El territorio donde se desarrolló la cruzada albigense se sitúa al sur del actual estado francés; los límites geográficos que lo circunscriben son el Macizo Central francés, por el norte, los Pirineos, al sur, el río Ródano, al este, y el Atlántico, por el oeste. Este extenso territorio estaba dividido políticamente en una multitud de señoríos (1). Las crónicas de la época no aportan un nombre común para el territorio meridional de la antigua Galia romana (2). La historiografía moderna ha optado por nombres diversos, que si bien permiten la agrupación del territorio bajo una misma denominación, presentan el inconveniente que, en sentido estricto, no lo delimitan con precisión, puesto que, por un lado, quedan cortos en su especificación geográfica (Provenza), mientras que en otros casos, engloban territorios actuales que en aquella época no formaron parte de los sucesos de la cruzada albigense (Aquitania).
Otros términos (Midi), son deliberadamente nuevos e imprecisos, pero parten de presupuestos políticos determinados, como el de la “unidad natural” histórica francesa (3).
En vista de la dificultad de plantear un nombre político, se ha recurrido a la delimitación por criterios lingüísticos; así el término Languedoc es usado con profusión para describir estos territorios.

Mapa político-lingüístico de Occitania (siglo XX)


En la misma línea que el anterior –y sin los prejuicios administrativos del mismo- aparece el término Occitania. Su origen puede ser coetáneo al de Languedoc (4), alrededor del siglo XIV. Pero de la misma manera que Midi denota una determinada ideología, Occitania viene cargado de un importante contenido politico-ideológico, renacido al calor de los movimientos regionalistas franceses del siglo XIX. Dado que frecuentemente se ha asociado la identidad cultural y política de estos territorios al hecho diferencial lingüístico, el término Occitania ha prevalecido entre buena parte de la historiografía moderna.
A lo largo de este libro se podrá encontrar indistintamente varios de los nombres asociados a las tierras de la cruzada albigense, sin ningún tipo de motivación política, y con el único fin de mostrar la mayor variedad de términos posibles que pudiesen expresar con mayor o menor precisión la realidad de aquellos momentos.

 

-La sociedad occitana

A diferencia de otros territorios del Imperio Romano, colapsados con la irrupción de los invasores bárbaros, los territorios del sur de la Galia mantuvieron una relativa continuidad de las estructuras político-sociales tardorromanas. Los visigodos romanizados primero, y después los sedentarizados francos después, garantizaron el mantenimiento del comercio y de las estructuras económicas vigentes desde época bajo-imperial. El territorio occitano fue progresando económicamente de forma paulatina, y quedó al margen de los conflictos existentes, al sur con los musulmanes de la Península Ibérica, y al norte con las tribus sajonas de más allá del Rin. Durante el siglo XII, el territorio occitano destaca por su fuerte crecimiento económico y progreso cultural; la región dispone de tierras fértiles que permiten incrementar el excedente agrícola, que sirve de base tanto a un incremento de población como de excedente comercial que permite los intercambios mercantiles; la zona mantiene un equilibrio general entre agricultura y comercio; la existencia de recursos mineros permiten el desarrollo de la industria metalúrgica; la relativa estabilidad de la zona permite la explotación de las rutas mercantiles, ya sean terrestres, fluviales o marítimas, que unen el norte europeo con el Mediterráneo.
Los núcleos urbanos se desarrollan, alrededor de un castillo y de un mercado; las actividades mercantiles y artesanas dinamizan la economía, pero a la vez favorecen cambios en las relaciones sociales de la época: con el crecimiento de las ciudades, aparecerá una floreciente clase burguesa, que compaginará su poder económico con la búsqueda del poder político. Aparece así un patriciado urbano potente, que al estilo de las ricas ciudades italianas, rivaliza en poder con la nobleza laica y la jerarquía eclesiástica.
La vinculación del progreso económico con los intercambios comerciales permiten el establecimiento de un modelo de sociedad mucho más permeable a los intercambios culturales, de pensamiento y sociales, de tal manera que, a diferencia de otros territorios, la sociedad occitana mostrará una relativa apertura al intercambio con personas de otras culturas y otras religiones.
En cuanto al terreno político, en todo el territorio occitano se observa una baja jerarquización del poder (5), una constante pugna entre la nobleza para obtener la supremacía sobre el resto de señoríos, y la incapacidad mostrada por la Iglesia para aglutinar a su alrededor los diferentes estamentos y clanes de la zona. Todo esto configuró un fragmentado mapa político, donde no existía ningún poder sólido ni estable. Solo la casa de Saint Gilles, los condes de Tolosa, se constituyó en el único poder autóctono con la fuerza suficiente para poder aglutinar al resto de territorios.
Frente a Tolosa, los otros poderes regionales oscilaron entre darles su apoyo, o aliarse, en busca de su propio beneficio, con las otras potencias: el Sacro Imperio, Inglaterra, Francia y la Corona de Aragón. Sin embargo, sólo los dos últimos serán los únicos con posibilidad de consumar una unificación política de todos los poderes laicos de la zona; y tal y como destaca Alvira Cabrer, ninguno era occitano .

 

 

 

 

 

Notas..

1)

Algunos historiadores modernos, frecuentemente motivados por ideologías políticas, han intentado dotar de una unidad política y homogeneidad a las tierras occitanas, paradójicamente unos territorios carentes de tal unidad. La violenta guerra de conquista desatada con la cruzada fue lo que motivó, al menos temporalmente, que buena parte de los occitanos fuesen plenamente conscientes de los elementos comunes que albergaban, dejando de lado sus seculares enemistades. Volver


2)

Si se toma como punto de referencia el máximo exponente de la cultura y sociedad occitana, la literatura trovadoresca, se comprueba la ausencia de referencias a una identidad común, global, de todo el territorio occitano. Volver


3)

Como diría Martí de Riquer, “el apelativo genérico meridional, “tiene el inconveniente de ser sólo aceptable situándose en el paralelo de Paris”, lo que contribuye a encerrar el debate en un regionalismo favorecido por una historiografía “oficial” francesa de marcado tinte nacionalista. Volver


4)

El idioma hablado en territorio occitano es una lengua de origen románico, que en la Edad Media fue conocido con diversos nombres (lengua d’Oc, occitano, provenzal, lemosin), claramente diferente del latín, del francés (langue d’ouil o langue du Roi), del castellano, del vasco y del catalán, con el que mantiene, además, una importante conexión. Volver


5)

Esta pequeña nobleza sufrió los efectos del fraccionamiento de las propiedades como consecuencia de que en Languedoc, a diferencia del norte de Francia, no se extendió la práctica de la primogenitura. Volver