1 - POSIBLES CAUSAS DE LA EXPANSIÓN ESCANDINAVA

Empezamos este capítulo intentando responder a una pregunta cuya respuesta nunca se sabrá a ciencia cierta, y es el por qué de la expansión vikinga. Por qué los escandinavos salieron de su tierra, en principio en pequeños grupos de piratas y comerciantes para convertirse más tarde en colosales ejércitos que pusieron en jaque a la Cristiandad del momento.
En vista de que nadie ha resuelto nunca esta incógnita de manera eficaz, no será aquí donde se encuentren respuestas mágicas al enigma en cuestión. Limitémonos pues a señalar las posibles causas que originaron las expediciones nórdicas.
Los contemporáneos se centraban más en describir el celo destructor de los pueblos del norte y sus efectos sobre las sociedades cristianas, pero nada encontramos en las fuentes sobre las causas de estos ataques, excepto algunas interpretaciones filosóficas y religiosas sobre la necesidad divina de castigar a la Cristiandad, siendo estos pueblos el brazo armado que Dios necesita para dar ejemplo. Una excusa muy conocida, y que también se utilizó para justificar los ataques de los paganos anglo – sajones a la cristiana Britania.
Las pocas referencias contemporáneas sensatas al tema que nos ocupa hablan de superpoblación, lo que les empujaría a buscar nuevas tierras, en vista de que las numerosas proles nada podían heredar de sus padres. Así grupos de jóvenes partirían en busca de nuevas tierras.
No se han encontrado pruebas sin embargo de superpoblación, ni de hacinamiento, ni de hambrunas de ningún tipo, y aunque la vida en la Escandinavia altomedieval no debía ser fácil, por las condiciones climáticas entre otras cosas, eso no quiere decir que vivieran en la miseria. La arqueología no solo viene a demostrar este punto, si no que nos indica que esta región estaba relativamente despoblada en este momento, en base a su extensión territorial.
Así debemos esgrimir otras hipótesis. Una de ellas, que aquí damos por bastante probable es la concentración del poder político. Ciertamente la cultura nórdica había alcanzado un notable grado de desarrollo en todos los niveles, lo cual les había llevado (como pasaba en Irlanda y otras regiones a pesar de no estar romanizadas) al surgimiento de entidades políticas fuertes, que si bien no dieron lugar, todavía, a estados poderoso y extensos, si arrinconaron, por así decirlo, a entidades políticas menores, que debieron de buscarse la vida en otra parte, véase reyezuelos y caudillos que perdieron su libertad a manos de sus más influyentes contrincantes y que vieron en el comercio y en la piratería una salida muy honrosa a su situación, por no hablar del autoexilio, que los cronistas islandeses utilizan como principal motivo para la creación de su república en mitad del Atlántico.
Es difícil saber hasta qué punto la centralización del poder en Escandinavia fue determinante en el surgimiento de expediciones hacia el sur, aunque sí diremos que sin un grado importante de madurez política no se hubieran dado ataques tan organizados al reino franco y a Inglaterra, durante los siglos IX y X
Así mismo hemos de ver estos ataques dentro del contexto más amplio de las llamadas Segundas Invasiones. Parece un tópico hablar de ellas, pero sí que es cierto que el Occidente Cristiano adolece de un cierto grado de descomposición política a partir de mediados del siglo IX, coincidiendo con la desmembración del Imperio Carolingio tras la muerte de Luis el Piadoso. La verdad es que para los pueblos bárbaros, o más bien para aquellos que no habían recibido una romanización directa, la atracción que ofrecía el mundo cristiano era innegable. Era la rica tierra de los herederos de Roma, y que ahora estaba sumida en una profunda crisis política y económica, social y religiosa, que los invasores, no solo vikingos, supieron aprovechar en su beneficio, y que supuso, a la larga, su integración en el mundo occidental, una vez abrazaron la fe cristiana y adaptaron sus costumbres a las del sistema feudal europeo medieval.
Evidentemente no tenemos que ver solo a los vikingos como codiciosos saqueadores que estaban sacando tajada de los despojos de Europa. Hemos de mirar más allá y darnos cuenta de su gran capacidad comercial, que les había llevado, siglos atrás, a practicar esta actividad por el Báltico, combinada con un buen uso de las actividades de rapiña y saqueo, y que luego les llevaría a hacer lo propio en el resto de Europa, intercambiando productos en principio, como pieles o marfil, y saqueando igualmente cuando la circunstancia era adecuada, y nada más propicio que los pacíficos monasterios llenos de riquezas que salpicaban todo el occidente de Europa. Blanco fácil y beneficio asegurado.
Nada de esto hubiera sido posible sin las magníficas embarcaciones vikingas. La técnica de construcción de estas naves es el resultado de un largo proceso que se remonta a la Edad del Bronce, y que dará lugar a un tipo de barco de guerra (aunque había más modalidades como veremos más adelante) largo y estrecho, y de poco calado, dotado gran movilidad, y que sin duda será el gran protagonista de la gran expansión escandinava. Consideremos pues este hecho, si no un motivo, al menos un requisito que hizo posible dicha expansión.
Así hemos enumerado algunas causas y un requisito fundamental, que permitieron las expediciones escandinavas hacia Europa occidental, que es el tema que nos ocupa, así como hacia el este, llegando hasta Asia a través de los grandes ríos rusos, y hacia el oeste, con la colonización de Islandia y Groenlandia, y la llegada fortuita a las costas de Terranova.
Hay muchos más motivos, y es probable que si conjugamos todos ellos de manera eficaz podamos llegar a conclusiones válidas. Se ha hablado igualmente del sistema socioeconómico escandinavo, y concretamente de las leyes que regulaban el acceso a la herencia, en donde no se contemplaba la primogenitura. Así mismo se han manejado hipótesis tales como la fiereza y el ansia de gloria y botín de estos pueblos, como si solo los nórdicos estuvieran dotados de estos atributos, tan inherentes a la especie humana. Así como motivos culturales varios, religiosos etc.
Lo que está claro es que el pueblo nórdico inicia un periodo de expansión entre los siglos IX y X, que les llevará a comerciar, saquear y descubrir nuevos territorios, a fundar ciudades, y a crear nuevos estados, y que nos dejará un legado indeleble.

El barco de guerra vikingo, el drakkar, fue sin duda uno de los motores de la expansión escandinava por buena parte del mundo.

2 - PRIMEROS ATAQUES A IRLANDA

El primer ataque a Irlanda se produjo en monasterio de la isla de Lambay (Reachra en gaélico), cerca de la costa de Dublín en el 795. Tan solo dos años antes, los vikingos devastaron el monasterio de Lindisfarne, en Northumbria, fundado igualmente por monjes irlandeses. Pronto le tocó el turno a la isla de Iona, en donde murieron 68 monjes, según las fuentes.
Los primeros ataques fueron siempre a pequeñas islas cercanas a la costa, en donde solía haber monasterios. Así eran lugares fáciles de saquear, con botín abundante, y proporcionaban una fácil retirada en caso de ataque por parte de los nativos. Las crónicas son muy claras a este respecto, y dicen que los gentiles (paganos) comenzaron devastando “todas las islas de Britania”.
Habría que esperar tan solo 3 años para ver la primera incursión sobre las costas de Irlanda directamente, fue en la región de Brega, entre las provincias de Leinster y Ulster, en la región de Mide, que incluye Tara, por cierto.

Mapa de Irlanda


Pronto los ataques se intensificaron, y no hubo monasterio cercano a la costa que no sufriera algún tipo de agresión por parte de los vikingos. Así Kildare fue saqueado 15 veces entre el 836 y el año 1000, y el gran santuario irlandés de Armagh, lo fue en 11 ocasiones. Otros ejemplos son Iona, como va dicho, en el 802 y 806 (hasta el punto de que la isla fue abandonada unas décadas después), la costa de Sligo en el 807, Munster y todo el suroeste de Irlanda en el 811, Howth en el 821, el monasterio de Skellig Michil, en la costa de Kerry al año siguente y un largo etc. que nos lleva hasta los años 30 del siglo IX, en donde los nórdicos habrían saqueado prácticamente todo el perímetro de la isla. En estas fechas es cuando comienzan los primeros ataques al interior de Irlanda, llena igualmente de ricos monasterios, mientras que sintiéndose un poder incontestable en el litoral, construyen sus primeros asentamientos estables, que serán foco de las primeras ciudades de la isla y de los primeros reinos vikingos de Irlanda, como luego veremos.
En principio todo eran ventajas para los saqueadores, con botín abundante y fácil, y además en un país inmerso en guerras civiles entre sus numerosos reinos. No había por tanto, ni habrá en mucho tiempo, un poder unificado capaz de hacerles frente. Esto no quiere decir que las gentes de irlanda no reaccionaran de alguna manera, al fin y al cabo sus monasterios estaban siendo saqueados, y su gente esclavizada. De este último punto se hacen eco horrorizados los annales cuando hablan del saqueo de Howth (821), lo que sería una pequeña aldea costera al norte de la actual Dublín, donde el botín consistió en mujeres principalmente.
La primera reacción militar la encontramos en una fecha tan temprana como el 812, cuando Cobthach mac Máele Dúin, rey de Loch Léin, vence a los invasores en Kerry, y lo volverá a hacer 11 años después en Derry. Aunque el verdadero comienzo de la resistencia gaélica, o dicho de otra manera, el comienzo de las guerras vikingas en Irlanda, no tendrá lugar hasta la aparición de Máel Sechnaill mac Máele Ruanaid (no confundir con su descendiente Máel Sechnaill mac Domnaill, y al que llamaremos Malachi Mor - Malachi el Grande - gran caudillo irlandés del siglo X, y héroe de Clontarf). Máel Sechnaill el Viejo, o Malachi I, llamémosle así, era de la dinastía de los Uí Néill y rey supremo de Irlanda. Se sabe que venció a los vikingos en varias batallas entre los años 40 y 60 del siglo IX, aunque se le recuerda sobre todo por lo acontecido con el noruego Targesius, así denominado por las fuentes, al que ahogó en el lago Owel, después de que el vikingo saqueara los monasterios de Clonmacnoise y Clonfert.

Vikingos listos pare el ataque, representados en uno de sus barcos.
Imagen de la Biblioteca Nacional de Francia. © 2005 Nacional Gographic Society
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Los monjes también respondieron a su manera, y celosos por guardar sus reliquias y objetos más preciados, no tardaron en fortificar los monasterios con piedra, lo que daría lugar, a partir del siglo X, a las primeras torres circulares monásticas. La función de estas construcciones no está del todo clara, aunque se sabe que se usaban (a parte de cómo campanarios) para guardar los objetos más valiosos en caso de ataque vikingo. Así la única puerta de acceso no era más que una ventana situada a varios metros sobre el nivel del suelo, a la que se accedería por algún tipo de escalera de madera o de cuerdas, para retirarla después. Allí los monjes podían encerrarse durante días, a la espera de que los atacantes se marcharan.


Así mismo los monjes trasladarían muchas de sus reliquias y tesoros a otros monasterios y lugares más seguros, incluso fuera de Irlanda, con el consiguiente riesgo de pérdida, como así fue.
A parte de estas reacciones, tanto de los reyes como de las gentes del clero, otras consecuencias se derivan de los ataques y razzias vikingas. Una de ellas es la partida de muchos estudiosos y eruditos a lugares más seguros, sobre todo a la Francia carolingia.

Este hecho fue absolutamente negativo, y supuso, ni más ni menos, que el fin del gran periodo de iluminación de manuscritos y en general el final de la época dorada de la cultura irlandesa. Aunque Europa se benefició de este hecho enormemente, ya que estos eruditos exiliados fueron muy bien acogidos en el continente. Así tras la primera llegada de monjes y sabios irlandeses a Europa, en tiempos de Columbano, tenemos otra remesa que, huyendo de los vikingos, llega en pos de tierras más seguras, y en donde incluiríamos a Dungal, monje, poeta y astrónomo, que terminó sus días en el monasterio celta italiano de Bobbío Deicolus, monje y geógrafo (no confundir con el santo Deicolus, que pertenecería a los monjes que acompañaron a Columbano al continente, en el siglo VI). Sedulius Scottus, profesor de gramática y poeta, que impartió clase en Lieja a mediados del siglo IX, y por último Juan Scottus Eriugena, uno de los pensadores más brillantes de todo el Medievo, teólogo, filósofo platónico y poeta, que fue a la Francia de Carlos el Calvo, en donde dirigió la Escuela Palatina, tal como hiciera décadas antes en inglés Alcuíno de York.

La imagen nos muestra a un grupo de vikingos con su botín tras un ataque a un monasterio irlandés.
Ilustración de Angus McBride para el libro Los Vikingos, editorial Osprey, 1985.

Mientras, en Irlanda, los monasterios, forzados a elegir entre la destrucción a manos de los vikingos, o la "protección" por parte de los nobles, más guerreros que sabios, el empobrecimiento cultural se haría latente.
Los tiempos estaban cambiando.

3 - ASENTAMIENTOS VIKINGOS ESTABLES EN IRLANDA

En el 837 una escuadra vikinga noruega llega al estuario del Liffey. Ya se ha dicho que por aquel tiempo los nórdicos eran dueños incontestables del litoral, así que invernar allí no debió parecerles mala idea, en vez de volver a Escandinavia. Así empezaron a construir las primeras defensas de lo que sería la primera base permanente vikinga en suelo irlandés, a partir del 841. La ubicación exacta de este asentamiento estaba en la desembocadura del Poddle con el Liffey, todo ello a menos de un kilómetro del mar. En este entramado acuático (donde los vikingos se movían en su verdadero elemento) se formaba un estanque, linn en gaélico, con un característico color oscuro, dubb. Pronto este estanque de aguas negras pasaría a denominar al asentamiento, que acabará llamándose Dublín, (aunque las fuentes irlandesas hablarán siempre de Átha Cliath, por una aldea gaélica cercana que llevaba este nombre, y que aún hoy día es la forma oficial de designar a la ciudad).

Representación ideal de la ciudad vikinga de Dublín, en torno al 940. Ilustración de Stephen Conlan.


Otros primitivos asentamientos surgen en el lago Neagh y en la desembocadura del Boyne.
Irlanda tenía por lo tanto a extranjeros viviendo en sus costas, en asentamientos permanentes a partir de los años 40. En la vecina Inglaterra pasaba exáctamente lo mismo, y los nórdicos pronto pasaron a controlar grandes ciudades como York, y de ahí pronto toda Northumbria. En el caso Irlandés, al no haber ciudades, y con reinos más pequeños y difusos, los vikingos tuvieron que empezar fundando ellos mismos sus propias urbes, con lo cual el proceso de conquista fue más lento y sus efectos muy diferentes como veremos.
Hasta ahora los irlandeses lo tenían muy dificil a la hora de resistir al invasor, ya que éste aparecía por sorpresa en diferentes puntos de su geografía, atacando monasterios aquí y allá y retirándose después. Pero ahora las cosas habían cambiado, y los nórdicos, con sus bases permanentes, eran ahora también vulnerables a los ataques nativos, los cuales no se harían esperar, por cierto. Así junto a Máel Sechnaill el Viejo, destacamos la figura de Cearbhall MacDunlainge, rey de Ossory, en Leinster, que en el 845 venció a los vikingos en la llamada batalla de Carn Brammit.
Los vikingos, más vulnerables ahora, aunque no por ello inofensivos, veían, desde sus asentamientos, más de cerca el funcionamiento de la política de guerras y alianzas entre irlandeses. Así ellos pronto pudieron participar en este entramado llegando a acuerdos con los nativos. Por ejemplo el propio Cearbhall se alió con los nórdicos en el 856 para luchar contra sus enemigos políticos (aunque volvería a luchar contra los invasores en años sucesivos). Esta intervención vikinga en los asuntos de Irlanda también puede verse desde la perspectiva contraria, ya que los nativos tampoco ven a los nórdicos como una unidad homogénea, por lo que pueden aprovechar sus divisiones. Así las crónicas pronto se hacen eco de dos tipos de vikingos: los noruegos, que son los que primero llegaron y establecieron sus bases, y los daneses, cuya actividad se centraba sobre todo en Inglaterra, aunque pronto se dejaron ver también por Irlanda, sobre todo a medida que Dublín ganaba importancia como puerto y ciudad comercial.
Otros cuatro asentamientos vikingos se convertirán pronto en urbes importantes, las primeras en la historia de la isla, y germen de las ciudades irlandesas actuales. Así Wexford, Waterford, Cork y Limerick surgen en estos momentos, y serán capitales de los diferentes reinos vikingos de Irlanda.
Estos reinos eran en general más grandes que un tuáth, siendo su funcionamiento muy distinto, pues la labor del gobierno se ejercía desde una ciudad, mediante una asamblea, thing, que hacía gala de un sistema administrativo y de gobierno bastante más democrático que el irlandés. La ciudad era un centro amurallado y bien defendido y sobre todo con salida al mar, siendo las dársenas de estas poblaciones el lugar más importante. Allí se construían y reparaban los barcos, y de los muelles salían y llegaban las expediciones de comercio y saqueo.
La fisonomía de estas pequeñas urbes era muy diferente a lo que el irlandés medio había visto hasta el momento. Así frente a la dispersión de pequeñas aldeas, centros fortificados y monasterios, encontramos ciudades - puerto con casas pegadas las unas a las otras, formando calles y plazas, y con altas torres en las murallas, desde donde se vislumbraría buena parte del reino así como las aldeas circundantes dependientes del puerto y capital, a quien normalmente abastecían, y de quien a cambio obtendrían todo tipo de objetos útiles llegados de diferentes partes del mundo. Así un habitante del reino de Dublín, en aquel tiempo, podía disfrutar de vino de la península Ibérica o vestir con sedas árabes si era su deseo, y podía pagarlo.
La moneda se extendió a partir del siglo X, aunque ya comerciaban con onzas de plata, y aceptaban moneda anglosajona. Fue de esta manera como los irlandeses se familiarizaron con el uso del dinero, ya que, cada vez con más frecuencia, acudían a las ciudades vikingas a vender sus productos agrícolas a cambio de útiles que necesitaban. Así el estado de guerra no era continuo, y a pesar de los roces, como es comprensible, la sociedad vikinga se fue integrando poco a poco en el modo de vida irlandés y viceversa.
Este proceso de adaptación se pondrá aún más de manifiesto con los matrimonios mixtos, de los cuales se deriva una importante consecuencia, y es la aceptación del Cristianismo por los nórdicos, por influencia de sus esposas irlandesas, a partir de una fecha tan temprana como el siglo IX.
Así tenemos pronto una integración de los nórdicos en la vida económica, política y social de la isla. Lo cual será favorecido por el hecho de que Irlanda nunca vivió la segunda gran oleada de invasiones vikingas (en torno al siglo X), que sí sufrió Inglaterra, y que la llevará a caer en manos del rey danés Canuto el Grande (a partir del 1016), y luego a la definitiva invasión franco normanda del 1066. Irlanda sin embargo, al quedar al margen de este hecho, no tuvo nunca unos reinos vikingos excesivamente grandes, lo cual favoreció su integración en el mundo gaélico, a la vez que aportaban costumbres e ideas que sin duda mejoraron el modo de vida irlandés, así introducen la moneda y el modo de vida urbano, y los irlandeses aprenderán así mismo técnicas de construcción naval que hasta entonces les eran desconocidas, pudiendo llegar a Islandia, por no hablar de la construcción de su primera gran flota, ya en tiempos de Brian Boru.