EL PERIODO DE LOS DESARROLLOS REGIONALES:

Al final del periodo Chavín (hacia los años 500 a.C.) la unión conseguida por este gobierno en base a la religión y a la producción se fue resquebrajando poco a poco y cada una de las regiones del Perú fue asumiendo una identidad y un tipo de gobierno propios (5), luego de cientos de años de dominio de la sierra sobre la costa esta nuevamente dio nacimiento a los estados más poderosos.

Es en este periodo donde se presenta uno de los mejores ejemplos de organización militar en todos los niveles: Se trata del estado Moche o Mochica (6), conocido por sus pirámides de adobe y sus sangrientas ceremonias donde prisioneros y guerreros eran sacrificados en honor a los dioses.

Territorio Moche con asentamientos principales.
 El primer avance significativo se dio en el campo de la poliorcética o construcción de fortificaciones, siguiendo las investigaciones de Gordon R. Willey (7) se identifican cinco tipos de construcciones fortificadas:

1. Reductos de montaña.
2. Plataformas de montaña.
3. Fortalezas.
4. Grandes murallas.
5. Aldeas organizadas en las cumbres de las montañas rodeadas de fortificaciones.

Uno de los sistemas más utilizados fue la construcción de plataformas artificiales superpuestas construidas a base de adobes o bloques de barro secados al sol (debido a la sequedad del medio este tipo de estructuras son muy convenientes), a partir de estas plataformas se fue añadiendo a los conjuntos murallas paralelas y torres o torreones los cuales servían tanto para la observación como para el lanzamiento de proyectiles de todo tipo contra los atacantes.

A medida que las técnicas de guerra y el poder del estado moche se acrecentaron estas fortificaciones se combinaron con grandes murallas fortificadas con torreones y poblados fortificados que impedían el acceso de los invasores en los límites del territorio (8).

Uno de los mejores ejemplos para esta época es el llamado “castillo de Tomaval”, fortaleza formada por una serie de plataformas superpuestas de forma agrupadas alrededor de un cerro escarpado, estas defensas se encontraban complementadas con murallas y torres.

Otra fortaleza interesante es la de Chanquillo, en la imagen se puede apreciar sus elementos principales: Dos murallas circulares paralelas que circundan el cerro, torreones distribuidos a lo largo de las murallas y un recinto central amurallado con habitaciones rectangulares y circulares.

Fortaleza de Tomaval.

Fortaleza de paramonga, uno de los más bellos ejemplos de arquitectura Militar y religiosa.
Fortaleza de Chanquillo.

LA GUERRA EN EL MUNDO MOCHE:

La guerra en la cultura Moche no solo tuvo un carácter ritual sino que fue fundamental para expandir las conquistas y controlar posibles revueltas, un recurso precioso en estos desiertos y valles fue el agua, seguramente la causa más frecuente de enfrentamientos.

Según todas las opiniones, el gobierno estaba en manos de jefes que eran a su vez líderes militares y sacerdotes (9). Los líderes eran omnipotentes, todos los investigadores que tuvieron la curiosidad de rastrear sobre el pasado de estas regiones están acordes en suponer que la lucha de poder entre los valles fue una ocupación muy antigua. Incluso se han conservado tradiciones de incursiones y saqueos continuos.

Resulta difícil, a partir de los datos disponibles, reconstruir las reglas que rigieron la guerra entre los Moche. Sin embargo se puede suponer con razón que la acción se dividía en dos grandes momentos o espacios: Los combates masivos o grandes batallas y los enfrentamientos hombre a hombre o individuales.

En la primera situación se puede apreciar la intervención de grandes grupos de combatientes comandados por oficiales y comandantes que dirigen sus movimientos, en estos enfrentamientos la diferencia numérica y las tácticas de envolvimiento, emboscada, sorpresa y engaño debieron ser fundamentales

En el segundo caso, la lucha individual debía buscar anular al contendor, evitando ser herido o sufrir las consecuencias de la acción del adversario.

Roger Ravines (10) plantea que a través de las representaciones pictóricas, puede inferirse entre los Moche cierta jerarquía militar: "jefes supremos" que observan el desarrollo de las operaciones, o aguardan la presentación de los trofeos, representados con mayor volumen, en un recurso similar al que tenían los egipcios; "jefes militares" que conducen o presentan a los vencidos o sus despojos ante dignatarios regios, aposentados en estructuras singulares y tronos especiales; "soldados" que combaten.

Los principios disciplinarios, indispensables en todo cuerpo castrense, resultan difíciles de imaginar; en todo caso se habrían invocado e impuesto a través de los atributos divinos de sus dirigentes, lo que a su vez sugeriría la presencia de una organización que podría calificarse de ejército permanente. Lamentablemente no se conocen datos arqueológicos acerca de la logística y organización de estos cuerpos armados, sin embargo un análisis del armamento mostrado puede dar más luces acerca de su organización.

ARMAS
La información más completa que se tiene es sobre el equipo militar Moche. El equipo básico se encontraba conformado por una camisa larga que no llegaba a las rodillas camisa, faldellín, cinturón, casco, escudo, estólica (11) o lanza ligera y maza.

La vestimenta de los Moche permite reconocer ciertos grados o diferencias entre los tipos de guerreros, a pesar que los adornos y tipos de vestimenta son muy variados, sin embargo, si se observa atentamente puede reconocerse la presencia de grupos que presentan algunas diferencias fundamentales:

• Un primer grupo presenta vestimentas bastante elaboradas y adornadas.
• Un segundo grupo se cubre de vestimenta menos elaborada, luce un aspecto regular en su armamento y equipo.
• Finalmente un tercer grupo que lleva únicamente camiseta y trusa complementada con una manta.

Raoul d'Harcourt, al describir la vestimenta de un guerrero Moche trazó, en cierto modo, el prototipo del uniforme para la época de su mayor auge militar y a la vez, demostró que éste se basa, como es fácil colegir, en la indumentaria civil que, a lo largo del tiempo, se complementó con diverso arreos militares.

Roger Ravines indica que, desde este punto de vista, podría decirse que el uniforme Moche no es sino el vestido ordinario complementado en la cabeza con una redecilla y acolchado que se prolongaba hacia atrás, defendiendo la nuca, sobre la cual iba el casco de forma cónica, sujeto por un barbiquejo que portaba defensas circulares de cobre a la altura de los oídos. La forma del casco se debe a su armazón cónica de cañitas, relleno con acolchado de algodón y recubierto con una tela. En su vértice, llevaba un cuchillo ornamental semicircular de metal, colocado a lo largo o a lo ancho del casco.


Algunos guerreros se ornamentaban vistosamente con representaciones simbólicas, plumas y penachos.

En cuanto al material y resistencia de los cascos, dice Pedro Pizarro refiriéndose al de los soldados Inca, que eran: "morriones que se ponían en las cabezas hechos de unas cañas muy tejidas y tan fuertes, que ninguna piedra ni golpe que en ellas se diese, les podría hacer daño en las cabezas teniéndolas puestos.

Guerrero con indumentaria y armamento básico.

Los cascos Moche recuperados son piezas similares eran confeccionados con paja, generalmente hojas de caña brava con la técnica del enrollado, cubiertos con un tejido entrelazado de cabello humano y recubiertos con un vistoso tejido de lana. Los cuchillos o adornos de metal se colocaban sobre un soporte de cuernos de venado.

Representación de guerrero con todos los implementos, se nota claramente el cuchillo o tumi en la parte superior del casco.

La protección se reforzaba con un peto acolchado, al que se añadía a veces, placas metálicas, a manera de loriga que defendía la caja torácica. Una gola de grandes proporciones adornaba y protegía el cuello y la parte superior del pecho. Un faldellín de tiras con placas metálicas en sus extremos, parecido al usado por los romanos, defendía la parte baja del cuerpo. Además, grandes muñequeras y, finalmente, una pieza metálica en forma de trapecio alargado, hueca en su parte superior donde se encerraban unos cascabeles, pendía de la cintura cubriendo la región coxal (parte posterior de la cintura). Los soldados calzaban abarcas o sandalias, hechas de un fuerte tejido de fibras vegetales, gruesas y planas, sin rebordes, a fin de evitar la acumulación de las arenas del desierto. Aditamentos adicionales eran una capa larga, de más de 2 m que les servía de abrigo y ciertos ornamentos de metales preciosos, como narigueras, y que podrían haber significado algún grado de jerarquía.

Coxal destinado a proteger la parte posterior de la cintura o espalda.

La defensa personal la completaba el escudo, sujeto al dorso del extremo inferior del antebrazo, con el fin de dejar la mano libre para el manejo necesario del arma principal. La forma común era redonda, existiendo también los cuadrados, y sus dimensiones pequeñas, no mayor de 50 cm de diámetro, lo suficiente para parar los golpes, habiendo guerreros que los llevaban en ambos brazos. Los escudos, cuyos originales se conocen, consisten de palitos o astillas de caña amarrados unos al lado de los otros sobre dos o tres travesaños, forrados con una piel y algunos, probablemente, con una tela gruesa. En los dibujos, su estructura está claramente indicada por líneas paralelas.

Las armas arrojadizas se dividían básicamente en estólica, los dardos y la huaraca u honda; la estólica, tiradera o propulsor era un dispositivo manual, constituido por un astil ancho, con uno o dos ganchos fijos en los extremos. Generalmente, se hacía de madera, aunque también los había de metal y enchapados con oro y plata. Los ganchos eran de hueso, piedra, metal, concha, en forma de figuras de animales, peces, aves o simplemente geométricas. La función de la estólica era aumentar la distancia a que podía enviarse la saeta, actuando a manera de tirador u honda, para lograr un mayor impacto. Con este artificio, la saeta o jabalina, que normalmente sobresalía la tercera parte, podía ser arrojada a una distancia de 70 m, en los combates, estas distancias resultaban relativas y su uso limitado sólo a determinadas fases.

Guerrero divinizado armado con escudo, estólica, saetas, maza y armamento completo.

La honda es conocida en su forma y uso en la actualidad. En cuanto al cuchillo, tenía mango vertical y forma de media luna, no poseía punta y servía como instrumento de corte, su uso en combates es el equivalente al de la daga y se reservaba como el último recurso en combate. La maza o cachiporra era el arma predilecta de los Moche, estaba constituida básicamente por una vara gruesa que acababa en punta en la base y se ensanchaba hacia la punta, en el extremo superior presentaba una maza con rodela y punta de metal, piedra o madera que tenía como función acumular y descargar la mayor fuerza del golpe sobre el enemigo. Los golpes más eficaces se dirigían a la cabeza; su efecto era triple, por cuanto se empleaba por las dos puntas de los extremos, cuanto por los golpes de la maza de rodela cortante. El tamaño en general era de 1 metro (12).

Según el investigador Daniel Matto (13), la esgrima de esta arma presenta modalidades interesantes, con cierto parecido al empleo de la bayoneta en la época moderna. Se manejaba con las dos manos, y su guardia, que podría llamarse primera o preferencia, era con la punta de la maza hacia adelante, la mano izquierda a un tercio y la derecha a otro tercio del regatón o contera puntiaguda.

La macana o porra estrellada era otra de las armas de guerra usuales entre los Moche. Las hubo de piedra y metal y en ambos casos eran piezas de forma estrellada, con cinco o seis puntas y de 10 cm. a 15 cm. de diámetro, enastadas en un cabo de 50 cm. a 80 cm. de largo. En las pictografías Moche examinadas, los portadores de macanas, piedras y porras redondas difieren generalmente de los portadores de mazas, tanto en la pintura facial como en las características del vestido, sugiriendo diferencias jerárquicas o étnicas. En Moche, el uso masivo de armas contundentes sobre las de corte y punta originó todo un complejo cultural que se expresó en el uso del casco, el cual marcó el aire guerrero de su población y en la trepanación craneana (extracción de una parte del hueso del cráneo). El casco como protección habría reducido en un la contundencia de los golpes, en tanto que la trepanación devino en una necesidad para aliviar la inflamación cerebral de los heridos.

El armamento se complementaba con trompetas hechas de concha y madera podían servir para impartir órdenes y aturdir al enemigo.

Guerreros con prisioneros, armas e instrumentos musicales.


Un tipo de guerra que definitivamente no aparece en esta época ni en las posteriores es el asedio y toma de fortalezas y poblados fortificados, aunque esto no quiera decir que no existieron si se puede afirmar que no se desarrollaron máquinas y armas de asedio, por ello se puede deducir que quedaban solo dos opciones:

1. El asalto masivo con infantería.
2. El asedio para rendir los poblados por hambre o sed.

Batalla representada en vasija con guerrero y trompetero resaltados.

 

Otras culturas y pueblos guerreros:

Paralelo al desarrollo de Moche se dio el de otros pueblos que incluso tuvieron que enfrentarse a su expansionismo, sin embargo fueron los moche el mejor ejemplo en el desarrollo de la guerra.

 

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Notas:

5: La mejor evidencia de este proceso de desarrollo independiente se encuentra en la diversificación de los estilos alfareros, arquitectónicos, modos de entierro e incluso en la forma de representarse a sí mismos. Volver

6: El cambio es tan completo que Julio C. Tello, uno de los más famosos arqueólogos e investigadores del pasado peruano escribió: “Los restos de la civilización Chavín se hallan en todas partes sepultadas por las de otras civilizaciones que le sucedieron, tan diferentes en su clase como si se tratara de civilizaciones completamente extrañas a ellas” (Tello, 1942: Origen y desarrollo de las civilizaciones prehistóricas andinas). Volver

7: En el caso de Gordon Randolph Willley la obra consultada fue: “Prehistoric Settlements patterns in the Viru valley” editada en 1953. Volver

8:Datos valiosos acerca de este tema los encontramos en las investigaciones de: Robert Jonson, Paul Kosok, Mariano Eduardo de Rivero, George Squier (viajero francés) y otros investigadores. Volver

9:Para elaborar este texto hemos utilizado las referencias encontradas en el libro: Historia General del Perú, Tomo II: Las culturas Preincas. De el arqueólogo Roger Ravines. Volver

10:Compilador de la obra Historia General del Perú, ya mencionada. Volver

11:Impulsor, descrito detalladamente en el acápite referido a Chavín. Volver

12:Todas estas armas pueden observarse en las exposiciones permanentes y temporales del Museo Nacional de Arqueología y Antropología y en los objetos de cerámica moche, estos ceramios muestran no sólo guerreros sino incluso combates individuales y verdaderas batallas y a este respecto son la mejor fuente de información que se ha podido encontrar. Volver

13: Citado por R. Ravines.. Volver