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Introducción:
HUARI:
EL PRIMER IMPERIO EN LOS ANDES. |
Diversos
autores han sostenido que en la época Huari la guerra fue un factor fundamental
para la expansión del estado y para el dominio de múltiples territorios
tanto en la costa como en la sierra, sin embargo hasta la actualidad se
sabe poco acerca de la organización, armamento, tácticas y otros aspectos
de la organización militar de este periodo. La
presente reflexión es un intento de aproximación a ciertas características
presentes en la iconografía, los tallados, tumbas y demás evidencias arqueológicas
descubiertas hasta la actualidad que nos permiten formular hipótesis acerca
de la naturaleza de la guerra, los métodos, la relación entre los guerreros
y la sociedad, las armas y los elementos que constituyeron esta compleja
actividad en el periodo Huari. Debido
al carácter de este trabajo un primer concepto que es imperativo definir
es ¿Qué es la guerra? y ¿cuáles son sus características?; para poder responder
a estas interrogantes hemos tomado los conceptos planteados por Carlos
Von Clausewitz, quien hasta la actualidad es reconocido como uno de los
teóricos mas importantes en el tema. Según
la definición de Clausewitz la guerra “no
es otra cosa que un combate singular ampliado” (1),
es decir un enfrentamiento entre grupos, naciones o estados y su finalidad
es “obligar al contrario al cumplimiento de nuestra
voluntad” (2),
este concepto implica que el sometimiento del enemigo se logra mediante
la guerra, que se transforma así en el medio de lograr la imposición de
una voluntad o decisión. Para
completar el concepto citaremos tres principios que rigen la guerra:
- La
guerra nunca es un acto aislado, esto quiere decir que requiere un
proceso de gestación y desarrollo, se requiere soldados, armas, alimentos,
transporte, organización, medicinas, abrigo, caminos, cuarteles, etc.
por ello esta actividad afecta a toda la sociedad e incluso se vuelve
un reflejo de la complejidad de la misma. - No consiste en un golpe aislado sin duración, debido a que los conflictos se dan en el tiempo y en el espacio no se pueden resolver de forma simultánea en todas partes y por ello generalmente se requiere de un conjunto de acciones para ganar una guerra que se dan en diferentes periodos y lugares. Por otro lado se debe tener muy en cuenta que un ejército requiere de abastecimientos (comida, agua, medicinas, ropa, equipos, armas, protección y una gran cantidad de objetos y servicios para su mantenimiento y adecuado funcionamiento), mantenimiento (espacios de descanso, organización, entrenamiento e incluso refugios en caso de derrota), hospitalización y atención médica y transporte (caminos, almacenes, personal de servicio o animales de carga, etc). Estas necesidades se multiplican en razón a la duración y a la extensión geográfica de una campaña.
- El
resultado de la guerra no es absoluto, este principio es especialmente
importante porque el resultado de la guerra no garantiza la imposición
de una voluntad, siempre se puede esperar que los grupos vencidos se rebelen
o destruyan a los vencedores si estos se debilitan, por ello en muchos
casos una victoria genera la necesidad de mantener guarniciones o ejércitos
permanentes que aseguren el sometimiento del enemigo y eviten que este
reaccione además de otra cantidad de medidas de orden político, económico,
religioso, social, etc. Como se puede observar la guerra es un asunto complejo por su extensión, duración y por la poca seguridad de sus resultados además requiere un gran esfuerzo para su preparación, planeamiento y ejecución; sin embargo por su propia naturaleza genera en el vencido un resentimiento muy difícil de superar de modo que se hace necesario renovarla periódicamente para mantener el control de los territorios o pueblos sojuzgados.
LOS ORIGENES DE Según
R. Ravine (3), las
evidencias de fortificaciones que aparecen a partir del Intermedio Temprano,
permiten afirmar que este fue un periodo donde se iniciaron los grandes
conflictos bélicos (aunque los enfrentamientos en menor escala debieron
darse desde el mismo paleolítico) entre una serie de estados regionales
e incluso señala que “puede decirse
–aunque simplistamente- que del periodo intermedio temprano a la conquista
española, la prehistoria del Perú fue una sucesión ininterrumpida de numerosos
estados que surgieron y declinaron con el poder de las armas" (4). Lumbreras
(5), basándose en las
investigaciones llevadas adelante por Gordon Willey en los sistemas de
fortificación de la zona norte del Perú, plantea que al final del periodo
Chavín la guerra se llevaba adelante en forma generalizada, es decir que
era una actividad en la que participaba todo el pueblo mientras que en
el periodo Gallinazo la aparición de fortalezas específicamente diseñadas
y construidas como tales señalaría la aparición de un ejército especializado
que utilizaría estas instalaciones. De
este modo aparecerían dos tipos de entidades armadas: La
primera estaría constituida por los pobladores que toman las armas, a
este tipo de organización se le denomina “milicia” y se caracteriza por
su dedicación parcial a la actividad guerrera. La segunda está formada por los guerreros o profesionales dedicados al oficio de las armas, estos especialistas formarían el núcleo del ejército, que sería reforzado por los milicianos en el momento de las batallas o enfrentamientos. Los
orígenes de Huari en Ayacucho se pueden rastrear en un conjunto de grupos
humanos denominados genéricamente como huarpas, Gonzáles Carré y Mesía
(6) señalan
que los huarpa se organizaron a partir de un conjunto de aldeas que se
ubicaban estratégicamente para aprovechar los recursos naturales de la
zona. Estos grupos tuvieron que
enfrentar la difícil geografía, los escasos recursos hídricos y la falta
de tierras de cultivo y para lograr sobreponerse a estas dificultades
desarrollaron tecnologías relacionadas con el control del agua, el aterrazamiento
para aumentar las tierras de cultivo. Dos
fueron los contactos más importantes que se pueden detectar a partir de
la cerámica Huarpa, el primero se dio con la cultura Nazca de la que los
huarpa tomaron importantes patrones artísticos y con la que existió un
fluido intercambio. El segundo contacto se estableció con la cultura Tiwanaku
o Tiahuanaco y se plasmó en una rica iconografía con un marcado acento
religioso. Hacia el final del periodo Huarpa se produjo un cambio dramático en los poblados del valle de Ayacucho, muchos de ellos fueron abandonados y se produjo un reordenamiento demográfico, las investigaciones llevadas adelante por el autor y el Mg. Masaka Doi en la cuenca del río Chillico indican un repentino abandono de las poblaciones y un proceso de migración hacia zonas cercanas a la ciudad de Huari. Paralelamente
también en la ciudad de Huari se estaban dando cambios importantes; William Isbell
(7), basándose
en las excavaciones llevadas adelante el la década de los
El
desarrollo de la ciudad de Huari no solo implicó el crecimiento y el cambio
dentro de ella y de su patrón urbano, también significó una serie de transformaciones
en la vida de las personas que se encontraban en las zonas alrededor de
esta. Un
cambio que nos interesa especialmente fue el abandono de las viviendas
y hogares por parte de los pobladores del valle y su traslado y concentración
en otras zonas. Nuestros trabajos en el valle del Río Chillico indican
que esta migración fue masiva y que pudo provocar una seria crisis social
en estas grupos, estas evidencias nos llevan a proponer que el cambio
no fue pacífico y que las personas fueron obligadas a dejar sus poblados;
paralelamente vemos que la ciudad de Huari crece y se desarrolla y que
se inicia una política expansiva. Entre
los años 500 y 850 d.C. Huari se transforma, transforma su entorno social
y geográfico, asimismo realiza una serie de grandes conquistas que lo
llevan a formar un estado imperial que abarcó desde Arequipa y Cusco por
el sur hasta Cajamarca y el norte de Lima por el norte. La
pregunta que surge inevitablemente luego de este breve repaso es: ¿Cómo
lograron los huari tal transformación y expansión?, responder a esta interrogante
es fundamental pero al mismo tiempo plantea un gran reto. Un factor fundamental para explicar este proceso debió ser la guerra y la organización de un ejército eficiente y disciplinado, la misión de este debió ser la conquista y el control de los pueblos y territorios además de evitar las agresiones o invasiones de los estados o grupos que rodeaban el territorio huari. Respecto a este tema Dorothy Menzel (8) basándose en la distribución de la cerámica huari y sus estilos concluye que: “el hecho que la alfarería secular sea el marcador común de la expansión Ayacucho, es una indicación de fuerza para asumir que hubo una conquista militar tanto como propaganda religiosa”. Sin embargo el modelo de expansión y control militar no se puede aplicar a todos los territorios con presencia Huari, investigaciones llevadas adelante en la costa central y norte, en la sierra norte y en Moquegua indican que en muchos casos se debe plantear un cierto tipo de influencia más que control o dominación. Ante este panorama se mantiene la pregunta inicial, el Dr. José Ochatoma (9) señala que “durante la época Huari, la guerra no solo alcanzó un nivel de guerra ofensiva con fines de conquista sino que se trataba de toda una institución con especialistas en la actividad bélica”, esta opinión (con algunas variaciones) es respaldada por la mayor parte de los investigadores que han tratado el tema.
LOS GUERREROS Y EL EJÉRCITO
EN HUARI La
reconstrucción de las características del ejército, sus cambios, organización
y componentes es este tema el que desarrollaremos a partir de las evidencias
iconográficas y arqueológicas disponibles.
Iniciaremos
con una rápida descripción de las figuras de guerreros que se conocen
a la fecha: - Una figurina de turquesa muy interesante (robada del Museo del INC-Ayacucho en la exposición permanente) mostraba a una figura masculina de pie, en posición de firmes, en la cabeza llevaba un casco circular con la parte superior aplanada que le cubre la cabeza y parte de la frente. Su vestimenta se compone de un uncu decorado con chevrones que corren verticalmente y el único armamento visible es un escudo rectangular decorado con cabezas de felinos que lleva sujetado sobre la espalda, como todos lo guerreros representados lleva cabello largo trenzado.
- Una segunda representación proviene de una botella escultórica que presenta dos niveles de decoración, en el primero se observa a un guerrero con el mismo tipo de vestimenta y defensas que el ya descrito (casco, uncu y escudo rectangular), sin embargo se nota una característica interesante en el casco: lleva una banda que corre alrededor del borde y otra que va de un lado a otro por la parte superior, este detalle puede interpretarse como dos bandas de refuerzo que aseguran la solidez de la pieza defensiva, el militar lleva un prisionero semidesnudo cogido de los cabellos. En el segundo nivel se observan dos personajes que llevan gorros cónicos, collares decorativos, uncu, vasos y un elemento parecido a una vara corta en la mano, la posición y la riqueza de la vestimenta permite hipotetizar que se trata de dos personajes de prestigio que presiden la acción, todos los personajes llevan pintura facial y cabello largo.
Vasija con representación de guerrero, lleva uncu, hacha y lanza con punta triangular, sobre los hombros resaltan dos cabezas trofeo.
Las representaciones de guerreros en Ayacucho eran escasas y por ello no aportaban mayores elementos iconográficos para un análisis aproximativo al tema, sin embargo las excavaciones realizadas por el Dr. José Ochatoma P. en el sitio de Conchopata entre 1997 y 1998 revelaron un área ceremonial de la que se logró recuperar un conjunto de urnas decoradas con figuras de guerreros, estos presentaban una serie de variaciones sumamente interesantes respecto a los ya conocidos y también mostraban elementos comunes, a continuación describiremos las principales figuras recuperadas y reconstruidas:
- Una variante de esta figura la constituyen dos guerreros arrodillados sobre balsas con el mismo tipo de casco trapezoidal, uncu con decoración cuadrangular y escudo rectangular pero el armamento ofensivo varía a un conjunto de flechas y un arco.
- Otro
guerrero identificado lleva gorra, al parecer de cuatro puntas, uncu profusamente
decorado, un probable escudo rectangular y hacha de doble filo, no se
encuentra sobre una balsa sino de pie. Su vestimenta y decoración sugiere
un oficial o guerrero de rango.
En
las excavaciones llevadas a cabo en la ciudad de Huari se ubicó la botella
que se muestra a continuación, la cual se encuentra en exposición en el
Museo de Sitio de este yacimiento. La
botella presenta en sus dos caras figuras de pie sobre una balsa, la primera
lleva un uncu decorado con felinos voladores, brazaletes en las manos
y las piernas y sostiene un hacha en la mano derecha, el segundo personaje
tiene características similares pero el uncu que lleva posee diseños de
cabezas de felino.
Una figura recuperada de uno de los recintos ceremoniales en “D” en Conchopata (10) muestra un personaje que lleva un casco cónico del que sobresalen tres protuberancias frontales curvadas a modo de cuernos, en la mano derecha se nota una porra (virtualmente idéntica a la del personaje representado en el textil de la figura 12), en la mano izquierda sostiene un escudo circular decorado con círculos concéntricos, el cuerpo va protegido con un uncu y sobre el pecho lleva una cabeza humana seccionada (cabeza trofeo). Sobre el hombro izquierdo se señala la presencia de una garra de felino. Esta figura presenta una importancia especial debido a que el tipo de armas ofensivas y defensivas varía con respecto a las anteriores, la porra o masa muestra en el extremo inferior una punta triangular y según la reconstrucción de Carlos Mancilla (Mancilla com. pers.) en el extremo superior acaba en un abultamiento semiesférico con acanaladuras, este personaje ofrece una muy interesante perspectiva acerca de la procedencia de esta tecnología militar, la cual desarrollaremos más adelante.
(1) Clausewitz, 1977, pp 27. -Volver- (2) IDEM.-Volver- (3) Ravines, 1994, 202.-Volver- (4) IDEM.-Volver- (5) Lumbreras, 1980. 269.-Volver- (6) Gonzáles Carré y Cristian Mesía, Pp 32, 2001.-Volver- (7) Isbell, Pp 100, 2001.-Volver- (8) Menzel, 530, 1970.-Volver- (9) Ochatoma, 234, 2001-Volver- (10) Ochatoma y Cabrera, 221, 1999.-Volver- |
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