1
- REINOS ESCANDINAVOS EN IRLANDA
Como
va dicho, no podemos hablar de guerras vikingas, o al menos de una
resistencia organizada por parte de los irlandeses, hasta que los
invasores no construyen sus primeros asentamientos estables. Así
a Dublín, en los 40 del siglo IX, le siguen Cork y Limerick,
en Munster, y Waterford al sur de Leinster. Ahora los vikingos también
son vulnerables, algo que saben muy bien. Ya no son como sombras
que aparecen de la nada, saquean y se van. Ahora se convierten en
fuerzas estáticas, y los reyes de Irlanda, a pesar de estar
siempre ocupados con sus disputas y guerras entre ellos mismos,
dedicarán también parte de su tiempo, al menos, a
molestar a los nórdicos, que no por inmóviles dejan
de ser peligrosos.
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Ivar
el Sinhueso llegará a Dublín hacia el
851. En la imagen vemos al rey danés porteado
por sus hombres. Imagen de Will Hart, History Channel. |
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Los
irlandeses, que hasta ahora apenas conocían a su enemigo,
salvo por sus atributos paganos y bárbaros, tendrán
ahora la oportunidad de observarlo más de cerca, y darse
cuenta de un hecho importante, y es que los vikingos tampoco estaban
unidos. Este hecho se pondrá de manifiesto muy pronto, con
las primeras disputas entre los propios nórdicos en suelo
irlandés. Las fuentes se hacen eco de dos tipos de vikingos,
los llamados Finn Gall, o extranjeros blancos, de origen noruego,
y los Dubh Gall, extranjeros negros, daneses.
Hay que decir que todos los ataques que se dan desde el 795 hasta
los primeros asentamientos, corren a cargo de los noruegos. Los
daneses no se dejarán ver hasta el 851, año en que
aparecen en Dublín con una gran flota comandada por el hijo
del cuasi legendario Ragnar Lodbrok, Ivar
el Sinhueso.
Los noruegos mientras tanto, estaban liderados por Olaf,
llamado el Blanco, y parece que durante algún tiempo, y a
pesar de las diferencias, compartió el trono de Dublín
con Ivar, a pesar de que los daneses son vencidos por Olaf
el Blanco en una batalla naval, en el 853.
Una tercera consecuencia se deriva de este hecho, y es que el poder
nórdico pronto se hace indispensable en el devenir político
de la isla. Dentro de la guerra irlandesa de todos contra todos,
los vikingos son ahora una fuerza más a tener en cuenta.
Así, muchos reyes ven a los invasores como potenciales aliados
contra sus enemigos, mientras que otros adquirirán talla
militar y política levantando ejércitos contra ellos,
llegando incluso a aspirar al título de rey supremo, algo
hasta ahora vedado para aquellos no pertenecientes a los Uí
Néill. Reyes ambiciosos por tanto ven en los vikingos
su oportunidad para adquirir poder, gloria y riqueza. Con ellos
o contra ellos, la política de la isla se complica aún
más y los vikingos son ahora una pieza más en el complejo
tablero de ajedrez que es Irlanda.
Prueba de estas relaciones entre irlandeses y vikingos la tenemos
en la figura de Aed Finnliath, de los Uí
Néill del norte, que según las fuentes casa
a su hija con el rey de Dublín Olaf el Blanco.
Desconocemos hasta que punto tuvo efecto esta alianza, ya que parece
ser que el noruego estuvo o estaba a la vez casado con Aud
la Profunda, la gran heroína de las sagas nórdicas.
Ninguna fuente irlandesa menciona este hecho, sin embargo, y tan
solo la Saga de Laxdæla y el Landnámabók,
escritas en Islandia siglos después, lo confirman. En cualquier
caso, la figura de Aed Finnliath será de
vital importancia en el desarrollo de los acontecimientos durante
el principio de las guerras vikingas, junto con Máel
Sechnaill el Viejo, al que vamos a llamar a partir de ahora
Malachi I, y el gran Cearbhall MacDunlainge,
rey de Osraige, y una de las personalidades más grandes de
su tiempo.
2
- PRIMEROS REYES SUPREMOS DE IRLANDA FRENTE A LOS VIKINGOS
Ya
se ha dicho que los reyes supremos de Irlanda pertenecen
todos a la dinastía de los Uí Néill.
Pero esta familia era muy amplia, y estaba subdividida en
diferentes clanes, que a su vez gobernaban diferentes reinos.
Así alguien podía ser rey de Brega, por ejemplo,
y a la vez ard rí. Estos clanes estaban enfrentados
entre sí todo el tiempo, salvo alianzas esporádicas,
y todos tenían en mente colocar a alguien de los
suyos en el trono de Tara, o lo que es lo mismo, verle convertido
en rey supremo.
El
título de rey de Tara, durante los siglos IX y X,
oscilará invariablemente entre el clan Cholmain,
de los Uí Néill del sur,
en lo que sería la provincia de Mide, que como sabemos
incluye Tara, y los Cenél nEógain,
de los Uí Néill norteños,
o lo que sería la provincia de Argialla, en el Ulster.
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Vista
aérea de la colina de Tara, en Mide,
en donde eran proclamados los reyes supremos
de irlanda desde tiempos prehistóricos. |
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Malachi
I, del clan Cholmain, fue rey de Tara
desde el 846 hasta el 862. Ya su antecesor (del clan rival de los
Cénel nEógain) luchó contra los vikingos,
a los que vence en Mag nItha (845). La mayoría de estos reyes,
a parte de las rencillas internas propiamente irlandesas, acaban
tarde o temprano luchando contra los vikingos. Tanto es así,
que podemos decir que no hay rey supremo que no tenga su batalla
particular contra ellos. En el caso de Malachi I,
su victoria fue tan significativa, que de alguna manera se ganó
el respeto de muchos de los reyes de la isla (a la que aspiraba
a dominar de facto) a pasar de sus problemas en Munster, grandes
rivales de los Uí Néill durante todo
este periodo. Y es que Malachi I, aliado con el
poderoso rey de Lagore (en Brega), llamado Tigernach,
llega a saquear Dublín, en el 849, la ciudad de los extranjeros
por excelencia, destruyendo el llamado Templo Dorado (o de Thor
Negro) y obteniendo un rico botín, incluyendo la espada del
propio Carlomagno, que parece ser los nórdicos
robaron durante sus ataques al reino franco.
Malachi I muere en el 862. En su epitafio leemos
“rí Érenn uile”, o “rey de toda
Irlanda”, así Malachi fue en tiempos
uno de los hombres más poderosos de la isla, aunque no el
único, ya que los reyes provinciales podían llegar
a ser tan fuertes o incluso más que los de Tara, como veremos
más adelante. No sería justo por tanto continuar sin
citar a algunos de los contemporáneos de Malachi
I, como el rey de Lagore, Tigernach mac
Fócartai, de quien acabamos de decir que participó
en el saqueo de Dublín. Tigernach es uno
de los prototipos de rey irlandés, que luchará contra
los vikingos por defender su territorio, luchará contra en
ard rí, enfrentándose a Malachi I en
batalla (846), y se aliará con él más adelante
contra otros reyes locales, así se enfrentará a su
gran enemigo el rey de Brega Cináed mac Conaig,
después de que éste quemara una iglesia en su territorio
con 70 personas dentro, y arrasara su residencia (un crannog en
el lago Gabhair). La venganza llegó en un encuentro diplomático
al que asistieron Tigernach, Malachi I.,
y Cináed mac Conaig. De nada sirvieron los
salvoconductos, o la inmunidad otorgada por la Iglesia a estos reyes.
Así él último resultó asesinado a manos
de los dos primeros. Concretamente fue ahogado en un lago cercano.
Tan poderoso como Tigernach fue el rey de Osraige,
al norte de Leinster, Cearbhall MacDunlainge, que
al igual que su contemporáneo, es otro prototipo de rey irlandés
del momento, protagonizando guerras y también alianzas con
todas las fuerzas políticas posibles. Así le vemos
derrotar a los vikingos de Dublín en el 845, para aliarse
con ellos una década después frente a otros reyes
irlandeses enemigos suyos, adquiriendo gran poder y llegando a entroncar
con la estirpe de los reyes de Tara por matrimonio. Así será
cuñado del siguiente Ard Rí tras Malachi I,
Aed Findliath.
Aed Findliath será rey supremo de Irlanda
desde el 862 hasta el 879. A partir de este rey podemos observar
el riguroso turnismo político (si se me permite el término
tan contemporáneo) entre los dos clanes principales de la
dinastía Uí Néill. Y si Malachi
era un Cholmain, Aed Findlaith
será del clan norteño de los Cenél
nEógain. Hay que decir que Malachi
I hizo todo lo que estuvo en su mano para perpetuar la
sucesión de los reyes supremos dentro de su clan, y a punto
estuvo de conseguirlo, derrotando a sus rivales una y otra vez,
pero Aed Findlaith tenía una personalidad
fuerte (como demostraría luego siendo rey, tanto él
como todos sus descendientes) y buscó aliados en los enemigos
de Malachi. Así se unió al hermano
del ahogado Cináed mac Conaig, llamado Flann,
así como a los vikingos de Dublín (a quienes se enfrentaría
después una vez cumplidos sus propósitos). Durante
dos años consecutivos, hasta la muerte de Malachi
en el 862, Aed Findlaith arrasó
Mide (patria de los Cholmain), y aunque el árd
rí jamás estuvo en verdadero peligro, al menos consiguió
sucederle como rey supremo, evitando a la vez que se cerrara la
puerta a las futuras aspiraciones de su clan al trono de Tara.
Aed Findlaith fue un rey fuerte, y exitoso en su lucha contra los
vikingos, y si los asentamientos nórdicos en el norte de
Irlanda nunca prosperaron fue en parte gracias a él.
Le sucede Flann Sinna, que será rey supremo
hasta el 916, del clan rival de los Cholmain, e
hijo de Malachi. Flann Sinna era
a la vez hijastro de Aed Findlaith, ya que éste
se casó con la viuda de su enemigo (una costumbre por cierto
que volveremos a ver más adelante en otros reyes).
Flann
Sinna tendrá el reinado más largo
de todos los que ocuparon el trono de Tara durante el periodo
vikingo, así durante sus 27 años de gobierno
la situación política de la isla madura, de
alguna manera, pues sigue el ejemplo de su padre Malachi
I e intenta tanto gobernar de facto como asegurar
la sucesión para su clan, combinando todo esto con
una más que eficaz lucha contra los vikingos así
como con una hábil labor propagandística,
que vemos en las cruces de Clonmacnoise y Kinnitty, y que
perpetúan su nombre y el de su clan, asegurándose
de alguna manera la bendición eclesiástica
para la consecución de sus fines políticos,
tan ambiciosos, y que le colocarán a la altura de
su contemporáneo inglés Alfredo el
Grande, rey de Wessex.
Si el rey Alfredo destacó en su
lucha contra los nórdicos, no será menos nuestro
protagonista, ya que durante su reinado los vikingos son
expulsados de Dublín. Será en el año
901, cuando su yerno Cerbaill, rey de Leinster
y los hombres de Brega, bajo Mael Finnia,
aprovechen las tensiones y luchas internas que acontecían
entre los partidarios de Amlaib, hijo de
Ivar, y los de Sigfrith
para tomar la ciudad, haciendo huir a sus habitantes, que
no volverán hasta más de una década
después, con nuevas flotas e iniciando un nuevo periodo
de guerras que veremos más adelante.
La
expulsión de los vikingos del 901 tiene una consecuencia
directa sobre la isla de Britania, ya que muchos nórdicos
partirán hacia los reinos ingleses y escoceses, como
es el caso del dublinés Thorsen el Rojo,
hijo de Olaf el Blanco y Aud la
Profunda, cuyas hazañas en la tierra de
los pictos serán celebradas por los escaldos islandeses
y de otros puntos de la geografía nórdica
durante siglos.
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Cruz
de Clonmacnoise, mandada erigir por el rey supremo
Flann Sinna, a principios del
siglo X. |
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Los irlandeses por lo tanto pueden ahora concentrarse más
en sus rencillas internas sin extranjeros que les molesten, y así
será, pues en los últimos 15 años de reinado
de Flann Sinna, un hombre ya mayor a todas luces
que pasaba largas temporadas en el monasterio de Kells, asistiremos
a todo tipo de tramas e intrigas entre sus posibles sucesores.
La pretensión de perpetuar a los Cholmáin
en el trono de Tara no cuajará tampoco esta vez, debido principalmente
a la labor del príncipe de Ailech,
Niall Glundub, que vencerá en batalla y acabará
con la vida del heredero designado por Flann Sinna,
su hijo Oengus. Había no obstante más
hijos, ya que Flann Sinna se casó al menos
tres veces. Sin embargo parece ser que los vástagos del gran
rey se preocupaban más en traicionar a su propio padre e
intrigar entre ellos que en pensar en el bien de su clan. Así
dos de sus hijos iniciarán una rebelión dentro de
la familia, destinada a derrocar (y posiblemente a asesinar) al
viejo rey, siendo de nuevo la figura casi providencial de Niall
Glubdub quien les parará los pies, convirtiéndose
en heredero de Flann Sinna, (estaba además
casado con su hija Gormlaith), a pesar de ser hijo
de Aed Findliath, y por lo tanto del clan de los
Cenél nEógain. De nuevo el turnismo
se cumple a rajatabla aunque sea mediante las más variadas
piruetas, y Niall Glubdub, literalmente “rodilla
negra”, que era ya rey de Ailech desde hacía
algunos años, se convierte en el flamante rey supremo de
Irlanda.
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| Mapa
de Irlanda |
3
- APOGEO VIKINGO Y RESPUESTA DE LOS REYES DE AILECH
Niall
Glubdub era hijo de Aed Findliath y de
la princesa picta Mael Miure.
Rey de Ailech desde el 911, será rey supremo a partir del
916.
Desde el principio demostró ser un digno sucesor de su padre.
Ya hemos visto como salvó en cierto modo a Flann
Sinna de las ambiciones de sus hijos. Además desde
sus tiempos como rey provincial emprendió una campaña
contra los reinos vecinos de Dal nAraidi y Ulaid, extendiendo de
alguna manera su dominio sobre ellos y sobre buena parte del Ulster.
Hay que decir que a Niall le tocó vivir
uno de los momentos de mayor apogeo del mundo vikingo. El poder
escandinavo comprendía un área de influencia que iba
desde Islandia hasta Constantinopla, y aún más allá,
hasta las estepas de Asia. Así muchos reyes irlandeses se
habían acostumbrado a comerciar con los ellos, y a disfrutar
del lujo que estos les ofrecían: imaginemos oro y joyas,
esclavos, sedas, especias y los más exóticos y variados
productos. Fue un gran mérito por parte de Niall
Glubdub unificar a muchos de estos reyes, debilitados de
alguna manera ante el lujo que traían los extranjeros, y
hacerlos entrar digamos, en razón. Por lo que pronto muchos
reyes se sacrificaron y se unieron a Niall en su
lucha contra los nórdicos, con notables éxitos al
principio. Pero ya hemos dicho que estamos en un momento de gran
esplendor del mundo vikingo, y tras los años de tranquilidad
que precedieron a la evacuación de Dublín por los
escandinavos en el 902, en otoño del 913 llega una majestuosa
flota vikinga a las costas de Irlanda, bajo el mando de Jarl
Ottar, la primera que llega a Irlanda en más de
una década, estableciéndose en Waterford, al sureste
de Munster, y devastando (según las crónicas) toda
la provincia a sangre y fuego. Al año siguiente llegará
otra flota más.
Niall Glubdub, menos interesado en los temas de
Munster que en los de Leinster y Mide, será testigo de la
llegada de una monumental flota danesa a Dublín en el 918,
que se instalará sin problemas de nuevo en el estuario del
Liffey, y a quien el rey supremo de Irlanda les hará frente,
siendo irremediablemente derrotado. Al año siguiente será
de nuevo derrotado en la batalla de Kilmashoge frente a las tropas
de Sitric el Ciego, encontrando allí la
muerte. Era octubre del año 919, y nadie parecía poder
parar a los vikingos, que a partir del 920 comenzaron una campaña
de destrucción como nunca se había visto en Irlanda,
arrasando ese mismo año el monasterio de Kells y poco después
la propia Armagh. Para colmo de males, el nuevo árd rí
será uno de los pusilánimes y crueles hijos de Flann
Sinna, con escasa o nula capacidad de gobierno, llamado
Donnnchad Don.
Los paganos parecían cernirse sobre Irlanda como lobos hambrientos.
¿Habrá alguien, rey o caudillo, capaz de frenar la
furia vikinga?
Donnnchad Don, será rey hasta el año
944. A pesar de que una de sus primeras acciones frente a los vikingos
acaba en victoria, no se le recuerda como a un rey dotado de capacidad
militar, y más bien se le ve como a un monarca oscuro e intrigante.
Así las fuentes se hacen eco, a parte de las rebeliones contra
su propio padre Flann Sinna, del asesinato de su
propio hermano Domnall, así como del castigo
infringido a Aed mac Flann, hermano suyo también,
y a quien mandó cegar.
Tampoco goza de muy buena prensa este rey es lo concerniente a sus
relaciones con las mujeres, pues se cree que mandó matar
a su segunda esposa, Orla, de los Dal Cais
de Munster, y a la sazón hermana de Brian Boru,
debido a una posible relación que ésta pudo mantener
con su propio hijastro Óengus, hijo del
rey y de su primera esposa Cainnech.
Inmerso el rey Donnchad en sus intrigas y pasatiempos
palaciegos, los vikingos de Gotfrith el Cruel,
inician a partir del año 921 una gran campaña de saqueo
y devastación, arrasando Armag y gran parte del norte de
la isla. Ya el año anterior habían saqueado Kells
y buena parte de Leinster. Los Anales del Ulster no pierden detalle
de estas campañas, haciéndose eco de la crueldad de
los nórdicos, así se les pinta con todo detalle arrasando
monasterios y quemando vivos a los monjes, por ejemplo, y cumpliendo
por tanto un doble objetivo, que sería obtener botín
y a la vez infundir terror en las gentes, que se lo pensarían
dos veces antes de ofrecer resistencia alguna. Mientras, el rey
parecía incapaz de dar una respuesta eficaz, e Irlanda parecía
sumirse en el caos.
Es entonces cuando surge la figura de Muirchertach mac Néill,
hijo de Niall Glubdub, al que había sucedido
como rey de Ailech, y que será el caudillo que Irlanda necesite
en estos momentos.
Este rey es el segundo los tres grandes gobernantes de Ailech, del
clan Cenél nEógain, que tendrá
en su padre Niall Glubdub, y después en
su hijo Domnaill ua Néill, los pilares de
la estirpe de reyes más brillante del siglo IX.
Muirchertach, que será recordado en las
fuentes como el “Hector del mundo occidental”,
fue el único capaz en toda la isla de parar los ataques vikingos,
venciéndoles en ese mismo 921 en las inmediaciones de Blackwater.
Pocos años después les barre en la batalla de Snám
Aignech, en donde las fuentes cuentan que fueron decapitados 200
vikingos (no olvidemos la importancia de las cabezas cortadas en
el mundo céltico en general).
Muirchertach estaba emparentado con el rey supremo
Donnchad Don, ya que estaba casado con una de sus
hijas, llamada Flann, a pesar de lo cual las relaciones
entre ambos eran pésimas. Muirchertach aspiraba
a sucederle en el trono, así para ganar prestigio, y de paso
demostrar que era más poderoso que él, inició
una gira por toda Irlanda con mil de sus guerreros, tomando rehenes
en aquellos reinos que creyó oportuno, ganándose así
su apoyo ante su candidatura al trono de Tara. Este hecho, absolutamente
inédito en la Historia de Irlanda, está registrado
en todas las fuentes, así como en el bellísimo poema
escrito por el bardo Cormacan que describe la aventura
de su señor con todo detalle, denominando a la hazaña
en cuestión el “circuito de Irlanda”, y que vendría
a ser una especie de campaña electoral, (válgame de
nuevo el anacronismo) que le daría la popularidad y el poder
necesario ante otros reyes y sobre todo ante su suegro Donnchad,
para ser elegido árd rí. Los guerreros de Muirchertach
ofrecían igualmente generosos regalos allá donde iban,
y contaban historias sobre las batallas ganadas por su señor,
entreteniendo a las gentes, que observaban admirados aquellas curiosa
comitiva de guerreros, que llevaban además la misma indumentaria,
que consistía principalmente en unas llamativas capas de
cuero. Los bardos de la época describían estos mantos
de piel como el refugio y la casa de los héroes de Muirchertach,
que en adelante pasaría a llevar el sobrenombre de na
Cochall Craicinn, el de las capas de cuero.
En una de las etapas del circuito, Muirchertach se
presenta ante las propias puertas de Dublín, la ciudad de
los paganos, de los extranjeros, y allí exige a los vikingos
de Gothfrith el Cruel que devuelvan todo lo que
han robado durante años, así como la liberación
de los esclavos gaélicos que allí tenían. Fue
evidentemente una bravata o un farol destinado a incrementar su
popularidad, aunque lo cierto es que logra tomar al propio Gothfrith,
en aquel momento rey indiscutible de Dublín, como rehén.
Una vez logrado esto, se lo entrega al rey supremo Donnchad,
para que haga con él lo que considere oportuno, y luego hace
lo propio con el resto de los rehenes tomado durante su circuito
por Irlanda, manifestando que no tenía intención de
ser rey de Tara mientras su suegro viviera (es decir, que no tenía
intención de derrocarle) si no que podría serlo cuando
éste muriera, lo cual no podía tardar, ya que
Donnchad Don era un hombre de avanzada edad por aquel tiempo
Pero la mala suerte que no permitió a su padre Niall
Glubdub gobernar más tiempo, por caer en batalla
frente a los vikingos, se cebó también con
Muirchertach, que fue muerto en combate frente a uno de
los hijos de Gothfrith al año siguiente,
943. Loa Annales del Ulster dicen literalmente:
“Muirchertach
hijo de Niall, Muirchertach el
de las Capas de Cuero, rey de Ailech y Hector del
mundo occidental, ha sido muerto por Blacair hijo
de Gothfrith, rey de los extranjeros”
“Es
doloroso que Muirchertach ha dejado de existir,
la tierra de los irlandeses célebres ha quedado huérfana”
No
habrá en todos los annales de Irlanda una despedida más
emotiva a ninguno de sus héroes.
Desaparecido el gran campeón Muirchertach,
Irlanda de nuevo se verá indefensa ante los vikingos, sin
un rey carismático, sin unidad de ningún tipo, y con
el mundo vikingo en su apogeo. Ahora además, en Dublín,
tenemos a un rey fuerte y astuto. El último de la estirpe
de Ivarr el Sinhueso y del semi legendario Ragnar
Ladbrok, llamado Olaf Sitriggsonn (Amlaib
mac Sitric según las fuentes irlandesas) y a quien
denominaremos por su apodo Olaf Cuarán (literalmente
"el de los zapatos").
4
- PRIMERAS HAZAÑAS DE OLAF CUARÁN, REY DE DUBLÍN
El
viejo árd rí murió en el 944. Su sucesor será
Congalach Cnogba del clan de los Sil nAedo,
de Brega, y por lo tanto de los Ui Néill
del sur, y emparentado por línea materna con los Cholmain.
Será rey supremo durante 12 años, y sus hechos están
íntimamente relacionados con los vikingos y con Olaf
Cuarán. De hecho, hemos llegado a un punto en el
que ya no es posible hablar de la Historia de Irlanda sin citar
a los nórdicos, que formaban ya parte inamovible del mundo
insular. Tanto es así que ya casi no tiene sentido hablar
de mundo gaélico, si no nórdico - gaélico más
bien, en donde una sociedad mixta empezaba a cuajar, muy lentamente,
y que llevará, con el devenir de los siglos (junto con la
invasión anglo normanda del siglo XII) a la inevitable germanización
de Irlanda, cuyo proceso, por cierto, continúa a día
de hoy.
Olaf Cuarán nace en torno al 926, y era
hijo de Sitric, el hombre que recuperó Dublín
para los nordicos en el 917, y de una princesa sajona. Era un brillante
guerrero y gran saqueador de iglesias, así como un hombre
sagaz y con visión política.
En una fecha tan temprana como el 941 se le presenta como señor
de York, en Northumbria, mientras Dublín (patrimonio así
mismo de su familia) era gobernado por su primo Blácaire
(recordemos, el que acabó con la vida de Muirchertach
el de las Capas de Cuero). Pocos años después, sin
embargo, ha de abandonar Inglaterra ya que los anglosajones recuperan
York, así en torno al 944 le tenemos en Irlanda.
El rey supremo Congalach Cnogba, a quien las fuentes
presentan como un rey belicoso, en permanente conflicto con todos
sus vecinos, saquea Dublín ese mismo año, y Blacáire,
su rey hasta el momento, será expulsado. Es probable que
este hecho contara desde un principio con el visto bueno de Olaf
Cuarán, pues pronto le tenemos gobernando la ciudad
y aliado con el rey supremo, a quien ayudará frente a sus
enemigos. Así les vemos luchando codo con codo en el 945
contra Ruaidri ua Canannain, uno de los grandes
reyes del momento y admirable guerrero, enemigo del árd rí,
y que aspiraba al trono de Tara.
En el 947 los encontramos de nuevo luchando juntos contra el mismo
enemigo, Ruaidri ua Canannain, que esta vez les
vence en Slaine. Esta derrota cuesta a Olaf el
trono de Dublín, que será ocupado por Gotfrith, su
hermano, así que decide volverse a York, siendo esta vez
los propios northumbrios quienes le invitan para que sea su rey,
ya que tienen problemas con los escoceses. Así estará
en tierras inglesas hasta el 952, para luego volver ya de por vida
a Irlanda. Un año antes había muerto su hermano Gotfrith,
y pronto le tocará el turno a Ruaidri ua Canannain
y al ard ri, Congalach Cnogba, en el 956. Así
Olaf Cuáran regresa a Dublín para
encontrarse una nueva generación de reyes y caudillos irlandeses,
más fuerte que la anterior. Para empezar, el nuevo rey supremo
será Domnall Ua Néill, hijo de Muirchertach
el de las Capas de Cuero, y nieto por tanto de Niall Glubdub.
Domnaill era rey de Ailech desde la muerte de su
padre en el 943, por lo tanto cuando llegó al trono de Tara
era un gobernante experimentado, a la par que un hombre culto y
gran guerrero, que introdujo reformas militares e innovaciones en
el seno de sus ejércitos, algo que continuaría después
el propio Brian Boru.
Hemos dicho ya que los nórdicos formaban ya parte inamovible
del mundo gaélico, por lo tanto ya no podemos hacer simples
divisiones entre invasores e invadidos, pues los unos vivían
en Irlanda desde hacía ya dos siglos, y los otros ya no podían
concebir su vida diaria sin comerciar, aliarse o guerrear contra
los nórdicos. Esto vuelve a quedar de manifiesto cuando Olaf
Cuáran tome a una princesa irlandesa como esposa,
entroncando de este modo no solo con la nobleza si no con la misma
estirpe casi sagrada de los reyes de Tara. Así la elegida
será Dunlaith, una de las hijas de
Muirchertach el de las Capas de Cuero, y a la sazón
hermana del nuevo árd rí, con quien tendrá
un hijo, Glúniarn, que sucederá en
su día a su padre como rey de Dublín. Esta princesa
tenía un hijo de un matrimonio anterior, en aquel momento
un niño, y cuyo nombre no podemos olvidar: Máel
Sechnaill mac Domnaill (Malachi Mor, el
Grande), futuro árd rí, y junto con Brian
Boru, la personalidad más importante e influyente
de todo el siglo.
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Ilustración
doble de una moneda de la época en la que Olaf
Cuarán era rey de York, hacia mediados del siglo
X. |
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