regida por Enfrith - que volvió del exilio impuesto por Edwin -. Ambos reyes se enfrentarán a Cadwallon pero éste vuelve a alzarse con la victoria, derrotando y matando a sus adversarios.
Desde el norte vuelve otro exiliado para colocarse la corona de ambos reinos, se trata de Oswald, por cuyas venas corría sangre de Deira y Bernicia, y que será rey de toda Northumbria.
Oswald estuvo en el reino scotto de Dal Riada, y allí, como ya mencionamos antes ligeramente, se convirtió al Cristianismo en su vertiente céltica. En su lucha contra Cadwallon debió contar con el apoyo de los scottos, e incluso muchos monjes de Iona lucharon junto a él como guerreros. En la batalla de Heavenfield, Oswald se hace con la victoria, y el odiado rey de Gwynedd, Cadwallon, muere en combate.
Oswald, eleva de nuevo a Northumbria a la supremacía política de la isla. Para ello afianza el control interno del reino mediante algunas medidas. Entre ellas la reintroducción del mensaje cristiano, ya que en el caos de acontecimientos de los últimos años, el paganismo había resurgido con fuerza, ante la incapacidad del Dios de los cristianos de hacer frente a la amenaza que supuso Cadwallon. Ethelberga hubo de tomar a sus hijos y marcharse de allí, al igual que el obispo romano Paulino, ante la ira del pueblo. De este modo, el nuevo rey Oswald pudo reintroducir, como hemos visto, el Cristianismo, en su vertiente celta.

Mercia y su rey Penda seguían sin embargo siendo una amenaza para la supremacía de Oswald. Una nueva batalla se vislumbraba en el horizonte, y cada uno manejaba sus bazas como mejor sabía. Penda andaba en tratos con varios reyes celtas galeses. Mientras que el rey northumbrio tomaba por esposa a la princesa de Wessex, Cyniburga, hija del rey Cynegils, forjando una alianza con el poderoso reino meridional, y que sin duda inquietaba la retaguardia de los de Mercia. En la batalla de Oswestry, Oswald resultará muerto, y Penda victorioso. Estamos en el 642.

¿Qué hizo Penda ahora, siendo el dueño indiscutible de buena parte de Inglaterra? Pues consolidar su poder, y si cabe, expandir aún más su influencia. Aprovechando su buen momento, y mientras el único reino que podía hacerle sombra – Northumbria – aún se recuperaba, decide afianzar su control sobre los reinos celtas de Elmet y Lindsey, situados en la raya meridional de Northumbria, y que podríamos considerar una especie de estados tapón.
Pronto le llegará el turno al reino de Wessex, y Penda gobernará directamente todo el reino durante algunos años enviando a su rey Cenwalh a la Anglia Oriental. Parece ser que dicho rey repudió a su esposa, que no era otra que la hermana de Penda.

La hegemonía de Mercia

La hegemonía de Northumbria

Para consolidar definitivamente su influencia en el centro y sur de la isla, habiendo neutralizado en cierto modo a Northumbria y a Wessex, y ante las buenas relaciones de que parecía gozar con los galeses, tan solo el reino de Anglia Oriental quedaba fuera del juego político de Mercia. Así, en el 650, Penda dirige sus ejércitos hacia el este, obligando al rey Anna a huir a Gales. Pero esto no satisfará a Penda, que tras algún tiempo logra darle muerte. El nuevo rey de la Anglia Oriental, Aethelhere, mantendrá desde un principio una prudente postura de sumisión a Mercia, para evitar el destino de su hermano Anna.
Tras esto, y como último movimiento en su particular tablero de ajedrez, Penda engulló directamente la Anglia Central (Middle Angles). Un reino menor, podríamos decir, en cuyo trono sentó a su hijo Peada.

OSWIU REY:

Hermano de Oswald, muerto en combate contra los ejércitos de Mercia, el nuevo rey sabía que era difícil aplacar la ambición de Penda, el cual, una vez pacificado y dominado el centro y sur de la isla, no tardó en mirar de nuevo al norte con recelo. Northumbria debía de hacer algo si no quería perecer. Y lo cierto es que intentó de todo. Desde la alianza pacífica hasta la guerra desatada.
La lucha antagónica entre Mercia y Northumbria podemos enfocarla desde al menos dos puntos de vista. El primero de ellos, y el más evidente, lo englobaríamos dentro de la natural pugna entre dos reyes anglosajones por el dominio del territorio.
A parte, podríamos verlo como una venganza de los reinos britanos frente la sistemática destrucción de los países celtas de que siempre habían hecho gala los reyes northumbrios. Así las alianzas entre los reyes celtas y Penda serán numerosas y fructíferas.
La última de estas alianzas fue testigo del levantamiento de un poderoso ejército que se dirigió al norte, a por Northumbria, y a por Oswiu, rey tan solo de Bernicia, y que andaba por aquellos entonces intentando conseguir a toda costa el cetro de Deira. Podríamos por tanto afirmar que estaban en guerra civil cuando Penda llegó al norte con su ejército.

Oswiu había hecho todo lo posible por aplacar la ira de Penda. Desde pagarle tributo - obtenido en las incursiones por los reinos celtas y pictos del norte -, hasta intentar una alianza matrimonial. Así casa a su hijo Alcfrith con la hija de Penda, Cuneburga. Un consorcio que no llegó a buen puerto, a juzgar por la reacción de Penda, que se plantó, como acabamos de ver, en el norte con sus tropas, y acabó sitiando al bueno de Oswiu en Bamburgh, en la frontera con los pictos. No sabemos porque Penda levantó el asedio. El caso es que en el 655 tenemos de nuevo al de Mercia coaligado con los celtas sitiando a Oswiu, esta vez en Stirling, de nuevo en la frontera picta. Sabemos que le ofreció dinero por retirarse, y que Penda lo aceptó y lo distribuyó entre sus aliados, los cuales no quisieron retirarse, considerando aquel rescate como un dinero que en cierto modo les pertenecía, ya que – como va dicho – pertenecía a los reinos celtas que los northumbrios llevaban décadas esquilmando.
Forzado por tanto Oswiu a la batalla, y jugándose su propia supervivencia, plantó cara a los de Mercia, a los reyes galeses (y a los de Deira, que no querían una Northumbria unificada). Y ante la adversidad más absoluta el rey de Bernicia aplastó a sus enemigos en la batalla de Winwaed. El rey Penda, ante el deshonor, o ante la posibilidad de caer prisionero, se dio muerte.

Vidriera de la catedral de Worcester que representa la muerte del rey Penda

Vidriera de la catedral de Worcester que representa la muerte del rey Penda

La hegemonía de Oswy, rey de Northumbria.

Oswiu unió de nuevo ambas coronas, y aunque colocó a su hijo Alcfrith como rey nominal de Deira, él era el señor de Northumbria, al menos de momento. Parecida acción llevó a cabo respecto al hijo de Penda, Peada, al que confirmó como rey de la Anglia Central, mientras se reservaba para sí el control de toda Mercia. Pero Peada fue asesinado en el 658 por los nobles de mercianos, que eligieron a su hermano Wulfhere como rey, con la esperanza de que sacudiera el yugo extranjero, y lo intentó con ganas. Lo cual no disminuyó el poder y la influencia de Northumbria sobre toda Britania, aunque preparó en cierto modo el resurgir de Mercia, que será el reino más poderoso durante el siglo VIII, en detrimento de Northumbria, que sufrirá una lenta decadencia a partir de las últimas décadas del siglo VII, más concretamente a partir del sínodo de Whitby (664) - que trataremos con detenimiento en el capítulo siguiente - y en el cual Roma y la Céltica se enfrentaron en una batalla más. Esta vez en el campo religioso, a propósito de la escasa fidelidad que mostraban los monjes irlandeses y scottos hacia la iglesia romana. Ya el hijo de Oswiu, Alcfrith, al que su padre colocó como rey de Deira, se rebeló contra su progenitor a instancias del papa, que le animaba para que derrocara a su propio padre, seguidor, como sabemos, del Cristianismo celta. Las fuentes nos hablan de cómo al final, Roma consigue la victoria, y el propio Oswiu acepta la causa del papa.

No fue sin embargo todo tan sencillo. Sabemos que la resistencia de Iona, de los monjes irlando - scottos y de otras personalidades afines a esta modalidad cristiana, fue feroz, pues representaba la última batalla del mundo celta por conservar su cultura, por no desaparecer difuminados en el devenir de los siglos. Y aún bajo el tamiz cristiano, pelearon, y derramaron su sangre, por no perder su identidad.

 

CONSOLIDACIÓN DE INGLATERRA:

Muerto Penda, el último rey pagano importante de Britania, y resuelta – aparentemente – la lucha entre las diferentes visiones del Cristianismo, a favor de Roma, asistimos a un auge de los reinos meridionales y centrales, frente a la septentrional Northumbria. Así debemos centrar nuestra atención en los reinos de Mercia y Wessex, llegando la hegemonía de este último hasta las guerras vikingas.
Durante esta etapa, que va desde el sínodo de Whitby hasta finales del siglo VIII nos encontramos con un problema, y es la menor importancia que las fuentes dedican a los reyes de este momento. Sea por el menor carisma de éstos, o por la gran talla historiográfica de los Ethelbert, Edwin, Oswiu, o Penda, el caso es que nos enfrentamos a un ciclo temporal un tanto oscuro, al menos hasta la aparición de Offa de Mercia (757 -796), uno de los primeros reyes anglosajones que mantuvieron relaciones diplomáticas con Europa, - con Carlomagno además - y que pondrá el broche final a nuestro tema.

Si nos habíamos quedado en Whitby año 664, debemos decir que el artífice del tal evento, Oswiu, murió seis años después. Una vez enterrado como santo en dicha abadía, fue sucedido por su hijo Egfrith como rey de Bernicia y señor de Northumbria, el cual colocó a su hermano como subordinado suyo en el trono de Deira.
Egfrith puede considerarse el último rey de una Northumbria fuerte. El reino sin embargo estaba cada vez más acosado por el norte y por el sur. Así tanto los pictos como los de Mercia erosionaban un reino condenado a una decadencia irremediable.
Reinaba en Mercia un hijo de Penda, llamado Wulfhere, que como ya dijimos fue colocado por los mismos nobles que asesinaron a su hermano Peada. Este rey tenía como principal cometido sacudirse el yugo de Northumbria, y aunque no lo logró del todo, sí fue un digno sucesor de la política expansionista y belicosa del gran Penda.

El gran choque entre Mercia y Northumbria tuvo lugar en el 674. El rey Egfrith, que el año anterior había sofocado una revuelta picta aplastando a los ejércitos de su rey Drest, hizo lo mismo con Wulfhere, que resignado, hubo de reconocer la supremacía northumbria.

Lucha por la hegemonía.

El rey de Mercia moriría al año siguiente, tras un nuevo fracaso esta vez contra Aescwine de Wessex. Le sucede su hijo Aethelred, quien esperará lo justo para reunir un gran ejército y lanzarlo contra el flanco sur de su enemigo del norte. Esta vez Northumbria no puede defenderse tan brillantemente, ya que luchaba también contra los pictos, por lo que no puede evitar que Mercia ocupe algunos de sus territorios, y tampoco que Aethelred tome a la princesa northumbria Osthrith por esposa.
Mermada Northumbria en su frontera meridional, Egfrith mirará al norte, y pagará con los celtas y pictos que allí habitan sus ansias de expansión. Las revueltas norteñas siempre fueron habituales, sin embargo ahora estos pueblos estaban viendo ocupadas sus aldeas y sus campos, y muchos eran arrojados más al norte del antiguo muro de Antonino. Las gentes que sufrían la ambición territorial de Egfrith - y que venía ya desde los tiempos de Edwin - eran tanto los britanos de Strathclyde, como los scottos de Dal Riada, como los pictos - esparcidos estos por sus innumerables reinos -. Así que pronto formaron una alianza bajo el rey picto Bruide ipe Bili, y se enfrentaron a Egfrith, a quien vencieron en la batalla de Nechtansmere.
Sin posibilidad de expansión, y vencida por sus dos flancos, Northumbria empezó su lenta decadencia, que vendría a confirmarse con la muerte sin hijos de Egfrith, en el 685.
Wessex toma ahora protagonismo cuando su rey Caedwalla conquista el otrora poderoso reino de Kent, colocando a su hermano Mul en el trono. La nobleza kentiana se mostrará inquieta ante tal usurpación, sin embargo nada podrán hacer, y sus revueltas serán aplastadas por el siguiente rey de Wessex, llamado Ine, conocido por redactar un código de leyes para su reino.
Mientras, Northumbria se hundía cada vez más. En el 704 estallara una guerra civil entre dos facciones nobiliarias, unos partidarios del rey niño Osred, y otros afines al usurpador Edwulf. Ganará Osred, que será coronado con 9 años, y que poco después morirá en batalla contra los pictos. Le sucederá cierto Coenred, que se mantendrá un año tan solo en el poder.
Si los pictos atacaban y se rebelaban en el norte ante la expansión northumbria a su costa, no menos harán durante buena parte del siglo VIII los galeses y córnicos. Lo cierto es que estamos ante la consolidación definitiva de los reinos anglosajones, mientras que los celtas, obligados tras Whitby a adscribirse al bando Romano, y dañados en cierto modo en su identidad, se verán obligados a retroceder cada vez más ante el avance inglés, que justificaba su expansión de innumerables maneras contra unos pueblos a los que consideraba herejes y bárbaros. De este modo, los anglosajones se lanzaban contra los reductos celtas de la isla, y éstos, claro, se defendían, como ya sabemos, con la espada y con la pluma.


Sabemos que en el 710, los reyes Ine de Wessex y Nunna de Sussex atacaron al rey Gerren de Dumnonia (en Cornualles). Algunos años antes tenemos noticia de ataques galeses contra Mercia. En el 722 Wessex vuelve a la carga contra Dumnonia. Cornualles parecía vencido, sin embargo Gales parecía gozar aún de una fuerza militar considerable, cuando Elisedd, rey de Powys, aplasta a los de Mercia en batalla

Offa
Una nueva coalición entre Mercia y Wessex se forma en el 743, atacando Powys y Gwent.
Los anglosajones, desbordados, y ante la imposibilidad de conquistar a los celtas y de ocupar sus territorios, optan por un método que Roma ya usara siglos antes. Efectivamente, un año después, se construirá un muro de contención entre Powys y Mercia, precedente del muro de Offa, también contra los galeses.

Será precisamente Offa el monarca que mejor represente esta consolidación de los reinos anglosajones. Un rey capaz de contener a los galeses tan inquietos en los últimos tiempos - aunque sea a base de muros – y a la vez de iniciar relaciones diplomáticas con el resto de Europa, llegando su influencia hasta el mismo papa - vía Carlomagno -. Así, dedicaremos unas líneas a este rey en nuestro siguiente epígrafe.

Representación miniada del rey Offa de Mercia

TERMINAN LOS SIGLOS OSCUROS:

Cuando hablamos de siglos oscuros en Britania nos referimos principalmente al aislamiento en el que la isla ha vivido desde la marcha de las legiones romanas. Este aislamiento ha propiciado el desarrollo de una identidad diferenciada del resto de Europa, cuyas características esenciales perviven hasta el día de hoy.
Creemos que la figura de Offa de Mercia representa el fin del aislamiento, por las fructíferas relaciones que mantiene con Europa. Así mismo, en el siglo VIII somos testigos de innumerables peregrinaciones a Roma por parte de muchos ingleses, incluidos reyes y gente principal. Todo esto lo englobamos en la época de mayor auge de los carolingios, cuando Carlomagno se ciñe la corona imperial, y ataviado con la púrpura rige los destinos del mundo. Dentro de los dominios del imperio asistimos además a un auge cultural que se conoce como Renacimiento carolingio, al que no pocos ingleses contribuyeron.

Offa será rey desde el 757, y vendrá a sustituir a Ethelbald, asesinado por la nobleza.
A parte de sus innegables dotes militares, que como buen merciano poseía, su actividad diplomática será muy activa, y de manera inteligente casará a sus dos hijas con los reyes más poderosos del momento, que son los de Wessex y Northumbria.

Conseguido el dominio político de toda Inglaterra, y ante la imposibilidad de conquistar a los galeses, les contuvo, como ya se ha dicho, a la romana, construyendo el muro que lleva su nombre. Una muralla de adobe de la que no hay fuentes contemporáneas, y que se atribuye a Offa según la tradición y una serie de textos posteriores al siglo X.
En el exterior su principal esfuerzo se centró en presionar o tratar de convencer al papa Adriano de que el obispado de Lichfield dejara de ser dependiente de Canterbury. Si el reino más poderoso de Inglaterra era Mercia, era justo, debió pensar Offa, que la sede del arzobispado estuviera allí. El papa hubo de ceder, quizá por miedo a Carlomagno, amigo del inglés, y con quien mantuvo correspondencia sobre materias muy dispares.
Offa intentó crear en su reino escuelas para formar al clero de Mercia, y quiso disponer de eruditos y sabios para regirlas, es decir, algo similar a lo que el northumbrio Alcuíno de York estaba llevando a cabo en tierras francas, por orden de Carlomagno.
Así mismo acuñó moneda. Era la primera vez que un rey inglés lo hacía desde que en tiempos, Kent, acuñara por influencia franca. Las monedas de Mercia eran, así mismo, las más bellas y trabajadas de Europa.
Offa muere en el 796, y aunque tras sus sucesores Ecfrid y Coenwulf, Mercia cede el testigo de la hegemonía a Wessex, el legado de Offa como el rey reformador y abierto a las influencias externas (“europeísta” que dirían algunos) perdurará. Así, a pesar de que las hordas vikingas comienzan ya a saquear las costas de la isla, salidos del aislamiento, damos por concluidos los siglos oscuros.

 

 

CAPÍTULO IV

El cristianismo celta, o las luces de Irlanda

(en breve)

© Carlos de Miguel
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