1 - REINOS ESCANDINAVOS EN IRLANDA

Como va dicho, no podemos hablar de guerras vikingas, o al menos de una resistencia organizada por parte de los irlandeses, hasta que los invasores no construyen sus primeros asentamientos estables. Así a Dublín, en los 40 del siglo IX, le siguen Cork y Limerick, en Munster, y Waterford al sur de Leinster. Ahora los vikingos también son vulnerables, algo que saben muy bien. Ya no son como sombras que aparecen de la nada, saquean y se van. Ahora se convierten en fuerzas estáticas, y los reyes de Irlanda, a pesar de estar siempre ocupados con sus disputas y guerras entre ellos mismos, dedicarán también parte de su tiempo, al menos, a molestar a los nórdicos, que no por inmóviles dejan de ser peligrosos.

Ivar el Sinhueso llegará a Dublín hacia el 851. En la imagen vemos al rey danés porteado por sus hombres. Imagen de Will Hart, History Channel.

Los irlandeses, que hasta ahora apenas conocían a su enemigo, salvo por sus atributos paganos y bárbaros, tendrán ahora la oportunidad de observarlo más de cerca, y darse cuenta de un hecho importante, y es que los vikingos tampoco estaban unidos. Este hecho se pondrá de manifiesto muy pronto, con las primeras disputas entre los propios nórdicos en suelo irlandés. Las fuentes se hacen eco de dos tipos de vikingos, los llamados Finn Gall, o extranjeros blancos, de origen noruego, y los Dubh Gall, extranjeros negros, daneses.
Hay que decir que todos los ataques que se dan desde el 795 hasta los primeros asentamientos, corren a cargo de los noruegos. Los daneses no se dejarán ver hasta el 851, año en que aparecen en Dublín con una gran flota comandada por el hijo del cuasi legendario Ragnar Lodbrok, Ivar el Sinhueso.
Los noruegos mientras tanto, estaban liderados por Olaf, llamado el Blanco, y parece que durante algún tiempo, y a pesar de las diferencias, compartió el trono de Dublín con Ivar, a pesar de que los daneses son vencidos por Olaf el Blanco en una batalla naval, en el 853.
Una tercera consecuencia se deriva de este hecho, y es que el poder nórdico pronto se hace indispensable en el devenir político de la isla. Dentro de la guerra irlandesa de todos contra todos, los vikingos son ahora una fuerza más a tener en cuenta. Así, muchos reyes ven a los invasores como potenciales aliados contra sus enemigos, mientras que otros adquirirán talla militar y política levantando ejércitos contra ellos, llegando incluso a aspirar al título de rey supremo, algo hasta ahora vedado para aquellos no pertenecientes a los Uí Néill. Reyes ambiciosos por tanto ven en los vikingos su oportunidad para adquirir poder, gloria y riqueza. Con ellos o contra ellos, la política de la isla se complica aún más y los vikingos son ahora una pieza más en el complejo tablero de ajedrez que es Irlanda.
Prueba de estas relaciones entre irlandeses y vikingos la tenemos en la figura de Aed Finnliath, de los Uí Néill del norte, que según las fuentes casa a su hija con el rey de Dublín Olaf el Blanco. Desconocemos hasta que punto tuvo efecto esta alianza, ya que parece ser que el noruego estuvo o estaba a la vez casado con Aud la Profunda, la gran heroína de las sagas nórdicas. Ninguna fuente irlandesa menciona este hecho, sin embargo, y tan solo la Saga de Laxdæla y el Landnámabók, escritas en Islandia siglos después, lo confirman. En cualquier caso, la figura de Aed Finnliath será de vital importancia en el desarrollo de los acontecimientos durante el principio de las guerras vikingas, junto con Máel Sechnaill el Viejo, al que vamos a llamar a partir de ahora Malachi I, y el gran Cearbhall MacDunlainge, rey de Osraige, y una de las personalidades más grandes de su tiempo.

2 - PRIMEROS REYES SUPREMOS DE IRLANDA FRENTE A LOS VIKINGOS

Ya se ha dicho que los reyes supremos de Irlanda pertenecen todos a la dinastía de los Uí Néill. Pero esta familia era muy amplia, y estaba subdividida en diferentes clanes, que a su vez gobernaban diferentes reinos. Así alguien podía ser rey de Brega, por ejemplo, y a la vez ard rí. Estos clanes estaban enfrentados entre sí todo el tiempo, salvo alianzas esporádicas, y todos tenían en mente colocar a alguien de los suyos en el trono de Tara, o lo que es lo mismo, verle convertido en rey supremo.

El título de rey de Tara, durante los siglos IX y X, oscilará invariablemente entre el clan Cholmain, de los Uí Néill del sur, en lo que sería la provincia de Mide, que como sabemos incluye Tara, y los Cenél nEógain, de los Uí Néill norteños, o lo que sería la provincia de Argialla, en el Ulster.

Vista aérea de la colina de Tara, en Mide, en donde eran proclamados los reyes supremos de irlanda desde tiempos prehistóricos.

Malachi I, del clan Cholmain, fue rey de Tara desde el 846 hasta el 862. Ya su antecesor (del clan rival de los Cénel nEógain) luchó contra los vikingos, a los que vence en Mag nItha (845). La mayoría de estos reyes, a parte de las rencillas internas propiamente irlandesas, acaban tarde o temprano luchando contra los vikingos. Tanto es así, que podemos decir que no hay rey supremo que no tenga su batalla particular contra ellos. En el caso de Malachi I, su victoria fue tan significativa, que de alguna manera se ganó el respeto de muchos de los reyes de la isla (a la que aspiraba a dominar de facto) a pasar de sus problemas en Munster, grandes rivales de los Uí Néill durante todo este periodo. Y es que Malachi I, aliado con el poderoso rey de Lagore (en Brega), llamado Tigernach, llega a saquear Dublín, en el 849, la ciudad de los extranjeros por excelencia, destruyendo el llamado Templo Dorado (o de Thor Negro) y obteniendo un rico botín, incluyendo la espada del propio Carlomagno, que parece ser los nórdicos robaron durante sus ataques al reino franco.
Malachi I muere en el 862. En su epitafio leemos “rí Érenn uile”, o “rey de toda Irlanda”, así Malachi fue en tiempos uno de los hombres más poderosos de la isla, aunque no el único, ya que los reyes provinciales podían llegar a ser tan fuertes o incluso más que los de Tara, como veremos más adelante. No sería justo por tanto continuar sin citar a algunos de los contemporáneos de Malachi I, como el rey de Lagore, Tigernach mac Fócartai, de quien acabamos de decir que participó en el saqueo de Dublín. Tigernach es uno de los prototipos de rey irlandés, que luchará contra los vikingos por defender su territorio, luchará contra en ard rí, enfrentándose a Malachi I en batalla (846), y se aliará con él más adelante contra otros reyes locales, así se enfrentará a su gran enemigo el rey de Brega Cináed mac Conaig, después de que éste quemara una iglesia en su territorio con 70 personas dentro, y arrasara su residencia (un crannog en el lago Gabhair). La venganza llegó en un encuentro diplomático al que asistieron Tigernach, Malachi I., y Cináed mac Conaig. De nada sirvieron los salvoconductos, o la inmunidad otorgada por la Iglesia a estos reyes. Así él último resultó asesinado a manos de los dos primeros. Concretamente fue ahogado en un lago cercano.
Tan poderoso como Tigernach fue el rey de Osraige, al norte de Leinster, Cearbhall MacDunlainge, que al igual que su contemporáneo, es otro prototipo de rey irlandés del momento, protagonizando guerras y también alianzas con todas las fuerzas políticas posibles. Así le vemos derrotar a los vikingos de Dublín en el 845, para aliarse con ellos una década después frente a otros reyes irlandeses enemigos suyos, adquiriendo gran poder y llegando a entroncar con la estirpe de los reyes de Tara por matrimonio. Así será cuñado del siguiente Ard Rí tras Malachi I, Aed Findliath.
Aed Findliath será rey supremo de Irlanda desde el 862 hasta el 879. A partir de este rey podemos observar el riguroso turnismo político (si se me permite el término tan contemporáneo) entre los dos clanes principales de la dinastía Uí Néill. Y si Malachi era un Cholmain, Aed Findlaith será del clan norteño de los Cenél nEógain. Hay que decir que Malachi I hizo todo lo que estuvo en su mano para perpetuar la sucesión de los reyes supremos dentro de su clan, y a punto estuvo de conseguirlo, derrotando a sus rivales una y otra vez, pero Aed Findlaith tenía una personalidad fuerte (como demostraría luego siendo rey, tanto él como todos sus descendientes) y buscó aliados en los enemigos de Malachi. Así se unió al hermano del ahogado Cináed mac Conaig, llamado Flann, así como a los vikingos de Dublín (a quienes se enfrentaría después una vez cumplidos sus propósitos). Durante dos años consecutivos, hasta la muerte de Malachi en el 862, Aed Findlaith arrasó Mide (patria de los Cholmain), y aunque el árd rí jamás estuvo en verdadero peligro, al menos consiguió sucederle como rey supremo, evitando a la vez que se cerrara la puerta a las futuras aspiraciones de su clan al trono de Tara.
Aed Findlaith fue un rey fuerte, y exitoso en su lucha contra los vikingos, y si los asentamientos nórdicos en el norte de Irlanda nunca prosperaron fue en parte gracias a él.
Le sucede Flann Sinna, que será rey supremo hasta el 916, del clan rival de los Cholmain, e hijo de Malachi. Flann Sinna era a la vez hijastro de Aed Findlaith, ya que éste se casó con la viuda de su enemigo (una costumbre por cierto que volveremos a ver más adelante en otros reyes).

Flann Sinna tendrá el reinado más largo de todos los que ocuparon el trono de Tara durante el periodo vikingo, así durante sus 27 años de gobierno la situación política de la isla madura, de alguna manera, pues sigue el ejemplo de su padre Malachi I e intenta tanto gobernar de facto como asegurar la sucesión para su clan, combinando todo esto con una más que eficaz lucha contra los vikingos así como con una hábil labor propagandística, que vemos en las cruces de Clonmacnoise y Kinnitty, y que perpetúan su nombre y el de su clan, asegurándose de alguna manera la bendición eclesiástica para la consecución de sus fines políticos, tan ambiciosos, y que le colocarán a la altura de su contemporáneo inglés Alfredo el Grande, rey de Wessex.
Si el rey Alfredo destacó en su lucha contra los nórdicos, no será menos nuestro protagonista, ya que durante su reinado los vikingos son expulsados de Dublín. Será en el año 901, cuando su yerno Cerbaill, rey de Leinster y los hombres de Brega, bajo Mael Finnia, aprovechen las tensiones y luchas internas que acontecían entre los partidarios de Amlaib, hijo de Ivar, y los de Sigfrith para tomar la ciudad, haciendo huir a sus habitantes, que no volverán hasta más de una década después, con nuevas flotas e iniciando un nuevo periodo de guerras que veremos más adelante.

La expulsión de los vikingos del 901 tiene una consecuencia directa sobre la isla de Britania, ya que muchos nórdicos partirán hacia los reinos ingleses y escoceses, como es el caso del dublinés Thorsen el Rojo, hijo de Olaf el Blanco y Aud la Profunda, cuyas hazañas en la tierra de los pictos serán celebradas por los escaldos islandeses y de otros puntos de la geografía nórdica durante siglos.

Cruz de Clonmacnoise, mandada erigir por el rey supremo Flann Sinna, a principios del siglo X.

Los irlandeses por lo tanto pueden ahora concentrarse más en sus rencillas internas sin extranjeros que les molesten, y así será, pues en los últimos 15 años de reinado de Flann Sinna, un hombre ya mayor a todas luces que pasaba largas temporadas en el monasterio de Kells, asistiremos a todo tipo de tramas e intrigas entre sus posibles sucesores.
La pretensión de perpetuar a los Cholmáin en el trono de Tara no cuajará tampoco esta vez, debido principalmente a la labor del príncipe de Ailech, Niall Glundub, que vencerá en batalla y acabará con la vida del heredero designado por Flann Sinna, su hijo Oengus. Había no obstante más hijos, ya que Flann Sinna se casó al menos tres veces. Sin embargo parece ser que los vástagos del gran rey se preocupaban más en traicionar a su propio padre e intrigar entre ellos que en pensar en el bien de su clan. Así dos de sus hijos iniciarán una rebelión dentro de la familia, destinada a derrocar (y posiblemente a asesinar) al viejo rey, siendo de nuevo la figura casi providencial de Niall Glubdub quien les parará los pies, convirtiéndose en heredero de Flann Sinna, (estaba además casado con su hija Gormlaith), a pesar de ser hijo de Aed Findliath, y por lo tanto del clan de los Cenél nEógain. De nuevo el turnismo se cumple a rajatabla aunque sea mediante las más variadas piruetas, y Niall Glubdub, literalmente “rodilla negra”, que era ya rey de Ailech desde hacía algunos años, se convierte en el flamante rey supremo de Irlanda.

Mapa de Irlanda

 

3 - APOGEO VIKINGO Y RESPUESTA DE LOS REYES DE AILECH

Niall Glubdub era hijo de Aed Findliath y de la princesa picta Mael Miure.
Rey de Ailech desde el 911, será rey supremo a partir del 916.
Desde el principio demostró ser un digno sucesor de su padre. Ya hemos visto como salvó en cierto modo a Flann Sinna de las ambiciones de sus hijos. Además desde sus tiempos como rey provincial emprendió una campaña contra los reinos vecinos de Dal nAraidi y Ulaid, extendiendo de alguna manera su dominio sobre ellos y sobre buena parte del Ulster.
Hay que decir que a Niall le tocó vivir uno de los momentos de mayor apogeo del mundo vikingo. El poder escandinavo comprendía un área de influencia que iba desde Islandia hasta Constantinopla, y aún más allá, hasta las estepas de Asia. Así muchos reyes irlandeses se habían acostumbrado a comerciar con los ellos, y a disfrutar del lujo que estos les ofrecían: imaginemos oro y joyas, esclavos, sedas, especias y los más exóticos y variados productos. Fue un gran mérito por parte de Niall Glubdub unificar a muchos de estos reyes, debilitados de alguna manera ante el lujo que traían los extranjeros, y hacerlos entrar digamos, en razón. Por lo que pronto muchos reyes se sacrificaron y se unieron a Niall en su lucha contra los nórdicos, con notables éxitos al principio. Pero ya hemos dicho que estamos en un momento de gran esplendor del mundo vikingo, y tras los años de tranquilidad que precedieron a la evacuación de Dublín por los escandinavos en el 902, en otoño del 913 llega una majestuosa flota vikinga a las costas de Irlanda, bajo el mando de Jarl Ottar, la primera que llega a Irlanda en más de una década, estableciéndose en Waterford, al sureste de Munster, y devastando (según las crónicas) toda la provincia a sangre y fuego. Al año siguiente llegará otra flota más.
Niall Glubdub, menos interesado en los temas de Munster que en los de Leinster y Mide, será testigo de la llegada de una monumental flota danesa a Dublín en el 918, que se instalará sin problemas de nuevo en el estuario del Liffey, y a quien el rey supremo de Irlanda les hará frente, siendo irremediablemente derrotado. Al año siguiente será de nuevo derrotado en la batalla de Kilmashoge frente a las tropas de Sitric el Ciego, encontrando allí la muerte. Era octubre del año 919, y nadie parecía poder parar a los vikingos, que a partir del 920 comenzaron una campaña de destrucción como nunca se había visto en Irlanda, arrasando ese mismo año el monasterio de Kells y poco después la propia Armagh. Para colmo de males, el nuevo árd rí será uno de los pusilánimes y crueles hijos de Flann Sinna, con escasa o nula capacidad de gobierno, llamado Donnnchad Don.
Los paganos parecían cernirse sobre Irlanda como lobos hambrientos. ¿Habrá alguien, rey o caudillo, capaz de frenar la furia vikinga?
Donnnchad Don, será rey hasta el año 944. A pesar de que una de sus primeras acciones frente a los vikingos acaba en victoria, no se le recuerda como a un rey dotado de capacidad militar, y más bien se le ve como a un monarca oscuro e intrigante. Así las fuentes se hacen eco, a parte de las rebeliones contra su propio padre Flann Sinna, del asesinato de su propio hermano Domnall, así como del castigo infringido a Aed mac Flann, hermano suyo también, y a quien mandó cegar.
Tampoco goza de muy buena prensa este rey es lo concerniente a sus relaciones con las mujeres, pues se cree que mandó matar a su segunda esposa, Orla, de los Dal Cais de Munster, y a la sazón hermana de Brian Boru, debido a una posible relación que ésta pudo mantener con su propio hijastro Óengus, hijo del rey y de su primera esposa Cainnech.
Inmerso el rey Donnchad en sus intrigas y pasatiempos palaciegos, los vikingos de Gotfrith el Cruel, inician a partir del año 921 una gran campaña de saqueo y devastación, arrasando Armag y gran parte del norte de la isla. Ya el año anterior habían saqueado Kells y buena parte de Leinster. Los Anales del Ulster no pierden detalle de estas campañas, haciéndose eco de la crueldad de los nórdicos, así se les pinta con todo detalle arrasando monasterios y quemando vivos a los monjes, por ejemplo, y cumpliendo por tanto un doble objetivo, que sería obtener botín y a la vez infundir terror en las gentes, que se lo pensarían dos veces antes de ofrecer resistencia alguna. Mientras, el rey parecía incapaz de dar una respuesta eficaz, e Irlanda parecía sumirse en el caos.
Es entonces cuando surge la figura de Muirchertach mac Néill, hijo de Niall Glubdub, al que había sucedido como rey de Ailech, y que será el caudillo que Irlanda necesite en estos momentos.
Este rey es el segundo los tres grandes gobernantes de Ailech, del clan Cenél nEógain, que tendrá en su padre Niall Glubdub, y después en su hijo Domnaill ua Néill, los pilares de la estirpe de reyes más brillante del siglo IX.
Muirchertach, que será recordado en las fuentes como el “Hector del mundo occidental”, fue el único capaz en toda la isla de parar los ataques vikingos, venciéndoles en ese mismo 921 en las inmediaciones de Blackwater. Pocos años después les barre en la batalla de Snám Aignech, en donde las fuentes cuentan que fueron decapitados 200 vikingos (no olvidemos la importancia de las cabezas cortadas en el mundo céltico en general).
Muirchertach estaba emparentado con el rey supremo Donnchad Don, ya que estaba casado con una de sus hijas, llamada Flann, a pesar de lo cual las relaciones entre ambos eran pésimas. Muirchertach aspiraba a sucederle en el trono, así para ganar prestigio, y de paso demostrar que era más poderoso que él, inició una gira por toda Irlanda con mil de sus guerreros, tomando rehenes en aquellos reinos que creyó oportuno, ganándose así su apoyo ante su candidatura al trono de Tara. Este hecho, absolutamente inédito en la Historia de Irlanda, está registrado en todas las fuentes, así como en el bellísimo poema escrito por el bardo Cormacan que describe la aventura de su señor con todo detalle, denominando a la hazaña en cuestión el “circuito de Irlanda”, y que vendría a ser una especie de campaña electoral, (válgame de nuevo el anacronismo) que le daría la popularidad y el poder necesario ante otros reyes y sobre todo ante su suegro Donnchad, para ser elegido árd rí. Los guerreros de Muirchertach ofrecían igualmente generosos regalos allá donde iban, y contaban historias sobre las batallas ganadas por su señor, entreteniendo a las gentes, que observaban admirados aquellas curiosa comitiva de guerreros, que llevaban además la misma indumentaria, que consistía principalmente en unas llamativas capas de cuero. Los bardos de la época describían estos mantos de piel como el refugio y la casa de los héroes de Muirchertach, que en adelante pasaría a llevar el sobrenombre de na Cochall Craicinn, el de las capas de cuero.
En una de las etapas del circuito, Muirchertach se presenta ante las propias puertas de Dublín, la ciudad de los paganos, de los extranjeros, y allí exige a los vikingos de Gothfrith el Cruel que devuelvan todo lo que han robado durante años, así como la liberación de los esclavos gaélicos que allí tenían. Fue evidentemente una bravata o un farol destinado a incrementar su popularidad, aunque lo cierto es que logra tomar al propio Gothfrith, en aquel momento rey indiscutible de Dublín, como rehén. Una vez logrado esto, se lo entrega al rey supremo Donnchad, para que haga con él lo que considere oportuno, y luego hace lo propio con el resto de los rehenes tomado durante su circuito por Irlanda, manifestando que no tenía intención de ser rey de Tara mientras su suegro viviera (es decir, que no tenía intención de derrocarle) si no que podría serlo cuando éste muriera, lo cual no podía tardar, ya que Donnchad Don era un hombre de avanzada edad por aquel tiempo
Pero la mala suerte que no permitió a su padre Niall Glubdub gobernar más tiempo, por caer en batalla frente a los vikingos, se cebó también con Muirchertach, que fue muerto en combate frente a uno de los hijos de Gothfrith al año siguiente, 943. Loa Annales del Ulster dicen literalmente:

Muirchertach hijo de Niall, Muirchertach el de las Capas de Cuero, rey de Ailech y Hector del mundo occidental, ha sido muerto por Blacair hijo de Gothfrith, rey de los extranjeros”

“Es doloroso que Muirchertach ha dejado de existir,
la tierra de los irlandeses célebres ha quedado huérfana”

No habrá en todos los annales de Irlanda una despedida más emotiva a ninguno de sus héroes.
Desaparecido el gran campeón Muirchertach, Irlanda de nuevo se verá indefensa ante los vikingos, sin un rey carismático, sin unidad de ningún tipo, y con el mundo vikingo en su apogeo. Ahora además, en Dublín, tenemos a un rey fuerte y astuto. El último de la estirpe de Ivarr el Sinhueso y del semi legendario Ragnar Ladbrok, llamado Olaf Sitriggsonn (Amlaib mac Sitric según las fuentes irlandesas) y a quien denominaremos por su apodo Olaf Cuarán (literalmente "el de los zapatos").

4 - PRIMERAS HAZAÑAS DE OLAF CUARÁN, REY DE DUBLÍN

El viejo árd rí murió en el 944. Su sucesor será Congalach Cnogba del clan de los Sil nAedo, de Brega, y por lo tanto de los Ui Néill del sur, y emparentado por línea materna con los Cholmain. Será rey supremo durante 12 años, y sus hechos están íntimamente relacionados con los vikingos y con Olaf Cuarán. De hecho, hemos llegado a un punto en el que ya no es posible hablar de la Historia de Irlanda sin citar a los nórdicos, que formaban ya parte inamovible del mundo insular. Tanto es así que ya casi no tiene sentido hablar de mundo gaélico, si no nórdico - gaélico más bien, en donde una sociedad mixta empezaba a cuajar, muy lentamente, y que llevará, con el devenir de los siglos (junto con la invasión anglo normanda del siglo XII) a la inevitable germanización de Irlanda, cuyo proceso, por cierto, continúa a día de hoy.
Olaf Cuarán nace en torno al 926, y era hijo de Sitric, el hombre que recuperó Dublín para los nordicos en el 917, y de una princesa sajona. Era un brillante guerrero y gran saqueador de iglesias, así como un hombre sagaz y con visión política.
En una fecha tan temprana como el 941 se le presenta como señor de York, en Northumbria, mientras Dublín (patrimonio así mismo de su familia) era gobernado por su primo Blácaire (recordemos, el que acabó con la vida de Muirchertach el de las Capas de Cuero). Pocos años después, sin embargo, ha de abandonar Inglaterra ya que los anglosajones recuperan York, así en torno al 944 le tenemos en Irlanda.
El rey supremo Congalach Cnogba, a quien las fuentes presentan como un rey belicoso, en permanente conflicto con todos sus vecinos, saquea Dublín ese mismo año, y Blacáire, su rey hasta el momento, será expulsado. Es probable que este hecho contara desde un principio con el visto bueno de Olaf Cuarán, pues pronto le tenemos gobernando la ciudad y aliado con el rey supremo, a quien ayudará frente a sus enemigos. Así les vemos luchando codo con codo en el 945 contra Ruaidri ua Canannain, uno de los grandes reyes del momento y admirable guerrero, enemigo del árd rí, y que aspiraba al trono de Tara.
En el 947 los encontramos de nuevo luchando juntos contra el mismo enemigo, Ruaidri ua Canannain, que esta vez les vence en Slaine. Esta derrota cuesta a Olaf el trono de Dublín, que será ocupado por Gotfrith, su hermano, así que decide volverse a York, siendo esta vez los propios northumbrios quienes le invitan para que sea su rey, ya que tienen problemas con los escoceses. Así estará en tierras inglesas hasta el 952, para luego volver ya de por vida a Irlanda. Un año antes había muerto su hermano Gotfrith, y pronto le tocará el turno a Ruaidri ua Canannain y al ard ri, Congalach Cnogba, en el 956. Así Olaf Cuáran regresa a Dublín para encontrarse una nueva generación de reyes y caudillos irlandeses, más fuerte que la anterior. Para empezar, el nuevo rey supremo será Domnall Ua Néill, hijo de Muirchertach el de las Capas de Cuero, y nieto por tanto de Niall Glubdub. Domnaill era rey de Ailech desde la muerte de su padre en el 943, por lo tanto cuando llegó al trono de Tara era un gobernante experimentado, a la par que un hombre culto y gran guerrero, que introdujo reformas militares e innovaciones en el seno de sus ejércitos, algo que continuaría después el propio Brian Boru.
Hemos dicho ya que los nórdicos formaban ya parte inamovible del mundo gaélico, por lo tanto ya no podemos hacer simples divisiones entre invasores e invadidos, pues los unos vivían en Irlanda desde hacía ya dos siglos, y los otros ya no podían concebir su vida diaria sin comerciar, aliarse o guerrear contra los nórdicos. Esto vuelve a quedar de manifiesto cuando Olaf Cuáran tome a una princesa irlandesa como esposa, entroncando de este modo no solo con la nobleza si no con la misma estirpe casi sagrada de los reyes de Tara. Así la elegida será Dunlaith, una de las hijas de Muirchertach el de las Capas de Cuero, y a la sazón hermana del nuevo árd rí, con quien tendrá un hijo, Glúniarn, que sucederá en su día a su padre como rey de Dublín. Esta princesa tenía un hijo de un matrimonio anterior, en aquel momento un niño, y cuyo nombre no podemos olvidar: Máel Sechnaill mac Domnaill (Malachi Mor, el Grande), futuro árd rí, y junto con Brian Boru, la personalidad más importante e influyente de todo el siglo.

Ilustración doble de una moneda de la época en la que Olaf Cuarán era rey de York, hacia mediados del siglo X.