Los origenes del culto a Santiago en España

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LOS ORÍGENES DEL CULTO A SANTIAGO EN ESPAÑA

F. Escribano

0. PROLOGO

I. SANTIAGO EN LA HISTORIA
1. EL SANTIAGO HISTÓRICO
2. LA LEYENDA JACOBEA
3. LA PREDICACIÓN DE SANTIAGO EN ESPAÑA

II. TEORIAS DEL ORIGEN DEL CULTO JACOBEO
1. LA TEORIA DEL APOCALIPSIS
2. LAS RELIQUIAS DE MÉRIDA
3. PRISCILIANO
4. LOS DIÓSCUROS
5. LA TESIS ESOTÉRICA

III. ALGUNOS TEMAS JACOBEOS
1. LA VIRGEN DEL PILAR
2. SANTIAGO MATAMOROS

CONCLUSIÓN

ANEXOS
1. REFERENCIAS DE LA BIBLIA A SANTIAGO EL MAYOR
2. TEXTOS ACERCA DEL DESCUBRIMIENTO DEL SEPULCRO E INICIO DEL CULTO
3. DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLOGICOS
4. TEXTOS ACERCA DE LA PREDICACION DE SANTIAGO EN ESPAÑA
5. TEXTOS ACERCA DE LAS TEORÍAS
6. TEXTOS ACERCA DE LA VIRGEN DEL PILAR
7. LOS SÍMBOLOS DE LA PEREGRINACIÓN JACOBEA
8. LA ETIMOLOGÍA DE COMPOSTELA

BIBLIOGRAFÍA
1. CONSULTADA
2. NO CONSULTADA


0. PROLOGO

Don Miguel de Unamuno escribía en sus "Andanzas y visiones españolas" (1922) que "todo hombre moderno, dotado de espíritu crítico, no puede admitir, por católico que sea, que el cuerpo de Santiago el Mayor repose en Compostela". ¿Qué cuerpo es, pues, el que allí se venera?, ¿cómo y por qué se inició ese culto?. Vamos a intentar dar alguna información acerca de estos interrogantes, aunque se debe comenzar por admitir cualquier teoría, ya que la carencia de documentación fiable envuelve el tema en un halo de misterio muy propicio a especulaciones y conjeturas.

Lo único indudable en toda esta historia es la enorme importancia que la creencia en Santiago tuvo en la España medieval, pues la peregrinación permitió mantener el contacto con Europa en unos momentos críticos para la Cristiandad, al tiempo que la imagen bélica del Apóstol daba un "impulso divino" a los guerreros cristianos que avanzaban contra los invasores musulmanes. De forma que se podría conjeturar que, de no ser por el culto jacobeo, la Península Ibérica sería actualmente bien un país musulmán más, bien un próspero país industrializado similar a Francia, en lugar de constituir el híbrido racial y cultural que conocemos (España no sería tan "diferente").

En nuestra sociedad actual es poco comprensible, pero algunas de las principales controversias y escándalos culturales, e incluso políticos, españoles tuvieron al Apóstol en su centro. Como el que ocurrió en el s. XVII, cuando una reforma del Breviario Romano, en la que no se citaba la predicación y enterramiento de Santiago en España, provocó un cruce de cartas y presiones que duró ¡treinta y dos años! hasta conseguir su revocación. Algo parecido ocurrió posteriormente, cuando se pretendió otorgar el patronazgo de España a Santa Teresa de Jesús, lo que acabó por convertirse en una auténtica batalla de intelectuales en pro de una u otro.

En este trabajo vamos a ver primero lo que se conoce de Santiago, tanto por documentación contemporánea a su vida o al hallazgo de su sepulcro (si realmente es suyo), como por las leyendas o historias que los peregrinos medievales creían acerca de él, y últimamente por los hallazgos arqueológicos. Posteriormente se estudiarán las diversas teorías que intentan explicar por qué se creyó que los restos compostelanos pertenecían al Apóstol, para terminar con un breve repaso a algunos temas secundarios relacionados con el origen y desarrollo del culto jacobeo.

Deben perdonarse ciertos anacronismos terminológicos que aparecen reiteradamente, pues es evidente que Santiago es un término moderno, evolución de San Jacobo, nombre real de nuestro patrón (de hecho es difícil encontrar un término que haya evolucionado en tantas formas distintas: Santiago, Diego o Jaime); que Compostela no aparece documentada hasta bien avanzada la Edad Media; que cuando se alude a España durante la dominación romana se está pegando una patada a la verdad histórica, etcétera. Ello se ha hecho así para mayor facilidad de lectura y comprensión, pues no se ha pretendido demostrar erudición, que creo no es el objetivo a alcanzar.

Por el mismo motivo, además de las simples dificultades de composición, se ha omitido todo tipo de notas al pie, sustituidas por una bibliografía detallada por capítulos y unos anexos en los que se han incluido los textos que se pueden considerar claves para la comprensión de cómo y por qué en un apartado rincón de España aparecieron unas luces y el pueblo creyó que pertenecían a Jacobo Zebedeo, apóstol de Jesús de Nazaret.


I. SANTIAGO EN LA HISTORIA

1. EL SANTIAGO HISTÓRICO

1.1. SANTIAGO COMO PERSONAJE HISTORICO

Los únicos datos de que disponemos acerca de Jacobo, el apóstol de Jesús más conocido entre nosotros como Diego, Jaime, Yago y, sobre todo, Santiago, son los proporcionados por el Nuevo Testamento (ver Anexo l). De las referencias relativamente abundantes que en él se encuentran, es posibles obtener algunas conclusiones acerca de su vida:

- Hijo de Salomé y de Zebedeo, un pescador acomodado del Mar de Galilea (también conocido como Lago Genesaret o Mar de Tiberíades), pertenecientes a la Tribu de Judá, a cuyo patriarca, Jacob, debe su nombre (que significa en hebreo "el que suplanta").

- Hermano del tambien apóstol Juan, junto al cual es captado por Jesús mientras faenaban en compañía de los hermanos Simón y Andrés, formando así el primer grupo de discípulos que siguieron a Cristo.

- Ambos hermanos reciben del propio Jesús el apodo de Boanerges, Hijos del Trueno, por su ímpetu, que les lleva a querer acabar con los samaritanos con fuego celestial y a pedir los puestos de honor en el nuevo Reino de Jesús. No dudan en contestar "Podemos" cuando Él les pregunta si están dispuestos a beber de su mismo cáliz, como posteriormente cumplió nuestro protagonista.

- Junto a Juan y Pedro, son los únicos discípulos que asisten a tres momentos fundamentales de la vida de Jesús, que además les ordena guarden en secreto: la resurrección de la hija de Jairo (victoria sobre la muerte), la Transfiguración del monte Tabor (relación con los representantes de la Ley y los Profetas del Antiguo Testamento) y la oración en el huerto de Getsemaní (la angustia ante la asunción del propio sacrificio).

- Comparte nombre con otro apóstol, Santiago Alfeo (llamado el Menor, en contraposición al Zebedeo, el Mayor), lo que originará importantes confusiones en la historiografía y las tradiciones posteriores.

- Es uno de los primeros mártires de la nueva religión decapitado por Herodes, cuyo reinado (40-44) permite datar su muerte entre el 42 y el 44.

- Se desconocen sus actividades entre la muerte de Jesús y la suya propia, así como cualquier detalle acerca de su cuerpo, lo que servirá como base de posteriores elucubraciones acerca de su posible predicación y enterramiento en España.

Aparte de estos datos bíblicos, nada más se sabe de modo fiable de su vida y muerte, pues ciertas biografías posteriores no reúnen unos mínimos requisitos de credibilidad. De esta forma, contamos con un personaje histórico importante (uno de los principales apóstoles), con fama de impetuoso y decidido, y grandes lagunas en su vida: reúne, pues, una condiciones óptimas para la creación de un relato legendario sobre su vida y para una posible invención (en el sentido medieval de descubrimiento de reliquias de un mártir allá donde anteriormente no había tradición alguna referente a él) de su cuerpo en Galicia, y su posterior conversión en caudillo celestial ("Jacobus miles Christie") de los reconquistadores cristianos.

1.2. DESCUBRIMIENTO DEL SEPULCRO E INICIO DEL CULTO A SANTIAGO

Tras los textos bíblicos no volvemos a encontrar noticias de Santiago (si exceptuamos los que trataban de su posible predicación en España, y que abordaremos posteriormente), hasta que en el siglo IX tal vacío comienza a llenarse con continuas referencias a la presencia de sus restos cerca del Finisterre, en el extremo del mundo conocido, en lo que hoy conocemos como Santiago de Compostela.

El primer texto conocido es el grabado en el tumbo A de la Catedral de Santiago, que reproduce la orden de Alfonso II el Casto (r. 791-842) de construir una iglesia en honor de Santiago, pues "en nuestros días se nos reveló el preciado tesoro del bienaventurado Apóstol, es decir su santísimo cuerpo" (ver anexo 2.A.). Este texto está datado el 4 de septiembre del 829 (según López Ferreira) o del 834 (según otros) y presenta serias dudas acerca de su autenticidad ya que el estilo del párrafo fundamental (el segundo) parece copiado del Cronicón Iriense (s. XII), mientras el primero y el tercero siguen las pautas de los documentos de la Cancillería asturiana del s. IX.

Más fiable es el martirologio de Floro de Lyon, que en las adiciones recogidas en los códices de Epternach y Toul trata de la veneración de los "huesos sagrados" de Santiago en Galicia, al referirse al día VIII de las calendas de Agosto (25 de Julio). Estas adiciones debieron introducirse durante el segundo tercio del siglo IX, pues aparecen transcritas en el martirologio de Adon, compuesto hacia el 860, del que pasó a los de Usuardo y Notker, asegurando así una gran repercusión en todo el Occidente cristiano (ver anexo 2.B.). Poco después, un documento fechado el 20 de Enero de 867 restituye al obispo de Iria Flavia, Ataúlfo, la villa Carcacia, que le había sido usurpada por un tal Froila, haciendo mención de su antecesor, Teodomiro, presunto descubridor de la tumba del Apóstol, aunque sin hacer referencia alguna a éste.

La Crónica de Sampiro, escrita hacia el año 1000, recoge que el año 872 Alfonso III el Magno (r. 966-9 10) mandó construir una iglesia de sillería y cemento, con columnas y basas de mármol, de gran hermosura, en sustitución del pequeño templo de piedra y barro levantado por el Casto en homenaje al Apóstol. Este párrafo falta en la redacción incluida en la "Historia Silense", aunque puede deberse al deseo del redactor de no incidir sobre un tema tratado un poco antes. Esa construcción podría verse confirmada por la inscripción de una cruz de oro, ofrendada por los reyes "en honor del apóstol Santiago" en 874, presumiblemente como parte de la dote a la nueva iglesia (la cruz desapareció en 1906, pero se conservan la descripción y los fotograbados obtenidos por López Ferreiro).

Aunque las crónicas asturianas del siglo IX (la de Alfonso III y la pseudo-Albeldense) no recogen ninguna mención directa al descubrimiento o culto al sepulcro, quizás por ser acontecimientos de una índole distinta a la relatada en esos documentos, en la segunda de ellas se cita en el año 881 al obispo "Sisnandus Iriae Sancto Jacobo pollens'', lo que parece demostrar el orgullo del prelado de Iria Flavia por atribuirse el control sobre el sepulcro apostólico. Ese mismo obispo Sisnando aparece citado en un documento de donación de tierras y una villa que hace Alfonso III en 885, a fin de asegurar el mantenimiento de una comunidad de monjes, presidida por un obispo elegido asambleariamente, asentada sobre el mismo sepulcro del Apóstol. De un documento del 25 de julio de 893 parece deducirse que el obispo de Iria ya residía en la futura Compostela, con la comunidad de monjes que constituiría el origen del monasterio de Antealtares.

El 25 de Julio de 893, los reyes Alfonso y Jimena donan la iglesia de Arcos, junto con sus posesiones, a Santiago, al que se le pide la remisión de los pecados y la victoria sobre los enemigos. Muy similar es la donación de más propiedades del Bierzo (25/XI/895), con el rasgo común de la localización del sepulcro "in locum arcis marmoricis ... provincie Gallecie" y la alusión al mantenimiento de los monjes y, por primera vez, a los peregrinos que acuden a venerar al Apóstol. Similares donaciones van sucediéndose, y aumentando en frecuencia, destacando la que efectúa Alfonso III de más villas en la recién conquistada Coimbra el 30 de diciembre de 898, con ocasión de la festividad del Apóstol, pues aún tardaría en fijarse el 25 de Julio como día de Santiago.

El musulmán Ibn Dinya (+1235) relata la embajada enviada por Abderramán II al rey de los normandos tras la invasión del 844, encabezada por el poeta jiennense Algacel, presumiblemente de acuerdo con el texto de Tamman ibn-Alcam (+896). De acuerdo con este relato, el musulmán y el embajador normando acuden a Santiago y marchan de allí acompañando a los peregrinos que volvían a sus casas. Este testimonio ha de tomarse con muchas reservas, pues podría tratarse de un anacronismo introducido por el autor a la vista de lo que ocurría en su propia época. También problemática es la carta al clero y pueblo de Tours atribuida a Alfonso III (906), en la que éste da noticias acerca de la tumba, en contestación a una carta anterior perdida. Caso de verificarse su autenticidad, sería una muestra del interés que despertaba ya por aquellas fechas el culto al Apóstol allende nuestras fronteras.

Se suceden las donaciones y documentos referidos tanto al sepulcro como a las peregrinaciones, pero no es hasta 1077 cuando encontramos el relato del descubrimiento, reflejo de la tradición que mantenían los clérigos compostelanos. Tal documento es la Concordia de Antealtares, entre el obispo Diego Peláez y el abad de S. Pelayo de Antealtares, S. Fagildo, en la que se marcan los derechos y compensaciones por el replanteamiento de la catedral románica. La tradición afirmaba que junto a la antiquísima iglesia de San Fiz (Félix) de Solovio, al pie de los castros de la Ama vivía el ermitaño Pelayo en tiempos de Alfonso II y Carlomagno. El eremita tuvo la revelación de que allí cerca se encontraban los restos de Santiago, a la vez que varios lugareños veían luces sobrenaturales. Avisado Teodomiro, obispo de Iria, decretó un ayuno de tres días, al término del cual acudió con una multitud de fieles, encontrando un pequeño mausoleo de mármol con un sepulcro, que "por los varios vestigios y muestras que contenía" identificaron como el de Santiago.

Vemos, por tanto, que algo debió ocurrir en aquel alejado extremo de Galicia en las primeras décadas del siglo IX, posiblemente entre 820 y 830. En apenas un siglo, los restos humanos encontrados habían extendido su fama fuera del pequeño y amenazado reino asturiano y habían aumentado considerablemente las donaciones e invocaciones a la protección celestial del Apóstol, que aún estaba lejos de ser el Matamoros que tanto arraigo alcanzaría en siglos posteriores. Hasta tal punto creció el prestigio de la tumba apostólica que llegó a convertirse en uno de los tres grandes puntos de peregrinación cristiana, junto a Roma y Jerusalén (de hecho, los únicos peregrinos strictu sensu, eran los compostelanos, frente a "romeros" y "palmeros"). Además, cuando se quiso reivindicar y prestigiar la figura de Carlomagno, nuestros vecinos franceses se inventaron su participación en el descubrimiento de la tumba y posterior "construcción" del Camino, provocando un error en la datación de la invención, que debió referirse a antes del 814, fecha de la muerte del emperador, cuando parece seguro que debió ser algunos años posterior.

En cualquier caso, durante el siglo X comienza a desarrollarse una intensa peregrinación, de la que paulatinamente se encuentran más datos, que contribuiría a aumentar el poder de los obispos compostelanos, hasta el punto de provocar la excomunión papal del obispo Cresconio (1049) por los continuos choques con Roma. En 1095, el obispo Dalmacio consigue el traslado oficial de la sede iriense a Compostela, que ya había tenido lugar de hecho hacia el 860 por la amenaza vikinga. En 1120, el obispo Diego Gelmírez lleva la sede a su máximo esplendor, al conseguir la creación del arzobispado, casi coincidente con la terminación de la magnífica catedral románica (h. 1126), tras cincuenta años de trabajos. También por esas fechas (1124), el Papa Calixto II concede el jubileo, confirmado a perpetuidad por Alejandro III en 1179, que llega hasta nuestros días. Tantos privilegios concedidos al poderoso Gelmírez se explican por el parentesco de Calixto con la realeza asturiana, pues era hermano de Raimundo de Borgoña, conde de Galicia y tío del rey Alfonso VII.

1.3. RESTOS ARQUEOLOGICOS

De acuerdo con la tradición, sobre el primitivo edículo que contenía los restos del Apóstol se erigió la pequeña iglesia de Alfonso II, sustituida a finales del siglo IX por la de Alfonso III, consagrada h.899. Este templo fue arrasado por Almanzor, que "visitó" la ciudad entre el 11 y el 18 de agosto de 997, llevándose a hombros de prisioneros cristianos las campanas, con las que fabricó lámparas para la Mezquita de Córdoba (según los relatos relativamente contemporáneos de Al-Makkari, Rodrigo de Toledo y Lucas de Tuy). De acuerdo con algunas tradiciones, el caudillo musulmán sólo respetó el sepulcro propiamente dicho, en el que oraba un anciano monje, destruyendo el resto de la ciudad, incluido el templo (según el relato de Ibn-Idari, probablemente reflejo del informe oficial de la aceifa). Según otra tradición, ese anciano monje, posiblemente el obispo san Pedro Mezonzo, habría salvado los restos del sepulcro por un procedimiento menos devoto que el respeto religioso del Anticristo cordobés: huyendo con las reliquias a un escondido valle, probablemente Sobrado de los Monjes, donde se le supone autor de la Salve. En cualquier caso, la expedición regresa apresuradamente a Córdoba, sin aprovechar debidamente su éxito inicial, en lo que Lucas de Tuy define como "retirada desastrosa", dando pie a nuevas consejas acerca del castigo divino. Se contaba que Almanzor y sus hombres habían entrado a caballo en la basílica y dado a beber a sus animales en la fuente bautismal, lo que produjo una diarrea que sólo se curó cuando el andalusí prometió renegar de Mahoma y no volver a atacar a Santiago (según el fabuloso "Codex Calixtinus", del que posteriomente trataremos). Más probablemente, la retirada debió producirse por las disensiones entre los musulmanes y los cristianos que les habían acompañado en la razzia, quizás molestos por el ataque al santuario (el Silense cita a los alaveses Velas, al gallego Galindo y al lusitano Froila como integrantes de la expedición).

El rey Vermudo II el Gotoso (r. 982-999) comienza de inmediato la edificación de un nuevo templo, que permanecerá hasta 1113 en que es derribado por ruina cuando formaba parte del interior de la catedral románica. Ésta fue replanteada por el obispo Diego Peláez en 1075 y terminada entre 1124 y 1128 por Diego Gelmírez, aunque el famoso pórtico de la Gloria del maestro Mateo no se terminó hasta 1188 y el templo no fue consagrado hasta 1211 por el arzobispo D. Pedro Muñiz.

Todas estas construcciones debieron respetar el sepulcro, del que nada más se supo hasta el siglo XVI en que se conjetura que el arzobispo D. Juan Sanclemente habría escondido los restos detrás del Altar Mayor, ante la amenaza del corsario inglés Drake. En 1666, el arquitecto D. José Verdugo llevó a cabo una exploración en la Capilla Mayor, en el curso de unos trabajos de decoración, sin conseguir encontrar resto humano alguno. En el siglo XVIII, el arzobispo Monray introdujo en el Altar un sarcófago vacío, desconociéndose sus motivos.

Así las cosas, en 1878 el cardenal D. Miguel Payá Rico ordenó el inicio de las excavaciones arqueológicas dirigidas por D. Antonio López Ferreiro y D. José María Labín, que terminaron sus trabajos el 1 de febrero de 1879. Habían encontrado bajo el Altar Mayor una cripta rectangular dividida en dos compartimentos: una cella para los restos de un personaje principal (¿el Apóstol?) y otra para los criados o discípulos (¿Atanasio y Teodoro?). Todo ello rodeado por un corredor, con muros de sillares de granito y mosaico en la cella. En ésta se encontraron restos de un mármol finísimo, quizás proveniente de un sarcófago. Todo ello revela que se trata de un edificio sepulcral romano, de la época imperial, plenamente coincidente con restos similares encontrados en Nimes, Roma, Mahón, Tarragona, etc. Además, aparecieron ungüentarios, lacrimatorios, un collar, una redoma, una campanilla, algunos granos de trigo y objetos de pasta de vidrio azulado semejantes a los encontrados en las Catacumbas Vaticanas, todos ellos de época romana, además de monedas de varias naciones, desde Carlomagno hasta Felipe II. En resumen, podría afirmarse que se trataba de un mausoleo romano de algún importante personaje cristiano del siglo I.

Sin embargo, la inicial alegría del hallazgo se vio bastante menguada al no haber encontrado restos humanos. Se recordó entonces la tradición oral del ocultamiento de los restos en el ábside, detrás del Altar Mayor, ante la amenaza de Drake. Se comprobó que en el lugar que marcaba dicha tradición se había construido poco antes de 1823 un altar, al que acudía diariamente el clero a cantar la antífona "Corpora Sanctorum in pace sepulta sunt". Además, en dicho lugar había una estrella de mosaico en el pavimento, sobre la cual estaban pintados en la bóveda los atributos del Apóstol, incluidos el arca y la estrella. Rompiendo el pavimento justo en dicha estrella se encontró una urna conteniendo huesos pertenecientes a tres individuos varones, muy probablemente de los primeros siglos del Cristianismo, uno de ellos con síntomas de muerte por degollamiento. Se comprobó que una muela, atribuida a Santiago y conservada en el relicario de la Catedral, encajaba perfectamente en una de las mandíbulas encontradas, y que la apófisis mastoidea regalada por Diego Gelmírez a la catedral de Pistoya (como reliquia del Apóstol) faltaba en uno de los cráneos. La urna había sido construida apresuradamente con materiales procedentes del edículo encontrado bajo el Altar Mayor, incluido un trozo de mármol idéntico al del presunto sarcófago (ver anexo 3.A.). Basándose en los datos obtenidos, el Papa León XIII decretó el 25 de Julio de 1884 la autenticidad de las reliquias como pertenecientes al Apóstol y sus discípulos Atanasio y Teodoro, ratificándolo en la Bula "Deus Omnipotens" (1/XI/1884) (ver anexo 3.B.).

Posteriormente, entre 1946 y 1959, Chamoso Lamas, Pons Sorolla y monseñor Guerra Campos dirigieron unas nuevas excavaciones bajo el suelo de la catedral, apareciendo los restos de una civitas de época imperial, con una necrópolis paleocristiana (localizada en torno al enterramiento principal antes descrito) y otra sueva. Y todo ello sobre lo que parecen restos megalíticos y junto a un ara romana dedicada a Júpiter, romanización del dios celta Taranis, al que podría estar consagrado algún santuario o necrópolis. También aparecieron las tumbas de un tal Vidramirus y del obispo Teodomiro, a quien se le atribuye el descubrimiento del sepulcro del Apóstol, que habría querido reposar junto a Santiago (ver anexo 3.C.). Se pudo comprobar que Almanzor no había respetado nada del templo, pues un nivel de cenizas demostraba un incendio hacia esa época.

1.4. CONCLUSIONES

Tenemos una serie de datos bíblicos acerca de un importante discípulo de Jesús, del que se desconoce cuanto hace desde la muerte del Maestro hasta el momento de su propio martirio por decapitación: ¿Qué hizo en esa etapa de su vida?, ¿qué ocurrió con su cuerpo?.

Tenemos una serie de referencias a partir del siglo IX que demuestran un creciente culto a un sepulcro con unos huesos, encontrados de forma más o menos maravillosa y que el pueblo creía pertenecientes a Santiago: ¿Qué ocurrió realmente?, ¿por qué Santiago y no cualquier otro santo o mártir?.

Tenemos unos restos arqueológicos que parecen demostrar las tradiciones medievales y el enterramiento del presunto descubridor junto a su hallazgo: ¿De quién son esos venerados huesos?.

Todos estos interrogantes son casi imposibles de descifrar ante la falta de documentación fiable, pero vamos a intentar bucear entre las múltiples leyendas, mitos y teorías que se han ido sucediendo a lo largo de los siglos, aunque será imposible sacar unas conclusiones determinantes: todo quedará a expensas de la fe, las creencias o las opiniones de cada cual.


2. LA LEYENDA JACOBEA

Vamos a intentar determinar la leyenda que los peregrinos medievales daban por cierta y permitía llenar el vacío de casi ocho siglos existente entre el martirio de Santiago (en realidad, desde la muerte de Jesús) y la reaparición de su cuerpo a miles de kilómetros, en la actual Compostela. Tal mito podemos descomponerlo en tres fases: la venida a España para predicar, la vuelta a Jerusalén y martirio, y la traslación del cadáver a Galicia. A continuación veremos las fuentes en que se basaban estas tradiciones.

2.1. VIAJE Y PREDICACION DE JACOBO EN HISPANIA

Tras la Ascensión de Jesús, los Apóstoles se habrían repartido por los rincones del mundo conocido para expandir la nueva religión, recibiendo Jacobo el encargo de evangelizar Hispania. Tras desembarcar en la costa mediterránea de Andalucía, cruza toda la Península siguiendo la Ruta de la Plata, hasta llegar a la Gallaecia, donde predica de forma intensa pero infructuosa. Recibe en Munxía la milagrosa visita de la Virgen María, que llega sobre una barca guiada por ángeles (la embarcación se conserva actualmente, convertida en piedra, a los pies de la iglesia del pueblo, habiéndose empleado tradicionalmente en ritos de fecundidad). Así reconfortado, continúa predicando durante unos siete años, con idéntico fracaso, hasta que decide marcharse hacia el interior, con la única compañía de un perro, con el que llega a Cesar Augusta. Aquí se le vuelve a aparecer la Virgen en carne mortal, pues aún vivía en Jerusalén, y le pide continúe con fe su predicación y levante un templo en su honor. Al fin consigue captar un pequeño grupo de adeptos, cuyo número varía entre siete y doce, según las fuentes, y levanta con su ayuda un pequeño templo, en cuyo interior se guarda el "pilar", la piedra sobre la que habría estado la Virgen en su aparición. Tras predicar en varias localidades más, en algunas de ellas fundando iglesias marianas, decide volver a Jerusalén

2.2. ESTANCIA EN JERUSALEN Y MARTIRIO

Al llegar a Jerusalén, Santiago encuentra a la población dominada por dos célebres magos: Hermógenes y su discípulo Fileto. El Apóstol comienza su predicación, por lo que Hermógenes envía a Fileto para que demuestre la falsedad del cristiano, pero los prodigios de éste acaban por convertir al mago, quien decide abandonar a su maestro para seguir a Jacobo, mago mucho más poderoso que aquél. Hermógenes reacciona inmovilizando con hechizos a su antiguo discípulo, pero el Apóstol le envía un manto por medio de su criado y Fileto queda libre tras recitar la fórmula "Dios levanta a los que han caído, Él libera a los que están cautivos". Hermógenes se encoleriza y convoca a unos demonios para que apresen a Santiago y Fileto, pero aquéllos se amotinan y capturan al propio mago, entregándoselo a Jacobo. Ante tanto portento, el mago también se convierte y el Zebedeo tira sus libros de magia al mar.

La lucha de magos irrita a los judíos y el sumo sacerdote, Abiathar, excita a la multitud contra el Apóstol, consiguiendo que Herodes Agripa le condene a muerte. Camino del suplicio, sana a un paralítico, con lo que convierte a Josías, el fariseo que le llevaba atado, al que bautiza, siendo ambos decapitados al instante.

2.3. TRASLACION DEL CUERPO A HISPANIA

Los judíos tiran los cuerpos al campo, para que sean pasto de los animales, pero son rescatados durante la noche por siete discípulos: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Cecilio e Isicio. Huyen hacia el mar y encuentran una embarcación vacía, pero lista para navegar, en la que viajan rumbo Oeste, guiados por ángeles, durante siete días o una sola noche, según las fuentes, hasta arribar a la ría de Noela, en Gallaecia.

Encontrándose la barca cerca de la costa, un jinete que estaba celebrando una boda cae al mar, y reaparece milagrosamente con el cuerpo cubierto de conchas de vieira, recibiendo la bendición de los discípulos jacobeos. En recuerdo de este milagro, los peregrinos portan en sus vestidos una concha tras haber rendido viaje.

La barca se detiene en Iria Flavia y allí la atan a una gran piedra (el "pedrón" de ahí el nombre actual de la localidad: Padrón), antiguo altar pagano al Sol o "ara solis". Desembarcan el cuerpo y lo depositan sobre una roca, que se funde, formando una especie de sarcófago, en el que deciden dejarlo hasta que encuentren un enterramiento definitivo. Según otra versión, el cuerpo se habría levantado en el aire, en dirección al Sol, bajando posteriormente en las cercanías de lo que sería su sepultura final.

En cualquiera de los casos, los discípulos se dirigen a la reina o señora de aquellas tierras, la pagana Lupa, a quien cuentan todo lo ocurrido y le piden un lugar para enterrar a su maestro. Ella les envía a Régulo, sumo sacerdote o rey (¿prefecto romano?) de Duyo (¿Dugium?), a la vez que intenta apoderarse del cadáver, que hace ahora su vuelo hasta el Pico Sacro. Mientras tanto, Régulo encarcela a los discípulos, pero éstos pueden escapar a través de una puerta dibujada en la pared por unas pequeñas luces. El rey inicia la persecución, en la que perece junto con sus hombres al hundirse un puente sobre el Tambre tras haberlo cruzado los discípulos (según otra versión, al hundirse la bóveda de una antigua fuente en la que se habían refugiado los huidos).

Los animosos cristianos vuelven a presentarse a Lupa, quien les envía al monte Ilianus o Ilicino a recoger los bueyes que precisaran para el traslado. Les sale al encuentro un dragón, que muere cuando le hacen la señal de la cruz. Cuando por fin llegan, no les están esperando los pacíficos bueyes, sino toros salvajes, inmediatamente domesticados gracias nuevamente al símbolo cristiano. Uncen una pareja a un carro y les dejan avanzar sin guía hasta detenerse en el patio del palacio real, con lo que Lupa termina por convertirse y ofrece su palacio como mausoleo.

Según otra versión, los discípulos responden que ha de ser la voluntad divina la que decida el lugar, por lo que cargan el cuerpo en el carro y dejan que los toros lo guíen a su capricho, deteniéndose en un campo precisamente propiedad de la reina, que lo cede para enterrar en él tan ajetreado cadáver. Quedan cuidando la sepultura los discípulos Atanasio y Teodoro, que merecieron el honor de reposar junto al Apóstol, mientras los restantes viajeros se marchaban para predicar el Evangelio. Según otra versión, habrían permanecido tres discípulos: Torcuato, Tesifonte y Atanasio.

2.4. FUENTES DE LA LEYENDA

La "Pequeña Pasión" o "passio modica", obra que se centra en los emperadores romanos y los reyes judíos, aporta el dato de la conversión del escriba que conducía a Santiago a la muerte.

La "Gran Pasión" o "magna passio" relata extensamente los mágicos combates en Jerusalén entre Santiago y Hermógenes, y el martirio a instancias de Abiathar, incluida la conversión de Josías. Esta obra habría sido escrita en hebreo por Abdías, primer obispo de Babilonia, de donde fue traducido al griego por Eutropio, y de éste al latín por Julio el Africano, que la incluye en su "Historia de las luchas de los apóstoles" en la segunda mitad del s.VI. Es un texto completamente desautorizado tras la Contrarreforma, pero fundamental para comprender la iconografía medieval. El relato de la conversión de Josías parece estar tomado de Eusebio de Cesarea, que lo cuenta tomándolo de Clemente de Alejandría.

La "Epistola Leonis espiscopi" o "carta del obispo León" es la base de la parte del relato referente a la traslación del cuerpo del Apóstol. Aunque se ha atribuido al Papa León III, el propio texto alude a la contemporaneidad del autor con los hechos. La versión más antigua aparece en un manuscrito de Saint-Martial de Limoges (h.900). En ella aparece el martirio, el viaje en seis días, el vuelo del cádaver hacia el Sol, el episodio del dragón, los siete discípulos y que tres de ellos reposan junto a Jacobo: Torcuato, Tesifonte y Anastasio. Se observa así que se mezcla una leyenda local (referida al monte Ilicino, ahora Sacro) con el relato de los Varones Apostólicos. Esta última tradición afirmaba que Hispania había sido evangelizada por unos enviados de los Apóstoles, cuyas aventuras (conservadas en un martirologio de Lyon, h. 810) nos resultarán conocidas: persecución, puente que se hunde, una tal Luparia y los nombres (Torcuato, Tesifonte, Segundo, Indalecio, Cecilio, Esicio y Eufrasio). Muy parecido es el códice de El Escorial (s. XII) y más creativa la versión del "Códice Calixtino", que incluye datos de la "Passio", menciona la destrucción de un ídolo por parte de los discípulos, que construyen el sepulcro con sus materiales, y la permanencia sólo de Teodoro y Atanasio junto al sepulcro.

La "Translatio" o "Translación" es un relato extenso, que mezcla la "Epistola Leonis" con la leyenda de los Varones Apostólicos. Se conservan de ella tres manuscritos, minuciosamente comparados por Vázquez de Parga ("Las peregrinaciones a Santiago", t.I, pgs.193-ss): el de los monasterios de San Pedro de Gemblours y Fleury, y el del "Códice Calixtino". En este texto se basa la casi totalidad de la leyenda antes narrada.

El "Libro de los Milagros" narra los prodigios llevados a cabo por el Apóstol en favor de sus peregrinos. Se redactó fundamentalmente entre 1100 y 1110.

La "Historia Compostelana", escrita entre 1110 y 1139 por cuatro clérigos compostelanos, narra la translación (siguiendo la tercera versión de la "Leonis") y el hallazgo milagroso del sepulcro, en los mismos términos de la "Concordia de Antealtares".

El "Liber Sancti Jacobi" o "Códice Calixtino" se presume compilado por un tal Aymerico Picaud, que lo debió terminar h.1139. Recibe su nombre del prefacio, falsamente atribuido al Papa Calixto II y se compone de cinco libros:
1. Antología de piezas litúrgicas y cánticos en honor de Santiago.
2. "Libro de los Milagros", antes citado.
3. "Libro de las Translación", antes citado.
4. Historia de Carlomagno y Rolando o pseudo-Turpín, en el que se atribuía el descubrimiento del sepulcro al emperador.
5. Guía del peregrino, similar a los actuales libros de viajes. Añade comentarios acerca de los territorios y gentes del Camino, en algunos casos muy maliciosos (sobre todo con los navarros). Parece redactado por el propio Picaud.

La "Gran Historia Jacobea" fue recopilada por el teólogo Jean Beleth en el s.XII, reuniendo cuantas tradiciones y textos encontró. Actualmente está perdido.

La "Leyenda Aurea" fue redactada por Jacobo de Vorágine (h. 1230-1293), basándose sobre todo en el texto de Beleth, y recoge la leyenda de Santiago en su forma prácticamente definitiva junto a la de varios santos más. Se pueden resumir sus puntos principales en los siguientes:
1. Predicación en Judea y Samaria.
2. Viene a España y sólo capta nueve discípulos (uno según Beleth).
3. Dos quedan aquí y regresa con los otros siete a Jerusalén.
4. Luchas con los magos, siguiendo al pseudo-Abdías.
5. Condena de Herodes Agripa.
6. Curación del paralítico.
7. Conversión del escriba.
8. Decapitación de Jacobo y Josías.
9. Navegación milagrosa hasta las tierras de la reina Lupa.
10. Colocación del cuerpo sobre una piedra, que se funde formando un sarcófago.
11. Los discípulos hablan con Lupa, que les envía al "rey de España", que les encarcela.
12. Liberación milagrosa.
13. El puente se hunde y se convierte el rey.
14. Lupa envía a los discípulos al monte a buscar los bueyes.
15. Episodio del dragón y amansamiento de los toros.
16. Conversión de Lupa, quien transforma su palacio en iglesia.


3. LA PREDICACIÓN DE SANTIAGO EN ESPAÑA

Como hemos visto en los anteriores capítulos, el origen del culto al apóstol Santiago es el descubrimiento o invención del sepulcro de Jacobo Zebedeo en Galicia, hasta donde habría sido traído su cadáver por sus discípulos para que reposara allá donde había predicado. Pero, ¿llegó a predicar Santiago en Hispania?. Vamos a presentar a continuación los argumentos en pro y en contra de esta cuestión que, como todas las referidas al culto jacobeo, se presenta bastante oscura, pues la clandestinidad inicial de la nueva religión, la destrucción de archivos provocada por las persecuciones (sobre todo la de Diocleciano) y las continuas invasiones (bárbaros, normandos y árabes, sólo en España) hacen que carezcamos de documentación abundante y, sobre todo, fiable.

3.1. LA CRONOLOGIA

El primer motivo para negar la posibilidad de la predicación se basa en una antigua tradición cristiana, según la cual Jesucristo habría ordenado a los Apóstoles no salir de Jerusalén hasta doce años después de su muerte. Se refieren a tal encargo el antimontanista Apolonio en una obra escrita h.197, en la que cuenta los recuerdos del mártir Traseo, conservada fragmentariamente por Eusebio de Cesárea, y el más fiable Clemente de Alejandría, que lo habría tomado de un libro apócrifo del s.II (la "Predicación de Pedro").

Santiago fue martirizado por Herodes Agripa, reinante en Judea entre principios del 41 y mediados del 44, poco después del martirio del Zebedeo. Por tanto, se puede datar su muerte en los primeros meses del 44. Por otro lado, la fecha de la Pasión de Jesús podría establecerse entre el 29 y el 30, por lo que si Jacobo hubiese cumplido tal orden de su Maestro, apenas habría tenido tiempo para su largo periplo evangelizador, de un extremo a otro del Mediterráneo, apenas un máximo de tres años , plazo no excesivamente largo, pero posible.

En cualquier caso, la veracidad de las fuentes no permite sustentar fiablemente teoría alguna, pues incluso chocan con los "Hechos de los Apóstoles", que relatan predicaciones en Samaria, ya entre el 34 y el 36, y Palestina. Quizá sí que existiera un mandato de Jesús de no predicar entre gentiles hasta que se hubiera extendido Su Palabra entre los judíos, como podría demostrarlo el escándalo causado por la conversión del centurión Cornelio (Hechos 8,1), h. 38. Quizás este hecho fuera el pistoletazo de salida para la predicación entre los no judíos, con lo que Jacobo habría tenido hasta cinco, o incluso seis, años para su labor en Hispania.

3.2. TEXTOS ANTIGUOS CONTRARIOS

En diversos momentos de la Historia se han empleado como argumentos contrarios a la predicación dos textos de los primeros tiempos de la Iglesia: la epístola de San Pablo a los romanos y una carta del Papa Inocencio I.

En su carta a los romanos, escrita h. 58, San Pablo se precia de predicar sólo entre pueblos en los que "Cristo no era conocido", afirmando posteriormente que se dirige a España, de donde se deduciría que aquí no había existido evangelización anterior alguna. Sin embargo, este argumento no se puede tomar en sentido exclusivista, pues en el original griego aparece la palabra "filotimounai", que se puede traducir como "tuve a gloria, deseé, procuré, me fue grato". Además el propio Pablo predicó en Damasco, Jerusalén, Antioquía y Roma, lugares en los que otros apóstoles ya habían creado comunidades cristianas antes de su llegada. Por tanto, convertir esta carta en argumento contrario a la predicación de Santiago en España es sumamente arriesgado, pues la intención de Pablo no parece ser la de proclamar nuestra tierra como no evangelizada (ver anexo 4.A.).

En una carta que Inocencio I dirige a Decencio, obispo de Gubio, en 416, se afirma expresamente que en España no hubo más "fundación de Iglesias" que la de obispos enviados por Pedro. Sin embargo, tampoco este texto excluye la posibilidad de la predicación jacobea, por ser históricamente erróneo, al olvidarse también de la evangelización de San Pablo en Hispania, además de no mencionar posibles evangelizaciones, sino fundaciones. Tampoco son nada favorables los evangelios apócrifos, pues tanto las "Actas de Santiago" empleadas por Clemente de Alejandría, y las del pseudo-Abdías, como los primeros "Catálogos de los Apóstoles" greco-bizantinos y coptos (s.V y VI) coinciden en afirmar que Santiago predicó en Palestina, y ninguno de ellos cita a España para nada.

3.3 TEXTOS ANTIGUOS FAVORABLES

El maestro de Alejandría Dídimo el Ciego (nacido en 310) cuenta que a un Apóstol que había oído de Cristo las palabras "Daréis testimonio de mí en todas la partes del mundo", le tocó en suerte evangelizar España, donde permaneció durante dos años. Estos datos parecen excluir la posibilidad de que este personaje fuera San Pablo (ni oyó esas palabras, ni intervino en el reparto de zonas de evangelización, ni pudo pasar dos años en España), único Apóstol que se sabe fiablemente que predicó en España, abriendo la puerta a la presunción de un viaje anterior de uno de los Doce.

San Jerónimo (342-420), discípulo de Dídimo, escribe h. 400 sus "Comentarios a Isaías", de los que se deduce (ver anexo 4.B) que un Apóstol de los reunidos el día de Pentecostés recibió del Espíritu Santo el encargo de evangelizar España, donde debían reposar sus restos. Aunque no se pueda emplear este texto como testigo de la misión de Santiago en España (como han hecho algunos, al ponerlo en relación con otro fragmento en que se reducen los evangelizadores a los cuatro primeros apóstoles, los pescadores de Genesaret, ver anexo 4.C), es indudable que coincide con el anterior en la creencia en la evangelización de España por uno de los Doce. Teodoreto de Ciro, contemporáneo de San Jerónimo, se refiere, en su octavo sermón a los mártires, a la misión llevada a cabo en España por un Apóstol no identificable con Pablo.

Vemos, pues, que entre los primeros cristianos parecía existir la creencia de que los Doce Apóstoles habían recibido en suertes (teoría de las "sortes apostólicas") las regiones que habían de evangelizar, y que a uno de ellos le correspondió España, donde reposaría tras su muerte.

3.4. EL SILENCIO DE LOS AUTORES ESPAÑOLES

Uno de los principales argumentos que se pueden esgrimir en contra de la posible predicación de Santiago en España es el largo silencio de los autores cristianos españoles acerca de lo que había de ser una tradición muy importante para la nueva fe, especialmente en los momentos críticos, continuamente repetidos durante los primeros siglos de la era (persecuciones, invasiones bárbaras, herejías, ocupación musulmana). Y no puede achacarse tal falta de referencias a la carencia de escritores y eruditos, pues, como veremos a continuación, sí los hubo, y muy importantes, tratando además temas religiosos tradicionales.

La primera figura de la lírica cristiana primitiva en Hispania, Aurelio Clemente Prudencio (348-405), recoge en su "Libro de las Coronas" numerosas noticias martirológicas y, hagiográficas, pero nada dice de Santiago, ni aun al cantar a los mártires de Zaragoza, ciudad jacobea según tradición posterior. Se puede argumentar que no tenía por qué, ya que lo que pretendía era mostrar los méritos conseguidos por la ciudad, gracias a sus mártires, de cara al Juicio Final.

Orosio, presbítero de Braga, compone en 417 una "Historia Universal" en la que no aparece Santiago. Realmente, tampoco tenía la obligación, ya que intentaba demostrar cómo los males eran mayores antes de la venida de Cristo que después, por lo que no tenía razón para tratar el tema jacobeo.

El orensano Idacio (394-460), obispo de Chaves (Portugal), escribe una continuación a la Crónica de San Jerónimo, enumerando especialmente los sucesos de España y la devastación causada por los invasores bárbaros, en especial en iglesias, pero sin decir nada de Santiago ni de su sepulcro. También es cierto que no hace mención más que al Santuario de Santa Eulalia, en Mérida, y ello para explicar el castigo recibido por su profanador Ermengario.

San Martín de Dumio escribe a finales del s.VI varias obras, entre las que destaca "De la correción de los rústicos", en la que pretende acabar con las supersticiones populares, sin hacer mención al posible efecto corrector que podría tener el culto al Apóstol ni acordarse para nada de éste. Realmente, como trata los hechos contemporáneos, tampoco está obligado a ello para los temas que aborda.

El s.VII es pródigo en brillantes autores eclesiásticos, pero ni San Leandro ni San Braulio, ni Juan de Valclara, ni Tajón, ni San Julián de Toledo, ni San Ildefonso, ni San Isidoro de Sevilla tratan en absoluto del apostolado hispano del Zebedeo, ni mucho menos de su sepulcro gallego. Por contra, sus escritos se centran en temas ascéticos y morales. En el siguiente apartado trataremos la hipotética intervención de San Isidoro y San Julián en el surgimiento de la tradición jacobea.

La Liturgia Mozárabe fija la fiesta del Apóstol el 30 de Diciembre, localizándolo en Jerusalén, y sin mencionar en ningún momento su venida a Espada ni su enterramiento junto a Finisterre.

Junto al silencio de los autores hispanos podemos citar el de sus contemporáneos galos que tratan temas peninsulares. Así, San Gregorio de Tours (538-594) redacta su "Gloria de los mártires" en el que escribe acerca de numerosos santuarios españoles y se detiene en Santiago el Menor, Pedro, Pablo, Juan, Andrés, Tomás y Bartolomé, pero no dedica ni una palabra a nuestro Hijo del Trueno. Es un texto muy dependiente de los de Prudencio. Venancio Fortunato (530-609), obispo de Poitiers, enumera los lugares santos de los Doce, colocando a ambos Santiagos en Palestina. Es más, en una carta dirigida a Martín de Braga, trata de Santiago y de Galicia, pero sin unirlos en ningún momento, y adjudica la evangelización del Noroeste peninsular a San Martín Dumiense.

Vemos, pues, que nadie dice nada acerca de la misión evangelizadora de Jacobo, muy probablemente porque la naturaleza y el tema de los textos que escriben no da pie a ello. Pero, del mismo modo que desde que surge la tradición hay una bibliografía continua, ¿iban a dejar pasar tantos y tan importantes autores la ocasión de referirse a tal hecho, si de verdad hubiera existido la noción de su veracidad?.

3.5. EL NACIMIENTO DE LA TRADICION

A mediados del S. VI se introducen en Occidente las Actas atribuidas al pseudo-Abdías y h. 650 se traducen al latín los "Catálogos Apostólicos" bizantinos con el nombre de "Breviarium Apostolorum". Y es aquí donde por primera vez se cita la predicación de Santiago en España y su sepultura en Acaya Marmarica (ver anexo 4.D.). La noticia tiene un éxito inmediato fuera de nuestras fronteras, y ya hacia el año 700 el inglés San Aldhelmo (+709) escribe en un altar dedicado a Santiago en el que afirma: "Primitus hispanas convertit dogmate gentes" ("Fue el primero que convirtió las gentes hispanas a la fe").

Sin embargo, los españoles no se dejan influir por tan halagadoras noticias y encontramos que San Julián de Toledo aprovecha datos de los textos antes citados al redactar "La sexta edad", pero presenta a nuestro patrón predicando exclusivamente en Jerusalén, en lo que venía a ser un claro rechazo de la nueva teoría. Aparece por esas fechas el tratado de "De ortu et obitu S.S. Patrum", falsamente atribuido a San Isidoro y que acepta literalmente la afirmación del Breviarium. Esta obra está plagada de errores, como el de confundir a Herodes Agripa con Herodes Antipas o la atribución a Santiago el Mayor de la Epístola Canónica del Menor. Otra obra discutida es el "Comentario a la Profecía del Nahum", atribuido al mismo San Julián de forma dudosa, pues aquí se recoge también la predicación en España, en términos similares a los del Breviarium. También un sermón que se dice escrito por San Braulio presenta a San Isidoro como seguidor de Santiago.

Llega en ese momento la invasión musulmana, con lo que supone de destrucción de escuelas y manuscritos, pérdida de tradiciones y de pensadores. Pero la breve frase del Breviarium sobrevive y reaparece en el primer escrito importante de la Reconquista: el "Comentario sobre el Apocalipsis" de Beato de Liébana, redactado h. 776. Al tratar los lugares de predicación de cada apóstol recoge íntegramente la información (anexo 4.E), esta vez sí bienvenida entre los españoles, muy necesitados de cualquier ayuda frente al invasor, con lo que apenas unos años después el propio Beato escribe un himno en honor a Santiago, dedicado al rey Mauregato, en el que ya se nombra al Apóstol patrón de España y se le pide ayuda frente a los enemigos (anexo 4.F). Apenas veinte años después, un tal Pelayo ve unas luces y un tal Teodomiro encuentra una tumba....

En los capítulos dedicados a las teorías acerca del nacimiento del culto jacobeo volveremos más en profundidad sobre estos temas.

3.6. CONCLUSION

La escasez de documentación y las dudas que transmiten los pocos textos conocidos no permiten establecer categóricamente la certeza o falsedad de la predicación de Jacobo Zebedeo en España. Algunas referencias dudosas de los siglos III y IV se convierten el s. VII en breves frases afirmativas aprovechadas ya desde Beato de Liébana para crear la tradición de mayor importancia de nuestra Edad Media, la misma que llega hasta nuestros días.

En cualquier caso, racionalmente es bastante improbable que uno de los principales discípulos de Jesús abandonara Jerusalén en fechas tan tempranas y críticas para hacer un viaje tan largo y aventurado. Algo similar podría decirse de la Translación narrada en el capítulo anterior, pues se habría producido en los inicios de la persecución de Herodes, momento crítico en el que incluso Pedro es apresado, y por tanto, con gran peligro para andar por ahí con un cadáver mutilado. Si ese traslado hubiera tenido lugar posteriormente, durante los siglos II a IV, habría dejado algún rastro documental, como los que tienen hechos mucho más dudosos sólo conocidos de oídas, como los que cuentan Clemente, Dídimo, Jerónimo,...

Podemos decir, pues, que la predicación y enterramiento de Santiago en España es tan indemostrable como su negación, y sumamente más improbable que ésta. Pero entonces ¿de quién son los cuerpos encontrados en la Catedral?, ¿por qué Santiago y no Bartolomé o Andrés, de los que se sabe tan poco como de nuestro héroe?. A continuación vamos a tratar las principales teorías que se han desarrollado acerca del inicio del culto jacobeo en España, independientemente de su mayor o menos verosimilitud historiográfica.


II. TEORÍAS DEL ORIGEN DEL CULTO JACOBEO

1. LA TEORÍA DEL APOCALIPSIS

La teoría con mayor fundamento histórico, aunque con una buena carga de conjeturas y bastante discutible en ciertas aseveraciones, es la difundida por Claudio Sánchez Albornoz en torno a la difusión del Apocalipsis como libro imprescindible para comprender la Edad Media española. En efecto, el último libro de la Biblia, escrito por San Juan en términos oscuros y simbólicos, proclamaba la segunda venida de Cristo al mundo para proclamar el triunfo del pueblo cristiano y el castigo de aquellos que le persiguen y hacen sufrir. Es un texto de resistencia y esperanza en la victoria final, redactado para infundir valor a los que sufrían las persecuciones romanas y judías de los primeros tiempos, pero que se podía extrapolar perfectamente a la España de los siglos VIII y IX, en la que existía la impresión de estar purgando los pecados cometidos por los herejes durante la dominación visigoda. Esta sensación de culpabilidad de los hispano-godos, que se refleja en la historiografía oficial ovetense del s. IX, habría provocado el castigo de Dios en forma de vendaval musulmán, al que sólo podría poner fin la misericordia divina.

En ese ambiente propicio a milagros y ayudas celestiales, Beato de Liébana recupera la vieja noticia de la predicación del Apóstol Santiago en la Hispania romana, tomándola de aquel "Breviarium Apostolorum" que tan escaso éxito había tenido entre los hispano-godos del S. VII (ver anexo 4.D). Su "Comentarios sobre el Apocalipsis de San Juan", redactado h. 776, se convierte en uno de los libros fundamentales de la Alta Edad Media, incluso fuera de España. Lo redacta recopilando textos de los Padres y Doctores de la Iglesia, además de otras fuentes de muy diversa procedencia y fiabilidad. Sin embargo, el gran prestigio personal del monje hace que su obra tenga una rápida difusión.

En efecto, Beato es un hombre excepcional para su época, pues es capaz de mantener un cierto tono cultural entre las agrestes montañas cantábricas, en medio de gentes dispuestas tradicionalmente para la guerra y más en las condiciones que se vivían entonces en la región, con la constante amenaza musulmana pendiendo sobre ella. Sin embargo, este bravo monje se dedica a una labor intelectual que le otorgará un notable prestigio. Es él, en compañía de Eterio, el exilado obispo de Osma, quien más firmemente rechaza la herejía adopcionista de Elipando, nada menos que arzobispo de Toledo, al que llama "testículo del Anticristo" en su vehemente "Tratado Apologético", con el que consigue erradicar el peligro hereje. Además, de forma casi inaudita consigue mantener correspondencia regular con el eximio Alcuino de Aquisgrán.

Es este mismo monje el que, por carecer de fuentes más fiables, por propio convencimiento o por interés político-patriótico en un salvador divino, acepta la predicación jacobea, y la amplifica años después con el Himno de Mauregato (ver anexo 4.F), en el que nombra al Apóstol patrón de España. De esta forma se prepara el camino para que el milagro o hallazgo casual del sepulcro paleocristiano de Galicia (quizás venerado en tiempos anteriores), acabe por identificar los restos con los del Zebedeo. Tal hecho sería considerando como una demostración de la misericordia divina, que ya habría perdonado los pecados de los godos. Además, la extensión del culto tiene lugar en el reinado de Alfonso III (866-910), quien realizó un importante esfuerzo historiográfico para anunciar el final de la penitencia en un momento de expansionismo territorial impensable sólo algunas décadas antes, lo que podía ser considerado como demostración palpable de la protección jacobea.

Ya desde el principio se habría pedido el auxilio de Santiago en los enfrentamientos con los musulmanes, especialmente durante la trágica segunda mitad del s. X, en que las continuas aceifas de Almanzor parecían cumplir las peores predicciones del Milenio. Cuando pasa el peligro, casualmente tras la incursión del caudillo cordobés contra Compostela, se podría atribuir al Apóstol el final de las angustias. Simultáneamente se iría produciendo la humanización del mito, pues el pueblo no llegaba a entender las sutilezas teológicas de un apoyo espiritual y, en cambio, sí veían las numerosas copias del "best-seller" de la época (el inevitable Apocalipsis del Beato) en el que se representa al Verbo Divino como un jinete sobre un blanco corcel, en consonancia con el texto de San Juan (ver anexo 5.A).

En realidad, poco importa qué hubiera ocurrido en Compostela, lo realmente fundamental es que la invención del sepulcro infundió un alto grado de confianza en el pueblo asturiano, impulsando sus avances territoriales y permitiendo victorias tan importantes e inesperadas como la de la doble batalla de Simancas y Alhándega (939), en la que Ramiro II solicitó el auxilio apostólico frente a Abd-al-Rahmán III, según el "Cronicón Iriense".

Pero frente a este incremento de la confianza en Santiago, que permitió dotar a los cristianos de una importante fuerza moral y contribuyó a mantener el contacto con el resto de Europa, es notoria una permanente desconfianza, e incluso desapego, hacia el culto jacobeo. No se puede entender de otra forma que el Antifonario de León (s.X) no incluya la festividad de Santiago, o que la Biblia leonesa del 910 confirme la sepultura jacobea en Jerusalén. O que los reyes no duden en expoliar el tesoro catedralicio y el pueblo compostelano haga huir a su primer arzobispo Diego Gelmírez por los tejados. O que en las innumerables poblaciones creadas entre Duero y Tajo desde el s. XI sean escasos los templos dedicados al Apóstol y haya más núcleos urbanos españoles dedicados a San Vicente (91) que a Santiago (63). Y todo ello a pesar de las múltiples falsificaciones de los clérigos compostelanos del s.XII, que pretendieron aprovecharse de la antigua devoción jacobea, basada en una fe sencilla y sincera, para convertirla en un gran mito con el que poder controlar la vida política del reino y su economía.

En resumen, la amplia difusión del Apocalipsis, como libro de la salvación del pueblo cristiano catigado, hace que la noticia de la predicación de Santiago en España consiga gran fuerza a través del texto de Beato. Y las imágenes de éste contribuyeron a forjar la leyenda de un jinete celestial, al que desde muy pronto se encomendaron los cristianos, en coincidencia con un momento de expansión territorial, confirmando así el patronazgo divino. Ese culto se convirtió en una poderosa fuerza galvanizadora de la resistencia cristiana del s. IX al XII y vínculo de enlace con Europa ente el s. X y el XIII.

2. LAS RELIQUIAS DE MÉRIDA

Esta teoría fue establecida por fray Justo Pérez de Urbel a mediados del siglo XX basándose en el descubrimiento en Mérida de una lápida de mármol de la primera mitad del s. VII. En ella se dedicaba la construcción de una iglesia a la Virgen María, haciendo alusión a las reliquias que en ella se guardaban: restos de la cruz de Jesús, S. Juan Bautista, varios apóstoles y mártires, y, naturalmente, nuestro Jacobo Zebedeo (ver anexo 5.B.).

Por tanto, durante el s.VII se habrían venerado en Mérida restos de nuestro héroe, posiblemente traídos desde Oriente por mercaderes, al igual que las de otros mártires africanos y de escasa tradición en nuestras tierras, por ser esta ciudad un importante centro comercial gracias a la navegación del Guadiana. Al producirse la invasión musulmana, numerosos cristianos habrían huido hacia las montañas del Norte, y ha quedado constancia de las preferencias de algunos emeritenses por Galicia (ver anexo 5.C.). Entre esos emigrantes se habrían encontrado los sacerdotes encargados de la iglesia en cuestión, quienes debieron llevarse consigo sus veneradas reliquias. La huida quizá tuviera lugar en barco, bajando por el Guadiana para costear posteriormente el litoral atlántico hasta llegar a Iria, en un viaje que bien pudo durar la semana que afirma alguna versión de la leyenda jacobea.

Ya tenemos, pues, algunos restos de Santiago en Galicia, posiblemente en un pequeño templo levantado sobre antiguas ruinas de la zona. Durante el s.VIII habría continuado la veneración de tales reliquias en la iglesia de Santa María, en la que erigieron altares dedicados al Salvador, San Juan Bautista, S. Esteban, S. Juan Evangelista y Santiago. Estos cultos permanecerían a lo largo del tiempo, pues la Crónica de Sampiro afirmaba el culto en el templo compostelano de Alfonso III de reliquias similares a las emeritenses.

En ese momento Beato escribe su famoso libro, que se difunde inmediatamente gracias a la influencia de su autor, importante personaje de la inestable corte asturiana. En medio de las luchas internas y la amenaza musulmana, el anuncio del apostolado jacobeo en España se convierte en un asidero moral importante, inmediatamente refrendado por las primeras victorias cristianas. Van destacándose así las reliquias santiaguistas sobre las restantes del templo gallego, hasta el punto de disociarse de la antigua iglesia marianista, a la que acaba absorbiendo. El santuario de Santa María acabará por separarse, dando lugar al monasterio de San Martín, aunque en la propia catedral de Santiago permanecerá la capilla de Santa María de Cortecella.

Resumiendo, las iniciales reliquias jacobeas de Mérida aumentan su importancia a medida que se extiende la fe en el auxilio del Apóstol gracias a los textos de Beato de Liébana, hasta el punto de desplazar paulatinamente el culto a María inicialmente preponderante. Además, el recuerdo de la angustiosa huida habría dado pie a la futura leyenda de la Translación y los nombres añadidos a la tradición de los Varones Apostólicos, Teodoro y Anastasio, quizá fueran los clérigos emeritenses protagonistas del viaje. Por tanto, "más que del descubrimiento podríamos hablar de la propagación y consagración del culto de Santiago", en palabras del propio Urbel.

Esta teoría está llena de conjeturas, todas ellas verosímiles pero difícilmente comprobables, por lo que ha sido atacada en varios puntos. En concreto, se arguye que parece innegable la invención a comienzos del s.IX, causante de los nuevos bríos del culto y de la aparición de numerosos documentos y ofrendas, hasta entonces inexistentes. Por otra parte, los documentos del s.IX se refieren a la veneración de un cuerpo entero, en coincidencia con los descubrimientos arqueológicos en la catedral, que además prueban la existencia de un sepulcro romano y no de una iglesia cristiana del s. VIII. Es más, entre las 63 reliquias que actualmente se conservan en Compostela, sólo coinciden con las de Mérida las siete más importantes, faltando todas las secundarias que podían haber certificado la relación. Por último, hay que tener en cuenta que la navegación aguas abajo del Guadiana habría tenido lugar en dirección Sur, a través de territorios ya controlados por los musulmanes.

3. PRISCILIANO

Para algunos autores, la leyenda jacobea no es más que el recordatorio de una decapitación real, ocurrida tras una persecución real, seguida por el traslado de un cadáver auténtico por un grupo de discípulos y del enterramiento de un personaje venerado. Sin embargo, difieren del nombre del mártir enterrado en Compostela: no sería Jacobo Zebedeo, sino el hereje Prisciliano.

Prisciliano nace en algún lugar del Oeste peninsular hacia el 345, llegando a concretar algunos estudiosos que su ciudad natal es la mismísima Iria Flavia, tan relacionada con el culto santiaguista. Tras iniciarse en prácticas druídicas, marcha a estudiar a Burdeos, donde termina fundando una "comuna" junto a su maestro de retórica, el gnóstico Elpidio, y varios familiares y condiscípulos. Causan tal escándalo en la ciudad que son expulsados y deben huir a Galicia, donde posiblemente Prisciliano debía de poseer algunas tierras. Allí se va formando la secta de los "cuasi abstinentes" o de "Elegidos", que preconiza la pobreza, continencia y ayuno; eran vegetarianos y se reunían durante la noche para interpretar las Escrituras. Tales prácticas provocan la reacción del obispo Higinio de Cordoba, que las denuncia ante Idacio de Mérida, metropolitano de la Lusitania (379). Este consigue el apoyo del obispo Itacio de Ossonoba (actual Faro) para convocar el I Concilio de Zaragoza (380), al que los acusados son llamados a declarar; pero no acuden, lo que impide su condena particular, pues el Papa Dámaso (gallego y futuro santo, a pesar de ciertas sospechas de druidismo) había impuesto la obligación de oírles antes de ser condenados. Sin embargo, sí se persiguen las prácticas priscilianistas: participación de las mujeres en reuniones secretas y actividades religiosas, el ayuno en Domingo y las penitencias eremíticas durante la Cuaresma, el consumo de la Eucaristía fuera de las iglesias y la recepción de obispos excomulgados por colegas suyos.

Los priscilianistas responden consagrando obispo de Avila a su jefe, gracias al apoyo de Instancio y Salviano, obispos pertenecientes a la secta. Tal nombramiento se produjo en contra de las normas habituales, al igual que la posterior avalancha de ordenaciones de presbíteros y obispos, algunas de ellas escandalosas, como la del recién bautizado Isonio. Se suceden las acusaciones y denuncias mutuas entre priscilianistas y jerarcas eclesiásticos, terminando éstos por acusar a aquéllos de maniqueísmo ante la justicia civil. El emperador Graciano decreta el destierro de los obispos intrusos, lo que mueve a Instancio, Salviano y Prisciliano a acudir a Roma, donde consiguen la revocación de la condena, al parecer tras sobornar a Macedonio, intendente de palacio. Inmediatamente, Itacio huye de España y se refugia en Tréveris, sucediéndose las intrigas políticas entre sus partidarios y los del gallego.

La situación da un vuelco importante en 383, en que Magno Clemente Máximo, gobernador de Bretaña, desembarca en el continente y se proclama príncipe corregnante junto a Teodosio y Valentiniano, tras derrotar a Graciano. Instala su corte en Tréveris, de lo que se aprovecha inmediatamente Itacio para convocar un concilio en Burdeos. En éste, Prisciliano se niega a defenderse de las acusaciones de herejía y apela al brazo secular, en el que se le tacha de mago e inmoral (por celebrar conciliábulos nocturnos, orar desnudo, fornicar con Prócula, la hija de Elpidio, provocarle un aborto a ésta, etc). Tras confesar, posiblemente bajo tortura, es condenado a muerte y decapitado, junto al poeta Latroniano, Eucracia, viuda de Elpidio, los clérigos Felicísimo y Armenio Asarivo y el diácono Aurelio, en la primavera del 385. Son los primeros ejecutados por motivos religiosos de la incipiente Iglesia Cristiana.

Con estas muertes no termina la secta, sino que se arraiga más profundamente, hasta el punto que en 389 algunos de sus discípulos consiguen permiso para llevar el cadáver de Tréveris a España, traslado que se lleva a cabo en medio de gran fervor popular hasta el Sur de Francia, en que se pierde la pista de la comitiva, quizá por haber continuado viaje por mar a lo largo de la costa cantábrica. En años posteriores se suceden los Concilios que condenan las prácticas priscilianistas, lo que demuestra su pervivencia, hasta que en el Concilio de Braga (563) se terminen por echar tierra todos sus postulados, aunque el IV Concilio de Toledo (683) deba volver a condenar las mismas prácticas. No vamos a entrar aquí a tratar la doctrina de la herejía, que se puede resumir en un gnosticismo naturalista, lleno de esoterismo, y partidario de la libre interpretación de las Escrituras y de los Evangelios Apócrifos.

Sí que nos interesa más qué ocurrió con el cuerpo decapitado del hereje, considerado mártir y casi un dios por sus seguidores. No se conoce con seguridad el lugar de su enterramiento, ya que casi cualquier cuerpo encontrado en tiempos gallegos le ha sido atribuido por una u otra razón. Para algunos, fue enterrado en Astorga, diócesis regida por el priscilianista Simposio; para otros, sus restos se encuentran en Santa Eulalia de Bóveda, junto a Lugo, en medio de pinturas y relieves de carácter naturalista y mágico; también se piensa en el monasterio de Oseira, el dolmen de Santa Mariña de Augas Santas, las torres de Catoira, Braga, Quiroga,... Pero también se cree que el cadáver pudo ser transportado por mar a lo largo de la costa gallega, en un viaje que bien pudo durar la legendaria semana, hasta arribar a su tierra natal, donde sería venerado durante algún tiempo en lo que hoy conocemos como Compostela. Las invasiones bárbaras, las persecuciones religiosas y la llegada de los musulmanes habrían acallado el culto durante cuatro siglos, hasta el momento en que las necesidades ideológicas y morales de los resistentes norteños habrían precisado el "descubrimiento" de un aliado celestial, que sólo existiría en los papeles del Breviarium y de Beato. Y desde ese momento y hasta nuestros días se daría la paradoja de la peregrinación y devoción al primer hereje ejecutado por la Iglesia.

En favor de esta teoría se puede aducir que el romancero carolingio cuenta que los gallegos volvieron a la fe de los gentiles después de las predicaciones de Santiago, en lo que parece una alusión más apropiada al hereje que al Apóstol, quien no debió conseguir gran éxito en su misión. También se alegan las similitudes entre el hereje defensor (al menos nominalmente) de la castidad, la oración, el ayuno, la abstinencia de carnes y la pobreza, y el Apóstol, definido por Epifanio como virgen, vegetariano y propietario únicamente de una túnica y un manto de lino. Sánchez Albornoz admite la verosimilitud de las teoría, sin llegar a pronunciarse de modo definitivo, como sí hace Unamuno, en sentido favorable a ella.

En contra se alega que el enterramiento compostelano es del s.I, muy anterior a la ejecución del hereje gallego. Además, se considera poco probable un culto escondido durante cuatro siglos sin dejar ninguna huella documental, y que reaparece gracias a lo que hoy llamaríamos "campaña orquestada", mezclando intereses políticos y religiosos, de una forma un tanto sorprendente para el siglo IX. También puede considerarse más factible la sepultura en Francia, justo donde se pierde el rastro de la comitiva fúnebre en una zona en que la secta contaba con numerosos adeptos; o en Avila, su sede episcopal. Por otro lado, no hay datos fehacientes del arraigo de la secta en Galicia, como sí ocurre en otros lugares de Castilla. Y por último, ¿cómo se entiende la presencia de tres cuerpos en Compostela, si los decapitados en Tréveris fueron siete?

Como en tantos otros aspectos, ¿dónde está la verdad?: imposible saberlo.

4. LOS DIÓSCUROS

Hace aproximadamente medio siglo, el profesor Américo Castro expuso una teoría complicada y difícilmente comprobable, que ha sido muy discutida desde entonces y actualmente se encuentra un tanto relegada. De acuerdo con esta tesis, Santiago habría sido el motor fundamental de la Reconquista y el elemento básico para formar el espíritu nacional español. Y ello es así gracias a la necesidad de los cristianos de contar con un anti-Mahoma al que invocar en los enfrentamientos con los musulmanes. Gracias a ese aliado celestial, la España cristiana del s. IX pudo subsistir frente a los envites de sus enemigos del Sur y sus "amigos" del Norte, dando como resultado un espíritu guerrero, señorial y quijotesco muy propiamente español: enemigo del trabajo, el estudio y la investigación; aficionado a la honra y las apariencias.

Y tan fundamental papel sólo se puede atribuir a Jacobo gracias a la confusión que se habría producido desde los primeros momentos del Cristianismo entre las figuras de los dos Santiagos discípulos de Jesús, el Zebedeo y el Alfeo, y a la creencia en un hermano gemelo de Cristo, además de la fraternidad probada entre los dos Zebedeos, Jacobo y Juan. Tal conjunto de hermandades se habrían mezclado con el culto a los Dióscuros, los hijos de Júpiter: Castor y Pólux. Estos personajes paganos se habían caracterizado ya desde antiguo por el apoyo militar a sus fieles, ya que se les consideró artífices de las victorias romanas en el lago Regilo (449 a.C.) y Farsalia (49 a.C.), montando caballos blancos similares a los de nuestro Santiago Matamoros, combatiente en varias batallas, bien solo bien acompañado (ver capítulo dedicado a este tema).

Como resultado de tal confusión, los cristianos españoles habrían creído en un Santiago al que se le atribuían hechos del Alfeo. Y como a éste algunos Evangelios Apócrifos le consideraban mellizo de Jesús, ya tenemos a una imagen viva de Cristo peleando contra el pérfido invasor. De hecho, el relato de la pasión de Santiago se parece notablemente a la de Jesús, en lo que parece un intento de equiparar a Maestro y discípulo: en ciertas pinturas medievales, ambos aparecen con el mismo rostro; varios autores musulmanes del s.XI afirman la creencia cristiana en la existencia de hermanos de Jesús, uno de los cuales, nuestro Santiago, al que se creía hijo de José el Carpintero, habría sido obispo de Jerusalén (como sí lo fue el Alfeo).

En conclusión, los cristianos españoles habrían venerado a una deidad eminentemente bélica e impulsora de la Reconquista, equiparada con el propio Cristo, gracias al recuerdo del culto anteriormente existente a los Dióscuros. Y a ello se podría agregar la posible existencia de un templo a Júpiter bajo la actual catedral compostelana. Y el propio Castro afirma que lo de menos es si realmente existían unos restos a venerar o no, pues lo fundamental era la creencia en el apoyo de tan guerrero Apóstol.

El eminente Sánchez Albornoz ha echado por tierra esta teoría, al menos desde un punto de vista lógico. Alega la escasa difusión del culto dioscúrico en la Península, pues sólo se han encontrado cuatro inscripciones dedicadas a los hijos de Júpiter (y ninguna de ellas en Galicia o sus alrededores) entre más de 1.500 religiosas, de las 7.000 encontradas. Además, San Martín Dumiense no cita su culto entre los paganos practicados por los gallegos de s. VI. Por otro lado, la documentación musulmana alegada por Castro se basa en testimonios del s.XI, muy posiblemente viciados por el creciente culto jacobeo, ya desde el principio confuso y heterogéneo en sus fuentes de inspiración. Por último se puede aducir que la confusión de Santiagos sólo aparece en Galicia tras la invención compostelana y que parte de los textos cristianos antiguos creen que el mellizo de Jesús es Tomás o Judas, pero no Santiago Alfeo.

En definitiva estamos ante una muy sugerente y atractiva teoría que cuenta con escasa base documental e historiográfica.

5. LA TESIS ESOTÉRICA

Por último, vamos a dedicarle unas breves líneas a una teoría fascinante, pero completamente alejada de los criterios historiográficos, basada en conjeturas y suposiciones, tejidas en torno a viejas leyendas locales y extraños símbolos en las piedras de las iglesias y caminos gallegos.

De acuerdo con ciertas leyendas, hace miles de años debieron llegar a las costas gallegas unos gigantes de cultura superior que huían de una gran catástrofe (¿el hundimiento de la Atlántida?), en un inquietante paralelismo con los relatos orientales del Diluvio Universal, pues Noya le debe su nombre a haber sido punto de arribada de Noé. Tales atlantes habrían enseñado su cultura a los pueblos que les acogieron, además de iniciarles en algún tipo de culto mistérico, a través del cual conseguir la perfección interior. En consecuencia, ya en tiempos prehistóricos habrían comenzado las peregrinaciones desde todos los puntos de Europa en dirección a los centros iniciáticos de la costa atlántica siguiendo hasta cuatro rutas distintas. Una de ellas la que llevaba a Finisterre, frente al celta Mar de los Muertos.

Tales peregrinaciones habrían entrado en franca decadencia debido a las persecuciones romanas contra los druidas, gnósticos y naturalistas, la cristianización de Imperio y los trastornos causados por las sucesivas invasiones bárbaras. La única ruta superviviente habría sido, precisamente, la que seguía la Vía Láctea (el Arco Iris del dios celta Lug), gracias a la escasa romanización y la pervivencia de cultos animistas y paganos, especialmente en las zonas rurales. De hecho, durante los siglos V y VI se produjo en Galicia una rápida alternancia de religiones "oficiales", a causa de las veleidades de los suevos, que pasaron del paganismo al catolicismo, de éste al arrianismo, para volver al catolicismo, de nuevo al arrianismo y, por fin, declararse católicos "por decreto" tras ser derrotados por los visigodos. Y tanto vaivén cristiano no impide que S. Martín de Dumio escriba su "Correctio rusticorum" (560), en el que se reconoce que la población invoca a dioses gentiles, acude a fuentes sagradas, mantiene el rito romano de las calendas, los oráculos, el culto druídico de piedras y árboles, etc.

Se trataría, pues, de la pervivencia de las antiguas enseñanzas de los atlantes, celosamente guardadas por un círculo de iniciados que habrían decidido sacar a la luz su culto, revistiéndolo de una capa cristiana que lo hiciera aceptable ante los gobernantes. Se aprovecha así un personaje semidesnudo al que se le puede atribuir una leyenda llena de simbolismos, que esconde en realidad la personalidad del mítico Maestro Jars o Jakin. A este gran maestre se le considera "el más sabio", aquél que poseía todos los antiguos conocimientos y los volcó en aplicaciones arquitectónicas, de donde habría surgido un Gremio de Maestros Constructores, auténticos impulsores de los nuevos estilos artísticos.

Resumiendo, las antiguas enseñanzas de los atlantes estarían recogidas en un culto iniciático, muy relacionado con el gnosticismo, plasmado en enseñanzas de arquitectura y cantería. Y en realidad el culto a Santiago y su peregrinación sería una vía dolorosa para reforzar la voluntad y alcanzar perfección interior. Como se ve, toda la teoría es muy discutible y parece recoger retazos de leyendas y topónimos muy diversos, hasta conseguir una cierta coherencia (bastante reducida en este esquemático resumen), aunque de casi nula base científica.


III. ALGUNOS TEMAS JACOBEOS

1. LA VIRGEN DEL PILAR

Ya vimos al tratar la leyenda jacobea que el Apóstol habría recibido durante su periplo evangelizador en España dos apariciones en carne mortal de la Virgen María, una en Galicia y otra en Zaragoza, a orillas del Ebro, a la que vamos a dedicar una atención especial. Si la predicación del Zebedeo es discutida, aún lo es más la aparición de la Pilarica.

El primer argumento en contra es el silencio de los textos hasta muy avanzada la Edad Media (incluso hasta s. XIII). Naturalmente no existen documentos de los primeros siglos, pues habrían sido destruidos durante la persecución de Diocleciano. Pero un hecho tan importante para los cristianos debería haberse mantenido oralmente para resurgir a la primera ocasión que tuviera. Sin embargo, no ocurre así: Prudencio dedica el cuarto Himno de su "Libro de las Coronas" a los "Innumerables" Mártires zaragozanos (eran dieciocho), con lo que pretende demostrar la fortaleza de la fe en esta tierra. Pero ni dándole vueltas al texto han conseguido algunos exégetas extraer de él una alusión a la aparición mariana. Tampoco San Braulio, obispo de Zaragoza, tan orgulloso de las glorias hispanas, dice ni una palabra de lo que había de ser elemento fundamental de su diócesis. San Ildefonso de Toledo escribe poco después un tratado en defensa de la Virginidad de María, pero tampoco alude a Su presencia en España, lo mismo que ocurre con la Liturgia Mozárabe, que no la menciona ni en el Oficio, ni en la Misa, ni en los Himnos, ni en los Calendarios.

El segundo argumento es menos apremiante históricamente, pues según algunos es inverosímil que una mujer tan humilde como María ordenara la construcción de un templo en su honor, cuando aún vivía. En cualquier caso, ¿cómo iba a levantar Jacobo el templo si la clandestina religión no los tuvo hasta tres siglos después?.

En cuanto a las razones favorables, algunos quieren buscar el dato más antiguo en el Sarcófago de Santa Engracia, que se supone representa la Asunción de María y en el que aparecen los nombres de Pedro, Pablo y Santiago (en una inscripción que puede ser del s.IV), datos ambos muy oscuros e insuficientes para fundar nada.

Comienzan a aparecer más testimonios favorables escritos a partir del s. IX: Aimoino, monje de San Germán de París, narra h. 885 el traslado de las reliquias de San Vicente a las Galias, afirmando que el mártir había sido arcediano de la Iglesia dedicada a la Virgen en Zaragoza, la Madre de todos los templos de la ciudad (de ahí el nombre de Santa María la Mayor), en tiempos del obispo Valerio.

Un tal Moción, hijo de Fruya, deja en su testamento (26 de Junio del 987) una contribución a "Santa María intramuros de Zaragoza y a las Santas Masas extramuros".

En 1118, poco antes de la reconquista de Zaragoza, el Papa Gelasio II expide una Bula, concediendo indulgencias a quienes ayudaran al ejército cristiano y dieran limosnas para la restauración del templo destruido. El obispo de Zaragoza D. Pedro Librana envía una carta circular a toda la cristiandad según la cual "las manos cristianas han conquistado la ciudad de Zaragoza y libertado la Iglesia de la gloriosa Virgen María, que estuvo desgraciadamente tantos años en poder de los sarracenos; y que, como es notorio, goza de un bienaventurado y antiguo nombre de Santidad y dignidad". A partir de ese momento se suceden las donaciones papales, reales y particulares.

Por tanto, se puede establecer que en el s.X existía en Zaragoza un antiguo templo dedicado a María, en el que se descubre en el s. XII el sepulcro de San Braulio, y que es repetidamente denominado Santa María la Mayor.

El primer documento conocido que se refiere a Santa María del Pilar es una concesión de la ciudad en favor de los peregrinos que acudiesen a venerar la imagen, dado el 27 de Mayo de 1299. La rápida transmisión del nuevo nombre, atestiguada documentalmente, parece indicar que ya anteriormente se la conocía así a nivel popular.

El primer relato de la aparición de la Virgen se conserva en un códice del Archivo del Pilar que algunos pretendieron datar como contemporáneo a Tajón, obispo de Zaragoza desde el 631. Sin embargo, ya desde el s. XVIII se reconoció que realmente había sido redactado entre finales del s. XIII y principios del XIV. El texto (ver anexo 6.A) es un típico producto de los hagiógrafos medievales, lleno de reminiscencias de la Biblia, las Liturgias, los Apócrifos y la topografía, en un mundo de prodigios maravillosos. Parece tratarse de un típico caso de refundición hagiográfica. en la que el autor toma una vaga tradición y la desarrolla según otras tomadas de su entorno y con una simbología reconocible por sus contemporáneos. Sin embargo, este texto será la base de toda la posterior fe pilarista.

En 1678 la Juntas Generales de Aragón piden al Papa la concesión de Lecciones y Oficio propio del Pilar, fundamentando su argumentación en el anterior texto y en los falsos cronicones de Flavio Dextro v Marco Máximo, por lo que consiguen el rechazo de la Sagrada Congregación de Ritos, en 1694. Se repiten petición y rechazo en 1704, y en 1723 se consigue finalmente la aprobación de unas lecciones que permanecen en el Breviario hasta nuestros días y en las que, en lugar de afirmar la veracidad de los hechos, se dice que "según cuenta una piadosa y antigua tradición...", además de reducir notablemente el tono legendario (ver anexo 6.B).

No existen pruebas arqueológicas que permitan definirse en este tema pues ha desaparecido todo resto antiguo bajo la mole del actual Templo, edificado entre 1681 y 1872. La imagen venerada es del s.XIV y el Pilar de mármol podría provenir de los inicios de la tradición. Por tanto, no se puede establecer si el culto pilarista se inició en algún lejano hecho cristiano o bien de la cristianización del culto a alguna diosa (Isis, según algunos autores). Este tema, como tantos otros abordados en el estudio, queda al arbitrio de la fe o de las opiniones de cada uno.

2. SANTIAGO MATAMOROS

Todos hemos visto alguna vez en iglesias, pinturas o fachadas la tan hispana imagen del Santiago Matamoros, ejerciendo sus habilidades ecuestres sobre un magnífico caballo blanco, al tiempo que blande una espada, a ser posible flamígera, en la diestra y un estandarte movido por el viento en la siniestra. Esta imagen guerrera concuerda poco con el pacifismo que se supone en un discípulo de Jesús, aun tratándose de uno de los Hijos del Trueno, y con las iniciales invocaciones al Apóstol en el s.IX, que no difieren mucho de las que se puedan hacer a cualquier apacible mártir, como ya hemos visto en el Himno de Mauregato.

En realidad, la tan arraigada tradición de la ayuda militar del Apóstol a los reconquistadores cristianos no aparece documentalmente hasta tres siglos después de la invención de su tumba, desarrollándose rápidamente entre los siglos XII y XIII, para pasar por una profunda crisis durante los últimos años de la Reconquista, cuando los ejércitos hispanos no precisaban tanto de la ayuda celestial, y resurgir en la América del XVI, en los momentos clave de la conquista.

Tradicionalmente se considera que el Santiago militar "debuta" en la batalla de Clavijo, de la que no existe constancia documental fiable, hacia el 844. Según esta versión, en esas tierras riojanas habrían chocado el emir Abd?al?Rahmán II y el rey Ramiro I de Asturias, en lucha por el control de esa zona y el cobro del mítico "tributo de las cien doncellas", que le habría sido impuesto al rey Mauregato unos setenta años antes. Tras unos primeros escarceos desfavorables a los cristianos, éstos se refugian en la villa de Clavijo, donde durante la noche al rey se le aparece el Apóstol, quien le anima a entablar batalla, pues él va a intervenir en su favor sobre un caballo blanco con una banderola de ese mismo color. El rey así lo hace y Santiago aparece en el campo de batalla, creando el pánico entre los musulmanes, que huyen dejando ¡70.000! bajas y permitiendo la ocupación de Calahorra, el 23 de Mayo. En agradecimiento, el rey habría instaurado el Voto a Santiago, ofreciendo al Apóstol las primicias anuales del pan y el vino, que ha llegado con algunas variaciones hasta nuestros días. Este hecho tan improbable quedó incorporado a las tradiciones de muchos de los pueblos y ciudades de España, pues en nuestros días aún se celebra en León la fiesta de la Cantaderas o del Foro u Oferta, en que se agradece a Santa María la redención del Tributo de Mauregato, y en Astorga se conserva el "pendón de Clavijo". Del mismo modo, en los misales antiguos aparecen como fiestas de Santiago las fechas de su martirio (25 de Julio), la Traslación (30 de Diciembre ) y Clavijo (23 de Mayo).

Es probable que esta tradición sea una mezcla de los relatos de las batallas de Albelda (h. 859) y Simancas (939). En Albelda, junto al actual Clavijo, tuvieron lugar dos batallas a mediados del s. IX, interesando más la que entablaron en el verano del 859 el rey Ordoño I de Asturias y Musá, gobernador de Tarazona, en la que la victoria cristiana permitió la ocupación de Albelda. Por otro lado, el Cronicón Iriense documenta la invocación a la ayuda jacobea por Ramiro II en la batalla de Simancas (939), con la consiguiente victoria cristiana, recogida posteriormente por Berceo en su 'Vida de San Millán", pues el Apóstol y el monje riojano habrían combatido codo con codo como jinetes celestiales. Según la versión del "Poema de Fernán González", héroe de aquella jornada, junto al monje constructor, patrono de la Caballería castellana, no habría cabalgado Santiago, sino San Pelayo... Las apariciones ecuestres de Santiago se suceden rápidamente, solo o en compañía, pues la rivalidad entre castellanos y leones se tradujo en la conversión en jinete de un santo tan poco dado a ello como Isidoro de Sevilla, patrón de la Caballería leonesa frente al castellano Millán.

El primer texto acerca de tales aventuras es el Pseudo?Silense (h. 1118), que relata la aparición del Apóstol a Astiano, un peregrino griego poco crédulo a la leyenda militar de Santiago, al que anuncia su participación un día después en la ocupación de Coimbra por Fernando I (9 de julio de 1063), como efectivamente ocurrió. A partir de ese momento se le atribuyen las intervenciones en Clavijo, Piedrahita (959), Baeza (1147), Ciudad Rodrigo (1163), ambas en compañía de Isidoro, y así hasta las veinticinco narradas por Pedro de Santa María en su "Compendio histórico de la vida de Santiago".

En cualquier caso, parece plenamente demostrado que a comienzos del s. XIII los soldados cristianos marchaban al combate con la confianza del apoyo celestial del Apóstol ecuestre, y se lanzan contra el enemigo al grito del "Santiago y cierra España", como hacen en las Navas de Tolosa (1212), o invocando a "Sancti Yagüe", como hace el Cid en su poema, redactado por esas fechas. Y es al grito de "¡Santiago, Santiago!", coreado por los ejércitos cristianos, como entran los Reyes Católicos en Granada el 2 de enero de 1492, cerrando así la larga Reconquista. Y la primera enseña que ondea en la Torre de la Vela de la Alhambra no podía ser otra que el estandante de Santiago con su característica cruz en forma de espada, que aún hoy día constituye el emblema del Ejército de Tierra español.

Posteriormente, el cronista Bernal Díaz del Castillo recoge la aparición, no vista por él mismo, de Santiago y ¡San Pedro! en la batalla de Tabasco, en la que los escasos soldados de Hernán Cortés derrotaron a los numerosos indios mejicanos, que "no podían defenderse de uno que peleaba sobre un caballo blanco". Y es que los conquistadores de América tenían la misma convicción de apoyo celestial que los reconquistadores de siglos antes, como lo demuestran los propios nombres de las nuevas ciudades: San Diego, Santiago de Chile, de los Caballeros, de Cuba, de Guatemala, etc., llegando a llevar ese nombre 150 ciudades sólo en Méjico, frente a las escasas 91 con que contamos en España.


CONCLUSIÓN

Sencillamente, no hay conclusión. A falta de un improbable hallazgo espectacular, bien documental bien arqueológico, cuanto se relaciona con la predicación y entierro de Jacobo Zebedeo en España queda a la elección del lector. Por fe o por razonamiento se puede llegar a conclusiones muy diferentes, como ya ha ocurrido con eminentes pensadores que han sido citados a lo largo de este trabajo.

Lo que es indudable es el importante influjo que la creencia en ese enterramiento tuvo en la España medieval, tanto por el impulso militar que suponía un aliado celestial tan poderoso como por la riqueza material y cultural que dejaron las peregrinaciones. Pero, como decía Billy Wilder,...."ésa es otra historia".

ANEXOS

ANEXO 1. REFERENCIAS DE LA BIBLIA A SANTIAGO EL MAYOR

Captación de los apóstoles
"Caminando, pues, junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, que se llama Pedro, y Andrés, su hermano, los cuales echaban la red en el mar, pues eran pescadores, y les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron el instante las redes y le siguieron, Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos: Santiago el de Zebedeo y Juan, su hermano, que en la barca, con Zebedeo, su padre, componían las redes, y los llamó. Ellos, dejando luego la barca y a su padre, le siguieron."(Mateo 4, 18-22) "Caminando a lo largo del mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, hermano de Simón, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. Y Jesús les dijo: Venid en pos de mi y os haré pescadores de hombres. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Y continuando un poco más allá, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban también remendando sus redes en la barca, y los llamó. Ellos luego, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron en pos de Él."(Marcos 1, 16-20) "... Pues así él como todos sus compañeros habían quedado sobrecogidos de espanto ante la pesca que habían hecho, e igualmente Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón: No temas, en adelante vas a ser pescador de hombres. Y atracando a tierra las barcas, lo dejaron todo y le siguieron."(Lucas 5, 1 -11)
Elección de los doce
"Los nombres de los doce apóstoles son éstos: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano, Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, el de Alfeo, y Tadeo; Simón, el celador, y Sudas Iscariote, el que le traicionó."(Mateo 10, 2 -4) "Designó, pues, a los doce: a Simón, a quien puso por nombre Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, hermano de Santiago, a quienes dio el nombre de Boanerges, esto es, hijos del trueno."(Marcos 3, 16-17) "Cuando llegó el día llamó a sí a los discípulos y escogió a doce de ellos, a quienes dio el nombre de apóstoles: Simón, a quien puso también el nombre de Pedro , y Andrés, su hermano, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé."(Lucas 6, 13-14)
Petición de lugar preferente en el nuevo reino
"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose para pedirle algo. Dijole Él: ¿Qué quieres?. Ella le contesto: Di que estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu reino. Respondiendo Jesús, les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo tengo que beber?. Dijéronle: Podemos."(Mateo 20, 20-22) "Se le acercaron Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que nos hagas lo que vamos a pedirte. Díjoles El: ¿Qué queréis que os haga?. Ellos le respondieron: Que nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda en tu gloria. Jesús les respondió: ¡No sabéis lo que pedís! ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber o ser bautizados con el bautismo con que yo he de ser bautizado?. Le contestaron: Sí que podemos."(Marcos 10, 35-39)

Resurrección de la hija de Jairo
"Cuando llegó Jesús a la casa del jefe, viendo a los flautistas y a la muchedumbre de plañideras, dijo: Retiraos, que la niña no está muerta; duerme, Y se reían de El, Una vez que la muchedumbre fue echada fuera, entró, tomó de la mano a la niña y ésta se levantó."(Mateo 9, 23-25) "Aún estaba Él hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto, ¿por qué molestar ya al Maestro?. Pero oyendo Jesús lo que decían, dice al jefe de la sinagoga: No temas, ten sólo fe. No permitió que nadie le siguiera más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago."(Marcos 5, 35-37) "Aún estaba hablando, cuando llegó uno, de casa del jefe de la sinagoga diciendo: Tu hija ha muerto, no molestes ya al Maestro. Pero Jesús que le oyó le respondió: No temas, cree tan sólo y será sana. Llegado a la casa, no permitió que entrasen con Él más que Pedro, Juan y Santiago y el padre y la madre de la niña. Todos lloraban y plañían por ella. Les dijo Él: No lloréis, porque no está muerta; es que duerme." (Lucas 8, 49-5 2)
Transfiguración de Jesús
"Seis días después tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró ante ellos, brilló su rostro como el sol y sus vestidos se volvieron blancos corno la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él (...) salió de la nube una voz que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo mi complacencia, escuchadle. Al oirla, los discípulos cayeron sobre su rostro, sobrecogidos de gran temor ( ... ). Al bajar les mandó Jesús, diciendo: No deis a conocer a nadie esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."(Mateo 17, 1-9) "Pasados seis días, tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo solos a un monte alto y apartado y se transfiguró ante ellos. Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como no los puede blanquear lavadero sobre la tierra. Y se les aparecieron Elías y Moisés, que hablaban con Jesús (... ) y se dejó oír desde la nube una voz: Este es mi hijo amado, escuchadle. Luego, mirando en derredor, no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo. Bajando del monte, les prohibió contar a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitase de entre los muertos."(Marcos 9, 2-9) "Aconteció como unos ocho días después de estos discursos que, tomando a Pedro, a Juan y a Santiago, subió a un monte a orar. Mientras oraba, el aspecto de su rostro se transformó, su vestido se volvió blanco resplandeciente. Y he aquí que dos varones hablaban con Él, Moisés y Elías. Salió de la nube una voz que dijo: Este es mi Hijo elegido, escuchadle. Mientras sonaba la voz estaba Jesús solo. Ellos callaron y por aquellos días no contaron nada de lo que habían visto."(Lucas 9, 28-36)
Mala acogida de los samaritanos
"Estando para cumplirse los días de su ascensión, se dirigió resueltamente a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que en su camino entraron en una aldea de samaritanos para prepararle albergue. No fueron recibidos porque iban a Jerusalén. Viéndolos los discípulos Santiago y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que los consuma?. Volviéndose Jesús, los reprendió, y se fueron a otra aldea."(Lucas 9, 51-56)
Oración del huerto
"Entonces vino Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y les dijo: Sentaos aquí yo voy allá a orar. Y tomando a Pedro y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a entristecerse y angustiarse. Entonces les dijo: Triste está mi alma hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo."(Mateo 26, 36-38) "Llegaron a un lugar cuyo nombre era Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí mientras voy a orar. Tomando consigo a Pedro, a Santiago y a Juan comenzó a sentir temor y angustia, y les decía: Triste está alma hasta la muerte. permaneced aquí y velad."(Marcos 14, 32-34)

Ascensión de Jesús
"Entonces se volvieron del monte llamado Olivete a Jerusalén, que dista de allí el camino de un sábado. Cuando hubieron llegado, subieron al piso alto, en donde permanecían Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de AIfeo y Simón el Zelotes y Judas de Santiago Todos éstos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la Madre de Jesús, y con los hermanos de éste."(Hechos de los Apóstoles 1, 12-14)
Muerte de Santiago
"Por aquel tiempo, el rey Herodes se apoderó de algunos de la iglesia para atormentarlos. Dio muerte a Santiago, hermano de Juan, por la espada."(Hechos de los Apóstoles 12, 1-2)

ANEXO 2. TEXTOS ACERCA DEL DESCUBRIMIENTO DEL SEPULCRO E INICIO DEL CULTO

A. Tumbo A de la catedral de Santiago
"Huius enim beatissimi apostoli pignora uidelicet sanctissimum corpus revelatum est in nostro tempore. Quod ego audiens cum magna devocione et suplicatione ad adorandum et uenerandum tam preciosum tesaurum cum maioribus nostri palacii cucurrimus et eum sicut patronum el dominum tocius hyspanie cum lacrimis et precibus multis adorauimus. Et supradictum munusculum ei uoluntarie concessimus. Et ob honorem eius eccIesiam construi iussimus." "Pues en nuestros días se nos reveló el preciado tesoro del bienaventurado Apóstol, es decir su santísimo cuerpo. Al tener noticia de lo cual, con gran devoción y espíritu de súplica, me apresuré a ir a adorar y venerar tan precioso tesoro, acompañado de mi Corte, y le rendimos culto, en medio de lágrimas y oraciones, como a patrón y Señor de España. Y por nuestra propia voluntad, le otorgamos el pequeño obsequio antes referido. Y ordenamos construir una iglesia en su honor."
B. Martirologios de Floro y Adon
"Huius beatissimi apostoli sacra ossa ad Hispanias translata et in ultimis earum finibus, videlicet contra mare Britannicum condita , celeberrim illarum gentium veneratione excoluntur." "Los huesos sagrados de este bienaventurado Apóstol, trasladados a España, se veneran en el extremo de ella, frente al mar británico, con extraordinaria devoción por aquellas gentes."
C. Crónica de Sampiro (construcción del templo de Alfonso III)
"Tunc in Gallaecia Compostellae super corpus Beati Jacobi Apostoli EccIesiam, quam Rex Dominus Adefonsus Magnus ex lapidibus, et luteo opere parvam, Rex iste praecipitavit eam, et ex calce quadratisque lapidibus marmorerisque columnis sive basibus construxit eam valde pulcherrimam Era DCCCCX."
D. Cruz de Alfonso III (874)
"Ob honorem s(an)c(t)i Iacobi ap(osto)li offerunt famuli Adefonsus princeps et Scemena regina. Hoc opus perfectum est in era DCCCC duodecima. Hoc signo vincitur inimicus. Hoc signo tuetur pius."

ANEXO 3. DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS

A. ACTAS DE LA EXCAVACION ARQUEOLOGICA EN LA CAPILLA MAYOR DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO (1 de Febrero de 1879)

"Primero: Un pozo abierto al lado del Evangelio y al pie de la escalera que conduce al Altar Mayor, el cual pozo, de unos dos metros de profundidad, comunicaba con un túnel, que labrado de Poniente a Oriente en la roca y línea media de dicha Capilla, tiene de largo quince metros, de ancho cincuenta centímetros y un metro y setenta milímetros de profundidad. Dista su base del pavimento superior, que está sobre las últimas gradas, cuatro metros y cincuenta milímetros, y no ofrece en su estructura otra cosa que los accidentes naturales y propios de una roca esquiva.

"Segundo: Una abertura practicada al pie de la tarima del Altar Mayor, por donde se bajaba y bajaron los señores mencionados a una cavidad de cinco metros de largo por tres de ancho y uno y medio de alto, de forma rectangular, cerrada por cuatro muros de sillería, que denotaban grande antigüedad dividida en dos secciones próximamente iguales por otro muro de mampostería y también de antigua construcción, al parecer, conteniendo la sección anterior en su parte izquierda un tabique casi íntegro de grandes ladrillos colocados sobre piedra primitiva: en la derecha, otro tabique derruido de análogos ladrillos, y a la misma distancia que el anterior del muro respectivo; y en el suelo de la parte media, tendida sobre él una columna de granito, de sesenta centímetros de alto y veinte de diámetro; y encontrándose en la sección posterior, apuntalada y cubierta por distintas capas, entre las cuales se notaba la dura y rojiza argamasa que sirvió de asiento a los antiguos mosaicos, algunas piezas de éstos y de baldosas de ladrillos y varios pedazos de mármol blanco de diferentes tamaños.

"Tercero: Levantada que fué una gran plancha metálica, que estaba sellada, y hacía de tarima del Altar, que se halla detrás del Mayor, se descubrió un pozo de un metro y veinticuatro centímetros de profundidad, y de un metro próximamente de ancho, al fin del cual, mirando hacia Oriente, en la cabecera de la Capilla Mayor, y exactamente en la línea media de la misma, se veía asentada sobre la roca y circuída por todas partes, menos en su frente, de apretados escombros, una urna de un metro de largo y unos treinta centímetros de alto, y otros tantos de ancho, formada en su lado derecho por una pieza de sillería, en el izquierdo por una de mármol blanco, en el posterior por ladrillos y en el anterior por un sillar y dos ladrillos unidos, que cerraban una abertura como de seis centímetros de ancho, interpuesta a lo largo del frente, entre el sillar mencionado y la cubierta de la urna; la cual cubierta de la urna era una losa de unos ocho centímetros de espesor; apareciendo dentro de la urna descrita, amontonados en el centro, varios huesos humanos de muy venerable respeto y grandísima devoción, se fueron uno a uno prosternando los concurrentes, en la creencia, por lo que habían visto y oído, de que eran los sagrados restos del Apóstol Santo, Patrón de las Españas."

B. BULA "DEUS OMNIPOTENS" (León XIII, 1 de Noviembre de 1884)

"Nos también, desaparecidas todas las dudas y terminadas todas las controversias, aprobamos y confirmamos de ciencia cierta y por Nuestra propia iniciativa y en virtud de nuestra autoridad la sentencia de nuestro Venerable Hermano el Cardenal de Compostela, sobre la identidad de los sagrados cuerpos del Apóstol y Teodoro, y decretamos que esta sentencia tenga perpetuamente fuerza y valor. Además, Nos queremos y ordenamos que nadie le sea permitido, bajo pena de excomunión latae sententiae, y de la que nos reservamos del modo más firme la absolución a Nos y a Nuestros sucesores, separar, quitar y trasladar las santas reliquias que han vuelto a ser depositadas en el antiguo receptáculo, y que yacen bajo sello, así como tampoco ninguna de sus partículas."

C. LAUDA DEL OBISPO TEODOMIRO
IN HOC TUMULUS REQUIESCIT FAMULUS DEI THEODOMIRUS HIRIENSE SEDIS EPS QUI OBIIT XIII KLDS NBRS ERA DCCCLXXXVA EN ESTA TUMBA REPOSA EL SIERVO DE DIOS TEODOMIRO OBISPO DE LA SEDE DE IRIA QUE MURIÓ EL 20 DE OCTUBRE DE 847

ANEXO 4. TEXTOS ACERCA DE LA PREDICACIÓN DE SANTIAGO EN ESPAÑA

A. Carta de San Pablo a los romanos

"Sobre todo me he impuesto el honor de predicar el Evangelio donde Cristo no era conocido, para no edificar sobre fundamentos ajenos, sino según lo que está escrito: Le verán aquéllos a quienes no fue anunciado, y los que no han oído, entenderán. Por lo cual me he visto impedido muchas veces de llegar hasta vosotros; pero ahora, no teniendo ya campo en estas regiones y deseando ir a veros desde hace. bastantes años, espero veros al pasar, cuando vaya a España, y ser allá encaminado por vosotros después de gozar un poco de vuestra conversación" (Rom. 15, 20-24)

B. "Comentarios a Isaías" (San Jerónimo)

"Con la ligereza de éstos, se desparramaron aquellos por el mundo, para dar cumplimiento al encargo que habían recibido del Señor, de evangelizar a todas las gentes. El Espíritu Santo, dice, los congregó y les asignó el lugar que a cada uno había caído en suerte. Uno se fue a la India, otro a España, otro al llírico, otro a Grecia de modo que cada cual descansara en la Provincia donde había anunciado el Evangelio y la doctrina". (Com. a Isaías 34, 16-17)

C. "Comentarios a Isaías" (San Jerónimo)

"Los que bajaron al mar y lo navegaron cruzando su inmensidad. Son aquellos Apóstoles que estando remendando sus redes a la orilla del lago de Genesaret, fueron llamados por Jesús y enviados al mar inmenso, haciéndoles de pescadores de peces, pescadores de hombres; los que comenzando desde Jerusalén predicaron el Evangelio hasta el Ilírico y España, aprisionando con su doctrina en breve tiempo a la misma Roma". (Com. a lsaías 42,10)

D. Breviarium Apostolorum (h. 650)
"Jacobus, qui interpretatur supplantatus, filius Zebedaei, frate Johannis, Hic Spaniae et occidentalia loca praedicat, et sub Herode Gladio caesus occubuit, sepultusque est in Achaiam marmarica VIII Kal. Augusti." "Jacobo, que se interpreta Suplantador, hijo de Zebedeo, hermano de Juan, predicó en España y lugares de Occidente; murió por la espada bajo Herodes y fue sepultado en Acaya Marmarica el 25 de Julio".

E. ''Comentario al Apocalipsis de San Juan" Beato de Liébana (h. 776)
"Regens lohannes dextra solus Asiam Eiusque frater poltitus Spaniae"

F. Himno a Santiago, dedicado a Mauregato
¡Oh Santiago! escucha piadoso al rey Mauregato y dale amorosamente tu ayuda.¡Oh Apóstol dignísimo y santísimo, cabeza refulgente y dorada de Hispania, defensor poderoso y patrono especialísimo!Asiste piadoso a la grey que te ha sido encomendada; sé dulce pastor para el rey y para el clero, y para el pueblo... O Dei Verbum Patris ore proditum O vere digne santior apostole / Caput refulgens aureum Ispanie / Tutorque nobis et patronus vernulus

ANEXO 5. TEXTOS ACERCA DE LAS TEORÍAS

A. El jinete celestial del Apocalipsis

"Vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que le montaba es llamado Fiel, Verídico, y con justicia juzga y hace la guerra. Sus ojos son como llamas de fuego, lleva en su cabeza muchas diademas y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino El mismo, y viste un manto empapado en sangre, y tiene por nombre Verbo de Dios. Le siguen los ejércitos celestiales sobre caballos blancos, vestidos de lino blanco, puro. De su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y El las regirá con vara de hierro y El pisa el lagar del vino del furor de la cólera de Dios todopoderoso. Tiene sobre su manto y sobre su muslo escrito su nombre: Rey de reyes, Señor de señores"
(Apocalipsis 19, 11-16)

B. Lápida encontrada en Mérida
Dedicata est hac aula ad nomen [...glo]riosissime matri Domini nostri [esu Xpi secun-]dum carnem, omnium virginum princ[ipi atque regi-]ne cunctorum populorum catolice fidei [.. sub cu-]ius sacre are sunt reliquiae recondite [...] de cruce Dni. nostri, sci. Iohanni Baptiste, sci, S[tefani...] sci. Pauli, sci. Iohanni Evangeliste, sci. Iacobi, sci. Iuli[ani...] ... ] sce. Eulaciae, sci. Tirsi, sci. Genesi, sce. Marcille, sub d, VIII Kal. febru[arias...] Fue dedicada esta iglesia a nombre de la gloriosísima Madre de Nuestro Señor Jesucristo según la carne, y príncipe de todas las vírgenes y reina de todos Ios pueblos de la Fe católica, bajo cuyo sagrado altar se guardan reliquias de la cruz de Nuestro Señor, San Juan Bautista, San Julián, Sta. Eulalia, S. Tirso, S. Ginés, Sta. Marcilia. En el día 25 de Enero de. ...

C. Capitulación de Mérida a Maza

"Que los ciudadanos conservarían su religión, su libertad y sus haciendas; que las propiedades de los que hubiesen muerto en el combate o emigrado a Galicia fuesen confiscadas en beneficio de los musulmanes; que los bienes y alhajas de las iglesias pasasen a manos del caudillo vencedor, pero que las iglesias mismas, aunque hubiesen sido abandonadas, quedasen en poder de los cristianos residentes en las mismas."

ANEXO 6. TEXTOS ACERCA DE LA VIRGEN DEL PILAR

A. Relato de la aparición de la Virgen María a Santiago en Zaragoza (Códice del 1300)

"Para alabanza y gloria de la Suma Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es verdadero Dios, Trino y Uno, y para promulgar los beneficios y glorias de la Abogada del género humano, Madre del Hijo del Altísimo, anunciamos a todos los fieles con verídica y fiel narración, cómo desde el principio de la Religión Cristiana, la Capilla o Basílica de Santa María del Pilar de la Ciudad de Zaragoza, y la Iglesia adosada a ella, empezó su fundamento. Por consiguiente queremos dar a la noticia de los fieles algunas pocas cosas, de las muchas admirables, que han llegado hasta nosotros, obradas por el Hijo de la Virgen, a ruego y por los méritos de la misma Madre, con los devotos de la Capilla del escogido Pilar.

Después de la Pasión y Resurrección del Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, y de su Ascensión al cielo en áureo vuelo, quedó la piísima Virgen encomendada al virgen Juan. Creciendo el número de los Discípulos en Judea con la predicación y milagros de los Apóstoles, se irritaron los pérfidos corazones de algunos judíos, suscitando una cruelísima persecución contra la Iglesia de Cristo, apedreando a Esteban y matando a varios. Por esto les dijeron los Apóstoles: Convenía a la verdad que primero se os predicase a vosotros la palabra de Dios; pero, porque la rechazasteis, y os habéis hecho indignos de la vida eterna, nosotros nos volvemos a los gentiles. Y así, yendo por el mundo universo, según mandato de Cristo, predicaron el Evangelio a toda criatura, cada cual según su suerte. Al salir de Judea, tomaba cada uno la licencia y la bendición de la misma gloriosa Virgen bendita.

Entre tanto, Santiago el Mayor, hermano de Juan, hijo del Zebedeo, por revelación del Espíritu Santo, recibió un mandato de Cristo para que viniese a Espada a predicar la palabra de Dios. El se dirigió inmediatamente a la Virgen, le besó las manos y le pidió con piadosas lágrimas la licencia y bendición. La Virgen le dijo: "Ve, hijo; cumple el precepto de tu Maestro, y por el mismo te ruego que en una ciudad de España, donde convirtieres mayor número de hombres a la Fe, edifiques una Iglesia en memoria mía, como te mostraré que lo hagas. Saliendo, pues, Santiago de Jerusalén, anduvo predicando por España. Recorriendo Asturias, llegó a la ciudad de Oviedo, donde convirtió uno a la Fe. Entrando luego en Galicia, predicó en la ciudad de Padrón. De allí se dirigió a Castilla, que se llama la España Mayor, y finalmente a la España Menor, que se llama Aragón, en aquella región que se dice Celtiberia, donde está situada Zaragoza, a orillas del río Ebro.

Aquí predicó Santiago muchos días, logrando convertir para Cristo a ocho hombres. Con ellos se entretenía a diario acerca del reino de Dios, y por la noche se iba a una era cerca del río, donde se echaba en la paja. Allí, después de un breve reposo, se daban a la oración, evitando las turbaciones de los hombres y las molestias de los gentiles. A los pocos días, estando el Apóstol con los fieles sobredichos, cansados de la oración hacia la media noche, y durmíendo ellos, oyó Santiago voces de Angeles que cantaban: Ave Maria, Gratia Plena, como si empezasen los Maitines del Oficio de la Virgen con este suave Invitatorio. El, arrodillándose en seguida, vio a la Virgen, Madre de Cristo, entre dos coros de millares de Angeles, colocada sobre un pilar de mármol. La armonía de la Celestial Milicia de los Angeles terminó los Maitines de la Virgen con el verso Benedicamus Domino.

Acabado éste, el piísimo semblante de la bienaventurada Virgen María llamó a sí dulcísimamente al santo Apóstol, y le dijo: "He aquí, hijo mío, Santiago, el lugar designado y deputado para mi honor. Mira este Pilar en que asiento. Sabe que mi Hijo, tu Maestro, lo ha enviado desde lo alto por mano de los Angeles. Alrededor de este sitio colocarás el Altar de la Capilla. En este lugar obrará la virtud del Altísimo prodigios y milagros admirables por mi intercesión y reverencia a favor de aquellos que imploren mi auxilio en sus necesidades. Y el Pilar estará en este lugar hasta el fin del mundo, y nunca faltarán en esta ciudad adoradores de Cristo". Entonces el Apóstol Santiago, lleno de alegría, dio innumerables gracias a Cristo Y también a su Madre. Luego aquel ejército de Angeles, tomando a la Señora de los Cielos, la restituyó a Jerusalén y la colocó en su celda. Este es aquel ej ército de Angeles que Dios envió a la Virgen en la hora que concibió a Cristo, para que la guardasen y acompañasen en todos los caminos, y conservasen ileso al Niño.

Gozoso el bienaventurado Santiago con tal visión y consolación, empezó inmediatamente a edificar allí la iglesia, ayudándole los que había convertido a la Fe. Tiene dicha Basílica como ocho pasos de ancho y dieciséis de largo. A la cabecera está el dicho Pilar, mirando hacia el Ebro con el Altar: y para su servicio ordenó Santiago de presbítero a uno de los que él había convertido, como el más a propósito. Después de haber consagrado dicha Iglesia, y dejado en paz a los mismos cristianos, volvió a Judea, predicando la palabra de Dios. Instituyó dicha Iglesia Santa María del Pilar; y ésta es la primera Iglesia del mundo dedicada por manos apostólicas a honor de la Virgen. Esta es la Cámara Angélica fabricada en los principios de la Iglesia. Este es el Palacio sacratísimo, visitado muy a menudo por la Virgen, en donde ha sido vista muchas veces la Madre de Dios cantar los Salmos Matutinos con los Coros de los Angeles. Aquí se otorgan beneficios a muchos por intercesión de la Virgen y se obran innumerables maravillas, concediéndolas Nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén."

B. Lecciones de la Virgen del Pilar (7 de Mayo de 1723)

"Según cuenta una piadosa y antigua tradición, cuando el Apóstol Santiago el Mayor fue por inspiración divina a España, se detuvo algún tiempo por Zaragoza; y orando a orillas del Ebro una noche con algunos de sus discípulos, se le apareció la Virgen, viviendo aún en carne mortal, y le mandó que construyese allí una capilla. Sin tardanza edificó el Apóstol, ayudado por sus discípulos, un Oratorio a Dios, dedicándoselo a la Virgen. En siglos posteriores fue sustituido por un amplio y augusto Templo, que recibió el nombre del Pilar, por estar la imagen de la Virgen sobre una columna de mármol, conservándolo actualmente, y acudiendo allí a venerar la imagen de la Madre de Dios mucha gente devota del todo el reino".

ANEXO 7. LOS SÍMBOLOS DE LA PEREGRINACIÓN JACOBEA

La concha venera (vieira)

Antiguo símbolo de Venus, al que se atribuían poderes contra el mal de ojo, lo que quizás era creído por los peregrinos, en la característica mezcla de creencias cristianas, paganas y supersticiosas. Los defensores de la teoría esotérica creen en su significado sexual y en la posibilidad de que represente la "pata de oca" (Jakin era el "maestro Oca"); muy relacionado con todo ello estaría la toponimia de varias zonas del Camino de Santiago (Rioca-Rioja, Montes de Oca, etc). Posteriormente se añadió la explicación legendaria relatada en el apartado 1.2.

El bordón o báculo

Bastón de longitud variable que se empleaba para ayudarse al andar. El pomo puede tener formas variadas, aunque la más famosa puede que sea la de la estatua de Santiago en el Pórtico de la Gloria, con la forma de la letra griega tau. Esta forma fue prohibida por la jerarquía eclesiástica debido a sus relaciones con la simbología esotérica, además de ser la representación del dios Jano. Quizás se utilizaba originalmente, como instrumento de. orientación nocturna. A la constelación del Tahalí o de las Tres Marías, en forma de T, se le llama "Báculo de Santiago".

La espartilla

Pequeño saquete de piel, estrecho y con la boca siempre abierta, simbolizando la generosidad que los peregrinos esperaban de quienes les veían pasar.

La calabaza

Cantimplora en la que los peregrinos guardaban el agua o el vino que daban en algunos refugios del Camino. Los esotéricos creen que es una referencia al vaso hermético, cáliz o Santo Grial, en el que se encuentran depositadas las sabidurías y los secretos del Universo...

Los "souvenirs"

Delante de la catedral de Santiago se vendían a los peregrinos pequeños recuerdos, entre los que se pueden destacar los bordoncillos de hueso y, sobre todo, las higas fabricadas en azabache. Estas últimas son el enésimo símbolo pagano incorporado al culto jacobeo, pues representan el sexo de la mujer, aunque en ocasiones se cristianicen añadiéndoles figurillas del Apóstol.

ANEXO 8. LA ETIMOLOGÍA DE COMPOSTELA

Aunque pueda parecer una banalidad, la etimología de Compostela se ha convertido en uno de los temas más debatidos entre los muchos que hemos ido encontrando a lo largo de este estudio. Según se tome una u otra acepción, se darán mayor o menor probabilidad a alguna de las teorías.

Para algunos, el nombre original es ''Campus Stellae", el Campo de las Estrellas, en referencia a las luces que se vieron antes del descubrimiento del Sepulcro. Pero también puede traducirse como Campo de las Estelas, quizás en recordatorio de algún antiguo cementerio en el que se venerara a algún personaje antiguo. Por el mismo camino van quienes buscan el origen en el latín "compositum", enterramiento. Otra versión, más "católica", afirma que estamos en el "campus Apostoli". En cualquier caso, es poco probable filológicamente que el latín "campus" se transforme en "compos".

Algunos esotéricos vuelven a la carga con el gran Jakin, pues creen que "compos" se debe traducir como "maestro", con lo que estaríamos ante el "Maestro de las Estrellas".

Pierre David ha dado a la luz una teoría bastante más prosaica, pues cree que Compostela habría sido el nombre dado que una pequeña aldea extramuros del antiguo recinto amurallado de la ciudad. Y debería ese nombre a ser pequeña (''ela" es un diminutivo gallego) y estar bien construida y preparada ("composita" en latín). Al derribar en el s. XII la antigua muralla, dicho núcleo se habría incorporado al núcleo urbano y dado su nombre gracias al mayor empuje de sus pobladores burgueses.



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2. BIBLIOGRAFIA NO CONSULTADA

Se incluyen a continuación sólo algunos textos, entre los cientos que tratan directa o indirectamente temas relacionados con el culto a Santiago, que no han podido ser consultados por el autor de este trabajo por estar descatalogados o no disponibles en fondos bibliográficos accesibles, además de algunos clásicos, aun cuando se hayan visto superadas por otras posteriores.

CASTRO, A. "Santiago y los Dióscuros". Papeles de Son Armadans nº 18, 1957.

CHAMOSO LAMAS, M. "Excavaciones en la catedral de Santiago de Compostela". Archivo Español de Arte, nº106 (1954) y 121 (1958).

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